lunes, 10 de septiembre de 2018

LABERINTO DE PASIONES

“Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón” ópera prima de Almodóvar y, para mí, su mejor película, se programó con éxito en los cines Alphaville de Madrid en las sesiones de madrugada aguantado estóicamente el paso del tiempo y convirtiendo, poco a poco, al director manchego en la leyenda que es hoy. Y es por ese motivo por el que el máximo responsable de esa cadena de cines, Javier de Garcillán, decidió producir la nueva extravagancia del director en tiempos en que conseguir una subvención del ministerio no eran una cosa sencilla.
Así, pidiendo un crédito al banco y completando el importe del presupuesto con aportaciones personales de miembros del equipo, se financió “Laberinto de pasiones”, uno de los films más polémicos y populares de Pedro Almodóvar.
Asimismo, se trata de la primera vez que Almodóvar trabaja con un equipo profesional compuesto de reputados directores de fotografía y técnicos de sonido directo, por lo que supuso un cambio de las formas que a su vez mata un poco el discurso underground que traía con su anterior película. Almodóvar pasó de las sesiones golfas a prestigiosos festivales de cine.
Por otro lado, todo el petardeo que muestra la película, todo ese rollo de la movida madrileña y la trasgresión que pretendía el director y que en la época le valió alguna que otra reseña negativa, a día de hoy cobra mayor interés y es elogiable la valentía que demostró a la hora de romper con los arquetipos del cine español, exponiendo argumentos que  a día de hoy, con esta ola de pacatería, censura e ignorancia que impera en nuestra sociedad en tiempos en los que hacer una canción de protesta te pueden valer la cárcel, resultan edificantes y, en lugar de quedarse anticuados, que es lo que debería pasar, tienen más vigencia que nunca porque, apelando al tópico, “Laberinto de pasiones” es una película que a día de hoy no se podría hacer.
Los desfases homosexuales de Fabio McNamara, el travestismo punk del propio director y, sobre todo, las subtramas que tratan el incesto y la violación desde un punto de vista cómico, vistos  hoy me han resultado delirantes. Por otro lado, escenas improvisadas que se nota que lo están, resultan igualmente interesantes y divertidas.
También, el poco dominio de la narración por parte del director a favor de unas situaciones que ocurren sin más, son al final el punto fuerte de la película. Desmadrada, enloquecida y moderna, poco a poco, Almodóvar fue degenerando hasta pergeñar argumentos muy estándar para un público compuesto de señoras, curiosamente, pertenecientes a generaciones anteriores a la suya.
“Laberinto de pasiones”, entre otras subtramas menores, cuenta la historia del hijo de un jeque árabe que, atraído por el cosmopolitismo de Madrid en los ochenta, se lanza a vivir libremente su homosexualidad, hasta que conoce a Sexilia, la cantante petarda de una formación nuevaolera, ninfómana desde niña, de la cual se enamora.
Por otro lado, tenemos a un anciano que tras ser abandonado por su esposa toma una suerte de afrodisíaco que le pondrá a tono y aprovechará para violar a su hija mientras la trata como si fuera su propia esposa.
También tenemos tres árabes con la misión de encontrar al hijo del jeque, para uno de ellos, en una tarde de ligoteo, toparse con él y enamorarse sin saber de quién se trata.
Tras su estreno la película no resultó ser un bombazo precisamente, convocando poco más de 350.000 espectadores a las salas, pero, de igual modo que “Pepi, Luci Bom y otras chicas del montón”, se tiró en sesiones golfas una ristra de años. No en balde es uno de los títulos más populares de Almodóvar.
Curiosamente, en 1993, cuando el director ya era una estrella a nivel internacional, "Laberinto de pasiones" consiguió estrenarse en Reino Unido, donde permanecía censurada.
En el reparto tenemos a Imanol Arias en el que sería uno de sus primeros papeles relevantes en el cine y del que además decía que le había permitido penetrar en el universo Almodóvar, motivo este por el que estaba plenamente agradecido. Antonio Banderas, sosegado y comedido en su interpretación, debuta como chico Almodóvar para diez años después hacer las Américas y triunfar. Cecilia Roth en un papel muy de Cecilia Roth, anulando muy bien el acento argentino. Luis Ciges follándose a su hija, Marta Fernández Muro, más en su salsa que en una película de José Luis Cuerda y Fabio McNamara llevando el homosexualismo a la caricatura resulta desternillante, si bien ahora, reivindicando a Franco y su ultraderechismo, es aún más desternillante que antaño.
Estos primeros films de Pedro Almodóvar merecen la pena.