viernes, 30 de diciembre de 2022

SESIÓN 1.16

“Sesión 1.16” es una más de ese tipo de películas españolas rodadas en plan semi amateur pero que se presentan al mundo queriendo aparentar ser cine de verdad. Y claro, se quedan en una medianía de escaso interés para el público en general. Porque a parte de no poseer una infraestructura mínima para llegar al público, además, por norma, suelen ser todas películas muy malas. Películas de estas, buenas, no he visto ninguna, y “Sesión 1. 16”, por supuesto, no puede ser menos.
El found footage, por otro lado, suele ser un formato cómodo y fácil a la hora de abordar una película de terror de carácter amateur porque, claro, se tira de la estética vídeo y tan solo hacen falta unos buenos infrarrojos para ambientar una secuencia en un lugar oscuro. Pero no es tan sencillo recrear un vídeo casero. Hay que tener mucho talento para que un found footage funcione y aquí el artífice de esto, Hernán Cabo, típico cortometrajista surgido de alguna escuela de audiovisuales y galardonado en secciones menores —como pueda ser el Brigadoon de Sitges, por ejemplo— de festivales de cine, de talento anda más bien justo. Tiene el suficiente, no va sobrado.
Algunos títulos americanos del género funcionaron porque, amén de simular bien el vídeo casero, había algo pasta para echarle a la producción; en “Sesión 1.16” no tendrían ni un puto duro, por lo que tenemos un vídeo casero intentando emular un vídeo casero. Esto no sería lo peor de todo en esta película.
“Sesión 1.16” nos presenta a un cura que ha tenido en el pasado malas experiencias con la ouija, así que, para alentar al espectador de que es mejor no jugar con esas cosas, nos pone unas cintas encontradas que contienen la sesión de ouija  que graban unos chavales que quieren documentarla. Obviamente algo sale mal, un espíritu (o demonio) acaba poseyendo a una de las protagonistas y se da así el festival de gritos, chavales corriendo, traqueteos de cámara e infrarrojos que son ya cliché en cualquier found footage. Además tiene un final estúpido [SPOILER] porque uno de los últimos en morir descubre en una estantería una cinta mini-DV, la pone y se da cuenta que una de sus amigas ya había hecho una sesión de ouija con anterioridad ella sola, registrando esa cinta una posesión previa…
Claro, la cinta que encuentra está etiquetada y en ella pone “Sesión 1”. O sea ¿Se supone que la chica poseída después de pasarlas putas coge la cinta en la que ha registrado la sesión, se molesta en etiquetarla a rotulador y la deja en una estantería? ¿Y que luego anima a su novio y amigos a participar en una nueva sesión? ¿Estando poseída? A lo mejor el espíritu sale del cuerpo de la chica eventualmente, me podrían decir. Y entonces vuelvo yo a preguntarme ¿Y cuando la chica no está endemoniada no hace todo lo posible para hacerle saber lo sucedido a alguien? Se ve que no, que coge la cinta en la que ha grabado su posesión y escribe en ella “Sesión 1”. Y la guarda. En fin… [FIN DEL SPOILER].
Todo esto daría lo mismo si la película fuera efectiva en algún sentido y el espectador estuviera tan cagado de miedo que no le diera tiempo a pensar en estas cosas. Pero no.
Y es que yo creo que la idea de “Sesión 1.16” es buena, es un buen material para un found footage. Y no creo que Hernán Cabo no ruede bien, al contrario, se ha pispado completamente de la fórmula del subgénero y la desarrolla punto por punto. Pero tiene un lastre muy grande que hace que una película que podía estar medianamente bien sea un bodrio de los gordos que abraza inevitablemente la comedia involuntaria: Los actores. Los actores son tan REMATADAMENTE MALOS que echan la película entera a perder. No solo porque en un intento de parecer naturales lo hagan tan mal que se note demasiado que están actuando, sino por las expresiones que utilizan o, en el caso de alguna, la obsesión por vocalizar perfectamente. Eso por no hablar de las contorsiones de la chica poseída, que claro, el cuerpo humano tiene un límite y no puede descoyuntarse… debería aterrorizarnos, pero no. O sea, que la película no se soporta por culpa de los espantosos actores. Dan grima.
Por lo demás, sería una muestra patria del género a la que le queda el canto de un duro para llegar al aprobado, no se hace especialmente aburrida y, una vez vista, se olvida para siempre, y pasará a ser una gota más en un mar de mediocridades semi amateur del puñado que se estrenan desde la entrada y aceptación del cine digital, y que pasados unos años (tal vez unos meses) no son más que una anécdota.
Eso sí, tan solo dura una hora y diez.