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sábado, 8 de febrero de 2014

DOLLMAN

Producto de la primera época de "Full Moon Entertainment", el -entonces- nuevo juguete de Charles Band, años antes de su inevitable y despiadada -actual- decadencia. Previamente a "Dollman" (1991), tenemos la primera "Puppet Master", "Subspecies" o "El pozo y el péndulo" y justo después encontramos "Netherworld", "Demonic Toys" o "Semilla negra". Ninguna destaca por sus valores cinematográficos, pero al menos tenían algo de entrañable y simpático, cosa que no podemos decir de las más recientes producciones de la casa. Eran los tiempos en los que a "Full Moon" la distribuía por video-clubs españoles nada menos que "Paramount", lo que no dejaba de resultar un poco chocante. Band se lo montó muy bien dando a todos sus productos un empaque parecido, con un diseño caratulil bien atractivo destinado a los fans del fantástico e incluso de los comics. Muchos fuimos los que picamos.
Situémonos. Resulta que hay un planeta llamado Arturo (????) que, una vez traspasas su atmósfera y te acostumbras al tono sepia que todo lo inunda, encuentras algo que no dista mucho de lo que tenemos en la tierra. Hay personas que hablan en inglés, existe la delincuencia, incluso la policía se llama policía y, por si eso fuera poco, tienen a su propio tipo duro, odiado por sus superiores pero infalible a la hora de imponer la ley, aunque sea a lo bruto. Un día se sube a una nave y sale tras el villano de turno, una cabeza con los dientes podridos pegada a un platillo. Traspasan un especie de agujero de gusano y llegan a nuestro hogar azul. Una vez aquí, resulta que miden solo 30 centímetros de altura (el de la cabeza voladora menos, se entiende), lo que no les frenará a la hora de seguir dando tiros o hacer el mal. Concretamente, el villano engatusa a un delincuente de baja estofa -y su gang- contra el que lucha la prota femenina, hispana y madre soltera para más señas. Esta contará con la ayuda del miniaturizado poli duro, "Brick Bardo", sobre todo cuando sea secuestrada por los chicos malos del barrio.
Resulta muy fácil comparar el personaje de Tim Thomerson, el mentado "Bardo", con "Harry el sucio", pero es que la propia película invita a ello, sobre todo al principio, con el super-poli llegando a la escena de un secuestro con la misma parsimonia, idéntico desdén y actitud pasotista del mítico -y maravilloso- personaje encarnado por Clint Eastwood, del que Thomerson toma prestados muchos tics, especialmente lo de hablar casi en susurros y la penetrante mirada lacónica. Cuando "
Brick Bardo" cambia de escenario y el actor decide darle vida de modo sutilmente distinto, el regusto "Harrycallahanesco" inicial se pierde.... para mi mayor tristeza. Y es que, encima, luce un mega-pistolón con la capacidad de hacer estallar los cuerpos contra los que dispara (por aquello de que, una vez en gigantelandia, siga siendo un arma útil) y que nos proporciona algunos de los -pocos- momentos jugosamente "gore" de la función. Pues bien, dicha arma se parece mogollón -si es que no es directamente la misma- a la "automag 44", la versión automática de la famosa "Magnum 44", la que lucía "Harry, el sucio" himself en la ettttupenda "Impacto Súbito".
