sábado, 14 de febrero de 2026

EL INCIDENTE

La discografía de "The Damned" incluye un LP inicialmente destinado a titularse "Strawberries for Pigs" (finalmente reducido a "Strawberries"), una variación de "Pearls before swine", equivalente británico a nuestro "Dar margaritas a los cerdos". Cuando les preguntaron el motivo, Dave Vanian, carismático voceras, aclaraba que hacía alusión a su audiencia. Les desconcertaba -en plenos años ochenta- ver como durante sus actuaciones la peña únicamente buscaba bronca, mongolismo y, como mucho, exigía los "great hits" de la banda, pero nada ni medianamente parecido a interesarse por sus nuevas composiciones y/o la música en general. Y es que es muy duro ser un "entertainer", muy injusto. Dedicar todos tus esfuerzos creativos a amenizar a la plebe considero es una de las tareas menos gratas que existen (salvo si asumes una condición de "entertainer" destinado a un único objetivo: tu). ¿Por qué? porque, así a rasgos generales, la gente es muy idiota, caprichosa, ignorante, desconsiderada y cruel. Y lo mismo te ponen en un pedestal, que seguidamente eres hundido en la más apestosa y supurante mierda. Casi como si fuese un acto de venganza, un: "Te otorgamos toda nuestra confianza y ¿así nos lo agradeces? -traducción: no dándonos lo que queremos, del modo que lo queremos- Ahora sabrás lo que vale un peine". En la antigua Roma aquellos dedicados a amenizar la mediocre existencia de las masas (fuesen actores, fuesen gladiadores) eran considerados ciudadanos de segunda. Indignos. Prescindibles. Eso hubiesen sido "The Damned" y, también, M.Night Shyamalan, quien más que muchos, y mejor que otros, ha sufrido en sus carnes ese caprichismo del detestable "respetable".
Vale que, hasta cierto punto, él mismo se lo buscó. Tras recibir elogios mil y comidas de rabo infinitas con "El sexto sentido", "El protegido", "Señales" o, un poco menos pero también, "El bosque", hizo una costra tan inmensa y apestosa como "La joven del agua". Y es que, en su deseo de complacer a los culos plantados en las butacas, se dejaba las meninges cumpliendo con aquello que se esperaba de él: un giro final sorprendente, a cualquier precio, sacrificando incluso el trayecto. Y, claro, tan incansable e insistente dedicación en dorar la píldora a la peña, a empacharla, a mimarla, pues se volvió contra él. El problema es que no aprendió la lección, porque luego lo empeoró pariendo un tipo de cine totalmente ajeno a sus maneras, el "blockbuster", o, dicho de otro modo, productos destinados a hacer felices a TODA clase de público. Shyamalan, hasta entonces amigo de tempos reposados, tramas en torno a personajes, hacedor de un estilo muy personal y propio (que, extrañamente, y de primeras, logró conectar con el populacho), decidió convertirse en un nuevo Spielberg, un nuevo Cameron, pariendo películas espectaculares para la familia, que no solo necesitan ritmo y tramas elementales, también mucha guita, por lo que el riesgo de hostiarse se dobla o triplica. Y así ocurrió con "Airbender: el último guerrero" (que ni he querido ver) y la chaposa y cargante "After Earth". Claro, lo único que logró con ello fue, además de perder su sello personal, alimentar el odio, convirtiéndose en motivo de burla y chanza en las ruedas de prensa y, por supuesto, ese lugar tan mágico y a la vez infernal llamado internet.
Es posible que parte de las críticas negativas estuviesen justificadas, porque al fin y al cabo las respectivas películas -al menos la que yo vi- eran bastante olvidables, pero también lo es que tal torbellino exagerado, descontrolado y absurdo salpicó a las menos malas, o directamente decentes, que hizo entre medias, como "El incidente". Recuerdo la hiper-hostilidad que despertó en su estreno, con todo dios poniéndola a bajar de un burro, pisoteándola y riéndose de ella. Incluso de ideas que, ciertamente, no solo no eran tan risibles, es que el mismo director hacia chanza de ellas en el film, sin tomárselas en serio (por ejemplo, cierta charla entre el protagonista y una planta decorativa de plástico). Ya conocen el mecanismo propio del fanatismo: Ciega. Y la peña, que ha quedado claro es -o puede ser- lerda hasta el paroxismo, pues se apuntaba al linchamiento del pequeño -por tamaño físico- cineasta sin tener muy claro por qué, ni disponiendo de unos argumentos razonados y convincentes, agarrándose a un clavo ardiendo con tal de soltar el rebuzno y, así, situarse junto al resto del rebaño.
"El incidente" no es ni mucho menos una mala película. Ni una ridiculizable. Es un thriller solvente, bien facturado, de buen ritmo, entretenido y que parte de una idea refrescante: La naturaleza está tan hasta la polla del ser humano (¿metáfora / revancha por parte del director?) que las plantas comienzan a expulsar una toxina capaz de convertir a todo aquel que la aspire en un suicida que se quitará la vida con lo primero que tenga a mano. Así, las respectivas escenas de muertes colectivas son genuinamente impactantes, con obreros saltando desde las azoteas de edificios en construcción, pistolas pasando de mano en mano, tipos apoltronándose bajo podadoras, cuidadores de un zoo dejándose comer por leones, en fin, una buena ristra de ideas retorcidas. De todo esto tratarán de huir los protagonistas, una pareja en crisis y un padre con su hija, acudiendo a pequeños pueblos -de hermoso aspecto- y viendo como, a pesar de ello, el "mal" se sigue extendiendo. Efectivamente, porque esto es Hollywood, y Shyamalan es Shyamalan, no puede faltar la niña + puyita moralista: La familia es lo primero. Tener hijos salva la vida. Las personas voluntariamente solitarias son peligrosas y están zumbadas. Chuminadas. "El incidente" asegura un rataco saludablemente ameno, y no hay nada mejor que eso.
Ahí va el reparto, injustamente relegado a aquellos rostros más conocidos y curiosos: Mark Wahlberg, la ultra "cuqui" Zooey Deschanel, John Leguizamo, Betty Buckley, Jeremy Strong, el bueno de Alan Ruck y Frank Collison, al que siempre recordaré como villano de cabeza flotante en nada menos que "Dollman".
En cuanto al bueno de M.Night Shyamalan, pues finalmente logró reencauzar su carrera. Quitarse de encima los moscardones y la mala prensa. Es lo que tienen las modas, que tal como vienen, se van. Pero dejó huella. El cineasta nunca se recuperó del todo, pariendo thrillers "como los que hacía antes" pero carentes de chispa ("Tiempo", "Llaman a la puerta"), o directamente productos de consumo medio tirando a insufribles u olvidables ("Múltiple", "Glass (Cristal)" esta última secuela tardía de uno de sus films mejor considerados, típica salida de todo creador consciente del descenso de su tirón comercial), especialmente en el caso de "La trampa", que podría haber estado muy bien, pero queda completamente destruida por el ansia nepotista del director, una tendencia por desgracia cada vez más recurrente. Cuidadín Manoj Nelliyattu "M. Night" Shyamalan, que con el currículum que gastas no estás tu para redespertar antipatías. Luego pasa lo que pasa y me lloras.