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miércoles, 28 de agosto de 2019

MIS FOTOGRUMOS FAVORITOS 2 - "GREMLINS"

Hoy Miércoles, y de la mano de "Fotogrumos", nos marcaremos uno de esos bellos viajes nostálgicos a tiempos más felices. Concretamente a cuando se estrenó "Gremlins". Y porque hay que comenzar por el principio, ahí va el cartel que fue contraportada en ese ejemplar de la revista.
Siempre me llamó la atención que en la peli Gizmo nunca acaba en una caja de zapatos porque no cabría. Y Billy tampoco se vestía como en la ilustración (mentar de pasada la frikada del botón del pantalón. Si lo miran con lupa, verán el logotipo de "Amblin"). No obstante es un cartel precioso que cumple con su función: despertar nuestra curiosidad y nuestras expectativas ante todo el misterio retratado.



Ahí tienen el reportaje de dos páginas que "Fotogrumos" dedicó al estreno del clásico de Joe Dante. La imagen que lo encabeza, ese Gizmo con mirada tierna iluminado de naranja, ha sido siempre mi favorita en relación a "Gremlins". Es una imagen que de por vida asociaré a la Navidad. Y con lo que a mi me gusta la Navidad, pues imaginen lo feliz que me hace regalarme los ojos con ella.



Ponemos fin al "Gremlins Day" con este recorte en el que se habla de piratería. Lograron "frenarla" con aquella cutrada llamada anti-copy. O eso parecía hasta la llegada de la era digital.
Pero esa es otra historia.

viernes, 4 de diciembre de 2015

MI NIDO O EL TUYO

Tan convencido estaba Steven Spielberg del tirón de John Belushi, tal el aprecio que sentía por él, que creo la “Amblin” solo para poder pegarse el gustazo de producir la que, en teoría, iba a ser la película que encumbraría a John Belushi. “Mi nido o el tuyo”. Ergo, se trata de la primera película producida por Amblim, y también, la primera comedia romántica de John Belushi.
Cuenta la historia de un periodista de éxito de un popular periódico de Chicago que acude a las montañas a realizar un artículo sobre una ornitóloga que estudia a una clase de águilas en extinción. Allí, surgen las disputas (ella es chica de montaña, él hombre de ciudad) y las redencillas para, de la noche al día, todo eso convertirse en un amor infinito, que se verá perjudicado por los distintos hábitats en los que nuestros protagonistas se desenvuelven.
“Mi nido o el tuyo” –“Continental Divide” en su versión original, que hace referencia a la separación de montañas que hay entre los USA y Canadá, dónde sucede el grueso de la película- tenía una intención; convertir a Belushi en el nuevo Spencer Tracy. Lógicamente, todo Tracy que se precie, tiene que tener una Catherine Herpburn que le sirva de pareja, así que le endosaron a una tal Blair Brown, feucha y actriz del montón, con la que no surgió ninguna química. El resultado es terriblemente flojo, una película aburrida de narices, con una historia absurda y, en definitiva, una película carente de cualquier carisma. Entonces, lo que iba a ser el peliculón de Belushi acabó siendo uno de sus fracasos (recordemos que solo tuvo un par de grande éxitos).