Como le ocurría a muchos de los productos "Full Moon" del periodo, lo que aquí tenemos es una buena idea, un buen concepto, arruinado por la lógica falta de medios. Supongo que no deberíamos culpar a sus responsables, sino aplaudirles por intentar hacer algo así con tanta poca guita en plenos años 90... pero es que, joder, es taaaaaan coñazo. Es decir, resuelven la papeleta como lo haría un Jim Wynorski cualquiera, a base de diálogos y diálogos, y escenas de transición, sobre todo con el personaje de Thomerson, que cuando va de un extremo del decorado a otro, y supongo que con la excusa del tamaño, se toman su tiempo. Luego, los efectos especiales se resuelven por la vía cómoda, a base de plano y contraplano, rara vez se integra al enanito en una imagen dominada por gigantes, y cuando lo hacen pues tiran de croma chungo. También hay decorados que se tambalean y "madelmans" en plan "stand in". Ya saben cómo es esto, no bases tu puñetera película en un reclamo que luego no explotas, maldito. Claro que esa es la gracia de todo esto, por mucho que nos joda. Y nos jode.
Tal vez la mejor idea de la peli sea que al final el jefe de la banda callejera se rebota al cabezudo criminal espacial y se lo carga de un manotazo, para pasar a ser él el malo de la historia. Eso me gustó, no me lo esperaba. Algo es algo.
En el reparto, y dejando a un lado un actor tan "B" como Tim Thomerson, acostumbrado ya a papeles de esa índole (interpreta a "Jack Deth" en la saga -también "made in Band"- "Trancers", otra historia de poli duro desubicado tras un viaje inesperado a otro mundo/época/dimensión/wathever), tenemos un par de rostros bien reconocibles. El de Frank Collison es especialmente destacable por esa singular mueca de alucinado que ha paseado por "El terror no tiene forma", "Alien Nación", "Corazón Salvaje", "O Brother!", unas cuantas de M.Night Shyamalan y un buen puñado de títulos "mainstream". Aquí, como no podía ser de otro modo y embadurnado con un buen montón de látex, otorga vida a la cabeza volante. El otro aún resulta más llamativo, ya que se trata de un jovenzuelo Jackie Earle Haley, al que conocerás como "el nuevo Freddy Krueger" o el "Rorschach" de "Watchmen", pero que cuando comenzó anduvo por los pantanosos terrenos de la "serie B" (por llamarla de alguna manera) tal y como demuestran sus papeles en "Maniac Cop 3" y "Nemesis". Justamente, en esta última Haley repetía con el director de "Dollman", el entrañable Albert Pyun, de cuya extensa carrera en esto del cine de género de todos los colores y todas las categorías ya hemos hablado otras veces. Únicamente añadir que no era "Dollman" su primera colaboración con Charles Band, previamente se había encargado de dirigir una olvidable y aburrida infra-producción "Empire" titulada "Vicious Lips" (o, como se llamó en otros países, "Pleasure Planet" que mola mucho más). Hay que decir en su favor que intenta compensar todo lo "poco" a base de esa estética de contraluces y humaredas que era su especialidad en los ochenta, pero que pa 1991 ya andaba algo anticuada. Buen intento.
Por alguna extraña razón (la novedad, me supongo), "Dollman" funcionó en lo suyo, tanto como para generar una secuela en la que Band -siguiendo la estela de la "Marvel"- la mutaba con otra de sus películas de éxito, "Demonic Toys", "Juguetes Asesinos" en España. El resultado, "Dollman contra los juguetes asesinos", del año 93, pues... no sé, no la recuerdo muy bien, lo que en mi caso es mala señal. Que las primeras entregas de ambas series funcionaran tanto como para esputar esa secuela conjunta únicamente podía deberse a la -por entonces- ignorancia e inocencia del aficionado medio. Una vez aprendido el truco, no volvimos a picar.

