Aquel fue un sábado intensamente lluvioso, lo que me condenó a un enclaustramiento total y el visionado de hasta tres películas en busca de la más desesperada evasión. Vi "Indiana Jones y el dial del destino", "Hellboy: El hombre retorcido" y "Campamento Sangriento 3". La primera sabía que cumpliría su función, y cumplió (me gusta más incluso que la previa, la de la calavera de cristal), la segunda fue un varapalo de tres pares de cojones que ni terminé y la tercera... reconozco que la puse ya entrada la medianoche con el fin de coger el sueño. Paradójicamente, acabé consumiéndola entera y fue la que me gustó más de la extensa velada. No digo que sea mejor que la del arqueólogo del látigo, pero, no sé, creo que su procedencia del año 1989, su brutal honestidad y ese look de cine-cine, sin la frialdad digital hoy día como parte de la norma, contribuyeron.
A estas alturas no es necesario entrar mucho en detalles. Hablamos de la tercera entrega de la saga "cult" de slashers segundones "Sleepaway Camp", con una ensalada de títulos (o, mejor dicho, de numeraciones) algo liosa. Hablé de todo ello cuando reseñé la primera, la fundacional. Luego vinieron la productora "Double Helix", el director Michael A. Simpson y la actriz Pamela Springteen (siiii, hermana de...) y se sacaron dos entregas más de la manga, rodadas back-to-back en un periodo de seis semanas. Sobre la segunda ya di la brasa cuando fue de menester, "Campamento Sangriento" (e, insisto, que no lleve el 2 tras el título tiene su explicación), a esta tercera la mencioné de pasada tras fracasar en un primer intento de deglutirla. Iba siendo hora de darle un segundo muerdo.
La famosa asesina "trans" (¿¿se consideraría hoy ofensivo??) Angela se carga a la monitora de un campamento. Haciéndose pasar por ella, acude al susodicho donde formará parte de un "experimento social". Por un lado están los campistas pijos, y por otro los menos favorecidos. Naturalmente, estos responden a una serie de estereotipos exagerados, casi de dibujo animado, un rato graciosos. No hace falta decir que, aprovechando una acampada bosquil, Angela se los irá cepillando uno a uno, en riguroso orden, sin considerar clase social pero sí maneras (el motivador homicida de la muchacha sigue siendo su recta moral, solo que, en ocasiones, se pasa de exigente)
Es muy evidente que Michael A. Simpson y la "Double Helix" abordaron "Sleepaway Camp 3: Teenage Wasteland" a piñón, asaco, sin plantearse ofrecer mucho más allá de los mínimos requeridos. El mismo director reconoce la escasez de tiempo para todo y su preferencia por la entrega previa. "Campamento sangriento 3" es tosca, cutrona, elemental como ella sola y tira de diálogos de mierda... pero hay muchas tetas (nada más comenzar vemos dos, y luego tenemos las increíbles perlas de Stacie Lambert, actriz que no volvería a rodar nada más) y no menos asesinatos. Eso sí, poco sucosos. Por desgracia, la censura metió mano, a lo bestia, llevándose por delante material gráfico y truculento. Era una práctica muy común entonces, ya terminando los ochenta y con los temibles noventa a la vuelta de la esquina. Sin embargo, y eso no dice nada bueno de mí, actualmente lo percibo hasta como entrañable.
La ausencia de chicha -es decir, la razón de ser de un slasher- contribuye a incrementar la sensación de que la peli se hizo por hacer. De que el equipo responsable no estaba para puñetas. Había prisa y, total, aquello era basura. Ellos lo sabían, la futura audiencia lo sabía... ¿para qué complicarse? Déjate de florituras y pijadas, julai. Todo hace suponer, pues, que estamos ante una sagrada puta mierda sin el más mínimo elemento redentor. Y no vale la pena ni verla. Mmmmmh... sí, pero no.
Ese escaso interés de sus autores acaba beneficiándola porque, al no molestarse en humanizar a los personajes, ni sorprender con giros, ni, por supuesto, abusar de guiños a los clásicos añejos (salvo una graciosa cita de manual a Jason / "Viernes 13". Angela encuentra una máscara de hockey y, cuando alguien le pregunta de dónde la ha sacado, exclama "De una cloaca"), dicho de otro modo, al no currárselo ni unos mínimos, pues les sale un slasher en el que, cuando se mata, no importa si está justificado o no, si la víctima lo merecía o no, si era buena gente o no, o si era un padre en busca de venganza por la muerte de su hijo en la peli previa, cosa que, por norma, se incluiría en el guion con la intención de sacarle alguna clase de jugo narrativo. ¡¡Pa un personaje con enjundia que hay!!. Pos no, hija. Ni eso.
Alguien se quejaba en redes porque, decía el infeliz, Angela mataba a "campistas majos". Nos han acostumbrado demasiado a que en los slashers modernos las víctimas sean tan irritantes y gilipollas que casi celebremos su muerte (ejemplo: "Black Friday"). Pero en 1989 eso todavía no pasaba. Y menos en manos de unos mercenarios del cine. Así pues, a lo tonto, se podía decir que "Campamento Sangriento 3" "sorprende". O, cuanto menos, no nos resulta tan previsible y monótona. Eso es bueno.
