Curiosa película de la “golden era” del porno-chic americano de los años 70. Si por lo general podía considerársele cine en el sentido de que, al final, se trataba de contar historias en un entorno de sexo explícito (y no como en el porno de ahora), “The Erotic Memoirs of a Male Chauvinist Pig” riza el rizo. Ya no es que tengamos aquí un porno en el que las escenas sexuales estén al servicio de una historia, es que además estas son escasas, de intenciones no muy eróticas y tendencia abiertamente cómica. Pero eso no es todo, la película desprende en todo momento un tufillo progresista que no distingo si es satírico o no —al fin y al cabo, tenemos aquí un pequeño catálogo de señoras sometidas— en lo que parece una respuesta al feminismo imperante en los 70 que arremetía contra la industria del porno. Así pues, el título, que traducido vendría a ser “Las memorias eróticas de un cerdo chauvinista” es claramente irónico, pero la película, 50% comedia, 50% paja mental, parece destinada a espectadores intelectuales.
Yo me he quedado turulato porque es un porno muy raro, pero extrañamente divertido e interesante.
Tenemos a un artista que se dedica a la escultura erótica, tiende a grabar sus pensamientos en una grabadora y ha sufrido en sus carnes ya tres divorcios. Su actual mujer, a pesar de las mamadas que le casca, ya no le atrae sexualmente, así que busca otro tipo de emociones siendo felado por una colegiala o amordazando y atando a un amigo suyo para follarse a su esposa delante de él. En definitiva, este cerdo chauvinista de espesa barba y bigote inglés, se tira la película entera follando y confesando su infelicidad al respecto a la grabadora, mientras que por un motivo u otro el espectador es testigo de violaciones simuladas, lluvia dorada (para la que se utilizó cerveza) y, sobre todo, eternas y soberbias mamadas (y pocas penetraciones). Todo ello en una película porno muy moderna y que fue la única obra de su extraño y enigmático director, R.C. Hörsch —hasta que volviera al porno en 2017—, que junto con el director de fotografía John Butterworth firma una de las películas porno con más intencionalidad de film estándar de la época, pareciendo por momentos una comedia de Albert Brooks en la que no se para de follar.
Hörsch es, por otro lado, un tipo sórdido y extraño a más no poder; era cámara de programas televisivos infantiles (trabajó en “Barrio Sésamo”) pero estaba loco por dejar ese trabajo y meterse en el porno, iniciándose en esa industria como doble de lefa de Harry Reems, sustituyéndole en un rodaje en el que la cámara de 35 mm se atascó justo en el momento en el que Reems eyaculaba en un acto sexual, no pudiéndose filmar la corrida. Como Reems fue incapaz de retomar la tarea, Hörsch se ofreció a sustituirle rodando el inserto, tras demostrarle al director de aquella película lo fácil que era para él tener una erección y demostrando su poderío colgándose una toalla del rabo. Lo siguiente a tal virguería sería intervenir en loops de 8 mm y espectáculos en vivo en locales del Deuce.
En un momento dado decidió hacer su propia película. En realidad Hörsch escribió una comedia negra sobre un tipo divorciado tres veces, que aunque era algo subida de tono no estaba concebida para ser porno. Pronto se daría cuenta de que la única forma de llevarla a cabo era dentro del cine para adultos —y de ahí que el sexo sea escaso—. Conseguirá un poco de dinero, más el que aportaría John Butterworth, y de ese modo producirían la película que nos ocupa.
Rodaron en su Filadelfia natal con actrices que a día de hoy son leyendas del género como Tina Russel o la mítica Georgina Spelvin, así como Helen Madigan haciendo de colegiala, y especulándose en los mentideros que entonces aún era menor de edad. También se usaron actores no profesionales en la producción: el protagonista, Paul Taylor, ni siquiera era actor porno, se trataba de un actor de teatro que utilizó seudónimo para acreditarse, aunque demostró no tener ninguna clase de problema a la hora de conseguir erecciones y practicar sexo delante de la cámara (aunque para las corridas era sustituido por el propio director). Su esposa también aparece en la cinta, del mismo modo que la hermana de R.C. Hörsch fue convencida para interpretar un papelito.
