1999 fue un año fundamental para el cine de terror. Coincidieron en la temporada de estrenos dos películas tremendamente distintas. Por un lado, el semi-amateurismo de "El proyecto de la bruja de Blair", con sus traqueteos de cámara, la utilización del vídeo como formato y su apuesta por un miedo puro, duro, sin efectos especiales, ni hemoglobina, ni nada. Y por otro una gran producción de estudio, "La guarida", remake del clásico "The Haunting" con actores de primer orden, un montón de guita invertida en impresionantes decorados y unos efectos especiales elaborados, incluyendo CGI. Bien, ¿qué pasó? que la humildad del film independiente de la bruja arrasó, mientras que la aparatosa muestra de terror mainstream pinchó. El público se cagaba de miedo con la primera, pero se pitorreaba de la segunda. Una auténtica lección para los mandamases y ejecutivos de las grandes compañías que entenderían que el terror (y especialmente el miedo), si quería funcionar, tenía que ser sutil, simple y atmosférico. Que el exceso de efectos y grandilocuencia era algo que, por naturaleza, iba en contra de sus mecanismos. Pero la pregunta es ¿se aplicaron la lección? pues no. Ese mismo año, dos integrantes de las altas esferas del entretenimiento como Robert Zemeckis y Joel Silver, se sacan de la manga "Dark Castle Entertainment", una productora especializada en parir terror de lo más mainstream, con la excusa de poner al día (algunas de) las viejas películas de William Castle. Claro, unas mentes creativas tan alejadas del género, y acostumbradas a manejar guita y tirar de grandilocuentes escenas de acción y aventura, solo podía dar como resultado producciones de terror donde encontrábamos absolutamente todo lo que había fallado en "La guarida", con ideas visuales de esas tan recargadas e imposibles, y tan insistentes, que te sacaban de la película e imposibilitaban cualquier atisbo de crear atmósfera. Títulos como "House on Haunted Hill", "Barco Fantasma", "La casa de cera" o esta "13 Fantasmas".
El padre de una familia humilde, que vive con el trauma de haber perdido a la madre en un incendio, recibe de inesperada herencia una enorme y extravagante mansión construida a base de paredes de cristal y estrambóticos mecanismos de relojería. Acuden para retozar por ahí, desconociendo que al antiguo dueño del lugar le gustaba cazar fantasmas chungos. Muy malotes. Como los que hay encerrados en el sótano y que, no por casualidad, saldrán de sus celdas con ganas de llevárselo todo por delante, comenzando con un abogado -¡cómo no!- que sufre una muerte de lo más espectacular y truculenta y que, al final, se erige como el único momento realmente meritorio de "13 Fantasmas".
Vi la película original de William Castle hace muchos años y no la recuerdo. Pero me consta que el parecido con este remake es escaso. Solo en lo superficial. Destaca la coñeta de las gafas especiales para ver a los fantasmas. En la de Castle eran unas que el público también se ponía y, según el color elegido, las presencias pasaban de invisibles a visibles. En el caso que nos ocupa, únicamente se valen de ellas los personajes del film. Como gran producción que es, y teniendo claro a estas alturas que todo excesivo dispendio monetario en un caso así se vuelve contra la finalidad de la película, los diseños de las almas en pena son espectacularmente barrocos y, en algunos casos, un poco ridículos. Tampoco la mansión es moco de pavo.
Pero ninguna de esas excentricidades puede superar en capacidad de agotamiento a la interpretación de Matthew Lillard, cuya tendencia a la sobreactuación -algo a lo que ayuda esa cara tan "cartoon" que gasta- en "13 Fantasmas" estalla de manera totalmente descontrolada. Le siguen el siempre eficaz Tony Shalhoub, la más o menos sexy Shannon Elizabeth -que en aquella época se había convertido en la fantasía pajillera de adolescentes yankis gracias a su papel + topless en "American Pie"- y F. Murray Abraham añadiendo unas gotas de categoría... sin lograrlo del todo.
El resultado es una película que te deja físicamente agotado al terminar, especialmente gracias a muchas de las salidas estéticas que se impusieron entonces y que, por fortuna, duraron poco (flashes cegadores, micro-aceleraciones, montaje sincopado, etc, etc). No diré que no sirve para una tarde de máximo sopor. Sobre todo el arranque, que siempre suele estar muy bien en todo producto Hollywoodiense. Luego bostezas unas cuantas veces hasta que llegas al clímax, que te despierta a puñetazos, y se acaba.
Puro "fast food", etiqueta que, pal caso, encaja como un guante.
