La tercera entrega de las aventuras de la Emanuelle negra —que al tratarse de un material "exploit" de las italias cuenta con un fandom más numeroso que la saga original—, esta "Emanuelle en América" dirigida por el inefable Joe D’Amato / Aristide Massaccesi es una de las películas más populares de la saga apócrifa, en parte por lo retorcido de su propuesta y por el desbarajuste argumental en cualquiera de sus múltiples versiones. Y, justo, cualquiera de ellas nos cuenta que, ejerciendo su profesión de fotógrafa, Emanuelle se topa de golpe y porrazo con una organización dedicada al rodaje de “snuff movies” y, con el afán de denunciarlo, acaba infiltrándose en la compañía llevando finalmente a los malandrines a su merecido destino. Sin embargo, tratándose "Emanuelle en América" de una película destinada a exportarse en medio mundo, cada país tiene su versión más suave o más dura, según la demanda del mercado. De este modo, cualquiera que veamos no es más que una colección de imágenes inconexas en las que una Laura Gemser va para arriba y para abajo, sin un rumbo fijo, y no es hasta una ya muy avanzada trama que deciden centrarse en el entramado de las “snuff movies”, pero hay que ser adivino o tener una mente muy despejada para hilvanar todo. La versión que yo he visto es la que está prácticamente íntegra, con todas sus secuencias, incluidas las de porno duro, que es la que rula por ahí para descargarse y viene en las distintas ediciones en DVD pirata de la misma, así como en la colección con todas las películas de Emanuelle negra que tuvo a bien lanzar "Severin" hace algún tiempo. Nada mejora esta versión íntegra, sigue siendo un batiburrillo de secuencias eróticas que, de vez en cuando, se tornan pornográficas, con sus mamadas, corridas y sexo interracial mostrado como si se tratara de poco más que una aberración. Lo cachondo del asunto es que es terriblemente retorcida y deja claro la pasta de la que estaba hecho Joe D'Amato. Tenemos una secuencia de bestialismo con una señora haciéndole una paja a un caballo que relincha (cercenada en casi todas las versiones legales) y tenemos las escenas realistas de lo que se supone es la materia “snuff”. Un millonario está fornicando con Emanuelle y, para ponerse a tono, le muestra películas en la que una serie de anormales violan, torturan y asesinan a un par de damiselas. Los italianos son unos alarmistas y, aunque el material está bien rodado, se ve claramente que es falso. Pero dio lo mismo, porque el estado incautó la cinta, prohibiéndola hasta probar que lo mostrado en pantalla era tan solo una ficción. Asimismo, una de las actrices que simulaba ser torturada denunció a los productores por la dureza de lo que estaban recreando, alegando que, en consecuencia, había quedado traumatizada y su salud mental se resentía por ello. Tras una serie de litigios, perdió el caso, demostrándose así que lo que aparecía en esas cintas era ficción. También cuentan que el asunto influyó a David Cronenberg a la hora de rodar su clásico “Videodrome”... pero yo creo que es mentira, y que, si acaso Cronenberg llegó a ver la película, se inspiró muy vagamente. Por otro lado, como la versión íntegra contiene escenas “hard”, queda de lo más cutre y chabacano que todas las secuencias eróticas interpretadas por la Gemser sean de lo más suavecitas. Vemos grandes pollas entrando en amplios coños, pero en ningún momento la vemos a ella hacer nada que se salga de lo normal. Incluso se pasan de castas. Obviamente, existía un contrato en el que la actriz tenía que actuar y en ningún caso follar, pero a la más mínima ocasión D'amato le pedía que se liara la manta a la cabeza y se sumara al material gráfico por el bien de la película, cosa a la que ella reusaba siempre. El director no consiguió filmar penetraciones con Laura Gemser.
Todos estos datos son los que hicieron popular a "Emanuelle en América", pero lo cierto es que es, probablemente, una de las más flojas de toda la saga, aburrida como una mala cosa y con un sexo desangelado que no sirve ni estéticamente, ni para la paja. En todo caso, rozando la comedia involuntaria pueden tener cierta gracia las secuencias ambientadas en algún lugar tropical, en las que, al amparo de una tribu, una rubia se zumba a un mandingo de manera muy voluntariosa, mientras este permanece erecto, pero en todo momento impávido.
En definitiva, un rollazo de padre y muy señor mío que se sostiene únicamente por la pretensión que tiene de ofrecernos algo malsano y sórdido. Y quizás eso era un aval a principios de los ochenta, pero, vista ahora, que nuestros ojos ya han visto de todo y en Technicolor, la cosa se torna incluso infantiloide. Tampoco hay que llevarse las manos a la cabeza; D'Amato era un mal director que, como un reloj escacharrado, al menos dos veces al día acierta con la hora, y salvo por un par de filmes de terror ya por todos conocidos, el resto de lo que hizo, y más si nos metemos en terrenos pornográficos, sobrepasa con creces la mediocridad más abrumadora y el aburrimiento asesino.
