Justo huyendo de las Alemanias, y antes de arrancar con su periodo como -frustrado- director de cine de terror, Ulli Lommel vivó un escueto sueño: Formar parte de la bohemia artística de Nueva York a finales de los 70, de la mano nada menos que de Andy Warhol. Rodó dos películas, back-to-back, de rollo "auteur" y con el famoso artista ¿albino? colaborando en escuetas intervenciones actoriles. La primera se tituló "Cocaine Cowboys" y para la banda sonora pudo contar con las canciones de "Richard Hell & The Voidoids", el legendario cantante/combo del punk original (el forjado en la Gran Manzana antes de que los Ingleses lo mangaran y se lo cargaran) de fascinante carrera (Músico, escritor, cineasta superochero y actor en cosas raras. No olvidemos que fue uno de los protagonistas del bizarro "Geek Maggot Bingo", obra del simpático poseur profesional Nick Zedd). Tanto le gustó su música a Lommel que pal siguiente proyecto decidió contar con él en tareas protagónicas. De hecho, lo tituló exactamente igual que uno de sus discos más míticos -así como una de sus canciones más emblemáticas-, "Blank Generation" (no confundir con el documental de Amos Poe, "The Blank Generation", a pesar de las evidentes e indiscutibles conexiones).
Richard Hell interpreta a un aspirante a estrella del (punk) rock llamado Billy. Un día, justo cuando se le presenta la oportunidad de despegar, conoce a una periodista francesa que le entrevista y termina perdidamente enamorado de ella. Lo que sigue es la crónica de una historia de "amor fou" en la que se aman, se gritan, se separan, se juntan, etc, etc. Billy, que es un calzonazos, abandona su carrera musical por ella, y vende todos los derechos de sus canciones. Pero entonces la gabacha, que tiene exabruptos imprevisibles, absurdos y exagerados, le manda al carajo y va al encuentro de... su otro novio, un acaudalado productor televisivo -interpretado por el mismo Ulli- obsesionado en entrevistar a -cómo no- Andy Warhol. Así las cosas, Billy retoma sus tareas musicales a pesar de lo mucho que le cuesta canturrear frente a una audiencia pasiva que no se toma la molestia de prestar atención a sus letras. Justo ahí, la francesita vuelve... pero se marcha de nuevo. Luego deja al productor germano para regresar con Billy, pero no del todo. Y entre esto y aquello, llegamos al "Fin". La verdad es que viéndola se te quitan las ganas de echarte novia (aunque al final ella paga por sus desplantes, lo que me parece muy bien y muy justo -y muy poco verosímil-).
Según leí, Richard Hell tiene un concepto muy negativo de "Blank Generation" y, especialmente, de su director, al que califica de "forma de vida rastrera". Alaba la fotografía -con razón- pero echa pestes del resto, y confiesa que si durante todo el metraje le vemos ausente y con cara de bobo, es porque decidió actuar así aposta. Pero a mí la peli no me ha parecido tan terrible, quizás porque esperaba un tocho acojonante y no lo es. Tengan en cuenta que la consumí justo al terminar un film previo que me decepcionó, que era muy tarde y que la vi en versión original con subtítulos en francés... y aún así, no tiré de avance rápido, no me cogió sueño, no me tembló la pierna y no me aburrí demasiado. Algo querrá decir todo eso, ¿no?.
Supongo que contribuyó al disfrute toda la parte dedicada a Richard Hell (que sale tocando varias veces. A lo largo de la banda sonora se escuchan como cuatro canciones suyas, tres de ellas se repiten hasta la saciedad) y a la escena del punk neoyorquino. Aparece el legendario "CBGB" que vemos desde dentro, desde fuera y desde atrás. (Por lo visto) aparece toda una leyenda del cine underground de los contornos como Eric Mitchell (y probablemente también asomen el careto más integrantes del mundillo, solo que no los reconozco). También tenemos a los "Voidoids" al completo, Robert Quine, Ivan Julian y Mark Bell/Marky Ramone. Y hay unos pocos punks que rajan de la escena británica ("Hablan de política en sus canciones", "Eso es una gilipollez"). Estamos en 1980, el punk neoyorquino lleva tiempo agonizando y en Inglaterra el boom del 77 ya ha dado paso a la época de las crestas y el imperdible con regusto "cartoon". A quien le mole todo eso, y ver el oscuro, sórdido pero extrañamente bonito Nueva York de la época, gozará.
Resulta gracioso que Andy Warhol aparezca en los créditos iniciales como el tercer actor de la película, cuando en realidad únicamente se marca un cameo de 10 minutos muy forzado, algo que no deja de formar parte de la mentalidad "exploitation" que Ulli Lommel desarrollaría no mucho más tarde. Merece destacarse también, como fricada, la notoria atención que se presta al formato vídeo, por entonces aún en pañales. La francesita se pasa toda la peli con un armatoste grabando todo lo que puede, y en lugar de dejarle a Richard Hell una nota para decirle que le abandona, le deja una cinta enorme -y de paso el equipo necesario para visionarla-. Otro momento curioso lo tenemos cuando esta misma pava sufre un escueto flashback, de esos que tienes antes de caer desde una azotea y toda tu vida pasa por delante de tus bonitos ojos, solo que en este caso se trata de escenas del mismo film visionado pero re-grabados de un televisor sin disimulo alguno. Me encanta. Y no olvidemos el asssurdo y regocijante momento en que Hell y la muchacha van en coche y discuten si ir a la playa o volver a la ciudad, al final ella se harta, estalla de modo muy desmedido, le roba el coche a él y se pira. Puro arte. ¡Ah! y que en los diálogos no falte un par de menciones a Jean-Luc Gordard, claro, de quien -muy probablemente- Lommel tomó buena nota para hacer su película.
Al reparto mencionado cabe añadir a la guapa pero sosa Carole Bouquet (que, justo tras la peli reseñada, saldría en "Solo para sus ojos", la de James Bond) e, inevitablemente, Suzanna Love, ex-mujer de Lommel, interpretando a una punkita con aspiraciones cinéfilas que rueda un largometraje con una cámara de Super 8 y se obsesiona luego en pasar lo filmado a 35mm. El mismo Ulli le dice que no lo haga, que eso podría acarrearle éxito y fama, lo que perjudicaría a su integridad. Un discurso parecido le hace la Bouquet a Hell con respecto a su música. No deja de ser divertido que Lommel andara tan obsesionado con la "integridad artística" viendo los derroteros por los que tiró su carrera justo después (si no lo digo reviento: Su nuevo film no es otra cosa que un regreso a los documentales "shock" de los 70, sobre el lado más bizarro de las Américas, se titula muy adecuadamente "Mondo Americana". Que le den un Oscar!!!).
Podría decir aquello de que "Blank Generation" es más interesante como documento histórico que como película... y algo de eso hay, pero la verdad es que como lo segundo se puede aguantá y está entre lo mejor de su señor director (lo que tampoco es muy difícil).
Gracias a Pere Koniec por el préstamo.
sábado, 20 de septiembre de 2014
viernes, 19 de septiembre de 2014
EL CLON DE HITLER
“El clon de Hitler”, parte de la base de que, durante la
segunda guerra mundial, los nazis experimentaron con fetos humanos en busca de
la inmortalidad del Führer, creando clones que esparcirían por todo el mundo.
Así, que en algún lugar de México, uno de estos clones, es posible que haya
nacido. Así, nos vamos a un barrio
conflictivo y veremos a un ya crecidito clon de Hitler, que se hace llamar
Hitler, y que con su grupo de secuaces controla todo el sector de la droga por
esos barrios de dios. Este Hitler se dedica a hacer el mal por ahí, mientras su
esposa no cesa de denunciarle e intentar apartar a la hija de ambos de su lado.
La verdad es que se trata de una más de tantas películas
“Video Home” de pandilleros al estilo de “La banda de los Panchitos” o
“Drogadictos quemando chiva”. Lo único que en esta han tenido, con fines
meramente comerciales, la gracia de inventarse esa trama sobre los clones de
Hitler, y convertir al protagonista, un actor llamado “Iván el Ruso” en uno de
esos clones. No se parece en nada. Se trata de un joven con melena rubia,
repeinada hacia atrás, al que han vestido de cuero y le han colocado un par de
Svásticas en la ropa ¡Que están mal hechas! ¡Están al revés! Y al que le ha
colocado un bigotillo de Hitler ¡Pintado con betún!
Si el aspecto de nuestro protagonista fuera el de un negrata
americano, la película sería exactamente igual, ya que es de rollo pandillero,
no de rollo skin ni de temática nazi (algo común en las películas de cabezas
rapadas Mexicanos. De muestra “Cabezas rapadas”, también de Christian
González).
Por si esto fuera poco risible, a este clon de Hitler, le
asignan una mujer y una hija. Pongamos que este muchacho tiene 24 años. Pues su
mujer tendrá unos 45, y su hija unos 22. Y no se crean que se les caen los
anillos con estas diferencias de edad… Todo esto sería lo más risible de la
película, junto con el resto de absurdos esbirros traficantes que van con
Hitler, porque por lo demás, se trata de una película densa y tediosa a más no
poder, en la que se filma mucho paseito para rellenar, mucho tempo muerto y
mucho diálogo. Y a rasgos generales, no pasa nada en la película. Así que, si,
es malísima.
Sin embargo hay un par de aspectos que me han gustado mucho;
mientras que hay escenas de interiores protagonizadas por los policías que
quieren dar caza a Hitler, que se las ve del todo guionizadas y ensayadas,
todas las escenas de exteriores son guerrilleras. Es decir, que se ponen a
actuar con la gente de la calle delante mirando a cámara y con total impunidad.
Impagable como la gente de la calle se queda anonadada mirando al muchacho
vestido de Nazi, que con el brazo en alto grita ¡Aquí llegó Hitler! Por no
hablar, de que, todos los diálogos filmados en exteriores son improvisados, en
el mercado, la callejuela… allá donde pasen, y no solo se nota muchísimo, sino
que muchas son las veces, a los actores les entra la risa, miran a cámara, y
después continúan actuando porque el señor director no ha dado la voz de
corten. ¡Y lo dejan en el montaje final! Pues por todo eso, y por ser una
locura más del señor González, la película resulta fascinante, porque por lo
demás, es un puto coñazo.
