Pepe Da Rosa, probablemente fuera uno de los cómicos españoles más popular de los años 80 en España. Contaba chistes, cantaba Sevillanas con cierta solvencia, se le considera el primer hombre que rapeó en España -no de manera consciente, eso sí- y además actuaba. Un hombre del renacimiento.
Personalmente, sin volverme loco, si que me hace cierta gracia, y tengo especial debilidad por las parodias que hizo a rebufo de la serie "Dallas", que tenía a España en vilo. "Le llamaban J.R.", es una de ellas. Aquí sus fotocromos.
miércoles, 22 de febrero de 2017
lunes, 20 de febrero de 2017
CABO DE VARA
Segunda de las tres películas que dirigió el gran operador
de cámara Raúl Artigot, que toma como referencia la novela de Tomás Salvador
del mismo título. Por otro lado, hay que decir que un “Cabo de Vara” es el palo
que utilizaban los funcionarios de prisiones de hace un par de siglos, para
medirles el lomo a base de bien a los presos.
“Cabo de Vara” cuenta la historia de un joven que es
encarcelado por homicidio en una prisión
de Ceuta (en la película no se dan datos al respecto y por el atuendo no
me veo capaz de asociar la época en la que transcurre el argumento, pero
calculemos que Mil ochocientos y pico) y que ha de cumplir 12 años de condena. Nada más llegar, se lía a hostias
con todo aquel que le toca mínimamente los huevos. Uno de los funcionarios, al verlo tan
jovencillo y astuto, le ve posibilidades de reinserción y se lo quiere llevar
de allí de ordenanza, pero como acaba de llegar, los superiores le piden un
mínimo de un año de cumplimiento de condena y entonces estudiarán si se lo
puede llevar o no. Ante esta tesitura, el funcionario le pide al muchacho que
se comporte si quiere que lo saque pronto, a lo que este responde con un
contundente “Si no quieres que la prisión te coma, cómete antes a la prisión”.
Con lo que se lo pone muy difícil. Entre tanto, mientras cumple condena, este
se hostiará con otros presos, se revolcará entre sus propios excrementos,
conocerá el aislamiento y descubrirá las pasiones adscritas al homosexualismo.
Dentro de la irregular carrera de Artigot, esta sería su
película de campanillas, esto es, que probablemente sea la que rodó con mayor
presupuesto y más medios a su disposición. Y aunque de ritmo la narración no
anda del todo mal, si que suelta cierto tufillo televisivo a lo folletín, a lo “Cañas y Barro” que dudo, como
espectador, si es más el producto de esa época, 1978, o de un mal manejo del
los elementos cinematográficos a su disposición. Como fuere, una vez superados
los altibajos, algunas momentos torpes y las interpretaciones planas, pues si
tenemos el día tonto, hasta la vemos entera.
Protagonizada por Santiago Ramos de jovencito, que como
siempre ha sido un actor tan malo –tan malo que es bueno, por otro lado- al
carecer de sonido directo, a la hora de doblar el film, se opta porque le ponga
voz un actor de doblaje profesional. Esto no se si es por cosas de minuta,
agenda laboral, o calidad actoral de Ramos (yo prefiero pensar que esto
último), pero a estas alturas, que Ramos es tan popular y su manera de
vocalizar y pronunciar tan reconocible, chirría bastante, lo que provoca cierta
hilaridad, porque si por norma general, uno se cree poco los papeles de
Santiago Ramos, imagínense sabiendo que está doblado. Junto a él, en el reparto
tenemos a actores de toda la vida como ¡Alfredo Mayo!, Ramiro Oliveros o Max H.Boulois, alias Max. B (“Cazar al Negro”).
Fueron a verla a los cines en su momento, poco menos d
120.000 espectadores, siendo una película que ha posteriori ha tenido muy mala
distribución en vídeo y televisión, convirtiendose en un incunable hasta que hace
bastante poco, 8 Madrid tuvo a bien emitir una copia impecable de la misma.
Para ver y olvidar, sin más.
sábado, 18 de febrero de 2017
AMERICAN CONJURING
Gracias a las prestaciones que ofrecen las nuevas tecnologías disponibles hoy para todo aquel que desee parir alguna clase de materia audiovisual, resulta desconcertante lo semejantes que son en su aspecto los productos resultantes. De hecho, rara es la película facturada con esos aparatos que no luzca un elegante acabado panorámico, una iluminación sobria, un grafismo digno... no sé, una cierta "clase" que contribuye a que de entrada uno ya no pueda diferenciar una cosa hecha bien, o con medios, de una hecha mal, o sin medios. Se trata de algo sutil, aunque así a bote pronto, y en una primera impresión, todo se mimetiza.
Pero claro, en cuanto la película comienza a desarrollarse, vas notando por dónde van los tiros realmente. Porque el acabado técnico no deja de ser el envoltorio y, al final, lo importante es la historia que te cuentan y cómo te la cuentan.
Bien, en el caso de "American Conjuring" (retitulada así por el distribuidor con ansias de sacar jugo de ya imagináis qué, aunque originalmente fue parida como "Bind") es exactamente ese. De entrada, cuando te dispones a verla, esperas un zurullo de proporciones épicas y no, los primeros minutos lucen muy bien, muy "pro", y encima la escena introductoria es... en fin, lo mejor de toda la peli. En ella, unas niñas están de celebración cumpleañosa en el jardín contiguo a una casa. La rarita/marginada de turno quiere ganarse el respeto de las otras pequeñas cabronas, así que acepta un reto, demostrar que es una valiente bajando al sótano. Cuando la cría entra, se encuentra varios miembros humanos cercenados por el suelo y una siniestra presencia sentada en un balancín. Suena un grito desgarrador. Lo que sigue está a la altura.... hasta que sale el título, luego entramos en terreno pantanoso.
