miércoles, 29 de abril de 2026

HISTORIAS LÚBRICAS


Tras pasarse un tiempo escandalizando y generando reacciones extremas en "Filmin", el largometraje recopilante "Historias Lúbricas" abandona tan cacareada plataforma para trasladarse a mi tienda online con una mejora: la integridad de sus pasajes más marranos. Sí, la de "Filmin" iba sutilmente censurada. Esta no, aquí dispones en todo su esplendor de nueve cortometrajes caseros abiertamente eróticos. Los hay más sutiles, los hay más gráficos. Los hay de risas, los hay raros... y uno serio. Una combinación variada de ardiente locura audiovisual destinada a freírte los sesos, provocar la sangría de tus cuencas oculares y, si es de menester, vaciarte los testículos.

¿¿Ande?? pues ande va a ser, en la TIENDA ONLINE y por 4 euros bien pringosos (+ los insalvables pluses de Patreon).

Airear un trailer de esto tiene su intríngulis. "YouTube" lo ha rechazado varias ocasiones, así pues finalmente opté por uno censurado que puedes consumir a continuación...

O, si lo prefieres, descargarte la versión íntegra AQUÍ.

Ahí va el desglose (censurado, of course) de la húmeda materia...


POSICIÓN: VIOLACIÓN
No te duermas esta noche o vendrá el coco y se correrá en tu cara.


LEFA STORY
Barbie y Ken nunca harían una película porno. Sus versiones "de tienda de chino" sí, y menuda es.


LA MISTERIOSA ESFUMACIÓN DE OTRA DESPRECIABLE YOUTUBER
Una lesbiana pone en jaque su sexualidad cuando desaparece la youtuber con la que fantasea.


EL LOBO EMPALMADO
Escondido tras el arbusto, el cabrón se da un gusto (espiando a una naturista que disfruta demasiado de sus chuches).


QUERIDO HIGO MÍO
Esta maruja desesperada mantiene una incestuosa relación con un peluche de "Bob Esponja".


COÑOS Y BARRO
Tras beneficiarse un misterioso falo surgido de la madre tierra, una mujer queda desconcertantemente preñada.


ARROZZORRA
Santa esposa, fogosa amante y psicópata desquiciada, todo en una.


THE LAST PAJA
Hoy ha decidido masturbarse sea como sea... incluso si ello le supone la muerte.


THE PHALLUS KILLER
Logró escapar de un asesino y ahora vive obsesionada con él, tanto como para hacerlo protagonista de sendas peligrosas fantasías sexuales.

Ya limpios, si quieren seguir desconectando sus pequeños cerebros de la gilipollez envolvente, disponen de tantos otros vídeo-tumores ideales para ello:

HISTORIA DE UN FANZINE

ONANISMO AUDIOVISUAL

¡AL INFIERNO CON LA EX!

CORTOS A ESPUERTAS

GRABANDOCONLOPUESTO

SUICIDIO COMERCIAL

FESTIVAL DEL TUMOR

CINE DE MENTIRA

¿POR QUÉ LO LLAMAN DIGITAL CUANDO QUIEREN DECIR VÍDEO?

