lunes, 14 de diciembre de 2020

CAN I DO IT' TILL I NEED GLASSES?

Secuela de “If you don’t stop it… You’ll go blind” bastante más desastrosa y desangelada que aquella, que además se pasa por el forro de las pelotas el fino hilo argumental con el que sí contaba su predecesora, para dar paso a los sketchs impunemente y sin sentido. Aquí directamente se pasa de un chiste a otro, sketchs de entre 30 segundos y 2 minutos, que unas veces funcionan y otras no y que nos muestran, en la mayoría de los casos, desnudos parciales de corte picantón, nunca explícitos, en lo que supondrían los últimos rescoldos del sexploitation de las décadas de los 60 y 70. Asimismo, observo cierta querencia por escenificar chistes de indios y vaqueros durante el grueso de la película.
La gracia del asunto consiste en la demanda judicial que interpuso Robin Williams a los productores; Resulta que, de la criba de chistes filmados, un par de ellos fueron protagonizados por un aspirante a cómico llamado Robin Williams que apenas cobró 150 dólares por un par de escenas en “Can I do it… Hill I need glasses?”. Los chistes de los que se componen sus escenas resultaron tan malos que, en el corte final, no se incluyó ninguno de ellos. En consecuencia a la discreción de la película, esta se estrenó en circuitos marginales sin pena ni gloria, siendo una gota más en el océano.
Poco después, Williams sería el protagonista de la serie “Mork & Mindy” en la que el actor interpretaba a un extraño extraterrestre. Esta serie despegó y, de la noche al día, Williams pasó de ser un completo desconocido a ser una estrella súper famosa. Después de esto, le llovieron las ofertas cinematográficas. Robin Williams pasaría a ser el Popeye cinematográfico o “Un ruso en Nueva York”… y el resto de la historia ya la conocen.
Pasado un tiempo del meteórico éxito del actor, consciente el director y productor de “Can I do it… Till I need glasses?”, I. Robert Levy,  de que, la ahora estrella, Williams, había actuado en un par de escenas desechadas de la película, y meses antes de que se estrenara “Popeye”, deprisa y corriendo buscó en el material descartado las escenas en las que intervenía Robin Williams y, cuando las encontró, realizó un nuevo montaje añadiendo dicho material descartado. Con el nuevo montaje, reestrenó “Can I do it… Till I need glasses?”, sólo que esta vez se anunciaba como el debut cinematográfico de Robin Williams, lo que propició  que la gente corriera al cine a ver una película de Robin Williams donde en realidad este tan solo aparecía un par de minutos.
Por supuesto, Williams se enteró de la estafa y, enfurecido, emprendió acciones legales contra la productora por publicidad engañosa, fallando el juez a favor de Williams y obligando a la producción a retirar todo el material promocional que anunciaba su protagonismo con respecto a la prensa y los futuros pases de televisión. De este modo, tras ese estreno, se realizó un nuevo montaje en el que sí que aparecen las escenas protagonizadas por Robin Williams, pero desaparece el crédito del actor como protagonista, porque efectivamente, Williams intervino en esa película por lo que es lícito mantener sus escenas en la misma, pero, en ningún caso otorgarle el protagonismo si el actor no lo desea. En su lugar, Williams acaba formando parte de la película como si fuera un chiste más de la misma, y aparece el último en los créditos del rodillo final, con una inscripción acompañando a su nombre que reza “… Y por supuesto, Robin Williams”. Este sería el montaje de la película que ha sobrevivido y es el que yo he podido visionar.
Por lo demás, mala, muy mala… dan ganas de quitarla a la mitad, pero aguantamos porque sabemos que de un momento a otro veremos a Robin Williams que, dicho sea de paso, sobreactúa y hace el caricato sin hacer sombra a ninguno de los actores de tercera que le acompañan en esta película.
Por supuesto, I. Robert Levy, no volvió a producir ni dirigir película alguna tras esta.
El cartel americano es muy bonito, pero, sin una sola referencia a Williams en el mismo. Por eso, he preferido ilustrar esta reseña con uno de los italianos, que sí que reaprovecharon la idea de explotar a Robin Williams en la promoción.