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sábado, 16 de noviembre de 2019

BLISS

Joe Begos me caía simpático a pesar de las dos películas que había hecho hasta la fecha, "Casi Humanos" y "Poder Mental". No eran gran cosa ni soportaban un segundo visionado. Supongo que, pésimamente aconsejado por alguien, un mal día se dio cuenta de que para conseguir destacar entre la ingente cantidad de aspirantes a cineasta tenía que convertirse en un personaje (como hicieran en su momento Albert Serra y Lloyd Kaufman, ¡toma mezcla indigesta!). Así que se dejó barbas y greñas a lo Charles Manson, desgarró sus tejanos a la altura de la rodilla y comenzó a aparecer en las fotos sujetando un vaso de whisky. Sí, Joe Begos pasó de humilde filmmaker a "chico malo del fantastique", enfatizando un empolillado macarrismo barato a base de mucha mucha pose, lenguaje lumpen-ero y constante esputación del término "fuck". Pero lo peor llegó cuando decidió aplicar todo ese carrusel a su cine, dando como resultado una cosa titulada "Bliss".
A "Bliss" le ha pasado lo mismo que a "Mandy", que la desesperada necesidad del fandom por descubrir una película de culto, SU gran clásico generacional con el que marcarse un tanto en las redes, la ha empujado a un estatus totalmente descontrolado, trufado de sobrevaloraciones ciegas, desmedidas y volátiles. A "Mandy" y a "Bliss", que guardan un leve parecido estético, no las recordará nadie dentro de una década. Pero ahora, toca sufrir a todos esos visionarios que las califican absurdamente de obras maestras.
Una artisssssta (así, con muchas s) sufre mogollón porque tiene un bloqueo creativo. No consigue tirar adelante su nuevo cuadro. Así que hace lo que hacen los artistas secos de ideas, se mete todas las drogas que encuentra (y que le vende un Graham Skipper cada día más tonel). El problema es que estas no solo la estimulan y proporcionan viajes interestelares, además se convierte en una especie de vampiro deglutidor de sangre humana que actuará cuando se encuentre en pleno trance creador.
Nadie le niega un puñado de virtudes técnicas al film de Joe Begos. La fotografía, la paleta de colores y el montaje están estupendos. Inevitablemente contribuyen esos 16 mm con los que ha sido rodada y que tan bien le sientan. Pero salvo eso, lo demás es vacuo hasta el dolor. Peor aún, "Bliss" combina dos características detestables: Por un lado, la pose barata. El director y guionista aplica toda su filosofía carnavalesca, cosa que se traduce en una larga serie de cargantes diálogos remozados en "fucks" y más "fucks", y un puñado de personajes insoportables, tan poseurs como él, que en su "desarraigo callejero" rozan casi la parodia. Algo aguantable si no fuese por la característica number two: la pretenciosidad. Sí amigos, "Bliss" es pretenciosa. Y gasta un nivel mil de soberbia a base de discursillos de manual del tipo "soy artista, ergo, sufro creando, ergo, soy mejor que tu", absolutamente patéticos.
Y no, el gore no es pa tanto, ni pa la mitad. Básicamente queda reducido al último tramo.
En resumen, "Bliss" es la típica peli diseñada para hacer flipar al elemental e impresionable público yanki. Y a su director le funciona. El disfraz ha dado resultado. Quien me iba a decir a mi que echaría de menos al Joe Begos humilde, fan del terror y que compensaba su torpeza con nítida pasión. 
A este nuevo no lo quiero ni en pintura (nunca mejor expresado). Gracias.

sábado, 6 de abril de 2019

SESIÓN DOBLE : BLANCO PERFECTO + INCIDENT IN A GHOSTLAND

BLANCO PERFECTO : Sin aparente explicación racional -cosa que siempre agradezco- unos chavales que iban de viaje en coche por carreteras solitarias se convierten en el blanco de un despiadado francotirador que se divierte (¿o se entrena?) disparando contra ellos. Tendrán que ingeniárselas para evitar caer bajo las balas y, si es posible, escapar o detener al asesino.
Ryûhei Kitamura, director de la visible pero poco más "El vagón de la muerte", se marca una epopeya entre el terror y el thriller desarrollada en tiempo real, con un único escenario y un reparto ajustado. No se puede decir que el suspense chorree generosamente. En cualquier caso lo que sí chorrea es la sangre, y no poca. Cierto es que esta clase de películas bordean siempre el sopor de forma peligrosa, y "Blanco Perfecto" por momentos coquetea con el, pero nunca llega a dejarse atrapar y, lo que es aún más destacable, cuanto más nos aproximamos al desenlace, más se anima el cotarro y más crece nuestro interés.
En el reparto destaca Graham Skipper, habitual del terror "indie" al que le encanta morir cruentamente allá donde se marque un papelito.
Dios bendiga a los largometrajes de 90 minutos.
INCIDENT IN A GHOSTLAND : En cuestión de largometrajes, el francés Pascal Laugier tiende a alternar sistemáticamente lo bueno con lo malo. Su primera obra, "El Internado", era un tostón. Por contra la siguiente, "Martyrs", estaba un rato bien. Envalentonado abordó la número tres ya en terreno norteamericano, "El hombre de las sombras", que se saldó con otro producto mediocre y aburrido. Por ley tocaba que su cuarta película saliera bien y puedo decir que las expectativas se han cumplido.
"Incident in a Ghostland" narra la historia de una madre soltera con sus dos hijas, muy distintas ellas (la sensible fan de H.P.Lovecraft aspirante a escritora y la rebelde y encabronada), que aterrizan en un viejo y siniestro caserón familiar donde serán atacadas por un par de grotescos psicópatas. Tras enfrentarse a ellos y vencerlos, la futura escritora crecerá y se convertirá en una mujer de éxito, mientras que la otra acabará extremadamente traumatizada. Será durante una visita puntual de la primera que las cosas comenzarán a torcerse y la realidad dará un giro inesperado para muy mal.
A Pascal Laugier ya le gusta sorprender con volteretas narrativas inesperadas, y en esta ocasión no solo reincide en ello, es que además le sale bien. La película arranca de manera tremendamente intensa, con secuencias de violencia que sin ser muy truculentas, impactan. Los villanos están muy logrados y resultan inquietantes. En cualquier caso, y cuando parece que la historia se encalla, viene el mentado giro y con él se recuperan el interés y la intensidad. Así nos mantiene hasta el final, logrando que al salir el "The End" la sensación sea bastante satisfactoria.