sábado, 2 de diciembre de 2023

VOLUNTARIOS

Y seguimos en 1985 -con respecto a mi reseña precedente-, el año mágico, cuando Hollywood más joyas produjo, sobre todo a nivel "blockbuster". Muchas de ellas han dejado una profunda huella en la historia de la cultura popular. Por eso extraña tanto que no sea el caso de "Voluntarios". Vamos a ver, una comedia de cuando Tom Hanks era sinónimo de la vertiente más gamberra de la misma, acompañado por otro grande, John Candy, y dirigidos ambos por Nicholas Meyer, el responsable de "Los pasajeros del tiempo" y revitalizador de la franquicia "Star Trek". ¿Por qué hoy nadie se acuerda de "Voluntarios"?, ¿por qué nadie la reivindica?
En ella, Hanks da vida a un personaje que actualmente no haría ni recibiendo un chute por la vena y del que, seguramente, reniega: niño rico, jugador, putero y vividor que se folla todo lo que quiere, fuma dronga y le importa una mierda el resto del planeta. El clásico estudiante universitario arrogante, con una doble vida de triunfador en negocios más o menos turbios, inevitable en la década. El caso es que queda endeudado con la mafia y, tras recibir una negativa de su poderoso padre al pedirle ayuda, se hace pasar por otro y termina enrolado en el cuerpo de voluntarios, directo a Tailandia, para construir un puente que beneficiará al pueblo pobre de rigor. Obviamente, una vez en el fregao, surgirán mil movidas (como enfrentarse a un grupo guerrillero comunista y a un contrabandista) y Tom Hanks, pues bueno, aprenderá la lección, se volverá humilde, dejará el egoísmo bajo el felpudo, enamorará a la chica que le odia, etc, etc..... el cuento moral que, aunque no se lo crean, todavía no he terminado de ver. He hecho una pausa para picar algo, escribir esto y ahora sigo, pero seguro que he acertado de lleno. Les cuento en el siguiente párrafo.
Al final la cosa no ha sido tan babosa como me temía. Es decir, sí, tenía yo razón, pero el "modus operandi" es menos evidente, menos "in your face", más propio de la década -gracias a dios, supongo que por eso es todo lo especial que es- a lo que hay que añadir unas notables dosis de aventura exótica que va pillando forma a medida que la trama avanza. En fin, era la época también, ¿no?, Indiana Jones y tal y pascual. Se agradece, porque desde luego el elemento comedia queda lejos de rular. No te ríes nada, salvo por unos puntuales e inesperados toques más propios de una "spoof movie", esos sí me han molado (siempre me pareció que Nicholas Meyer era un tipo muy serio, y esta sería la prueba) También es novedoso que, pal caso, John Candy se aleja de su habitual registro de pesao de buen corazón para ser, directamente, un gilipollas. Algo es algo. Pero no... "Voluntarios" no funciona, es bastante mala, así pues, enigma resuelto (es decir, ya sabemos por qué no dejó huella en su día).
Completan el reparto Rita Wilson, Gede Watanabe y Tim Thomerson (no confundir con Tim Matheson) Menuda carrera extraña y curiosa que tuvo este hombre, ahí moviéndose alegremente entre películas mainstream, subproductos chusqueros y la que era su verdadera especialidad, el "stand-up".
El argumento -que no el guion- es cosa de Keith Critchlow, quien cuatro años después firmaría el libreto de "Ánimas"

sábado, 31 de enero de 2026

SESIÓN DOBLE: ¿QUIÉN ES HARRY CRUMB? + DOS TIPOS GENIALES

Ya de chaval, y por proximidad de fechas y temática, vivía convencido que "¿Quién es Harry Crumb?" se parió intentando aprovechar el pepino que supuso "Agárralo como puedas". Podría decirse que estamos ante una observación injusta, ya que también "Frank Drebin" chupaba de la misma fuente que "Harry Crumb", es decir, el "Inspector Clouseau": detective/poli patoso, algo imbécil y arrogante, que allá donde va crea caos y destrucción pero, al final, y sin saber muy bien como, termina resolviendo el entuerto de rigor. Bien, sí, ok... pero es que "¿Quien es Harry Crumb?" dispone que algunos gags EXACTAMENTE iguales a los del clásico de los ZAZ, en especial uno que implica cierto pez. El resto no tira tanto de "spoof", apostando más por el "slapstick" puro, a base de algunas "set pieces" bastante graciosas y potentes, siendo la del aire acondicionado la que mejor funciona.
Por supuesto estamos ante un vehículo de lucimiento para el bueno de John Candy, quien interpreta al peor de una saga de brillantes detectives. El villano, con el fin de ocultar su culpa (lo siguiente podría considerarse un poco "spoiler" pero, vamos, se ve venir a los diez minutos), le ficha convencido de que su incapacidad será beneficiosa para las pérfidas triquiñuelas que se lleva entre manos. Tal vez el toque más original sea que la trama principal, la del secuestro de una niña rica, se mezcla con la de un intento de asesinato, dando pie así a algunas simpáticas confusiones.
Candy se rodea de rostros carismáticos como el caidísimo en desgracia Jeffrey Jones, Annie Potts (la secre de "Los Cazafantasmas" en un inesperado rol de "femme fatal"), el bueno de Tim Thomerson, Shawnee Smith (la heroína de "El terror no tiene forma") y cameo coleguero para Jim Belushi, dando pie a una coña sobre la "Cherry Coke" que en España se nos escapó porque todavía no había llegado a este país (y el doblaje lo resuelve como puede). El director, Paul Flaherty, básicamente se ha movido en el mundo de la comedia, televisiva o cinematográfica, firmando otras cosillas como "Plantón al cielo", "Clifford" o la serie oficial de la revista "Mad".
"¿Quién es Harry Crumb?" fue un fracaso en salas norteamericanas, por lo que acá llegó directamente en vídeo. O así fue en Barcelona. ¿Sorprende? Nah... se puede consumir, sin más, pero queda lejos de ser brillante y, por supuesto, muy muy muy por debajo de su modelo a imitar.