(OB)SESIÓN DOBLE: LO-FI STORY + THE VHS MONSTER

sábado, 25 de abril de 2026

CARNE PARA FRANKENSTEIN

Recuerdo perfectamente la rabieta de Forrest J. Ackerman en las páginas de un añejo "Famosos Monsters del Cine" a la hora de escribir sobre esta película. La ponía a bajar de un burro, especialmente centrando sus dardos en los excesos de hemoglobina e inmoralidad y machacando en el trayecto al padrino de todo ello, Andy Warhol, calificando sus nada complacientes primeras películas underground de insufribles. A ver, era una reacción lógica, al fin y al cabo Ackerman representaba al ayer, al cine fantástico apolillado, los clásicos vetustos e intocables, mientras los responsables de "Carne para Frankenstein" estaban, justo, en el espectro opuesto, la modernidad, además una salpicada de contra cultura, transgresión y provocación, más considerando el bagaje de sus responsables. Warhol abrazando el proyecto, aunque muy de aquella manera, casi más por hacer un favor al verdadero instigador, su pupilo Paul Morrissey, quien co-guioniza y dirige... ¿¿o co-dirige?? Siempre hubo un debate de cuanta fue la implicación del eterno y aplicado artesano Antonio Margheriti en la confección de este film (y el otro con el que va de la mano, "Sangre para Drácula", parido al año siguiente y de idénticas intenciones rupturistas -reseña en breve-) como parte del equipo italiano (de donde también sale el responsable de los efectos especiales, el mítico padre -físico- de "E.T.", Carlo Rambaldi). Unos decían que él era el genuino director y que el resto, cumpliendo con su imagen de ex-undergrounds, vivían en el caos y el hedonismo, sin aplicarse demasiado. Otros aseguraban que allí dirigía hasta el apuntador. Y Morrissey intentando convencer de que era SU obra y Margheriti solo respaldó la filmación de las escenas con trucos, pero nada más. Existe otra versión según la cual el director de "Virus" únicamente prestó su nombre al productor, colega suyo, para poder vender mejor la película. En fin, supongo que jamás sabremos la verdad absoluta pero... ¿a quién demonios importa?.
El doctor Frankenstein anda construyendo los cuerpos apolíneos y perfectos del hombre y la mujer del futuro. Tal es su dedicación, que doña Frankenstein se busca mozos atractivos entre la plebe para que la satisfagan sexualmente. Da la casualidad que el último de ellos era amigo del pobre desgraciado al que Doc decapitó para usar el cabolo como el idem de su criatura. En el momento que esta cobre vida (de manera bastante menos aparatosa a lo que nos tienen acostumbrados) y se encuentre con su ex-amigo, las cosas comenzarán a desmadrarse, mucho y muy sangrantemente, sobre todo porque al pobre mastuerzo ya no le tiraba eso del follamen en vida, y ahora, resurrecto, sigue pensando igual para mayor desespero de su creador.
Forrest J. Ackerman tenía razón en dos cosas, la cantidad de sexo y sangre que rula por los fotogramas de esta pieza -encima, toma marcada de paquete, parida en 3D- es generosa. Casi diría que hay más folli folli que hemoglobina, pero está la cosa bastante equilibrada. Tal vez sea el tremebundo desenlace cuando de verdad necesitaremos un chubasquero, rodado ello además con un gran guiñolesco sentido del espectáculo y el drama exacerbado. A ver, no es que la peli chorree humor (menos que sangre, seguro), pero está claro que tampoco se la tomaron muy en serio, había intención de dotarla de un aire delirante y culebronesco que el espectador más avezado seguramente captará. El resultado, pues hombre, está simpático. No es un peliculón, pero tampoco te aburres demasiado. Dejémoslo en astracanada chispeante, consumible, y estupendo reflejo de las libertades y desprejuicios del cine de aquella década.
En ese sentido, el reparto está a la altura. Un sensacional Udo Kier como desquiciado Barón Von Frankenstein de actitud arrogante e ideas prácticamente nazis. Su esposa, la extraña Monique van Vooren, en cuyo currículum localizamos materia tan variada como un capítulo del "Batman" sesentero, "El Decamerón", "Lesbianismo Asesino" o el "Wall Street" de Oliver Stone (!!!). De la prole resultante destaco a la niña, por fea y malrollera, Nicoletta Elmi, que había intervenido en sendos clásicos del fantástico fetuccini del calibre de "¿Quién la ha visto morir?" u "Orgía de sangre" y lo haría en tantos otros como "Rojo Oscuro", "El medallón ensangrentado" o, sobre todo, "Demons", dando vida a la siniestra acomodadora. Hablando de mujeres, la criatura con vagina, y que se pasa toda la peli en pelotas, es Dalila Di Lazzaro, cuyo bello palmito luciría en unas cuantas pelis para pajeros o en el "Phenomena" (the movie, no the horrible evento) de Dario Argento. El restante reparto viene repleto de segundones extraídos del cine popular ítalo parlante, especialmente mucho "peplum" y no menos "giallos". Sin embargo, sería feo obviar la presencia de Arno Jürging, quien interpreta al "Igor" de r-igor (ejem...) de la película, y lo hace a lo grande, histriónicamente, soltando tremebundas miradas y, sobre todo, sacando lascivamente la lengua viperina o, directamente, lamiendo las recientes cicatrices de la criatura con vagina. Toda una puesta a prueba del estómago de los sufrientes espectadores.
Del clan de los estrictamente Warholianos -director aparte-, rescatamos al guapo pero soso Joe Dallesandro, mostrando hasta el rabo (le vimos de idéntica tesitura en los tres clásicos de Paul Morrissey, "Trash", "Flesh" y "Heat") y en funciones de co-guionista Pat Hackett, quien hizo tres cuartos de lo mismo para Warhol con "Bad", sin embargo, no aparece acreditada. Tampoco el prestigioso Tonino Guerra, guionista de exquisiteces para el esnob medio como "Amarcord", "La Aventura" o "Blow-Up". Supongo que el ego de Paul Morrissey era demasiado grande como para asumir una co-paternidad.

