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lunes, 18 de diciembre de 2023

TRES SUECAS PARA TRES RODRIGUEZ

“Tres suecas para tres Rodríguez”, producción de Rafael Vázquez Fajardo, con guion del propio productor para ser llevado a la pantalla por Pedro Lazaga, ya desde su título sería una muestra palpable de lo que en términos generales se conoce como “españolada”. Es puro cine comercial y de evasión sin mayor pretensión que la de hacer que el espectador pase por taquilla y que, ya que está, obtenga una hora y media de risas.
Así, lo que tenemos es una colección de clichés y tópicos —a saber: Benidorm, suecas, Rodríguez, destape...— que serían signos identificativos de nuestro cine de comedia durante la década de los setenta, signos que en realidad sólo vislumbraríamos en media docena de títulos a los sumo, y que no representan en absoluto toda la “españolada” producida aquellos años, pero que a nivel popular prevalecen, hasta tal punto que parece que nuestra comedia de la época solo trataba de españoles tras las suecas. Pero “Tres suecas para tres Rodríguez” es la quintaesencia de todo eso. Y, sí, va de tres españoles que se ligan a tres suecas.
Concebida al servicio de Tony Leblanc, se trata de una película decadente que, si bien no pone fin al género, sí nos muestra el descenso de calidad tanto artística como técnica de la triada formada por Leblanc, Antonio Ozores y Pedro Lazaga, que dieciséis años atrás facturaron aquella obra maestra que es “Los tramposos”, y de la que “Tres suecas para tres Rodríguez” no es ni su sombra; si aquella estaba rodada con un cuidado exquisito, esta lo está a toda prisa y dando la sensación de que lo que primaba era sacar el máximo de trabajo en cada jornada. También es cierto que Tony Leblanc, galán cómico en la pasada década, quizá en 1975 ya no contaba con el beneplácito de todo el público como años atrás, y se tradujo en taquilla con un número bastante inferior de espectadores con respecto a sus títulos más celebrados. La película sobrepasaba el medio millón de espectadores. Puede que ahora pudiéramos calificar esa cifra de exitosa, pero para los parámetros de la taquilla de 1975, era más bien poca cosa.
Del mismo modo se nos presenta a un Tony Leblanc claramente desgastado, envejecido, con peluca y cuya interpretación está bastante lejos de lo que fue capaz años atrás, interpretando su papel mecánicamente y sin emplearse a fondo. Aún así, es capaz de sacar en el espectador más de una carcajada, porque tanto Tony como la película sí que funcionan, paradójicamente, a niveles humorísticos.
Asimismo “Tres suecas para tres Rodríguez” supone un título significativo dentro de la filmografía de Leblanc por tratarse de la última en la que intervendría tras decidir retirarse de los platós por problemas de salud que acarreaba desde tiempo atrás, al margen del aparatoso accidente de tráfico sufrido en 1983, que le dejaría inválido y acabaría de apartarle del todo de los escenarios, hasta que en 1997, diecisiete años después de ponerse frente a la cámara por última vez para la película que nos ocupa, fue rescatado para la gran pantalla, no sin esfuerzo, por un obstinado Santiago Segura. Sin embargo, a partir de aquí, recuperado milagrosamente de su invalidez, retomaría una carrera como actor en roles secundarios, ya fuera en la célebre saga de Segura, ya fuera en la serie de televisión “Cuéntame como pasó”. “Tres suecas para tres Rodríguez” sería el último protagónico en su carrera y la finalización de la etapa genuina del actor, en calidad de estrella, que comprende desde bien entrados los años 40 hasta la fecha de estreno de esta película.
Por lo demás estamos ante una obra menor del cine español, un título más entre los menos destacables de la filmografía del director Pedro Lazaga y, a rasgos generales, una funcional y tontorrona comedieta veraniega a la que es absurdo pedirle más de lo que nos ofrece; mucho descerebre, humor histriónico, algo de carne femenina —algo de masculina también— y el buen hacer de veteranos de la escena como Rafael Alonso, Florinda Chico, Antonio Ozores o Laly Soldevilla entre otros, que acompañan a Tony Leblanc en lo que, por los pelos, no se convirtió en su canto de cisne.
Para echar una sobremesa sobra, alcanza y, al final, incluso celebramos.

