Siempre he considerado a Gregg Araki como uno de los mayores oportunistas del "boom indie" de los noventa. Cuando la etiqueta petó, convirtiéndose en una manera establecida de hacer cine, corrió a producir películas que cumpliesen a rajatabla con las expectativas de público y media, alineando en riguroso orden todos y cada uno de sus dogmas, especialmente aquellos referidos a lo que en esos entonces era conocido como "Queer Cinema" ya que Araki era/es gay, uno de tirón combativo (o así se vendía él, claro). Todavía dispuesto a comprarle la moto ingenuamente, acudí al cine para ver "Vivir hasta el fin" que, de tan predecible y acomodaticia como era, me dijo cero. Aunque hubo una experiencia peor, "Nowhere", consumida en el Festival de Sitges. Una auténtica super-paja de un Araki descojonándose en el proceso, cuyo lefazo resultante iba directo a la jeta del personal. Y me parece bien... salvo por el hecho de que la broma se antojaba insufrible. Cuando tocó ver "Doom Generation", la evité. Ya tenía clichado al muchacho y, en fin, apestaba a aquel tipo de "rollo indie" tan de los noventa que detestaba, apoltronado en el efectismo, la violencia "cool", un desarraigo generacional del todo sintético y forzado, rebozado en el cansino "Tarantinismo" que ya todo lo impregnaba. Como decía, una vez más Araki se apuntaba a la tendencia reinante, tanto como para atenuar sus obsesiones homosexuales, remarcando la oportuna y conveniente heterosexualidad del film. Esta vez no piqué. Mi repulsión superaba a mi improbable curiosidad. Y así ha seguido la cosa hasta día de hoy. Nunca jamás vi ni una jodida película más del filmmaker y mucho menos le di una oportunidad a "Doom Generation". Localizarla en vhs como "Maldita Generación" entre la colección de un colega motivó que me replanteara la posibilidad de, por fin, romper con el tabú auto impuesto. He invertido el máximo de paciencia para evitar que mis muchos prejuicios y manías influyeran en el visionado. Ha costado mazo. En los noventa había demasiadas películas "indie" sobre jovenzuelos enfadados que la emprenden a tiros con todo (en lugar de buscar una vía más creativa e individualista... pero claro, eso no vende entradas). Todas artificiosas, desesperadas por llamar la atención a través del impacto y protagonizadas por la clase de chavalada que se consideraba alternativa en los años noventa, una profundamente estúpida (sobre todo porque, por entonces, lo alternativo había caído en las zarpas de las grandes corporaciones, del mainstream, por lo que aquellos que se sumaban asumiendo así una diferencia, únicamente demostraban su simpleza e ignorancia). En fins, vamos allá...
Una pareja de jóvenes desubicados, cabreados y atormentados por sus trifulcas existenciales, se hacen amigos de un tercero como ellos, pero peor, porque este no tiene reparos en matar si es necesario. Y ocurre que el trío protagoniza un homicidio bastante sangriento que les llevará a una eterna huida, carretera mediante, en la que seguirán con sus desmanes asesínicos (© Víctor), casi siempre propiciados por el tercero en discordia. Cuando no matan, follan (llega a oficializarse su condición de trío amoroso), devoran grasiento "fast food", discuten a base de extenso catálogo de tacos variados (con, y no podía ser de otro modo, "fuck" encabezando la lista) o, contrariamente, mantienen estúpidas y elementales charlas profundas sobre el por qué de todo, nada y lo demás.
En contra de "Doom Generation" puedo soltar muchas más cosas de las que ya he soltado, como sus maneras caóticas, la relativa repetición de esquemas narrativos, el que realmente no cuente una historia, sino muestre una sucesión de situaciones, ese "hago cosas raras porque mola, y así soy distinto y más cool" propio del "indie" de la época, sus ansias de transgredir a base de blasfemia y anti-patriotismo tan de manual, etc, etc. Pero también hay cosas buenas. Para comenzar la duración. Agradecidamente escueta. Igualmente, ver en tetas a una joven Rose McGowan como chica mala. Luego, pues cierto sentido del humor más que evidente (en ningún momento Araki se toma en serio su película), una violencia exagerada, truculenta, tan gran guiñolesca que apesta a dibujo animado y, sobre todo, el desenlace, donde adquiere un tono más malrollero, sórdido y medianamente brutal. Eso lo agradecí y ahí se me medio ganó. No obstante, antes de continuar, toca hacer una puntualización.
En su imagen "indie" tan perfectamente milimetrada, Gregg Araki solía mentar al puñetero Jean-Luc Godard como máxima influencia (cineasta al que todos aquellos yankis situados en el supuesto cine independiente, o que pretenden dárselas de artista, citan siempre, tanto que se ha convertido en un cliché). Sin embargo, para "Doom Generation" no fue del gabacho del que más mangó la mariquilla, en realidad eso lo hizo de otro caballero, uno tan asiaticoamericano como él y que responde al nombre de Jon Moritsugu.
Moritsugu llevaba desde finales de los ochenta produciendo cortos y largometrajes desde la más -esta vez sí- genuina independencia (algunos usan el término underground, pero lo considero bastante debatible). Todos a base de mucha locura, caos, colorido (salvo cuando tiraba de blanco y negro), personajes extremos, humor extravagante, violencia y actitud (a Moritsugu se le conoce como "el padrino del cine punk"). ¿Títulos? "Hippy Porn", "Terminal USA", "Fame Whore", "Pig Death Machine" y "My degeneration". ¿Estoy insinuando que Gregg Araki robó de aquel? eeeeh.... no sabría decir, porque eran colegas y tal, pero las conexiones apestufan. Ya no solo por la coincidencia relativa de títulos en sendos casos ("Totally f***ed up" de Araki versus "Mod Fuck Explosion" de Moritsugu), también están el prota de "Doom Generation", actor habitual de Moritsugu (James Duval quien, curiosamente, ha terminado saliendo en las películas de Shawn C. Phillips, véase "Amityville Karen") y, bueno, que la misma "My degeneration" moritsuguiana asoma por una pantalla durante una escena del film de Araki. ¿Honesto? Tal vez. Claro que, después de todo Jon Moritsugu no dejaba de inspirarse en John Waters (+ Godard, oooooobvio es)... y John Waters en ya saben quien, así pues...
El resto del reparto lo componen el guaperillas Johnathon Schaech, quien luego haría algo de carrerilla (era el psycho en "Una noche para morir"), Parker Posey, la famosa "proxeneta de Hollywood" Heidi Fleiss y Perry Farrell de los "Jane´s Adiction". Todo muy "cool".
Una vez el "boom indie" noventero pasó, Gregg Araki comenzó a perder fuelle. Lo normal. Hizo algunas películas más que nadie recuerda y terminó dirigiendo episodios sueltos de series varias (entre ellas ese HORROROSO ABORTO titulado "Monster: the Ed Gein story", por el que deberían colgar a sus máximos responsables). Es lo que tiene apuntarse a una moda, o aprovechar su auge para exprimir la mandarina. Cuando se agota, tu te agotas con ella y, lo que es peor, dejas de ser un "auteur" para convertirte en un mero artesano cumplidor de amplias tragaderas. Le ha pasado a tantos otros, entre ellos Tom DiCillo (¿podríamos añadir a Gus Van Sant y Kevin Smith a la lista? ¡¡juas!!).

