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viernes, 10 de julio de 2020

EL VIAJE

Película de Roger Corman adscrita al drugsploitation que, en cierto modo, es un pequeño antecedente de “Easy Rider”. Por un lado, porque esta tiene en su haber media plantilla de aquella. Jack Nicholson escribe el guion —con toques autobiográficos basados en sus experiencias y en su ruptura marital—, Peter Fonda y Dennis Hooper, la protagonizan. También tenemos por ahí a Bruce Dern. Y por otro, porque,  indiscutiblemente, esta película le sirvió a Hooper y Fonda de espejo en el que mirarse. Es obvio que tomaron buena nota de esta serie B en la que trabajaron para luego plasmar su locura en “Easy Rider”… Solo que si aquella es una película que pasó a los anales como uno de los pilares del cine de los setenta, esta es bastante mala, tediosa y ridícula.
La cosa va de un individuo que se da a las drogas, concretamente el LSD, en el momento que se entera que su mujer le ha puesto los cuernos. Empieza a frecuentar ambientes de hippies y drogadictos, y comenzará a consumir drogas con ellos. Así, tendrá buenos y agradables colocones a la vez que los tendrá malrolleros; sirvan ambos tipos de colocón para mostrarnos escenas psicodélicas y experimentaloides que compondrán el grueso de la película. Imágenes calidoscópicas, proyecciones psicodélicas sobre los actores que simulan hacer el amor, y toda suerte de efectos baratos para conseguir recrear algo bastante parecido a lo que es un viaje de tripi. Y de verdad, Corman, lo consigue. No es gratuito; durante la preproducción de la cinta, tanto Corman como su séquito de futuras estrellas consumirían LSD con el fin de saber cuáles eran sus efectos para poder plasmarlos en imágenes de la manera más rigurosa posible.  Bruce Dern no, Bruce Dern no quería saber nada del asunto.
El guion fue concebido por Nicholson para hacer él mismo uno de los papeles protagonistas (el de Bruce Dern), pero tras estudiarlo concienzudamente, Corman sugirió que mejor él no apareciera en la película. Y como buen discípulo, Nicholson obedeció.
Pese a que la película abre con unos créditos que, para curarse en salud, advierten al espectador sobre los efectos nocivos de esta droga (cuando lo que pretende en realidad es mostrarnos a gente tomándola sin ningún motivo y pegándose un buen viaje), en Reino Unido, el BBFC consideró que se trataba de una obra de corte sensacionalista y una apología del consumo de LSD, por lo que la película quedó prohibida en Inglaterra hasta 2002 que por fin se pudo comercializar. Claro que en Inglaterra eran muy dados a prohibir todo lo que se alejara un mínimo de lo políticamente correcto. No obstante, aunque estuvo casi 40 años prohibida, durante lustros la película circuló de mano en mano de manera clandestina y pirata.
El film es bastante chungo, puede dar la sensación de que estamos ante una película más o menos cuidada porque su fotografía es estupenda, pero luego el montaje es un amasijo de conceptos e ideas soltadas a su ser a modo de máquina de gotelé. Por otro lado,  hay escenarios y vestuario del medievo que se cuelan en algunos de los momentos oníricos en los que Fonda se come un tripi. No he podido contrastarlo pero es fácil deducir que esos escenarios y vestuario fueron reaprovechados de otra película en ciernes. No sería descabellado.
También tenemos por ahí el cameo imprescindible de Dick Miller… y poco más. Mucha lucecita, mucho colorín, y millones de planos para una trama casi inexistente y que, en el fondo, da bastante lo mismo. La gracia está en ver a toda esa tropa pasándoselo de puta madre en el rodaje y, curiosamente, actuando espantosamente, sin plantearse siquiera lo que les sucedería años después.
Para matar el gusanillo y poco más.

sábado, 1 de abril de 2023

2013: RESCATE EN L.A.