lunes, 17 de septiembre de 2018

LA PANDILLA DE LOS 11

A principios de los años 60, en pleno auge del cine negro español —por ejemplo, Arturo Fernández se dedicaba a finales de la década de los 50 a interpretar papeles en este tipo de cine—, resultaba de lo más oportuno para la taquilla el realizar una comedia que se mofara de este género y de las películas de gángsteres americanas. 
Así, con dirección de Pedro Lazaga, “La pandilla de los 11” parodiaría con su título el éxito comercial de aquellos años “La cuadrilla de los once”, película a mayor gloria del denominado Rat Pack (Dean Martin, Frank Sinatra y Sammy Davis Jr.) y dirigida por Lewis Milestone. Pero más allá del  título y que la premisa central de ambas es un robo, ahí quedaría toda similitud. En realidad “La pandilla de los 11” tendría pinceladitas de varios títulos de la época (las referencias paródicas a “Rififí” estarían más marcadas que las que pudiera haber a la película de Milestone) resultando una amalgama de guiños que servirían de hilo conductor para lo verdaderamente  importante en esta película, que es la colección de gags escritos por Antonio de Lara “Tono”, uno de los humoristas gráficos más representativos de la llamada “La otra generación del 27”, que hace de la astracanada el leit motiv de esta película. Algunos chistes son ganchos directos a la mandíbula, mientras que otros están impregnados de un sutil surrealismo —a saber; el individuo que tiene sed que está siendo torturado a base de hacerle comer polvorones, o el hecho de que los gángsteres de pacotilla que protagonizan esta película tienen  guardarropas donde dejar sus armas en los clubes que frecuentan—. Muchos de ellos sobreviven al paso de los años estupendamente; otros en cambio se han quedado un tanto kitsch.
Cuenta como un mafioso llamado “El Rubio” (descacharrante Adolfo Marsillach), reúne a una serie de individuos de mal vivir con la finalidad de formar un grupo que robará el banco de España, haciéndolo de manera subterránea y desde Las Cibeles. La mala suerte querrá que se queden atrapados en el túnel por el que pretenden entrar, lo que generará  toda suerte de sucesos hilarantes.
En verdad, sin dejar de ser una comedia de lo más entretenida, resulta un film del montón y no especialmente relevante, sin embargo, su principal virtud radica en que, dentro de un elenco maravilloso, tenemos juntos, y casi siempre compartiendo plano, a dos generaciones de cómicos en su salsa, interpretando las líneas y diálogos de Tono con la mayor efectividad posible. Y es que esta pandilla de 11 la componen actores de la vieja guardia como Pepe Isbert o Manolo Moran, con actores que durante años serían el relevo de estos como Manolo Gómez Bur, Ángel de Andrés padre, Juanjo Menéndez, Ismael Merlo, Antonio Ozores, y como única fémina Margot Cottens, siendo estos los más destacados, amén de todos los secundarios que les acompañan durante el metraje.
Dirige Pedro Lazaga, sin duda, uno de los directores de “Españoladas” más importantes de nuestra cinematografía, así  como poseedor de una de las filmografías más extensas y reconocibles.