Como se pueden imaginar, tiempo después una familia decide mudarse a la casa en cuestión porque les sale muy barata. Y la verdad, no entiendo el interés que nadie puede tener en ella. Es fea, cutre y está situada al lado mismo de la vía del tren. Si tenemos en cuenta que se supone que en el pasado fue un orfanato, todavía lo entiendo menos. Total, que la presencia del sótano era una vieja muy mala y fea (con un maquillaje algo cantoso) que tocará los cojones a la familia, les inducirá a matar, etc, etc.... lo de siempre. Sin novedades. Los préstamos tomados a "Terror en Amityville", "Hostel" (sí, a estas alturas hay una secuencia de tortura) y, muy especialmente, "El Resplandor", campan a sus anchas (la famosa escena de Jack Torrance liándose con una tipa joven desnuda que se vuelve asquerosamente anciana se recrea exactamente igual... pero a lo chungo).
"American Conjuring" viene repletita de momentos muy risibles, en parte gracias a sus negados intérpretes y en parte al imposible guión. Tenemos a la niña repelente de rigor que se comporta raro, y a la adolescente insufrible, rubia, siempre cabreada, que odia a su padrastro y está enganchada al móvil. En una escena a esta le entra una vomitera diabólica que incluye gusanos e insectos. Sus mayores lo presencian y la socorren, pero en ningún momento piensan en llevarla a urgencias. "Será algo que ha comido", dice el padrastro. Otro momento maravilloso: La mujer le explica a su marido que la casa está encantada, que hay presencias y bla, bla. Él pilla un berrinche de aúpa y casi le suelta un sopapo y todo, acusándola de inventarse sandeces. Por la noche le pide perdón, se ponen tiernos y comienzan a follar. En pleno coito, la mujer "se convierte" en el fantasma de la vieja. El hombre se asusta y la empuja. Cuando se recupera la normalidad, él, histérico, le cuenta a ella lo que acaba de pasar. Y ella, en lugar de responder positivamente porque por fin su marido ha visto que no está loca y que en la casa pasan cosas raras, ¡¡se mosquea y le dice que delira!!, además de ponerse celosa porque "piensas en otra mujer mientras hacemos el amor". Fas-ci-nan-te. La última cosa graciosa hace mención a cómo reacciona la niña cuando el padrastro mata a hachazos al pobre perro de la familia. Literalmente lo convierte en un amasijo informe de carne y pelo. ¿Y qué hace la cría al ver a su mejor amigo en ese estado?, primero grita, claro, pero una hora después está la mar de tranquila, dibujando y como si nada hubiese pasado. ¡Viva!.
Con semejantes ingredientes, se pueden imaginar el percal. Y por si a esas alturas no tienen suficiente, les aguarda un desenlace de esos de "ah, todo era un sueño, pero no, pero sí" que es pa prender fuego a la tele.
Todo ello guisado con unas notables dosis de gore y unos créditos finales que incluyen un listado interminable con los ídolos de los directores del pifostio -que son dos- incluido, cómo no, el amigo James Wan. Ellos, Dan Walton y Dan Zachary, están ligados a un puñado de zetismos previos, de entre los que destaca "Gutterballs". Actualmente curran en otra de terrores, "In from outside". Habrá que estar al loro.
Y ya que hablamos de Wan, dos días después me vi una producción suya sobre casas encantadas, "Demonic". Era tan correcta y formal que me quedé igual. Ni me gustó, ni me disgustó. Y en cinco minutos ya la había olvidado. Curiosamente eso es algo que no puedo decir de "American Conjuring". Con todo lo fulaña que es, todavía perdura en mi cerebelo y, después de todo, el visionado resultó mucho más estimulante. ¡Qué cosas!.
Pero claro, en cuanto la película comienza a desarrollarse, vas notando por dónde van los tiros realmente. Porque el acabado técnico no deja de ser el envoltorio y, al final, lo importante es la historia que te cuentan y cómo te la cuentan.
Bien, en el caso de "American Conjuring" (retitulada así por el distribuidor con ansias de sacar jugo de ya imagináis qué, aunque originalmente fue parida como "Bind") es exactamente ese. De entrada, cuando te dispones a verla, esperas un zurullo de proporciones épicas y no, los primeros minutos lucen muy bien, muy "pro", y encima la escena introductoria es... en fin, lo mejor de toda la peli. En ella, unas niñas están de celebración cumpleañosa en el jardín contiguo a una casa. La rarita/marginada de turno quiere ganarse el respeto de las otras pequeñas cabronas, así que acepta un reto, demostrar que es una valiente bajando al sótano. Cuando la cría entra, se encuentra varios miembros humanos cercenados por el suelo y una siniestra presencia sentada en un balancín. Suena un grito desgarrador. Lo que sigue está a la altura.... hasta que sale el título, luego entramos en terreno pantanoso.
