viernes, 31 de diciembre de 2010

TRIÁNGULO DE ORO

Jairo Pinilla, director de este engendro, vendría a ser el equivalente colombiano a nuestro Juan Piquer Simón (más que nada por aquello de las películas de aventuras y eso), con el hándicap de que hasta los Colombianos se ríen de su cine. De hecho, a las cagadas, constantes en una película suya, las llaman alegremente “Pinilladas”. Yo, al saber de este señor, rápidamente quise ver algo suyo, así que di con esta "Triángulo de oro", también conocida como "La isla fantasma", con el fin de descojonarme gracias a las consabidas “Pinilladas”.
Yo soy un tipo de tragaderas enormes, con una paciencia infinita. Bien, las “Pinilladas” no hacen que merezca la pena el visionado. Pero para aquellos moderniquis que dicen consumir “cine trash”, esto es una buena muestra… a ver si la aguantan. Ni vuestro ídolo Tarantino podría sobrevivir a tantísimo aburrimiento.
Un niño sordomudo y su madre son mantenidos por una especie de gorderas con indumentarias estrictamente gays. Un día comienza a salir sangre de la foto del padre del chaval, que lleva un tiempo desaparecido. A la mañana siguiente aparece muerto en la playa, con un colgante que es el “Triángulo de oro”. Se ve que la madre tiene un mapa, y unos villanos (un negro, un tirillas y un chino) la secuestran y se la llevan a una isla. Pronto el niño sordomudo y el gordo darán cuenta de los secuestradores e intentarán sobrevivir a los peligros de la Isla.
Absolutamente insufrible. Patidifuso me quedé con uno de los planos. Un barco aparca (o como se diga) en un muelle. Lo resuelven en un plano fijo de cinco minutos. Sin motivo además… como si metes ahí, yo que sé, un plano del cielo y los pájaros volando. La peli es lenta, sosa, rollo, y rodada por un autentico manazas incapaz de contar una historia. No nos enteramos de nada, ni sabemos qué pasa con el dichoso triángulo, solamente porque no está ni rodado. Es una jodida sucesión de planos, a cual más tonto, con unos escuetos diálogos que tampoco aclaran nada. Y de repente se acaba la película. Pues vale.
¿Tema risas? Yo creía que muchas y abundantes. Pero esto no es el Perú actual, si no la Colombia de los ochenta, y elementos tales como una piedra que cambia de color y te mata dolorosamente cuando la tocas, o un extraño niño lleno de escamas (algodón pegado a su cuerpo pintado de verde), o una histérica loca que no sabemos qué pinta en esa Isla y emite un sonido sobrecogedor mientras tira al fango a un niño deforme y extraño, no provocan ninguna risa porque, en conjunto, todo en esta película es patético. Da hasta pena.
Aunque en el tema risas, hay que decir que el chino, doblado por un Colombiano con una voz como de teleñeco, y una pelea ejecutada por este mismo, sí, vaaaaale, te ríes… pero en serio, hay que ser un titán para aguantar esto. Quien les dijera que el “cine trash” era “cool”, que se vea esta puta película, nos deje en paz, y vuelva a su puto cine "indie", que va más con su personalidad.