martes, 22 de septiembre de 2026

¡OH, CIELOS!

Cuando hoy se habla de Ricardo Franco —sobrino de Jess Franco, para más datos— se habla de una especie de genio maldito, del director de una "obra maestra" como “La buena estrella”, que nos abandonó en trágicas circunstancias menos de un año después de aquella, durante el rodaje de “Lágrimas negras”, la cual dejó inconclusa, siendo completada por Fernando Bauluz en la versión que nos llegó a los cines. Pero la verdad pura es que “La buena estrella” es una película que se mantiene mejor en el recuerdo que en la revisión y que Franco es, más que un genio maldito, un director irregular que efectivamente dejó una de las películas clave del cine español moderno, pero también cosas un tanto bizarras como “Berlín Blues” o, sobre todo, esta “¡Oh, cielos!”, de la que poco se habla por razones obvias. Podría hacer una apuesta alta y no perder cuando afirmo que puede que sea una de las peores comedias del cine español.
Y es que, exhausto tras el trabajo que le había costado a Franco desarrollar el documental “Después de tantos años” (que no es otra cosa que una secuela de “El desencanto”), contando la vida de los Panero, decidió abordar su siguiente trabajo con ligereza y, en vez de meterse en una cosa complicada, se atreve con una comedia, como si fuera este un género fácil y que pudiera abordar cualquiera. Asimismo, lo tenía bastante fácil porque el guion de “¡Oh, cielos!” venía firmado nada menos que por genios de la escritura de comedia de los 90 como puedan ser Yolanda García Serrano, Joaquín Oristrell y Juan Luis Iborra.
Con esa ligereza y con un reparto encabezado por El Gran Wyoming, Ana Álvarez y Jesús Bonilla, se rueda un disparate de bajísimo presupuesto, sin pies ni cabeza, que encima explota un argumento de lo más manido, como es el del tipo muerto de manera accidental que llega al cielo y allí le devuelven a la tierra para que complete algún fin noble (sin ir más lejos, lo mismo que en “Tal para cual”). Así, tenemos a un rudo publicista traumado por el abandono de su mujer, junto a la que obtenía excelentes resultados en la empresa para la que trabaja, que es asesinado de un tiro por un antiguo compañero al que había estafado. De esta manera, llega al cielo y allí dios le devuelve a la tierra a cambio de que realice una campaña a favor de los valores de la familia tradicional. Del mismo modo se sucederán las (supuestas) situaciones cómicas que harán al público pasar un rato “divertido”.
El desasosiego que supone sentarse frente a esta película es difícil de explicar. No solo es ampliamente aburrida, sino que además está rodada con total torpeza y no se entiende nada en un argumento que, en principio, es más sencillo que el mecanismo de un peine. Un horror. Como película, la nada más absoluta.
Puntos positivos: El Gran Wyoming, Jesús Bonilla e incluso Ana Álvarez están todos bastante bien en sus roles, no hay malas interpretaciones y, en general, se limitan a hacer lo suyo con solvencia. Les secundan Ángel de Andrés -mejor que en el “Taxi” de Carlos Saura, donde estaba terrible-, Angela Molina y Santiago Ramos. Todos cumplen con corrección. Además, supone la última intervención de Rafaela Aparicio en una película, que, sentada en un trono, interpreta a dios como solo podía interpretarlo Rafaela Aparicio, después de más de un centenar de papeles para el cine y no sé cuántos para el teatro. Quedó su intervención cómica como legado, abandonándonos poco después, en 1996, a los 90 años de edad, víctima de una trombosis cerebral que se llevó a una de las más grandes actrices de la historia del cine español y a una de las más destacadas cómicas.
Entonces, si a nivel actoral el film que nos ocupa está bien, ¿qué es lo que falla? Absolutamente todo lo demás, esto es, guion, dirección, cinematografía, banda sonora, si me apuran, las partes dobladas, ritmo, planificación, títulos de crédito e incluso la canción inicial interpretada por el propio Wyoming, donde él, que no sabe cantar como ya demostró con su disco junto al Maestro Reverendo, se marca una tonadilla que tampoco funciona. Un desastre.
La poca crítica que se dignó en prestar atención a "¡Oh, cielos!" se cebó con Ricardo Franco, que hasta entonces era un director del montón y tampoco muy destacable. Pero esto fue un revulsivo para que, en menos de un año, se pusiera manos a la obra con la película por la que será recordado, que, como ya he dicho antes, es la cuestionable “La buena estrella”, todo un éxito de crítica y público.
Como era de suponer, la reseñada resultó un fracaso en salas, con poco más de 50.000 espectadores, según el Ministerio de Cultura (muchos me parecen). Fue distribuida por "Columbia Pictures" en salas y en vídeo de alquiler lo hizo a través de "Columbia TriStar Home Video". Material de "major". Sin embargo, cuando años después fue editada en DVD para su venta directa, fue "Filmax" quien se encargó de una edición que, con suerte y si les interesa, podrán encontrar en algún portal de venta de películas de segunda mano.