Como se pueden imaginar, tiempo después una familia decide mudarse a la casa en cuestión porque les sale muy barata. Y la verdad, no entiendo el interés que nadie puede tener en ella. Es fea, cutre y está situada al lado mismo de la vía del tren. Si tenemos en cuenta que se supone que en el pasado fue un orfanato, todavía lo entiendo menos. Total, que la presencia del sótano era una vieja muy mala y fea (con un maquillaje algo cantoso) que tocará los cojones a la familia, les inducirá a matar, etc, etc.... lo de siempre. Sin novedades. Los préstamos tomados a "Terror en Amityville", "Hostel" (sí, a estas alturas hay una secuencia de tortura) y, muy especialmente, "El Resplandor", campan a sus anchas (la famosa escena de Jack Torrance liándose con una tipa joven desnuda que se vuelve asquerosamente anciana se recrea exactamente igual... pero a lo chungo).
"American Conjuring" viene repletita de momentos muy risibles, en parte gracias a sus negados intérpretes y en parte al imposible guión. Tenemos a la niña repelente de rigor que se comporta raro, y a la adolescente insufrible, rubia, siempre cabreada, que odia a su padrastro y está enganchada al móvil. En una escena a esta le entra una vomitera diabólica que incluye gusanos e insectos. Sus mayores lo presencian y la socorren, pero en ningún momento piensan en llevarla a urgencias. "Será algo que ha comido", dice el padrastro. Otro momento maravilloso: La mujer le explica a su marido que la casa está encantada, que hay presencias y bla, bla. Él pilla un berrinche de aúpa y casi le suelta un sopapo y todo, acusándola de inventarse sandeces. Por la noche le pide perdón, se ponen tiernos y comienzan a follar. En pleno coito, la mujer "se convierte" en el fantasma de la vieja. El hombre se asusta y la empuja. Cuando se recupera la normalidad, él, histérico, le cuenta a ella lo que acaba de pasar. Y ella, en lugar de responder positivamente porque por fin su marido ha visto que no está loca y que en la casa pasan cosas raras, ¡¡se mosquea y le dice que delira!!, además de ponerse celosa porque "piensas en otra mujer mientras hacemos el amor". Fas-ci-nan-te. La última cosa graciosa hace mención a cómo reacciona la niña cuando el padrastro mata a hachazos al pobre perro de la familia. Literalmente lo convierte en un amasijo informe de carne y pelo. ¿Y qué hace la cría al ver a su mejor amigo en ese estado?, primero grita, claro, pero una hora después está la mar de tranquila, dibujando y como si nada hubiese pasado. ¡Viva!.
Con semejantes ingredientes, se pueden imaginar el percal. Y por si a esas alturas no tienen suficiente, les aguarda un desenlace de esos de "ah, todo era un sueño, pero no, pero sí" que es pa prender fuego a la tele.
Todo ello guisado con unas notables dosis de gore y unos créditos finales que incluyen un listado interminable con los ídolos de los directores del pifostio -que son dos- incluido, cómo no, el amigo James Wan. Ellos, Dan Walton y Dan Zachary, están ligados a un puñado de zetismos previos, de entre los que destaca "Gutterballs". Actualmente curran en otra de terrores, "In from outside". Habrá que estar al loro.
Y ya que hablamos de Wan, dos días después me vi una producción suya sobre casas encantadas, "Demonic". Era tan correcta y formal que me quedé igual. Ni me gustó, ni me disgustó. Y en cinco minutos ya la había olvidado. Curiosamente eso es algo que no puedo decir de "American Conjuring". Con todo lo fulaña que es, todavía perdura en mi cerebelo y, después de todo, el visionado resultó mucho más estimulante. ¡Qué cosas!.
miércoles, 15 de febrero de 2017
lunes, 13 de febrero de 2017
LAS NUEVAS AVENTURAS DE POPEYE
Si hay algún recuerdo que llevo arraigado a mi memoria de
cuando era niño, sin duda, es este
largometraje de Popeye.
Y es que si bien en televisión daban los capítulos de la serie de los ochenta, tan vacía y cutrona como casi todos los dibujos animados de
la epoca –pero que vistos hoy por culpa de la nostalgia me resultan
maravillosos- a cargo de Hanna Barbera, a la vez que se mezclaban con la
emisión de los cortometrajes sesenteros y setenteros de la King Features
Sindicate, sin orden ni concierto, en los cines se estrenaban largometrajes del
personaje como el que nos ocupa, “Las Nuevas Aventuras de Popeye”.
Al quedar los cortometrajes del personaje comprendidos entre
los años 30 y 50 en dominio público,
cada cual podía hacer con aquellos cortos lo que le saliera de los mismísimos
huevos, por lo que a los Italianos se sacaron de la manga algún que otro
largometraje uniendo cortos, que luego, exportaron a España. Entonces, el
largometraje “Nuove Avventure de Braccio di Ferro”, se estrenó en nuestro país
como “Las nuevas Aventuras de Popeye”. Nada que alegar, salvo porque esas
aventuras de nuevas tenían poquito. Así pues, tenemos una pieza rarísima en la que se unen
cortometrajes comprendidos entre la época de los “Fleischer Studios” de los
años 30, los “Famous Studios” de los años 40 y la “AAP” de los 50. Una amalgama
de cortometrajes de lo más sugestiva. Entre todos estos, se incluyen los que
son los mejores cortometrajes de Popeye de la factoría Fleischer, y los
primeros que se hicieron en color; el ganador del Oscar “Popeye the Salilor
Meets Sindbad the Sailor”, “Aladdin and his Wonderful Lamp” y “Popeye de Sailor
meets Alí Baba’s Forty Thieves” todos ellos de finales de los años 30 que
adaptan de manera libre, y con Popeye de por medio, los cuentos clásicos, y que por su sola incursión ya merece la pena
el visionado completo del largo. El primero de ellos, el de Sinbad, está
considerado una obra maestra, ya que se consigue un efecto tridimensional a
costa de utilizar escenarios reales superpuestos y retocados a mano, en una
técnica muy revolucionaria y de los años 30 que no se estiló demasiado en la
animación posteriormente. Una técnica muy bonita y efectiva.