martes, 21 de abril de 2026

TOBIA, EL PERRO MÁS GRANDE DEL MUNDO

Película británica e insultantemente setentera que, basada en la novela de Ted Key "The Biggest Dog In The World", trataba de hacer las delicias de toda la familia contando las aventuras de un perro gigante.
Se trata de un producto de —más o menos— primera fila, con un reparto compuesto de estrellas del cine británico tales como Jim Dale o Norman Rossington, y dirigida por Joseph McGrath, que además de ser uno de los muchos directores del clásico "Casino Royale", se adscribió a la corriente de la "sex comedy" británica al mismo tiempo que se convertía en un artesanal realizador de series de televisión y telefilmes.
El argumento, lógicamente, puesto que se trata de una película infantil, es de lo más sencillo: un centro de investigación de la OTAN acaba de crear una especie de fertilizante que facilitará el crecimiento de plantas y vegetales. Un trabajador se lleva un poco de ese fertilizante a casa cuando, por accidente, su perro (ya de por sí enorme, un pastor inglés) acaba comiéndoselo. Por supuesto, el animal empieza a crecer y, en consecuencia, deambulará por ahí mientras el ejército intenta darle caza, un circo pretende convertirlo en su atracción principal y su dueño, un niño repelente, intenta traerlo a casa y reducirlo a su tamaño normal. También hay un chimpancé que hará las delicias de grandes y chicos.
"Tobia, el perro más grande del mundo" es una de esas películas que aquellos que rondamos (o sobrepasamos) los 50 años de edad recordamos a la perfección. Probablemente fue una de las primeras que alquilé en vídeo (no recuerdo haberla visto en cine) y, sobre todo, pese a lo atractivo del planteamiento fue una película que, con 7 u 8 años que tendría cuando la vi, me dejó frío. Vamos, que no me gustó. Y no he vuelto a verla hasta esta semana, que la recuperé. Vista hoy, con los ojos de un adulto, me gusta más que siendo niño. Creo que es una amable peliculita, entretenida y repleta de transparencias, trucos de cámara y mecanismos para hacer crecer a este maldito perro, y hasta entiendo por qué no trascendió entre la chavalería. Y es que el tono, entonces, resultaba rancio, además de notarse mogollón su procedencia británica, de ritmo más seco y tosco que las películas americanas que se estilaban en la época y a las que estábamos acostumbrados. En definitiva, para un niño es un rollo; para un adulto que la vio de niño es otra cosa.
Su edición videográfica de la época es de una dejadez absoluta: el perrito en la película se llama Digby (aunque a mitad de trama, cuando lo descubre la gente del circo que se lo quiere quedar, comienzan a llamarle Tobías), la narración en off de los créditos dice "Tobías, el perro más grande del mundo", pero incomprensiblemente su carátula tradujo el título como "Tobia", sin la "s" del final y usando una tipografía que hacía parecer a la "i" una "j", por lo que el título resultante aparentaba ser "Tobja, el perro más grande del mundo". Esto no tiene ninguna razón de ser, pero podría deberse a que el doblaje se hizo a partir de una copia italiana (los créditos de la edición ochentera están en italiano) y, quizás, de ahí, un problema de translación. El poster italiano de cine comparte título y tipografía, así que váyanse ustedes a saber.
En definitiva, se trata de un producto infantil entrañable, al que el paso del tiempo ha hecho envejecer de una manera criminal, pero que, con todo, y tal y como están las cosas, se deja ver a las mil perfecciones. Qué de películas de perros había en los setenta, ahora que lo pienso...