martes, 27 de enero de 2009

TENEMOS 18 AÑOS

Continúo viendo la filmografía más amable de Jess Franco (es decir, sus comedias), y hoy toca su opera prima de 1959.
Dos jovencitas de 18 años de edad deciden escribir un libro contando las aventuras que han vivido durante su viaje en coche a Andalucía en navidades. A lo largo del periplo se topan con todo tipo de estrafalarios personajes, les pasan montones de cosas y todas ellas surrealistas.
Jess Franco es un reconocido fan (y gran amigo) de uno de los genios incomprendidos que ha dado la comedia clásica de nuestro país, Pedro Lazaga, de quien claramente mamó para realizar la suya propia, muy de los cincuenta en espíritu y maneras. Aunque no todo el tiempo. Ya desde el primer momento, Franco deja entrever todos los elementos (tan personales) de lo que posteriormente va a ser su cine. Y es que esta es una película de historias, tres concretamente, con un nexo de unión entre ellas que, si bien viene estructurada como un film de Lazaga, la cosa va derivando hacia el terror en su parte central, donde vemos claramente el estilo personal del director, y hacia el drama desgarrado de Juan Antonio Bardem al final (también amigo de Franco. No es una suposición, en una reciente entrevista que le hice me confesó la gran influencia que ejercieron sobre él sus amigos Bardem y Lazaga), haciendo de esta película un pupurrí de géneros, un tanto extraño y, siempre con el tono cómico de fondo, por momentos inquietante.
A todo esto, sumémosle que el guión esta escrito por el propio Franco junto con esa máquina que ha sido siempre Antonio Ozores, para una película que, en realidad, es un vehículo para que el actor se luzca, incluso más que en cualquiera suya de la época (aunque figura en los créditos al final, es el protagonista absoluto). La mezcla es totalmente explosiva.
Ozores interpreta tres o cuatro papeles, curiosamente todos los personajes negativos, construyendo malvados malvadísimos, siempre con sus chascarrillos típicos, pero demostrando unas dotes para la actuación muy desaprovechadas a lo largo de su carrera.
También tenemos en los papeles protagonistas a una jovencita Terele Pávez, que a día de hoy anda vagabundeando por las calles, haciendo ya de tipa dura y de vuelta de todo.
Destaco la parte central del film, la más genuina de Franco, en la que tras quedarse las jovencitas en medio de la carretera, son recogidas por un extraño carruaje de caballos conducido por un siniestro hombre enmascarado (Ozores) que las lleva a su castillo y les cuenta su historia: La de un joven misántropo que asesinaba en las noches de luna llena a todo aquél que se le ponía a tiro, hasta que una chica logra lanzarle ácido a la cara. Las protagonistas quedan absortas ante tales hechos y es cuando Ozores se quita la mascara y vemos su rostro desfigurado. Acto seguido, intenta dar cuenta de las chavalitas. El look de Ozores es tremendamente impactante, es exacto al de "Michael Myers"… pero estamos hablando de 1959 en España, lo que no es normal en una peli de estas características, y menos el verle con la cara desfigurada y piel quemada colgando de su mejilla. Desconozco si esta peli tuvo problemas con la censura, pero tras ver esto me figuro que sí, aunque siendo una comedia igual la dictadura del tocayo del director vio esto con otros ojos… ya me enteraré.
Otro aspecto que me ha llamado la atención, es que siendo esta una película ambientada en las fiestas navideñas, rechaza ese look meloso propio de la época como, por ejemplo "La gran familia", convirtiéndose, no se si voluntaria o involuntariamente, en una de las prducciones navideñas mas anti navideña de la historia.
Con todo, decir que yo la he disfrutado mucho. Contiene todos los elementos que a mi me gustan (recordemos que soy fan de nuestro cine cómico clásico), que nunca Ozores estuvo mejor en otra película, y que esta es rara, distinta, extraña. No me extraña que su director se ganara la fama de raro en aquella época.
Por supuesto, la música jazz de Franco está presente durante toda la cinta.
De lo mejorcito de Jess Franco.