Pero está bien esa filosofía. Lo que importa en los “Vídeo
home” es elegir un tema llamativo para el público Mexicano, rodarlo a toda
prisa, y si hay tomas falsas… pues se dejan ¿Qué mas da? Total, la
cinematografía Mexicana se sustenta gracias a estas mierdas, no a los estrenos
de cine que cuestan mucho, y no dejan ni la mitad de beneficios que estas
cosas.
Esta también está rodada en 16 mm. Como todo lo que hace
este hombre, mejor o peor, siempre es muy curioso.
lunes, 15 de septiembre de 2014
LA MALDICIÓN DEL CUARENTA Y NUEVE
Tal y como va la cosa con el cine, se tiende a reivindicar
los ochenta como la era dorada del video club. Sin embargo, con el DVD ya
instaurado en nuestros hogares, nadie se acuerda de una segunda era dorara,
relativamente reciente. Hoy un video club, es un capricho que se permite
alguien cuya economía está saneada, un local casi excéntrico que no le reporta
beneficios. Pero recién salido el DVD, los videoclubs fueron, al menos durante
unos años, un negocio. Y eso generaba mercado.
Es por eso que a principios de la década pasada, con el
nuevo sistema domestico para ver cine, pasó un poco lo que en los años ochenta.
Aparecieron de debajo de las piedras montones de pequeñas distribuidoras que
traían a los estantes, sus “Direct to vídeo”. De 2000 a 2009, más o menos,
salieron al mercado montones de títulos destinados al ámbito del DVD, en su
mayoría de terror. Pequeñas ponzoñas que hacían la visita al videoclub, sin
duda, más deliciosa. Productoras como la “Nu Image” salen de este segundo boom
del vídeo club, al igual que sellos ya desaparecidos como “Luna Nueva” o “Big
Time” o… que se yo. Localizar estos DVDs a día de hoy en tiendas de segunda mano
o en rastrillos, es un autentico placer para mí, porque bien es cierto que
conseguir cualquier joya del VHS ochentero es relativamente fácil en Internet,
debido a la nostalgia, el coleccionismo, e incluso, el esnobismo hay cientos de
usuarios montando y ripeando esos títulos. En cambio, estos de la década de dos
mil, si, se pueden encontrar en la red, pero por norma general, con más
dificultad.
Esta introducción viene a cuento por que la película que
paso a reseñarles (y la película, quizás, sea lo de menos) pertenece a los años
de ese segundo boom, y está concebida como película para ser alquilada en aquellos
casi extintos recintos, además de haberla adquirido recientemente y a un precio
de risa en un rastrillo.
Se trata de un “Slasher” línea sobre natural –es decir que
mantiene la estructura del “Slasher”, pero el asesino, al igual que Freddy Kruegger, no es un señor con máscara, sino un ente sobrenatural- dirigido por un pequeño artesano de los
efectos especiales que en este blog nos cae muy bien y que responde al nombre de John Carl Buechler, creador de los
“Ghoulies” y director de cosas como “Troll”, “Cellar Dweller” o “Viernes 13
Part. VII”, entre otras tantas.
La película en realidad es bastante malilla. Y es que como
director, aún con la simpatía que despierta, el señor Buechler anda un poco
justo.
Un grupo de parejas se reúnen en unas desérticas colinas, con el fin de ir a
buscar una mina de oro que, según las leyendas locales, está escondida por esa zona. Esto hace que despierten a un viejo espíritu
del salvaje oeste, un minero que en su momento hizo un pacto con el diablo y
que lanzó una maldición en la que, cualquiera que intentara llevarse su oro,
sería castigado. Así que aparece para cargárselos de formas variopintas, aunque
no por ello originales.
A un nivel global, cuando yo me pongo un “Slasher”
videoclubero, se a lo que me expongo. Por eso soy permisivo con ellos. Esto es;
todos los putos tópicos, largas y eternas conversaciones, tempos muertos,
aburrimiento por doquier, todo ello salvable única y exclusivamente, por las
cantidades de sangre que tengan los asesinatos.
Entonces, “La maldición del cuarenta y nueve”, tiene todo eso, pero
además, los asesinatos son sosos, el asesino no tiene ningún carisma, ni es
aterrador, ni hay excesiva sangre. Además cuesta horrores llegar al final, pero
¡Cojones! Me cae simpático el producto en su mera existencia.
Para rematar el nivel de “malísmo” de la película diré, que
la mayoría de esta transcurre de día (y
no paran de hablar) y la ambientación es tan nula, que vemos el rostro del
asesino todo el tiempo ¡Por el amor de dios, Jonh Carl, quita un par de
foquitos, pídele al director de fotografía que ilumine menos el rostro… que se
yo!
Pero, como ya les digo, al tratarse de un “Slasher”
videoclubero comprendido en esta época, me cae simpatiquísimo, lo reivindico y
me lo zampo entero con una sonrisa en la cara.
En cuanto al reparto, junto a los cuatro protagonistas
puestos ahí para que “El del cuarenta y nueve” se los cargue, y esto dota a la
película de mayor simpatía si cabe, tenemos un buen puñado de rostros conocidos
del cine de género y de serie B americano, haciendo papeles secundarios, pero
que son el guiño que Buechler lanza al aficionado que va a alquilar la
película. Así, van circulando por la pantalla los rostros de Karen Black (
vista en “Easy Rider”, “Aeropuerto 75”, “Pesadilla
diabólica” o “Invasores de Marte), John Phillip Law ( “El viaje fantástico de
Simbád”, “Noche en el tren del terror” o “Thunder III”), el fetiche de Rob Zombie, Richard Lynch (“Cromwell, rey de los bárbaros”, “Invasión U.S.A.” o “La
venganza de los muñecos 2 –Puppet Master III”), Michael Kove (“Karate Kid”,
“Rambo” o “Justicia Final”) o, interpretando al viejo minero fantásma, Vernon
Wells (“Fortaleza infernal”, “Mad Max 2” o “El Chip prodigioso”). Ahí es nada.
Así que, tanto como recomendarla no, pero si decirles que le
echen un vistacillos. John Carl Buechler, del que si me pongo aquí a citar las
películas para las que ha hecho maquillajes o efectos especiales no termino
nunca, siempre es una garantía de algo… No sabemos si bueno o malo, pero algo,
eso seguro.
viernes, 12 de septiembre de 2014
SUPERNOVA
Posiblemente, una de las peores películas de la historia, no
ya de nuestro cine, sino del cine mundial, sea esta “Supernova” concebida para
conseguir montones de dinero a costa de la explotación fílmica de la conocida
cantante Marta Sánchez, pero que supuso un fracaso y la muerte cinematográfica
como actriz de la Sánchez, y de su director Juan Miñón.
Miñón venía como director emergente del “Nuevo cine
español”, pero tras esta basura solo rodó una película más –si no es esa
pobre carrera posterior culpa de "Supernova", será por su incapacidad- y no
se convirtió, afortunadamente, en una figura reconocible del cine español.
Ahora, se marcó un gol en aquello del cine exótico. Pero no un gol que
concediera la victoria, sino uno que consigue que años después se
hable de él.
Para empezar, y aún siendo una película de los noventa, está
rodada al estilo de los ochenta, los de Álvaro Sáenz de Heredia y, aunque Miñón
decía inspirarse para esta película en el “Metrópolis” de Fritz Lang, la verdad
es que el resultado es más cercano al “Aquí huele a muerto (pues yo no he sido)”
del anteriormente citado.
Sin embargo, es una película sin subvenciones y seudoindependiente. En producción lo tenían claro; Le dijeron a Miñón que rodara
rápido, gastando poco, pero haciéndolo parecer una super producción, y así
trincar la pasta lo antes posible. A finales de la década anterior, las
películas para lucimiento de los “Hombres G” habían sido un éxito. Marta
Sánchez tenía el mismo nivel de popularidad que el conjunto pijo, por lo que la
sola existencia de “Supernova”, ya tenía que dejar pingues beneficios. Sin
embargo, el público es gilipollas, pero no tanto como los productores creen, y
mientras que los “Hombres G” llevaban a millones de espectadores al cine, Marta
Sánchez solo congregó 86.000. No creo que fuera culpa de ella, sencillamente,
que la película apestaba a podrido desde el momento en que apareció anunciada
en los medios. Fue una de las campañas publicitarias más potentes de 1993, pero
las perdidas fueron tremendas.
En una sociedad
futurista, el Conde Nado (¡chiste de mierda!) está enamorado de la cantante
“Fénix”. Con la ayuda de un retrasado obeso, secuestra a una científica, a la
que obligará a fabricar un clon de la muchacha llamado “Supernova”, violento y
agresivo, que la suplantará en los conciertos y en la vida privada, así,
el condenado conde Nado podrá penetrar a “Fénix” y tener descendencia con ella. Pero entre un
bombero deficiente y “Supernova” le girarán la tortilla.
Para que se hagan una idea: El conde es Javier Gurruchaga,
la científica Chus Lampreave y el bombero deficiente Gabino Diego.
Bien, Gurruchaga está haciendo de si mismo, completamente
desatado y dando un recital de sobreactuación que es lo que se espera de
él, lo mismo con Lampreave, pero Gabino
Diego -es sorprendente comprobar como sobrevive dentro del cine español-
hace aquí una actuación de vergüenza ajena. Y es que, ciertamente, es un muy mal
actor al que, en esta ocasión, se la ha dirigido muy por encima, por lo que
tenemos aquí una cosa vergonzante. Mejor no hablar de eso que hace delante de
la cámara Marta Sánchez, pero ella tiene excusa, ella no es actriz. Para
compensar, amigos de las pajas, la Sánchez muestra sus famosas tetas, y es
generosa con su anatomía todo el metraje. De hecho, en su reciente visionado, he
descubierto que Marta Sánchez, conocida por sus tetas, lo que tiene, es un
portentoso culazo como pocos he visto yo en la gran pantalla.