Y es que, como dice la canción, el peor enemigo de Belushi, era el propio Belushi.  La película no hay quien la salve, quizás protagonizada por Chevy Chase y Goldie Hawn sería más visible, pero seguiría siendo una mierda. Sin embargo, hay que tener en cuenta que “Mi nido o el tuyo” se ve resentida por un John Belushi en fase terminal que echó a perder el rodaje, no solo por sus continuo estado de embriaguez y/o drogadicción, sino también, porque quería meterle el rabo a Blair Brown a toda costa, llegando, incluso, a meterle mano en algunas ocasiones, con lo que consiguió que la actriz le cogiera un asco descomunal que, desde luego, se transmite en la pantalla.
En la pre-producción, la inseguridad embargaba a Belushi. No sabía si daría el tipo ya que necesitaba una interpretación sosegada y contenida –“¡Nada de cejas!” le decía continuamente el director- y por unos instantes, cuando aceptó el papel, decidió tomárselo en serio. Comenzó una dieta que le hizo adelgazar casi 20 kilos y no consumió drogas durante ese tiempo. Se mantuvo sobrio. Y el rodaje fue sobre ruedas las primeras semanas. Pero claro, fue llegar a Chicago, dónde se rodaba parte de la película y mandó a tomar por el culo la dieta y la abstinencia. Además, la eterna inseguridad del actor, le hizo perder la fe en una película concebida a su medida, escrita por Lawrence Kasdan y producida por Spielberg. Al considerar que no estaba a la altura, que no resultaba interesante más allá del salvaje rol de Bluto de “Desmadre a la Americana”, Belushi se dio de nuevo a la mala vida con lo que eso conlleva; Llegar  completamente drogado al rodaje, engordar como un cerdo o directamente no asistir al rodaje. Y es que, efectivamente, si sacamos a Belushi de su rol salvaje, resulta ser un actor más bien discretito y tirando a malo.
Dicen que la película en la que más hecho polvo estaba Belushi, es “Mis locos vecinos”, sin embargo donde el deterioro físico es más palpable es en esta “Mi nido o el tuyo”, dónde los kilos y kilos de maquillaje no ocultan un rostro castigadísimo por la cocaína, unas ojeras permanentes, o en el peor de los casos, y vaya usted a sabe por qué, heridas  y arañazos en el rostro, en una de las escenas. Desde luego, lamentable. Por no hablar de cómo Belushi engorda y adelgaza  en una misma escena. Pero me refiero a cambios físicos de entre 10 y 15 kilos.
Más allá de esto que cuento, y si no estuviera protagonizada por quien lo está, “Mi nido o el tuyo” es una película muy del montón, muy sosita, que pasó inadvertida en su estreno en USA, y aquí a España nos llegó directamente al mercado del vídeo, y con pocas copias además, por lo que hoy en día se trata de una de las películas más desconocidas del actor, siendo como es, un icono.
Junto a Belushi y Brown destaca la presencia de Tony Ganios ¿Qué quien es ese? Pues nada menos que el “Cigarro Puro” de la saga de “Porky’s”.
Dirige el director de estudio Michael Apted, que lo mismo te dirige esta, que te dirige “Estado Crítico” al servicio de Richard Pryor, que “Gorilas en la niebla”, que una de las entregas de “Narnia”.