jueves, 17 de mayo de 2018

TERAPIA AL DESNUDO

Realizada con el principal objetivo de sacar partido del tirón mediático del que entonces gozaba el recientemente fallecido José María Íñigo, “Terapia al desnudo” podría encuadrarse asimismo dentro del ciclo de películas protagonizadas en aquella época por Carmen Sevilla, las cuales, y al mismo tiempo que intentaban aprovecharse de la relajación de costumbres a nivel sexual propia del tardofranquismo, contaban asimismo con el plus de explotar la morbosa y espléndida madurez de la más tarde célebre presentadora del “Telecupón”.
Dirigida por Pedro Lazaga, “Terapia al desnudo” nos cuenta la historia de Pablo (Íñigo), un tipo en apariencia normal y corriente que sufre un accidente de tráfico cuando lleva consigo una maleta que contiene varios millones de pesetas procedentes del robo a un banco. A resultas del choque Pablo pierde la memoria y, ante la imposibilidad de poder interrogarlo, las autoridades deciden esperar a que se recupere en la clínica en la que trabaja la sexualmente insatisfecha doctora Esteve (Carmen Sevilla). Ya ingresado en esta institución Pablo desarrollará gracias a la conmoción cerebral causada por el mencionado accidente toda una serie de poderes hipnótico-telepáticos, consiguiendo que de esta manera se hagan realidad sus deseos más íntimos, como por ejemplo - y sobre todo - la posibilidad de ver desnudas a las enfermeras encargadas de su cuidado.
Con una premisa inicial que perfectamente podría pertenecer a uno de aquellos films de la Tercera vía que escribió Garci a mediados de los 70, “Terapia al desnudo” es, sin embargo y al contrario que aquellas, una película sin ninguna gracia ni sentido de la oportunidad que además practica un erotismo de muy baja, bajísima intensidad (de hecho, el único pelo que aquí se ve es el del mostacho del protagonista), y en la que, desafortunadamente, ni siquiera lo prometedor y teóricamente original de su argumento está lo suficientemente explotado en lo que a situaciones cómicas se refiere: de este modo, los casi noventa minutos que dura la película se basan en el estiramiento hasta la náusea de la anécdota de la influencia mental que Íñigo ejerce en sus semejantes (o, mejor dicho, "semejantas") y en mostrar durante la mayor parte del metraje al presentador de “Directísimo” postrado en una cama sin decir palabra y poniendo cara de sátiro, teniendo todo ello como consecuencia que al final la propuesta resulte mucho más sórdida y malrollera que simpática.
De hecho, y antes que viendo una comedia de la época, tanto por el tema que trata como por el ritmo plomizo que arrastra parece que estuviéramos ante un título del hoy tan reivindicado fantaterror, dentro de una trama paracientífica característica del subgénero sin el más mínimo desarrollo ni grandes sorpresas y en la que, para más inri, abundan además el relleno argumental y la psicología de baratillo. Si finalmente merece la pena el visionado de esta peli, una de las cinco que Lazaga dirigió en 1975, es debido precisamente al hecho de lo altamente equivocado a todos los niveles de su concepto de base: así las cosas, los contados momentos realmente eficaces que “Terapia al desnudo” ofrece vienen dados por lo absurdo del hecho de que alguien en algún momento pensara que una comedia erótica protagonizada por José María Íñigo pudiera llegar a funcionar, tanto cinematográficamente como a nivel de taquilla.
Aparte de los chistes a costa del bigotón del amnésico protagonista, y de los desfiles de lencería cortesía de una muy maciza (y perdón por el micromachismo) Carmen Sevilla, lo único que a día de hoy lograría dibujar una sonrisa en el rostro del espectador contemporáneo sería el continúo e inapropiado bombardeo de diálogos misóginos (“De una mujer no importa el nombre, lo que importa es que haga el amor”, declara Íñigo en un momento dado), así como los chistes racistas a costa del hecho de que el bigotudo paciente haya dejado embarazada a una enfermera de color; “Cuando despiertes espero que veas las cosas menos negras.”, le llega a decir Carmen Sevilla a su compañera después de administrarle un sedante (¡¿?!)
Además de estos chascarrillos machistas y xenófobos, lo que verdaderamente redime a "Terapia al desnudo" es el hecho de que exponga sin demasiados remilgos - aunque, eso sí, siempre en tono de comedia - la doble moral imperante en la época, así como el hecho de que la pervertidora influencia que el personaje protagonista ejerce entre los empleados del hospital no esté enfocada desde un punto de vista excesivamente negativo. Por desgracia, Lazaga también opta por centrarse en los aspectos más vulgares, simples y vodevilescos que su argumento pudiera deparar, dentro de una historia en la que el revoltijo de ideas y el todo vale acaban convirtiéndose en norma.
Arropando a un interpretativamente inepto Íñigo, y haciendo más o menos soportable lo desastroso del libreto y la desgana con la que el director aborda el proyecto, tenemos a un variopinto e insuperable plantel de actores entre los que destacan veteranos como Alfredo Mayo junto a principiantes como una muy jovencita (y muy rica... con perdón) Rosa Valenty, además de los ubicuos Manolo Zarzo y Rafael Hernández y un Juan Luis Galiardo que, al igual que ya hiciera en "Una señora llamada Andrés" o "El apartamento de la tentación", aquí también interpreta al marido de Carmen Sevilla.
Mención aparte merece la andaluza, la cual se toma en todo momento en serio tamaño despropósito de película al enfrentarse a su personaje de desinhibida mujer de mediana edad exactamente con la misma voluntariosa pero distante profesionalidad con la que, por esa misma época, daba la réplica a Paul Naschy en "Muerte de un quinqui"  o cuando le tocaba ponerse a las órdenes de Gonzalo Suárez o Eloy de la Iglesia.
Finalmente, y a pesar de ser una película muy, muy flojita, hay que reconocer que gracias a su condición de excentricidad "Terapia al desnudo" es un título que destila un innegable atractivo bizarro, por lo que supongo que sería recomendable al menos para aquellos infatigables degustadores de rarezas de la historia de nuestro cine.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