Mostrando las entradas para la consulta "Shannon Elizabeth" ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta "Shannon Elizabeth" ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas
sábado, 3 de julio de 2021
martes, 4 de agosto de 2009
JACK FROST
Leyenda del folklore británico readaptada por Hollywood en dos o tres ocasiones, Jack Frost es el nombre de un muñeco de nieve con vida propia. Existe la versión infantil, con Michael Keaton en cabeza, y otra -de idéntico título- adscrita al terror... pero a un terror muy de los 90, que es la que me dispongo a comentar ahora.Un asesino psicópata muy peligroso (de nombre Jack Frost, claro) es rociado accidentalmente por un líquido experimental que funde su cuerpo con la nieve reinante en épocas navideñas. Aprovechando su nueva forma, el asesino intentará vengarse del policía que lo atrapó y, de paso, se cargará a unos cuantos por el camino.
En 1996 estaban totalmente asentados los asesinos / monstruos carismáticos de verborrea fácil. Todo se lo debemos a Freddy Krueger, por supuesto, pero en el caso de la peli en cuestión, también hay cierta influencia de Chucky. De hecho, si lo vas a mirar, la idea es la misma: criminal reencarnado en "objeto" normalmente inofensivo, de uso infantil. A este Jack Frost le encanta hacer chistes malos, sobre todo después de cometer los asesinatos, algunos de ellos bañados de notable humor negro. Y es que, naturalmente, y dada su trama, esta peli tira mucho del cachondeo... de hecho, no da miedo ni lo pretende, es pura comedia de horror. Los mismos responsables saben que no pueden tomarse muy en serio el material que manejan, y se permiten notables bromas, algunas descabelladas, y unos títulos de crédito finales rociados de frases riéndose del mismo film que acabamos de ver. A todo esto, y sin salir del tema créditos, mencionar que los de arranque son muy originales, la cámara va siguiendo los nombres del reparto y equipo técnico escritos en varios adornos que cuelgan de un árbol, mientras de fondo oímos un adulto contarle, con retorcido placer sádico, el cuento de Jack Frost, versión terrorífica, a una niña asustada.
En este film la criatura es capaz de muchas cosas... lanzar estalactitas por las manos cual dardos, "violar" a una moza utilizando su zanahoria como arma atacante (por cierto, que la violada es Shannon Elizabeth, la tipa que enseñaba las tetas en "American Pie"), derretirse y volver a formarse con facilidad o convertir sus dientes en puntiagudos trozos de hielo con los que desgarrar la carne humana (aunque no se hagan ilusiones, que en cuanto a gore la cosa es muy estándar). Y es que los efectos especiales son uno de los fuertes del film, pero no por su máxima calidad, al revés, sino por su condición de artesanía pura, "puppets" con todas las de la ley, muñecotes simpáticos que hoy día serían pasto de ordenador, algo que le restaría mucho encanto al despiporre (anotar que el responsable de su diseño no es otro que Kenneth J. Hall, habitual de la serie Z, guionista de David DeCoteau y director de "Evil Spawn").
Con todo, y gracias a sus elementos más gilipollas, "Jack Frost" termina resultando una tontería muy simpática (y muy de los 90, repito) para ver con los amigotes. Tan bien funcionó en los vídeo-clubs, que llegó a producirse una secuela de fascinante subtítulo, "Jack Frost 2: Revenge of the Mutant Killer Snowman" (en esta sí habían efectos infográficos).
sábado, 10 de enero de 2026
LA MALDICIÓN (CURSED)
Esto va a sonar fatal, pero siempre que pienso en Wes Craven no puedo evitar acompañarlo de una sensación lastimera. Tal vez sea por esa eterna mueca de tristeza que gastaba... o, más probable, la causa esté entre las páginas del libro "Sesión Sangrienta", donde se le dedicaba un buen pasaje narrando sus arranques como hippie aspirante a pintor y/o poeta. Luego se encoñó, tuvo hijos y, aunque intentó dejarlos de lado para seguir sus elevadas inclinaciones artísticas, al final le tocó pringar. Y de ahí, pues ya saben, a rodar porno y luego terror ultra-violento, donde quedó encasillado de por vida gracias a su éxito y, por ende, una posterior integración en el mainstream (incluido fracasado intento de pasarse al drama de alto standing) que le iría desprendiendo progresivamente de gracia y espíritu. Es decir, la fama y las riquezas hicieron aflorar, ya de modo total y definitivo, al hombre de negocios oculto tras el "auteur", y no digamos "el artista". Por eso, seguramente, sus películas iban sumando elevadas dosis de mediocridad a medida que acumulaba años de profesión, porque el interés invertido iría de casi cero a casi menos cien. Y eso, amigos, se nota. Si a todo este cocktail amargo añadimos un rodaje super-caótico y problemático con los terribles gerifaltes Weinstein y su "Dimension Films" al frente (subproductora destinada a confeccionar cine puramente de género, considerado basura por los hermanos), que acabó de traumar a Craven hasta el punto de decidir no aceptar ningún proyecto más únicamente motivado por el montante (promesa, opino, incumplida), pues apaga y vámonos.