Además de estos absolutos clásicos, la película la componen
un montón de piezas más, todas ellas cojonudas, pero sin el valor histórico de
estas tres mencionadas, como aquella adaptación de Cenicienta, o aquél
cortometraje tan racista en el que Popeye es capturado por una tribu caníbal.
Como fuere, siempre entretenidos, pequeñas joyas de la animación clásica.
Para hacer de nexo de unión en su condición de largometraje,
se altera la banda sonora en los créditos iniciales fabricados para la ocasión
–y adaptados en la versión española- y
en el rodillo final, alterando así la banda sonora original del último
cortometraje, quedando una cosa muy extraña. Así como, de vez en cuando,
aparece en escena una voz en off que narra como Popeye pasa de estar en la
salvaje jungla al profunso espacio exterior, alterando asimismo, los
cortometrajes en los que se inserta esta voz. La cabeza pensante Italiana que
seleccionó, ordenó y alteró estos cortometrajes para convertirlos en un
maravilloso largo es Max Garrico, al que no se le conocen más trabajos
conocidos.
La película, además de ser un absoluto clásico de las sesiones
dobles y sesiones continuas de los cines de barrio españoles –la vi en el cine
Benares de Alcorcón, y la vi en el cine de la parroquia del barrio
posteriormente- gozó de unas cuantas ediciones en vídeo, siendo la más popular
la de Soho Video, que como se costumbre, utilizaba en la carátula imágenes que
nada tenían que ver con el contenido de la cinta de VHS o Beta. En este caso,
una ilustración de Popeye con un Loro que pide espinacas, perpetrada por váyase
usted a saber que manta de dibujante español. No obstante, para esta reseña, he
querido utilizar el póster original de cine, que en resumidas cuentas utiliza
una ilustración también concebida para la ocasión por algún dibujante español,
pero que al menos se cuida de mostrarnos acontecimientos que si aparecen en la
película.
Absolutamente entrañable.
Poco antes de esta, también se estrenó en nuestros cines
otro largometraje de Popeye de similares características, que no se si llegué a
ver o no, pero que en cualquier caso, no calaría tan hondo en mí como lo hizo
este, y que llevaba por título “Popeye Brazo de Hierro” y que si doy con él,
quizás caiga la review por aquí en algún momento.
Huelga decir, que soy un fan absoluto de la creación de Elzie Crisler Segar, y de sus
tiras cómicas, cortos, largos, series de T.V. y explotaciones varias. Popeye,
es una jodida y absoluta maravilla.
sábado, 11 de febrero de 2017
BEYOND THE GATES
Con la bendita nostalgia hemos topado, amiguitos. "Beyond the gates" es un homenaje a.... ¡sí!, los años 80. ¡Qué novedad!.
Entre las muchas cosas tributadas, tenemos las famosas -y muy añoradas en USA- "mom and pop stores", es decir, tiendas cuyos propietarios eran humildes familias que se destacaban por disponer en sus estantes de, entre otras cosas, materia prima para inadaptados, incluyendo, sobre todo, roñosas cintas de vídeo con fines alquilables. Eran la alternativa a las grandes cadenas de video-clubs y, por ende, refugio de subproductos y, muy especialmente, videoastas que grababan con una cámara vhs al hombro pelis de terror en el patio trasero de su puta casa. De hecho, la acción del film arranca en una de estas tiendas, cuyo propietario ha desaparecido y sus hijos, dos jovenzuelos muy distintos y que, de entrada, no se llevan muy bien, acuden con el fin de hacer limpieza. Es hurgando entre la mierda cuando encuentran lo que será el segundo tributado de la velada, los juegos de mesa, especialmente aquellos de temática terrorífica que iban acompañados de un vídeo en el que un "host" guiaba a los jugadores. Como "Atmosfear", el más popular -¿o el único?- que llegó a estos lares. Y aquí entra en escena el tercer guiño ochentero, Barbara Crampton, la preciosa rubia que protagonizó clásicos horroríficos de la década como "Re-Animator" o "Re-Sonator".
El caso es que, a lo tonto, los hermanos y la novia de uno de ellos terminan jugando al juego. Se dan cuenta y asumen que conlleva algo sobrenatural y tiran millas porque la rubia del vídeo les ha dicho que si ganan, salvarán el alma de su padre que, obvio, desapareció cuando se vició con el pasatiempo. Y ahí tenemos la trama de base, ir superando pruebas para agenciarse llaves, abrir puertas y llegar de una pieza hasta el final. Evidentemente todo se desarrolla en una casa, no en mundos paralelos ni nada que se le parezca, se limitan a colar cuatro luces de colores, algo de niebla y ¡alehop!, ya tenemos una dimensión desconocida. Y ahí está uno de los puntos flacos más sonoros de "Beyond the gates". Si no tienes recursos económicos, procura no aspirar a cotas demasiado altas. Y mientras a nivel generalista la peli es mitad guiño al horror truculento de hace 30 años (lo que conlleva algunos escasos e inspirados momentos de gore bien espectacular), la otra mitad huele a homenaje al cine de fantasía Spielbergiana. Es en este apartado cuando la cosa comienza a cantar peligrosamente. Mezclar ambas tendencias parece una idea algo indigesta, y lo es, claro que igual en otras manos hubiese funcionado mejor. Aquí el resultado se parece más a un cocktail entre el intimismo "indie" de un Ti West / Larry Fessenden y el Charles Band de cuando la "Empire" dominaba los video-clubs. Y los créditos de "Beyond the gates" ayudan a semejante impresión. Encima aliñados por un tema musical que parece compuesto por todo un Chuck Cirino.
