viernes, 6 de septiembre de 2013

Ip Man

Esta producción del 2008 me la habían recomendado mis amigos ya que saben que el género de artes marciales es uno de mis favoritos, pero entre una cosa y otra no la había visto hasta este verano. Se conoce a esta película con el subtitulo de El Maestro de Bruce Lee, pero no es más que una estrategia comercial. Es cierto que Bruce Lee fue uno de sus discípulos, pero ni por asomo entrenar a Lee es lo que define a este hombre, por lo que recalcar esto no es más que publicidad.

Ip Man, que se pronuncia algo así como Yip Man, es un maestro en el arte del Wing Chung. Vive en Foshan, una ciudad del sur de China célebre por sus escuelas de artes marciales. Ip Man no enseña, simplemente pasa el día entrenando y viviendo una vida de lujo y comodidades junto a su mujer e hijo. Es respetado por todos los maestros de la ciudad, ya que saben que es más diestro que cualquiera de ellos. Un día, unos buscabroncas llegan a Foshan decididos a retar a todas las escuelas y así poder abrir la suya propia. Una vez que han derrotado a todos los maestros de la ciudad se enteran de la existencia de Ip Man. Rápidamente irrumpen en su casa y le exigen un combate. Inicialmente el se niega y mas dentro de su casa, no sea que vayan a destrozar los muebles, pero cuando el jefe de la banda empieza a humillarlo, la mujer de Ip Man le da permiso con una simple frase: “No rompáis muchas cosas.” Muy simpático es cuando cae el primer jarrón al suelo y el retador de la pelea le dice que se lo pagara. Lo mismo le dirá cuando se rompa el siguiente ornamento, aunque al final de la pelea no se ve que le abone nada de nada.

Todo es alegría y jauja en la casa de Ip Man, hasta que llega la invasión Japonesa. Todo Foshan queda devastado, la gente se muere de hambre y hay miseria por todos lados. Ip Man y su familia son desahuciados y su palacio será usado por los japoneses como cuartel general. Sumido en la pobreza Ip Man se pondrá a trabajar en una mina para poder llevar algo de comida a su familia. A esa mina suelen acudir los militares japoneses pidiendo voluntarios para luchas contra los soldados japos en duelos de artes marciales. Ip Man no quiere competir, pero al enterarse que un amigo suyo murió en una de esas peleas, decide ir a ver qué ocurre. Al ver como matan cruelmente a un antiguo maestro de Foshan pide luchar contra diez a la vez. En menos de un suspiro derrota brutalmente a los diez, BRU-TAL-MEN-TE. El general japonés que era testigo de los combates decide que quiere volver a ver luchar a Ip Man, y si es posible luchar con él. Algo que ocurrirá al final del filme.

La película respira un tufillo nacionalista chino que por momentos puede ser pelín cantoso, pero bueno, lo mismo hacen los americanos en sus producciones y mira lo bien que funcionan en la taquilla internacional. El gran acierto de la película son las coreografías, dirigidas por el mítico Sammo Hung, y el actor protagonista Donnie Yen, que con su aspecto de hombre de mediana edad se aleja del estereotipo de estas películas, el del joven fibroso y algo inconsciente. Además no se mueve nada mal, aunque casi todos sus golpes se realicen con las manos, y nos con patadas que siempre quedan muy espectaculares. Y aun así, los combates son vibrantes, muy bien resueltos y filmados. Existe una secuela oficial, que ya tengo en cartera para verme en breve, y una tercera parte que no cuenta con los actores y que debe de ser de otra productora. Puede, esto no lo sé fijo, que lo que nos venden como esa tercera parte sea la película que dirigió más o menos por las mismas fechas que esta, el director chino Wong Kar Wai.
Muy buena, muy muy buena.