sábado, 18 de abril de 2026

SPECTERS

Aunque, paradójicamente, 1987 sea el año en que el terror italiano parió su mejor película, es decir, "Aquarius", es un hecho patente y demostrando que para cuando llegaron los últimos coletazos de la sagrada década, la confección de esa clase de materia, desde aquel punto concreto del planeta, comenzaba a declinar. No hay más que ver qué andaban produciendo los 
-entonces todavía no tan- viejos maestros como Lucio Fulci y su aenémica "Aenigma", Lamberto Bava y su ristra de mortecinos telefilms o Luigi Cozzi y la sosísima "Paganini Horror". Solo Dario Argento mantenía el listón más o menos dignamente... claro que para eso era el niño mimado de la pandi (y contaba con medios solventes, lo que no es una razón, pero ayuda). A toda esta amalgama de cosas olvidables podemos sumar incursiones outsiders como "Pesadillas" de Alessando Capone (reseña en breve) o la que toca hoy, "Specters", de Marcello Avallone (según donde, y por no perder las viejas costumbres, mutado a Mark Vallone), el típico artesano de no muy extensa pero variada filmografía (con la inevitable presencia de comedias picantes y materia pajera en general) que, un par de años después, reincidiría en eso del terror con una cosa inédita para mis sufridos ojos, "Maya".
"Specters", como digo, se diferencia escasamente de la normalidad reinante. Por entonces el fetuccini horror (y, una vez más, descarto acá a Soavi y Argento) se regía, sobre todo, por una extraña estética tirando como a artificial, de karaoke rancio, vídeo-clip de saldo, con preferencia por empaquetarlo todo a base de luces, humo, un rollo así como muy moderno 
-para la época- pero frío y desangelado. A ello sumen un guion.... sin guion. Lo trágico acá es que uno de los -demasiados- responsables es el gran Dardano Sacchetti, que, como el terror que él ayudó a moldear unos años antes, se encontraba ahora en horas bajas de inspiración. También ronda un actor tan socorrido en esos entonces/parajes como Donald Pleasence y los efectos especiales en manos de la nueva superstar del gremio, Sergio Stivaletti. Así las cosas, tenemos unos arqueólogos que, sin comerlo ni beberlo, liberan un monstruo en las catacumbas de la ciudad de Roma (estamos ante una de esas raras películas del género que no ocultan su nacionalidad) dispuesto a cepillarse al reparto según convenga. Para dar algo más de lustre, se sacan la subtrama seudo-romántica entre el ayudante del arqueólogo jefe y una rubia sexy que, entre queja y berrinche (se siente totalmente abandonada por él, hasta el punto de, en pleno follaje, dejarla ahí abierta de piernas, supurante, y salir por patas... un modo como cualquier otro de asegurarte sus atenciones), se dedica a cantar canciones pop y actuar en películas de terror. Así, con la excusa, se marcan un guiño a "La mujer y el monstruo" y aluego otro a "Nosferatu", pero este en formato pesadilla (referenciar a clásicos incunables siempre aporta algo de caché, contribuye a que tu condición de renegado director de una de terror d/huela menos). Llegado el momento, y de modo completamente arbitrario, la churri terminará como "damisela en peligro", lista para ser rescatada. De por medio, pues una criatura de pasable aspecto y sendas muertes más o menos truculentas, pero sin llegar a los excesos de los "golden years".
"Specters" se sitúa en esa nada envidiable lista de películas que ni gustan, ni disgustan. Es completamente prescindible lo que, en el fondo, vendría a ser la peor de las calificaciones posibles. Y por una vez, y en perfecta concordancia con el mondongo, el cartel del siempre magnífico E.Sciotti tampoco brilla especialmente.