Cerrando el “modo pajero”, pasaré a decir que la película es
un absoluto despropósito, un claro ejemplo de la dejadez y la desidia más
absoluta. A nadie, salvo a la Sánchez, le importaba un bledo esa película. Por
eso la dirección es casi inexistente, el montaje es incomprensible, y la historia
una chorrada. Cierto que es una pieza “naïf” y con toques “pulp”, pero
eso no es cosa de Juan Miñón, es cosa de la casualidad. El ritmo es una
autentica mierda. Cuando la película lleva veinte minutos de metraje, no solo
se nos ha presentado mal a los personajes, sino que no sabemos nada de ellos,
ni sabemos que es lo que va a pasar… ¡no se entiende un carajo! Luego va a trompicones, con una
colección de gags que no hacen ninguna gracia y una
serie de escenas que no aportan nada. Para colmo de males, una película
concebida como lucimiento de una cantante, y tan solo hay un numerito musical,
a medias, y no es de ninguna de las canciones famosas de “Olé, Olé” (grupo pop
dónde militaba la Sánchez por aquellos años), si no de un a canción horrorosa,
en Inglés, y creada en exclusiva para la película, por lo que imagino las caras
de decepción de los primeros fans que se acercaran al cine a ver una película
llena de vídeo clips de su cantante favorita (que es lo que realmente debía
haber sido) y encontrarse con esa mierda donde su ídolo –y todos los que aparecen-
parece ser retrasada mental.
Ahora, yo se que en los círculos de cine “trash” de por estas tierras de dios
se la reivindica, cosa que entiendo a medias, porque, basándose esa gente en
que estas películas son ideales para verlas en parroquia con la finalidad de
pitorrearse de ella, la verdad es que “Supernova”, no tiene ni una sola escena
en la que el humor, ya sea voluntario o involuntario, nos haga esbozar,
siquiera, una sonrisilla.
Total, que fue un fracaso que no se esperaban ni el
productor, ni el equipo, ni mucho menos Marta Sánchez, que a día
de hoy reniega absolutamente de esta película, pero que mientras que la rodaba,
decía que “Está muy bien hecha y va a ser maravillosa”. Claro, que
ver a día de hoy las entrevistas de la Sánchez, dejan en evidencia como anda de
luces la artista. De hecho, por lo que fuera, no ha vuelto a hacer nada para
cine.
Iba a decir que la estética futurista, el diseño de
vestuario y demás, es bastante deudor de “Acción Mutante”, pero esta
apreciación es errónea porque “Acción Mutante” se estrenó tres semanas después
el mismo año, y “Supernova” comenzó su rodaje con anterioridad, lo que me lleva
a esta otra apreciación. Tanto “Acción Mutante” como “Supernova” son dos
películas de estética asquerosamente posmoderna y “noventera”.
Con todo, como curiosidad que es, hay que echarle un ojete
(lo mio fue peor, fui a verla en su momento al cine “Palacio de la Música” en
un pase en el que estaba, prácticamente, solo), e insisto en que merece la pena
descubrir ese enorme, redondo y carnoso culo que tiene Marta Sánchez.
jueves, 11 de septiembre de 2014
LORD OF TEARS
A estas alturas, procuro desconfiar bastante cuando se estrena una nueva película de terror, aparentemente surgida de la nada, y la prensa especializada corre a calificarla como "La más terrorífica del año" o se dejan las pestañas para explicarnos el mucho miedito que da. Sin embargo, el fan del cine fantástico que hay en mí, y que ocupa un tanto por ciento muy generoso, en su apasionamiento incontrolado es casi como un niño y, en el fondo, ante noticias como esas se le/me dispara la adrenalina. Sí amigos, todavía logro sentir ilusión por estas movidas, por ver nuevos títulos adscritos al género de mis amores y esperar de ellos lo que más adoro en un horror film: Miedo. Me encanta el gore, no lo duden, pero me encanta más sentir escalofríos (ya que pa eso se inventó este tipo de cine, digo yo). Y ante panoramas como el descrito no puedo evitar acumular moderadas expectativas. Sensación esta que se acrecienta si, encima, el mentado film tiene genuina pinta de ser lo que dicen que es. Y "Lord of Tears" tenía todas las de ganar: producción independiente de origen británico, repleta de imágenes tan bonitas como siniestras y protagonizada por un tipo de mediana edad de aspecto desoladoramente corriente. Sin adolescentes guaperas, chicas rubias con tops bien ceñidos, asesino enmascarado, humor o una insufrible cascada de referencias y guiños post-modernos. Pintaba bien.
Y es que, además, el método promocional que se habían inventado tenía su gracia: Un individuo se disfrazaba del "monstruo" de la película (el "Owl man" u "Hombre Búho", cuyo look recuerda bastante -inevitablemente- al del psycho killer de "Aquarius") y se escondía entre las paredes de viejos caserones a los que solían acudir pazguatos aficionados a la parapsicología en busca de fantasmas. Claro, en plena caminata por las ruinas aparecía el bicho y las potenciales víctimas... pues imagínenselo, echaban la primera papilla por el culo. Reacciones de genuino terror tan graciosas como impactantes. Todo ello grabado con cámaras ocultas y difundido por la red (pueden localizar los vídeos resultantes en youtube). ¿Cómo no iba a tener yo ganas de ver "Lord of Tears"?. Inevitable.
Un pipolo de lo más gris recibe un tétrico caserón como herencia familiar. En una carta post-mortem su madre le dice que no se le ocurra ir, que allí, siendo chaval, se volvió medio loco tras ver varias veces a un supuesto hombre con cabeza de búho rondando por las cercanías. Como era de esperar -o eso, o nos quedamos sin película- el tipo no hace ni puto caso y decide instalarse en el lugar, dispuesto a desentrañar el misterio de lo ocurrido durante su infancia. Le ayudará una vecinita con la que comenzará a surgir el amour.
Lo mejor que podemos decir de "Lord of Tears" es que gasta una fotografía preciosa. De verdad, posee algunas imágenes -sobre todo de orden paisajista- muy muy bonitas. Impresionantes. Además, toda ella es lúgubre y de colores apagados, elementos –sesuponeque- infalibles para parir una atmósfera inquietante. Sin embargo, que el envoltorio de un regalo sea la hoxtia, no garantiza que lo de dentro esté a la altura. Por lo demás, la peli hace aguas... y de qué manera.
Tal vez su punto más flojo sean los actores. Sí, ya, no es algo en lo que me suela fijar, pero es que los dos protagonistas son terriblemente limitados. Muy muy mediocres. Y claro, en una peli de terror cutre y cafre eso no molesta, pero en una con aspiraciones tan altas como aquesta, es algo que no solo canta un huevo, es que duele y se carga todo el conjunto. Ninguno desprende el más mínimo carisma. De hecho, resultan totalmente irritantes (especialmente ella, perfectamente jostiable), hasta el punto de que te molesta verlos en pantalla. No creas ningún vínculo emocional con ellos, una estocada mortal cuando hablamos de escalofríos. El truco para que una peli de miedo lo dé, son los actores. Si estos tienen el suficiente talento como para resultarnos creíbles, cercanos y humanos, cuando comiencen a pasarlo putas, nosotros lo pasaremos putas con ellos. Algo imposible con intérpretes malos. "Lord of Tears" es la prueba fehaciente de tan certera teoría. Resumiendo, no da NI PIZCA de acojone. Ni tan siquiera crea inquietud. Nada, cero.
El otro problema que le veo está en sus notables pretensiones, que son muchas. Su director con cara de retarded, Lawrie Brewster, convencido por su nacionalidad de que vuela más alto que los yankees, su cine feriante y el terror tontuno y efectista, pretende parir una película tan sobria, tan elegante, tan preciosista, tan poética y tan fisna ella que, en fin, termina cargándola, sobresaturándola de mala manera, hasta el punto de resultar empalagosa e inhumana. Siempre habrá el típico idiota -que los hay- que caerá en la trampa, se dejará cegar por los árboles y soltará aquello de "Oh, qué compleja y bonita, cuanta clase, que lejos está del burdo horror adolescente, bla, bla, bla". Nada, ni caso.
Además, y aunque suene raro escrito por mí, su look digital molesta. En serio. Tal vez es que no case con su estética, pero hay algo en esas imágenes tan claras y mortecinas que, en fin, perjudica muchísimo. No sé, quizás por su espíritu gótico y clasicista le hubiesen sentado mejor los 16mm. Y en blanco y negro. Pero así, sumándole las infra-interpretaciones, casi parece una peli amateur que lucha -inútilmente- por aparentar ser algo más (lo que en mi pueblo llamamos un aborrecible "quieroynopuedo").
Hay momentos que rozan el ridículo. Mi favorito es un baile a cámara -más o menos- lenta que se marca la chica por el salón de la casa mientras el chico mira, a base de bonitas piruetas y elegante música orquestal. Es un poco largo pero dices, "Bueno, vale, al menos lo intentan". Termina, nos ofrecen 2 o 3 minutos de trama y lo siguiente que vemos es... casi lo mismo, solo que ahora situado en una piscina y cambiando la música orquestal por una molesta e inadecuada canción tecno-pop. Más cámara lenta, más planos de la chica en plan sensual, etc, etc… y dices, "¡Anda cha!".
No hay cosa más detestable que una película de terror pretenciosa incapaz de estar a la altura. A todo lo narrado hay que sumarle un puñado de molestas visiones/pesadillas -con sus inevitables imágenes aceleradas-, una trama supuestamente compleja pero que al final es más de lo mismo, elementos dramáticos que no funcionan y una historia de amor altamente risible (material delicadísimo si no lo ejecutas como dios manda, miren "The Room" como ejemplo). El bicho, el "Owl man", poca cosa hace más allá de pasearse por el bosque y soltar parrafadas poéticas y profundas (dicho de otra manera, la campaña arriba mentada resulta del todo engañosa, ya que basa su impacto en el monstruo de marras, como si este tuviera verdadero protagonismo en el film, o fuese el elemento horrorífico que lo arrastra. Falso. Una publicidad que apuesta por el populismo cuando el producto que promociona tiene aspiraciones mucho más elitistas). Y los momentos de supuesto miedo, que se apoyan en mostrarnos el fantasma de una chica, se alargan tanto y tanto (al director le debería encantar la caracterización de la actriz, porque es que le dedica incontables planos caminando hacia cámara poniendo caras raras) que terminan cansando y carecen de toda efectividad.
Resumiendo: Un coñazo tremendo, aburridísimo. Y otra decepción terrible para mi cándida alma. De hecho, cuando llevaba ya una hora de metraje (y cuidao, que la puta dura 100 minutos) comencé a echar de menos a los adolescentes guaperas, las chicas rubias con tops bien ceñidos, al asesino enmascarado, el humor y la insufrible cascada de referencias y guiños post-modernos.