El resultado es una peli desigual. Con sus buenos momentos, su gracejo y tal, pero que no encuentra un equilibrio. La trama fantasiosa es demasiado tontuna y casa mal con los destellos serios, hasta el extremo de aproximarse a la comedia involuntaria. Sí, los guiños ochenteros molan y despiertan entrañables memorys en este anciano (cito dos más: cuando localizan un viejo "slasher" en VHS y comentan entusiasmados el crimen más llamativo del mismo, o el tipo que entra en un anticuario y, directamente, pide "Algo de los 80") pero, como ya he dicho otras veces, a mi no se me compra tan fácilmente.
Protagoniza el entuerto Graham Skipper, salido de las películas de Joe Begos (y con una curiosa carrera paralela como director de pelis casi amateurs facturadas en vídeo).
Entre las muchas cosas tributadas, tenemos las famosas -y muy añoradas en USA- "mom and pop stores", es decir, tiendas cuyos propietarios eran humildes familias que se destacaban por disponer en sus estantes de, entre otras cosas, materia prima para inadaptados, incluyendo, sobre todo, roñosas cintas de vídeo con fines alquilables. Eran la alternativa a las grandes cadenas de video-clubs y, por ende, refugio de subproductos y, muy especialmente, videoastas que grababan con una cámara vhs al hombro pelis de terror en el patio trasero de su puta casa. De hecho, la acción del film arranca en una de estas tiendas, cuyo propietario ha desaparecido y sus hijos, dos jovenzuelos muy distintos y que, de entrada, no se llevan muy bien, acuden con el fin de hacer limpieza. Es hurgando entre la mierda cuando encuentran lo que será el segundo tributado de la velada, los juegos de mesa, especialmente aquellos de temática terrorífica que iban acompañados de un vídeo en el que un "host" guiaba a los jugadores. Como "Atmosfear", el más popular -¿o el único?- que llegó a estos lares. Y aquí entra en escena el tercer guiño ochentero, Barbara Crampton, la preciosa rubia que protagonizó clásicos horroríficos de la década como "Re-Animator" o "Re-Sonator".
El caso es que, a lo tonto, los hermanos y la novia de uno de ellos terminan jugando al juego. Se dan cuenta y asumen que conlleva algo sobrenatural y tiran millas porque la rubia del vídeo les ha dicho que si ganan, salvarán el alma de su padre que, obvio, desapareció cuando se vició con el pasatiempo. Y ahí tenemos la trama de base, ir superando pruebas para agenciarse llaves, abrir puertas y llegar de una pieza hasta el final. Evidentemente todo se desarrolla en una casa, no en mundos paralelos ni nada que se le parezca, se limitan a colar cuatro luces de colores, algo de niebla y ¡alehop!, ya tenemos una dimensión desconocida. Y ahí está uno de los puntos flacos más sonoros de "Beyond the gates". Si no tienes recursos económicos, procura no aspirar a cotas demasiado altas. Y mientras a nivel generalista la peli es mitad guiño al horror truculento de hace 30 años (lo que conlleva algunos escasos e inspirados momentos de gore bien espectacular), la otra mitad huele a homenaje al cine de fantasía Spielbergiana. Es en este apartado cuando la cosa comienza a cantar peligrosamente. Mezclar ambas tendencias parece una idea algo indigesta, y lo es, claro que igual en otras manos hubiese funcionado mejor. Aquí el resultado se parece más a un cocktail entre el intimismo "indie" de un Ti West / Larry Fessenden y el Charles Band de cuando la "Empire" dominaba los video-clubs. Y los créditos de "Beyond the gates" ayudan a semejante impresión. Encima aliñados por un tema musical que parece compuesto por todo un Chuck Cirino.
El resultado es una peli desigual. Con sus buenos momentos, su gracejo y tal, pero que no encuentra un equilibrio. La trama fantasiosa es demasiado tontuna y casa mal con los destellos serios, hasta el extremo de aproximarse a la comedia involuntaria. Sí, los guiños ochenteros molan y despiertan entrañables memorys en este anciano (cito dos más: cuando localizan un viejo "slasher" en VHS y comentan entusiasmados el crimen más llamativo del mismo, o el tipo que entra en un anticuario y, directamente, pide "Algo de los 80") pero, como ya he dicho otras veces, a mi no se me compra tan fácilmente.
Protagoniza el entuerto Graham Skipper, salido de las películas de Joe Begos (y con una curiosa carrera paralela como director de pelis casi amateurs facturadas en vídeo).
viernes, 10 de febrero de 2017
DOC HOLLYWOOD
Película para lucimiento de un Michael J. Fox que ya
aquejado por el Parkinson, springta sus ultimos años sin temblores para rodar
tanto como puede.
De ahí, y hecha totalmente a su medida, este “Doc Hollywood”
que adapta la novela de Neil B. Shulman
“What? Dead Again?”.