UN VAMPIRO PARA DOS

Andaba yo detrás de esta película desde que supe que existía hará ahora un par de años. Y es que el cine Español, de los 80 hacia atrás, me gusta mucho, máxime cuando tenemos a Pedro Lazaga dirigiendo, a Fernán Gómez haciendo de vampiro y a López Vázquez y Gracita Morales en los roles protagonistas. Nada es más agradecido de ver a las tres de la mañana que una vieja película Española.
Pero este "Vampiro para dos" no os creáis que me ha funcionado mucho.
Un matrimonio, pluriempleado él, en turno de noche ella, decide emigrar a Alemania con el fin de poderse ver más a menudo, puesto que con sus actuales empleos tienen que comunicarse mediante carta en su propia casa. Una vez en Alemania, encuentran trabajo de criados en la mansión de un tipo que resulta ser un vampiro.
Una peli muy simple para lucimiento de la pareja protagonista, tan de moda en los 60. Pero veréis, argumentalmente me parece una estupidez, de las mas flojas de Lazaga y de la pareja protagonista, pero está dirigida, iluminada y ambientada con maestría. Y pocas veces me dejo seducir por elementos técnicos en una película, pero esta vez, no se porque, es lo único que me ha llamado un poquillo la atención. Los títulos de crédito comienzan con una panorámica de la puerta del sol, dando paso a un plano secuencia cámara al hombro por el metro de Madrid que me ha molado mucho. Curiosamente, planos comunes se van entrelazando con planos inverosímiles, lo que no es muy normal para una peli de estas características. Y eso está muy bien, lástima que el resto sea una chuminada muy tonta.
No obstante, hay una escena en la que el vampiro baja a la calle con el fin de hincarle el diente a una jovencita y, al no conseguirlo, acude a la farmacia a que le vendan plasma sanguíneo, que es clavado, clavado a lo que sucedía en un episodio de la serie anime "Don Dracula", de la que soy fan. Supongo que son cosas de la casualidad, pero si no fuera por lo improbable que resulta, se podría decir que los japos plagiaron la película.
Los actores están todos maravillosos, como de costumbre. Lo chungo es lo siguiente: Si teníamos personal tan cojonudo en los años 50, 60, 70 y 80... ¿cómo es posible que nuestros actores actuales sean todos peor que malos? ¿Una maldición quizás?
Por otro lado, la primera parte está rodada en exteriores de Madrid muy reconocibles, y pocas cosas me gustan mas que ver mi ciudad tal y como era en las películas antiguas.
O sea, digamos que, como he dicho al principio, la peli no me ha funcionado mucho... aunque he pasado un buen ratillo viéndola. Contradictorio pero real.