sábado, 11 de abril de 2026

EL DRAGÓN DEL LAGO DE FUEGO

Por su naturaleza, y época de lanzamiento, es rematadamente lógico y comprensivo que acudiera raudo al cine a ver "El dragón del lado de fuego". Dicho de otro modo, entonces era un pre-púber totalmente volcado en esa clase de cine fantástico empachado de efectos especiales. El cartel, sendos reportajes en prensa (pal caso "Fotogrumos") y algún posible anuncio televisivo, habían logrado capturar mi atención a niveles obsesivos. Así pues, pasé por taquilla saturado de expectativas y, claro, la decepción resultante fue notoria. "El dragón del lago de fuego" (título patrio, bastante molón para variar, aunque el original sigue superándolo: "Dragonslayer") me aburrió muchísimo. No sabría decir, creo que esperaba mucha más fantasía y espectacularidad y, dentro de un orden, se mantiene bastante sobria y serena, realista en su irrealismo, siendo la ampulosa ambientación medieval lo mejor (incluida cierta atmósfera) y, por supuesto, un dragón de lo más "cool" que a día de hoy se sigue considerando el mejor que ha cruzado una pantalla de cine desde que el tiempo es tiempo. Fueron los chavales de la "Industrial Light & Magic", en pleno apogeo de sus capacidades artesanales, los que se dejaron la salud para darle vida. Y nada que objetar al respecto. Más dudosos son algunos de los trucajes del clímax final, excesivamente pirotécnico y que se carga mucho de lo logrado hasta su llegada. No asesina la película, pero sí la hiere sangrantemente.
Un pueblo asediado por el monstro del título recurre a un mago para que ponga orden. Sin embargo, este palma antes de partir, pasándole el marrón a su joven aprendiz, lo que se traduce no solo en un bonito cuento de hadas, también una historia de madurez y aprendizaje, con el muchacho superando una primigenia arrogancia para ir comportándose de modo más cabal y, de paso, enamorándose de una muchachuela. Se terminará enfrentando a la bestia en su gruta, aunque no logra vencerla... por desgracia... y añado ello porque, siendo una escena muy decente, incluso emocionante, dará pie al segundo, último, pretendidamente épico y más deslucido combate con esos cromas y transparencias que... ¡¡¡urgh!!... ya, claro, era otra época con una tecnología menos eficiente, pero justo para eso existe la contención. Si ves que no llegas, haz como Spielberg y limita tu escualo. De lo contrario, corres el peligro de dar el cante. Y aquí lo dan.
Eran los años en que Disney intentaba modernizarse, incorporando materia algo más adulta, oscura y violenta a sus productos. De ahí que "El dragón del lago de fuego" incluya unos fugaces desnudos (masculino y femenino), algo de violencia, algo de horror y un momento muy llamativo en el que las crías de dragón se papean a una de sus víctimas, bastante gráfico todo ello para los estándares de la compañía del ratón. Tal vez por eso, y el tono más seriote y contenido, le pasó lo mismo que a todas las disneyadas del periodo, y con idénticas intenciones: fracasó. El hostiazo no resultó tan gordo, pero el taquillaje seguía estando por debajo de las expectativas. Mi reacción de entonces, como público potencial, es prueba de ello. Probablemente "El dragón del lago de fuego" se adelantó a su tiempo, porque vista ahora, con canas y tal, me gustó bastante. Es entretenida, visualmente potente y bien facturada en general, salvo por el cacareado clímax. Aún así, aprueba.
Del reparto destaca el entonces debutante Peter McNicol, como aspirante a mago. Es curioso ver cómo su carrera posterior se decantaría más por explotar la vis cómica, incluso físicamente mutó para adaptarse a todos los personajes que le darían cierta popularidad ya entrados los noventa. Parecía otra persona. Dicen las malas lenguas que se avergüenza de su debut y no lo incluye en el currículum. Pues la verdad, no lo entiendo. Desde luego tiene cosas mucho peores. Otra que se desvirgaba en esto del cine era su partenaire, la peculiarmente bella Caitlin Clarke, quien no tendría demasiada suerte el resto de su carrera, y el resto de su vida, ya que murió demasiado joven en 2005. En el lado de los veteranos, Ralph Richardson como mago-jefe y Albert Salmi.
Dirige Matthew Robbins, quien en los años siguientes pariría algunas cosillas más o menos vistosas como la cult-movie "La leyenda de Billie Jean". El único producto "Amblin" de los ochenta que nunca me atrajo, y todavía no he visto, "Nuestros maravillosos aliados". Y una de perritos, "Bingo!". No obstante, donde Robbins ha brillado más ha sido en funciones de guionista. Dan buena cuenta de ello títulos como "Loca evasión" (su conexión con Spielberg), "Señal de alarma" (dirigida, justo, por el coguionista de "El dragón del lado de fuego", Hal Barwood), "Mimic", una primera colaboración con Guillermo Del Toro que le llevaría al horrible remake de "No tengas miedo a la oscuridad" (con Del Toro co-guionizando y produciendo), "La cumbre escarlata" y la reciente versión de "Pinocho" del orondo cineasta mexicano.