Fui a ver la famosa/infame secuela de "1997: Rescate en Nueva York" cuando se estrenó en una sala medio vacía. Al salir, la sensación no era demasiado entusiasta. Aún así, cegado por mi fanatismo juvenil hacia su director, corrí a escribir una reseña muy positiva para un fanzine de naturaleza punk/radikal llamado "Sancocho Metálico", donde me centré en el notable lado subversivo del film, demostrando de esta manera que, ocasionalmente, las películas más comerciales y aparentemente tontunas son las más críticas con el "establishment", las más transgresoras, sin necesidad de dárselas de cine de autor y/o intelectual. No obstante, en mi fuero interno sabía que John Carpenter y su troupe (Debra Hill y el mismo Kurt Russell, los tres autores del guion. Me los puedo imaginar embriagados de nostalgia y echándose unas escandalosas risas entre tecleo y tecleo) me habían fallado. Pero ya saben como es esto del paso del tiempo y la perspectiva. Ayer, aprovechando que la daban por la tele, me animé a verla, sin el peso de todo el trajín emocional.
La hija del presidente de los USA se ha liado con un revolucionario y huido hasta la ciudad de Los Ángeles, convertida ahora en una isla donde deportan a todos los ciudadanos indeseables (que roban, violan, asesinan y estafan, pero también van los que fuman, comen carne roja, beben, dicen tacos y son ateos) En su huida se llevó un aparato capaz de dejar sin electricidad al planeta entero y temen que lo utilice. Una vez más, engañan a Serpiente Plissken -y mira que es lerdo- para que acuda y, en tiempo límite -antes de que le mate un virus inoculado en su sangre-, recupere el trasto y elimine a la niña, al revolucionario y a todo aquel que se ponga a tiro.
Entramos de lleno en la etapa "flojucha" de la filmografía de Carpenter. Dejadas atrás sus aportaciones más o menos dignas de finales de los ochenta ("El príncipe de las tinieblas", "Están Vivos" o "Memorias de un hombre invisible") en los 90 vivió años no demasiado inspirados. Todo lo parido entonces era más bien desangelado y patosillo (salvo "En la boca del miedo", pero por los pelos) Y "2013: Rescate en L.A." le va a la zaga. Lo que ocurre es que es la secuela directa (o más bien remake encubierto) de una peli muy querida. Y un personaje igual de apreciado. Y eso pesa. En una no muy antigua convención visitada por John Carpenter, hubo quien se atrevió a esputar una pregunta mal intencionada sobre el film reseñado, ¿y qué hizo nuestro querido filmmaker? -en una época en la que ya se había vuelto la mar de gruñón-, responderle con un seco y significativo "Fuck you!"
Aceptémoslo, "2013: Rescate en L.A." es malilla. Muy tonta. Además, gasta unos efectos visuales dolorosamente malos. El CGI aún andaba en pañales, sí. Pero es que también los "mate paintings" dejan mucho que desear. A pesar de ello, vista ayer, y consciente de que no podía esperar gran cosa, la disfruté. Me entretuvo. Tanto por sus momentos buenos (el duelo con la oxidada lata de por medio), como patéticos (el famoso surfeo en la cresta de un tsunami. De verdad, ¿qué se habrían fumado Carpenter, Russell y Hill en ese momento?). Y, como decía al principio, por todo ese saludable espíritu crítico -y premonitorio- hacia los Estados Unidos y sus poderes fácticos (con un presidente cobarde que solo sabe rezar, el parafascismo ultra-moral, etc), así como las ideas delirantes (el grupo de deformes adictos a los retoques de cirugía estética. El gang compuesto de niños altamente violentos armados hasta la sobaquera), la aniquilación de algunas convenciones narrativas (evitar cualquier subtrama amorosa acribillando a la chica de la peli cuando menos te lo esperas) y el brutal desenlace. Decir que "2013: Rescate en L.A." es una película mala pero divertida sería excesivo, pero sí es cierto que gasta un sutil tufo a "placer culpable" del todo entrañable.
Estaremos de acuerdo en que su verdadero fuerte es la tremenda galería de rostros que van asomando a lo largo de la función, casi todos habituales "personalidades cult", y acaparan desde el protagonista hasta, casi, los extras. Ahí va el listado completo (Kurt Russell aparte): Stacy Keach, Cliff Robertson, Valeria Golino, Steve Buscemi, George Corraface, Bruce Campbell, Robert Carradine, Peter Fonda, Pam Grier, Paul Bartel, Peter Jason, Leland Orser, Al Leong, Thomas Rosales Jr. y, aunque no aparezca acreditado en ninguna parte, un fugaz Marco Rodríguez (el psycho del supermercado en "Cobra"). Tremendo ¿verdad?, es un auténtico regalo para el aficionado. No obstante, este no respondió con mucho entusiasmo y la peli se estrelló en taquilla. Otro palo gordo para un Carpenter que veía como, poco a poco, su llama se apagaba sin remisión. Desde entonces, el único medio por el que Serpiente Plissken se ha movido ha sido el noveno arte. En lo referente al audiovisual, ha habido rumores de series, secuelas y remakes... pero, hasta ahora, na de na. Si algo de todo eso prospera, seguramente será ya sin un Kurt Russell que anda pensando en retirarse. Francamente, mejor así. Es este uno de esos personajes que solo funcionan con un rostro y unas maneras, las del actor que le dio vida desde buen principio. ¿Se imaginan otro tipo haciendo de "Harry Callahan", "John Rambo", "Indiana Jones" o "John Matrix"? No, no molaría nada.