sábado, 21 de enero de 2017

ENTERRANDO A LA EX

Cinéfagamente (y creativamente), soy hijo de dos grandes corrientes surgidas en plenos años 80, década en la que ambas vivieron sus momentos dorados: el blockbuster y el video-clubismo. De la primera me empapé con superproducciones de aventuras, fantasía, acción y ciencia ficción. De la segunda, con un montón de títulos ignotos, extraños, baratos y, sobretodo, ligados al género de mis amores, el terror.
Evidentemente en el grupo de las primeras destaca con luz propia lo que hizo Steven Spielberg desde su "Amblin". Y quien dice Spielberg, dice el séquito de realizadores forjados a su sombra como Robert Zemeckis o Joe Dante.
A veces me embarga el desconcierto cuando me paro a mirar/pensar y me percato de que los responsables de todas las películas míticas que alegraron mi infancia y adolescencia son personas humanas que comen, cagan, mean y, sobre todo, siguen activas haciendo lo suyo. Cuesta aceptar que el tipo que parió "Piraña", "Aullidos", "Gremlins" o "El chip prodigioso" sea una persona real y que no se levante cada mañana psicológicamente condicionado y, por ende, creativamente paralizado por el hecho de haber dirigido productos tan fundamentales para la vida de miles de seres humanos. Pero es así. Y Joe Dante, aunque ya no nada entre milloncejos y grandes éxitos de taquilla, continúa facturando películas. En ocasiones algunas de ellas miran a su pasado con resultados raramente satisfactorios (ejemplo: "Pequeños Guerreros" o "Miedos 3D", el remake no confeso de "La puerta"), y en otras hace gala del que fue otro sus fuertes -aunque menos-, la comedia negra. "Enterrando a la ex" entra dentro de este grupo.
Un devoto del cine de terror vive enchochado de una chica con la que tiene más bien poco en común. No es muy feliz con ella (sobre todo cuando le estropea unos valiosos posters), pero va tirando con resignación. Un día le promete amor eterno -después de echar un polvo, claro- delante de una figurita mágica que toma buena nota de ello. Aunque en realidad lo que quiere es cortar con la chica, así que reúne el valor y la cita en un parque para decírselo. Desafortunadamente, ella es atropellada y muere trágicamente antes de conocer la mala noticia.
Tras pasarse varias semanas encerrado en sí mismo (y viendo "Plan 9 from outer space"), el chaval conoce a otra churri la mar de atractiva y, sobre todo, con la que tiene mucho en común. Cuando más evidente se hace que entre ambos tórtolos está naciendo el amor, la novia muerta volverá de la tumba, algo desmejorada y muy cachonda para reclamar aquello que le prometió la que en vida era su pareja.
Pues sí, queridos, Joe Dante apuntándose a la moda zombie en sus últimos coletazos. Triste, pero viniendo de quien viene, se lo podemos perdonar, ¿verdad?.
"Enterrando a la ex" no es una peli de terror. Es, como decía, una comedia. Negra, sí, pero tampoco estamos ante un carnaval ni de tripas ni de mala leche. Y tampoco de tetas, por desgracia como verán unas líneas más abajo. Cuando me puse a verla, lo hice pensando que sería un mojón y que seguramente me quedaría dormido. Y la verdad es que no fue así, me entretuvo medianamente, me hizo cierta gracia, no me ofendió en exceso y aunque el final sea previsible y ñoño, la cosa se saldó con un regusto moderadamente positivo. Y es que, bueno, no deja de ser una película de Joe Dante. Y el que tuvo, en mayor o menor medida, retuvo.
El reparto es de esos bien floridos. Destaca su protagonista, el pobre Anton Yelchin, tristemente fallecido de modo demasiado prematuro. Le sigue la.... en fin, dejen que coja aire: la tremenda Alexandra Daddario o, lo que es lo mismo, las más deliciosas y comestibles tetas que actualmente podemos ver en el cine. ¡¡Madre mía, que cosa!!. Tías como estas, y senos como esos, hacen creer en dios. O en el diablo, por dejárnoslas ver pero no catarlas. En este caso el diablo es Joe Dante, que nos regala una escenita de lucimiento erotico-festivo, pero muy light, sujetador mediante. Aún así, tela marinera. Claro que uno no puede evitar preguntarse: ¿de verdad existen chicas con ese aspecto físico, esa candidez y que les molen las pelis de terror, el punk rock y demás subculturas?. En mi época no las había. Hoy, desde el horrible boom caspa-gore de los 90 y la invasión manga, sí que las hay, aunque no creo que lleguen a tal nivel de perfección (y son demasiado jóvenes para este viejo verde). En fin. Los acompañan Ashley Greene como la chica zombie (es "famosa" por su participación en la saga "Crepúsculo", pero antes estuvo en esto) y Oliver Cooper como el improbable amigo golfo y fondón que folla cuanto quiere y con quien quiere.
Siendo como es una peli de Joe Dante, no pueden faltar Dick Miller (envejecido, pero ahí lo tienen), un porrón de guiños cinéfagos (destaca uno dedicado, nada menos, que a Jack Perez, con quien recientemente Dante colaboró) y referencias directas (llama la atención ver "The gore gore girls" en una pantalla). La música se la debemos a Joseph LoDuca, habitual del clan Raimi y responsable del entrañable y minimalista soundtrack de "Posesión Infernal". Entre los productores encontramos a un personaje bien curioso, Brad Sykes, cineasta habitual del horror de ultra-bajo presupuesto generalmente grabado en vídeo.
"Enterrando a la ex" queda lejos de los mejores tiempos del cine de Joe Dante, por supuesto, pero se deja ver como entretenimiento ligero y desenfadado y, oye, después de todo me gustó más que la insufrible "Matinee" o las ya mentadas "Pequeños Guerreros" y "Miedos 3D".