Finalizado el rodaje en 12 días, y sin dinero para llevar a cabo la posproducción, pronto la película sería comprada para su exhibición y, en consecuencia, sufragados todos sus problemas económicos. Se hinchó el negativo de 16 mm a 35, se estrenó en Nueva York y Filadelfia y se convirtió en un pequeño éxito.
Tras la experiencia, R.C. Hörsch se alejó del porno para dedicarse a ser fotógrafo, piloto de exhibición, activista político y escritor… pero también hizo carrera desempeñándose como traficante de drogas y falsificador de billetes y obras de arte (falsificó a Picasso), motivos por los que fue ingresado en prisión para más tarde fugarse y ser buscado por prófugo. Si buscamos fotos en internet da bastante miedo, con su pelo largo y grasiento, su descuidada barba y su parche en el ojo.
En 2017, tras varias estancias en la cárcel, volvería al porno con la película “¡Whore!” (“¡Puta!”) y en 2021 incidiría en el tema con “Transgressions”. Lo cierto es que su obra, de un modo u otro (ya sean libros, poemas o demás zarandajas), se asocian siempre a cierto maldistísmo, a cierta oscuridad intelectual y sexual que me parece de lo más cutre y chapucera, a la alemana (tipo Marian Dora, quizás no tan extremo), y por eso me llama tanto la atención que “The Erotic Memoirs of a Male Chauvinist Pig” sea un genuino, curioso, pizpireto y simpático porno de la era dorada, con más argumento que sus coetáneos, más gracia y posiblemente mejor rodado que cualquier tontería de, por ejemplo, Gerard Damiano. Esta película es entretenida y sus protagonistas no parecen todos deficientes, como sí ocurría en las del antes mencionado.
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lunes, 10 de junio de 2024
lunes, 18 de marzo de 2024
DAUGHTERS OF DISCIPLINE
“Daughters of Discipline” es una de tantas películas porno rescatadas por los estudiosos e historiadores cuando van a costrosos sótanos de viejos cines buscando rollos de rancio celuloide. En este caso, nos encontramos ante una cinta recuperada a medias, porque le falta el rollo final y algunos segmentos a la mitad, pero contiene suficiente material como para elaborar una edición en DVD de la misma.
No tiene demasiado de especial. Una de bajo presupuesto y centrada en el rollo sado-maso, aunque tocando el tema tangencialmente. Estéticamente sí que se nos muestran oscuros sótanos con señoritas encadenadas a las que colocan pinzas en los pezones, pero de ahí no pasan, el sado-maso no es real; las cadenas y las máscaras están únicamente para ambientar, porque más allá de eso, esto es un porno bastante al uso donde abundan las mamadas y el sexo estándar realizado por gente bastante fea y velluda. Apenas sin argumento, la peli nos cuenta la historia de una muchacha que ingresa en una secta sadomasoquista en la que la harán toda suerte de perrerías al mismo tiempo que, en su vida privada, zampa pollas de tíos con bigote.
Y sin más. Una cosa añeja que puede llamar la atención por su estética pobretona y sucia —la típica del "sleazy cinema" que defendería, sin duda, el ilustre fanzinero Bill Landis — cuyo único interés radica en haber sido encontrada la copia madre en algún lugar de la periferia neoyorquina tras pasarse almacenada lustros sin que a nadie le importara lo más mínimo. Más interesante es saber la historia que se oculta detrás.