viernes, 13 de noviembre de 2020

EL TIGRE DE CHAMBERÍ

Otro clásico absoluto de nuestra comedia que, curiosamente, mientras hoy día está asumido que nos enfrentamos a una obra de indudable valor dentro de la comedia española, en su momento quedó ninguneada y considerada menor. No obstante, a nivel popular es una de las películas más recordadas de sus dos intérpretes principales, Tony Leblanc y José Luis Ozores, y uno de los máximos exponentes de la comedia española de corte deportivo, aunque bebe —por no decir que, casi, plagia— de muchas fuentes: Sus referentes más directos serían las películas norteamericanas “El asombro de Brooklyn”, comedia para total lucimiento del actor Dany Kaye y con la que comparte premisa argumental, o “La vía láctea”, con Harold Lloyd, cuya interpretación, además, le sirve a José Luis Ozores como modelo a la hora de ejecutar sus coreografías cuando está dentro del ring.
Cuenta la historia de un don nadie, Miguel (José Luis Ozores), que, inducido a la pequeña estafa por su amigo Manolo (Tony Leblanc), comete pequeñas fechorías, como usar una silla de ruedas con el fin de dar pena al portero del campo de fútbol y que este le deje pasa al estadio, o seducir a las criadas más feas del guateque pues, según Manolo, “Son las que pagan las meriendas”. En una de esas visitas al campo de fútbol, Miguel tiene un pequeño altercado con un espectador y le propina un puñetazo, noqueándole por obra del azar divino, ya que Miguel no es un hombre ni agresivo ni violento. Resulta que el noqueado es nada menos que Molina (Emilio Orozco) campeón de España de boxeo —y boxeador en la vida real— lo que desencadena que su amigo Manolo, en compañía de otro sin vergüenza que además es entrenador de púgiles, líen a Miguel para que boxee profesionalmente, siempre con la premisa de que es el hombre que noqueó a Molina. Para ello, contarán con el dinero de un hostelero que cree, a pies juntillas, que Miguel es un boxeador estupendo. Todo lo contrario. El amor que Miguel siente por la hija de este complicará más aún las cosas.
Tintes melodramáticos con final feliz, gags efectivos, ritmo cinematográfico absolutamente medido y eficaz y, sobre todo, magníficas interpretaciones e inmejorable y artesanal dirección. José Luis Ozores, uno de nuestros mejores cómicos y cabeza visible de ese maravilloso clan de artistas que es el de la familia Ozores, está inmenso, componiendo un rol que, verborrea atómica mediante —y aunque se repetiría, prácticamente, durante toda su carrera— debe mucho a los clásicos americanos del cine mudo, paradójicamente, dándole a su Miguel unos toques de Charlie Chaplin, otros de Buster Keaton, también, como no, de Dany Kaye, pero, sobre todo, mucho de sí mismo, es decir, que gestos, expresiones y frases son 100% José Luis Ozores. Tony Leblanc, y como rigen los cánones de la comedia española de los años 50, da vida a un caradura de buen corazón, papel en el que se especializaría, y en esta ocasión, resulta tan memorable como José Luis Ozores, viéndose, eso sí, ambos eclipsados por Antonio Garisa, eterno secundario, que, con maestría, da una lección de comicidad, interpretando al entrenador de Miguel, soltándose, como el que no quiere la cosa, unos "speechs" que valen su peso en oro. El protagonismo femenino recae en Hélène Rémy, actriz francesa de inconmensurable belleza, cuya posterior carrera se desarrollaría, sobre todo, en Italia, en producciones de "serie B" como pueda ser “El vampiro y la bailarina” Les secundan Julia Caba Alba y José Marco Davó.
El libreto de la película recae en las plumas de Vicente Coello —suyos son los guiones de otros clásicos como “Vente a ligar al Oeste” de Pedro Lazaga, o, ese vehículo comercial para Teresa Rabal que es “Loca por el circo”—y Vicente Escribá, quien firma, quizás para que en caso de que la película llegara a ser acusada de plagio, su nombre no se viera involucrado, bajo el seudónimo de Antonio Vies, y de cuya autoría son guiones antológicos como, por ejemplo, el de “Los ladrones somos gente horada” que comparte dirección por parte de Pedro Luis Ramírez con el film reseñado. Genial cineasta Almeriense cuya carrera está cuajada de clásicos perennes y, sin embargo, su filmografía es más bien escueta. Suyas son “Recluta con niño” “El Gafe” o “Crimen para recién casados”. Acabó su carrera filmando "exploitations" de “Le llamaban Trinidad” a las órdenes de Ignacio Iquino, como por ejemplo “Ninguno de los tres se llamaba Trinidad”.
Obra maestra del cine español.

