sábado, 14 de diciembre de 2019

EL SÓTANO

Puede que "El Sótano" sea una de las obras más populares de su autor, Richard Laymon. Junto a la ya comentada "Apagadas están las luces" y "Sangre en el bosque", conforman el flamante triunvirato de novelas laymonianas editadas en España por Martínez Roca como parte de la legendaria colección "Super Terror".
Nada más tener entre las zarpas (por segunda vez en mi vida) esta "The Cellar", fechada en 1980 (y editada cuatro años después por el Roca de leer, no el de jiñar), me sorprendió ver que ganaba en grosor a "Apagadas están las luces". Teniendo en cuenta que aquella pecaba un poco de centrarse casi más en culebrones románticos que en terror puro, me acojoné. Sin embargo, la buena nueva es que, al contrario de las apariencias, "El Sótano" ha resultado ser una novela más "sencilla" en su estructura y sus maneras. Más cinemática dirían algunos, yo lo llamo peliculera. Laymon no se va por lo cerros de úbeda contando trifulcas que no interesan demasiado. Todo lo que pasa tiene que ver con la historia principal y las dosis de terror y violencia están más repartidas. Vamos, que "El Sótano" es mejor novela que "Apagadas..." y, también, sería una peli de terror ochentera casi perfecta. De hecho, la gran cuenta pendiente es ver un largometraje con cara y ojos adaptando alguna de las novelas del escritor, cuando lo único que tenemos es un corto y, encima, de temática policiaca. A ver cuando alguien osa. Tal vez debamos culpar de ello al contenido perturbador de sus historias, que en "El Sótano" canta como una almeja. Cierto que podrían ignorar las partes más burras, pero de todos modos imagino que Richard Laymon no caería muy simpático. Primeramente porque el mismo Stephen King le dedicó unas palabras poco amables criticando, justamente, su tendencia a regodearse en los elementos no ya truculentos (que los hay, pero no son nada del otro jueves), más bien los sexualmente retorcidos. Además de narrarnos explícitamente momentos de folleteo, el autor goza mucho desviándose a temáticas menos agradables como violaciones, incesto e incluso pederastia. Uno de los pasajes más incómodos de "El Sótano" se centra en el abuso a una niña pequeña por parte de un psicópata de tomo y lomo. Deleitándose en la descripción, sin demasiados miramientos, de la aún verde anatomía de la víctima. Luego hay más materia cafre que se entremezcla con otros "hits" como cuando se detalla la extraña forma de la polla de un monstruo que, páginas después, eyaculará sobre la faz de una anciana, nada menos. Sí amiguitos, hoy día atarían a Laymon a un poste y le prenderían fuego. Tal vez, por eso mismo, resulte tan refrescante leerle.
El psicópata pederasta del que les hablaba persigue a las dos verdaderas protas de la novela, su mujer y la hija pequeña, ambas terriblemente mal tratadas y que escapan de sus garras instalándose en un pueblo tras sufrir un accidente. Allí descubren la existencia de un caserón donde años atrás una supuesta bestia sanguinolenta asesinó a unas cuantas personas. Lo han convertido en una atracción turística para mayor mosqueo de un superviviente de dichas matanzas. Este contratará a un especie de soldado de fortuna para que visite la casa de noche y se cepille al supuesto monstruo. No hace falta decir que todos estos individuos/as terminarán encontrándose e interactuando de muchas y variadas maneras.
Lo dicho, una novelita de lectura amena, nada complicada, y con los ingredientes perfectos, en las cantidades justas. Si te va la ficción de terror sin demasiadas pijadas intelectualoides, te la recomiendo.
Ahora toca "Sangre en el bosque". Que en su día no llegara a terminarla, la hace aún más interesante. ¡Veremos!.