No tiene demasiado de especial. Una de bajo presupuesto y centrada en el rollo sado-maso, aunque tocando el tema tangencialmente. Estéticamente sí que se nos muestran oscuros sótanos con señoritas encadenadas a las que colocan pinzas en los pezones, pero de ahí no pasan, el sado-maso no es real; las cadenas y las máscaras están únicamente para ambientar, porque más allá de eso, esto es un porno bastante al uso donde abundan las mamadas y el sexo estándar realizado por gente bastante fea y velluda. Apenas sin argumento, la peli nos cuenta la historia de una muchacha que ingresa en una secta sadomasoquista en la que la harán toda suerte de perrerías al mismo tiempo que, en su vida privada, zampa pollas de tíos con bigote.
Y sin más. Una cosa añeja que puede llamar la atención por su estética pobretona y sucia —la típica del "sleazy cinema" que defendería, sin duda, el ilustre fanzinero Bill Landis — cuyo único interés radica en haber sido encontrada la copia madre en algún lugar de la periferia neoyorquina tras pasarse almacenada lustros sin que a nadie le importara lo más mínimo. Más interesante es saber la historia que se oculta detrás.
En concreto, “Daughters of Discipline”, dirigida por un artesano de la pornografía en celuloide como Shaun Costello, era una producción de las que sólo se podían visionar en la cadena de mini-cines "Avon" -"Avon 7" para ser exactos- una de tantas pequeñas salas ubicadas en los 70 en la mítica calle 42 (y al rededores, es decir, el Deuce) de Manhattan y que se extendería a lo largo y ancho de las zonas más golfas de la ciudad, junto a toda una serie de complejos teatrales.
Siempre se ha tendido a pensar que los mismos propietarios de los cines "Avon" producían sus propias películas (las de "Avon Studios") ya que solo podían verse en sus propios antros, pero cuenta Shaun Costello que él ni tan siquiera llegó a hablar con los dueños cuando rodó una película. Y es que se ve que los mini-cines "Avon", así como la mayoría de especializados en contenido pornográfico, tenían vinculaciones con la mafia, que era la que en realidad se ocupaba de producir esas películas. Así pues, Costello trabajaba directamente para el estudio regentado nada menos que por la familia Gambino que, a su vez, era la que proporcionaba las películas en exclusiva a la cadena "Avon". Si el "Avon 7" proyectaba sobre todo films de temática sado-maso, era porque el gerente se las encargaba, según la demanda de sus propios clientes, a los Gambino quienes ponían en marcha todo el tinglado con una suerte de actores y directores que trabajaban rápido y bien. Las películas se rentaban en los cines pero, además, algunas también eran exportadas al extranjero, siendo Alemania el país europeo que más solicitaba el sado-maso que ofrecía "Avon Studios". Así pues, los pajilleros de la zona tenían cine porno bajo demanda.
Por supuesto, la calidad de estas películas era más bien de baja estofa y la sordidez que las acompaña poco ayuda a estimular la libido del espectador de 2024. Obviamente, no funcionan como material para pajas, si no más bien para saciar el interés del arqueólogo inquieto en busca del cine más oscuro. Aun así, y aunque financiadas por la mafia, las películas "Avon" son una cosa más bien normalita en el sentido que no dejan de ser porno totalmente estandarizado con actores y actrices del gremio haciendo su trabajo en total legalidad. Toda la parte sórdida, el sado, la muerte, no es más que ficción (gracias a dios).
Shaun Costello se comió la década de oro del cine porno norteamericano, los setenta, también parte de los ochenta, para después ganarse la vida dirigiendo toda suerte de comerciales para televisión. Más adelante, decidió contar su historia en el cine de mete-saca, primero escribiendo una biografía de Harry Reems y luego con un libro que pinta estupendamente y donde cuenta su experiencia,“Risky Behavior: Sex, gangsters and deception in the time on groovy”, que tras 10 años de larga escritura finalmente nadie quiso editar, salvo una editorial bastante subterránea francesa. Descarten para siempre una versión en castellano.
