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martes, 6 de mayo de 2014

EL MIRÓN Y LA EXHIBICIONISTA

Así como el que no quiere la cosa, y aunque ya reseñé una película porno de Jess Franco aquí, hace algún tiempo, “El ojete de Lulú”, digamos que, posiblemente, las del tío Jess sean las únicas películas porno que ustedes vean por aquí reseñadas, primero porque me pegué anoche una maratón porno Franquiana –son cortas- y  porque al igual que con sus películas estándar, el porno de Jesús Franco no es porno; es otra cosa. Otra cosa más desagradable y menos sexy que el porno convencional. Y sin embargo, y como ya he dicho en otras ocasiones, el cine porno de Jess Franco, es más entretenido y divertido que cualquiera de sus comedias.
Claro que la comedia en este caso, viene que ni al pelo, porque parece que Franco no concibe el folletéo sin diversión, ergo los momentos mas lúcidos de comedia de Jess Franco están, paradójicamente, en sus películas porno.
Sin embargo, esta “El mirón y la exhibicionista”, sería de aquellas la más seria.
Cuenta la historia de un individuo que, prismáticos en mano, espía a su vecina cuando esta está tocándose o cuando sube a casa algún maromo para follarselo. Ella sabe que es espiada y esto le excita.
Bueno la peli, no es muy allá, está entretenida y listo, que ya es mucho. Pollas de actores  de la escudería Franco que hicieron porno, sin ser actores porno, y así pasa, que aquello no se levanta. Cosa que a la cámara de Jess parece no importarle lo más mínimo.
Lo gracioso es que esta película culmina con un pajote de “El mirón” del título”, que se resuelve con primeros planos del individuo mirando por los prismáticos y planos de este mismo pajeándose ¡con la misma mano con la que está sujetando los prismáticos! Una de esas chapuzas del tio Jess, que una vez más quería darle a su querida Lina Romay más protagonismo del que merecía, haciendo ver que era ella la directora de la película, firmando esta bajo el pseudónimo  de Lulu Laverne, que a su vez, es el pseudónimo que uso la Romay para protagonizar la cinta. Ya no cuela, aunque hay quien afirma que estas películas las dirigían ambos al alimón. Pudiera ser.
Más que nada, y volviendo a la escena final de masturbación del “mirón”, me queda clara una cosa, a juzgar por la chapuza de planos. Quien se pajéa, que incluso, llega a derramar su semilla asquerosamente contra el objetivo de la cámara, no es el habitual José Miguel García (también conocido como Morgan Childrum, como Joan Marille o más jocosamente como Jean Morcillón en “El ojete de Lulú” o como “Evaristo Pichales” en “Entre pitos anda el juego”). No lo digo gratuitamente, la polla de quien se masturba en primerísimo primer plano delante de la cámara, no concuerda con la de García. Es aún mas pequeñaja y los huevos más colganderos –a juzgar por lo visto en otras películas-. Es más se trata de una polla ridícula que casi queda cubierta por la mano masturbadora. Y esto que voy a decir, no es seguro, claro que no, no está contrastado ni he escuchado por ahí nada similar, pero yo diría, que quien se masturba delante de la cámara es el propio Franco. Es una corazonada. Si alguien lo supiera a ciencia cierta, que lo ponga en los comentarios…
Observaciones aparte, digamos que la película está graciosa, tiene algunos ramalazos estilísticos que llaman la atención ( esa fotografía oscura y el inquietante fondo negro en el que opera “El Mirón”, junto con la iluminación casi de película de terror), incluso la trama está bastante bien para ser una peli porno. Y es que, oigan, a ver si al final, lo mejor de la filmografía de Jesús Franco van a ser sus pelis porno…
Eso si, para masturbarse viéndola, no vale. Aunque cierto amigo mío me confesó, que le llega a excitar más que una peli porno normal y corriente.