sábado, 11 de abril de 2026

EL DRAGÓN DEL LAGO DE FUEGO

Por su naturaleza, y época de lanzamiento, es rematadamente lógico y comprensivo que acudiera raudo al cine a ver "El dragón del lado de fuego". Dicho de otro modo, entonces era un pre-púber totalmente volcado en esa clase de cine fantástico empachado de efectos especiales. El cartel, sendos reportajes en prensa (pal caso "Fotogrumos") y algún posible anuncio televisivo, habían logrado capturar mi atención a niveles obsesivos. Así pues, pasé por taquilla saturado de expectativas y, claro, la decepción resultante fue notoria. "El dragón del lago de fuego" (título patrio, bastante molón para variar, aunque el original sigue superándolo: "Dragonslayer") me aburrió muchísimo. No sabría decir, creo que esperaba mucha más fantasía y espectacularidad y, dentro de un orden, se mantiene bastante sobria y serena, realista en su irrealismo, siendo la ampulosa ambientación medieval lo mejor (incluida cierta atmósfera) y, por supuesto, un dragón de lo más "cool" que a día de hoy se sigue considerando el mejor que ha cruzado una pantalla de cine desde que el tiempo es tiempo. Fueron los chavales de la "Industrial Light & Magic", en pleno apogeo de sus capacidades artesanales, los que se dejaron la salud para darle vida. Y nada que objetar al respecto. Más dudosos son algunos de los trucajes del clímax final, excesivamente pirotécnico y que se carga mucho de lo logrado hasta su llegada. No asesina la película, pero sí la hiere sangrantemente.
Un pueblo asediado por el monstro del título recurre a un mago para que ponga orden. Sin embargo, este palma antes de partir, pasándole el marrón a su joven aprendiz, lo que se traduce no solo en un bonito cuento de hadas, también una historia de madurez y aprendizaje, con el muchacho superando una primigenia arrogancia para ir comportándose de modo más cabal y, de paso, enamorándose de una muchachuela. Se terminará enfrentando a la bestia en su gruta, aunque no logra vencerla... por desgracia... y añado ello porque, siendo una escena muy decente, incluso emocionante, dará pie al segundo, último, pretendidamente épico y más deslucido combate con esos cromas y transparencias que... ¡¡¡urgh!!... ya, claro, era otra época con una tecnología menos eficiente, pero justo para eso existe la contención. Si ves que no llegas, haz como Spielberg y limita tu escualo. De lo contrario, corres el peligro de dar el cante. Y aquí lo dan.
Eran los años en que Disney intentaba modernizarse, incorporando materia algo más adulta, oscura y violenta a sus productos. De ahí que "El dragón del lago de fuego" incluya unos fugaces desnudos (masculino y femenino), algo de violencia, algo de horror y un momento muy llamativo en el que las crías de dragón se papean a una de sus víctimas, bastante gráfico todo ello para los estándares de la compañía del ratón. Tal vez por eso, y el tono más seriote y contenido, le pasó lo mismo que a todas las disneyadas del periodo, y con idénticas intenciones: fracasó. El hostiazo no resultó tan gordo, pero el taquillaje seguía estando por debajo de las expectativas. Mi reacción de entonces, como público potencial, es prueba de ello. Probablemente "El dragón del lago de fuego" se adelantó a su tiempo, porque vista ahora, con canas y tal, me gustó bastante. Es entretenida, visualmente potente y bien facturada en general, salvo por el cacareado clímax. Aún así, aprueba.
Del reparto destaca el entonces debutante Peter McNicol, como aspirante a mago. Es curioso ver cómo su carrera posterior se decantaría más por explotar la vis cómica, incluso físicamente mutó para adaptarse a todos los personajes que le darían cierta popularidad ya entrados los noventa. Parecía otra persona. Dicen las malas lenguas que se avergüenza de su debut y no lo incluye en el currículum. Pues la verdad, no lo entiendo. Desde luego tiene cosas mucho peores. Otra que se desvirgaba en esto del cine era su partenaire, la peculiarmente bella Caitlin Clarke, quien no tendría demasiada suerte el resto de su carrera, y el resto de su vida, ya que murió demasiado joven en 2005. En el lado de los veteranos, Ralph Richardson como mago-jefe y Albert Salmi.
Dirige Matthew Robbins, quien en los años siguientes pariría algunas cosillas más o menos vistosas como la cult-movie "La leyenda de Billie Jean". El único producto "Amblin" de los ochenta que nunca me atrajo, y todavía no he visto, "Nuestros maravillosos aliados". Y una de perritos, "Bingo!". No obstante, donde Robbins ha brillado más ha sido en funciones de guionista. Dan buena cuenta de ello títulos como "Loca evasión" (su conexión con Spielberg), "Señal de alarma" (dirigida, justo, por el coguionista de "El dragón del lado de fuego", Hal Barwood), "Mimic", una primera colaboración con Guillermo Del Toro que le llevaría al horrible remake de "No tengas miedo a la oscuridad" (con Del Toro co-guionizando y produciendo), "La cumbre escarlata" y la reciente versión de "Pinocho" del orondo cineasta mexicano.