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viernes, 20 de marzo de 2015

IDENTICAMENTE IGUAL O EL CHARLES BRONSON CHILENO

Interesante concepto el de este documental, e interesante personaje el que retrata, porque lo cierto es que el documental, es bastante coñazo en su grueso, aunque magistral en la parte final. En general,  me resulta curioso, porque el resultado es completamente vanguardista cuando lo más probable es que no fuera esa la intención de su director. Y es que todo aquello rodado en blanco y negro en 16 mm. adopta ese look tan maravilloso, tosco y hasta artístico.
La película cuenta la historia de Fenelón Fajardo, un boxeador Chileno y rotulista que un buen día del año 1978, gana el concurso de dobles del programa de televisión “Sábado Gigante”. Su parecido con Charles Bronson es absolutamente notable. Y se hace famoso por parecerse a la estrella de Hollywood.
El documental, rodado solo con lo puesto, da voz al tan Fenelón, que nos cuenta su vida, para nada interesante, en largos planos fijos en lo que Fenelón habla, habla y habla. Y vuelve a hablar. Absolutamente soporífero.
Cobra más interés la película, cuando se van el equipo de la misma y el propio Fenelón, a un cine de la ciudad donde se está proyectando “El Luchador” protagonizada por el autentico Charles Bronson, y filman la reacción de los espectadores cuando, a la salida del cine, estos se topan con el doble de Charles Bronson. Algunas de las declaraciones son absolutamente demenciales. 
Lo bueno del documental viene en su parte final, cuando Fenelón dice que tiene la clave para hacer un cine de entidad en Chile, un cine que podría ser de fama internacional y un cine que ponga en el mapa, así que los responsables del documental, le dejan filmar una escena a su antojo, con buenos medios a su alcance y sin salirse de su papel de Charles Bronson, dirige e interpreta (No como Fenelón, sino como Bronson) una escena de pocos minutos en los que vemos como se tira horas dirigiendo, y donde vemos la completa incapacidad de este señor en todos los ámbitos cinematográficos. Finalmente, nos muestran la escena rodada montada y sonorizada, y la verdad es que el resultado de puramente mierdoso, es fascinante.
Dirige este retrato Carlos Flores, director chileno que rueda cuando puedes, y cuya filmografía se compone de cortos y documentales.
Tras el estreno del mismo, ya nunca más se volvió a hablar del Charles Bronson Chileno. Tuvo su tironcillo en el momento y ya. Aunque le dio tiempo a protagonizar un “Spaghetti Western” – desconozco cual, pero intuyo que si papel sería infimo- y luego se dedicó a lo suyo, que era hacer rotular carteles, aunque, gustandole el arte como le gustaba, pintaba cuadros de manera amateur, los cuales firmaba como “Bronson”.
Murió el pobre hace algunos años.
Curioso.

lunes, 5 de marzo de 2018

FROM HELL TO THE WILD WEST

Navegaba yo por una de esas webs de descargas ilegales cuya especialidad es la de colgar subproductos de serie B/Z actuales, de esos que ni en siglos llegarían a nuestros comercios, cuando veo el póster de lo que parece una película de Charles Bronson. Vamos, el que ilustra la entrada de hoy. Obviamente, soy lo bastante inteligente para detectar que no se trata de una película de Bronson —entre otras cosas, porque ya está muerto— y me figuro que será una película de cualquier otra cosa a la que han plantado en el póster una foto de Charles Bronson para ver si la peña pica. Pero no.
Resulta que de un tiempo a esta parte, ha salido un actor llamado Robert Kovacs con un más que sorprendente parecido a Charles Bronson. Se parece muchísimo. Entonces, la evolución natural de todo ser humano que se parece a otro, es sacar partido de ese parecido, sobretodo si al que uno se parece es un actor famoso. Así, en pleno 2017, nace lo que viene siendo la “Bronsonxploitation”. Vale que hubo en los 70 otro émulo del actor americano, y desde Japón, nos venía Bronson Lee, mezcla de Bronson y de Bruce Lee que al final no era más que un japonés con bigotes y pelos rizados que no se parecía ni a uno ni a otro. Pero Robert Kovacs es genuino. Lo que me pregunto es por qué ha llegado al “Direct to vídeo” tan tarde.
Así, y rebautizándose para lo ocasión como Robert Bronzi (¡manda cojones!) nace esta nueva explotación en una práctica  como es la de clonar a actores de éxito que no se hacía por lo menos desde los 80 (aunque rula por indonesia o por ahí, un clon de Mr. Bean del que les hablaré otro día).
Mientras escribo esto, Bronzi, ya está filmando un subproducto videoclubero que lleva por título ¡¡ “Death Kiss”!! La curiosidad me embarga.
Sin embargo, la primera toma de contacto de Robert Bronzi con la pantalla se la debemos a esta “From Hell to the Wild West” y se la brinda nada menos que un tal Rene Perez, director que empieza con su carrera en 2010, y rueda bodrios al servicio de su propia productora, una de esas aún más infames  —pero del mismo estilo— que “The Asylum”, con las que rueda títulos intencionadamente expoliadores como por ejemplo “Alien Showdown: The Day the Old West Stood still”, más conocida como “American Cowboys vs. Aliens” o “Little Red Riddin Hood”. Se trata de “iDiC entertainment” y al muchacho le gusta rodar, sobretodo, Westerns con elementos fantásticos dentro de sus argumentos. Incluso, para “The Burning Dead” llega a engañar a Danny Trejo, que no sabe decir que no a un proyecto, y le pone en medio del Oeste a cargarse zombies. Así, “From Hell to the Wild West”, nos ofrece precisamente eso, una combinación de Western y terror, y no es una consecuencia de “Bone Tomahawk” como pensé en un principio ¿Puede que incluso sea al revés? No lo creo. De hecho, su “From Hell” del título, también forma parte del saqueo ya que hace referencia directa al cómic de Alan Moore, así como al film de los hermanos Hughes como verán.
Con estos antecedentes, desde luego, da igual como sea la película. Se ha ganado un visionado por derecho propio.
Y es que la película nos presenta, por un lado, a un individuo que en lo profundo del bosque de M. Shasta, en el salvaje Oeste, se enmascara con unas extrañas piezas de piel zurcidas. Acto seguido, detecta en las inmediaciones una bonita joven a la que se dispone a acuchillar con un enorme cuchillo. Sin embargo, un rudo Sheriff (Bronzi), le tiene en el punto de mira de su rifle, pero antes de poder hacer nada, es espantado por las armas de otros representantes de la ley. Con esta puesta en escena comienza la película, como una declaración de intenciones que nos muestra lo que vamos a ver; básicamente un enmascarado dando cuenta de señoritas en el Oeste y un cowboy que intentará darle caza. Todo ello contado de una manera contemplativa, casi sin diálogos, tomándose el director su tiempo.
Cuando nos creemos que ya sabemos lo que estamos viendo (e incluso nos está gustado, que es lo que me pasaba a mí) la acción se traslada al presente y nos muestra a una pareja de historiadores. Ella ha descubierto un diario datado de mil ochocientos y pico que según lo narrado, se trataría del diario de la única superviviente de Jack el destripador. Según su investigación, a Jack el destripador le seguían la pista en Londres, iba a ser capturado muy pronto por Scotland Yard, debido a la larga hilera de asesinatos que había dejado a su paso. Solo podía entregarse o dejar de matar. Pero como destripar es una actividad que le gustaba tanto, pensó que lo mejor que podía hacer era viajar a algún lugar donde pudiera seguir asesinando y que no se notase ¿Y a dónde podía ir? Pues al salvaje Oeste, dónde las autoridades no eran tan inteligentes como para seguirle la pista, o donde un cadáver o dos más al día, no supondrían algo anormal.
Una vez se nos cuenta esto, la acción vuelve de nuevo al lejano Oeste y allí, comienza el juego del ladrón y el gato entre este Jack el destripador con complejo de Phineas Fog, y el Charles Bronson de los chinos, que por otro lado dará pie a la historia que hay en el diario de la superviviente.
La verdad, el bizarrismo de la historia, el tema del clon de Bronson, el look fardón de asesino con máscara que se gasta Jack el destripador, la cadencia de la película, lenta, serena, casi vanguardista, pero contándonos una locura de géneros opuesta a la vanguardia, le han hecho ganar muchos puntos.
Sin embargo, y consiguiendo captar la atención del espectador durante los primeros 30 minutos, pronto, todo este material tan original e interesante, se convierte en un tedioso avanzar, imponiéndose todos los clichés de la serie Z actual y ofreciendo más de lo mismo: Gore no muy resultón, tías jamonas en tetas, y numeritos para que Robert Bronzi se luzca ante la cámara y luzca su parecido con Bronson. Resumiendo, que comienza de una manera fascinante (¡qué película más rara!) y se vuelve un coñazo.
Sin embargo, de lo curiosa que es, y por tener un planteamiento tan oríginal, se le perdona el posible aburrimiento experimentado en la segunda mitad, entre otras cosas, porque no nos da tiempo a maldecir siquiera, ya que la cinta dura apenas una hora y cuarto.
Así que como rareza, como curiosidad, me alcanza y me sobra. Esto quiere decir que me la pienso pillar en DVD o Blu Ray. Y si esto ocurre, es porque de algún modo, “From Hell to the Wild West”, merece la pena.

