lunes, 5 de marzo de 2012

Post-apocalípsis mon amour

De siempre me ha gustado la ambientación post-apocalíptica, por ello las películas de zombies, aunque denostadas en la actualidad, son de las que no me suelo perder. Lo mismo puede decirse de guerras nucleares o efectos meteorológicos catastróficos, así como cualquier causa que convierta la superficie de la tierra en un desierto de cenizas, escombros y destrucción. Pero lo dicho, lo POST-apocalíptico me encanta, y recalco “post” en mayúsculas, porque lo que me gusta es lo que ocurre después, no antes ni durante (aunque el durante para pelis de catástrofes mola) La sensación de soledad y a la vez de libertad es lo que más me atrae de la idea. El “no ley, no responsabilidad”, el tener que buscarse las lentejas en sentido literal, lo mismo con armas para la defensa (o ataque), y también la disminución drástica de la población mundial (si, soy un asocial de cojones)

Toda mi afición a estos mundos muertos donde sus habitantes pelean a muerte por un trozo de comida vienen de un comic, de una historia corta inacabada de un Zona 84 o un Creppy. Siendo un imberbe chaval de no más de 12 años, pase un fin de semana en casa de unos primos. Esta era una casita perdida en un monte. Allí uno de mis primos mayores había dejado una pequeña colección de comics y revistas. Entre ellos, y los más ocultos a la vista de los primos menores, estaban los Creppy y Zona 84 de rigor. A la noche cuando todos pensaban que dormíamos, uno de mis primos (de mi misma edad) y yo bajábamos a coger las revistas que no nos dejaban ver de día. Entre sus páginas había aliens femeninas semi-desnudas, robots con curvas femeninas semi-desnudas, vigorosos hombres musculados también semidesnudos, historias de horror y ciencia ficción, pero una historia que ni empezaba ni acababa (debía ser la segunda entrega) es la que me hizo amar locamente los futuros donde todo se ha ido al garete. En sus pocas páginas, se veía a un joven de unos 14 o 15 años que se encuentra solo en una feria abandonada. Todo parece abandonado y la naturaleza ya ha empezado a cubrir todo con hierba y moho. El chaval entra dentro de una de las casetas, y además de encontrar algo para comer también descubre un par de cuerpos putrefactos. El chico decide pasar allí la noche, ya que asi tiene un techo para cubrirle de las inclemencias. A la mañana siguiente un tigre le ataca (no recuerdo si era un tigre o un león) el chaval huye a los arboles, pero allí poco podrá hacer. Luego mis recuerdos se difuminan (mas aun) creo que un elefante sale en ayuda del chaval, pero también recuerdo que el crio se encuentra con otro chaval, este de aspecto indio, aunque ya no se si son recuerdos reales o que he juntado con otra historia.

Hace años localice el numero de la revista donde venia esta historia, y descubrí que estaba inacabada, luego volví a perderlo. Me suena que el dibujante era alguien de talla importante, tipo Richard Corben o similar, pero buscando por la red no acabo de encontrar de lo que hablo. Así que dejo esta pequeña anécdota aquí, no solo para que ustedes sepan de donde me viene la afición por lo post-apocalíptico, sino también para que como alguno de ustedes seguro saben de qué historia hablo, me ilumine y así pueda localizarla (otra vez)