
No hace falta ver EL INMIGRANTE LATINO para saber exactamente de que va.
Un todoterreno en el campo de la música clásica, aprovechando la crisis que hay en Colombia dentro de su sector (es director de orquesta) decide irse a Nueva York con el fin de prosperar. Como no le dan en visado de emigrante, llega a la gran manzana como turista, y empezará a buscarse la vida de manera ilegal, lo que dará lugar a disparatadas situaciones. Hasta que, por avatares del destino, va a parar como chofer de un famoso compositor Americano, que hará que todo termine felizmente para el gordo.
Lo de siempre, servido como siempre y con la doble moral del siempre. Primero con la crítica al sistema norteamericano, al que se le acusa de “no ser la tierra de las oportunidades” cuando la cosa le va mal al prota, para luego retractarse al acabar el gordo, no ya ganandose la vida dignamente, si no incluso triunfando en N.Y. como director de orquesta….Repugnante, pero no exhento de inocencia y buenas intenciones.
Yo siento debilidad ante este tipo de productos. Me entretienen, me hacen desconectar de mi vida diaria, e incluso tomo buena nota de según que gags, así que si, pasa el aprobado con creces, gracias al ritmo, a chistes no tan patéticos como cabía esperar, y a que es una comedia de esas de “Always look on the rigth side of life”, que se conforman con hacerte esbozar una sonrisita. Lo consiguen.
Además, que está bastante bien rodada, por un artesano colombiano llamado Gustavo Nieto Roas, que sigue activo –en la medida de lo posible- y que se convirtió en uno de los directores habituales en las películas de El gordo Benjumea. Como le pasaba a Enrique Carreras con Olmedo y Porcel, o a Mariano Ozores con Pajares y Esteso.
Muy simpática.