lunes, 7 de enero de 2013

DESEO DE MUERTE

Fue un amigo el que un día me preguntó si las novelas de Brian Garfield que habían inspirado la creación de la saga "Death Wish" existían en edición española. Nunca me lo había planteado, entre otras cosas porque aunque me encanta leer, no me gusta la novela, la ficción escrita, yo soy más de ensayos, artículos y biografías de gente interesante (que la hay!). Sin embargo, el tema era lo suficientemente atractivo como para investigar, y tras un viaje por Google, descubrí que en castellano no, o al menos no recientemente (recordemos que las obras de Garfield son setenteras), pero en catalán, sí. De hecho, "Death Wish" (que inspiró "El justiciero de la ciudad") y "Death Sentence" (secuela de aquella, pero no adaptada hasta la llegada de James Wan), conocieron versión catalana a inicios de los 90 en una colección que fue muy popular en mi tierra dedicada íntegramente a la novela policiaca. Animado, busqué por bibliotecas y, sí, di con ambas. Decidí superar mi inicial aversión por la literatura narrativa y leerlas (a lo que ayudaba mucho que no fueran un tocho), así de paso tal vez curaría mi incapacidad de concentración ante una página repleta de ficción escrita.
Naturalmente, una de las más notables motivaciones consistía en comparar las novelas con sus versiones cinematográficas. Especialmente la primera de ellas. Era ya un dato conocido (en parte gracias al estupendo libro "Bronson´s Loose!", que releí nada más acabar con las novelicas) que Brian Garfield no era nada amigo de lo que Michael Winner hiciera con Charles Bronson... y necesitaba conocer las razones. Bien, ahora ya puedo entender a ambas partes. "Death Wish", novela (aquí traducida literalmente como "Deseo de muerte" / "Desig de mort"), cuenta básicamente lo mismo que la peli, pero con algunas alteraciones, entre ellas el nombre del personaje, que mientras en la pantalla se llama Paul Kersey, en las novelas es Paul Benjamin.
Un tipo la mar de normal y pacífico se convierte en una máquina de aniquilar delincuentes callejeros cuando algunos de estos atacan a su mujer e hija, matando a la primera y dejando catatónica de por vida a la segunda, tras violarla brutalmente. Bien, en la novela el justiciero no es arquitecto, sino contable, y además, uno bastante bajito y fondón. La gran diferencia es que toda ella se desarrolla desde el interior de la cabeza del personaje, con un gran poso psicológico e introspectivo. Vivimos el miedo y la paranoia a través de los pensamientos de Paul Benjamin y, realmente, no comienza su cruzada hasta pasada la mitad de la historia. Otro aspecto bien diferenciado de su versión cinematográfica (y uno de los que más detesta Brian Garfield) es que en el libro no se nos narra el ataque a la mujer y la hija, cuando comienzas la lectura, estos sucesos YA han acaecido. Tiene sentido, puesto que todo lo que ocurre en "Deseo de muerte" es a través de la mirada de su protagonista, y es un hecho que él no fue testigo del asalto, ergo, únicamente le llegan la noticia y los datos a través de la policía. En la peli, Paul Kersey tampoco está ahí para ver cómo su mujer muere en manos de los malvados pinches, por lo que mostrarla con todo crudo detalle únicamente tiene un fin: influenciar en el espectador para que sienta simpatía por el justiciero, que no dude de sus violentos actos. Pues sí, algo de razón tiene el escritor, como también la tiene al opinar que Charles Bronson NO era el actor ideal para encarnar a Paul Benjamin. Caray, si el propio Bronson opinó lo mismo tras leer el guión y,  muy inteligentemente, recomendó a Dustin Hoffman.
Y es que el fin del "Death Wish" novelesco es ver cómo un tipo de lo más corriente, mundando y mediocre, incapaz de matar una mosca, se convierte en todo lo contrario cuando se deja llevar por sus deseos de venganza... de muerte. En ese sentido, un actor especializado en personajes grises hubiese sido más adecuado y efectivo (en un primer intento, el film lo iba a protagonizar Jack Lemmon bajo la batuta de Sidney Lumet... ¡interesante!), porque Charles Bronson tiene pinta de todo menos de contable pacífico. Aún así, que nadie se equivoque, soy un gran fan de la franquicia "Death Wish". Pero una cosa no quita la otra... comprendo las quejas de Brian Garfield y, sí, hubiese sido muy guapo ver un "Death Wish" más introspectivo y realista, solo por curiosidad. Con todo, la novela no es gran cosa, se hace algo monótona y no despierta ninguna clase de emoción.
Otras diferencias curiosas: La famosa escena del metro en la que Kersey se carga a unos quinquis, en la novela el tipo está a punto de hacerlo, pero finalmente les deja marchar. En la peli, Kersey viaja a Arizona donde le regalan una pistola que usará en su cacería callejera. En el libro, la pistola la compra y al menos aquí sí nos cuentan cómo esta logra pasar por el aeropuerto sin ser detectada. De hecho, lo que de verdad hace Benjamin cuando va allí, es follar. El policía Frank Ochoa en la peli tiene un papel muy destacado, en cambio, en el libro aparece solo de pasada. Benjamin es un poco más hijo de puta eligiendo sus blancos, entre los que encontramos chavales que únicamente roban televisores o tiran piedras al metro, en la peli Kersey únicamente dispara a aquellos que intentan atracarle usando también armas.
Como bien sabéis, "El justiciero de la ciudad" fue un super-hit, un auténtico fenómeno social, la gente iba en piña a las salas y coreaba al justiciero cada vez que mataba a un delincuente. La mayoría de las críticas atacaban al film por su "mensaje" y acusaban de irresponsables a sus autores. Brian Garfield, molesto y escandalizado por la locura desatada, decidió escribir su propia secuela desmitificadora... "Sentencia de muerte", pero de eso hablaré en una futura y no muy lejana reseña.

martes, 13 de mayo de 2008

EL LUCHADOR

Hacemos un paréntesis con la saga de "Death Wish" pero seguimos disfrutando del bueno de Charles Bronson. Y es que el debut de Walter Hill en la dirección no pudo ser más acertado.
Bronson interpreta aquí a un buscavidas que toma contacto con un organizador de peleas callejeras 
(James Corbun) y, juntos, logran ganar un poco de dinero. Pero el tipo no puede estarse quietecito, y dinero que gana, dinero que apuesta donde sea, dejando pellas por ahí y debiendo a quien no debe. Por suerte, Bronson, que es un buen hombre, está por ahí para sacarle de apuros.
El plato fuerte de esta peli, a parte de Charles Bronson (y su permanente rictus de ser incordiado por los rayos del sol), son las peleas, que están coreografiadas con maestría. Una especie de boxeo victoriano combinado con patadas, del que Bronson es aquí el más grande. Nada de mariconadas, Charlie no pierde ni un solo combate desde el principio de la película.
Muy bien ambientada en los años cuarenta, "El luchador" gasta un halo dramático que le viene muy bien y la ausencia de música incidental hace que sea más cruda y violenta, a pesar de que no haya sangre y las yoyas sean limpias, como las de Bud Spencer y Terence Hill.
Muy buena y muy de acción... pero una acción muy extraña. Es setentera, aunque parece anterior, como si, efectivamente, estuviera rodada en los años cuarenta.
Clásico.

jueves, 29 de septiembre de 2011

EL GUARDAESPALDAS DE LA PRIMERA DAMA

Mucho me temo que pertenezco a esa ralea de despreciables individuos cuya admiración por Charles Bronson se limita a sus papeles de duro y, para más escarnio, a la etapa de su carrera comprendida dentro de los dominios de la Cannon. Es decir, me mola cuando Charlie hace de poli, asesino "bueno" o, sobre todo (muy sobre todo), justiciero. Esa es la razón de que en su época, alquilada "El guardaespaldas de la primera dama" (maravillosamente desmadrado título español, pero mucho más adecuado, de lo que en v.o. es "Assassination"!!), me supusiera un cuantioso varapalo. Ayer noche, pasados un buen puñado de años, y de nuevo visionada en VHS, a penas logré soportar el sueño. Me dormí justo al salir los créditos del final y me desperté más tarde con la pantalla del televisor en azul y la cinta rebobinando escandalosamente.
"El guardaespaldas de la primera dama" es una de las dos apuestas Bronson/Cannon por un cine de acción más sano, divertido y juvenil. Sin escenas de violencia demasiado escabrosa, ni malos rollos. Ambos títulos (el segundo me lo reservo para más adelante), fueron notables fracasos artísticos y, al menos uno, comerciales. No me sorprende.
En esta peli, Charlie interpreta pues a eso, al guardaespaldas de la primera dama, una mujer insufrible y de armas tomar a la que pone rostro la que entonces era su mujer en la vida real, Jill Ireland. Tal combinación da pie a lo más parecido a una "comedia romántica" encontrable en la filmografía de mi justiciero cinematográfico favorito. El problema es que Bronson no cuela como tio simpático, no hay la menor química entre la pareja (en la vida real puede que sí, pero en pantalla os digo yo que no) y, por ende, su relación carece de garra y resulta monótona. No te importa mucho lo que les pase... o lo que pase. Además, llega un momento en el que ella parece gilipollas. ¿Cuantos intentos de atentado necesita más para no seguir escapando de los guardaespladas?. Si el Charlie de esta peli hubiese sido el de "La ley de Murphy" o "Justicia Salvaje", habría mandado a la mujer a tomar por culo. Pero incluso en la ficción, Bronson era -como somos todos- un calzonazos. Tampoco convence mucho -y resulta altamente patético- el ridículo romance que le calzan al abuelo con una asiática mucho más joven que él y que anda loca por sus maltrechos huesos. Tela.
El "action-hero" de video-club Frank Zagarino interpreta a un chófer del servicio secreto, en uno de sus primeros papeles.
Es evidente que no todo el cine de acción palomitero de los ochenta es salvable. Ni tan siquiera aunque lleve el sello Cannon/Bronson.