“Daughters of Discipline” no es más que una de las películas de su filmografía, ni destacable, ni olvidable, pero sí una de las que más se habla porque hasta hace poco andaba perdida, y que va que ni pintada para hablarles brevemente como lo he hecho de los cines "Avon", de Costello y del Deuce neoyorquino al completo.
Siempre se ha tendido a pensar que los mismos propietarios de los cines "Avon" producían sus propias películas (las de "Avon Studios") ya que solo podían verse en sus propios antros, pero cuenta Shaun Costello que él ni tan siquiera llegó a hablar con los dueños cuando rodó una película. Y es que se ve que los mini-cines "Avon", así como la mayoría de especializados en contenido pornográfico, tenían vinculaciones con la mafia, que era la que en realidad se ocupaba de producir esas películas. Así pues, Costello trabajaba directamente para el estudio regentado nada menos que por la familia Gambino que, a su vez, era la que proporcionaba las películas en exclusiva a la cadena "Avon". Si el "Avon 7" proyectaba sobre todo films de temática sado-maso, era porque el gerente se las encargaba, según la demanda de sus propios clientes, a los Gambino quienes ponían en marcha todo el tinglado con una suerte de actores y directores que trabajaban rápido y bien. Las películas se rentaban en los cines pero, además, algunas también eran exportadas al extranjero, siendo Alemania el país europeo que más solicitaba el sado-maso que ofrecía "Avon Studios". Así pues, los pajilleros de la zona tenían cine porno bajo demanda.
Por supuesto, la calidad de estas películas era más bien de baja estofa y la sordidez que las acompaña poco ayuda a estimular la libido del espectador de 2024. Obviamente, no funcionan como material para pajas, si no más bien para saciar el interés del arqueólogo inquieto en busca del cine más oscuro. Aun así, y aunque financiadas por la mafia, las películas "Avon" son una cosa más bien normalita en el sentido que no dejan de ser porno totalmente estandarizado con actores y actrices del gremio haciendo su trabajo en total legalidad. Toda la parte sórdida, el sado, la muerte, no es más que ficción (gracias a dios).
Shaun Costello se comió la década de oro del cine porno norteamericano, los setenta, también parte de los ochenta, para después ganarse la vida dirigiendo toda suerte de comerciales para televisión. Más adelante, decidió contar su historia en el cine de mete-saca, primero escribiendo una biografía de Harry Reems y luego con un libro que pinta estupendamente y donde cuenta su experiencia,“Risky Behavior: Sex, gangsters and deception in the time on groovy”, que tras 10 años de larga escritura finalmente nadie quiso editar, salvo una editorial bastante subterránea francesa. Descarten para siempre una versión en castellano.
“Daughters of Discipline” no es más que una de las películas de su filmografía, ni destacable, ni olvidable, pero sí una de las que más se habla porque hasta hace poco andaba perdida, y que va que ni pintada para hablarles brevemente como lo he hecho de los cines "Avon", de Costello y del Deuce neoyorquino al completo.
domingo, 7 de junio de 2015
LOS FOTOCROMOS DE "LA CAMA MECÁNICA"
El pasado Martes este blog cumplió la friolera de ocho años de intensa actividad. Tiempo más que suficiente para que ustedes, queridos lectores, se hayan dado perfecta cuenta de que el porno no es por acá un tema muy recurrente. De hecho, nunca lo ha sido. Solo en contadas ocasiones. Todo lo contrario a lo que fue una cargante e irritante norma en cierto fandom durante los 90 a base de apestosos fanzines y no menos malolientes eruditos (eructitos, sería un término más adecuado) dando la brasa con el cine de mete-saca, sus actrices, sus directores y todas esas monsergas. Pa nosotros siempre ha sido más fácil: el porno es útil el tiempo que dura la paja. Y no hay ningún arte, ni ninguna profundidad en ello. La gente que hace porno no son artistas. No son actores (por regla de tres, entonces también las putas y las novias insatisfechas lo son) y no tienen más talento que unas tetas gordas o una polla quilométrica. Lo demás, es algo natural. Como si a filmaciones/grabaciones con peña cagando lo llamaran arte o cine (de hecho las hay, pero esa es una historia demasiado sórdida pa tocarla aquí y ahora).
