sábado, 28 de enero de 2017

BABY BLOOD

En una época en la que el terror franchute se encontraba medio muerto, lejos aún del renacer que sufriría a inicios de los 2000 con "Alta Tensión", nada más estrenarse los 90 apareció una anomalía titulada "Baby Blood" que presumía de ser jugosamente truculenta. Su director, Alain Robak, venía de rodar una peliculita de arte ensayo pretenciosa que nadie quiso ver y supongo que con su nueva aportación buscaba desquitarse de aquel fiasco. A pesar de que en su momento "Baby Blood" dio que hablar y funcionó, Robak nunca acabó de despegar y en el año 2003 hizo una última aportación como director en formato cortometraje.
Durante su paso por España, “Baby Blood” tuvo una notable acogida gracias a -si es que eso puede considerarse algo positivo- que en aquellos tiempos por aquí despuntaba la horrible moda "gore-caspa" que tantísimo daño hizo a nuestro amado género, a la generación de fandom consiguiente  y a mi trastocada psique. Otras "afortunadas" fueron "Braindead, tu madre se ha comido a mi perro", "Historia de Ricky" o cualquier producto Troma con gore y humor cafre en sus fotogramas. Dicho de otro modo, los medios especializados del periodo dieron mucho la chapa con "Baby Blood" y Alain Robak. Pero ya saben cómo es eso de beneficiarse de una moda, que cuando esta pasa te arrastra con ella. Si sobrevives es porque, después de todo, no se trataba de un mero espejismo. ¿Lo era "Baby Blood"?, veámoslo.
Una criatura de origen desconocido se cuela por el coño de una hembra absurdamente sexy. Ya instalado en su interior, el bicho necesita alimentarse de sangre humana para crecer. La tipa, que odia al invasor pero, al mismo tiempo, lo ama llevada por su inevitable instinto maternal, se convierte en una homicida de tomo y lomo, una especie de vampira pechugona. Tal joya responde al nombre de Emmanuelle Escourrou, una pava con cara de yonqui tan deseable como morbosa. Es el paradigma de la mujer jamona, con esas curvas y esos pechotes que quitan el hipo. Grotesca e hipnótica a la par. Y además no tiene reparo en despelotarse y pringarse de sangre. Claro, ante semejante escaparate ¿qué pasa?, que los tíos se vuelven locos por tirársela, así que lo tiene fácil para dar de comer a ese hijo suyo con voz de pitufo con el que mantiene largos soliloquios.
Si hasta la mitad de la peli esta se mantiene medianamente sobria, con el inicio de los desmanes criminales de la chavala todo se vuelve delirante y un pelo estúpido, asistiendo a notorias gotas de humor y, sobre todo, mucho y lustroso gore que alcanza cotas tontunas cuando un enfermero (interpretado por el propio director) estalla como un globo tras recibir una sobredosis de oxígeno.
Uno de los gags más celebrados es aquel que incluye el falso cartel de un improbable "Baby Blood 2" colgado en la puerta de un bar. En su día Robak reconoció eso, que era una guasa pero, ¿hubo secuela?. Pues sí. Justamente con el despuntar del horror franchute, alguien pensó que era buena idea desenterrar a la padrina de todas ellas y fichó de nuevo a la Escourrou para protagonizar una cosa titulada "Lady Blood" que no ha trascendido nada, no tiene a Robak tras los mandos y, dicen, es muy mala. La presencia de Philippe Nahon, osea, el asesino chungo de "Alta Tensión", es la prueba fehaciente de lo oportunista de la empresa.
En cuanto a frikismos, comentar los cameos en "Baby Blood" del popular cortometrajista Yann Piquer, del cineasta Xavier Gens, el actor zetoso Christophe Lemaire (que ha actuado en cosas de N.G.Mount, del curioso videoasta franchute Richard J. Thomson, pero también de Gaspar Noe y Pascal Laugier, ¡toma filmografía!) y del can que en 1989 protagonizó una comedia de gran éxito allí en su tierra, "Baxter".
Dado que la prota básicamente asesina a hombres, muchos de ellos con ganas de follársela, hay quien diría que "Baby Blood" es feminista, pero el que ose hacerlo es porque, probablemente, sea un poco lerdo. Lo que sí podemos afirmar sin demasiada vergüenza es que se trata de un producto simpático y curioso a la par, pero poco más.