miércoles, 3 de julio de 2013

Woochi, cazador de demonios

También conocida con el título “Woochi” sin la coletilla de cazador de demonios, esta película surcoreana no tiene nada que envidiar cualquier superproducción de Hollywood de aventuras y fantasía con grandes efectos especiales. La historia se inspira en un relato corto anónimo del siglo XVII, en el se cuentan las andanzas de Woochi, un mago pícaro, una especie de “Rinconete y Cortadillo”, pero con magia, y en Corea del sur. 

La historia empieza hace 500 años, en esa época Woochi es un estudiante de magia que junto a su perro con forma humana, van haciendo bromas y jugarretas al primero que se le ponga por delante, incluso al mismísimo rey. El maestro de Woochi se disgusta con los problemas en los que su discípulo se mete, pero sabe que el fondo tiene buen corazón y que en algún momento de su vida se convertirá en el mago supremo. Desgraciadamente para Woochi, es falsamente acusado de robar una flauta mágica que controla a unos demonios. Así pues los tres dioses lo encarcelan en un manuscrito para toda la eternidad. ¿Para toda la Eternidad? No, en un pequeño poblado de la Galia cuando 500 años después, ahora en la actualidad, los demonios vuelven a acechar a los seres humanos, los tres dioses deciden sacar a Woochi de su cautiverio para poder hacerse de nuevo con la flauta mágica y encerrar a los demonios. Lo que Woochi no sabe es que piensan hacer lo mismo con él una vez les haya ayudado. Por medio se mezcla una historia de amor con una viuda que le perseguirá en el tiempo y que puede ser la perdición del joven mago.

Como comento en el primer párrafo, esta película no ha de sentir vergüenza de mirar a los ojos a películas de presupuestos multimillonarios, y es que toda la producción destila calidad. Desde el vestuario, a los escenarios, y sin olvidar unos efectos especiales de lo mas conseguidos. Lo único que canta un poco son los demonios hechos en CGI, pero se perdona por todo lo demás. Y es que las luchas de magos con saltos imposibles, múltiples dobles del protagonista que al ser golpeados se transforman en lo que eran, escobas, o las bolas de fuego o agua, son unos muy buenos ejemplos de cómo usar los efectos especiales para dar realismo a la fantasía sin que esta se vea falsa como puede ocurrir en producciones más pobres. Porque admitámoslo, para hacer una producción de fantasía que no saque al espectador de la historia se necesita dinero, mucho dinero, y en Woochi contaban con él. Los actores también están muy bien todos ellos,  y rápidamente le coges cariño Woochi y su fiel perro/amigo Chorangyi. Por el lado femenino es donde la cuestión se tambalea un poco, pero siendo justos tampoco podemos decir que la actriz que interpreta a la viuda lo haga mal, ya que en un momento tiene que hacer un cambio de registro y la mujer cumple, simplemente es un poco sosita en su papel habitual.  

La película, aunque no tenga nada que ver, me recuerda a La Historia Interminable o Dentro del laberinto, aquellas películas de fantasía y aventuras donde lo primero era la calidad y hacer pasar un buen rato al público. Woochi consigue esto sin despeinarse.