En ella, un recién licenciado en medicina decide viajar a
Los Angeles con el fin de trabajar allí como cirujano plástico, cargando con su
consiguiente conflicto moral, al no considerar del todo la cirugía “Medicina de
verdad”. El caso es que durante su periplo en automóvil, al entrar en el
pueblecito de Grady, este tiene un accidente que causa unos cuantos
desperfectos, por lo que el juez local
le condena a ejercer como médico del pueblo hasta que pueda pagar los
desperfectos con sus servicios. Cuando las fuerzas vivas le tientan para que se
quede allí a trabajar como médico por una miseria comparada con lo que ganará
como cirujanos plástico en Los Angeles, aparecerá una conductora de ambulancia
en escena que, quizás, haga a este médico engreído y petulante cambiar de
opinión.
Una comedia ligera que datada en 1991, ya vaticinaba lo que
la comedia iba a ser en los noventa; una sosez. Ahora, quizás ya la nostalgia
hace mella en mi psique a favor de “Doc Hollywood”, o bien, al ir estableciéndome
en la mediana edad, esto propicia que productos que ni fu, ni fa, acaben
pareciéndome simpáticos y agradables, y en consecuencia, entretenidos. Y es
que, fan como era yo en la época de Michael J. Fox, acudí en su momento al cine
a ver este estreno, decepcionándome –y mucho- tras su visionado. Me pareció un
folletín tremendo. Sin embargo a día de hoy la disfruto como lo que es; una
pequeña comedia para señoras de 50 años, con un toque de romanticismo, con un
humor completamente aséptico que no ofende ni al más propenso, y con muy pocas
pretensiones. Una película del montón, sin más, visible y correcta que no
cambiará la vida de nadie que la vea… Excepto la de los gerifaltes tras la
“Pixar”. Ya es oficial, y así ha sido casi reconocido por sus artífices, que la
película “Cars” es un plagio en toda regla de “Doc Hollywood”. Un plagio
descarado además, siguiendo el cochecito protagonista todos los pasos que sigue
J. Fox en la película. Debieron pensar sus artífices que “Doc Hollywood” no la
había visto nadie, y que en caso de que alguien lo hubiera hecho, no se daría
cuenta de que la historia de los cochecitos es exacta a esta. Como fuera, tras
el descubrimiento de plagio, el asunto no tuvo mayor relevancia, y sirvio para,
en cierto modo, darle una segunda vida a la película que nos ocupa. Olvidada
como estaba, para que el público volviese a hablar de ella.
Y sin más.
Junto a Michael J. Fox tenemos en papeles secundarios a una
cargante Briget Fonda que está para matarla, y a un metódico Woody Harrelson
que aún no había despuntado del todo y que hace ostentación de una gran fuerza
interpretativa dando vida a una especie de redneck analfabetoíde en una
composición que luego daría sus frutos en otras películas posteriores.
Dirige la cinta Michael Caton-Jones, popular por haber
dirigido después “Vida de este chico”, o mejor aún, “Instinto Básico 2”.
miércoles, 8 de febrero de 2017
LOS FOTOCROMOS DE "HUÍDA A MEDIANOCHE"
"Huída a medianoche" es una estupenda "Buddy Movie" que une a dos grandes como son Robert De Niro y Charles Grodin, una alocada comedia que sin embargo pasó inadvertida para el gran público a pesar de contar con los suficientes elementos como para que hubiera sido un éxito. Yo no la tengo fresca ahora mismo, pero este no es motivo para que no deje aquí colgados sus fotocromos.
Dirige Martin Brest, director de estudio artesanal, responsable de éxitos como "Súperdetective en Hollywood" o "Esencia de mujer". Ahí es ná!!
Dirige Martin Brest, director de estudio artesanal, responsable de éxitos como "Súperdetective en Hollywood" o "Esencia de mujer". Ahí es ná!!
lunes, 6 de febrero de 2017
SLAM
Resulta muy curioso que dos géneros tan opuestos como son
los “Slasher” y las “Sex Comedies” linea “Screwball”, vayan sin embargo tan
cogidos de la mano.
Obviamente, son los dos subgéneros que se explotaron en los
ochenta con identicas finalidades comerciales, que son atraer a las plateas al
público potencial de estas; los adolescentes, con lo que tan extremos como son,
tienen bastantes similitudes estéticas y formales, cuando no, llegan
directamente a fusionarse en películas como por ejemplo “La Quema” cuyo metraje
contiene un porcentaje más que alto de “Camp Comedies”, o “Killer Party” que,
directamente, es una “Screwball Comedie” con un desenlace terrorífico.
Pero sobretodo, son dos subgéneros que tuvieron su auge en
la misma época. Nunca han dejado de rodarse, pero en esencia, son géneros
pertenecientes a una época concreta.
