sábado, 26 de septiembre de 2026

EL MARAVILLOSO MUNDO DE LOS HERMANOS GRIMM

¡Ojocuidao, que nos enfrentamos a una de las películas de mi infancia! Lo triste es que siempre me olvido de ella cuando cito mi escuetísima lista de material añejo predilecto. Y debería estar, por dos motivos. Uno, lleva la firma del gran George Pal, a quien debo, esta sí, uno de los títulos estandarte en mi top ten personal, "El tiempo en sus manos", y dos, una recientísima revisión que ha terminado de confirmar lo muy mucho que me gusta.
Parida en 1962 y exhibida -que no rodada- mediante Cinerama, un formato inventado originalmente diez años antes con el fin de combatir al entonces fuerte tirón de la televisión. No son pocos los momentos en los que sus artificies, muy conscientemente, fabrican impactantes secuencias de puro lucimiento para el juguete. Seguro que hubo unos cuantos espectadores echando la pota en los lavabos del cine. Hay quien casi se centra en este aspecto cuando habla de "El maravilloso mundo de los hermanos Grimm" y es algo injusto, porque sí, luce curioso y en ocasiones espectacular, pero por encima quedan sus otros muchos, muchísimos valores, estéticos y narrativos. Básicamente la peli nos cuenta cómo los hermanos Grimm... perdón, comienzo de nuevo, básicamente nos cuenta cómo UNO de los hermanos Grimm, Wilhelm, era continuamente vilipendiado y reprendido por ser un soñador, un niño-adulto obsesionado en recuperar y recolectar en tomos los cuentos populares de la época, al lado de los estudios sesudos y aburridos de su recto hermano. La eterna historieta de cómo la sociedad castiga a aquellos que se niegan a formar parte de su mortecino y frío engranaje. Finalmente, y tras mucho esfuerzo, Wilhelm logrará su sueño y recibirá justos honores (se podría discutir cuanto de "autoral" hay en la simple recolección de narrativas populares... pero no seamos tan quisquillosos, seguro que los Grimm aportaron también creatividad propia al asunto). Todo ello mostrado a base de hermosos escenarios, suntuosa ambientación de época (la diseñadora de vestuario se llevó un merecido Oscar por su labor)... en fin, a las maneras del Hollywood más desatado. No obstante, y aunque esta parte está muy bien y es un rato amena, donde "El maravilloso mundo de los hermanos Grimm" brilla como el diamante es cuando se escenifican, a modo de cortometraje, tres de los cuentos explicados durante la trama, "The Dancing Princess", "The Cobbler and the Elves" y "The Singing Bone" (no oso traducirlos al castellano pues, según he mirado, varían mucho). ¡Ah, amigo! Hablamos de pequeñas obras maestras en sí mismas. ¿Saben lo más chulo de todo? Que mientras las partes situadas en el mundo real las dirige Henry Levin, George Pal se responsabiliza única y exclusivamente de poner en imágenes los cuentos de hadas. Eso dice mucho del gran y viejo Georgie. Y es ahí, en el mundo de la fantasía, donde el talento y la pasión le chorrean, ¿por qué? porque está en su puro y total elemento. ¿Por dónde empiezo? Primero el tono, por supuesto mucho más voluntariamente cómico y un pelo absurdo que el resto del material, con efectos de sonido casi de dibujo animado y unos -efectos- especiales ma-ra-vi-llo-sos. Pura artesanía. Una que no oculta su condición de cartón piedra como parte del "chiste". Destacan en ese sentido el dragón del cuento del final (no podría ser más irreal, sobre todo por ese fuego que escupe a base de puro pincel... y cuyo rugido recicla aquel esputado por los "Morlocks" dos años antes... si no saben de qué hablo, son ustedes indignos) y los duendes de la historia intermedia. ¡¡¡AAAAAAAY!!! ¡¡yo quiero esos muñecos!!. Los adoro. Es mi parte favorita de la peli (y eso que la del dragón también me encandila), la que descorcha escalofríos de emoción en mi espinazo y lágrimas de felicidad (y nostalgia). Sobre todo por la alegre, divertida y pegadiza copla que canturrean. De antología. Me hacía soñar de crío y sigue funcionándome igual de bien (o mejor) a día de hoy, arrugado, sin muelas y camino de la calvicie más cruel. Solo por esa parte merece verse la peli entera, pero no nos engañemos, esto es una DELICIA de principio a fin. Altamente recomendable. Y obligatoria. Si tuviese hijos pequeños que se negaran a ver "El maravilloso mundo de los hermanos Grimm", los ataría a sus respectivas sillas situadas frente al televisor, rematándolo con un buen par de collejas.