Y eso es "La maldición (Cursed)" una película que hacía honor a su título. Se suponía una nueva y llamativa colaboración entre el director de "Pesadilla en Elm Street" y Kevin Williamson, sobrevalorado guionista de "Scream, vigila quien llama", desde la primera secuela de esta última. De hecho, diría que intentaron repetir un poco la jugada. Es decir, aplicar a los hombres lobo en "Cursed" lo aplicado al slasher en "Scream". Porque sí, de eso va el film reseñado, de licántropos. En realidad nada nuevo bajo el sol. La trama es super-trillada y convencional. Dos hermanos son atacados por un enorme lobo. Ambos comenzarán a notar sus respectivas y progresivas mutaciones, obteniendo mayores capacidades físicas, sensoriales y un desarmante sex appeal. Todo esto a la par que el licántropo original anda por ahí jodiendo la marrana. Los protagonistas deberán detenerle para, así, acabar con su propia maldición.
Ahora imaginen todo ello narrado a lo Kevin Williamson, con adolescentes como eje central (de esos sin familia e inadaptados que habitan enormes casoplones -instalados en medio de suburbios llenos de gente bien pálida- y cuya estabilidad económica resulta todo un misterio ), altas dosis de posmodernismo (aunque eso ya lo hiciera, y mucho mejor, Joe Dante en "Aullidos"), referencias cinéfagas (por ahí vemos figuras de "Pinhead", "Jason" y, claro, "Freddy") y unos toques de humor absolutamente patéticos y fuera de lugar (lo de provocar a un licántropo citando sus defectos físicos -en forma humana- y que este responda haciéndote una peineta, da vergüenza ajena), coronados con el peor desenlace imaginable. Lo que comúnmente llamamos un final de mierda.
Desde el momento de su gestación a mediados de los 2000, "Cursed" no arrastró más que mala prensa. El rodaje fue eterno, repleto de refilmaciones, cambios bruscos en el guion y personal entrando y saliendo con pasmosa facilidad. Sorprende descubrir qué actores de renombre participaron para, finalmente, ser borrados de un plumazo (consulten "Imdb", bitches). Lo mismo que los efectos especiales. Primero se fichó al grande y adecuadísimo Rick Baker, luego sustituido por los no menos talentosos Howard Berger y Greg Nicotero. Todos ellos se habían currado sendos hombres lobo a base de látex y animatronic, además de unas cuantas buenas dosis de gore salpicante. Sin embargo, los Weinstein decidieron que preferían CGI y una peli apta para jovencitos. De esta manera, eliminaron la mayoría de escenas de trucos prácticos (dejando solo unos cuantos primeros planos, o planos medios, del monstruo, realmente logrados, sustituyéndolos por auténtica incompetencia. Los retoques informáticos son pura y dura basura), así como toda las mutilaciones y zarandajas truculentas. Con decirles que hubo hasta TRES versiones completas y listas de "Cursed" se lo digo todo, siendo la última y, según testigos, la peor aquella finalmente elegida / estrenada y, obvio es, fracasada a la hora de recolectar billetes verdes. No era pa menos, y no es pa menos. Sin embargo, asumido todo ello, y sabiendo a lo que uno se expone, la película termina siendo una mediocridad tontuna lo suficientemente dinámica y amena como pa rellenar un ratete estulto.
Los actores que sí asoman en el largometraje son una Christina Ricci cada vez menos "chubby" -y, por ende, menos apetecible-, el insufrible Jesse Eisenberg (mira que me cae mal este tío, lo siento), Joshua Jackson, Judy Greer, Shannon Elizabeth, Derek Mears -futuro "Jason" oculto bajo el disfraz de hombre lobo- y Scott Baio como Scott Baio.
Por supuesto, la carrera de Wes Craven seguiría haciendo aguas ya de forma irremediable. Lo intentaría con un thriller convencional de espíritu telefílmico -"Vuelo Nocturno"-, otra de terror con frustradísimas y dolorosas aspiraciones a nueva franquicia -"Almas Condenadas"- y, en un desarmante caso de cierre circular y puesta en evidencia, la tardía y cuarta entrega de "Scream". En el fondo, su epitafio ideal.