martes, 7 de abril de 2026

EL CONTRAGOLPE

Al margen de las películas de Paul Smith y Michael Coby y sus descarados exploits de las de Bud Spencer y Terence Hill, podemos hablar de otro fenómeno estrictamente italiano, que quizás prosperó algo menos a nivel popular, pero convertiría las películas de Spencer + Hill en un género en sí mismo. Me refiero a aquellas similares a las de la pareja europea por antonomasia, en las que otros actores adoptarían los roles que ellos deberían asumir (sin que estos los interpreten ni Paul Smith ni Michael Coby). Para que me entiendan, películas como las de ellos, pero sin ellos (ni sus clones). “Forajidos 77” tendría ramalazos de esto que digo y “Dos primos y un destino”, con Tomas Milian y Renato Pozzetto, pese a ser una cinta más dentro de la saga de "Monnezza", uno de los personajes que popularizaría Milian en su cine, bien podría ser un producto más de los que protagonizaron Spencer y Hill.
Pero el caso que nos ocupa es más flagrante. Y se trata de una gran rareza.
Es una secuela directa del clásico “También los ángeles comen judías”, una comedia ambientada en el Nueva York de los años 30, al igual que su predecesora, que, a pesar de contar con su estreno en salas en Italia e incluso ser exportada a España, pasó inadvertida para el imaginario popular. No sin razón, porque se trata de una de Bud Spencer y Terence Hill sin Bud Spencer ni Terence Hill. Hablo de “El contragolpe” (el título, obviamente, trata de parodiar el del clásico americano “El golpe”) de 1973.
Y es que cuando Enzo Barboni puso en marcha su coproducción ítalo-hispano-americana “También los Ángeles comen judías”, lo que tenía en mente era hacer una película con Bud Spencer y Terence Hill, pero, a causa de problemas burocráticos que venían por parte de la producción estadounidense, se contrató a Spencer, pero no a Hill, por lo que se buscó un sustituto, en este caso Giuliano Gemma, que no había hecho nunca comedia. Así las cosas, se le pidió que, para la ocasión, imitara lo máximo que pudiera el estilo de Terence Hill y, obediente, Gemma así lo hizo.
Barboni rodó su película lo mejor que pudo; sin embargo, poco antes del estreno les advirtió a los productores que no se fliparan, que esto no iba a ser un gran éxito como las películas de “Trinidad”, porque aquí no estaba Terence Hill. Barboni se equivocaba, porque lo cierto es que hizo una de las mejores del subgénero, y Bud Spencer y Giuliano Gemma tenían la química suficiente como para que no se echara de menos a Hill. Hay quien dice que Bud funcionaba mejor con Giuliano que con Terence. Y la película resultó ser un éxito internacional. En España la vieron en el cine casi dos millones de espectadores.
Debido a semejante pepino, todavía caliente, Barboni escribió una secuela para seguir explotando la gallina de los huevos de oro, pero, consciente de la apretada agenda de Bud Spencer, contó con los servicios de Giuliano Gemma, que interpretaría el mismo rol que en la anterior, "Sonny", y escribió un papel para un sustituto de Spencer, que interpretaría el sueco Ricky Bruch, con un físico similar, quizás más mazado, pero espantoso actor en general y, en particular, espantoso imitador de Bud Spencer.
Bruch en realidad no era actor. El año anterior se hizo muy popular en Alemania porque, como atleta de élite, había ganado la medalla de bronce de lanzamiento de disco en las olimpiadas de Múnich, y como el público potencial de las películas de Barboni se encontraba en Alemania, quiso usar al deportista como reclamo. Luego aparecería en un par más de películas, pero su carrera como actor no prosperó más allá de “El contragolpe”.
Asimismo, aunque utiliza a un personaje principal de “También los ángeles comen judías”, el film no tiene continuidad con aquella.
"Sonny" es un tipo muy pobre que sueña con ser gánster. Con malas artes logrará embaucar a un mafioso que le ofrecerá una calle a su cargo en Nueva York, que a su vez está protegida por un tal "Rocky" quien resulta ser el cura del barrio que, además de exboxeador, regenta una destilería clandestina. Se creará un conflicto de intereses que desembocará en enredos y secuencias de peleas al estilo Spencer-Hill.
Esta vez la cosa resultó un fracaso. En España la vieron medio millón de espectadores de la época y ni siquiera tuvo edición en vídeo. La única forma de consumirla hoy es recurriendo a la descarga ilegal de una copia proveniente de su emisión en el canal 8 Madrid.
De título original “Anche gli angeli tirano di destro” (que podría haberse traducido como “También los ángeles se levantan con el pie izquierdo”), y conocida en según qué otros países como “Charlestón”, “El contragolpe” resulta una estupenda comedia de hostias, enredos y situaciones resueltas a base de slapstick y malentendidos que quizás no obtuvo el éxito que merecía porque en realidad es una película de Terence Hill y Bud Spencer en la que ellos no están; es decir, falta el reclamo principal por mucho que Gemma vuelva a interpretar el papel de "Sonny". Y no creo que el gigante sueco, que a buen seguro enviaba los discos que lanzaba al quinto coño, resulte tan atractivo para el público de este tipo de películas como sí lo era Bud Spencer. Por supuesto, no es tan divertida como “También los ángeles comen judías”, pero sí que es estimable y a tener en cuenta.