Que en plenos años ochenta a Brian De Palma, petándolo entonces como especialista en thriller intenso, le diera por estrenar una comedia pura y dura al servicio de Danny De Vito y Joe Piscopo, "Dos tipos geniales", podría sonar raro. Pero no olvidemos que ya había jugado con el género -de la risa- unas cuantas veces en sus inicios, así que tampoco era nada tan nuevo. Lo llamativo, tal vez, es que a diferencia de aquellas, esta era muy mainstream, muy convencional.
Harry y Moe son dos mafiosetes venidos a menos, despreciados por sus compañeros del hampa. Un día intentan estafar al jefazo, pero sale mal. Apunto de ser ejecutados, ambos demuestran lealtad hacia su compinche, confesándose únicos responsables del asunto y exculpando al otro, cosa que sorprende al Capo, quien, un poco por ponerlos a prueba, decide ordenarles que se ejecuten mutuamente. Harry y Moe huirán e intentarán arreglar las cosas, con los consiguientes dolores de cabeza.
Un ritmo frenético, sobre todo a base de verborrea altiva y en continuo efecto de "pisada", muchos enredos, escasa violencia dada la naturaleza del film y, bueno, poco De Palma en todos los sentidos, especialmente aquellos de orden visual. Años después, él mismo la calificaría de "pequeña buena comedia". Yo me quedo con "llevadera".
Por supuesto, el plantel de actores que acompañan a De Vito y Piscopo es bastante espectacular, imperando sobre todo un reparto masculino a base de Harvey Keitel, Dan Hedaya y un montón de rostros típicos de todo el cine de mafiosos que se preciara de serlo. La marcianada la ponen el cameo de los papás de Martin Scorsese y un papelillo para Maria Pitillo, la futura negada protagonista femenina del "Godzilla" de Roland Emmerich.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