sábado, 9 de octubre de 2021

NADJA

Fui a ver "Nadja" al Festival de Sitges de su año, 1994. Entonces andaba interesado tanto en un cine fantástico algo más "arty", como en David Lynch, así que pal caso (con este último ejerciendo de apadrinador y una trama fantástica de base) aquel era un título muy atractivo. No obstante, me quedé frito durante el visionado. ¿Cansancio o aburrimiento? Pues un poco de cada. Es cierto que cuando te pasas el día en el Festival tragando peli tras peli (a cada cual más tocho), llega un momento que el cuerpo se rinde. Me ha pasado antes. Pero es que "Nadja", sin ser tampoco una tortura, sí se presta a inducir a cierto bostezo. Veamos.
Van Helsing ha matado a Drácula. La hija de este, Nadja, viaja hasta Nueva York a recoger las cenizas. Se hace amiga-amante de la novia del sobrino del asesino de su padre y la vampiriza. Dadas las circunstancias, el famoso cazador de no-muertos se verá obligado a buscar y destruir a la temible chupadora de sangre antes de que la líe más parda.
Contado así, "Nadja" tiene toda la pinta de ser una peli convencional de vampiros. Pero no se lleven a engaño. Está narrada y, sobre todo, filmada a lo "arty". Es puro arte y ensayo. Muy del rollo "indie" de los 90, en su vertiente más radical. Lo que se traduce en un montón de diálogos pomposos, semi-poéticos y algo pedantes y un ritmo tranquilo, aunque no tan plasta como cabría esperar. El contraste entre eso y su espíritu con regusto "pulp" hacen que el resultado final no sea para echar cohetes... pero tampoco del todo desdeñable. Como suele pasar con esta clase de pelis, en realidad lo mejor está en el apartado estético. Y lo de "Nadja" no es moco de pavo.
Para empezar, tenemos esa fotografía en blanco y negro tan bonita. Luego, un elemento que en su día me llamó mucho, la utilización (a boleo, según les viene) de la famosa cámara Pixel Vision. Un invento de los setenta que se lanzó como juguete para la chavalada pero, al no funcionar comercialmente, acabó en las zarpas de "artissssstassss", convirtiéndose en una de sus herramientas predilectas para hacer chuminadas. La Pixel Vision grababa con cintas de casete, y la imagen resultante era en un blanco y negro muy contrastado y a baja calidad, con esos mismos mentados pixels dando el cante. A mi estas cosas me pirran (de hecho, intenté hacerme con una, sin lograrlo), así que nada que objetar al respecto (sobre todo hoy, con tanto 4K y tanta estúpida obsesión con esa ultra-calidad de imagen fría y aséptica). Y luego, pues diría que también hay algo de material filmado en Super 8. Lo complementan retro-proyecciones muy efectivas y el que cuando necesitan algo más complicado -y caro- de obtener, como una explosión o un castillo lúgubre, lo filman directamente de una pantalla de televisor. Es decir, de otra película. Sensacional.
Ese sería el punto fuerte de "Nadja", luego estaría cierto sutil humor. Parte de la naturaleza del hipster (y aunque sea del 94, esta es una peli MUY hipster) consiste en fingir que no se toma demasiado en serio a sí mismo. Supongo que por aquello de mirar con arrogancia y por encima del hombro a los elementos de género con los que juega, y así animar al rancio crítico de turno a no sentirse uno más. De ahí que "Nadja" tenga ciertas pinceladas de humor, de autoparodia, pero una tan absurda y sutil que no queda del todo claro si está así aposta o es que a los autores se les ha ido la pinza. En este caso destaca el excéntrico personaje de Van Helsing, algunos diálogos muy chorras que resultan hilarantes al ser recitados con gélida seriedad o detalles como ese niño Transilvano con orejas de Mickey Mouse.
El personal implicado no tiene desperdicio. Elina Löwensohn venía de actuar en una peli tan "indie de los 90" como "Amateur" de Hal Hartley, así que había nacido para ser "Nadja". Peter Fonda se come la función con patatas dando vida a ese Van Helsing tan gracioso, vestido en plan retro y luciendo grasientas greñas. Martin Donovan también venía de "Amateur" y el clan Hartley, lo que sigue siendo perfectamente coherente. Sorprende un joven y, como siempre, estupendo Jared Harris haciendo de vampiro de buen corazón. Y, finalmente, tenemos al mismo David Lynch marcándose un cameo muy simpático como segurata. Mención especial para Galaxy Craze, raro nombre de una rara actriz de hipnótica belleza -rara- que ha currado muy poco y ha escrito algunos libros.
Escribe y dirige Michael Almereyda, que a día de hoy sigue currando y sigue tirando de los mismos derroteros. En 1998 intentó repetir un poco la broma con "La momia (Trance)", cogiendo nuevamente elementos del terror de "serie B" para llevarlos a terreno "arty" (y con Jared Harris), pero esta vez sin repercusión alguna (tal vez al no estar Lynch implicado).
En los créditos finales se alaba la existencia de nombres como los de Picasso o Bretón. Tómenlo como advertencia.
Curiosa y para una vez.

viernes, 23 de noviembre de 2018

Y... AL ROJO VIVO

Más cercana a un “exploit” de corte carcelario al estilo “Calles salvajes” que a la película protagonizada por dos ganadoras del Oscar como nos proponen las frases publicitarias de los diferentes carteles de la película —ediciones de USA incluidas—, “Certain Fury”, que en nuestro país se estrenó en cines bajo el título de “Al rojo vivo” para, en su paso por videoclubes añadírsele al mismo una “Y” y unos puntos suspensivos delante pasando a ser “Y… Al rojo vivo” —título que se dio por oficial finalmente—, no es más que una pequeña peliculita de "serie B" con dos estrellas como reclamo, que pasaron a estar decadentes demasiado pronto y no pegan en absoluto con los arquetipos que nos ofrece la cinta.
Un tribunal está resolviendo varios casos de delincuencia femenina. Tenemos a nuestras protagonistas, una joven estudiante que no sabemos muy bien lo que ha hecho, y otra pelirrojilla con pinta de nuevaolera de la que diríamos que jamás ha roto un plato. Pronto, otras dos detenidas toman rehenes en el mismo juzgado causando una matanza, por lo que nuestras protagonistas huyen de allí despavoridas. Mientras la policía las busca, vivirán mil y una aventuras, mostrando al espectador poco a poco por qué iban a ser juzgadas y dándonos a entender que son delincuentes por circunstancias, nunca por maldad.
“Buddy movie” femenina  muy de los ochenta, con sobredosis de violencia y sordidez barata que, a causa de su naturaleza caótica, bien le valdría un destacado puesto dentro de la categoría “malas pero divertidas”.
Por otro lado, sin que fuera un éxito en absoluto y  precedida de unas críticas que la catalogaban como basura, “Y… Al rojo vivo”, cuya vida comercial en nuestro país fue más notable en videoclubes que en salas de cine donde apenas congregó a 123.000 espectadores, es uno de los productos más olvidados (y olvidables) de la época, lastrado por una trama tan endeble como poco —y mal— desarrollada, unas motivaciones de lo más tontorronas y unas actuaciones de vergüenza ajena. Y es que, aunque Tatum O,Neal demostró ser una niña prodigio de lo más solvente, en la pos adolescencia mutó a actriz espantosa con un rictus de pena que no se le va, ni tan siquiera cuando tiene que empuñar un arma. Por otra parte, Irene Cara, que si en “Fama” de Alan Parker se ganó el favor de crítica y público y parecía que iba a comerse el mundo, aquí parece que no sabe dónde demonios está ni lo que tiene que hacer, máxime cuando se muestra torpe y poco grácil en las escenas de acción. De hecho, la portorriqueña comprendió que la actuación no era lo suyo, y se centró en su carrera como cantante donde, sin duda, le fue mucho mejor... al menos durante un tiempo, hasta que comenzaron los notables altibajos.
Las acompaña Peter Fonda, sin cejas, y sobreactuando cosa mala, rajándole con una navaja la cara a Tatum O’Neal.
Al final “Y… Al rojo vivo” es una  mala película donde Cara y O`Neal se pasan hora y media corriendo; y corren por el interior de las alcantarillas, por el exterior, por las vías del tren… y todo ello sin ningún sentido.
Muy mala, aunque no exenta de cierta gracia y valor “trash”.
El director, Stephen Gylenhaal, compaginó sus labores entre cine y televisión sin llegar a realizar nunca un trabajo destacable o recordado, siendo su filmografía una absoluta mediocridad.