sábado, 7 de enero de 2012

24 CENTIMETROS

Alex Salgado es un individuo que me cae francamente bien, por lo que esta reseña corre el peligro de que se convierta en una soberana mamada de polla. De hecho, es que me lo he pasado tan bien leyendo el libro, que es más una mamada de polla que cualquier otra cosa. Y al que no le guste que se joda. Pero es que, sinceramente, me ha gustado un montón el libro, más que por el contenido, porque es de Alex Salgado. Lo que me gusta son sus frases, un tanto pedantes a veces, pero siempre sentenciosas, sus chascarrillos, su soberbia… en incluso el comprobar, como en algunos casos (estos son los menos), no se entera de nada y mete la pata hasta el cuezo, porque, menospreciar de esa manera el porno de Jesús Franco en pro del porno del que nos habla en el libro… es para darle dos hostias. Porque ni José María Ponce, ni pollas. Franco, en lo suyo está a otro nivel, así que no da lugar el que se le nombre siquiera. Franco, mal o bien, hacía (y hace) cine, estos ceporros, no.
Así que metámonos en faena, con lo que no comparto del libro, o lo que no me ha gustado… que luego sacaré mi salibosa lengua a pasear.
Bien, el porno es un ¿género? que detesto. A mi no me sirve ni para cascarme pajas. Del cine porno se las vocales (porque el abecedario completo, no se lo sabía ni el marqués de Sade), vamos, muy poco. Alguna curiosidad, algunas producciones… muy poco. Entonces, leyendo un libro que supuestamente habla de la historia del cine porno en España, descubro, que el gran comunicador, el excelso Alex Salgado, ¡No me descubre absolutamente nada!, Es más, el tío se pasa el libro entero despotricando sobre la bazofia de la que habla, sin complejo ninguno, y con dos cojones, porque se expone a que alguno de esos garrulos del porno, le parta la boca ante la fina ironía que se gasta… porque van a hacer malas interpretaciones, sus cerebros no dan más de sí…
Pero, insisto, todo esto poco importa, porque da gusto leer a Salgado, sus idas de olla (toda la parte inicial en la que nos cuenta las reglas que se impuso para la elaboración de este libro) son descabelladas, incluso poco creíbles y sobretodo innecesarias ¡son puro relleno! Pero ah, amigos… ahí está la gracia del libro. El relleno es mejor que el contenido. Te descojonas. Y lo disfrutas. Y vibras. Y no puedes dejar de leer.
El libro engancha. Varias son las veces que Salgado nos advierte que este no es un frío libro de datos y críticas, si no un libro que cuenta anécdotas y vivencias (¡¡¡Pero Salgado, la gente que compre su libro, seguramente busque un libro de datos!!!). Y ciertamente, no me sentí estafado. Es mucho mejor un libro que cuenta un poquito sobre el porno de este país, según los ojos y sentidos de Salgado, que el que inicialmente se nos propone. Sus ideas, opiniones, preferencias, todo ello alegremente distribuido en un montón de capítulos y secciones. Especialmente recomendables los pasajes en los que se hace un análisis de las formas de trabajar y las personalidades de las más destacadas figuras del porno patrio, así como una sección de reseñas, que aunque escueta, es exageradamente divertida. Se centra sobretodo en el porno más comercial, aquél protagonizado por gente ajena al mundillo como la Veneno, Poli Díaz o Dinio, o en las producciones más cutres y chabacanas. Pocas películas comentadas, pero ¿Para qué más? Y estoy de acuerdo con Alex; del poco porno español que yo he visto, destaco, sin lugar a ninguna duda (y además son las únicas pelis porno que conservo en VHS, porque además son las únicas que tuve) las protagonizadas por Poli Díaz. Buenas, en su despropósito, hasta decir basta.
En definitiva, creo acertar cuando digo que 24 CENTIMETROS, es un libro que el pornófilo detestará, pero que la gente inteligente y/o que pasa del porno, agradecerá, porque, aunque el Señor Salgado no tenga ni puta idea de lo que está hablando cuando nombra, dos veces, de manera despectiva a Pajares, Esteso, Ozores o Tip y Coll, el libro refleja ante todo, su personalidad, y de eso el Señor Salgado, va más que servido.
Bien, he sido objetivo. Ahora si, mi lengua que chupe. 24 CENTIMETROS, es una obra imprescindible. No quizás dentro de la bibliografía del porno, pero si en la de libros divertidos, desacomplejados, con cara dura, y repito, con tremenda personalidad. Alex, majo, eres un puto crack.
Me ha gustado más que su otra obra NO VIVIRÁS PARA CONTARLO. Que también estaba maja.
¡Ah! y el prólogo, por supuesto, es de nuestro Naxo Fiol...