Cumplida la papeleta, Michael A. Simpson continuó su errática trayectoria hasta que dejó la dirección para ejercer solo en producción, y la cosa le fue mejor (podemos ver su nombre como tal en "Corazón Rebelde" o "El caso Heineken", ambas muy buenas). Pamela Springteen hizo una película más, una comedia que nadie recuerda, y dejó la interpretación para convertirse en fotógrafa de músicos (vamos, que aceptó el enchufe de su hermano). Es por ello que nunca llegaría a protagonizar el "Sleepaway Camp 4" que "Double Helix" estaba decidida a facturar (en la que tampoco iba a intervenir el director de las dos previas). Rodó algunas escenas de prueba y se fue a la quiebra, dejando el asunto en ascuas. Años después, ya con el fandom descontrolado (especialmente el dedicado a la franquicia en cuestión. Tanto es así que dispone de hasta dos páginas web oficiales) alguien se hizo con el material y contrató nada menos que al temible Dustin Ferguson para que, montaje mediante, y a base de reciclar escenas de las entregas precedentes, se cascara un largometraje con todo ello. Uno del que nadie dice nada bonito.
Finalmente existió otro "Sleepaway Camp 4", con parte del equipo original -incluido director y la auténtica Angela, Felissa Rose- que ignoraba las secuelas. Fue una decepción tocha para los devotos. También entonces Simpson se planteó parir tardíamente una nueva dosis de SU porción de la saga, adentrándose en terreno sobrenatural. Pero de ello únicamente quedó la intención. Que extraño e incomprensible es todo este mamoneo en torno a los "Sleepaway Camp", oiga.
Volviendo a la tercera parte, cabe mencionar que, en su condición de producto desalmado y crematístico, dispuesto a complacer sin cansarse demasiado los más bajos instintos de su público teenager, tiran de lo facilón trufando la banda sonora a base de heavy metal cutre. No niego que queda de lo más chulo.
En el reparto destacan algunas caras curiosas (de las tetas ya he hablado) Comenzando por una bien fea, Michael J. Pollard quien, a pesar de ello, y su ya edad considerable (seguramente la mía), se enrolla con la campista de ubres bonitas (tal vez fuese ello un guiño al tono vicioso del "Sleepaway Camp" original, en el que también teníamos a una jovencita pirrándose por los huesos de un vejestorio, aunque allí nunca pasaban a la acción) Le sigue, en el terreno de los veteranos, Sandra Dorsey. Estuvo en "Grizzly", la del setentero oso encabronado, y sus últimas dos películas las firmaban nada menos que los hermanos Farrelly (anda que no debe molar formar parte del rodaje de una producción medianamente mainstream, y descubrir que el actor o actriz entrado/a en años de al lado participó siendo joven en sendas y oscuras películas "cult") Centrándonos en el reparto de menor edad, destaca Kim Wall, quien hizo algo de carrerilla posterior, podemos verla -por los pelos- en "La niebla" de Stephen King o "American Pie: El reencuentro", donde se marca un rol algo más destacado.
A la hora de elegir una imagen ilustrativa, en lugar de echar mano de la caratula yanki, muy llamativa ella, preferí rescatar la española en su edición para DVD -nunca la hubo en VHS- por lo feísima que era. Al final resultaron ser dos.... ambas idénticamente horribles. Imposible resistirse a colarlas juntitas. Menudo país el nuestro, amigos.
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sábado, 28 de diciembre de 2024
sábado, 2 de noviembre de 2024
STREAM
Lo más llamativo de "Stream" no está ni en su trama, ni su acabado, ni nada que afecte a lo que nos cuenta y cómo. Está detrás de las cámaras. Bueno, y delante si hablamos del reparto. Resulta que muchas de las cabezas pensantes responsables de la actualmente más que popular saga "Terrifier" andan metidos en "Stream". El primer cartel que vi de la interfecta no lo anunciaba, y me extrañó. En otros tiempos, pensé, semejante dato se habría explotado hasta la indecencia. Incluso algún distribuidor desalmado habría estrenado "Stream" como un improbable "Terrifier 4: La nueva generación" o algo así. No obstante, luego tuve acceso a otro cartel donde, esta vez sí, se destacaba alto y claro. Damien Leone y Phil Falcone, máximos culpables de las aventuras del payaso asesino, co-producen "Stream". Además, el primero se encarga de los efectos especiales y el segundo se marca un cameo. Por si fuera poco, el hombre que da vida al clown diabólico "Art", David Howard Thornton, interviene como actor, básicamente haciendo el mismo personaje, solo que cambiando el maquillaje por una máscara (y no es el único intérprete reciclado). ¿Algo más? ¡seh! las escenas gore de "Stream" -menor en cantidad, igual de brutales- se parecen mucho, demasiado -incluidos efectos sonoros-, a las de la saga "terrifieante", en concreto una donde a un infeliz le machacan la faz de mala manera. Y, finalmente, la coincidencia de factores que mola menos: igual que "Terrifier 2 y 3", "Stream" es más larga de lo que exige su naturaleza, dos horacas del demonio.
