lunes, 25 de julio de 2022

LA MOTO FANTÁSTICA

La película “Historias de Navidad” de Bob Clark supuso un hito del cine navideño en los Estados Unidos. Se trata de toda una cinta de culto que aún a día de hoy se proyecta como parte de la programación navideña de un sinfín de canales de televisión estadounidenses con altísimos niveles de audiencia. En consecuencia a ese éxito, su principal protagonista, un niño con gafas de concha enormes y tirando a repelente llamado Peter Billingsley, se convirtió en un actor popular y querido para los americanos, si bien su presencia no trascendía más allá del personaje que interpretó en aquella película de culto. Sabido esto, y sin hacer mucho ruido, las distintas productoras de "serie B" tuvieron en cuenta la popularidad de Billingsey a la hora de elaborar los castings de sus películas y, hasta que el muchacho pegó el estirón, dio tiempo a que protagonizara un par de títulos para su completo lucimiento. El más destacable sería esta “La moto fantástica” del año 1985, en la que Billingsey no solo es el principal protagonista y reclamo, sino que además se le exigió llevar puestas exactamente las mismas gafas que utilizó en “Historias de Navidad”, pese a que para 1985 esas gafas ya eran un modelo obsoleto. Así no cabía duda de quién era.
La película, con un presupuesto ínfimo de 800.000 dólares, cuenta la historia de un chaval que se va a hacer la compra y con el dinero que le da su madre, mas su bicicleta de cross, consigue una moto destartalada que, según le advierte un anciano que pulula por la zona donde el chaval hace la transacción, es muy especial. Cuando llega a casa con la moto, a su madre no le hace ni puta gracia lo que ha hecho con el dinero de la compra, así que decide llevar a empeñar la moto, cosa que da igual porque esta resulta ser un vehículo mágico con autonomía propia, y regresa a los dominios de su nuevo dueño en cuestión de minutos. Por otra parte, un especulador bancario pretende expropiar un destartalado puesto de perritos calientes propiedad de un amigo del crío con el fin de comerciar con el terreno. El chico irá con la moto para arriba y para abajo intentando desarmar los planes del malvado banquero, sorteando las vicisitudes que se le presentan por el camino.
Se trata de una película extremadamente rara. Está claro que es un entretenimiento tonto para niños muy pequeños, sin embargo son los 80, todo da lo mismo, y los chavales protagonistas no solo utilizan palabras malsonantes todo el tiempo, sino que además uno de los amigos del protagonista, el alivio cómico, es un pequeño pervertido sexual de 11 o 12 años que tiene el sexo en la cabeza todo el tiempo, y su presencia y chascarrillos son usados en el argumento a modo de gag recurrente. Incluso hace comentarios sobre las enorme tetas de una adulta que salta entre el público de una competición de cross y que llama la atención al chaval. Dice, con cara de obseso sexual: “Está claro que las más grandes son las que más botan”. Los 80 eran divinos. Decir lo que sucedería al respecto a día de hoy, sería ya un cliché.
Asimismo, la moto del título no es más que un reclamo tonto. No tiene nada que ver en la trama principal, la de anularle los planes al banquero, porque es una moto inútil. Tiene autonomía propia, en una ocasión vuela y hasta mueve los faros delanteros como si fueran ojitos, pero los tejemanejes del protagonista a la hora de intentar que no chapen el puesto de perritos calientes podría haberlos hecho perfectamente a pié, así que tiene una moto mágica como podía no tener absolutamente nada, que la película sería la misma. En cualquier caso, un tostón y una chorrada.
"La moto fantástica" fue un pequeño éxito de la venta directa en los USA llegando a poner en circulación más de 100.000 cintas de vídeo sin un paso previo por el cine. A España llegó también para su alquiler en videoclubes, pero si esta película en los USA respondía a la posible demanda del protagonista de “Historias de Navidad”, aquí, donde aquella se estrenó pasando prácticamente inadvertida y, por tanto, Peter Billingsey le importaba tres pimientos al público español, este respondía a otro tipo de demanda absolutamente popular y de corte callejero.
En los 80, en nuestro país la televisión mantenía a la población bien ocupada durante las sobremesas y, por lo tanto, las series emitidas a la hora de comer, más allá de tener éxito, se convertían en una suerte de fenómeno social que tenía a todo el público hablando de ello en el bar, la cola de la compra, o en el caso de los niños, en el patio del colegio. La serie “El coche fantástico” supuso un bombazo sin precedentes en la sociedad española y una vez terminada, el público en la calle quería ver más tramas con vehículos que, al igual que Kitt, fueran fantásticos. RTVE sació la sed del espectador con una serie de las mismas características que “El coche fantástico”, solo que en esta ocasión el protagonista viajaba en una moto. La serie se titulaba “Street Hawk” y a la televisión nacional no se les ocurrió titularla “La moto fantástica”, sino que hicieron  una traducción más literal del título y la llamaron “El Halcón callejero”. Sin embargo, y dadas las características de la serie, en la calle todos los chavales llamaban a la serie “La moto fantástica” deliberadamente. Si ustedes rondan entre los 40 y 50 sabrán exactamente de lo que les hablo. Pero claro, aquello fue una especie de mote, esto era “El Halcón callejero” y por lo tanto no existía una moto fantástica oficial. Y está claro que la chavalería lo pedía a gritos.
Un par de años después, que quizás toda esta fiebre por “lo fantástico” ya había desaparecido, una distribuidora pequeñita que ponía en nuestros videoclubs toda suerte de ponzoñas llamada Silver Screen, consiguió los derechos de distribución de la película que nos atañe cuyo título original rezaría “The dirt bike kid”, algo así como “El chaval de la moto de cross”. Conscientes de esta demanda popular de moto fantástica, ni cortos ni perezosos, y puesto que el título no estaba registrado por nadie ya que no existía un producto que lo usara, le encalomaron a la película el solicitado título —no sin acierto porque, aunque la moto de la peli es un absoluto muerto, se supone que tiene cualidades fantásticas— y, bajo este, apareció en alquiler en vídeo casi, casi entrando ya en los 90. Y claro, dio un poco lo mismo.
Sin embargo es un título que evoca poco a la nostalgia porque ya en su momento pasó inadvertido y no son muchos los que guarden un grato recuerdo para con la película, porque, motos fantásticas aparte, la verdad es que es un rato mala.
Posteriormente fue emitida en televisión en contadas ocasiones, pero, como fuere, y que yo sepa, no se le concede un gran culto en nuestro país, ni tan siquiera por los treintañeros abanderados de la nostalgia que reivindican títulos que ya llevaban 10 años existiendo cuando ellos todavía no habían nacido. Con todo, hace poco apareció una flamante edición en Blu-ray a partir de un nuevo master HD, eso sí, editada de manera pirata.
“La moto fantástica” está dirigida por un tal Hoite C. Caston que previamente había realizado capítulos para una serie de televisión y que, tras esta, no se le acredita trabajo alguno en cine, al menos con ese nombre.
Con todo, la película no deja de ser una curiosidad, que es lo que a mí me interesa.