Que vida más dura esta, compañeros.
Gracias a Alejandro por pasármela.
Y es que, además, el método promocional que se habían inventado tenía su gracia: Un individuo se disfrazaba del "monstruo" de la película (el "Owl man" u "Hombre Búho", cuyo look recuerda bastante -inevitablemente- al del psycho killer de "Aquarius") y se escondía entre las paredes de viejos caserones a los que solían acudir pazguatos aficionados a la parapsicología en busca de fantasmas. Claro, en plena caminata por las ruinas aparecía el bicho y las potenciales víctimas... pues imagínenselo, echaban la primera papilla por el culo. Reacciones de genuino terror tan graciosas como impactantes. Todo ello grabado con cámaras ocultas y difundido por la red (pueden localizar los vídeos resultantes en youtube). ¿Cómo no iba a tener yo ganas de ver "Lord of Tears"?. Inevitable.
Un pipolo de lo más gris recibe un tétrico caserón como herencia familiar. En una carta post-mortem su madre le dice que no se le ocurra ir, que allí, siendo chaval, se volvió medio loco tras ver varias veces a un supuesto hombre con cabeza de búho rondando por las cercanías. Como era de esperar -o eso, o nos quedamos sin película- el tipo no hace ni puto caso y decide instalarse en el lugar, dispuesto a desentrañar el misterio de lo ocurrido durante su infancia. Le ayudará una vecinita con la que comenzará a surgir el amour.
Lo mejor que podemos decir de "Lord of Tears" es que gasta una fotografía preciosa. De verdad, posee algunas imágenes -sobre todo de orden paisajista- muy muy bonitas. Impresionantes. Además, toda ella es lúgubre y de colores apagados, elementos –sesuponeque- infalibles para parir una atmósfera inquietante. Sin embargo, que el envoltorio de un regalo sea la hoxtia, no garantiza que lo de dentro esté a la altura. Por lo demás, la peli hace aguas... y de qué manera.
Tal vez su punto más flojo sean los actores. Sí, ya, no es algo en lo que me suela fijar, pero es que los dos protagonistas son terriblemente limitados. Muy muy mediocres. Y claro, en una peli de terror cutre y cafre eso no molesta, pero en una con aspiraciones tan altas como aquesta, es algo que no solo canta un huevo, es que duele y se carga todo el conjunto. Ninguno desprende el más mínimo carisma. De hecho, resultan totalmente irritantes (especialmente ella, perfectamente jostiable), hasta el punto de que te molesta verlos en pantalla. No creas ningún vínculo emocional con ellos, una estocada mortal cuando hablamos de escalofríos. El truco para que una peli de miedo lo dé, son los actores. Si estos tienen el suficiente talento como para resultarnos creíbles, cercanos y humanos, cuando comiencen a pasarlo putas, nosotros lo pasaremos putas con ellos. Algo imposible con intérpretes malos. "Lord of Tears" es la prueba fehaciente de tan certera teoría. Resumiendo, no da NI PIZCA de acojone. Ni tan siquiera crea inquietud. Nada, cero.
El otro problema que le veo está en sus notables pretensiones, que son muchas. Su director con cara de retarded, Lawrie Brewster, convencido por su nacionalidad de que vuela más alto que los yankees, su cine feriante y el terror tontuno y efectista, pretende parir una película tan sobria, tan elegante, tan preciosista, tan poética y tan fisna ella que, en fin, termina cargándola, sobresaturándola de mala manera, hasta el punto de resultar empalagosa e inhumana. Siempre habrá el típico idiota -que los hay- que caerá en la trampa, se dejará cegar por los árboles y soltará aquello de "Oh, qué compleja y bonita, cuanta clase, que lejos está del burdo horror adolescente, bla, bla, bla". Nada, ni caso.
Además, y aunque suene raro escrito por mí, su look digital molesta. En serio. Tal vez es que no case con su estética, pero hay algo en esas imágenes tan claras y mortecinas que, en fin, perjudica muchísimo. No sé, quizás por su espíritu gótico y clasicista le hubiesen sentado mejor los 16mm. Y en blanco y negro. Pero así, sumándole las infra-interpretaciones, casi parece una peli amateur que lucha -inútilmente- por aparentar ser algo más (lo que en mi pueblo llamamos un aborrecible "quieroynopuedo").
Hay momentos que rozan el ridículo. Mi favorito es un baile a cámara -más o menos- lenta que se marca la chica por el salón de la casa mientras el chico mira, a base de bonitas piruetas y elegante música orquestal. Es un poco largo pero dices, "Bueno, vale, al menos lo intentan". Termina, nos ofrecen 2 o 3 minutos de trama y lo siguiente que vemos es... casi lo mismo, solo que ahora situado en una piscina y cambiando la música orquestal por una molesta e inadecuada canción tecno-pop. Más cámara lenta, más planos de la chica en plan sensual, etc, etc… y dices, "¡Anda cha!".
No hay cosa más detestable que una película de terror pretenciosa incapaz de estar a la altura. A todo lo narrado hay que sumarle un puñado de molestas visiones/pesadillas -con sus inevitables imágenes aceleradas-, una trama supuestamente compleja pero que al final es más de lo mismo, elementos dramáticos que no funcionan y una historia de amor altamente risible (material delicadísimo si no lo ejecutas como dios manda, miren "The Room" como ejemplo). El bicho, el "Owl man", poca cosa hace más allá de pasearse por el bosque y soltar parrafadas poéticas y profundas (dicho de otra manera, la campaña arriba mentada resulta del todo engañosa, ya que basa su impacto en el monstruo de marras, como si este tuviera verdadero protagonismo en el film, o fuese el elemento horrorífico que lo arrastra. Falso. Una publicidad que apuesta por el populismo cuando el producto que promociona tiene aspiraciones mucho más elitistas). Y los momentos de supuesto miedo, que se apoyan en mostrarnos el fantasma de una chica, se alargan tanto y tanto (al director le debería encantar la caracterización de la actriz, porque es que le dedica incontables planos caminando hacia cámara poniendo caras raras) que terminan cansando y carecen de toda efectividad.
Resumiendo: Un coñazo tremendo, aburridísimo. Y otra decepción terrible para mi cándida alma. De hecho, cuando llevaba ya una hora de metraje (y cuidao, que la puta dura 100 minutos) comencé a echar de menos a los adolescentes guaperas, las chicas rubias con tops bien ceñidos, al asesino enmascarado, el humor y la insufrible cascada de referencias y guiños post-modernos.
Que vida más dura esta, compañeros.
Gracias a Alejandro por pasármela.
miércoles, 10 de septiembre de 2014
24 CUADROS DE TERROR
En “Malas pero divertidas”, ya hablé sobre Christian González, director de esto, en la reseña de la crudísima “La mataviejitas:
Asesina serial”. Un director que me cae bien, que arremete (como casi cualquier
director de género) contra las escuelas de cine, y que diciendo Tarantino
(¡Como no!) que González es una de sus influencias, este responde cagándose en
él, y en Robert Rodríguez. Dice que cuando ve “Machete” y se echa a reír, y que
sus películas si son crudas, y no las de estos dos gringos cuyos fans son pijos
de buena familia. Al respecto, dice, también, que sus seguidores son
carniceros, obreros de la construcción y algún que otro coleccionista. Gente
dura, y no como los fans de Tarantino. Ole sus cojones.
Se trata del director con más “haters” por metro cuadrado de
México. Mismamente, esta “24 cuadros de terror” es un ejemplo de ello, a poco
que se navegue por Internet. La película
está rodada con algo parecido al 16 mm. (incluso puede que sea vídeo
falseado, no lo se), pero está rodada con total descuido, prácticamente en
interiores, con tres o cuatro actores y es de factura totalmente amateur. Logra
estrenarse en cines –recordemos que González es uno de los abanderados del
“Vídeo Home”- y solo esto es motivo para que el público se le eche encima, diciendo
que la película es un fraude y que seguro que se ha estrenado para ocultar,
váyase usted a saber que trapos sucios.
A lo que González responde rodando más películas. Todas una
fulaña, claro… pero aún así, el tipo no se da cuenta: “No por ser “Vídeo Home”,
hay que rodarlas de mala manera” dijo en una entrevista. A mí, lógicamente, me
fascina. ¿Qué es lo que pasa? Lo de siempre. Que mola mucho el individuo, el
concepto, las maneras… pero luego enfrentarse a sus películas es una ardua
taréa. Y aunque con González he tenido tragaderas digeribles, esta película, a
priori la que más atractiva pinta de su filmografía reciente, me ha costado
horrores verla entera.
La idea inicial es buena hasta para una película mainstream:
Un asesino en serie, filma sus asesinatos de manera
estética, y acumula las cintas. Un buen día contrata a una montadora de
cortometrajes –cuyo novio es director de cortos de terror ¡y la maltrata!- que
tras la oferta de este individuo, cree que va a montar un largometraje, así que
accede a este trabajo de buena gana. Pronto, al empezar a montar, se dará
cuenta de que lo que está montando es una película snuff, y cuando intenta
escapar, ya es demasiado tarde, porque el asesino quiere acabar su película y
para ello, ella es imprescindible.
No está mal el argumento. Solo que González es muy manazas,
la película muy pobre, y los actores malísimos, por lo que al final es todo un puto coñazo, aburrimiento
y desdén por los cuatro costados. Lo que es una autentica pena.
No obstante, hay que decir, que si Christian González tiene
sus detractores, también tiene
apasionados fans (Tarantino, como he dicho antes, entre ellos) y estos le
defienden, ciegamente y con mucha estupidez por su parte, llegando a decir que
esta peliculilla, este pequeño ñordo, tiene momentos de gran cine a los
Carpenter, a lo Argento, a lo Miike… vamos a la creme de la creme. Vamos, a mi
me parece bien que este señor te caiga bien, que te haga gracia ver sus
películas e incluso que te gusten por los motivos que sean, pero cojones, no me
compares esto que puede hacer cualquier retrasado con su cámara de vídeo, con
ninguno de esos. Y mira que Miike no me mola, y que hasta Argento o Carpenter
han rodado sus mierdas… pero endiosar así de esa manera, tampoco es. ¡Puto
México chingón!
Mala hasta decir basta, no obstante la recomiendo como
curiosidad, porque yo se que entre nuestros lectores hay carniceros, obreros de
la construcción y hasta algún que otro coleccionista, y ese es el público de González.