sábado, 11 de enero de 2025

EL RIESGO DEL VÉRTIGO

Comencé a escribir esta reseña asumiendo que "El riesgo del vértigo" (extraño y retorcido título español para "Deadfall", algo así como "Caída Mortal") era pura consecuencia del éxito de Quentin Tarantino con "Reservoir Dogs", recién iniciados los noventa. De cuando se puso de moda el cine negro protagonizado por villanos "cool" y enrollados. Pero, tras reflexionarlo, me di cuenta que, aunque dicha apreciación podía ser en parte acertada, no se trataba de un pleno. Al fin y al cabo, "El riesgo del vértigo" se hizo en 1993, y el Tarantinismo realmente petó con "Pulp Fiction" en 1994. Hasta cierto punto, y aún manteniendo su deuda con "Reservoir Dogs" -y la idea ya palpitante de que el cine """independiente""" podía ser comercial y violento sin renunciar a cierto prestigio autoral-, la verdadera conexión estaba con otra de las tendencias muy de aquella época en cuanto a ficción cinematográfica: David Lynch, quien revitalizó el cine negro, el thriller, añadiéndole unas gotas de delirio. En ocasiones lo suficientemente controladas como para no enturbiar la trama de base, contándote una historia de gangsters más o menos común en la que, súbitamente, colaba una locura visual o personaje extravagante ("Frank Booth", "Bobby Peru"...), que te descolocaba un poco, pero no lo suficiente como para sacarte de la película, dotándola incluso de cierta gracia extra. Una tendencia a la que muchos se apuntaron, entre ellos Christopher Coppola, sobrino de Francis Ford.
No es la primera vez que asoma por acá. Hablé de él cuando comentamos su largometraje de debut, "Condesa Drácula", y mencioné, regocijantemente, su condición de alumno/amigo del gran George Kuchar. Aquella curiosa pero mediocre película no hizo mucho por su carrera, así pues Christopher acabó recurriendo a lo fácil y, dada su posición, lógico: the family +, supongo, algún contacto por ahí que le ayudara a levantar el nuevo proyecto con el que soñaba. Consecuentemente, y hurgando entre el personal implicado en "El riesgo del vértigo", damos también con Talia Shire, su tía, y, muy especialmente, Nicolas Cage, su hermano.
Retomando aquello de los personajes extravagantes propios del Lynchismo noventero, pal caso tenemos tres ejemplos claros, un villano con una aparatosa y poco creíble mano falsa en forma de amenazadora tijera (al que, graciosamente, da vida el mismísimo Angus Scrimm, "Hombre Alto" en la saga "Phantasma"), un experto jugador de billar de modales exquisitos encarnado por otro coleguita del director, Charlie Sheen (seguido muy de cerca por su hermana Renée Estevez... ambos hijos del protagonista de "Apocalipsis Now"), o aquel al que insufla vida -o debería decir, sobredosis de vida- el hermano de Christopher. No es baladí pues la mención a David Lynch considerando que, parte del prestigio que entonces acarreaba Nicolas se fundamentaba en su papel protagonista para, justo, uno de esos thrillers raros del padre de "Cabeza Borradora", "Corazón Salvaje". Así, contar con él como reclamo sería de cierta ayuda (aunque se tratara de un rol secundario). Claro, ¿cuál es el problema? que Christopher dio carta blanca al actor para que hiciera lo que le diera la santa gana... y ya sabemos lo arriesgado que es eso, comentario muy oportuno considerando el título patrio del film. En "El riesgo del vértigo" Nicolas Cage pierde los papeles que da gusto. Desde la elección de su look, ahí con nariz y moreno de pega, peluquín, bigotillo, gafas de sol y vestuario colorista (no son pocas las ediciones que recurren a una estampa suya sin todos los abalorios, o únicamente un mostacho pintarrajeado, para evitar espantar al posible cliente -ver imagen adjunta-), a, sobre todo, las maneras. Decir histriónico es quedarse corto. Usar la palabra sobreactuado sería un insulto para los sobreactuadores del mundo libre. Nic no se pasa tres pueblos, se pasa tres estados, tres planetas y tres universos. Provocando el ridículo y la vergüenza ajena. Es agotador. Celebré con bailes y cánticos cuando su presencia deja de ser continua. Verlo para creerlo. Lo gracioso del caso es que, tanto gozó desfasando, que en 2017 decidió retomar al personaje para una película ajena titulada "Arsenal". Manda cojones.
Suerte que ahí están un Michael Biehn todavía "biehn" posicionado, el gran James Coburn, Peter Fonda y
 Mickey Dolenz de los "Monkees" -+ los mentados Angus Scrimm / Charlie Sheen- para contrarrestar las psicóticas cucamonas de Nicolas. Por aquello de cerrar el círculo, mentar a Nick Vallelonga, co-guionista, quien se marca un papelillo. Con los años lograría alcanzar el cielo ganando el Oscar por el libreto de la decente -y políticamente correcta- "Green Book".
"El riesgo del vértigo" narra la epopeya de un estafador profesional que, accidentalmente, mata a su padre durante un (que no "de un") golpe. Supuestamente las balas eran de fogueo, pero no. Agonizante, papá le pide que busque a su hermano (tío del prota) y reclame "la tarta". Así pues, el chaval decide hacer realidad el último deseo de su progenitor. Cuando localice al personaje en cuestión, se las verá con su matón de confianza, celoso ante las atenciones que se lleva el recién llegado, y se colará por la seudonovia de aquel. Como resultado, muchos conflictos, algunas muertes y varias sorpresas.
Aunque me sonaba haber leído críticas positivas de "El riesgo del vértigo" -al menos en su día- lo cierto es que, revisando, descubro más bien lo contrario. La tendencia general consiste en ponerla a bajar de un burro. Michael Biehn dice que es lo peor que ha hecho en su vida (¿¿en serio?? permíteme dudarlo). Incluso Christopher Coppola la desprecia y asegura que únicamente se la pone de vez en cuando para descojonarse con el trabajo de su hermano (!!!). Fue tal el desastre financiero, que recomendaron al joven director desaparecer un par de años, por aquello de limpiar su imagen y que Hollywood le retirara de la lista negra. No hizo ni caso, obvio. Y lo celebro. Así, su carrera consiguiente se mantuvo en un razonable tránsito de pura mediocridad, a base de westerns tardíos, alguna película infantil y la que, a día de hoy, sigue siendo la que más curiosidad me despierta, "The Creature of the Sunny Side Up Trailer Park" (algún día caerá) En fin, no sé, a mi "El riesgo del vértigo", consumida sin conocimiento de toda esta mandanga, me gustó y entretuvo. Tampoco veo que sea TAN terrible... salvo por ya saben quien. Pero incluso eso es perdonable... o divertido, según lo vean. Claro que podría estar siendo traicionado por las simpatías que siento hacia Christopher Coppola. No lo niego. Arrastrando el apellido que arrastra, que se haya convertido un poco en la "oveja negra" del clan, algo así como el reverso tenebroso de Sophia Coppola, mola mucho.