sábado, 11 de febrero de 2017

BEYOND THE GATES

Con la bendita nostalgia hemos topado, amiguitos. "Beyond the gates" es un homenaje a.... ¡sí!, los años 80. ¡Qué novedad!.
Entre las muchas cosas tributadas, tenemos las famosas -y muy añoradas en USA- "mom and pop stores", es decir, tiendas cuyos propietarios eran humildes familias que se destacaban por disponer en sus estantes de, entre otras cosas, materia prima para inadaptados, incluyendo, sobre todo, roñosas cintas de vídeo con fines alquilables. Eran la alternativa a las grandes cadenas de video-clubs y, por ende, refugio de subproductos y, muy especialmente, videoastas que grababan con una cámara vhs al hombro pelis de terror en el patio trasero de su puta casa. De hecho, la acción del film arranca en una de estas tiendas, cuyo propietario ha desaparecido y sus hijos, dos jovenzuelos muy distintos y que, de entrada, no se llevan muy bien, acuden con el fin de hacer limpieza. Es hurgando entre la mierda cuando encuentran lo que será el segundo tributado de la velada, los juegos de mesa, especialmente aquellos de temática terrorífica que iban acompañados de un vídeo en el que un "host" guiaba a los jugadores. Como "Atmosfear", el más popular -¿o el único?- que llegó a estos lares. Y aquí entra en escena el tercer guiño ochentero, Barbara Crampton, la preciosa rubia que protagonizó clásicos horroríficos de la década como "Re-Animator" o "Re-Sonator".
El caso es que, a lo tonto, los hermanos y la novia de uno de ellos terminan jugando al juego. Se dan cuenta y asumen que conlleva algo sobrenatural y tiran millas porque la rubia del vídeo les ha dicho que si ganan, salvarán el alma de su padre que, obvio, desapareció cuando se vició con el pasatiempo. Y ahí tenemos la trama de base, ir superando pruebas para agenciarse llaves, abrir puertas y llegar de una pieza hasta el final. Evidentemente todo se desarrolla en una casa, no en mundos paralelos ni nada que se le parezca, se limitan a colar cuatro luces de colores, algo de niebla y ¡alehop!, ya tenemos una dimensión desconocida. Y ahí está uno de los puntos flacos más sonoros de "Beyond the gates". Si no tienes recursos económicos, procura no aspirar a cotas demasiado altas. Y mientras a nivel generalista la peli es mitad guiño al horror truculento de hace 30 años (lo que conlleva algunos escasos e inspirados momentos de gore bien espectacular), la otra mitad huele a homenaje al cine de fantasía Spielbergiana. Es en este apartado cuando la cosa comienza a cantar peligrosamente. Mezclar ambas tendencias parece una idea algo indigesta, y lo es, claro que igual en otras manos hubiese funcionado mejor. Aquí el resultado se parece más a un cocktail entre el intimismo "indie" de un Ti West / Larry Fessenden y el Charles Band de cuando la "Empire" dominaba los video-clubs. Y los créditos de "Beyond the gates" ayudan a semejante impresión. Encima aliñados por un tema musical que parece compuesto por todo un Chuck Cirino.
El resultado es una peli desigual. Con sus buenos momentos, su gracejo y tal, pero que no encuentra un equilibrio. La trama fantasiosa es demasiado tontuna y casa mal con los destellos serios, hasta el extremo de aproximarse a la comedia involuntaria. Sí, los guiños ochenteros molan y despiertan entrañables memorys en este anciano (cito dos más: cuando localizan un viejo "slasher" en VHS y comentan entusiasmados el crimen más llamativo del mismo, o el tipo que entra en un anticuario y, directamente, pide "Algo de los 80") pero, como ya he dicho otras veces, a mi no se me compra tan fácilmente.
Protagoniza el entuerto Graham Skipper, salido de las películas de Joe Begos (y con una curiosa carrera paralela como director de pelis casi amateurs facturadas en vídeo).