Mucho mejor –no mucho- estaba “Cabezas Rapadas”.
lunes, 8 de septiembre de 2014
LOVELACE
Pasa el tiempo y el anunciado biopic sobre Linda Lovelace –
actriz porno que se hizo súper popular comiéndose pollas en la película porno
“Garganta Profunda”- se estrena en los USA, sin hacer excesivo ruido. Y acaba
saliendo en DVD, y en españa, ni rastro de ella. Suerte que tenemos las
descargas ilegales.
Y cuando una de estas películas no termina de llegar a
españa, malo. Siempre suele ser porque son una puta mierda. Y al comenzar el
visionado y ver ese logotipo de “Milleniun Films” (ya saben, “Nu Image”) hace
presagiar que lo que vamos a ver, no es ese producto mainstream de dos horas y
media que esta historia pedía a gritos, y que por otro lado, muy ingenuamente,
yo esperaba. Y efectivamente, “Lovelace” es ese tipo de biopic funcional que
omite montones de cosas, que suaviza los acontecimientos y que convierte a
Linda Lovelace, más tonta y ávida de dinero que otra cosa, en martir y santa,
cuando la única verdad, independientemente de lo que ocurriese con su marido
maltratador, es que le gustaba la fama más que a un tonto un lápiz, y que se
hizo famosa por ser la primera que se comía una polla hasta los huevos delante
de una cámara. Cuando ya comerse una polla entera no era una cosa exclusiva,
entonces se reconvirtió al cristianismo y luchó contra la pornografía hasta las
últimas consecuencias (yo creo que como medio de vida finalmente). Pero claro, Harry Reems ya se había corrido en su cara, y
ella se había relamido cuando le dio por luchar contra lo que le había
reportado la fama. “Quien vea la película está presenciando mi violación” Muy
exagerado todo.
Bien, pues de todo eso la película habla por encima. Su
reconversión al cristianismo extremo se
omite, su lucha contra la pornografía se
resuelve en los minutos finales, y la película tiene el infortunio de contarnos
la historia dos veces. Esta se centra en el periodo comprendido desde la
adolescencia hasta el estrellato de la actriz: por un lado nos cuenta como fue
esta historia desde el punto de vista popular, lo que la gente conoció acerca
de la actriz y la película que le dio la fama, y una vez llegada su noche de
gloria en el pase privado de “Garganta profunda” que dio el magnate Hugh Hefner
para famosos y demás, la película retrocede en el tiempo para contarnos lo
mismo pero desde el punto de vista de Linda Lovelace, lo que se resume en
paliza tras paliza que le propinaba su marido Chuck Traynor, que además, la
prostituía siempre que podía.
Esto hace a la película tremendamente reiterativa y convierte la funcionalidad que pretende tener
en una falta de ritmo más o menos palpable, que hace que la cosa decaiga. Pero
al final la película con una hora y veinte de duración se ve tranquilamente,
sin estridencias de ningún tipo, ni trasgresión alguna. Así que la mayor pega
que le pongo, es que, en mi opinión, habría que haberle echado más pasta a esta
producción. Luego ya, le falta un poco de mala baba al asunto, y por otro lado,
el casting no me parece muy acertado porque ¡¡¡Es todo el mundo muy guapo!!!
Y hay que recordar que la gente
implicada en “Garganta Profunda” era
toda bastante fea. La Lovelace, se comía las pollas como si hubiera nacido para
ello, pero era más bien feúcha, de
dientes pochos yde físico más bien discreto. Y Harry Reems, parecía Bigote
Arrocet. Aquí, hasta Gerard Damiano es guapo.
En resumidas cuentas, es un biopic, estos siempre son
agradecidos (si lo era hasta el telefilme sobre Anne Nicole Smith…), y se ve
perfectamente, pero es demasiado televisivo, demasiado plano y demasiado blanco
y políticamente correcto.
Las estrellas de la película, Amanda Seyfried (“Caperucita Roja: ¿A quién tienes miedo?”,
“La gran boda”) como Linda Lovelace,
Peter Sarsgaard (“Linterna
Verde”, “La llave del mal”) como Chuck Traynor, Hank Azaria ( “Los Pitufos”,
“Godzilla (1998)”) como Gerard Damiano, James Franco como Hugh Hefner ,
secundados por gente como Wes Bentley, Eric Roberts, Cloe Sevigni, Juno Temple,
Robert Patrick o Sharon Stone.
Los directores son Rob Epstein y Jeffrey Friedman, que no
han rodado nada que yo haya podido ver o que me haya podido interesar.
No obstante, si quieren saber bien, bien la historia de esta
actriz y de la película que estuvo a punto de llamarse “El Tragasables”, es
mucho mejor ver el documental “Inside Deep Throat” donde se ahonda en todo el
asunto, y en la vida de Linda Lovelace y todos los implicados en la película,
de manera sobervia.
sábado, 6 de septiembre de 2014
SOCIETY
Por extraño que suene, "Society" es una película incluso con cierta reputación entre el "fandom". Claro que cuando hablo de "fandom", me refiero a la generación crecida y educada durante el apestoso boom de los apestosos 90´s. De ahí que cuando mantengo charlas amigables con especímenes de esa clase, en cuanto a nuestros títulos favoritos del género por el que compartimos amor e interés, "Society" es siempre uno de los que más chirrían (y no me sean quisquillosos, que fue parida en 1989). Ellos le ven algo especial, yo no. El caso es que hace unas noches decidí darle una nueva oportunidad, tras años de tenerla metida en el más lúgubre calabozo de mi pequeño y bulboso cerebro. Pasar por semejante experiencia ha inspirado el siguiente aporreamiento teclil.
A pesar de su condición de triunfador y su atractivo físico, Billy es infeliz, se siente a disgusto con su familia, a la que ve hacer cosas tan raras como practicar aparente incesto o deformar sus cuerpos cual plastilina. Pero, ¿es él que pasa una crisis existencial o hay algo de verdad en ello?. Con la ayuda de algún que otro amigo se decidirá a desentrañar el misterio, aunque le conlleve un susto de los gordos... y no cabe ninguna duda de que se lo llevará, uno de bien pringoso.
Bien, partamos de la base que mientras considero a Brian Yuzna un buen productor (como demostró en sus primeras colaboraciones con Stuart Gordon), como director me parece un patata. Las únicas pelis suyas que tolero son "El dentista" (donde, no porque si, volvía a colaborar con Gordon) y su capítulo en la antología "Necronomicón". ¿El resto?, alimento pa las focas. Especialmente esas horrendas secuelas - 2 y 3- de "Re-Animator" y toda su trayectoria por las Españas junto a aquella casa de putas y drogas que fue la "Fantastic Fucktory". Y "Society" no me hará cambiar de opinión, amigos y amigas.
Está claro que pa debutar en la dirección el muchacho quería epatar, sorprender con algo diferente, algo que guardara ciertos vínculos con el espíritu gamberril y provocador de sus primeras colaboraciones con su amigo el gordo(n), de ahí que en lugar de parir una de terror al uso, o algo fácilmente etiquetable, apostó por un film aparentemente distinto, raro, un perro verde, una cosa que arranca como thriller, como fábula de suspense, y termina de modo grotesco y chocante. Podemos llamarla comedia, podemos llamarla horror, podemos llamarla de muchas maneras pero de ninguna en concreto. Ese es el espíritu de las obras que rompen, que no se acomodan, que destruyen conceptos. Yuzna contaba con los ingredientes necesarios, pero fue incapaz de mezclaros y cocinarlos debidamente. Más allá de sus cuatro aspectos delirantes, el 80% de "Society" se desarrolla como un puto telefilm, plano, insípido, sin alma, tanto estética como narrativamente. Y si la supuesta transgresión reside en echar mano de la cansina cantinela de “los-ricos-son-malos-los-pobres-son-güenos”, pues apaga y vámonos. ¿Por qué siempre se raja tanto de la gente adinerada cuando, al final, todos soñamos con estar en su privilegiada posición?. Ridículo.
Otro problema que tiene "Society" está en su estructura. Es decir, nos tragamos hasta 75 minutos de exposición, para que al llegar al final, ¡PAF!, nos llevemos la sorpresa, el despliegue de grotesquerías y efectos especiales (tampoco demasiado logrados). Claro, eso, en formato corto, o como parte de una serie de historias fantásticas o un largometraje compuesto de distintos capítulos (o un chiste), pues estaría bien, pero en un largometraje, la cosa se hace pesada y te deja con la sensación de "¿Tanto rollo pa esto?".
En cuanto al personal implicado que compartió creación y esnifamientos con Yuzna, no hay mucho donde rascar. Por encima de todos destaca Screaming Mad George, hombre de trucajes con pasado punko (su curiosa banda se llamaba "The Mad") que durante los 90 se erigió como el especialista en cosas raras y grotescas. Incluso solía destacársele en ese sentido allá ande metía la zarpa, caso de este "Society", donde sus efectos son pomposamente calificados de "surrealists". Y es que de eso iba el amigo George, de surrealista o, lo que es lo mismo, de -mal- imitador de Dalí. Esa supuesta capacidad le hizo destacar y -como no podía ser de otra manera- le convirtió en un genio con fecha de caducidad. Naturalmente, a poco que dejamos atrás el deprimente terror noventero, Screaming Mad George desapareció del mapa. Vamos, no fue más que una mini-moda pasajera... aunque antes tuvo tiempo incluso de co-dirigir esta cosa. Actualmente rula por facebook y se auto-denomina "animator". A nivel Imdbero no consta que haya hecho nada desde el 2005 pero, ¿quién sabe?, igual se apartó de la industria y hoy se limita a gozar de sus capacidades sin presiones laborales. O no. ¡Yo que sé!... tampoco es que me importe mucho, la verdad.
En cuanto al reparto, tenemos a Heidi Kozak, de la que ya hemos hablado con anterioridad por su participación en films como el séptimo "Viernes 13" y el segundo "Slumber Party Massacre". Y merece la pena destacar el rol que se marca Pamela Matheson como "madre rara sobremaquillada adicta a comer pelo ajeno" cual ejemplo de otro de esos elementos locos y delirantes que Yuzna metió en su película para hacerla automáticamente de culto pero que, como decía -y no me cansaré de hacerlo- no sirvió pa nada, quedándose básicamente en un gag tonto.