sábado, 10 de febrero de 2024

MORDISCO MORTAL

Es curioso. Sé de esta película desde hace muchos años, gracias a sendas imágenes de impacto publicadas en mis queridas revistas especializadas (extranjeras, por supuesto) Sin embargo, diría que no la había visto hasta... ayer.
Estamos ante el prototípico producto / argumento hoy pasto de discutibles antros del entretenimiento como SyFy o Asylum, pero que en 1983 todavía lo abordaba peña de cierto talento y, por supuesto, a base de los siempre agradecidos efectos prácticos de la vieja escuela, en este caso facturados por tres titanes del calibre de Dick Smith, Carl Fullerton y Stephan Dupuis. La cosa va de serpiente gigante. Una mentalmente conectada con el cazador al que hirió en el pasado, y cuyo hermano se papeó. Aquel se obsesiona con traerla a la civilización para vengarse. En el proceso escapará y la liará parda. De por medio, un psiquiatra dispuesto a desvelar el misterio de dicha conexión y una extrañísima secta adoradora de serpientes a la que, llegado el momento, perdemos totalmente de vista.
Producida en tierras Canadienses y dirigida por un especialista del calibre de William Fruet, responsable de clásicos del exploit como "Fin de semana sangriento", "Trapped", la mítica "Killer Party" (reseñada en nuestro pest-seller) o la insufrible "The insect, alerta roja en el gran hospital", cuenta con el protagonismo de dos nombres de peso que vivieron tiempos mejores, Oliver Reed y Peter Fonda, secundados por Al Waxman, quien se reserva la muerte más horrible. Resulta que el potentísimo veneno de esta serpiente te hincha como un globo hasta que tus ronchas estallan... muy desagradable de ver. Diría que su fenecimiento está suavizado, porque recuerdo unas imágenes impresas bastante más gráficas.
En general, y sin ser algo que nos invite a echar cohetes, "Mordisco Mortal" -soso título patrio para "Spams"- se deja ver bastante dignamente. Entretiene lo justo y nos alegra los ojos con el incomparable acabado propio de su década. Destacan, obvio, las escenas en las que el bicho ataca, especialmente a un grupo de estudiantes femeninas. A una la vemos en tetas, a otra la interpreta Julie Khaner, la secre de "Max Renn" en "Videodrome", y en la pared divisamos un póster de "La matanza de Texas".
Cierra el show una tonadilla muy "cool" de "Tangerine Dream"