lunes, 3 de agosto de 2009

BRONSON

Extraño y apestosamente “Kubrickiano” film que narra las peripecias del preso más conocido de Reino Unido, Charles Bronson. Ustedes dirán ¿cómo que Charles Bronson?, y yo les diré que el tipo se llamaba de otra manera, pero tal era su ego que decidió cambiarse el nombre por el de una estrella de cine. Al principio pensó en Charlton Heston, aunque su devoción por la saga "Death Wish" le hizo cambiar de idea.
Estamos ante una película de "arte y ensayo y hostias", que además homenajea el cine de género y que, encima, es un biopic. Una rara avis de factura Inglesa en co-producción con otros países, entre ellos Dinamarca, de donde sale el director, Nicolas Winding Refn, y protagonismo de Tom Hardy.
Un buen día, un tipo entra a robar en una oficina de correos y se lía a puñetazos con todo el mundo. Le detienen -llevándose los respectivos policías una somanta de palos en el trasiego- y termina en la cárcel. Allí se siente como en casa. De hecho, considera su celda una suite de hotel, y se pasa el día apalizando a funcionarios y carceleros. Es constantemente cambiado de prisión hasta que, por su inclinación hacia la violencia extrema y sin razón, le dan por loco y es ingresado en el manicomio. Una vez en libertad, decide ganarse un dinero con peleas ilegales, en las que incluso lucha contra perros de presa. Será aquí cuando decida cambiarse el nombre a Charles Bronson e, inevitablemente, regrese a prisión, donde es feliz hostiando a todo el mundo. Más o menos, y sin orden ni concierto, esto es lo que nos cuenta la peli. Añádanle que el prota narra sus hazañas vestido de ¿clown? subido al escenario de un teatro.
El director se recrea artísticamente, dotando a la película de imágenes súper complicadas, filmándolo todo de manera “marcapaquete” intentando imitar a Kubrick, lográndolo ligeramente, pero quedándose a medio camino, y es justo ese el motivo por el que la peli, aunque consumible y visualmente espectacular, no logra engancharnos, porque es mayor su afán por "Kubrickear" que mostrarnos la interesante historia de este skinhead violento y de enormes bigotes. Más “mira que buen director soy y que bien lo hago” que “mira que peli más buena he hecho”.
Con todo, si obviamos los momentos aburridos, que son muchos, y nos centramos en las hostias, que también las hay a pares, podemos pasarlo hasta bien. Pero hay que estar ya muy curtido.

jueves, 28 de junio de 2012

AQUELLAS CARATULAS MARAVILLOSAS (24): DOS ERAN DOS

Como saben, recientemente fui obsequiado con un buen puñado de cintas Beta. Algunas de ellas contaban con un notable defecto, iban sin caja. Sin caratula. Y para mi una cinta de vídeo sin caja/caratula es como una mujer sin senos. Apetece, pero algo falta. El fin de estas era, obviamente, disfrutar únicamente de la película que contuvieran y, una vez vista -o ripeada-, al container. Entre tan poco afortunado grupo estaba "Alguien detrás de la puerta", sin más datos que el título. De entrada todo hacía creer que se trataba de un jugoso film de terror, pero una vez buscada senda información en la red, descubrí que en realidad era un thriller protagonizado por Charles Bronson y Anthony Perkins. Me hubiese corrido como una furcia si estuviera fechado en los 80 y con producción "Cannon" (que es cuando a mi me mola ver al del bigotillo), pero no. "Alguien detrás de la puerta" es de 1971 y en v.o. se llama "The Stranger". Según Imdb va sobre un médico que se entera que su mujer le pone los cuernos. Para vengarse y eliminarla, pilla a uno de sus pacientes amnésicos (Charlie) y le convence de que la mujer del médico es la suya y que tiene que matarla o algo así. No está mal, oiga, igual hasta la veo... lo que pasa es que si a mi me quitas al Charlie poli, justiciero o asesino profesional, frío y sin motivos personales, no me mola tanto.
Pero vamos, esto era solo una mera introducción. La verdadera sorpresa cuando encontré la caratula hispana de "Alguien detrás de la puerta" fue descubrir que, una vez más, nuestros entrañables diseñadores se habían pasado de listos con otro de sus enfermizos collages. No me pregunten a qué peli pertenece la imagen de base de la sombra, porque aunque si investigara no dudo que daría con la respuesta, tampoco es algo que me apetezca.


Sin embargo, las imágenes de los actores principales son fácilmente reconocibles. La de Charles Bronson pertenece a "Yo soy la justicia", o "Death Wish 2", segunda e infame entrega de la saga que le hizo inmortal. En ella, Charlie, decidido a vengar la muerte de su hija, por las noches se disfraza con ropajes urbanitas, destacando el sombrerico negro, y sale a la caza de los culpables.


La otra imagen, la de Perkins, es aún más reconocible, "Psicosis 2", la delicada pero aún así bien considerada segunda parte del clásico de Alfred Hitchcock. Encontrar la "fuente original" me estaba costando un güevo hasta que recordé que, si la reconocía, era porque en su año había sido flamante portada de la revista "Dirigido por", de cuando mi hermano se las compraba todas y yo me pasaba horas en su cuarto leyéndolas. Así que ale, a buscar dicha cubierta, que me va como anillo al dedo porque luce incrustado el título de "Psicosis 2", y de este modo ven que no me lo invento!!!!.
Como pueden apreciar, antes de meterla en la caratula, invertieron la dirección hacia donde mira Perkins, tal vez para que sus ojos se cruzaran con los de Bronson.


No deja de ser una extraña y curiosa casualidad que ambas fotos no solo no pertenezcan a "Alguien detras de la puerta", sino que lo hagan a sendas segundas partes de sendos éxitos taquilleros de ambos actores. Y, ya puestos, que a las dos únicamente las separe un año de diferencia. La de Bronson es del 82, y la de Perkins del 83.
¡Que raro y entrañable es todo!

martes, 4 de octubre de 2011

MENSAJERO DE LA MUERTE

Este es el otro título del que les hablaba hace unos días en el que Bronson/Cannon apostaron por una violencia menos cruda y un Charlie un poco más pacífico. Y eso que la historia daría para bastante cañeta, pero no era esa la intención del equipo al realizarla. ¿Resultado?, pues un fracaso en taquilla. No mucho después, J.Lee Thompson, legendario director de esta y otras muchas (entre ellas, varios vehículos bronsianos), decía en una entrevista para la revista "Impact" que cuando Charles Bronson no mataba en una película, al público no le interesaba. Y es que mucho me temo que en "Mensajero de la muerte" el del bigote solo utiliza la escopeta para disparar contra un objeto muerto. Lo que ejercita un poco más son los puños, pero nada del otro Jueves. Eso sí, en el poster que no falte su imagen bien armado.
La movida arranca con una masacre... más fuerte por su significado que por cómo está rodada. Unos tios con escopeta entran en una granja repleta de mujeres y niños y acaban con todos. Eso provoca una guerra entre familias Mormonas. Bronson esta vez no es ni un poli, ni un justiciero, sino un periodista con buenas intenciones decidido a demostrar que el crimen lo han cometido otros individuos ajenos al conflicto familiar y con fines lucrativos.
Pues bueno, si dejamos de lado la falta de más sangre y, sobre todo, la ausencia de un Charles Bronson en plan exterminador de maleantes, hay que reconocer que la peli está entretenida. Un producto solvente, sin mayores pretensiones, ni problemas. Se puede ver perfectamente y no aburrirse en exceso. Eso si, luego se recomienda un "Death Wish" vía intravenosa.

miércoles, 1 de diciembre de 2021

MI TOP TEN JUSTICIERO

Hace unos días, hurgando entre carpetas virtuales, localicé el siguiente texto, escrito en su momento como colaboración para un libro -que nunca vio la luz-, donde numeraba del uno al diez mis justicieros cinematográficos favoritos. Me pareció tan majo y entrañable que decidí publicarlo acá (y actualizarlo, añadiendo un onceavo).
La cosa comenzaba así: Para mí, cine de justicieros son solo las historias urbanas de polis/ciudadanos que, hartos, deciden emprenderla a tiros ellos solos contra los malos, todo en un tono realista y callejero. Pero claro, con esta premisa me quedo con solo cuatro pelis, así que he abierto un poco el abanico y he añadido otras que no considero estrictamente de justicieros, pero que, dejándome de chorradas, sí encajan en buena parte de lo que se supone es el género.
Así que ahí va...