Me he devaneado mucho los sesos buscando la palabra adecuada para definir a "Society" y la única que me viene es la de ABURRIDA. ¿Hay algo peor?.
A pesar de su condición de triunfador y su atractivo físico, Billy es infeliz, se siente a disgusto con su familia, a la que ve hacer cosas tan raras como practicar aparente incesto o deformar sus cuerpos cual plastilina. Pero, ¿es él que pasa una crisis existencial o hay algo de verdad en ello?. Con la ayuda de algún que otro amigo se decidirá a desentrañar el misterio, aunque le conlleve un susto de los gordos... y no cabe ninguna duda de que se lo llevará, uno de bien pringoso.
Bien, partamos de la base que mientras considero a Brian Yuzna un buen productor (como demostró en sus primeras colaboraciones con Stuart Gordon), como director me parece un patata. Las únicas pelis suyas que tolero son "El dentista" (donde, no porque si, volvía a colaborar con Gordon) y su capítulo en la antología "Necronomicón". ¿El resto?, alimento pa las focas. Especialmente esas horrendas secuelas - 2 y 3- de "Re-Animator" y toda su trayectoria por las Españas junto a aquella casa de putas y drogas que fue la "Fantastic Fucktory". Y "Society" no me hará cambiar de opinión, amigos y amigas.
Está claro que pa debutar en la dirección el muchacho quería epatar, sorprender con algo diferente, algo que guardara ciertos vínculos con el espíritu gamberril y provocador de sus primeras colaboraciones con su amigo el gordo(n), de ahí que en lugar de parir una de terror al uso, o algo fácilmente etiquetable, apostó por un film aparentemente distinto, raro, un perro verde, una cosa que arranca como thriller, como fábula de suspense, y termina de modo grotesco y chocante. Podemos llamarla comedia, podemos llamarla horror, podemos llamarla de muchas maneras pero de ninguna en concreto. Ese es el espíritu de las obras que rompen, que no se acomodan, que destruyen conceptos. Yuzna contaba con los ingredientes necesarios, pero fue incapaz de mezclaros y cocinarlos debidamente. Más allá de sus cuatro aspectos delirantes, el 80% de "Society" se desarrolla como un puto telefilm, plano, insípido, sin alma, tanto estética como narrativamente. Y si la supuesta transgresión reside en echar mano de la cansina cantinela de “los-ricos-son-malos-los-pobres-son-güenos”, pues apaga y vámonos. ¿Por qué siempre se raja tanto de la gente adinerada cuando, al final, todos soñamos con estar en su privilegiada posición?. Ridículo.
Otro problema que tiene "Society" está en su estructura. Es decir, nos tragamos hasta 75 minutos de exposición, para que al llegar al final, ¡PAF!, nos llevemos la sorpresa, el despliegue de grotesquerías y efectos especiales (tampoco demasiado logrados). Claro, eso, en formato corto, o como parte de una serie de historias fantásticas o un largometraje compuesto de distintos capítulos (o un chiste), pues estaría bien, pero en un largometraje, la cosa se hace pesada y te deja con la sensación de "¿Tanto rollo pa esto?".
En cuanto al personal implicado que compartió creación y esnifamientos con Yuzna, no hay mucho donde rascar. Por encima de todos destaca Screaming Mad George, hombre de trucajes con pasado punko (su curiosa banda se llamaba "The Mad") que durante los 90 se erigió como el especialista en cosas raras y grotescas. Incluso solía destacársele en ese sentido allá ande metía la zarpa, caso de este "Society", donde sus efectos son pomposamente calificados de "surrealists". Y es que de eso iba el amigo George, de surrealista o, lo que es lo mismo, de -mal- imitador de Dalí. Esa supuesta capacidad le hizo destacar y -como no podía ser de otra manera- le convirtió en un genio con fecha de caducidad. Naturalmente, a poco que dejamos atrás el deprimente terror noventero, Screaming Mad George desapareció del mapa. Vamos, no fue más que una mini-moda pasajera... aunque antes tuvo tiempo incluso de co-dirigir esta cosa. Actualmente rula por facebook y se auto-denomina "animator". A nivel Imdbero no consta que haya hecho nada desde el 2005 pero, ¿quién sabe?, igual se apartó de la industria y hoy se limita a gozar de sus capacidades sin presiones laborales. O no. ¡Yo que sé!... tampoco es que me importe mucho, la verdad.
En cuanto al reparto, tenemos a Heidi Kozak, de la que ya hemos hablado con anterioridad por su participación en films como el séptimo "Viernes 13" y el segundo "Slumber Party Massacre". Y merece la pena destacar el rol que se marca Pamela Matheson como "madre rara sobremaquillada adicta a comer pelo ajeno" cual ejemplo de otro de esos elementos locos y delirantes que Yuzna metió en su película para hacerla automáticamente de culto pero que, como decía -y no me cansaré de hacerlo- no sirvió pa nada, quedándose básicamente en un gag tonto.
Me he devaneado mucho los sesos buscando la palabra adecuada para definir a "Society" y la única que me viene es la de ABURRIDA. ¿Hay algo peor?.
viernes, 5 de septiembre de 2014
EL DIA DEL PRESIDENTE
El debut de Pedro Ruiz, en la pantalla grande como actor y
como director, es este “El día del presidente” de 1979, que además, está basada
en una novela del propio Pedro Ruiz. Yo me lo guiso, yo me lo como. Además que
en aquella época no se le odiaba tanto como ahora, así que en su momento, hay
quien tuvo, incluso, en estima a esta película, en la que su cara apenas sale
de plano.
En ella interpreta al presidente del Gobierno. Cualquiera
diría que interpreta a Suárez, pero Pedro Ruiz siempre ha insistido en que no,
que no se trataba ni de una parodia ni de una inspiración, sino, más bien, de
un personaje ficticio.
El caso es que el presidente está preparando un discurso que
dará en la noche, que irá variando en medida
que tiene que lidiar con los que mandan de verdad, es decir, que durante
esas 24 horas en las que transcurre la película, el presidente tendrá que
agradar los deseos de la oposición, presidentes extranjeros, el clero, los
maricones y las presiones que todos estos ejercen sobre él, lo que le llevarán,
finalmente, a dimitir. Eso si, por el camino le da tiempo a echar un polvo.
La película transcurre casi en su totalidad en un despacho,
por lo que huelga decir, que estamos ante una película aburrida y pretenciosa,
cuyo única finalidad es la de ensalzar el ego de Pedro Ruiz. Pero seamos
serios; si Ruiz es un gran cómico y un solvente actor, como director es
discretito y como creador, la verdad es, que tiene un talento un tanto
limitado.
El coñazo este, que finalmente, y aún vendido como
disparatada comedia (que eso si sería la posterior “El Gran Mogollón”) en
realidad sería un melodrama social al que se le han introducido unas gotas de
sátira, metáforas, que no se le dan bien a Ruiz, dobles lecturas y un poquito
de humor para justificar el tono de comedia que ha de vender la película. No
picaron. Congregó en cines poco más de 200.000 espectadores.
Lo curioso es lo corta que es la carrera cinematográfica de
Pedro Ruiz y lo ligada que está a la política. Pero no contento con los
derroteros que llevaba como cómico y /o actor (recordemos que fue nominado al
goya por “Moros y Cristianos”de Berlanga), pronto se recicló en controvertido
entrevistador, ganándose las repulsas del respetable por la cantidad de chorradas y petulancias que salían de su
boca. Todo ello siendo, insisto, bastante limitadito como entertainment. Deudor
de Lenny Bruce, decía que era…
Acompañando de refilón algún plano que otro, tenemos junto
a Ruiz en el reparto a Pilar Bardem, Andrés Resino, Verónica Miriel y AntonioGamero.
Mala.
jueves, 4 de septiembre de 2014
LOS GUARDIANES DE LA GALAXIA
Haciendo honor a lo que dije en el podcast num. 20,
aquí está la reseña escrita de la última película de Marvel Studios. Si ustedes
ven a Kevin Feige por la calle, saquen sus carteras, cojan los billetes de 100€
y 200€ que todas las personas de bien tenemos (los de 500€, no que esos se los
quedaron todos los corruptos) y lánceselos a la cara, mejor no, mejor
lánceselos a los pies, porque este hombre sabe, este hombre merece ir andando
por una alfombra hecha de billetes (que lo más probable que en su casa sean así
sus alfombras) y es que Los Guardianes de la Galaxia es la película del verano,
con la que te ríes, te asombras con sus escenas espectaculares, y con la que
nos van a vender a TODOS los muñequitos de Mapache Cohete (Rocket en la
película) y sobre todo el Groot bailón (este último si no han visto la película
es un gran spoiler, pero si se atreven pongan Dancing Groot en google imágenes
y mueran de amor)
Para que vamos a dejar claro lo bien que están haciendo las cosas
en Marvel Studios cuando ya todos lo sabemos, y esto puede ser un pequeño punto
en contra. Si escucharon el podcast de AVT ya sabrán que Víctor
gozo del filme pero que salió un poco desilusionado, y es que si una película
de estas características no hacen que te lo pases bien es que algo falla. Pero
claro las expectativas a la que nos tienen acostumbrados los señores de Marvel
son tan altas ya, que es muy difícil superar a la anterior película, aunque para
mí se superan siempre (pero no tengan mi opinión muy en cuenta que yo soy la putita
de Marvel) Así que comprendo que Víctor no destila la misma alegría que yo por
la película. Aun así, como digo nos encontramos con la película del verano.
El argumento que se reduce en un post-it es el siguiente.
Star Lord, Peter Quill (Christ Prat) es un niño cuando su madre muere de cáncer,
para mayor drama esa misma noche es abducido por una nave extraterrestre. Pasa
su infancia y adolescencia entre un grupo de ladrones y mercenarios intergalácticos,
con Yondu (Michael Roorker) como figura paterna. Pero ahora quiere volar solo,
así que desobedeciendo (o traicionando, que no queda muy claro) a Yondu se va en busca de un misterioso orbe que todo el
mundo desea poseer. Cuando va a venderlo, dos cazarecompensas, Groot (Vin Diesel) y Rocket (Bradley Cooper) dan con él en plena capital de Xandar (el
planeta donde tienen su base general los Nova Corps, unos Guardias Civiles de
la Galaxia, para entendernos) Además de estos dos, Gamora (Zoe Saldana), una de
las hijas adoptivas de Thanos (Josh Brolin) es enviada para cazar a Quill y
hacerse con el Orbe. Montan una trifulca y se los llevan a una cárcel
galáctica, de la que no tardaran de escaparse con la ayuda de Drax (Dave
Bautista) y el plan loco de Rocket.