Mi teoría es que el porno no es cine. La demostración la tienen en el crudo hecho de que cada vez se producen menos películas de mete-saca. ¿Motivo?, que cada vez es más fácil acceder a la pornografía gratis a través de la red y, más revelador, ya existe el sexo real emitido en directo a través de webcam. Y eso es lo que de verdad siempre ha querido el consumidor medio de porno, la veracidad, la proximidad y el poder ser partícipe de ello lo máximo posible (y el sexo vía webcam ofrece esa posibilidad). Mientras toda esa mierda no existía se conformaba con películas, aunque incluso estas se fuesen "simplificando" con los años limitándose a la acumulación de polvos sin trama, ni excusas. Pero ahora que podemos formar parte del entramado, ¿quién se quiere comer 90 minutos de un argumento que nos importa un carajo, del que solo esperamos los momentos de folleteo y quitaremos cuando ya hayamos echado todo el pitote?. Yo creo que nadie. En definitiva, el llamado cine porno no es tal, es un servicio destinado a una sola función: estimularnos sexualmente.
Eso no es óbice para ignorar ciertas tendencias afines a ese material, más aún si son añejas y tan curiosas como los fotocromos que vienen a continuación. La película se tituló en España "La cama mecánica" y me supongo que lo motivó el intento de aprovecharse del sonado estreno en su momento del clásico de Kubrick en el que todos estáis pensando. Hablamos de 1976 (la de tío Stanley es del 71), de cuando los que hacían porno creían que hacían cine de verdad, de calidad (aunque no tanto como para ocultarse tras un pseudónimo). Es el caso del director de "La cama mecánica", Mac Ahlberg, que posee un lustroso curriculum en esto del mete-saca (también en versión más "soft", como es el caso de su verdadero "hit" "I, a woman" del año 1965) y firma con el alias de Bert Torn (no en los fotocromos hispánicos, curiosamente). Así fue haciendo hasta que se dedicó exclusivamente a la que, según Imdb, era su otra especialidad, la dirección de fotografía, que ejerció en títulos mainstream, pero también productos bien reconocibles de Charles Band, nada menos.
No he visto "La cama mecánica", ni tengo especial interés en hacerlo, solo destacaré de su reparto al super-star porno Harry Reems y ese gráfico "putas" que algún ofendido y/o reprimido/salido espectador escribió con boli y saña en uno de los curiosísimos fotogrumos (ahora nunca mejor empleado el término) cedidos por don Alex Gardés y que dicen asín...
Mi teoría es que el porno no es cine. La demostración la tienen en el crudo hecho de que cada vez se producen menos películas de mete-saca. ¿Motivo?, que cada vez es más fácil acceder a la pornografía gratis a través de la red y, más revelador, ya existe el sexo real emitido en directo a través de webcam. Y eso es lo que de verdad siempre ha querido el consumidor medio de porno, la veracidad, la proximidad y el poder ser partícipe de ello lo máximo posible (y el sexo vía webcam ofrece esa posibilidad). Mientras toda esa mierda no existía se conformaba con películas, aunque incluso estas se fuesen "simplificando" con los años limitándose a la acumulación de polvos sin trama, ni excusas. Pero ahora que podemos formar parte del entramado, ¿quién se quiere comer 90 minutos de un argumento que nos importa un carajo, del que solo esperamos los momentos de folleteo y quitaremos cuando ya hayamos echado todo el pitote?. Yo creo que nadie. En definitiva, el llamado cine porno no es tal, es un servicio destinado a una sola función: estimularnos sexualmente.