HARRY, EL SUCIO
Maravilloso clásico incomparable. Vibrante, emocionante y repleta de frases lapidarias. Mola muchísimo el tono ambiguo, en el que no sabes quien es más malo y despiadado, si el asesino o el mismo policía!!!. Obra maestra/de arte y la madre del cordero.
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EL JUSTICIERO DE LA CIUDAD
La otra obra maestra junto a "Harry, el sucio". Una de esas pelis que son pura catarsis. Cada vez que Charles Bronson mata a alguien, saltas de la silla y te pones a corear. Mola su tono realista (las reacciones de Bronson antes sus primeros asesinatos) y su evidente intención propagandística. Entretenida y brutal.
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EL JUSTICIERO DE LA NOCHE
Un delirio absoluto, absurdo y completo de lo más disfrutable y adictivo. La secuencia final, con la gran masacre, es un hito en la historia del cine de acción. Y ver a Bronson en plan "Rambo" es impagable. Clasicazo trash, incluida banda sonora y póster!!!
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EL EXTERMINADOR
La peli de justicieros más sádica de todos los tiempos. Recreación gustosa y enfermiza en la violencia y la brutalidad. Gore y demencial. Robert Ginty no tiene ningún carisma como justiciero, pero da igual. Con un póster como el que luce esta peli, ¡se le perdona todo!.
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COMMANDO
Maravilloso carrusel de acción, parodia inteligente y aventura. Ver a Schwarzenegger convertido en una imparable máquina de matar, dejando cadáveres y más cadáveres tras de si es el colmo del gozo y el cine palomitero. Es super entretenida y tiene un ritmo endiabladamente brutal. Una vez más, la matanza final es de órdago. Clásico!.
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THE PUNISHER
¿Cual de las tres?. ¡¡Las tres!!. Aunque le tengo especial cariño a la de Dolph Lundgren por ser la más "serie B" y la más violenta, o al menos lo era hasta que vino la tercera con todo su gore. En su época vivía obsesionado con ella. Da igual que se pase el cómic por el forro, es un entretenimiento que funciona muy bien. Perfectamente disfrutable.
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COBRA
Stallone haciendo de "Harry, el sucio", combinado con la burrez de "Rambo". ¡¿Qué podría ir mal?!. Cine palomitero en su máximo exponente. Diversión a raudales, frases macarras para el recuerdo y malos ultra-hijosdeputa, como ya no se ven.


ROBOCOP
¿Un justiciero robótico?, ¡claro!, ¿por qué no?. ¿Alguna peli ofrece más?: Ultra-violencia, acción a raudales, mala leche, humor cruel e inteligente, un héroe super-chanante y 90 minutos vibrantes que pasan volando. Clásico indiscutible!!.
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VIGILANTE
William "Maniac" Lustig se mete en el terreno de Charles Bronson y lo hace apostando por el realismo y la mala leche contundente. Se sale de la línea estándar pero ofrece lo que debe: pandilleros malísimos, prota mutado de ciudadano ejemplar a asesino sediento de sangre y Fred Williamson guiándole los pasos. Aquí paga hasta el juez, y eso mola. Entrañable.
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DE ESPALDAS A LA JUSTICIA
Y una más oscurilla para el final. No es gran cosa, y el desenlace no mola nada (el justiciero muere!!). Peeero ver a Jack Palance como tal y, sobre todo, la cruenta y desalmada escena en la que ejecuta a un tío cual asesino a sueldo no tiene precio. Grandiosa. El resto, pfff, mediocre.
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ACTUALIZACIÓN:


SENTENCIA DE MUERTE
De todo el cine de justicieros parido las últimas décadas, sin duda lo mejor, más digno, violento y vibrante está en "Sentencia de muerte", con ese tremendo y atormentado justiciero encarnado estupendamente por Kevin Bacon. Muy muy potable.
(+ info)
Si se pensaban que iba a mentar la horrenda, ridícula y desenfocada puesta al día del universo "Death Wish", lo llevaban claro...

sábado, 2 de junio de 2007

BRONSON´S LOOSE!

Ya lo he dicho alguna que otra vez, pero lo repito aquí. Me gustan mucho las películas de justicieros, es un subgénero que adoro desde muy chaval y, aún a día de hoy, me siguen resultando atractivas y, hasta en el mejor de los casos, me molan (como la más reciente adaptación de "El Castigador", aunque la anterior también me gustó lo suyo). Sin embargo, el cine de justicieros está muy mal visto, seguramente por lo que algunos dicen es su "discutible ideología", lo que es una chorrada porque, ante todo, estamos ante cine, entretenimiento, fantasía pura y dura, y los que se lo toman demasiado en serio, directamente son tontos del culo. Por ello mismo, el día que casualmente -ojeando un "Videowatchdog"- descubrí que habían editado un libro que repasaba de pe a pa la saga "Death Wish" protagonizada por Charles Bronson (algo así como la madre del cine de justicieros urbanos, si no tenemos en cuenta la obra maestea "Harry, el sucio" que, a fin de cuentas, hablaba de tipos con placa, no de "gente corriente") no dudé un puto segundo en comprarlo gracias a los servicios de Amazon.
Recuerdo haber leído previamente una reseña en la que se "criticaba" que el libro no se centrara en el inmenso fenómeno popular que resultó el primer "Death Wish" ("El justiciero de la ciudad") y dedicara "innecesarios" textos a sus más oscuras y mediocres continuaciones. Pues precisamente era esta parte, la dedicada a indagar en unos films de segunda que, por norma, jamás serían estudiados en ninguna publicación, lo que me resultaba más interesante.Otro elemento que lo hacía apetitoso era la procedencia del autor, Paul Talbot. Que un crítico especializado me escriba sobre cine de género, puede estar bien, pero que lo haga un tio que, además de escribir sobre cine fantástico para sendas publicaciones, haya dirigido tres películas de terror de serie Z (una de ellas distribuida por la infame Troma, la otra motivo de un extenso artículo en el mítico fanzine "Draculina", todas con Gunnar "Leatherface" Hansen en el reparto) es garantía de que estoy ante algo bueno.Y así es. "Bronson´s Loose!" resulta una lectura de lo más amena. Se trata de un libro bastante delgado y de aspecto fanzinero, pero no por ello iba a resultar peor, of course. Se lee rapidísimo, Talbot no pierde el tiempo y nos ofrece quilos de información en muy pocas líneas, inmortalizando anécdotas curiosas como cuando Bronson se quejó de que estaba demasiado viejo para su papel en "Death Wish 3" y Michael Winner, el dire, le dijo: "Charlie, se supone que tienes que acabar con una banda callejera entera, ¿cómo lo vas hacer pues?, ¿montando un puesto de perritos calientes envenenados?".
Cuánto más oscura es la película, más interesante el texto... mola especialmente cuando uno de los guionistas (el de la cuarta parte) cuenta íntegramente el argumento pensado inicialmente para el film y que finalmente fue desechado por los productores, y es una pena, porque hubiese sido un "Death Wish" de lo más original y divertido.
Lectura ideal para pasar un buen rato y culturizarse con lo que realmente importa.