Con el grupo ya formado, las huestes de Thanos irán tras
ellos, Yondu y sus mercenarios también, y ya tenemos el lio montado. Galaxia
que puede ser destruida, pringados que como viven en ella quieren salvarla, y
acción, explosiones, naves voladoras, un mapache que habla, un jodido árbol que
da hostias como panes, chistes, música 80tera, más risas, más explosiones, más
mapache y más árbol, y joder que bien se pasa la película.
Y llega el fin, pero no se ha acabado, una escenita antes de
los créditos finales hacen que deseemos con todas nuestras fuerzas tener en
casa un Dancing Groot que baile como el de la peli, y que además deja que Drax
tenga unos segunditos más en pantalla (probablemente sea el más desaprovechado
del filme) Luego los créditos, que aunque hay gente ahí metida como para
invadir un pequeño país, pasan rapidito, y ya por fin nos encontramos de cara
con la escena post créditos tan habitual en las películas de Marvel Studios, y
que como en anteriores ocasiones no decepciona, ya que nos presenta a un
personaje de Marvel muy popular, que si ya han escuchado el podcast sabrán
quien es porque a Víctor se le escapa. Pero no lo martiricen, que esto se sabía
desde hace semanas antes del estreno de la película.
James Gunn, el director, ha dado en el clavo con un guion
repleto de chistes y gracietas, pero sin perder de vista los momentos
espectaculares con naves espaciales y explosiones por doquier, junto con escenas
algo más intimas, incluso dramáticas como es la que abre la película. No tiene
un gran bagaje a sus espaldas (miren IMDB) pero con Los Guardianes de la
Galaxia nos ha dado una de las películas mas entretenidas del año. De seguro
que estará en mi lista de las mejores del año, pero ¿Alguien lo dudaba sabiendo
de qué pie cojeo?
La más taquillera en lo que va de año en USA, y como aun
falta de estrenar en varios países, no sé porque me da que lo será del año en
todo el mundo. Y que leches, se lo merecen, que son personajes casi
desconocidos y se podían haber dado una hostia bien grande, pero como Marvel Studios
tienen a Kevin Feige (el tio que sabe) al frente, no ha sido así, se están
forrando, y que con mi pasta se tomen unos cubatas, hombre, que menos.
miércoles, 3 de septiembre de 2014
JUVENTUD SIN FRENO
La última película que dirigió José Ulloa genuinamente para
cine, es esta coproducción entre España, Puerto Rico y México, para la que fue
contratado.
La película es una absoluta bazofia, una sucesión de escenas
sin casi conexión, un argumento inexistente y un montón de escenas de carreras
de coches, de carreras de lanchas motoras e incluso de gente practicando
rafting, que se antojan dinámicas, pero que convierten el conjunto en algo
aparatoso y tedioso. Entre medias, unos jóvenes que pasan la treintena, bailan,
disfrutan de la vida e, incluso, las chicas son violadas o maltratadas sin
venir a cuento. Puro delirio… no necesariamente divertido.
La película fue un caos financiero absoluto. Rodada en las
costas de esos exóticos países que producían, casi sin dinero, José Ulloa se
tenía que ir de los hoteles donde se alojaba por falta de pago. No tenían un
duro. Bien, Ulloa, debe saber que su película era una cosa muy mala y
chabacana. Pero, siendo el director, no es su culpa que el resultado sea así de
mierdero. Es del bajo presupuesto.
Me hace mucha gracia que cada vez que algún director hace
una película fallida –por no decir que hace una puta mierda- este se excusa
diciendo que es que la película apenas tenía presupuesto. Jamás pone en duda su
talento. Yo lo hago muy bien, pero la falta de dinero llevó la película al
traste. Mis cojones. Por esa regla de tres, cualquier película de bajo
presupuesto sería una basura, y no es así, hay mogollón de películas buenísimas
que se rodaron sin un duro. Porque si hay talento, el dinero es lo de menos.
Pero si no lo hay… dudo que si hubiera habido un millón de Euros para rodar
“Juventud sin freno” esta hubiera sido mucho mejor.
La misma “Andalucía Chica” –Dios me libre de decir que esta
película es buenísima- del propio Ulloa, es infinitamente más competente que
esta… dentro de los parámetros de lo ínfimo y lo deleznable, pero con ese
encanto que hace ser buenas a las malas películas. Pero “Juventud sin freno”
(estúpido título) es inenarrable, técnica y artísticamente, seguramente, y con
esto tampoco digo gran cosa, sea la peor película de José Ulloa. Y aún teniendo
consigo, con todo ese rollo del maltrato y la violación gratuitos, papeletas
para ser una peli “mala pero buena”, está servido todo con tal incompetencia,
que ni para ver con los amigos en plan risas sirve. Lo que a su modo, la
convierte, también, en una pieza única. Aburrida, sosa, incoherente y
chabacana, la estás viendo y estás tentado de darle al avance, o incluso,
quitarla, pero es única. Que sea única, por supuesto, no quiere decir que
merezca la pena tenerla en la colección, o verla más veces. Incluso, me planteé
seriamente si dedicarle una reseña o no, porque salvo decir que es
extremadamente mala, no se me ocurría que más decir sobre ella. Pero al final, si
se ha podido escribir algo sobre ella. Y es que hay ciertas películas que han
nacido para que cualquier cabrón frustrado, sin talento, que como no ha servido
para hacer cine tiene que enfocar su ira hacia los demás (algo así me dijo
alguien del circulo del señor Ulloa –al que por otro lado respeto
profundamente- en los comentarios de “El refugio del miedo” cuando osé a dar mi
opinión como espectador) las ponga a parir en su blog. Y eso, al final, es algo
muy grande. De hecho, prefiero mil veces las malas películas y los malos
directores a los considerados buenos directores y buenas películas, porque esos
me dejan indiferente. Y Ulloa, nunca lo hace. Por malo, eso si.
En el reparto tenemos a Jorge Rivero, clásico actor del cine
Méxicano de pipas (“Trampa Mortal”), Verónica Miriel (“Perros Callejeros II”,
“La nueva Marilyn”, “El jovencito Drácula” “¿Y ahora qué, señor fiscal?” o “LosCantabros”) y Dan Forrest (“Andalucía Chica”, “Cazar al negro”).
martes, 2 de septiembre de 2014
DEL ESPACIO PROFUNDO
Un experimento letal del gobierno que flota por el espacio se desbarata y cae a la tierra, donde despertará en forma de tentaculoso monstruo chungo y se irá papeando a todo aquel que pase por allí, hasta que el inevitable poli duro de rigor acabe con su miserable existencia.
Hoy día películas como "Del espacio profundo" ("Deep Space" en v.o.) las veríamos directamente en el Syfy Channel, protagonizadas por alguna ex-estrella decadente y chorreando CGI. Pero en 1988 estas cosas tenían su verdadero mercado en el vídeo-club, y Fred Olen Ray (sospechoso habitual) era el puto amo en esas lides. Además, como bien sabrán, los ordenas todavía no daban pa tanto, y los trucos seguían fabricándose con látex u otras sustancias pringosas (y aquí no es que se luzcan mucho, la criatura apesta a muñecote sin cuello cada vez que asoma y su torso-escupe-tentáculos parece una puta sábana tendida).
La verdad es que, temática, narrativa y estructuralmente las cosas no han cambiado mucho en lo que se refiere a esta ralea de productos, siguen tirando de las mismas salidas que, básicamente, se limitan a muuuuchos diálogos idiotas para rellenar metraje (de verdad, Fred Olen Ray debe tener horror vacui porque prácticamente nunca deja un puto fotograma en silencio) y toda suerte de clichés y salidas ultra-previsibles, propias de mentes perezosas que no se cansan demasiado durante el proceso creativo. La diferencia aquí es que, A, semejante desaguisado tiene más encanto cuanto más añejo es y, B, Olen Ray siempre sabía dotar a sus ñordas de cierto "touch" que las hacía un pelín sobresalientes (dejando de lado su tendencia al estatismo asesino). En este caso nos referimos al desenlace, donde el poli prota se enfrenta a la bestia mediante sierra mecánica, lo que se traduce en un alegre baño de líquidos pringosos y salpicaduras mil. Curiosamente dicha parte (y otra en la que los tentáculos del bicho actúan como ramas con vida propia) parece guardar ciertas similitudes con "Posesión Infernal". Podría ser solo invención del menda, cierto, pero lo que sí es evidente es que Ray y su co-guionista (y habitual colaborator) T.L. Lankford toman buena nota de, claaaro, las "monster movies" clásicas y, claaaaro, "Alien, el 8º pasajero" (menos que de costumbre, eso sí). Ya no solo por el look del marciano, ahí con su cabeza apepinada, también por secuencias como aquella en la que un segurata sale a la caza de un gato mientras a sus espaldas el e.t. se alza lentamente. Y si no, que se lo pregunten a Harry.
El reparto de esta cosilla es tan colorista como solía serlo en todas las pelis del amigo Alfredo. El entrañablemente feo Charles Napier se erige como un simpático y cínico poli macarra (la escena que se viste de gaitero para seducir a la prota, según el manual de "Rambo", está entre lo brillante y la pura vergüenza ajena). Esta no es otra que Ann Turkel, que venía de "El puente de Cassandra" y "Humanoides del abismo" y que vería con horror cómo su nombre aparece mal escrito en los títulos de crédito. Les acompañan Bo Svenson, el televisivo Ron Glass (de aspecto genuinamente repugnante. Señalar que lograría un papel relevante en la serie "Firefly" -y, por ende, la película "Serenity"-), el gran James Booth como científico malcarado y la malograda Elisabeth Brooks en un rol bien tonto, de esos confeccionados para únicamente permitir un cameo, en este caso el de la mujer-loba sexy de "Aullidos".