Eso no es óbice para ignorar ciertas tendencias afines a ese material, más aún si son añejas y tan curiosas como los fotocromos que vienen a continuación. La película se tituló en España "La cama mecánica" y me supongo que lo motivó el intento de aprovecharse del sonado estreno en su momento del clásico de Kubrick en el que todos estáis pensando. Hablamos de 1976 (la de tío Stanley es del 71), de cuando los que hacían porno creían que hacían cine de verdad, de calidad (aunque no tanto como para ocultarse tras un pseudónimo). Es el caso del director de "La cama mecánica", Mac Ahlberg, que posee un lustroso curriculum en esto del mete-saca (también en versión más "soft", como es el caso de su verdadero "hit" "I, a woman" del año 1965) y firma con el alias de Bert Torn (no en los fotocromos hispánicos, curiosamente). Así fue haciendo hasta que se dedicó exclusivamente a la que, según Imdb, era su otra especialidad, la dirección de fotografía, que ejerció en títulos mainstream, pero también productos bien reconocibles de Charles Band, nada menos.
No he visto "La cama mecánica", ni tengo especial interés en hacerlo, solo destacaré de su reparto al super-star porno Harry Reems y ese gráfico "putas" que algún ofendido y/o reprimido/salido espectador escribió con boli y saña en uno de los curiosísimos fotogrumos (ahora nunca mejor empleado el término) cedidos por don Alex Gardés y que dicen asín...


lunes, 8 de septiembre de 2014
LOVELACE
Pasa el tiempo y el anunciado biopic sobre Linda Lovelace –
actriz porno que se hizo súper popular comiéndose pollas en la película porno
“Garganta Profunda”- se estrena en los USA, sin hacer excesivo ruido. Y acaba
saliendo en DVD, y en españa, ni rastro de ella. Suerte que tenemos las
descargas ilegales.
Y cuando una de estas películas no termina de llegar a
españa, malo. Siempre suele ser porque son una puta mierda. Y al comenzar el
visionado y ver ese logotipo de “Milleniun Films” (ya saben, “Nu Image”) hace
presagiar que lo que vamos a ver, no es ese producto mainstream de dos horas y
media que esta historia pedía a gritos, y que por otro lado, muy ingenuamente,
yo esperaba. Y efectivamente, “Lovelace” es ese tipo de biopic funcional que
omite montones de cosas, que suaviza los acontecimientos y que convierte a
Linda Lovelace, más tonta y ávida de dinero que otra cosa, en martir y santa,
cuando la única verdad, independientemente de lo que ocurriese con su marido
maltratador, es que le gustaba la fama más que a un tonto un lápiz, y que se
hizo famosa por ser la primera que se comía una polla hasta los huevos delante
de una cámara. Cuando ya comerse una polla entera no era una cosa exclusiva,
entonces se reconvirtió al cristianismo y luchó contra la pornografía hasta las
últimas consecuencias (yo creo que como medio de vida finalmente). Pero claro, Harry Reems ya se había corrido en su cara, y
ella se había relamido cuando le dio por luchar contra lo que le había
reportado la fama. “Quien vea la película está presenciando mi violación” Muy
exagerado todo.
Bien, pues de todo eso la película habla por encima. Su
reconversión al cristianismo extremo se
omite, su lucha contra la pornografía se
resuelve en los minutos finales, y la película tiene el infortunio de contarnos
la historia dos veces. Esta se centra en el periodo comprendido desde la
adolescencia hasta el estrellato de la actriz: por un lado nos cuenta como fue
esta historia desde el punto de vista popular, lo que la gente conoció acerca
de la actriz y la película que le dio la fama, y una vez llegada su noche de
gloria en el pase privado de “Garganta profunda” que dio el magnate Hugh Hefner
para famosos y demás, la película retrocede en el tiempo para contarnos lo
mismo pero desde el punto de vista de Linda Lovelace, lo que se resume en
paliza tras paliza que le propinaba su marido Chuck Traynor, que además, la
prostituía siempre que podía.