NOCHES DE FUEGO

¿Cómo resistirse a una comedia de acción dirigida por Albert Pyun y para lucimiento de ese cómico imposible que es Andrew Dice Clay? Por lo que a mí respecta, más por la combinación que por otra cosa, este material me la pone gorda.
Una modelo recibe un paquete que contiene un tubo, así como futurista, que contiene una flor roja. Esa flor resulta ser el “loto rojo”, una flor vital para conseguir dominar el mundo (¿??), así que una clan de chinos que van todos vestidos a lo “Kato” de “The green hornet” comienzan a perseguirla. En una de estas, ella es salvada por un portero de discoteca al que llaman “Rompehuesos”, y juntos intentarán parar a este clan de ¡Monjes Shaolin! al que los protagonistas confunden con ninjas Japoneses. ¡Ah! Y perdonen por el spolier, pero es que si no lo digo reviento. Al final, el “loto rojo”, resulta ser una flor normal y corriente y totalmente inofensiva.
Graciosa a más no poder, la película no es más que una muestra de lo que con pocos duros y el reparto adecuado, puede llegar a hacer Albert Pyun, que está muy bien donde está, probablemente forrado e importándole tres pitos todos los rollos de los grandes estudios. Bien asentado en la serie B, Pyum, desde luego, no es un manazas, sabe como hacer una película, y en esta saca el máximo partido a todo lo que tiene.
Para empezar la película está rodada con solvencia, montada con habilidad, con miles de planos excelentemente montados y entretenida a más no poder. La trama es estúpida de acuerdo, pero recordemos que estamos ante una peli para lucimiento de Andrew Dice Clay y por lo tanto, todo en la película está diseñado para que el pueda soltar sus chascarrillos. Y eso Pyum lo sabe… y lo aprovecha al máximo.
La película llega en buen momento, justo un par de años de “Las Aventuras de Ford Fairlane”, de hecho, si no fuera por la profesión del protagonista, si te dicen que es una secuela de la de Renny Harlin, te lo crees, porque con mucha menos pasta “Noches de fuego” sigue los patrones de Ford Fairlane. Chistes malos, Acción, macarreo y fardadas.
De hecho, hay que ser macarra para vencer a los mojes shaolin, adiestrados en el templo, con su kung fu indestructible, a base de puñetazos y patadas en plan garrulo, como lo hace aquí Andrew Dice Clay ¡No hay un dios que se lo crea!, pero lo vemos gustoso, y disfrutamos con las coreografías que se han diseñado a la medida de Clay.
Funciona la sencillita historia, funciona la acción, funciona la comedia, y como, no, funciona Andrew Dice Clay.
El pobre Andrew Dice Clay, sin embargo, tras la película, poco más se prodigaría en cualquier tipo de pantalla. Clay resulta ser el cómico de “Stand up comedy” más agresivo, políticamente incorrecto, paleto y sin pelos en la lengua de cuantos hay en los USA. Sus chistes racistas, de maricas, del ojo del culo y de sexo con menores, le encumbraron y le dieron la oportunidad de ser estrella en “Las aventuras de Ford Fairlane”, pero estos mismos chistes son los que le han convertido en uno de los personajes públicos mas odiados de los Estados Unidos, ninguneado y vilipendiado por su actitud violenta y provocadora. Sus ataques a importantes trajeados del mundo del espectáculo, le hacen parecer en ocasiones, un luchador de Wrestling más que un cómico. Hoy sobrevive haciendo shows en locales destinados a monólogos y haciendo papelitos en telefilmes y series de televisión.
En definitiva, “Noches de Fuego” o “Brain Smasher… a love story” en los video-clubs de los Usa, es puro entretenimiento, puro ritmo, tontunas y gilipolladas, que tras verlas te quedas tan ricamente pensando “!Como ha molado esta película¡” pero que con las mismas, a los dos meses se te olvida que la has visto.
Muy recomendable.
Junto a Andrew Dice Clay, en el reparto tenemos a Teri Hatcher que correría mucha más suerte en su carrera, en parte por la serie “Mujeres desesperadas”, Yuji Okumoto, visto en “Karate Kid II”, “Fortaleza infernal II” y un habitual del cine de Albert Pyum, Tim Thomerson o Brion James. Ahí es nada.

domingo, 20 de enero de 2013

FUNDIDO A NEGRO

Un muchacho introvertido, atormentado y maltratado por su madrastra, anda obsesionado con el cine. Hasta tal punto llega su obsesión, que llega a descuidar el trabajo y todo aquello que no sea ver películas. Ninguneado por sus compañeros y tras que una chica de la que se enamora, clavada a Marilyn Monrroe le da plantón (en realidad el espectador comprueba que en realidad la chica llega un  poco tarde porque se le olvida la cita) el chaval enloquece y comienza matar a todo aquél que le resulta molesto. Pero la gracia está en como los mata: disfrazándose y recreando asesinatos de películas celebres.
Para más inri, conoce a un productor de Hollywood, al que le cuenta su idea para una película y este acabará plagiándosela. Y la ira del chaval, incremente, lógicamente.
Un clásico de la serie B ochentera, que sin gozar de una popularidad inmensa, se prodiga como una película altamente disfrutable, no ya por su argumento e, incluso, su originalidad (aunque mientras la ves te preguntas de donde coño saca el chaval los disfraces), si no porque la película es condenadamente entretenida. Un psycho killer, con estructura de psycho killer, pero con aires de teen movie, con unas texturas muy de la época y con ese ritmillo, también de la época, muy de agradecer.
En el reparto tenemos a  Dennis Christopher, actor de tercera regional, del que hay que decir que Tarantino le ha rescatado para un papelito en “DjangoDesencadenado”, que de puro histriónico en esta película, hay momentos que te tienes que réir. También tenemos al mítico Tim Thomerson como comprensible y cocainómano policía y a Mickey Rourke en uno de sus primeros papeles luciendo una dentadura larguísima, que obviamente, se limó para convertirse en el galán que fue unos años después.
En la labor de dirección, tenemos a Vernon Zimmerman, que si no destacó demasiado en su carrera como director (y que a juzgar por esta película, se le daba muy bien) tampoco destacó mucho en su labor de guionista, siendo uno de sus trabajos más destacados “Una disparatada bruja en la universidad”.
Muy divertida, entreañable, y por ende, recomendable.