lunes, 10 de junio de 2024

THE EROTIC MEMOIRS OF A MALE CHAUVINIST PIG

Curiosa película de la “golden era” del porno-chic americano de los años 70. Si por lo general podía considerársele cine en el sentido de que, al final, se trataba de contar historias en un entorno de sexo explícito (y no como en el porno de ahora), “The Erotic Memoirs of a Male Chauvinist Pig” riza el rizo. Ya no es que tengamos aquí un porno en el que las escenas sexuales estén al servicio de una historia, es que además estas son escasas, de intenciones no muy eróticas y tendencia abiertamente cómica. Pero eso no es todo, la película desprende en todo momento un tufillo progresista que no distingo si es satírico o no —al fin y al cabo, tenemos aquí un pequeño catálogo de señoras sometidas— en lo que parece una respuesta al feminismo imperante en los 70 que arremetía contra la industria del porno. Así pues, el título, que traducido vendría a ser “Las memorias eróticas de un cerdo chauvinista” es claramente irónico, pero la película, 50% comedia, 50% paja mental, parece destinada a espectadores intelectuales.
Yo me he quedado turulato porque es un porno muy raro, pero extrañamente divertido e interesante.
Tenemos a un artista que se dedica a la escultura erótica, tiende a grabar sus pensamientos en una grabadora y ha sufrido en sus carnes ya tres divorcios. Su actual mujer, a pesar de las mamadas que le casca, ya no le atrae sexualmente, así que busca otro tipo de emociones siendo felado por una colegiala o amordazando y atando a un amigo suyo para follarse a su esposa delante de él. En definitiva, este cerdo chauvinista de espesa barba y bigote inglés, se tira la película entera follando y confesando su infelicidad al respecto a la grabadora, mientras que por un motivo u otro el espectador es testigo de violaciones simuladas, lluvia dorada (para la que se utilizó cerveza) y, sobre todo, eternas y soberbias mamadas (y pocas penetraciones). Todo ello en una película porno muy moderna y que fue la única obra de su extraño y enigmático director, R.C. Hörsch —hasta que volviera al porno en 2017—, que junto con el director de fotografía John Butterworth firma una de las películas porno con más intencionalidad de film estándar de la época, pareciendo por momentos una comedia de Albert Brooks en la que no se para de follar.
Hörsch es, por otro lado, un tipo sórdido y extraño a más no poder; era cámara de programas televisivos infantiles (trabajó en “Barrio Sésamo”) pero estaba loco por dejar ese trabajo y meterse en el porno, iniciándose en esa industria como doble de lefa de Harry Reems, sustituyéndole en un rodaje en el que la cámara de 35 mm se atascó justo en el momento en el que Reems eyaculaba en un acto sexual, no pudiéndose filmar la corrida. Como Reems fue incapaz de retomar la tarea, Hörsch se ofreció a sustituirle rodando el inserto, tras demostrarle al director de aquella película lo fácil que era para él tener una erección y demostrando su poderío colgándose una toalla del rabo. Lo siguiente a tal virguería sería intervenir en loops de 8 mm y espectáculos en vivo en locales del Deuce.
En un momento dado decidió hacer su propia película. En realidad Hörsch escribió una comedia negra sobre un tipo divorciado tres veces, que aunque era algo subida de tono no estaba concebida para ser porno. Pronto se daría cuenta de que la única forma de llevarla a cabo era dentro del cine para adultos —y de ahí que el sexo sea escaso—. Conseguirá un poco de dinero, más el que aportaría John Butterworth, y de ese modo producirían la película que nos ocupa.