jueves, 24 de octubre de 2013

LA MANSIÓN DE LA NIEBLA

El debut en la dirección de Francisco Lara Polop, director legendario de la comedia española que trajo a nuestras pantallas éxitos tan grandes cómo “Virilidad a la española” con Fernando Esteso o “Le llamaban J.R.” para lucimiento de Pepe Da Rosa, pero también cosas más sórdidas como “Cebo para una adolescente” o “La patria del Rata” de menor calado en el subconsciente popular, se adscribe al género fantástico y a los míticos 70 mm. tan populares a finales de los 60 y primeros 70.
Según TODAS las bases de datos consultables y por consultar, la película está co-dirigida por otro grande de la comedia  como es Pedro Lazaga, sin embargo, en la película no hay ni un solo nombre, o pseudónimo, que así lo acredite.
Cuenta la historia de diferentes personajes, que en medio del campo, y por culpa de la niebla, dan a parar todos a la misma mansión.  Allí, se les cuenta los problemas que hubo tiempo atrás a causa de un vampiro. Trasteando por la mansión, cada personaje irá presenciando extrañas muertes, extraños poltergeist y demás parafernalias “fantaterrorificas”.
“La Mansión de la niebla”, coproducida con Italia, y con título internacional de “Murder Mansion” (entre otros cuantos), digamos que tiene un montón de cosas buenas, pero tantas como malas, y si equilibramos la balanza el resultado se inclina más hacia las malas. Porque adolece de lo de siempre, a saber: Ritmo nulo, desarrollo confuso, guión no del todo sólido e imperante aburrimiento. Así, una atmósfera totalmente envolvente, momentos de horror más que convincentes, escenografía y fotografía perfectas, no logran imponerse al coñazo que, a rasgos generales, supone sentarse frente a “La Mansión de la niebla”.  De poco sirve que diga que, en el lado positivo, sea deudora, y recree con eficacia, los entornos de las películas detectivescas a lo Agatha Christie, tipo “10 Negritos” o, más en su línea, “La Bestia debe morir”, sin ser una de esas en las que hay que averiguar quien es el asesino, ya que anda más bien encaminada a territorios “zombies”, a pesar de que se hable en su argumento, constantemente, de un vampiro.
Y es que con el cine de terror español setentero si, técnicamente, una película es impecable  pero no se apoya con lo narrativo, la cosa sirve para bien poco, porque, al contrario, si un coñazo es técnicamente una chapuza, igual con las dosis precisas de inutilidad se torna buena… no sería este caso, porque, a pesar de la buena prensa que acompaña a esta película por parte de, como no, el fandom especializado, que siempre se deja llevar por la pasión a la hora de evaluar sus géneros favoritos,  “La mansión de la niebla” está demasiado bien hecha y las interpretaciones son demasiado dignas para que la tengamos en cuenta como “peli chunga”, por lo que solo se queda en coñazo, que es lo peor que le puede pasar a una película. Eso si, un coñazo bonito. Demasiado bonito para mandarlo a quemar, ya que lo momentos buenos, son demasiado buenos y, hasta por momentos, da miedo, provoca inquietud. Pero no son tantos como para tenerla en cuenta… y así sucesivamente.
En definitiva, que la película se queda en tierra de nadie, y tajantemente, no ha obtenido repercusión a posteriori porque es la definición misma de sosería.