Esto hace a la película tremendamente reiterativa y convierte la funcionalidad que pretende tener
en una falta de ritmo más o menos palpable, que hace que la cosa decaiga. Pero
al final la película con una hora y veinte de duración se ve tranquilamente,
sin estridencias de ningún tipo, ni trasgresión alguna. Así que la mayor pega
que le pongo, es que, en mi opinión, habría que haberle echado más pasta a esta
producción. Luego ya, le falta un poco de mala baba al asunto, y por otro lado,
el casting no me parece muy acertado porque ¡¡¡Es todo el mundo muy guapo!!!
Y hay que recordar que la gente
implicada en “Garganta Profunda” era
toda bastante fea. La Lovelace, se comía las pollas como si hubiera nacido para
ello, pero era más bien feúcha, de
dientes pochos yde físico más bien discreto. Y Harry Reems, parecía Bigote
Arrocet. Aquí, hasta Gerard Damiano es guapo.
En resumidas cuentas, es un biopic, estos siempre son
agradecidos (si lo era hasta el telefilme sobre Anne Nicole Smith…), y se ve
perfectamente, pero es demasiado televisivo, demasiado plano y demasiado blanco
y políticamente correcto.
Las estrellas de la película, Amanda Seyfried (“Caperucita Roja: ¿A quién tienes miedo?”,
“La gran boda”) como Linda Lovelace,
Peter Sarsgaard (“Linterna
Verde”, “La llave del mal”) como Chuck Traynor, Hank Azaria ( “Los Pitufos”,
“Godzilla (1998)”) como Gerard Damiano, James Franco como Hugh Hefner ,
secundados por gente como Wes Bentley, Eric Roberts, Cloe Sevigni, Juno Temple,
Robert Patrick o Sharon Stone.
Los directores son Rob Epstein y Jeffrey Friedman, que no
han rodado nada que yo haya podido ver o que me haya podido interesar.
No obstante, si quieren saber bien, bien la historia de esta
actriz y de la película que estuvo a punto de llamarse “El Tragasables”, es
mucho mejor ver el documental “Inside Deep Throat” donde se ahonda en todo el
asunto, y en la vida de Linda Lovelace y todos los implicados en la película,
de manera sobervia.
jueves, 17 de noviembre de 2011
FELIZ NOCHEBUENA
Aunque dadas las circunstancias, casi que mejor, porque hablar de esta película podría haberos estropeado la felicidad inherente al 25 de Diciembre. Se trata de uno de los primeros "slashers" surgidos en pleno boom de la correspondiente moda (fechado en 1980, nada menos) con una peculiaridad, viene dirigido por el recientemente fallecido David Hess, famoso por su papel de "Krug" en "La última casa a la izquierda". Ello sería una buenanueva si Hess tuviera alguna clase de talento -por marginal que fuese- pa esto de la dirección, pero no es el caso. Estoy seguro que se aburrió tanto como nosotros. Sin embargo hay algo peor, "Feliz Nochebuena" es un producto del sello Sandy Cobe, lo que se traduce en "90 minutos bostezando" (claro que después de sufrir "Scream/Sábado 14" voy a tener que reconsiderar el concepto que tenía de "slasher aburrido"). Para nivelar la ecuación, un jovencita y debutante Jennifer Runyon de protagonista, a la que posteriormente veríamos en "Los albóndigas en remojo" y, muy escuetamente, en "Los cazafantasmas".
Imaginación al poder: Unas estudiantes celebran la Navidad en el campus. Aparece un Santa Claus que comienza a matar a todo dios. No hace falta decir que su intervención la motiva un trauma del pasado/venganza. Y ya está. That´s all folks. Como decía, muuuuchos bostezos. Y crímenes un pelín sangrientos, pero solo lo justo (aunque hay uno muy original mediante hélice de avión y, by the way,el tio que muere no es otro que Harry Reems, mítico actor porno setentero que aquí se marca un rol enano bajo pseudónimo).