El segundo aspecto llamativo, como decía, lo localizamos en su reparto (Thornton, y otros rostros segundones de la "terrifier family", aparte) Una auténtica galería de "viejos" astros habituales del género (o el cine "cult" en general) y, actualmente, carne de "Con". No falta casi nadie y algunos van apareciendo a modo de cameo para solaz del paciente aficionado medio. La lista es sabrosa: Jeffrey Combs como sobreactuado y algo histriónico villano. Una Danielle Harris a la que cuesta tragarse como pareja de un hombre bastante más mayor y mamá de una adolescente (por cierto, si no lo digo reviento: esta resulta especialmente detestable e irritante. La típica chavala encabronada que, además de inútil vistos los resultados de su intervención, gasta una caracaballo que no encaja en su supuesto rol de chica mona) Tim Reid (quien anduvo por el "It" televisivo), Dee Wallace, Tony Todd (aunque figura en los créditos iniciales, no sale hasta el final... y poco), Mark Holton (has visto su rechoncha carita en "La gran aventura de Pee-Wee", "Teen Wolf" o el primer "Leprechaun", casi siempre dando vida al gordito gruñón o graciosete, depende), Daniel Roebuck (otro "fatso" entrañable de los ochenta. Estuvo en "Proyecto X" o "Los tachuelas". Justo, puedes presenciar su brutal fenecimiento en el tercer "Terrifier"), Felissa Rose interpretando a su esposa, Terry Alexander (uno de los pocos supervivientes en "El día de los muertos") y Bob Adrian, quien ha intervenido en varios títulos bien reconocidos, pero lo destaco porque también sale en "Rap Sucks", video-roña del inefable Bill Zebub. Se incluye una especie de secuencia poscréditos situada en el vestíbulo de un cine (lo que permite la coña extra de colar un póster de "Terrifier 3"), en la que intervienen Bill Moseley, Terry Kiser (cadáver en "Este muerto está muy vivo", médico perverso en el séptimo "Viernes 13") y un ilustre -oculto tras careta-, nada menos que Tim Curry quien, además, se vende como un aspirante a nuevo villano icónico, "Lockwood" (la cuenta de "Stream" en Instagram ya garantiza su condición de franquicia), y suelta un/a chiste/guinda muy gracioso/a aclarando que "¡No soy un payaso!".
Bien, dejen que coja aire. Dicho ello, ¿y el resto, la película en sí misma? Bueno, pues, durando como dura esas dos excesivas horas, la primera se hace un pelo coñazo pero la segunda arregla el desaguisado, siendo bastante más amena e intensa. Además, incluye una muerte muy simpática, hasta original (la del "tres en raya". No diré más). Y sí, la sensación que deja es la de un producto regulero, pero no del todo fallido y medianamente consumible si le pones ganas.
La historia vendría a ser una mezcla de "La purga" con "Hostel", "31", "Habitación sin salida" y alguna más del estilo. Una familia se instala en un hotel que resultará ser el escenario destinado a retransmitir online una especie de cacería humana perpetrada por -supuestos- asesinos "cool". Toca sobrevivir y bla, bla.
Dirige Michael Leavy (quien se marca un papelito como encargado de mantenimiento) y su hermano, Jason Leavy, se medio responsabiliza del guion y da vida a uno de los villanos (estaba también en las dos secuelas de "Terrifier", por supuesto)
El segundo aspecto llamativo, como decía, lo localizamos en su reparto (Thornton, y otros rostros segundones de la "terrifier family", aparte) Una auténtica galería de "viejos" astros habituales del género (o el cine "cult" en general) y, actualmente, carne de "Con". No falta casi nadie y algunos van apareciendo a modo de cameo para solaz del paciente aficionado medio. La lista es sabrosa: Jeffrey Combs como sobreactuado y algo histriónico villano. Una Danielle Harris a la que cuesta tragarse como pareja de un hombre bastante más mayor y mamá de una adolescente (por cierto, si no lo digo reviento: esta resulta especialmente detestable e irritante. La típica chavala encabronada que, además de inútil vistos los resultados de su intervención, gasta una caracaballo que no encaja en su supuesto rol de chica mona) Tim Reid (quien anduvo por el "It" televisivo), Dee Wallace, Tony Todd (aunque figura en los créditos iniciales, no sale hasta el final... y poco), Mark Holton (has visto su rechoncha carita en "La gran aventura de Pee-Wee", "Teen Wolf" o el primer "Leprechaun", casi siempre dando vida al gordito gruñón o graciosete, depende), Daniel Roebuck (otro "fatso" entrañable de los ochenta. Estuvo en "Proyecto X" o "Los tachuelas". Justo, puedes presenciar su brutal fenecimiento en el tercer "Terrifier"), Felissa Rose interpretando a su esposa, Terry Alexander (uno de los pocos supervivientes en "El día de los muertos") y Bob Adrian, quien ha intervenido en varios títulos bien reconocidos, pero lo destaco porque también sale en "Rap Sucks", video-roña del inefable Bill Zebub. Se incluye una especie de secuencia poscréditos situada en el vestíbulo de un cine (lo que permite la coña extra de colar un póster de "Terrifier 3"), en la que intervienen Bill Moseley, Terry Kiser (cadáver en "Este muerto está muy vivo", médico perverso en el séptimo "Viernes 13") y un ilustre -oculto tras careta-, nada menos que Tim Curry quien, además, se vende como un aspirante a nuevo villano icónico, "Lockwood" (la cuenta de "Stream" en Instagram ya garantiza su condición de franquicia), y suelta un/a chiste/guinda muy gracioso/a aclarando que "¡No soy un payaso!".