Y eso es "La maldición (Cursed)" una película que hacía honor a su título. Se suponía una nueva y llamativa colaboración entre el director de "Pesadilla en Elm Street" y Kevin Williamson, sobrevalorado guionista de "Scream, vigila quien llama", desde la primera secuela de esta última. De hecho, diría que intentaron repetir un poco la jugada. Es decir, aplicar a los hombres lobo en "Cursed" lo aplicado al slasher en "Scream". Porque sí, de eso va el film reseñado, de licántropos. En realidad nada nuevo bajo el sol. La trama es super-trillada y convencional. Dos hermanos son atacados por un enorme lobo. Ambos comenzarán a notar sus respectivas y progresivas mutaciones, obteniendo mayores capacidades físicas, sensoriales y un desarmante sex appeal. Todo esto a la par que el licántropo original anda por ahí jodiendo la marrana. Los protagonistas deberán detenerle para, así, acabar con su propia maldición.
Ahora imaginen todo ello narrado a lo Kevin Williamson, con adolescentes como eje central (de esos sin familia e inadaptados que habitan enormes casoplones -instalados en medio de suburbios llenos de gente bien pálida- y cuya estabilidad económica resulta todo un misterio ), altas dosis de posmodernismo (aunque eso ya lo hiciera, y mucho mejor, Joe Dante en "Aullidos"), referencias cinéfagas (por ahí vemos figuras de "Pinhead", "Jason" y, claro, "Freddy") y unos toques de humor absolutamente patéticos y fuera de lugar (lo de provocar a un licántropo citando sus defectos físicos -en forma humana- y que este responda haciéndote una peineta, da vergüenza ajena), coronados con el peor desenlace imaginable. Lo que comúnmente llamamos un final de mierda.
Desde el momento de su gestación a mediados de los 2000, "Cursed" no arrastró más que mala prensa. El rodaje fue eterno, repleto de refilmaciones, cambios bruscos en el guion y personal entrando y saliendo con pasmosa facilidad. Sorprende descubrir qué actores de renombre participaron para, finalmente, ser borrados de un plumazo (consulten "Imdb", bitches). Lo mismo que los efectos especiales. Primero se fichó al grande y adecuadísimo Rick Baker, luego sustituido por los no menos talentosos Howard Berger y Greg Nicotero. Todos ellos se habían currado sendos hombres lobo a base de látex y animatronic, además de unas cuantas buenas dosis de gore salpicante. Sin embargo, los Weinstein decidieron que preferían CGI y una peli apta para jovencitos. De esta manera, eliminaron la mayoría de escenas de trucos prácticos (dejando solo unos cuantos primeros planos, o planos medios, del monstruo, realmente logrados, sustituyéndolos por auténtica incompetencia. Los retoques informáticos son pura y dura basura), así como toda las mutilaciones y zarandajas truculentas. Con decirles que hubo hasta TRES versiones completas y listas de "Cursed" se lo digo todo, siendo la última y, según testigos, la peor aquella finalmente elegida / estrenada y, obvio es, fracasada a la hora de recolectar billetes verdes. No era pa menos, y no es pa menos. Sin embargo, asumido todo ello, y sabiendo a lo que uno se expone, la película termina siendo una mediocridad tontuna lo suficientemente dinámica y amena como pa rellenar un ratete estulto.
Los actores que sí asoman en el largometraje son una Christina Ricci cada vez menos "chubby" -y, por ende, menos apetecible-, el insufrible Jesse Eisenberg (mira que me cae mal este tío, lo siento), Joshua Jackson, Judy Greer, Shannon Elizabeth, Derek Mears -futuro "Jason" oculto bajo el disfraz de hombre lobo- y Scott Baio como Scott Baio.
Por supuesto, la carrera de Wes Craven seguiría haciendo aguas ya de forma irremediable. Lo intentaría con un thriller convencional de espíritu telefílmico -"Vuelo Nocturno"-, otra de terror con frustradísimas y dolorosas aspiraciones a nueva franquicia -"Almas Condenadas"- y, en un desarmante caso de cierre circular y puesta en evidencia, la tardía y cuarta entrega de "Scream". En el fondo, su epitafio ideal.