Lo único que realmente me llamó la atención de este entrañable pestiño es lo estereotipados que son sus personajes, sobre todo los jóvenes. Tanto, que resultan casi paródicos y rozan la vergüenza ajena. Las chicas golfas son ultra-golfas, se pasan media peli enseñando chicha y soltando frasecillas picantes incluso cuando les preguntan la hora. La prota es tímida y virginal hasta extremos hostiables (y me la ponen con coletas y todo). Y hay un "nerd" absolutamente patético que prefiere lucir gafas y leer libros de química aunque tenga una churri al lado medio en pelotas sobándole. Lo diver es que, después de fornicar, prácticamente muta en otra persona totalmente distinta, cambia los libros de química por la prensa deportiva, se vuelve valiente, pero también romántico y sensible. En este caso las lágrimas no eran de bostezos, sino de risas (aunque sin exagerar).
Una mierda como un piano... ¡pero es un "slasher" de los 80, poya!.
sábado, 22 de octubre de 2011
jueves, 14 de enero de 2010
LA PESADILLA DESPIERTA
Poco me ha faltado para hacer un muñeco de Sandy Cobe y clavarle agujas. Claro que de nada hubiese servido, pues esta leyenda de la producción y distribución indie / exploitation murió en el 2008 (y por si alguien lo duda, se trataba de un varón). Decía que apunto estaba de cagarme en su estampa por una razón bien simple: las pelis que produjo durante el inicio de los 80. Pestiñazos del calibre de "Gira Sangrienta", "To all good night" (el criminal slasher dirigido por David Hess) o la insufrible "Home Sweet Home" (cuyo único aspecto salvable es su segundo título oficial, "Slasher in the house") son suficientes para condenar a la hoguera a Cobe. Pero si al final me contuve no fue por la noticia de su palmismo reciente, sino por "La pesadilla despierta", otra producción del maromo... mala, por supuesto, pero no TANTO. Hasta tiene su coña.Una tía es violada por cuatro energúmenos. Traumatizada, vuelve a casa con su marido, quien le pone los cuernos con otra. Y para colmo, esa noche un grupo de chavales vecinos deciden reviolarla... ¿resultado?, la tipa acabará perdiendo la chaveta del todo y liándose a cuchilladas con el reparto entero (supongo que algún mequetrefe osaría calificarla de "película feminista", y yo me río en su cara y me cago en su desayuno).
"La pesadilla despierta" la conocía por su inquietante caratula española (la pequeñita dentro de la original que acompaña a este texto), pero nunca la había localizado (y, honestamente, tampoco garantizo que de haberlo hecho la hubiese alquilado). Ayer me la vi y esperándome lo peor (sobre todo tras ese "Sandy Cobe presents" inicial), al final hasta me cayó en gracia. Es lenta, mucho, es absurda, más, está repleta de diálogos interminables super-chorras, planos desaboríos que se alargan lo máximo que pueden, lo típico en toda Z-movie que se precie, pero su "look" cerdo, aceitoso, y su condición de exploitation casi setentero, le dan un toque de gracia. No esperéis mucha truculencia (a un tipo le arrancan los testículos con un alambre, pero no se ve na), ni mucha teta (y eso que la prota, Sallee Young, no se queda corta al respecto, como ya demostró en "Home Sweet Home", ¡¿por qué no siguió rodando esta pava?!) y, encima, lo más divertido es el culebrón que se gasta con su marido (que no es otro que la legendaria estrella porno Harry Reems -estuvo en "Garganta profunda", payo-, para la ocasión reencarnado en Bruce Gilchrist), porque una vez empieza "lo bueno", el aburrimiento crece hasta límites peligrosos.
Solo para curiosos, completistas y gente asocial.
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