Bien, dejen que coja aire. Dicho ello, ¿y el resto, la película en sí misma? Bueno, pues, durando como dura esas dos excesivas horas, la primera se hace un pelo coñazo pero la segunda arregla el desaguisado, siendo bastante más amena e intensa. Además, incluye una muerte muy simpática, hasta original (la del "tres en raya". No diré más). Y sí, la sensación que deja es la de un producto regulero, pero no del todo fallido y medianamente consumible si le pones ganas.
La historia vendría a ser una mezcla de "La purga" con "Hostel", "31", "Habitación sin salida" y alguna más del estilo. Una familia se instala en un hotel que resultará ser el escenario destinado a retransmitir online una especie de cacería humana perpetrada por -supuestos- asesinos "cool". Toca sobrevivir y bla, bla.
Dirige Michael Leavy (quien se marca un papelito como encargado de mantenimiento) y su hermano, Jason Leavy, se medio responsabiliza del guion y da vida a uno de los villanos (estaba también en las dos secuelas de "Terrifier", por supuesto)
domingo, 4 de febrero de 2018
VICTOR CROWLEY (HATCHET 4)
Siempre digo que el cine de terror empeoró en el momento que los auténticos fans del mismo sustituyeron a los artesanos en la silla del director. Generalmente es una afirmación que sigo considerando válida... aunque hay leves excepciones. Tal vez Adam Green se encuentre entre ellas. No es que su cine sea la repanocha, pero al menos tampoco ofende. Hay amor en lo que hace y cierto distanciamiento, sin llegar a la arrogante superioridad de un Tarantino/Rodriguez.
El año 2006 Green debuta en el campo del horror con "Hatchet", que se anuncia como un regreso a las maneras de la vieja escuela. Eslogan lastrado por un exceso de humor y un gore que de tan exagerado resulta totalmente irreal, características estas nada comunes a ese supuesto terror añejo. No obstante, la peli, que retoma los esquemas del slasher de toda la vida cambiando el tono aséptico general propio de "Scream" y consortes por uno más visceral, y un asesino monstruoso, deforme y todopoderoso como los de antes (no en balde interpretado por Kane Hodder, el "Jason Voorhees" más popular), está simpática y convence. Tanto como para parir una secuela en 2010 y una tercera entrega pasados tres años en la que Green se aleja de su rol como director para escribir y producir ejecutivamente.
Con el tiempo "Hatchet" y su psycho-killer protagonista, Victor Crowley, habían logrado granjearse un mini-culto suficiente como para animar a Adam Green a lanzarse con una cuarta parte superada ya una década desde la original, y estrenarla sin anuncio previo, ni aviso alguno, cosa esta que dado cómo anda el patio está muy bien y se agradece (y cada vez se impone más). En ella, el cineasta retoma el puesto de director/guionista y cambia el título, en lugar de "Hatchet 4" tenemos "Victor Crowley".
No hace ninguna falta haber visto las otras para consumir esta, ya que, primero, te hacen un estupendo resumen al principio y, segundo, esquemáticamente sigue siendo un slasher sin mayores complicaciones. El superviviente de la última masacre es convencido por su agente para volver al pantano donde todo ocurrió junto a un equipo de televisión. Van en un avión privado que se estrellará justo donde no debe. Muy cerca, andan unos chavales que quieren rodar un trailer con el que convencer a posibles inversores de que Victor Crowley es buen tema para un largometraje (estos detalles destinados a los auténticos devotos son los que me molan de Adam Green). A través de un móvil, alguien recitará el conjuro vudú que hará regresar a Crowley de la tumba y emprenderla a hachazos, y lo que haga falta, con todo el reparto, que intentará resistir recluyéndose en los restos del avión.