jueves, 10 de mayo de 2018

CACERIA HUMANA

Por su condición de microcosmos de la vida real en donde se ven exacerbados los peores defectos del hombre, y la violencia y el machismo se encuentran siempre a flor de piel, las partidas de caza en el cine han representado casi desde sus comienzos la metáfora perfecta a la hora de reflejar tanto la violencia inherente al género humano como la realidad político-social del momento, alegoría última que se verá elevada hasta su máxima expresión en el caso de que las películas sobre cazadores procedan de países que hayan sufrido una guerra civil y/o que hayan sido gobernados por regímenes dictatoriales (por ejemplo, "Furtivos", "La escopeta nacional" o “La caza” de Saura) o, sobre todo, cuando el principal objetivo a batir en sus tramas sea el propio ser humano.
Hijo bastardo de “Deliverance” y “Perros de paja” (o, como diría Víctor, “Masturbating Dogs”) el film rodado en España “Los cazadores” ya proponía en 1974 una interesante pero fallida mezcla entre el rape & revenge, el cine de vigilantes y el survival, dentro de una historia en la que tres veteranos de Vietnam que en su juventud fueron acusados de la violación de una joven (Peter Fonda, Richard Lynch y John Phillip Law) tienen por costumbre en la actualidad secuestrar cada año a una parejita y conducirlos a su retiro en el bosque con el propósito de - entre otras cosas - poder practicar la caza del hombre. Como verbaliza uno de los protagonistas, después de las barbaridades que vieron e hicieron en Vietnam matar sólo a unas cuantas ardillas les sabe a muy poco. De esta manera, títulos como los anteriormente citados de Boorman y Peckinpah sirvieron tanto de perfecta metáfora del conflicto en el Sudeste Asiático como de parábola del preocupante aumento de los niveles de criminalidad en las grandes ciudades del país. Por su parte, exploits como “Los cazadores” o “Cacería humana” convirtieron el estrés postraumático de la guerra en piezas tan visibles y obvias de sus tramas que el comentario social se banalizó y vulgarizó, de inmediato y sin remedio, al verse situado en un primer plano al que no pertenecía.
Dirigida en 1980 por el especialista en westerns Burt Kennedy, “Cacería humana” comparte así más de un punto en común con “Los cazadores”: como cada año un grupo de amigos de mediana edad, con Charlie (Rod Steiger) a la cabeza, llega en hidroavión a las montañas canadienses para practicar la caza del pato. Sin embargo, nada más poner el pie en tierra comprueban que el guardés encargado de las cabañas ha sido sustituido sin previo aviso por David (David Huffman), un joven barbudo y de pelo largo que se verá obligado desde el comienzo a soportar las puyas de Charlie. “Tú eres un chico, ¿no? Porque con tanto pelo y esa barba podrías ser una mujer barbuda.”, le llega a decir en un momento dado el personaje interpretado por Steiger. Sin embargo, estas inofensivas bromas muy pronto se transformarán en ataques directos contra el muchacho cuando se sepa que éste se encuentra alejado de la civilización por haber desertado del ejército: Charlie, el cual perdió a un hijo en Vietnam, ve de este modo representados en David los peores defectos de la juventud americana, aquellas flaquezas que les llevaron no sólo a perder la guerra sino también a un montón de buenos y jóvenes patriotas. Aprovechándose de la ventaja del aislamiento que le brinda la naturaleza, Charlie decidirá entonces restaurar el orden y la ley y acabar con David y, de paso, con su también inocente novia.
Por desgracia, en contra de lo que cabría esperar y a pesar de su título español, el también guionista Kennedy toma como claro modelo “Perros de paja” antes que optar por ofrecernos una reinterpretación en clave setentera y post-hippie de “El malvado Zaroff”: y es que, además de estar situadas ambas en emplazamientos rurales, “Cacería humana” y el mítico film de Peckinpah comparten asimismo similar estructura, y no sólo por el hecho de mostrar de manera paulatina la escalada de violencia que sufre en sus carnes la joven pareja; asimismo, la mayoría de las agresiones (verbales al principio, físicas más tarde) se centrarán en la figura de la novia del protagonista: por ejemplo, en el diálogo más políticamente incorrecto de toda la cinta uno de los amigos de Steiger le comentará al resto, “Si yo tuviera un lavaplatos así, sería feliz” tras observar los atributos físicos de la joven desde la distancia.
En este sentido, el personaje femenino existe en la película única y exclusivamente en relación con la venganza que posteriormente llevará a cabo su novio, en una concepción bastante similar - y ahí se nota la mano de Kennedy - al limitado papel que por lo general ha desempeñado desde siempre la mujer en el western, ya sea como mero interés amoroso del héroe o como simple desencadenante de la acción. El propio Kennedy ya se había encargado de subvertir este concepto a comienzos de la década anterior al combinar la clásica peli de vaqueros con el rape & revenge en “Ana Caulder”, film rodado en España en el que Raquel Welch se venga de los tres hermanos que la violaron, quemaron su casa y asesinaron a su marido.
Por desgracia, y obvio es decirlo, en “Cacería humana” la escalada de tensión no está construida tan brillantemente como en “Perros de paja” y, en este aspecto, la película no depara absolutamente ninguna sorpresa, tanto por seguir con tiralíneas un modelo de (sub)género ya establecido de antemano, y por lo tanto conocido de sobra por el espectador, como por mostrar sus cartas demasiado pronto: de hecho, y en una decisión de montaje tan valiente como suicida, Kennedy no sólo se arriesga a comenzar la película por el final sino que asimismo irá incluyendo una serie de flashforwards a lo largo del resto del metraje por si a algún espectador no le ha quedado a esas alturas demasiado claro como va a terminar la película.
Como era de prever, un profesional tan poco sutil como Kennedy se desenvuelve mucho mejor en las escenas de acción que en el desarrollo psicológico de los personajes o a la hora de retratar el inevitable conflicto generacional; así, la película solo parece funcionar cuando se deja de discursos y se enfrenta a la acción pura y dura, aunque también es cierto que la estrechez de miras de su reiterativo libreto tampoco da lugar a demasiadas sutilezas: así las cosas, es en el último tramo de la película, aquel en el que se difuminan los límites entre cazador y presa, donde “Cacería humana” adquiere pleno sentido, donde se revela al fin como una película eficaz a pesar de lo incongruente de su guión, de su ambigüedad política, del poco carisma de Huffman y de la interpretación innecesariamente intensa y carente de matices de un antipático Rod Steiger, intérprete que, no por casualidad, se especializó en roles de villano en esta última etapa de su filmografía. Desempeñando un papel que en un principio iba destinado a Lee Marvin, el protagonista de "En el calor de la noche" se muestra aquí absolutamente incapaz de aportar un mínimo de humanidad a su personaje de padre afligido, de enloquecido ex sargento de los marines incapaz de comprender el comportamiento de la generación inmediatamente anterior a la suya; un personaje que, tanto por su conservadurismo como por el odio asesino que muestra hacia los hippies, comparte más de una característica tanto con el protagonista de "Joe, ciudadano americano" como con el Paul Kersey de la saga de El justiciero.
Si eres fan del survival supongo que puedes darle una oportunidad a "Cacería humana": dentro de su género no es de las más aburridas ni tampoco de las peores. Y aunque no consiga despojarse en momento alguno de su asumida condición de pastiche, su plano e impersonal remix de referencias llega a funcionar gracias a la innegable profesionalidad detrás de las cámaras de Kennedy, que no a su guión, claro. Y aunque no las supere en ningún otro aspecto, al menos el director de “El asesino dentro de mí” tiene la valentía de plantear un final (o un principio, aún no lo tengo demasiado claro) aún más sombrío y pesimista, si cabe, que el de los superiores modelos a los que trata de imitar. 

