Dicen que está feo hablar mal de los muertos.... a menos que el cadáver responda al nombre de Ulli Lommel y en vida hubiese hecho "Zombie Nation", una película racionalmente indefendible. Sería un esnob si comenzara a meterle medallas... pero tampoco procederé como todos esos gacetilleros cuadriculados, clones unos de otros, más tontos que una piruleta y carentes de imaginación, dedicados en cuerpo y alma a destruir desde la detestable arrogancia cualquier película "diferente / modesta / peculiar" solo porque no encaja en el / su "status quo", su visión convencional de las cosas. Intentaré ser justo y ecuánime, con las medidas dosis de sal y pimienta... aunque, como decía, cueste mucho no tener algo de tirria a Ulli Lommel, sobre todo si, como yo, has cometido el error de leer algunas de sus entrevistas. Recuerdo en particular una donde se defendía de aquellos que le atacaban por haber plagiado las escenas de derretimiento del personal en "En busca del arca perdida" para el desenlace de su "Terror en Devonsville". Él aseguraba que dicha supuesta mimetización tenía un motivo, un por qué transgresor que consistía hacer recordar a su audiencia la existencia de la otra película y, en el trajín, empujarle a reflexionar y, así, abrirle los ojos respecto a la "maldad" implícita en aquella, uséase, el clásico de Steven Spielberg. Y cuando Lommel habla de "maldad" se refiere tanto a la naturaleza industrial / corporativa del film como, y esto va en serio, un supuesto mensaje para-nazi oculto en sus disfrutables fotogramas. Amigo, no he visto jamás un modo más rastrero, patético y pretencioso de justificar la falta de imaginación... los cero escrúpulos... la incapacidad de uno y el vil oportunismo "exploitativo". Y no se queda ahí el hombre, básicamente recorre a idéntica treta cuando le preguntan sobre el sospechoso parecido de su "Satanás, el reflejo del mal" con "La noche de Halloween". En fin. Por cosas así, y muchas otras, uno no puede evitar sentir algo de asco hacia Ulli Lommel. Sin embargo, en el otro lado está su peculiar naturaleza, su condición de extravagante personajillo de quinta regional con cierto bagaje no exento de interés. Y de ahí que, en ocasiones, sea capaz de meterme entre pecho y espalda alguno de sus furruños audiovisuales. Concretamente, "Zombie Nation" fue rodada justo tras una etapa, situada especialmente entre segunda mitad de los ochenta y los noventa, en la que Lommel, muy desencantado, se limitaba a cumplir con la papeleta y rodar desganadamente productos impersonales de acción y/o fantasía. Así que pilló la reseñada con ciertas ganas. Por año (2004 / 2005) se sitúa justo justísimo en la frontera en la que este "auteur de la inmundicia" le coge gusto a la mini-DV con la excusa de la libertad creativa y se pasa estrictamente al vídeo, terminando de destruir su ya de por sí maltrecha filmografía aunque, eso sí, pasándolo de putifa en el trayecto. Cabe señalar que, al contrario del rumor, "Zombie Nation" está filmada en 35mm. ¿La última, tal vez?. Por supuesto, se lanzó en pleno despegue de la moda zombie y, sí, apenas cuenta con estos en la trama. O, al menos, no como los entendemos hoy en día (y muchísimo menos cómo lucen en el cartel). Eso, y otras cosas que veremos a continuación, fueron las que detonaron el apasionado odio que "Zombie Nation" despierta entre el siempre obtuso fandom.
Así de entrada, el film gira en torno a un policía de pasado turbio que, aprovechando su condición, secuestra mujeres atractivas, las lleva hasta un almacén de muebles semi-abandonado donde las tortura, manosea y mata para, seguidamente, enterrarlas. Su compañero de patrulla es consciente de ello y quiere denunciarlo, pero teme las consecuencias, sobre todo porque el comisario jefe respalda al criminal con placa. Digamos que, hasta aquí, la peli se desarrolla cual thriller medianamente convencional. Inevitablemente pobre en su acabado, patoso en su montaje y de apariencia acartonada, artificial. Hablaba arriba del almacén en plan "Ikea" donde el psycho cop se lleva a sus víctimas... bien, es evidente que también allí se construyeron los decorados del apartamento del poli bueno, donde mantiene conversaciones tortuosas con su pareja y, sobre todo, la comisaría al completo, increíblemente cutre, ahí con paredes peladas, tuberías por todas partes y los mismos muebles que hemos visto previamente dispuestos para la venta. A pesar de todo, vamos sufriendo el asunto y tampoco es que nos induzca al arrancamiento de ojos.
