
Un grupo de panolis viajan por la India, en eso que a una tipa le pica una araña tamaño pomelo y, ante la desesperación, corren hasta una aldea próxima en la que un yankee vive recluido curando, eso, picaduras de araña. Lo que no saben es que el tiparraco se dedica al contrabando de órganos (de los que tenemos dentro, no los que hacen música) con la ayuda, curiosamente, de los arácnidos (y su misterioso hermano, ataviado con una capucha hecha de ¡¡tela de araña!!).
Lo dicho, la cosa tiene sus limitaciones, especialmente con los efectos especiales de tirón CGI, muy básicos y cutres, pero narrativamente la historia se sostiene, logra mantener el ritmo con bastante solvencia y, esa si es buena, hace gala de algunos decorados y/o escenarios muy guapos, con especial énfasis en la cueva donde habitan los bichos en cuestión, adorados ¡y devorados! por la tribu de turno.
Sencilla, maja, soportable, visible... elige tú.