lunes, 2 de abril de 2018

EL JUSTICIERO

Una breve sinopsis y entramos en materia: A un medico honrado, un buen día, le entran unos delincuentes en casa con la intención de robar y en el periplo acaban asesinando a su mujer y dejando parapléjica a su hija. Como la policía no hace lo suficiente, este médico decide armarse y buscar a los asesinos de su familia, mientras por el camino se lleva por delante a tantos delincuentes como se encuentra.
 Desde luego, en unos años en los que es tendencia el remakear todo lo remakeable, con según que  películas, el material a rehacer es su principal aval, pero también, su principal lastre. Una película como “El Justiciero” tiene que pelear con la sombra de la película en la que se basa, “El justiciero de la ciudad” de Michael Winner, y además, tiene que salir airosa en el intento. Es injusto, pero es lo que sucede. Las hordas de fans van a mirar con lupa cualquier movimiento en falso y se van a tirar a la yugular del director, cuando no, directamente, su trabajo va a consistir en destruir esa obra (en sentido figurado).
Sin embargo,  cuando yo era jovencito y vi por primera vez “La Cosa” de John Carpenter —por poner un ejemplo—, la vi virgen. Quiero decir, que no tenía ni pajolera idea de que se trataba de un remake de “El enigma de otro mundo”, un pequeño clásico de la serie B más añeja. Sin embargo, a la película se la atacó por los mismos motivos que se ataca hoy cualquier remake de una película con notable fandom. Lo de siempre.
Ahora, nostalgias y fanatismos a parte, imagino que las nuevas generaciones no tendrán ni pajolera idea de que “El Justiciero” está remakeando un clásico de los 70… ¿Qué opinión tendrán ellos, que llegan vírgenes a la justicia impartida por Paul Kersey? Me gustará saberlo.
Por otro lado, yo soy un fan incondicional de la saga de “Death Wish”, me flipan esas películas, y marcan momentos de mi vida inolvidables, por lo que la nueva  versión de Eli Roth, con Bruce Willis como Kersey, de primeras lo tenía complicado conmigo. La sombra de Charles Bronson es alargada. Y decidí ir al cine a verla intentando juzgarla desde cero, como si las películas de Bronson no existieran. No pude hacerlo. Comparé de principio a final.  Y obviamente, esta nueva versión, si la comparamos con “El Justiciero de la ciudad” sale perdiendo. ¡Ojo! sale perdiendo, sí, pero en absoluto es una mala película. De hecho es muy buena. Incluso, sería mejor que algunas de las secuelas de la saga madre, sin lugar a dudas.
Entonces, aunque parezca mentira, “El Justiciero” consigue mantener el listón de “Death Wish” bastante arriba. No se ha suavizado la formula, no elude los clichés, es consciente del material que está tratando, y lo moderniza sin dejar sus discutibles valores morales a un lado, quiero decir, que si Paul Kersey se supone que es un personaje amoral porque se toma la justicia por su mano, aquí, Willis supera a Bronson en amoralidad y hasta se permite una escena de tortura, cosa que el Kersey original no hacía. Y me parece estupendo.
Por otro lado, Bruce Willis no me cuadraba a mí en este papel.  No me gustaba de hecho. Hasta que le veo las arrugas y como afronta el personaje. Primordial es que Bruce Willis se despoja de su carisma. No es una peli de Bruce Willis, es una peli del justiciero. Además ya es demasiado viejo, ya no es un héroe de acción, por lo que resulta de lo más creible como Kersey.  Y no es un personaje especialmente simpático, es un pijo, un tontolapolla. Lo hace tan bien… le vemos tan desvalido al principio de la película… rápidamente me ganó.
Entonces, tenemos buenas escenas de acción, macarrismo, frases lapidarias tan en desuso, pero sin abusar, y un Paul Kersey que mola. ¿Qué resulta?  Entretenida de cojones. Estupenda.
Por otro lado, entra el factor Eli Roth. Mucha gente hecha pestes de él, sus películas no acaban de cuajar en el fandom. A mí sin embargo, me gusta Eli Roth, me gusta “El infierno verde” y me gusta “Toc, Toc” y ese tono que le da a sus películas como de serie B de lujo. Me gusta su estilo, me gusta su última etapa, y su cadencia. En ese sentido, “El justiciero” es puro Eli Roth. Ha cogido el material, le ha dado un limpiado de cara y ha puesto al personaje en su universo, por lo cual, la película se torna bastante violenta y gore. Y algo que es de agradecer; en manos de Roth, todo este material corría el peligro de resultar paródico. No lo es. Impregna todo de una seriedad que le viene muy bien a una película de justicieros que en pleno 2018 puede pecar de desfasada. Todo en sus dosis justas y de la mejor manera. De hecho, Roth se tomó el proyecto en serio. Incluso, pasó jornadas junto a la policía de Chicago con el fin de empaparse del ambiente policial al cual era completamente ajeno.
Claro, haters, a Roth y al remake, no le han faltado. He leído de todo. Las opiniones, pues ya se sabe. Es más, las críticas han sido espantosas en la prensa yankie, además de influir el hecho de que se estrenó tan solo unos días después del tiroteo en el instituto de Stoneman Douglas. Ya saben como son los americanos para estas cosas.
Por otro lado diré que me hace mucha gracia el cambio de profesión de Paul Kersey con respecto a las  de Bronson; aquí es médico ¡Como en el exploitation de Paul NaschyLa noche del ejecutor”! obviamente, eso es producto de la casualidad, pero no sería raro que Roth conociera la película de Jacinto Molina. Me gusta fantasear con que ha tomado ese detalle prestado.
Otras licencias, para nada molestas, son el hermano que le encaloman a Paul Kersey, que la película transcurre en Chicago (como en alguna de las novelas en las que se basa todo este pifostio) y no en Nueva York,  o la sustitución de otro de los personajes míticos de las películas originales,  el teniente Frank Ochoa interpretado por Vincent Gardenia,  que aquí pasa a llamarse Kevin Raines, y tiene una acompañante femenina. Vincent D’Onofrio sería el hermano de Kersey, y Dean Norris y Kimberly Elise, la pareja de policías que investiga el caso del justiciero.
Como esposa de Kersey, tenemos a Elisabeth Sue, que está muy bien. Lástima que esté ahí solo para morir.
Muchas vueltas dio el proyecto desde el día que Silvester Stallone se pondría con él hasta que este parecía que iba a ser cosa de Joe Carnahan —quién escribiría finalmente el guion, y que, dicen, que aunque así aparece acreditado en el film, no hay ni una sola página de su guion que permanezca en la película, al ser este rescrito por Roth y otros guionistas— hasta acabar en manos de Eli Roth, quien finalmente lo llevó a buen puerto. Sin duda, me gusta más lo que he visto que la idea inicial de Stallone, en la que quería que Kersey fuera un policía que jamás había tocado un arma, y me gusta más Bruce Willis que Stallone, o cualquiera de los que aspiraban al papel  (desde Will Smith a Brad Pitt) siendo el favorito de la crítica Lian Nelson, el actor que lo iba a interpretar en la versión de Carnahan, y del que dicen que hubiera sido el actor adecuado. Joe Carnahan, de hecho, se salió de la película cuando la producción decidió sustituirlo por Bruce Willis. Me sigo quedando con Willis.
Distribuida por la siempre en mala racha Metro Goldwin Meyer, en España se encarga de hacerlo la Filmax, que hacía tiempo que no daba señales de vida. Y como anécdota al respecto, decir que en el poster promocional, ponen una franja roja en el lado superior en el que asegura que ha tenido “Más de 30.000.000 de recaudación”, como si eso fuera un mega taquillazo… ese es su presupuesto. Mientras escribo esto, ya ha superado los 40 millones, pero a duras penas ha recuperado la inversión y se puede hablar de fracaso de taquilla.
En definitiva, no sabía muy bien con qué me iba a encontrar y lo que me encontró me dejó satisfecho, no solo en lo referente a la saga de “Death Wish”, sino también en lo concerniente al cine de acción, que hace años que no me motiva lo que veo. “El Justiciero”, sí.

viernes, 16 de mayo de 2008

EL RETORNO DEL JUSTICIERO

Una auténtica ensalada de títulos en nuestro país para la que es la peor, con inmensa diferencia, de la saga: "Yo soy la justicia 5", "Yo soy la justicia 3", "Justicia Callejera 5", "El rostro de la muerte" o aquel por el que yo me he decantado, "El retorno del justiciero".
Un triste final para una de las franquicias más salvajes y divertidas de la historia del cine, con un Charles Bronson de 73 años perdiendo, como no, a su novia de treinta y pocos a manos de su ex marido y, por consecuencia, la venganza de Paul Kersey.
Es muy mala, muy indigna, demasiado telefilmesca.
La "Cannon" en 1994 ya estaba muerta y enterrada, pero Menahem Golan, ya sin Yoram Globus, creó una productora que seguía los pasos de aquella, aunque no facturaba más que mierda, "21st Century Film Corporation". Y en su afán por ganar pasta, a Golan no se le ocurrió otra idea que resucitar a Paul Kersey en esta innecesaria secuela, que está a años luz de cualquiera de sus antecesoras. Para ello, encargó al director Allan A. Goldstein su realización. Este hombre es un artesano cuya mayor virtud es la negación absoluta, y si os digo que es el director de ponzoñas como "Snake Man" o "2001: Despega como puedas", os podéis imaginar el tipo de factura que tiene esta peli.
Obviamente, en los noventa ni Charles Bronson, ni los justicieros, estaban de moda. Aunque da igual. 
La peli transcurre de manera hiper aburrida, dan ganas incluso de quitarla, pero es el cariño por el personaje lo que te impulsa a sufrirla hasta el final. Además, bien hecho, porque este lo único destacable, con Kersey dando cuenta de los malos de mil maneras diferentes. Boquiabierto me quedé al ver a uno de los malos en una trituradora, convertido a continuación en carne picada (como en "El Exterminador", pero con menos gracejo).
Como ocurría en las entregas precedentes, el final queda abierto... sin embargo, esta es la fue la ultima aparición real de Paul Kersey. Charles Bronson moriría 9 años después, durante los que le dio tiempo de protagonizar las tres entregas de los telefilms "Familia de policías". Que buen puñado de pelis nos dejó este hombre (salvo la reseñada, claro).
Como nota discordante, ni tan siquiera la muerte del astro impidió que, en su delirio, Menahem Golan se planteara una sexta entrega protagonizada por ¡¡el hijo de Paul Kersey!! Afortunadamente, la cosa quedó solo 
en una (mala) idea.

miércoles, 28 de octubre de 2009

AL FILO DE LA MEDIANOCHE

Uno de los muy numerosos míticos diálogos de "Harry, el sucio" consiste en el alcalde preguntándole al inspector Callahan en qué se basa a la hora de decidir que un tipo persiguiendo a una mujer por la calle merece ser acribillado. Nuestro poli cinematográfico favorito mira al mandatario con sorna y le explica que si va desnudo y lleva un cuchillo en la mano, no estará recaudando fondos para ninguna causa benéfica.
Bien, esa imagen, la del asesino de féminas que actúa en cueros cuchillo en mano, debió de grabarse en el cerebro de los guionistas de "Al filo de la medianoche", de ahí que a la hora de ponerse a escribir, construyeran toda una película en torno a ella. Incluyendo su propio poli duro, que en este caso tendría el rostro de otro grande, Charles Bronson.