Como suele pasar con todas las películas de la saga, esta arranca muy bien, de modo harto interesante y entretenido, pero en cuanto se planta en la parte puramente slasher, la cosa comienza a tambalearse. A veces más, a veces menos. En "Victor Crowley" ese tambaleo es soportable, el ritmo flojea pero no decae, y el conjunto se lleva bastante bien. La parte de comedia es especialmente visible en el primer tramo, donde llegué a reírme a carcajadas con el modo en que el piloto del avión se comunica con los pasajeros. Y, por supuesto, tampoco falta el gore, tan extremo como gran guiñolesco, hay muertes realmente brutas que contrastan con otras menos gráficas. Es irónico que, teniendo en cuenta toda la sangre que presencié durante el visionado, el único fallecimiento que de verdad me afectó, por su dureza y realismo, es uno sin gota de hemoglobina, pero sí mucha agua.
Otro de los aspectos comunes de la saga son los cameos o los pequeños papeles reservados para "viejas glorias" asociadas a los clásicos modernos del cine fantástico. Dada la inmensa galería que en ese sentido sumaban los castings de los tres primeros "Hatchet", para esta ocasión había menos donde rascar, pero algo hay: Felissa Rose de "Sleepaway Camp", la scream queen Tiffany Shepis y Tyler Mane (el "Michael Myers" de Rob Zombie) son los más evidentes. Cameo también para el propio Green y su querido perro.
El cortante final es cojonudo, así como la canión de "Ignitor" que suena durante los créditos.
"Victor Crowley" está dedicada a Wes Craven y George A. Romero. Bonito gesto de cuya sinceridad no dudo viniendo de quien viene.
El año 2006 Green debuta en el campo del horror con "Hatchet", que se anuncia como un regreso a las maneras de la vieja escuela. Eslogan lastrado por un exceso de humor y un gore que de tan exagerado resulta totalmente irreal, características estas nada comunes a ese supuesto terror añejo. No obstante, la peli, que retoma los esquemas del slasher de toda la vida cambiando el tono aséptico general propio de "Scream" y consortes por uno más visceral, y un asesino monstruoso, deforme y todopoderoso como los de antes (no en balde interpretado por Kane Hodder, el "Jason Voorhees" más popular), está simpática y convence. Tanto como para parir una secuela en 2010 y una tercera entrega pasados tres años en la que Green se aleja de su rol como director para escribir y producir ejecutivamente.
Con el tiempo "Hatchet" y su psycho-killer protagonista, Victor Crowley, habían logrado granjearse un mini-culto suficiente como para animar a Adam Green a lanzarse con una cuarta parte superada ya una década desde la original, y estrenarla sin anuncio previo, ni aviso alguno, cosa esta que dado cómo anda el patio está muy bien y se agradece (y cada vez se impone más). En ella, el cineasta retoma el puesto de director/guionista y cambia el título, en lugar de "Hatchet 4" tenemos "Victor Crowley".
No hace ninguna falta haber visto las otras para consumir esta, ya que, primero, te hacen un estupendo resumen al principio y, segundo, esquemáticamente sigue siendo un slasher sin mayores complicaciones. El superviviente de la última masacre es convencido por su agente para volver al pantano donde todo ocurrió junto a un equipo de televisión. Van en un avión privado que se estrellará justo donde no debe. Muy cerca, andan unos chavales que quieren rodar un trailer con el que convencer a posibles inversores de que Victor Crowley es buen tema para un largometraje (estos detalles destinados a los auténticos devotos son los que me molan de Adam Green). A través de un móvil, alguien recitará el conjuro vudú que hará regresar a Crowley de la tumba y emprenderla a hachazos, y lo que haga falta, con todo el reparto, que intentará resistir recluyéndose en los restos del avión.
Como suele pasar con todas las películas de la saga, esta arranca muy bien, de modo harto interesante y entretenido, pero en cuanto se planta en la parte puramente slasher, la cosa comienza a tambalearse. A veces más, a veces menos. En "Victor Crowley" ese tambaleo es soportable, el ritmo flojea pero no decae, y el conjunto se lleva bastante bien. La parte de comedia es especialmente visible en el primer tramo, donde llegué a reírme a carcajadas con el modo en que el piloto del avión se comunica con los pasajeros. Y, por supuesto, tampoco falta el gore, tan extremo como gran guiñolesco, hay muertes realmente brutas que contrastan con otras menos gráficas. Es irónico que, teniendo en cuenta toda la sangre que presencié durante el visionado, el único fallecimiento que de verdad me afectó, por su dureza y realismo, es uno sin gota de hemoglobina, pero sí mucha agua.
Otro de los aspectos comunes de la saga son los cameos o los pequeños papeles reservados para "viejas glorias" asociadas a los clásicos modernos del cine fantástico. Dada la inmensa galería que en ese sentido sumaban los castings de los tres primeros "Hatchet", para esta ocasión había menos donde rascar, pero algo hay: Felissa Rose de "Sleepaway Camp", la scream queen Tiffany Shepis y Tyler Mane (el "Michael Myers" de Rob Zombie) son los más evidentes. Cameo también para el propio Green y su querido perro.
El cortante final es cojonudo, así como la canión de "Ignitor" que suena durante los créditos.