También rulan por ahí actores veteranos provenientes del cine que Fred Olen Ray consumía de chaval y que ya solía fichar para sus despropósitos: Julie Newmar, la "Catwoman" del "Batman" de los años 60 (y que también anduvo por la ultra serie Z "Evils of the Night", compartiendo experiencia con una del clan Ray, Dawn Wildsmith), interpreta un papel totalmente estúpido, el de una psíquica que no aporta absolutamente NADA a la trama. Norman Burton anduvo en algunos títulos de "El planeta de los simios". Michael Forest y Anthony Eisley no solo curraron para el inevitable Roger Corman durante su etapa como realizador de cine de terror barato, además el segundo asomó por algunos auténticos hitos del trash como "Operación Goldman" (exploit Bondiano firmado por Antonio Margheriti), "Journey to the Center of Time" y "The Mighty Gorga" (del super-zetoso David L. Hewitt) o, rizando el rizo, "The doll squad" de Ted V. Mikels y el "Dracula vs. Frankenstein" de Al Adamson. ¡Que le hagan un mono-mento!.
No pueden faltar los "Regulars Ray" delante de la cámara que, pa la ocasión, se reservan roles muy escuetos (la Wildsmith, Fox Harris, Susan Stokey, William Fair, Richard Wiley o Richard Hench) y detrás (Gary Graver, Bret Mixon). La simpática y rayante banda sonora parece de Chuck Cirino, pero no lo es. El mismo amigo Ray se marca un cameo como camionero (y cuela su "The Tomb" en una pantalla de televisión). Las escenas del bicho llegando a la tierra son, como de costumbre, extraídas de una peli previa de mayor presupuesto y temática parecida, en este caso se trata de "El terror llama a su puerta". Y dado el relativo parecido que "Del espacio profundo" guarda con la Rayada "Biohazard", no sorprende que compartan momentos casi idénticos, como esa "cría extraterrestre" que sale de su "recipiente" en la mesa de la cocina entre humo y gruñidos.
"Del espacio profundo" es lo que es. En mi etapa como Fredmaníaco me encantaba. Luego, más en frío, volví a consumirla y me pareció un coñazo tremendo. Hoy por hoy les digo que, en fin, no es ningún dechado de ingenio y creatividad, pero si le pones paciencia un Domingo por la tarde, se puede ver... especialmente porque merece la pena aguantar hasta el final, con ese cierre absurdamente espectacular y llamativo.
Como grand finale les dejo el (inmerecido) súper-cartel que ilustró el reputado Graham Humphreys para su rarísimo y casi fugaz estreno en salas de cine angloparlantes. Enjoy-en...
Hoy día películas como "Del espacio profundo" ("Deep Space" en v.o.) las veríamos directamente en el Syfy Channel, protagonizadas por alguna ex-estrella decadente y chorreando CGI. Pero en 1988 estas cosas tenían su verdadero mercado en el vídeo-club, y Fred Olen Ray (sospechoso habitual) era el puto amo en esas lides. Además, como bien sabrán, los ordenas todavía no daban pa tanto, y los trucos seguían fabricándose con látex u otras sustancias pringosas (y aquí no es que se luzcan mucho, la criatura apesta a muñecote sin cuello cada vez que asoma y su torso-escupe-tentáculos parece una puta sábana tendida).
La verdad es que, temática, narrativa y estructuralmente las cosas no han cambiado mucho en lo que se refiere a esta ralea de productos, siguen tirando de las mismas salidas que, básicamente, se limitan a muuuuchos diálogos idiotas para rellenar metraje (de verdad, Fred Olen Ray debe tener horror vacui porque prácticamente nunca deja un puto fotograma en silencio) y toda suerte de clichés y salidas ultra-previsibles, propias de mentes perezosas que no se cansan demasiado durante el proceso creativo. La diferencia aquí es que, A, semejante desaguisado tiene más encanto cuanto más añejo es y, B, Olen Ray siempre sabía dotar a sus ñordas de cierto "touch" que las hacía un pelín sobresalientes (dejando de lado su tendencia al estatismo asesino). En este caso nos referimos al desenlace, donde el poli prota se enfrenta a la bestia mediante sierra mecánica, lo que se traduce en un alegre baño de líquidos pringosos y salpicaduras mil. Curiosamente dicha parte (y otra en la que los tentáculos del bicho actúan como ramas con vida propia) parece guardar ciertas similitudes con "Posesión Infernal". Podría ser solo invención del menda, cierto, pero lo que sí es evidente es que Ray y su co-guionista (y habitual colaborator) T.L. Lankford toman buena nota de, claaaro, las "monster movies" clásicas y, claaaaro, "Alien, el 8º pasajero" (menos que de costumbre, eso sí). Ya no solo por el look del marciano, ahí con su cabeza apepinada, también por secuencias como aquella en la que un segurata sale a la caza de un gato mientras a sus espaldas el e.t. se alza lentamente. Y si no, que se lo pregunten a Harry.
El reparto de esta cosilla es tan colorista como solía serlo en todas las pelis del amigo Alfredo. El entrañablemente feo Charles Napier se erige como un simpático y cínico poli macarra (la escena que se viste de gaitero para seducir a la prota, según el manual de "Rambo", está entre lo brillante y la pura vergüenza ajena). Esta no es otra que Ann Turkel, que venía de "El puente de Cassandra" y "Humanoides del abismo" y que vería con horror cómo su nombre aparece mal escrito en los títulos de crédito. Les acompañan Bo Svenson, el televisivo Ron Glass (de aspecto genuinamente repugnante. Señalar que lograría un papel relevante en la serie "Firefly" -y, por ende, la película "Serenity"-), el gran James Booth como científico malcarado y la malograda Elisabeth Brooks en un rol bien tonto, de esos confeccionados para únicamente permitir un cameo, en este caso el de la mujer-loba sexy de "Aullidos".
También rulan por ahí actores veteranos provenientes del cine que Fred Olen Ray consumía de chaval y que ya solía fichar para sus despropósitos: Julie Newmar, la "Catwoman" del "Batman" de los años 60 (y que también anduvo por la ultra serie Z "Evils of the Night", compartiendo experiencia con una del clan Ray, Dawn Wildsmith), interpreta un papel totalmente estúpido, el de una psíquica que no aporta absolutamente NADA a la trama. Norman Burton anduvo en algunos títulos de "El planeta de los simios". Michael Forest y Anthony Eisley no solo curraron para el inevitable Roger Corman durante su etapa como realizador de cine de terror barato, además el segundo asomó por algunos auténticos hitos del trash como "Operación Goldman" (exploit Bondiano firmado por Antonio Margheriti), "Journey to the Center of Time" y "The Mighty Gorga" (del super-zetoso David L. Hewitt) o, rizando el rizo, "The doll squad" de Ted V. Mikels y el "Dracula vs. Frankenstein" de Al Adamson. ¡Que le hagan un mono-mento!.
No pueden faltar los "Regulars Ray" delante de la cámara que, pa la ocasión, se reservan roles muy escuetos (la Wildsmith, Fox Harris, Susan Stokey, William Fair, Richard Wiley o Richard Hench) y detrás (Gary Graver, Bret Mixon). La simpática y rayante banda sonora parece de Chuck Cirino, pero no lo es. El mismo amigo Ray se marca un cameo como camionero (y cuela su "The Tomb" en una pantalla de televisión). Las escenas del bicho llegando a la tierra son, como de costumbre, extraídas de una peli previa de mayor presupuesto y temática parecida, en este caso se trata de "El terror llama a su puerta". Y dado el relativo parecido que "Del espacio profundo" guarda con la Rayada "Biohazard", no sorprende que compartan momentos casi idénticos, como esa "cría extraterrestre" que sale de su "recipiente" en la mesa de la cocina entre humo y gruñidos.
"Del espacio profundo" es lo que es. En mi etapa como Fredmaníaco me encantaba. Luego, más en frío, volví a consumirla y me pareció un coñazo tremendo. Hoy por hoy les digo que, en fin, no es ningún dechado de ingenio y creatividad, pero si le pones paciencia un Domingo por la tarde, se puede ver... especialmente porque merece la pena aguantar hasta el final, con ese cierre absurdamente espectacular y llamativo.
Como grand finale les dejo el (inmerecido) súper-cartel que ilustró el reputado Graham Humphreys para su rarísimo y casi fugaz estreno en salas de cine angloparlantes. Enjoy-en...
lunes, 1 de septiembre de 2014
DOÑA MACABRA
“Doña Macabra” es un personaje mítico de la cultura popular Mexicana cuyas historias de comedia y horror quedaron
registradas en una serie de televisión de los años sesenta y en la película que
nos ocupa del año 72.
Doña Macabra y su hermana, son conocidas en el barrio porque
practican la brujería (o eso creen los paletos de los vecinos) y porque se
especula que en el caserón dónde viven, se esconde un gran tesoro. Un
matrimonio emparentado con las dos viejas, les engañan para instalarse en su
casa con el único fin de encontrar ese
tesoro. Doña Macabra, que descubre sus intenciones, prepara su venganza
sangrienta.
El resto de la película el matrimonio se las tendrá que ver
con las putaditas que Doña Macabra les va dejando.
Lo que me llama la atención de la película, es que, siendo
blanca como es –una comedia mexicana de los años 70- a veces, porque no se
tiene medida, o bien por la ingenuidad de la época, las bromitas y trampas que
la señora va dejando al matrimonio, si que llegan a ser verdaderamente macabras…
es decir, que por un lado son tonterías tipo luces que se apagan, cortinas que
se menean, pero por otro, le dan corriente eléctrica a un acuario, para que
cuando la mujer de ese matrimonio meta la mano, se electrocute. O bien,
encuentran en su cama manos cercenadas y ensangrentadas, cuya sangre, el
matrimonio llega a probar para comprobar si es sangre de verdad o no.
Por otro lado, una pantera ataca al marido, haciéndole graves heridas, y para
rematar la faena –spolier- este acaba muerto porque le explota la dinamita que
está usando para hacer un boquete y encontrar el tesoro. Todo ello servido con
vivos colores setenteros e iluminaciones psicodélicas que le dan un tonillo,
efectivamente, macabro (y pop).
Se deja ver perfectamente. Entretenidilla y graciosa.
Dirige el cotarro Roberto Gavaldón, artesano mexicano de los
de oficio y prestigio (no un chungo como los Cardona) que entre muchas
cosas dirigió aquel “Don Quijote cabalga
de nuevo” al servicio de Cantinflas y con Fernando Fernán Gómez.
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