Y sí, ya conocéis la cantinela, años 80, "Cannon", J.Lee Thompson y el bueno de Charlie encasillado ya de modo oficial en su rol de justiciero, lleve o no placa. Encima, para darle mayor color y atraer más culos a las butacas, un poco de ingrediente "slasher", que para algo en ese momento era el rey de las taquillas.

Un psycho-killer tiene aterrada a la ciudad. Charlie es un poli que no tarda nada en descubrir de quién se trata. Lástima que únicamente él lo tenga tan claro, nadie más le apoya. Así que, ni corto ni perezoso, falsea unas pruebas para que el tipo sea detenido. Pero en un ataque de conciencia lo confiesa y el culpable es puesto en libertad. Como revancha, este decide acabar con la hija del hombre que le plantó cara.

Vale, a mi me molan mucho estas pelis, y disfruto cuando el justiciero de turno se carga al malo de no menos turno. Sin embargo, el modo en que Bronson descubre al culpable no convence. Claro, el espectador sabe que tiene razón, y está de su parte, pero si por un momento nos ponemos del lado de los personajes, la verdad es que tito Charles parece un puto ultra-conservador psicópata que está dispuesto a matar aunque no tenga verdadera certeza de sus actos. Tal vez ese detalle fuese buscado por los guionistas... en plan "Harry, el sucio", donde el héroe no lo es tanto y juega un rol más ambiguo... pero no, me temo que simplemente es así porque, bueno, así ha de ser.

De chaval recuerdo que una sensación de "peligro" acompañaba a "Al filo de la medianoche". Ya sabéis, ese tipo de films que temes ver porque estás convencido que deben ser muy fuertes, casi traumáticos, pero te mueres de ganas de agarrar de las estanterías del vídeo-club (como "El Exterminador", como "Posesión Infernal", como "Curso 1984", como "Escoria", como tantas y tantas otras). Naturalmente, cuando la vi, ya no me impresionaba con facilidad, pero la idea de un asesino que mata en cueros y con arma blanca a chicas que desea sexualmente es, "asdaluego", algo sórdida. Suerte que tío Charlie está ahí para darle una lección... y aunque esta se reduzca a una única escena, y encima al final del todo, vale su peso en oro. Contundente, brutal, políticamente incorrecto... un "The End" cojonudo.

En general, todos los thrillers urbanos confeccionados como vehículos para Charles Bronson en los 80 valen muy mucho la pena... pero, sin duda, este está entre los que más.

jueves, 21 de febrero de 2008

JUSTICIEROS DE NUEVA ALCURNIA

Corren malos tiempos para los justicieros, o eso es lo que uno saca en conclusión tras ver los flojos resultados en taquilla de los dos ejemplos del subgénero más recientes que ha parido Hollywood, "La extraña que hay en ti" y "Death Sentence", esta última aún pendiente de estreno por estos lares. Es una pena, desde luego, y más para un fan de esa clase de películas como es el que firma, sin embargo, podemos consolarnos disfrutando de las dos producciones comentadas porque, y más en el caso de la segunda, se encargan de dejar el listón bastante arriba.
Me moría de ganas de ver "Death Sentence" desde que supe de su existencia. El director de "Saw" y de la más que disfrutable "Dead Silence", dando órdenes a un actor por el que siento especial afecto, Kevin Bacon. Pero antes, tocaba ver el título que la precedió, en el que nada menos que Jodie Foster se encarga de emular a Charles Bronson en sus correrías nocturnas, y todo ello orquestado por un cineasta al que jamás te esperarías tras un film de semejante temática, Neil Jordan.
Curiosamente, "La extraña que hay en ti" está mucho más cercana al espíritu Bronsiano y, específicamente, a "El justiciero de la ciudad" (la primera) que "Death Sentence". Mientras esta segunda gira en torno a la batalla sin cuartel entre la víctima y los asesinos de su imprescindible ser querido, en "La extraña...", aunque también figura ese motivador (obligado en el subgénero), el abanico se amplía. Como "Paul Kersey" en "Death Wish", Jodie Foster acribilla a maleantes anónimos que han tenido la desgracia de cruzarse en su camino. De hecho, el film hace gala de una secuencia de ajusticiamiento en el metro absolutamente idéntica a otra de la peli madre y que, a su vez, se inspira en el hecho real que dio pie a la novela, su posterior adaptación a la gran pantalla y al desarrollo, crecimiento, degeneración y asentamiento de un tipo de cine generalmente muy criticado y denostado por aquellos sopla pollas que van de progres y no hacen otra cosa que mirarse al ombligo sin entender nada de nada. Ni siquiera, a estas alturas, "La extraña que hay en ti" se libró de las predecibles acusaciones de fascistoide, a pesar de que Jordan y la prota se esfuerzan en no caer en el terreno propio del "exploitation" y adornar su propuesta con más profundidad y humanidad de la que uno podría esperar ante semejante empresa (eso hizo que, por otro lado, les llovieran críticas de hipocresía, y se citaban como mucho más honestas en su planteamiento las desventuras del Bronson más macarra). Irónicamente, la peli que más prestigio se supone que tiene, o debe tener, por el caché de sus responsables, es la más radical y extrema en su planteamiento ideológico.
Por su lado, "Death Sentence", se muestra como un vibrante thriller, oscuro, tenso, violento y estupendísimo, que merecía mucha más suerte a la hora de acumular billetes verdes. Es la mejor peli de James Wan, y el amigo Bacon está soberbio en su descenso a la locura y desesperación. Sus reacciones ante los primeros actos violentos que acomete son mucho más creíbles y realistas que los de la Foster. Como decía, "Death Sentence", argumentalmente delimita la acción a unos personajes específicos, la banda que asesina al hijo de Bacon y éste, un buen padre aburguesado que, poco a poco, se va transformando en una máquina de matar nihilista y a la que no le importa otra cosa que la venganza. Digamos que arranca como "El justiciero de la ciudad" y lentamente va mutando a un "Taxi Driver", hasta el clímax final, muy deudor del de la peli de Martin Scorsese, sobre todo en su gráfica (muy gráfica) y arrebatadora ultra-violencia.
La "ideología del vigilante" queda más velada que en "La extraña que hay en ti" en el momento en el que Bacon no decide acabar con la chusma de las calles, si no que se centra única y exclusivamente en aquellos que le han agredido a él y su familia. Es, en esencia, una cinta de acción, aunque con un contundente baño dramático.
Un detalle que, extrañamente, parece haber pasado inadvertido a la mayoría de críticos y cronistas (sobre todo Españoles, cómo no), es que "Death Sentence" está basada en una novela de Brian Garfield, es decir, el autor de "Death Wish", el libro que lo empezó todo. El mismo Garfield, nada contento con la adaptación que de su novela había hecho Michael Winner exaltando la violencia y el juego de la venganza como algo "bueno", decidió escribir su propia secuela a "Death Wish" con una intención muy clara: Demostrar que el papel del justiciero no tiene nada de heroico. Naturalmente, en pleno apogeo del Bronson más carnicero, nadie quiso llevar esa segunda epopeya a la pantalla conscientes de que estaban ante un planteamiento más negativo de lo habitual en el tipo de películas que, por entonces, reinaban en la taquilla. Quizás todo eso explique por qué, a pesar de su baño de sangre y de ese Kevin Bacon transformado los últimos 25 minutos en un especie de "Punisher", en esencia "Death Sentence" no hace un retrato favorable de la imagen del vigilante. El film nos muestra que la violencia solo lleva a más violencia, y que actuando de la manera que lo hace el protagonista de la función, únicamente lograremos agrandar la herida y convertirnos en exactamente aquello contra lo que luchamos. No por nada, Garfield tuvo muy buenas palabras con respecto a la peli.
Resumiendo, que “Death Sentence” está de puta madre.