Por eso, no deja de parecerme curioso el fenómeno ocurrido
con ambos géneros en España, muy a destiempo; A principios de la pasada década
la de 2000, en España, sin saber muy bien a cuento de qué, y en consecuencia al
éxito cosechado por el “Neo-Slasher” con
“Scream” a la cabeza, comenzaron a producirse “Slashers” patrios como “Schooll
Killer” o “Tuno Negro” como máximos exponentes, mientras que, al mismo tiempo,
una productora como “Morena Films”, con tan poca personalidad que asusta, creó
un sello llamado “Happy Hour”, bajo el cual produciría “Screwballs” españolas,
género este que no se había estilado demasiado en nuestro país. Se pueden
contar con los dedos de la mano los “Screwballs” producidos hasta 2001, “El Rollo de Septiembre” de
Mariano Ozores en 1985, y poco más. Pero claro, “American Pie” se había
convertido en una especie de fenómenos social, el género vivía una nueva etapa
tan fructífera que aún se siguen produciendo títulos, y “Morena Films” quiso
subirse al carro, ajenos ellos de la urticaria que provoca el cine español en
general al público adolescente al que iban destinadas estas película. Así, llegaron tan solo a producir tres títulos en
5 años, el primero de ellos “Gente Pez”
dirigida por Jorge Iglesias y según un guión del dibujante de cómics Mauro
Entrialgo, que resultó un pequéño éxito. Este éxito propició que se pusiera en
marcha una nueva película del subgénero, que es la que nos ocupa “Slam” que
funcionó un poquito peor, pero funcionó y la que hizo darse cuenta a “Morena
Films” que el género no era del todo rentable y con la que paralizó la
producción de “Screwballs”, “Fin de curso” que no fue a verla ni Dios.
Todo esto, mientras se estrenaban “Slashers” Españoles como
“Más de 1000 Cámaras velan por su seguridad”, “El Arte de Morir” y tantas
otras. Con lo que los dos subgéneros van cogiditos de la mano, hasta en España.
Y de manera genuina, porque los realizadores no fueron conscientes en ningún
momento de esto que cuento.
Y dejando al lado estos paralelismos y la curiosidad,
pasamos a “Slam”.
“Slam”, es una película que yo no entiendo como en pleno
2003, año en el que se estrenó, no saltó la liebre por el contenido, por un
lado zopenco y de una gratuitidad sexual honestísima –en un momento de orgía,
uno de los personajes, en pleno éxtasis, dice “Tengo más rabo que la Pantera
Rosa”- , y por otro, extremadamente machista. Es tan machista la puta película,
que hasta YO puedo ofenderme en un momento dado. De hecho, estoy seguro que si
esta película viniera de las américas, se hubiera protestado de lo lindo, pero
como es una película española… pues no pasa nada. Estará rodado con otra
intencionalidad, supongo. O es que el público es completamente idiota, opción
por la que me decanto. En cualquier caso, lo ideal es que no se proteste nunca,
jamás, por el contenido de una película de ficción.
Como fuere, “Slam” gana por goleada en lo que a descerebre,
gamberrismo y destetes se refiere, a sus coetáneas Americanas, si bien el guión
es lamentable y la dirección tan solo correctita. Únicamente, un buen ritmo en
la narración, y un entretenimiento funcional –que gags pocos y malos- hacen que
la película tenga un aprobado raspado. Por lo demás, la película es una
curiosidad por su pertenencia al subgénero del que ahora hablamos, pero
clichés, estereotipos y formalismos, como siempre, están mal entendidos por
parte de sus artífices. Digamos que el director, Miguel Martí, no tiene ni puta idea del género que está
tratando. Tiene un par de nociones, pero no lo conoce. Bastante que le salga
medio entretenida. Y lo mismo ocurría con otra película de 2004 de similares características, “XXL” de Julio
Sánchez Valdés.
“Slam” tomo como protagonista a uno de los actores del
culebrón para jóvenes “Al Salir de Clase”, Ivan Hermés, que tan pronto tuvieron
tirón mediático, lo perdieron, y se marcan un “Screwball” en el que un
periodista veinteañero que escribe para una revista musical de moda ve su
puesto de trabajo peligrar cuando le anuncian que solo uno de los redactores
conservará el puesto, por lo que decide irse al festival de música “Cactus
Féstival” en Andalucía, e intentar entrevistar a la mega estrella del Rock
“Slam”, famoso por no conceder entrevistas. Para ello, emprenderá un viaje por
carretera junto a su amigo Argentino, en la furgoneta de su padre pollero, que
recrea precisamente un pollo con su decoración, y su primo, un Cumbayá
aspirante a seminarista. Pero su rival en la revista, que también quiere
conservar el puesto, se adelantará al festival para ponerle las cosas difíciles
a nuestro protagonista. Mientras, se follarán a tantas guarrillas como les sea
posible, por el camino –Lo de guarrillas no lo digo yo, es el trato que,
alegremente, se le da a las mujeres en esta película. ¡Ojo! que yo no lo
condeno, ¿eh?- .
La película contiene, aparte de escenas directamente
plagiadas (quizás inspiradas) de otras películas yankies (una mamada en la que
sus artífices acaban enganchados por sus respectivos piercings como en “La cosa
más dulce”, un corrida a destiempo como en “Algo pasa con Mary”…) un arsenal de
corridas, enculadas, humor homófobo, humor racista, incluso, tetas y más tetas,
escatología de todos los colores, drogas, sexo a puñados… vamos que de eso no
le falta nada, y aún así, no llega a ser el desmadre que pretende ser, pero se
deja ver sin mayor problema.
Como curiosidad, decir que aunque las escenas del festival
de música transcurren el un festival ficticio de Andalucía, estas se rodaron, en parte, en un verdadero festival como el FIB de Benicassim y, en parte, en un
mega-plató que se construyó en las instalaciones colindantes al complejo de de
exhibición cinematográfica Kinepolis, sito en Madrid, dónde se rodaron escenas
–un concierto de Amaral- para las que se contó con cerca de 5000 extras.
