
"El guardaespaldas de la primera dama" es una de las dos apuestas Bronson/Cannon por un cine de acción más sano, divertido y juvenil. Sin escenas de violencia demasiado escabrosa, ni malos rollos. Ambos títulos (el segundo me lo reservo para más adelante), fueron notables fracasos artísticos y, al menos uno, comerciales. No me sorprende.
En esta peli, Charlie interpreta pues a eso, al guardaespaldas de la primera dama, una mujer insufrible y de armas tomar a la que pone rostro la que entonces era su mujer en la vida real, Jill Ireland. Tal combinación da pie a lo más parecido a una "comedia romántica" encontrable en la filmografía de mi justiciero cinematográfico favorito. El problema es que Bronson no cuela como tio simpático, no hay la menor química entre la pareja (en la vida real puede que sí, pero en pantalla os digo yo que no) y, por ende, su relación carece de garra y resulta monótona. No te importa mucho lo que les pase... o lo que pase. Además, llega un momento en el que ella parece gilipollas. ¿Cuantos intentos de atentado necesita más para no seguir escapando de los guardaespladas?. Si el Charlie de esta peli hubiese sido el de "La ley de Murphy" o "Justicia Salvaje", habría mandado a la mujer a tomar por culo. Pero incluso en la ficción, Bronson era -como somos todos- un calzonazos. Tampoco convence mucho -y resulta altamente patético- el ridículo romance que le calzan al abuelo con una asiática mucho más joven que él y que anda loca por sus maltrechos huesos. Tela.
El "action-hero" de video-club Frank Zagarino interpreta a un chófer del servicio secreto, en uno de sus primeros papeles.
Es evidente que no todo el cine de acción palomitero de los ochenta es salvable. Ni tan siquiera aunque lleve el sello Cannon/Bronson.