martes, 8 de noviembre de 2011

JEKYLL Y HYDE... HASTA QUE LA RISA LES SEPARE

De chaval me encantaba esta peli. Recuerdo que incluso la alquilé con un grupo de amigos y la vimos todos juntos, pasándolo en grande (menos uno, que se ofendió con un inocente gag en el que un cochecito de bebé cae al suelo). Desde entonces no había vuelto a verla... y ayer noche, antes de hacerlo, la curiosidad se mezclaba con el temor. Ya saben cómo va esto.
No hay mucho que contar de la trama, ya que al mismo tiempo que adapta en tono cómico la famosa obra de Robert Louis Stevenson (ojo a su "aparición especial", probablemente lo mejor de toda la peli), imita otra versión coñera de aquella, "El profesor chiflado" de Jerry Lewis. En este caso Jekyll es un cirujano estupendísimo que un día abandona su especialidad para investigar sobre las drogas. De este modo, y con ayuda de algún que otro accidente, inventa una farlopa (muy de moda en aquellos tiempos, 1982) que al esnifarla te convierte en un golfo de tomo y lomo, sexualmente hiperactivo y con un aspecto lejanamente punkero, algo también muy acorde a la época y que es explotado en una secuencia en la que el Sr.Hyde se mete en un club lleno de crestudos bailando al son de una canción rockera/nuevaolera cantada con "actitud" por la moza de sus intereses. De hecho, en otra secuencia el buen doctor lleva una chupa llena de chapitas, y del cuello le cuelga una gillette, lo que sumado a sus pelos de punta incrementan el asunto. Todo ello extrañamente mezclado con ciertos ribetes discotequeros. Vamos, que los guionistas tenían una paja monu y mental.
"Jekyll y Hyde... hasta que la risa les separe" es un raro caso de comedia juvenil/gamberra mezclada con puro "spoof". Hacía no tanto que "Aterriza como puedas" había triunfado en taquilla, y para promocionarla se usaba el slogan de "Los desastres de estos hospitales son tan divertidos como las catástrofes aereas de "Aterriza como puedas"". Ni caso... ¿o si?, porque a fin de cuentas las secuencias puramente "spoof" se desarrollan estrictamente en el hospital. El resto, es comedia más standard y pretendidamente ofensiva (que no llega) a base de muchos chistes picantes (el mejor es el del "objeto foráneo"). El director demuestra muy poca imaginación a la hora de rodar, limitando algunas secuencias a largos planos generales y demasiadas pausas que se cargan el ritmo. Aquí el que de verdad se luce (y se cansa) es el prota, Mark Blankfield, marcándose una lección de histrionismo actoril y físico que te agota nomás verlo. ¡AH!, fricada: la voz que le meten en el doblaje español a Hyde es la misma que le metían al prota de "Hysterical" cuando andaba poseído.
En la producción nos encontramos a un novatillo Joel Silver, que acabaría siendo el cerebro en la sombra de los grandes títulos de la acción ochentera. En el reparto, pues muchas caras más o menos conocidas, destacando por curiosas las de Cassandra Peterson (futura "Elvira" y, ¡ojo!, que enseña pezón), Tim Thomerson (futuro astro de la serie Z), Barret Oliver (el niño repelente de "D.A.R.Y.L."), el enano negro Tony Cox (¿pero este señor ha hecho algo más que no sean comedias desmadradas?) y el eterno secundario de ojitos minúsculos Art La Fleur.
En definitiva, no es tanto como la recordaba, pero tampoco creo que pueda llamarla caca. Sin ser especialmente efectiva en su cometido de hacer reír, y desprendiendo a veces
 un tontismo excesivo, la verdad es que "Jekyll y Hyde... hasta que la risa les separe" se puede ver y no aburre demasiado. Simpática por los pelos.