lunes, 24 de junio de 2013

La Tienda Maldita (Abierta las 24 horas)

El cine de terror japonés actual está casi desaparecido, y no es de extrañar viendo el uso y abuso que le dieron los realizadores nipones a todos los tópicos que puso en la palestra internacional The Ring. Niñas de largo pelo negro, espejos en los que se reflejan los espíritus cuando nadie mira, la archiconocida escena del fantasma saliendo de la tele, las fotos y grabaciones con las caras deformadas de los que están malditos, el ritmo lento y pausado, los ruidos de los fantasmitas….. Todo ello lo hemos visto una y otra vez en las siguientes producciones del género nipón. Y es que no hay ni uno de estos tópicos, con pequeñas diferencias, que no se cumplan en todas estas películas. Así que solo han conseguido que nos hastiemos de ellos, que en vez de terror, nos causen tedio o incluso risa. No es de extrañar por tanto que el terror oriental (no solo los japoneses han sobre utilizado estos recursos) este de capa caída. Una de las últimas películas que llego a nuestro país arrastrada por la enorme ola que fue The Ring, es esta La Tienda Maldita (Abierto 24 horas). Puede que empujada mas por el éxito de Ju-on La Maldición, la primera, la que estaba hecha en video, y es que la película que nos ocupa también se rodo con una cámara digital, y con unos actores que rayan el amateurismo, y es que salvo un par ellos, el resto no han hecho más que este película y dos o tres trabajos más. Y del director ni hablemos, que aunque su nombre se me hace conocido, Yoshihiro Hoshino, en el imdb no aparece más que este trabajo y luego una entrevista, así que no se ha prodigado mucho en su carrera, o es que sus meritos no le han permitido despegar, lo que es más probable.

Toda la trama gira en torno a la tienda del título, sus dueños son unos tarados, o esa es la sensación que da, pero realmente están malditos, oooooh sorpreson!!!! Cliente que acude a la tienda, cliente que sale de ella con maldición al canto, al menos si el resultado de su cuenta tiene que ver con números demoniacos (666, 999, o 444, que en Japón el cuatro suena como muerte, o algo así me contaron) Pero además de los clientes, los trabajadores también empiezan a notar situaciones extrañas, ruidos y presencias que les inquietan y sobre todo el ambiente general de la tienda. Ahora mismo ya solo quedan dos, Momo la chica del turno de día, y el chico del turno de noche. Este hace meritos para ligarse a Momo, y cada noche le regala algo de la tienda que el mismo paga. Siendo esto así, aunque uno de los espíritus sigue a Momo, ella se libra de morir, pero su compañero las pasara putas cuando recibe la visita del mismo espíritu. A todo ello la tienda esta en trámites para formar parte de una importante franquicia. Finalizar el contrato es labor de una joven mujer enviada por la empresa, allí tendrá que realizar el inventario completo de la tienda y es cuando junto con Momo se dan cuenta de la maldición que pende sobre el local.

Los planos largos y vacios con la única intención de crear atmosfera, no están nada bien resueltos, no sirven más que para alargar la duración del filme. Puede que a ello le influya y mucho, que la mayor parte de la película ocurre a plena luz del día, y sin el amparo de la oscuridad es bastante más complicado causar tensión. Desgraciadamente las escenas de los ataques de los fantasmas tampoco consiguen lo que el director pretende. La más conseguida es en la que menos se ve, no solo por ser un pasillo a oscuras, sino porque en ella sí que notamos cierto agobio en lo que todo ha sumado, el lugar, la voz de la niña fantasmal, que esta no aparezca y que lo único que se ve es una pelota blanca botando a cámara lenta cuando todo lo demás sigue a velocidad normal. Por el contrario tenemos la escena del fantasma que sale de la tele, cambiándolo en esta ocasión por una nevera. No solo no da el más mínimo miedo, sino que es ridícula. Flaco favor le hace a la escena que además se mezcle en el montaje con el ataque a Momo y a otro de los clientes de la tienda.
La película es una caquita, pero yo le tengo cierto cariño, no sé si por su condición casi de película amateur (que ojo, no lo es)  no sé si por estar rodada en video, o simplemente porque es tan mala, que si la ves con los amigos te puedes reír un rato. No es el risón, pero tampoco es una jarta` de llorar. Búsquenla en los saldos de pelis a dos euros, más no puede costar, pero bien los vale.