lunes, 10 de julio de 2023

LOS FOTOCROMOS DE "VOTA A GUNDISALVO"

“Vota a Gundisalvo” es una de las últimas películas en la filmografía de Pedro Lazaga y uno de los títulos clásicos de la transición, una de esas comedias sobre empresarios, políticos y chaqueteros, aderezado todo con un poco de destape y que protagonizó Antonio Ferrandis con la socarronería que le caracterizaba.
Aquí dejamos los fotocromos que amablemente nos ha cedido el amigo Fabio Méndez.








miércoles, 18 de abril de 2018

VÍCTOR EN "HISTORIA DE NUESTRO CINE"



En representación de este blog y de Vial of Delicatessens, asistí al coloquio semanal que organiza el programa de La 2 de RTVE "Historia de nuestro cine".
Lo emiten el próximo Viernes 20 de Abril en la 2, pero para verlo en directo o streaming a través de la red, aquí les dejo la dirección de su web:
http://www.rtve.es/television/20180414/semana-dedicada-parodia-historia-nuestro-cine/1713924.shtml

Sin más, les dejo con un corta y  pega de la info que viene en la web de RTVE.

‘Historia de nuestro cine’ revisará la próxima semana el género de la parodia a través de las películas ‘La pandilla de los once’, ‘Crimen imperfecto’, ‘Yo hice a Roque III’, ‘Que nos quiten lo bailao’ y ‘La gran aventura de Mortadelo y Filemón’. El viernes, en el coloquio que modera Elena S. Sánchez, participarán el director y guionista Javier Fesser, el cineasta Víctor Olid y la crítica de arte Mery Cuesta. Junto a ellos, el crítico de cine y colaborador habitual del programa Jordi Costa.
El lunes se emitirá ‘La pandilla de los once’, de Pedro Lazaga, que analizará el crítico, escritor y director, Fernando Méndez-Leite; el martes, ‘Crimen imperfecto’, de Fernando Fernán Gómez, que introducirá el historiador cinematográfico y coordinador del programa Luis E. Parés; el miércoles, ‘Yo hice a Roque III’, de Mariano Ozores, que comentará el crítico de cine Javier Ocaña; el jueves, ‘Que nos quiten lo bailao’, de Carles Mira, que presentará el crítico de cine Jordi Costa.
El viernes, ‘La gran aventura de Mortadelo y Filemón’, de Javier Fesser, que presentará la crítica de cine Andrea Gutiérrez. En el coloquio sobre parodias en el cine español participarán el director y guionista Javier Fesser, que acaba de estrenar en cines ‘Campeones’, participada por RTVE y que se ha convertido en el mejor estreno de cine español del año; el cineasta “underground” Víctor Olid, también actor escritor y locutor, que analiza el cine de Pajares y Esteso en su libro ‘El descacharrante cine de Pajares y Esteso’; y la crítica de arte, comisaria de exposiciones y dibujante de cómics Mery Cuesta. Junto a ellos, el crítico de cine y colaborador habitual del programa Jordi Costa.

‘Historia de nuestro cine’

‘Historia de nuestro cine’ se estrenó en mayo de 2015 en La 2 para revisar en prime time gran parte del cine español desde los años 30 hasta finales del siglo XX y recuperar muchas películas que no se habían emitido en muchos años en otros espacios de cine de RTVE. Presentado por Elena S. Sánchez, coordinado por el historiador cinematográfico Luis E. Parés y dirigido por Francisco Quintanar, el espacio cuenta con un equipo de expertos que introducen cada película.