En el reparto, junto a Iván Hermés, tenemos al Argentino
Tomás Fonzi, por aquél entonces popular por su papel en “Una Noche con Sabrina
Love”, La Colombiana Juana Acosta, con menos prestigio del que goza ahora
(¿renegará hoy día de esta peli dónde le
vemos las tetas y el culo con el único fin de apaliar los bajos instintos del
espectador pajillero y adolescente?), el humorista Kimbo, Kira Miró en uno de
sus primeros –y únicos- papeles para el cine, o Luke Donovan, reputado músico
de la escena indie española, proveniente de Nueva Zelanda, que demostró tener
una potente vis cómica en “Gente Pez”, y aquí repitió, no volviendo a trabajar
en el cine en su vida.
Por su parte, el director Miguel Martí, que debuto en el
largo con “Slam”, rodaría después la
siguiente película de “Happy Hour”, “Fin de curso”, después la popular “Sexy
Killer” y en la actualidad, anda haciendo cortometrajes.
En realidad, calidad e intenciones aparte, mola que existan
películas como “Slam” dentro del cine español contemporaneo.
sábado, 4 de febrero de 2017
NUNCA APAGUES LA LUZ
Cosas que solo pasan en Estados Unidos: Haces un sencillo y modesto corto casero de tres minutos, sin diálogos y sin mucho más que una idea visual. Tiene éxito en las redes. Lo vendes como la semilla de un posible largometraje. El proyecto es apadrinado por el nombre de mayor peso en el terror mainstream del momento, James Wan. Convierten el corto en la introducción de todo un señor largometraje (incluida misma actriz, Lotta Losten) realizado con medios solventes y que estira la idea hasta la duración estándar. Se estrena distribuido por Warner Brothers y es un bombazo. Toma ya. Encima, luego, su responsable -David F. Sandberg- es fichado para dirigir una superproducción de superhéroes. ¿Fascinante?, ¡mucho!.
"Lights out", que así se llamaba el corto, y así se llama la peli en v.o., narra una historia de fantasmas muy próxima en fondo y forma al cine de su apadrinador Wan. Una silueta de terrorífico aspecto que se mueve entre sombras y es alérgica a la luz, se dedica a martirizar a los miembros de una familia. La madre parece guardar algún nexo de unión con ella. El hijo pequeño lo pasa canutas por las noches, así que pide ayuda a la hermana rebelde y grunge, que es la que pondrá un poco de orden y resolverá el misterioso misterio.
"Nunca apagues la luz" es de esas pelis que se venden como "muy de miedo" y apuestan por poca o nula sangre y mucha atmósfera (el sueño húmedo de cualquier gran estudio que aspira a congregar toda suerte de público). O, cuanto menos, de los recursos clásicos del terror (oscuridad, ruidos, sótanos, etc, etc). Sin embargo, y aunque no les niego que sí da un poco de yuyu (menos que "Expediente Warren" e "Insidious"), lo que más hay son sustos, muchos sobresaltos (como en "Expediente Warren 2"), y funcionan en lo suyo, sí, peeeero los sustos no son lo mismo que el miedo. Es otro rollo, uno más fácil.
Sin embargo, si no tenemos eso en cuenta, y tampoco nos ponemos demasiado exigentes, "Nunca apagues la luz" funciona como una peliculilla de terror sin mayores complicaciones para ver el sábado por la noche con la parienta agarrada a tu brazo. Entretiene lo justo, tiene algún acierto visual (tal vez lo peor, para mí, sea el niño, que no transmite miedo por muchos morritos que ponga) y... ná, que se puede consumir perfestamente.
"Lights out", que así se llamaba el corto, y así se llama la peli en v.o., narra una historia de fantasmas muy próxima en fondo y forma al cine de su apadrinador Wan. Una silueta de terrorífico aspecto que se mueve entre sombras y es alérgica a la luz, se dedica a martirizar a los miembros de una familia. La madre parece guardar algún nexo de unión con ella. El hijo pequeño lo pasa canutas por las noches, así que pide ayuda a la hermana rebelde y grunge, que es la que pondrá un poco de orden y resolverá el misterioso misterio.
"Nunca apagues la luz" es de esas pelis que se venden como "muy de miedo" y apuestan por poca o nula sangre y mucha atmósfera (el sueño húmedo de cualquier gran estudio que aspira a congregar toda suerte de público). O, cuanto menos, de los recursos clásicos del terror (oscuridad, ruidos, sótanos, etc, etc). Sin embargo, y aunque no les niego que sí da un poco de yuyu (menos que "Expediente Warren" e "Insidious"), lo que más hay son sustos, muchos sobresaltos (como en "Expediente Warren 2"), y funcionan en lo suyo, sí, peeeero los sustos no son lo mismo que el miedo. Es otro rollo, uno más fácil.
Sin embargo, si no tenemos eso en cuenta, y tampoco nos ponemos demasiado exigentes, "Nunca apagues la luz" funciona como una peliculilla de terror sin mayores complicaciones para ver el sábado por la noche con la parienta agarrada a tu brazo. Entretiene lo justo, tiene algún acierto visual (tal vez lo peor, para mí, sea el niño, que no transmite miedo por muchos morritos que ponga) y... ná, que se puede consumir perfestamente.
miércoles, 1 de febrero de 2017
LOS FOTOCROMOS DE "ESENCIA DE MUJER"
Remake de la película Italiana "Perfume de mujer" de Dino Risi, dónde se cambia la sordidez de Italia por el glamour de Estados Unidos, y a Vittorio Gassman por Al Pacino. Obviamente, muy distintas, aunque muy parecidas, las dos están muy bien.
Pero aquí lo que les dejo son los fotocormos de la Americana.
Pero aquí lo que les dejo son los fotocormos de la Americana.
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