"Victor Crowley" está dedicada a Wes Craven y George A. Romero. Bonito gesto de cuya sinceridad no dudo viniendo de quien viene.
domingo, 9 de junio de 2013
SLEEPAWAY CAMP
En cierto modo, puedo comprender el tremebundo culto que arrastra este pequeño "slasher" de los primeros ochentas. Seguramente ello se deba a varios factores razonablemente atípicos -sobre todo en aquella época- para un film de estas características: de entrada, su chocante desenlace (que no citaré por si alguno de ustedes no la ha visto y lo pretende). Luego, el curioso detalle de que los chavales que aparecen, una manada, lo son de verdad, nada de treintañeros fingiendo ser adolescentes, en "Sleepaway Camp" un niño ES un niño. También tiene gracia todo su extraño trasfondo sexual, pervertido diría yo, con ese cocinero pederasta, el hecho de que una de las monitoras se quiera beneficiar al jefe del campamento, un tipo bien viejo y bien feo y todo lo relacionado con el origen del inevitable asesino de la función, destacando la secuencia en la que, siendo crío, espía a su padre liándose con otro hombre.
OK, asumido ello, veamos ahora por qué ni tan siquiera con elementos tan llamativos, "Sleepaway Camp" logra alcanzar la etiqueta de buena. Que es aburrida y lenta ya lo damos por hecho y lo aceptamos. ¡¡Se trata de un "slasher", carayo!!. Lo malo es que, en este caso, parece más un telefilm sobre amoríos adolescentes en un campamento veraniego que una peli de terror propiamente dicha. Carece totalmente de atmósfera, de nada que parezca medianamente inquietante. Por no haber, no hay ni sustos. Es un culebrón en el que, de vez en cuando, matan a alguien. Estéticamente es de lo más mortecina, los diálogos son genuinamente idiotas y los actores muy negados... y para que yo me dé cuenta, es que han de serlo mucho, mucho. Aunque el verdadero talón de aquiles (si dejamos de lado el inexplicable bigote evidentemente falso del sheriff) es su falta de violencia y tetas. Lo segundo se comprende por la edad de la mayoría del reparto, y lo compensa esa tendencia seudo-sexual retorcida de la que hablaba antes. Lo primero es imperdonable, y más teniendo al gran Ed French encargándose de los efectos de maquillaje y látex. Resulta que el asesino deja cadáveres muy bien resueltos técnicamente, muy chanantes, pero el cómo alcanzan ese estado es algo que queda muy lejos de molar. En general los asesinatos son sosillos, el único realmente salvaje (una penetración vaginal con un secador de pelo... o eso ha entendido mi enferma mente) se medio-ve entre sombras y poca cosa más. Resumiendo, "Sleepaway Camp" es muy mala, muy tosca, cutre y palurda, pero la salvan, por los pelos de los pelísimos, esos pequeños elementos atípicos y que, bueno, al fin y al cabo está hecha el año 1983, y eso siempre otorga un plus.
Yo tuve conciencia de su existencia por primera vez gracias a la prensa especializada americana (que para el caso es "Fangoria"), concretamente en un artículo dedicado a Ed French. Las fotos de los efectos que había perpetrado para "Sleepaway Camp" certificaban que se prometían bien jugosos. Lo malo es que, en aquella época, era inencontrable en España, así que tuve que conformarme con ver la primera de sus secuelas dirigida por Michael A. Simpson y que aquí nos llegó como "Campamento sangriento", luciendo una maravillosamente horripiloide caratula (que intentaba chupar del fenómeno Elm Steet) cortesía de "Córdoba Films", auténticos especialistas en sacar mierdas. Y sí, fue una notable decepción. Pasado un tiempo, finalmente tuve acceso a la primera, pero en versión original sin subtítulos. Pensé que el supuesto gore y la supuesta violencia que vería compensarían el hecho de que no fuese a entender ni la mitad de sus -generosos- diálogos. Y claro, así, poco de bueno iba a sacar yo. Vamos, que me pareció una puta mierda.
Si damos unos cuantos pasos más adelante en el tiempo, nos encontramos en el momento en que a alguien se le ocurrió lanzar la tercera parte (que directamente ni terminé) y, ya puestos, el pack con la original por fin doblada al castellano. Sin embargo, las malas experiencias previas en relación a la saga me impulsaron a ignorar por completo la oportunidad. Entre tanto, descubrí el incomprensible y desarmante super-culto que acompaña a esta película en los Estados Unidos. Que su director y guionista, Robert Hiltzik, era un tío misterioso con ese único film en su haber, que luego se dedicó a la abogacía y, pasadas dos décadas, se subió de nuevo como dire al carro de una quinta parte que resultaría una decepción para los fans ("Return to Sleepaway Camp"), los mismos fans que poco antes habían ayudado a terminar la cuarta, "Sleepaway Camp IV: The Survivor", abandonada durante su producción por problemas financieros. Y no les estoy hablando de materia muerta, para este mismo año Hiltzik ha anunciado una nueva entrega, "Sleepaway Camp Reunion", en 3D. Mientras que, siguiendo una especie de carrera en paralelo, Michael A. Simpson (culpable de la segunda y tercera) anuncia otra más acorde a SU visión de la franquicia, "Sleepaway Camp: Berserk", ya con elementos sobrenaturales en la trama. Hay que ver, ¿no?, tanto ruido y tan poco interés por mi parte!!!!.