sábado, 17 de enero de 2026

BIENVENIDOS A "DELOS"

No sorprende nada que la idea argumental de "Almas de metal", "Westworld" en versión original, haya dado para tanto y, en cierto sentido, siga dándolo. Porque mola mucho. Un parque de atracciones futurista -de nombre "Delos"-, en el que se recrean escenarios del pasado de la humanidad, llamativamente habitados por cyborgs ultra-realistas. El visitante podrá formar parte de ese mismo mundo durante su estancia y, en esencia, hacer lo que le de la puta gana, con especial inclinación por matar y follar. Luego ya viene lo de que las máquinas se vuelven tarumbas y rebotan contra los clientes y sus creadores. Tan convencido estaba Michael Crichton, padre fundador, que posteriormente la retomó cambiando cyborgs por dinosaurios y, en fin, se armó la marimorena.
Pero en 1973 todavía faltaban dos décadas para "Parque Jurásico", Crichton debutaba en la dirección con esta estupendísima película, en la que un par de tipos acuden al mundo del oeste y, eso, el pistolero con el que se ceban -cada vez que lo matan, regresa-, termina cargándose a uno y persiguiendo al otro insistentemente hasta las atracciones siguientes, o las entrañas del complejo. A este le daba vida el por entonces algo en baja forma Yul Brynner, quien aceptó el papel por pura necesidad económica y, casi casi, terminó convertido en uno de sus roles más icónicos. Es tan trillado decir que el look se inspiraba en el que lucía para "Los siete magníficos" como que, hasta cierto punto, su "pistolero" guarda muchas similitudes con el posterior "Terminator", aunque ya es vox populi que James Cameron chupó indiscriminadamente de otras fuentes (¿además de la reseñada?).
La cuestión aquí es que "Almas de metal" se erige como un entretenimiento fabuloso, muy bien dividido en tres segmentos. La llegada a la atracción, donde te muestran sus entresijos y resulta todo de lo más fascinante e interesante. La aventurillas de los protas allá en su entorno y, pues eso, el caos que se organiza cuando un virus infecta a las máquinas -por entonces un concepto novedoso-. Es especialmente llamativo el momento en que Brynner sesga de la existencia a uno de los dos personajes principales ante la reacción incrédula del otro. Luego, arranca una persecución generosa en minutos y básicamente carente de todo diálogo. Cine puro totalmente apoltronado en imagen, música y efectos de sonido. Michael Crichton hace gala de, además de buenas relaciones con su musa, un notable pulso narrativo. Contribuyen a la diversión -Yul aparte- actores como el entonces futuro director Richard Benjamin, James Brolin (interpretando respectivamente al apocado "normal guy" que le pilla gusto rápido a esto de matar y el guaperas prepotente que luego resulta no ser tan eficaz como parecía) y Dick Van Patten aportando algo de vis cómica (al que perdemos de vista en cuanto estalla la crisis... supongo que por no mostrar la muerte del personaje gracioso). En merecida justicia, "Almas de metal" fue un auténtico pepinazo de taquilla, la película más exitosa de aquel año para la "MGM".
Es cierto que soy de dejarme engañar gustosamente cuando me siento frente a una pantalla. Ya saben, aquello de "suspender la incredulidad" para disfrutar del pifostio. Pero no niego que, gozando del film, se me despertaron algunas dudas, llámenlo curiosidades, tontunadas. Por ejemplo, ¿de verdad la atracción funciona tan bien como para justificar la enorme infraestructura y el macro-gasto que supone, abrirla y, sobre todo, mantenerla? Vale que la entrada es cara de cojones pero, claro, eso limitará todavía más la cantidad de clientela. Parte de la diversión supone poder acostarse con tías y tíos cañón -sintéticos, se entiende-, muy bien, pero... ¿¿y luego?? ¿habrá que limpiar los fluidos digo yo, no?. Es especialmente gracioso que el personal de "Delos" se preocupe tanto por la seguridad de sus visitantes, sin embargo ello no impide que les permitan usar dinamita -para reventar "el decorado"- y participar en peleas de salón, donde reciben buena estopa, o duelos medievales a base de espada, peligrosos sí o sí. En fin, nada, chuminadas.