miércoles, 23 de mayo de 2012

357 MAGNUM

México es, sin duda alguna, una cantera donde encotrar las más descerebradas Explotations, y “357 Magnum”, es un material absolutamente pornografico para los degustadores de Explotations y cine de justicieros: Van a caer pajillas con esto tan golosillo, por lo menos a lo que AVT respecta.
El título y look que se nos vende, está absolutamente plagiado de la saga de “Harry el sucio”. El aspecto del poster, la referencia al arma que Harry Calahan puso de moda en el título – de hecho, el título original de la segunda película de la saga de Harry es “Magnum Force”, bastante parecido a este- e incluso las intenciones fascistoides en frases y sentencias apestan a la saga que inició Don Siegel. Sin embargo, el argumento es más parecido al de cualquiera de las películas de nuestro “justi” favorito, Charles “Paul Kersey” Bronson, en la saga “Dead Wish”. Pero, y aquí viene lo grande ¿Para que queremos un Paul Kersey impartiendo justicia, pudiendo tener dos?, se riza el rizo cuando en un papel muy parecido al de Kersey, tenemos a los dos populares hermanos Mario y Fernando Almada, instituciones en el cine popular de México. Además, ambos dos, se parecen bastante a Charles Bronson.
Con lo que tenemos a dos policías (Como Harry Calahan) entrados en años y con bigotillo (Como Paul Kersey) que se ven obligados a repartir estopa.
Tras interceptar a un grupo de narcotraficantes, el agente Murillo es masacrado junto con toda su familia, en una carnicería a base de “balasera”. Los dos hermanos de este, antes pertenecientes al grupo de élite “357 Magnum” y ahora retirados, viven como detectives.
Pero tras ser conscientes del brutal asesitano de su hermano, son reclutados de nuevo para desmantelar de una vez por todas esa organización criminal. Aunque ellos, de camino, deciden ir interrogando, de modo muy poco ortodoxo, a todo aquél hijoputa que se encuentran en su periplo con el fin de ajusticiar a su hermano ( y demás familia)… Y dan con el tipo en cuestión, un malo megalómano, al que acorralarán con la siempre fuerte ayuda femenina (el poder del coño, ya saben).
Total, que tenemos un híbrido entre “Harry el sucio” y “Dead Wish” con toques de la saga de James Bond, que junto con su dúo protagonista , y narcotraficandtes de por medio (no olvidemos que los méxicanos consumen “Cine Narco” con la misma pasión con la que los españoles consumen futbol), dejó pingues beneficios en las taquillas méxicanas. La combinación perfecta.
Además dirigida por Rubén Galindo, otra institución del cine de género Méxicano. Esto, no obstante, no es una garantía de nada, porque si hasta aquí todo parece muy bonito y entrañable, la cruda realidad, los frios hechos, son que Rubén Galindo era un manazas que todo lo que tocaba lo conviertía en mierda, y “357 Magnum” está tan mal rodada y sobretodo, tan mal montada, que no te enteras de nada, de no ser por el manido argumento que tenemos ante las narices.
Ya desde el principio, vemos a un montón de gente disparandose sin saber por qué, en un montaje digno de la”Filmark” (solo que con material exclusivo), en un sobre exceso de acción, con disparos de petardo de a duro, que te dejan más frío que la leche.
Luego, en el epicentro de la película, cuando los dos hermanos interrogan a los maleantes, vemos una y otra vez la misma escena, casi con los mísmos diálogos, cambiando solamente el tipo de tortura, hasta que volvemos a la acción del final, menos espectacular que un episodio del “Chavo del ocho” y rodado todo, como con prisa.
Y aunque de ritmo va bien la cosa (es un festival de planos, al fin de al cabo), mientras la vemos, sentimos un sopor y una sensación de “que se acabe ya esto”, que contraresta las ganas con la que le damos al play nada más descubrir la película.
Sin embargo, el nivel de violencia que nos muestra la cinta, es incuestionable. No se escatima en sangre ni en crueldad, siendo el zenit de todo esto la escena inicial en que se masacra a la familia del policía, quedando en pie una niña de unos seis años. Uno de los asesinos se lo piensa dos veces y abre fuego contra ella, a base de metralleta, recreandose Galindo en el rodaje de esa muerte.
Y por otro lado, es el tipo de cine que nos gusta, por la cara dura, el exotísmo, la macarrada y maneras que se gastan este típo de Explotations.
The Show must go on, and this is entertainment, baby.
Para aburrirnos viéndola, y despues, guardarla y coleccionarla.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

LA LEY DE MURPHY

"La ley de Murphy" es una película literalmente afectada por lo que su propio título significa. De entrada tiene todo para triunfar: Charles Bronson metido de lleno en su etapa ochentera, "Cannon" a la producción, J.Lee Thompson a la dirección, violencia, frases macarras ("¿Recuerdas lo que te dije sobre la ley de Murphy?.... ¿Recuerdas lo que te dije yo?, ¡Bang!" o "¡Vete al infierno!... Las damas primero"), en fin, nada que no estuviese en "El justiciero de la noche", "Justicia Salvaje" o "Kinjite: prohibido en occidente"... sin embargo, no funciona como debería, el aspecto negativo de ella acaba resaltando sobre el positivo.

Un policía recientemente abandonado por su mujer, y en plena crisis personal, es el blanco de la venganza de una fría y despiadada psicópata a la que años atrás encerró. Esta se lo monta para que sea acusado de los crímenes que ella comete, por lo que es detenido. Naturalmente no durará mucho entre rejas, de donde escapará con el fin de encontrar respuestas y demostrar su inocencia. El problema es que en la huida arrastra a una ladronzuela irritante y cargante (el supuesto contrapunto humorístico) que, seguramente, sea la que arruine el film. Encima, también hay un mafioso de por medio cuya meta es cazar al pobre protagonista.
Bronson da vida a un poli más humano, con sus debilidades y flaquezas, pero sigue siendo un tipo duro, por lo que aunque se aleje medianamente del vengador sediento de sangre de "El justiciero de la ciudad" o el poli dispuesto a todo de "Al filo de la medianoche", convence. Así que, tal y como decía, probablemente el cáncer de "La ley de Murphy" sea la chica chillona de los cojones (encarnada por Kathleen Wilhoite, quien ese mismo año daría vida a la médium de "Witchboard"). 
Al film le falta garra y ritmo, aunque no carece de sus aislados buenos momentos (la humillación del jefe mafioso o el desenlace), así que...

miércoles, 9 de enero de 2013

SENTENCIA DE MUERTE

Hace unos días hablaba de "Deseo de muerte", la novela que inspiró "El justiciero de la ciudad" y, de paso, la saga "Death Wish" al completo. Hoy toca hablar de la segunda entrega, formato libro, escrita también por Brian Garfield y que nada tiene que ver con el "Death Wish 2" película (o "Yo soy la justicia"). Tal y como comenté entonces, el mega-éxito del film de Bronson/Winner escandalizó a muchas mentes bien pensantes, entre ellas la del mismo autor de la novela, convencido de que el film tergiversaba la idea original de su obra. "El justiciero de la ciudad" glorifica la imagen del vigilante urbano, convirtiéndolo en un héroe, alguien que disfruta matando. Muy al contrario, "Deseo de muerte" nos explica cómo seguir la senda del justiciero no aporta nada bueno, agravando el problema. En esencia nos dice que no podemos combatir la violencia con más violencia. Bien, dado que los responsables de la peli se pasaron ese concepto por el forro de las pelotas (para nuestro mayor gozo), Garfield decidió optar por el lado contrario con "Sentencia de muerte", para lo cual en cierto modo adaptó las señas de identidad del film, su dependencia de ciertas fórmulas, olvidando así el tono introspectivo y más "intelectual" de la primera novela. Quizás el fin era parodiar la peli, o simplemente sermonear a los fans de "El justiciero de la ciudad" usando su propio lenguaje, para lo cual nos presenta a un Paul Benjamin que se traslada de ciudad (si no recuerdo mal, se larga a Chicago) y todas las noches sale de caza, matando a cuanto delincuente pilla por el camino. "Sentencia de muerte", sin ser la diversión personificada, tiene más acción que "Deseo de muerte", hay más tiroteos y menos rollo psicológico. Aún así, y por aquello de desmitificar la imagen de Paul Kersey, Benjamin termina disparando sobre gente que tampoco merece un castigo tan severo (es decir, equivocándose) y pariendo a un imitador.
La idea de un Paul Kersey/Benjamin obligado a cazar a su propio imitador que, en un alarde de inutilidad, dispara sobre personas inocentes, es cojonuda, y podría haber dado mucho de sí. Pero Garfield no sabe explotarla debidamente y deja escapar la oportunidad, limitando ello a las últimas páginas. De hecho, al escritor no parece que se le dé muy bien eso de adaptarse a una fórmula, y la verdad es que el libro apesta un poco a baratillo, como esos que venden en el quiosco y guardas en el bolsillo trasero. El final es previsible, tontorrón y facilón: Paul Benjamin decide abandonar su cruzada afectado por los remordimientos... sin embargo, ya es tarde, otro imitador más sale a las calles para seguir con la tradición.
Siempre creí que cuando hicieron "Death Wish 2" ignoraron la novela de Garfield por la imagen poco heróica que este otorgaba al vigilante, pero no, ahora creo que así lo hicieron sencillamente por mala. Años después, vino James Wan y decidió llevarla a la pantalla con Kevin Bacon de prota. Y aunque la peli está bastante bien, nada tiene que ver con el libro... de hecho, parece una excusa para, en realidad, adaptar "Deseo de muerte" sin tener que pagar derechos al productor que los tuviera.
A pesar de todo, cuando la "Cannon" decidió producir "Death Wish 4" o "Yo soy la justicia 2", se puso en contacto con Brian Garfield y le propuso que presentara un esbozo de posible guión y este, deseoso no de muerte sino de meterse un bocata en el estómago (algo muy respetable y lógico), aceptó... sin embargo, esta vez fue Charles Bronson el que rechazó su idea. Garfield asegura que era mucho mejor que "la basura habitual" pero, tras leer "Sentencia de muerte", permítanme que lo dude.
Y es que algo de retorcido habrá cuando, al comenzar a leer el libro, descubres que este está dedicado -sin cinismo que valga- al infame Roger Ebert, aquel crítico que en los 80 encabezó una encarnizada batalla contra el cine violento, con especial interés en borrar del mapa "slashers" y pelis de justicieros, siendo justamente la saga "Death Wish" el principal blanco de sus ataques (afortunadamente, no lo consiguió, y es que un crítico cuyos razonamientos no se deben a cuestiones cinematográficas, sino a aspectos morales y políticamente correctos, carece de todo valor y sentido).