Como decía, a España estas películas llegaron con una ensalada de títulos. La primera se hace llamar "Campamento sangriento", aunque también "Campamento de verano". La segunda aterrizó directamente como "Campamento sangriento". La tercera lo hizo como "Campamento sangriento 3", saltándose a la torera un "Campamento sangriento 2". Además hay que tener en cuenta que, por su lado, estaba la saga -superior a pesar de todo- "Bloody Murder", cuyo primer título aquí llegó como... ¡¡"Campamento sangriento"!! (seguida de un "Campamento infernal"). La leche.
Y lo que nos cuenta "Sleepaway camp" no tiene mayores complicaciones: Verano, un padre y sus dos hijos son atropellados por una lancha mientras nadan en un lago. De todos ellos, se supone que sobrevive la hija, que va a vivir con su estrambótica tía (se dice que interpretada por un hombre, aunque podría ser falso. Otro toque extraño que añadir a la lista). Ocho años después, la niña y su primo van de campamentos. Ella, que es rarica, llama la atención de los campistas más mal intencionados (la golfa del grupo resulta genuínamente irritante y odiosa) y, claro, poco a poco estos van muriendo en manos de un asesino misterioso (que, por mucho que lo intenten disimular, sabes quién es perfectamente desde buen principio). Finalmente se revelará su identidad y ello nos acarreará toda una supuesta sorpresilla.
Robert Hiltzik tenía 25 tacos cuando hizo "Sleepaway camp", lo que podría justificar sus incapacidades si no fuera porque Sam Raimi era más joven cuando dirigió "Posesión Infernal" y le salió el super-peliculón que le salió. Tal vez ello esté más relacionado con lo mucho que hoy día Hiltzik se parece al cantante "outsider" Daniel Johnston. En el reparto únicamente reconozco un rostro, el de Mike Kellin, al que has podido ver en algunos clásicos de los 50 para acá o en "El estrangulador de Boston", el "Demon" de Larry Cohen y "El expreso de medianoche", que es por la que yo le recordaba. Felissa Rose, la niña prota, con los años se hizo un nombre dentro del fandom y ha terminado participando exclusivamente en pelis de terror de serie ultra-B o ya directamente Z (como "Dahmer vs. Gacy", "Satan's Playground", del nosemuybienporqué prestigioso Dante Tomaselli o "Nikos, the impaler", de Andreas Schnaas, un señor cuyas películas son algo así como el 11-S del cine). Es una fan del género y lo defiende con uñas y dientes. No retomaría el papel que la hizo "famosa" hasta la quinta entrega de la saga.
"Sleepaway Camp" es mala, mala, mala... pero también un pedazo de historia del celuloide horrorífico no exento de su singularidad. Tal vez, solo por ello, merezca que hagas un esfuerzo y trates de verla entera. Tu mismo.
OK, asumido ello, veamos ahora por qué ni tan siquiera con elementos tan llamativos, "Sleepaway Camp" logra alcanzar la etiqueta de buena. Que es aburrida y lenta ya lo damos por hecho y lo aceptamos. ¡¡Se trata de un "slasher", carayo!!. Lo malo es que, en este caso, parece más un telefilm sobre amoríos adolescentes en un campamento veraniego que una peli de terror propiamente dicha. Carece totalmente de atmósfera, de nada que parezca medianamente inquietante. Por no haber, no hay ni sustos. Es un culebrón en el que, de vez en cuando, matan a alguien. Estéticamente es de lo más mortecina, los diálogos son genuinamente idiotas y los actores muy negados... y para que yo me dé cuenta, es que han de serlo mucho, mucho. Aunque el verdadero talón de aquiles (si dejamos de lado el inexplicable bigote evidentemente falso del sheriff) es su falta de violencia y tetas. Lo segundo se comprende por la edad de la mayoría del reparto, y lo compensa esa tendencia seudo-sexual retorcida de la que hablaba antes. Lo primero es imperdonable, y más teniendo al gran Ed French encargándose de los efectos de maquillaje y látex. Resulta que el asesino deja cadáveres muy bien resueltos técnicamente, muy chanantes, pero el cómo alcanzan ese estado es algo que queda muy lejos de molar. En general los asesinatos son sosillos, el único realmente salvaje (una penetración vaginal con un secador de pelo... o eso ha entendido mi enferma mente) se medio-ve entre sombras y poca cosa más. Resumiendo, "Sleepaway Camp" es muy mala, muy tosca, cutre y palurda, pero la salvan, por los pelos de los pelísimos, esos pequeños elementos atípicos y que, bueno, al fin y al cabo está hecha el año 1983, y eso siempre otorga un plus.