Y aunque a finales de los setenta las secuelas todavía no eran algo asumido como parte del mondongo, tres años después se produjo "Mundo Futuro" ("Futureworld"), esta vez con apadrinamiento de la "AIP" de Sam Arkoff lo que, considerando su pasado "serie B" y exploitation, no eran noticias halagüeñas del todo. La cuestión es que, superada la crisis, "Delos" reabre su parque, manteniendo las atracciones situadas en la edad media y Roma, pero cambiando la del oeste por una de ambientación espacial-futurista (aquella a la que iría yo). Sin embargo, y como es lógico, el público no responde muy entusiasmado, así que invitan a unos periodistas y toda una delegación de mandatarios mundiales para que acudan, lo pasen de putifa y hagan buena propaganda. ¿O hay otra intención real detrás?. Pues sí, hayla. Esta vez la cosa no va de robots taraos, va de conspiraciones (después de todo estamos a mitad de los setenta). Los gerifaltes de "Delos" pretenden aprovechar la presencia de políticos e "influencers" para replicarlos y sustituirlos y asín dominar el mundo, lo que significa matar a los originales. Los periodistas arreglarán el entuerto.
Es admirable ese intento de evitar repetir la historia original, buscar algo nuevo, pero... no hay color. La primera media hora de "Mundo Futuro" está chula, el cómo introducen la nueva atracción y las mandangas que ofrece. Pero, en cuanto arranca la trama de conspiraciones, y todos comienzan a perseguirse por el subsuelo del complejo (una fábrica, el escenario más económico posible), la peli se torna chaposa hasta el extremo. Pierdes todo interés y, en fin, comienzas a reclamar peligrosamente las atenciones del móvil. Una pena, aunque tampoco sorprende sabiendo que el director fue el sosainas de Richard T. Heffron, responsable de desprender de todas sus posibilidades a un film tan prometedor -a lo lejos- como "Yo, el jurado". El reparto, pues cumplidor, Peter Fonda, Blythe Danner, Stuart Margolin, John Fujioka y un John P. Ryan haciendo de malote. Es curioso señalar que, en la época, "Mundo Futuro" me pegó más fuerte que su predecesora gracias a la magia del vídeo-club. Por entonces, a pesar de la proximidad en el tiempo de ambos films, asumía "Almas de metal" como "la antigua" y esta secuela mucho más próxima y adecuada para mis apetencias juveniles (todo el rollo galáctico futurista). Vamos, que la prefería. Vista ahora, es algo que me desconcierta por completo. Chiquilladas, supongo. 
A la hora de las preguntas puñeteras, "Mundo Futuro" inspira las mismas que "Almas de metal" y otras tantas nuevas. Por ejemplo, si para acceder al escenario futurista se despega con un cohete y vemos a este en una pantalla elevándose hacia los cielos... ¿dónde demonios va en realidad? ¿no se supone todo una mera atracción/recreación?. Una vez allí, ¿cómo consiguen la gravedad cero? ¿y los montes nevados de Marte? además, ¿nieve en el planeta rojo? (en todo caso sería hielo). Y cuando miran imágenes en una pantalla de lo ocurrido en "Almas de metal", básicamente están viendo la jodida película, con sus planos, contra planos y montaje cinematográfico.... pero ese era un error muy común en la época (también en la original pasa algo parecido con las cámaras de seguridad, capaces de obtener ángulos a distancias imposibles). En su favor diré que se adelantaron un año al ajedrez holográfico de "La guerra de las galaxias". Algo es algo.
Si "Mundo Futuro" no hubiese sido la mediocridad que es, seguramente la saga habría seguido con más películas, un poco a la manera de "El planeta de los simios". Pero no, tuvo que conformarse con terminar en la caja tonta (sí, ya, también pasó con los micos, aunque paralelamente se siguieron produciendo largometrajes, incluso hasta nuestros días). Primero hubo una serie por ahí inicios de los ochenta que nadie recuerda porque únicamente duró una temporada. Y otra hace relativamente escasos años, ya más en consonancia con las nuevas maneras del producto televisivo moderno y que, tengo entendido, funcionó muy bien. Por lo visto enfocaba el asunto desde una óptica más realista y dramática. No puedo decir gran cosa porque nunca la vi, ni esta ni la anterior.
Dado el actual panorama peliculeante, me extraña un huevo que todavía no hayan intentado reavivar la franquicia, remakearla, parir secuelas tardías, etc. Supongo que es cuestión de tiempo. ¡"Delos" por hecho! (argh...).