sábado, 4 de abril de 2026

EL PATRULLERO

Pedro sale de la academia dispuesto a convertirse en el más mejor eficiente patrullero de las carreteras de México. Pronto corrupciones y demás zarandajas rebajarán tan primigenio entusiasmo. Y de eso va la película, del día a día en la vida de este servidor de la ley. Paralelamente presenciamos también el arranque de una relación sentimental, la consiguiente boda, paternidad y puesta de cuernos gracias a los servicios de una prostituta. Una que Pedro pretende sacar de la mala vida, comprometiéndose a mantenerla. Con dos señoras esperándole en sus respectivos hogares, más los correspondientes churumbeles, la película tendría que haberse titulado "El Pringado".
Pero no, se titula "El Patrullero" ("Highway Patrolman" para el mercado internacional), la última obra con cara y ojos de Alex Cox antes de ceder a un encargo Hollywoodiense, hostiarse sonoramente y terminar sus días como profe pariendo películas estudiantiles o cosas de oscura naturaleza. Que, como digo, sea su aportación final a lo que, hasta entonces, era una trayectoria trufada de ciertos títulos hoy considerados de culto, tampoco significa mucho, porque incluso así la mediocridad abundaba.
El cineasta británico cuenta para la ocasión con producción local, tira de cámara tambaleante en sendos planos secuencia, sonido directo algo costroso, se marca un cameo como gringo en un bar de carretera y algunos llamativos instantes de "realismo mágico" que rompen con la mundanez -expresa- de todo ello y aportan esas goticas "autorales" con las que pretende marcar cierta diferencia, aunque el proyecto fuese más el niño mimado del productor y guionista, Lorenzo O'Brien, quien tampoco se dejó las meninges porque, en términos generales, todo responde según sendas fórmulas. Tenemos incluso al compañero del protagonista palmando en manos de narcotraficantes, dando pie así a una venganza cero catártica.
Entre los participantes localizamos a un par de clásicos "Coxistas", el popular actor Miguel Sandoval, aquí encargado del casting, y el bajista de los "Circle Jerks", Zander Schloss, componiendo la banda sonora + la canción de los créditos finales, canturreada por Tito Larriva, antiguo vocalista del grupo punk "The Plugz".
Hay una escena en la que el patrullero llega a casa borracho y encuentra a su suegro dormido frente al televisor donde se emite "Robocop 2", detalle llamativo -y dudo casual- considerando que, como he contado en otras ocasiones, Alex Cox estuvo apunto de dirigir la primera aventura del poli de hojalata, pero en un alarde de patillismo tontaina rechazó por considerar fascista. Semejante mal ojo, y ausencia de imaginación, destruyó la etiqueta de "joven promesa" que la meca del cine la había encasquetado y, película a película, su carrera fue precipitándose directa a los infiernos (guiño, guiño) con "El Patrullero" poniendo (casi) punto y final de manera bastante deslucida, bostezante y olvidable.