miércoles, 31 de marzo de 2010

LA VENGANZA DE LOS PUNKS

Los diabólicos punks de "Intrépidos Punks" vuelven, esta vez dirigidos por un más efectivo Damián Acosta Esparza ("El violador infernal"), en una secuela en la que deciden vengarse del policía que se metía con ellos, masacrando a toda su familia durante una celebración. Al poli no se lo cargan ya que, según "Tarzán", líder de los punks, “Debe seguir vivo para maldecir este día por los restos”. Por supuesto, el policía dimite del cuerpo con intención de ajusticiar como dios manda a todos los miembros de la banda de maléficos punks.
Lo cierto es que debería haberse titulado “La venganza del Paul Kersey Mexicano”, puesto que, en realidad, lo que nos encontramos aquí es un descarado plagio de cualquiera de los "Death Wish". De hecho, Fidel Abrego, el actor que da vida al policía justiciero es un clon de Charles Bronson, buscado además aposta. Es igualito, bigotillo fino, cara de estreñido e incluso han procurado que el vestuario sea similar a los modelitos que lucía Charlie en su maravillosa saga.
Así pues, se intercalan las ya clásicas secuencias en las que los punks violan y hacen de la violencia su bandera, con otras en las que este Bronson de pacotilla da cuenta de manera creativa de todos estos energúmenos. Incluso se saca de la manga 
un lanzallamas  (¿mangoneo a "El Exterminador"?).
El resultado es mejor que el de su predecesora, pero desciende el nivel de sangre y violencia y se echa de menos una carismática canción punk que acompañe las fechorías de estos.
Del reparto original solo queda "Tarzán", interpretado por un tal “El fantasma” que intuyo se trata de algún luchador de "wrestling". Lo que sí es cierto es que, aparte de estas dos entregas de los punks, no volvió a aparecer en más pelis.
Está majilla.

sábado, 2 de junio de 2007

EL JUSTICIERO DE LA NOCHE (DEATH WISH 3)

Se trata de la tercera entrega de la saga del justiciero, y después de la primera, seguramente la más popular de todas ellas, ya que la Cannon (que ya metió mano en la segunda) se emperró en adaptar el film al tono reinante de entonces gracias a films como "Rambo", "Desaparecido en combate" o "Invasión USA", por poco que ello le pegara a las correrías del bueno de Paul Kersey. Sin embargo el resultado, lejos lejísimos del nivel de sus predecesoras, resultó todo un éxito y con el tiempo se ha granjeado una reputación de culto. Y es que "El justiciero de la noche" no es, para nada, una película normal. Recordaba perfectamente que en mis años mozos la tenía en un pedestal, era mi favorita de la saga "Death Wish" y estaba especialmente fascinado con todo el tramo final, lo veía una y otra vez. De hecho, incluso me molaba la banda sonora de Jimmy Page, de la que tanto se ha rajado en círculos especializados. Por eso tenía unas ganas inmensas de revisarla y os puedo asegurar que no fue ninguna decepción.
Lo primero que sorprende de "El justiciero de la noche" es su ritmo, acelerado, endiablado, todo ocurre a gran, gran velocidad, a lo que contribuye la ágil, fresca y nada encorsetada dirección de Michael Winner, así como el frenético montaje y esos zooms tan setenteros (a pesar de ser una producción inconfundiblemente ochentera!!). La mejor palabra para definir esta peli es DELIRANTE, no hay nada de verosímil en ella... lo que no deja de ser curioso, puesto que el crudo realismo es lo que hizo famosas las dos primeras entregas, sobre todo la peli-madre. Este especie de surrealismo ya es destacado por Paul Talbot en su libro (y Rick Sullivan en su fanzine "The Gore Gazette"), algo que indudablemente la hacía enemiga jurada de los críticos antes de estrenarse y que, al mismo tiempo, con los años le ha dado este estatus tan especial que posee.
De entrada ya es imposible creerse a Bronson como héroe de la función, está muy viejo. Podría pasar por un justiciero silencioso que se mueve por los oscuros callejones de New York, pero no cuela como el pseudo-Rambo que es (al menos en esta entrega). Otro elemento poco creíble (¿poco?, ¡¡NADA!!), es el cutre-romance que se inventan para él... está claro que la chavala la meten ahí con calzador, de modo muy forzado, con el único fin de cargársela y motivar a Kersey a masacrar a todo dios (y eso que a esas alturas de la peli está más que motivado), lo que ya resulta ridículo, pues un par de polvos y una llamada no creo que puedan crear una unión sentimental TAN fuerte como para que Bronson sienta lástima por la moza y decida requetevengarse (que además, es muchísimo más joven que él, y se encapricha del abuelo de un modo tontísimo y sin sentido alguno).
Pero quitando ese par de cosas (o, ¡que coño!, gracias a ellas), "El justiciero de la noche" resulta un divertimento fabuloso, super-entretenido y muy gozable... aunque sea a costa de risas no intencionadas (pero muy respetuosas y llenas de cariño). La peli es como un gran e inmenso tebeo barato, todo son estereotipos, cliches ultra-básicos y en general el tono de caricatura es sumamente remarcado. Desde ese barrio ultra-chungo a los malos de la función, con exagerados y aparatosos uniformes de "tribu urbana", tipos sin sentimientos, nacidos para hacer el mal, destruir y matar aunque no venga a cuento. Y hablando de matar, resulta curioso que el que más gente mata aquí sea el bueno de la historia... porque una cosa es que Charlie dispare sobre los asesinos de su hija, y otra es que lo haga del modo más frío sobre dos pobres gilipuertas que le están intentando robar el coche (por otro lado, una de las mejores secuencias de la película), o a otro únicamente por pisparle la cámara de fotos (y además nada de pistolitas, Kersey utiliza un pistolón de cuidado... otro elemento muy propio del cine de acción de esa década).
Sin embargo, es el final donde "El justiciero de la noche" toca el cielo. Una extensa mini-guerra entre bandas callejeras y vecinos enfurecidos que incluso matan a escobazos, repleta de explosiones, disparos, peleas... todo ello coreografiado de modo poco natural, pero que te hace saltar de la butaca y gritar cada vez que Kersey se come a balazos a alguno de los malos. Suerte tiene el abuelo de que estos tengan tan mala puntería, y de su super-chaleco anti-balas... destaca especialmente un momento en el que, para matar a dos pillastres, se sitúa cómodamente, apunta y dispara. En ese lápsus de tiempo, los malandrines no han parado de disparar sobre el super-justiciero y no le han alcanzado ni una vez, incluso la frustración se refleja en sus rostros. Mítico donde los haya.
El fin de fiesta no podría ser mejor: El jefe de la banda fenece de un cañonazo propiciado por un señor bazooka que Charlie guardaba pacientemente junto a la mesita del teléfono. Luego pilla los trastos, se va y créditos finales. Así, sin más, pim-pam, sin perder el tiempo, sin florituras... absolutamente brillante.
Recuerdo que en una ocasión, y con motivo de un programa-debate muy serio de la tele dedicado a los justicieros, echaron "El justiciero de la noche" como película-ilustradora... y cuando acabó, uno de los invitados dijo de ella que parecía un documental sobre la entonces de actualidad guerra del Golfo. Cuánta razón tenía el tipo... sin embargo, lo bien que me lo pasé yo aquella noche!!!.