sábado, 14 de marzo de 2026

FUERZA EN COMBATE (COMBAT SHOCK)

Indiscutible película de culto rodada a inicios de los ochenta por un primerizo Buddy Giovinazzo -firmando Buddy G-, y que narra, como su título primigenio original anunciaba, una auténtica pesadilla americana.
"Frankie" (interpretado por el hermano del director y responsable de la banda sonora) es un veterano del Vietnam al que las cosas no la han ido demasiado bien. Vive en una pocilga con una mujer chillona y un bebé deforme. Va escaso de montante, así que, nada más asomar el sol, y tras la bronca con la parienta, sale a recorrer las degradadas y sucias calles de la Gran Manzana, recibiendo una paliza por parte de los mafiosos a los que debe dinero y charlando con un yonki armado dispuesto a robar para poder inyectarse su dosis. Lo conseguirá, pero, no disponiendo de jeringa, usará un alambre con el que abrirse un boquete en el brazo. "Frankie" acude a las oficinas de su asistente social (decoradas con un póster de "Dawn of the dead" ¡¿?!) quien le anuncia que no hay curro para él, así que vuelve a las calles, atusado por pensamientos grises y oscuros. ¿Y pedir ayuda a su forrado padre, con el que apenas trata?. No hace falta decir que, proceda como proceda, las cosas seguirán sin irle bien y, al final, se hará con la pistola del yonki y, básicamente, estallará. No sé hasta qué punto es casual que la epopeya de este "Frankie" sea tan parecida a la de otro, aquel de apellido "Teardrop" protagonista de la famosa y angustiosa copla de los grandes "Suicide" (el grupo más punk de la historia).
Sí, lo han adivinado, la misión de "Combat Shock" consiste en deprimirles, hundirles moralmente, dejarles hechos una sucia braga a base de sordidez, miseria y todo lo que puebla nuestras peores pesadillas urbanas. El hecho de estar rodada en 16mm, y en plan guerrilla, debería contribuir.... pero no. Sin ser ni mucho menos un intento fallido, la película de Buddy G. denota unas altas dosis de amateurismo y cierta torpeza que le impiden introducirse bajo nuestra piel. Actores maluchos, elecciones estéticas algo ridículas (el atuendo "black leather" del esbirro del mafioso resulta hilarante) o ideas un tanto "pallá" (que la mujer atracada busque a su agresor por entre sucias callejuelas únicamente para robarle la pistola.... los momentos pretendidamente extraños.... las poco convincentes escenas en Vietnam....) contribuyen a sacarnos de la película y que, por ende, no cumpla con su función "perturbante"... tampoco hasta el punto de chotarnos de ella, cosa de la que fui testigo en una ocasión.
"Combat Shock" rápidamente se convirtió en la niña mimada del underground de la época, siendo alabada sin condicionantes por gurús de la contra-cultura como Chas.Balun, Rick Sullivan o Steve Puchalski. Sin embargo, tuvo la mala fortuna de terminar formando parte del catálogo de la Troma, lo que conlleva sendos inconvenientes. El primero, que Lloyd Kaufman y Michael Herz apliquen a tu película toda su mentalidad exploitativa, vendiéndola como algo que no es. Ha pasado antes, y pasó con el film de Buddy Giovinazzo, convertido en un seudo-"Rambo", o un seudo-"Death Wish", para mayor desconcierto del escaso personal que acudía a las escasas salas. Son indiscutibles sus conexiones con "Taxi Driver" (en especial respecto a los monólogos interiores de "Frankie", la ambientación lumpen y, sobre todo, la catarsis final a base de violencia desaforada, que no porque sí es lo mejor de la función), pero tampoco aquella podría considerarse una película de justicieros ortodoxa, lista para provocar orgasmos en la plebe sedienta de sangre (otra influencia cantosa sería "Cabeza Borradora", y hay quien cita también "Maniac", lo que cuadra perfectamente con que Buddy G. dirigiera el avance de esa secuela finalmente no materializada). Y luego está el hecho de que Troma era y es sinónimo de cachondeo, de cine patillero para unas risas, y "Combat Shock" está en las antípodas de ello. Así las cosas, cuando en los noventa la factoría fue descubierta en España, coincidiendo con aquella despreciable tendencia reinante de "gore y cachondeíto", el Festival de Sitges organizó una retrospectiva y el film de Giovinazzo estuvo entre las elegidas. Asistí al pase y me encontré con que buena parte del personal allí congregado se partía el culo. No con ella, sino de ella y, muy especialmente, gracias al bebé deforme. Obviamente, hablamos de esa clase de "fan" ignorante, incapaz de usar el cerebro para pensar por sí mismo, acólito y ciego seguidor de los premeditados dogmas "poser" y supuestamente contra-culturales / gamberriles / canallas (¡¡agh!! odiosa palabreja) impulsados por todas las detestables y oportunistas biblias fanzineras del periodo. Vamos, que asociaban Troma con descojono, y así acudieron a la proyección, independientemente de si la materia visionada encajaba en sus premeditadas expectativas. Gilipollas todos, ¡yes, sir!. "Combat Shock" no es una película ridiculizable... pero tampoco una obra maestra, como anuncian algunos exaltados por ahí. Es, simplemente, curiosa. Interesante en el sentido genuino de la palabra, sin las connotaciones negativas o excusables cuando no osas decir la dolorosa verdad.
A España llegó cortesía de "Video 7" como "Fuerza en combate", luciendo la engañosa caratula de Troma. Por suerte ya sabía a lo que me enfrentaba cuando, ¡ojocuidao!, la adquirí original en nada menos que "El Corte Inglés" (estoy hablando del vhs, por supuesto) Aún así, me aburrí bastante.
Buddy Giovinazzo no volvería a dirigir en condiciones hasta 1996 con "Sin vuelta atrás", un ejercicio de legítimo cine "indie" con temática de thriller, protagonizado por todo un Tim Roth acompañado de Deborah Kara Unger y James Russo. La tengo pendiente. Ello no le encumbró, pero sí reactivó su carrera más o menos, y desde entonces ha seguido dirigiendo cosillas, como su aportación a la antología de supuesto horror extremo "The Theatre Bizarre". Entre medias ha escrito novelas, ejercido de profe y, no lo olvidemos, firmó el libreto de "Ella ha vuelto", una comedia zetosa a mayor gloria de una decadente Carrie Fisher dirigida por el gran Tim Kincaid, al que preguntamos sobre el tema -y sobre Buddy G.- y, acorde al resto de la entrevista, no soltó gran cosa. Tío soso.