Yo tuve conciencia de su existencia por primera vez gracias a la prensa especializada americana (que para el caso es "Fangoria"), concretamente en un artículo dedicado a Ed French. Las fotos de los efectos que había perpetrado para "Sleepaway Camp" certificaban que se prometían bien jugosos. Lo malo es que, en aquella época, era inencontrable en España, así que tuve que conformarme con ver la primera de sus secuelas dirigida por Michael A. Simpson y que aquí nos llegó como "Campamento sangriento", luciendo una maravillosamente horripiloide caratula (que intentaba chupar del fenómeno Elm Steet) cortesía de "Córdoba Films", auténticos especialistas en sacar mierdas. Y sí, fue una notable decepción. Pasado un tiempo, finalmente tuve acceso a la primera, pero en versión original sin subtítulos. Pensé que el supuesto gore y la supuesta violencia que vería compensarían el hecho de que no fuese a entender ni la mitad de sus -generosos- diálogos. Y claro, así, poco de bueno iba a sacar yo. Vamos, que me pareció una puta mierda.
Si damos unos cuantos pasos más adelante en el tiempo, nos encontramos en el momento en que a alguien se le ocurrió lanzar la tercera parte (que directamente ni terminé) y, ya puestos, el pack con la original por fin doblada al castellano. Sin embargo, las malas experiencias previas en relación a la saga me impulsaron a ignorar por completo la oportunidad. Entre tanto, descubrí el incomprensible y desarmante super-culto que acompaña a esta película en los Estados Unidos. Que su director y guionista, Robert Hiltzik, era un tío misterioso con ese único film en su haber, que luego se dedicó a la abogacía y, pasadas dos décadas, se subió de nuevo como dire al carro de una quinta parte que resultaría una decepción para los fans ("Return to Sleepaway Camp"), los mismos fans que poco antes habían ayudado a terminar la cuarta, "Sleepaway Camp IV: The Survivor", abandonada durante su producción por problemas financieros. Y no les estoy hablando de materia muerta, para este mismo año Hiltzik ha anunciado una nueva entrega, "Sleepaway Camp Reunion", en 3D. Mientras que, siguiendo una especie de carrera en paralelo, Michael A. Simpson (culpable de la segunda y tercera) anuncia otra más acorde a SU visión de la franquicia, "Sleepaway Camp: Berserk", ya con elementos sobrenaturales en la trama. Hay que ver, ¿no?, tanto ruido y tan poco interés por mi parte!!!!.
Como decía, a España estas películas llegaron con una ensalada de títulos. La primera se hace llamar "Campamento sangriento", aunque también "Campamento de verano". La segunda aterrizó directamente como "Campamento sangriento". La tercera lo hizo como "Campamento sangriento 3", saltándose a la torera un "Campamento sangriento 2". Además hay que tener en cuenta que, por su lado, estaba la saga -superior a pesar de todo- "Bloody Murder", cuyo primer título aquí llegó como... ¡¡"Campamento sangriento"!! (seguida de un "Campamento infernal"). La leche.
Y lo que nos cuenta "Sleepaway camp" no tiene mayores complicaciones: Verano, un padre y sus dos hijos son atropellados por una lancha mientras nadan en un lago. De todos ellos, se supone que sobrevive la hija, que va a vivir con su estrambótica tía (se dice que interpretada por un hombre, aunque podría ser falso. Otro toque extraño que añadir a la lista). Ocho años después, la niña y su primo van de campamentos. Ella, que es rarica, llama la atención de los campistas más mal intencionados (la golfa del grupo resulta genuínamente irritante y odiosa) y, claro, poco a poco estos van muriendo en manos de un asesino misterioso (que, por mucho que lo intenten disimular, sabes quién es perfectamente desde buen principio). Finalmente se revelará su identidad y ello nos acarreará toda una supuesta sorpresilla.
Robert Hiltzik tenía 25 tacos cuando hizo "Sleepaway camp", lo que podría justificar sus incapacidades si no fuera porque Sam Raimi era más joven cuando dirigió "Posesión Infernal" y le salió el super-peliculón que le salió. Tal vez ello esté más relacionado con lo mucho que hoy día Hiltzik se parece al cantante "outsider" Daniel Johnston. En el reparto únicamente reconozco un rostro, el de Mike Kellin, al que has podido ver en algunos clásicos de los 50 para acá o en "El estrangulador de Boston", el "Demon" de Larry Cohen y "El expreso de medianoche", que es por la que yo le recordaba. Felissa Rose, la niña prota, con los años se hizo un nombre dentro del fandom y ha terminado participando exclusivamente en pelis de terror de serie ultra-B o ya directamente Z (como "Dahmer vs. Gacy", "Satan's Playground", del nosemuybienporqué prestigioso Dante Tomaselli o "Nikos, the impaler", de Andreas Schnaas, un señor cuyas películas son algo así como el 11-S del cine). Es una fan del género y lo defiende con uñas y dientes. No retomaría el papel que la hizo "famosa" hasta la quinta entrega de la saga.
"Sleepaway Camp" es mala, mala, mala... pero también un pedazo de historia del celuloide horrorífico no exento de su singularidad. Tal vez, solo por ello, merezca que hagas un esfuerzo y trates de verla entera. Tu mismo.
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