martes, 19 de octubre de 2010
NIGHT OF THE DEMONS
Honestamente, nunca he acabado de comprender el estatus de culto del "Night of the Demons" original. En su época fui atraído por su espectacular carátula. La alquilé y quedé prendado ante unos títulos de crédito en dibujos animados realmente flipantes. El arranque prometía, con ese enorme caserón encantado (que molaba más que el de la peli que nos ocupa) listo para una noche de horror. Y al final recuerdo que quedé totalmente decepcionado. El film de Kevin S. Tenney (dire también de "Witchboard" o "Brain Dead", y que en el remake ejerce de productor) resultó ser una imitación sosa y sin gracia de "Posesión Infernal". Pero por lo visto, y para mayor alegría de sus productores, cuajó y con el tiempo salieron dos secuelas más, utilizando al personaje de Angela (la primera chica poseída con su oportuna indumentaria gótica) como reclamo principal (una especie de Freddy Krueger con tetas). La segunda era horripilante, aunque salía una chavala con las ubres más hermosas que he visto nunca. Y la tercera (también conocida como "Demon House") era casi telefilmesca (a pesar de una morbosa felación al cañón de una pistola, que la Angela de esta nueva versión recrea un poco, aunque mediante botella).Y ahora, en plena fiebre de remakes de clásicos del horror ochentero, a alguien se le ocurre rehacer "La noche de los demonios". ¡¡¿¿En serio??!!, ¿pero tanto es su culto que merece una nueva versión?. Ya sabéis aquello de que más vale que a la hora de remakear se decanten por pelis mediocres fácilmente mejorables, en lugar de grandes títulos que únicamente puedan estropear. Es evidente que "Night of the demons" entra de lleno en el primer caso... lo curioso es que este remake esté confeccionado desde las tripas de la más rutilante "serie B", el mismo gueto al que pertenecía la original.
La trama de base es la misma, lo que no dice mucho ya que incluso en 1988 resultaba previsible. Noche de Halloween, grupo de jovencitos idiotas se montan una fiesta en un enorme caserón con fama de encantado. Se desatan los infiernos, y el grupo de supervivientes (cada vez más escueto) tendrá que luchar contra los demonios, hasta la salida del sol. Luego hay toda una serie de cambios sutiles que, en fin, tampoco es que sean la repanocha, pero dado la básico del asunto, supongo que podemos agradecerlos.
No se si los parecidos con "Posesión Infernal" son porque la original ya se inspiraba mucho en ella, o porque han querido mandarle un guiño directo. Pero sí, tenemos raíces con vida propia que agarran a sus víctimas, y una sospechosa puertezuela directa al sótano por la que, en un momento dado, asoman unas manos demoníacas.
¿Y qué más nos ofrece este "Night of the demons"?, pues bueno, estética neo-gótica, muchos colorines, una cámara nerviosa del copón, montaje acelerado, soundtrack cargado de rock-metal-gótico (destacan por diferentes y buenos los "Tsol"), todo sutilmente estilizado y con ese tufo sintético propio de estos tiempos. Algo que, por norma, me resulta desagradable. Sin embargo, muy consciente de ello antes de empezar el visionado, aquí lo dejo pasar. Efectos especiales dignos, algo de buen gore (aunque menos crudo de lo que esperaba. Tampoco la versión de Tenney era un cúmulo de atrocidades) y, eso sí, tías buenas y algunas tetas molonas. Se recrean (y se mejoran... o se exageran) los pocos momentos míticos de la peli del 88, como ese famoso lápiz de labios incrustado en un seno.
El reparto es notable (en un sentido "babeable"), Shannon ("American Pie") Elizabeth como la nueva Angela, la tremendísima Monica ("Freddy vs Jason") Keena como la heroína de la función (¡que mala actriz que es la jodida, pero que poco importa!, aunque en "Freddy vs Jason" estaba algo más carnosa que aquí, lo que le favorecía), Tiffany Shepis ("scream queen" de tercera, que se marca un rol escueto) y, ¡sí!, el amigo Edward Furlong como nota discordante. Hay que ver cómo este menda empeora interpretativamente a medida que crece, a lo largo y a lo ancho... pobrecillo. Naturalmente, hay cameo para una desmejoradísima Linnea Quigley, vestida igual que lo hiciera en el film-madre. El director no nos interesa... un matao de esos.
¿Resumiendo?, pues no está mal este nuevo "Night of the demons". Vale, le falta el relativo encanto del original (encanto que ha adquirido con los años y por su condición ochentosa, claro, porque cuando la vi en su momento era un producto más del montón), pero la verdad es que le gana en cuanto a entretenimiento, ideas visuales y.... ¡reparto femenino!... cosas estas que, hablando claro, eran muy fáciles de superar.
Recomendada para pasar el rato o ver con los coleguitas.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

