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lunes, 20 de agosto de 2018

ASALTO Y VIOLACIÓN EN LA CALLE 69

Pablo Bellini, en los 80 dueño de un sello videográfico argentino llamado “Buena onda home vídeo”, aprovechó la coyuntura que le ofrecía su propia compañía para rodar una película que luego él mismo distribuiría a videoclubes de todo el país. Así, con cámaras de vídeo de primera generación y con películas de “Rape & Revenge” como referente y con las miras bien puestas en “Calles Salvajes” se rueda un porno soft de serie Z que con la tontería, y con el paso de los años, se convirtió en un título de culto del cine bizarro argentino y un claro exponente de lo que esta generación de cineastas de lo precario podía poner en circulación con muy poquito dinero. Se trata de “Asalto y violación en la calle 69”. Sus escenas de violación así como el final pasado de rosca del que hace alarde, le valieron en su momento, principios de los 90, una justa fama de película polémica.
La cosa es sencilla; Una distribuidora de vídeo (la misma que era propiedad de Bellini) es asaltada por un grupo de psicópatas. Uno de ellos, el más notorio, toma a los empleados como rehenes y los insta, a punta de pistola, a hacer el amor entre ellos. Algunos hasta acaban colaborando activamente en las violaciones. Incluso, a varias de las mujeres que pululan por allí, les da tiempo a montarse un numerito lésbico (y consentido) que acaba en lluvia dorada. La secretaria de la empresa, es la peor parada de todos, ya que va siendo violada repetidas veces de la forma más violenta.
Pasa el tiempo y, ya recuperada de su violación, la secretaria decide buscar a sus agresores con el fin de vengarse. El final, mejor será que lo vean (si es que se da el caso).
Obviamente, “Asalto y violación en la calle 69”, llena de fallos de raccord, saltos de eje y desencuadres, filmada en vídeo de la época, no tiene ningún valor cinematográfico. No es más que el testimonio de un aficionado al cine, tan aficionado, que se atrevió a rodar su propia película. Como dueño del sello videográfico que la distribuía, sabía bien lo que el público quería y no dudó en llenar la carátula de frases impactantes. Y la película ofrece lo que promete, sexo y violencia.
No exenta de curiosidad por el tipo de producto al que nos enfrentamos, sin embargo, la película es de una incompetencia tal que roza el absurdo, no solo por las exageradísimas interpretaciones —culpables de toda la comedia involuntaria de la que la cinta hace alarde— sino también por la mala dirección y nulas nociones técnicas de las que el director, Bellini, hace gala, que son las que verdaderamente justificarían el visionado de esta película. Por lo demás, nada de nada. Pero como cosa rara que existe, me alcanza.
Un ejemplo más de este tipo de cine semi-amateur y con cierto culto en su país de origen sería “Prisioneras del terror” de semejantes características que esta.
Para echarle un ojo y decir “¡Madre mía!”

lunes, 11 de septiembre de 2023

TROLOS, SORDOS Y LOCAS

Justo en el mismo año que el director Pablo Bellini rodó su clásico cochambroso del "rape & revenge", “Asalto y violación en la calle 69”, que por su condición de película barata y desastrosa es a día de hoy de culto entre la afición del cine chungo argentino, se sacó de la manga esta otra película, ahora en el lado opuesto, ya que se trata de una simpática comedia de contenido picantón. Así Bellini cubría varios espectros del cine de género que podrían dejarle algún dinero en el alquiler de cintas.
Básicamente este “Trolos, sordos y locas” —título que hoy sería canceladísimo porque “trolos” quiere decir maricones, del mismo modo que la única referencia al sexo femenino es para hacer alusión a su salud mental— es el equivalente argentino a aquellas películas rodadas en vídeo en España para "Olympic", solo que llega a las estanterías de los vídeoclubs un poco a destiempo. “Trolos, sordos y locas” ya muestra un humor demasiado rancio y desfasado para el año 1991. Imagínense lo que puede ser esto a día de hoy.
Se trata de un vodevil con sus tramas propias del formato, pero con la torpeza de que no llegan nunca a desarrollarse, por lo que tenemos en realidad una sucesión de secuencias supuestamente cómicas que sirven para hilar, de alguna manera, las muchas escenas de folleteo light que hay. No existe un argumento preciso. Digamos que se nos presenta a una pareja adinerada que invita a un par de matrimonios a pasar unos días de vacaciones con ellos a un chalecito. Los varones de esas parejas son característicos porque uno de ellos es sordomudo y el otro durante el día es homosexual, pero por la noche se convierte en un macho que se tira a todo lo que se le ponga por delante. A estos personajes súmenles el servicio que trabaja en el chalet y algún que otro homosexual más, y obtendrán un cocktail de pura mierda que no se la come ni el más experimentado coprófago. Y unos se acuestan con otros, otros persiguen a unas y, eso sí,  vemos muchas, muchas tetas filmadas todas ellas con la tosquedad y sordidez que solo puede brindarnos el vídeo más rancio de 1991. Para acabar de rematar la faena, nos cuelan con calzador a un humorista que corta la acción para contarnos unos chistes. Con el fin de hacerlo formar parte de lo que estamos viendo, cada chiste recibirá la contrarréplica de los protagonistas en forma de risas, vítores y aplausos, de tal modo que parezca que estos están viendo un show de chistes en el salón de casa. Lo cojonudo del asunto es que combinan los planos de uno y otros sin que tan siquiera estén en el mismo lugar, cosa que, obviamente, se nota, y da lo mismo.
Desde luego, ver “Trolos, sordos y locas” es una experiencia absolutamente bochornosa, pero que, como uno ya ha visto de todo y se trata de una comedia ligera, me he zampado del tirón y sin pestañear —como un machote—. Por suerte, apenas dura una horita.
En el reparto, lleno de jamonas argentinas noventeras y viejos de baba que se vacían de fluidos sobre ellas, tenemos la presencia del actor Fabián Pianola, que a parte de aparecer en subproductos destinados al mercado del vídeo como puedan ser este o“Charly, días de sangre”, se hizo tremendamente popular gracias a la teleserie “La familia Benvenuto” en la que compartía protagonismo con otro actor que se volvería también muy célebre, habitual en este blog, como es Guillermo Francella.
El director, Pablo Bellini, tras estas dos películas, o no volvió a rodar o, sencillamente, se le perdió de vista. Pero ¡Vaya dos títulos!.