De pronto hay un salto de tiempo y pasamos a presenciar un incomprensible ritual vudú donde tres negras echan líquidos pringosos sobre una pava joven. Esta seguidamente cae en las zarpas del poli chungo. Sin embargo, una vez muerta y enterrada, volverá de su tumba para vengarse. Ok, entendemos que es el vudú aplicado el que actúa pero, entonces, ¡¿por que en esa resurrección la acompañan las restantes señoritas asesinadas?!... mmmh, bueno, vale, da igual, que actúen. ¿Y cómo actúan estas zombies escasa y lastimosamente maquilladas? pues como quien se rejunta con sus amigas para ir de despedida de soltera, solo que en lugar de comprar pollas de plástico se las arrancan a los machos que, gracias fortuna, encuentran en medio de desérticos parajes normalmente inhabitados. Y así, poco a poco, se van aproximando hasta la guarida de su asesino. ¿Y qué hace este mientras? recibir la visita de, primero, su padre (cameo para David Hess) y, segundo, un estrambótico doctor interpretado por un desatado Ulli Lommel que, se supone, está ahí para curarle los traumas, pero en realidad únicamente esputa un montón de incongruencias y luego desaparece. Tan inútil narrativamente como la presencia del progenitor. Por supuesto el criminal sigue igual de loco, aunque no tendrá tiempo de matar a otra mujer, las zombies llegan hasta su escondrijo, que ahora es un ¡¿yate?!, y allí se lo cargan, tirándolo al mar. Luego, visitan la comisaría con pinta de okupa, despachan a los allí presentes y, ojo al dato, terminan enfundándose sus uniformes policiales, posado con sonrisa profident incluida. De mientras, el psicópata regresa de su tumba acuática a ritmo sonoro del famoso "Yaketi Sax" de "Benny Hill" (en evidente intención de hacerle la peineta al sufrido espectador, lo que recuera a esta otra guasa).
Bien, analicemos todo ello. Tal y como yo lo veo, es descarado que Lommel se aburrió rodando la primera mitad y para la segunda quiso desquitarse. Diría incluso que la improvisó tal y como le salió de la patata. ¿En nombre de la diversión y el gozo? No, en nombre del arte, porque el zineasta siempre ha dejado claro que él de director de terror y tal, nada, que es un artista dispuesto a coquetear con el género puro, la explotación, para así vender el producto final, pero que lo suyo queda a distancias quilométricas del llamado cine comercial. Ya. La cuestión acá es que, al terminar "Zombie Nation", no cabía en mí mismo. Confundido, desconcertado. ¿Pero qué ha sido esto?. Rápidamente entendí por qué era tan detestada... pero también reconozco que esbocé una sonrisa y pensé aquello "Hostia, que hijoputa el kraut... ¡mola!". Sí, mola. ¿Por qué no? Mola que Ulli Lommel decidiera tirarlo todo por la ventana y, libre de ataduras, hacer lo que le vino en gana. Descojonarse un poco del asunto. Delirar a antojo. Así que, palante. ¡Enga!. Me gustó sentirme agradedio sensorialmente, recibir ese hostiazo en todo el careto. Y retumbó, porque los días siguientes todavía pensaba en "Zombie Nation". Y no es que sea una gran película, una obra de arte, culto o lo que quieran llamarla... ¡para nada! es una mierda muy tocha, pero apruebo que su director procediera como procedió. Lo aplaudo. Coño, hay otros que hacen lo mismo y les comen el culo incondicionalmente, como Jesús Franco, por ejemplo. Y no lo digo por decir. Lommel actuó para él, y quedó maravillado viendo como rodaba tres películas a la vez en un mismo pasillo durante apenas cuatro horas. Le marcó tanto que, en fin, decidió aplicárselo.
Otra razón por la que elegí ver "Zombie Nation" consistía en poner luz a un misterio o, literalmente, rostro a una persona. Leí que el infame director de cine malrollero Marian Dora se marcaba un papelito, casi un cameo, motivado por su condición de productor ejecutivo al lado de otro que tal bailaba, Castern Frank. El caso es que el culpable de "Melancholie der Engel" aparece.. no exterminando moscas a mazazos, no, en este caso ejerce de enfermero tarado, empujando una silla de ruedas. Y que se oculte tras el seudónimo de M.D.Botulino, ayuda poco (especialmente por las siglas). Es más, he decidido sacar una captura del muchacho que les dejo aquí cerca. Ahora, sumen veinte años a esa faz y, si un día, de paseo por las germanias, lo reconocen, le dan un par de hostias de parte de "Aquí Vale Todo", gracias (y si resulta que nos equivocamos de persona, luego se disculpan amablemente).