Rodaron en su Filadelfia natal con actrices que a día de hoy son leyendas del género como Tina Russel o la mítica Georgina Spelvin, así como Helen Madigan haciendo de colegiala, y especulándose en los mentideros que entonces aún era menor de edad. También se usaron actores no profesionales en la producción: el protagonista, Paul Taylor, ni siquiera era actor porno, se trataba de un actor de teatro que utilizó seudónimo para acreditarse, aunque demostró no tener ninguna clase de problema a la hora de conseguir erecciones y practicar sexo delante de la cámara (aunque para las corridas era sustituido por el propio director). Su esposa también aparece en la cinta, del mismo modo que la hermana de R.C. Hörsch fue convencida para interpretar un papelito.
Finalizado el rodaje en 12 días, y sin dinero para llevar a cabo la posproducción, pronto la película sería comprada para su exhibición y, en consecuencia, sufragados todos sus problemas económicos. Se hinchó el negativo de 16 mm a 35, se estrenó en Nueva York y Filadelfia y se convirtió en un pequeño éxito.
Tras la experiencia, R.C. Hörsch se alejó del porno para dedicarse a ser fotógrafo, piloto de exhibición, activista político y escritor… pero también  hizo carrera desempeñándose como traficante de drogas y falsificador de billetes y obras de arte (falsificó a Picasso), motivos por los que fue ingresado en prisión para más tarde fugarse y ser buscado por prófugo. Si buscamos fotos en internet da bastante miedo, con su pelo largo y grasiento, su descuidada barba y su parche en el ojo.
En 2017, tras varias estancias en la cárcel, volvería al porno con la película “¡Whore!” (“¡Puta!”) y en 2021 incidiría en el tema con “Transgressions”. Lo cierto es que su obra, de un modo u otro (ya sean libros, poemas o demás zarandajas), se asocian siempre a cierto maldistísmo, a cierta oscuridad intelectual y sexual que me parece de lo más cutre y chapucera, a la alemana (tipo Marian Dora, quizás no tan extremo), y por eso me llama tanto la atención que “The Erotic Memoirs of a Male Chauvinist Pig” sea un genuino, curioso, pizpireto y simpático porno de la era dorada, con más argumento que sus coetáneos, más gracia y posiblemente mejor rodado que cualquier tontería de, por ejemplo, Gerard Damiano. Esta película es entretenida y sus protagonistas no parecen todos deficientes, como sí ocurría en las del antes mencionado.

lunes, 20 de junio de 2022

LA ORINA Y EL RELÁMPAGO

Ramiro Lapiedra, popular productor de cine porno que alcanzaría la celebridad a nivel mediático a raíz de aparecer durante la década de 2000 en programas de prensa rosa por los motivos menos esperados —donde sus parejas y actrices porno Miriam Sánchez, María Lapiedra o Celia Blanco adquirirían mayor popularidad si cabe— , con anterioridad había sido portero de discoteca y, dicen, ejercía esa profesión mientras estudiaba la carrera de derecho. Al mismo tiempo resultó ser un apasionado del cine que admiraba a Pasolini y a Bergman, y que estudiaba sus películas. Para rematar la excentricidad, resulta, asimismo, que antes de dedicarse al porno era un consumado director de cortos amateur en sus ratos libres.
El caso es que Lapiedra proliferó en la industria siendo uno de los directores de Elephant Channel, la filial de Filmax dedicada al cine pornografico donde rodó un buen número de películas convencionales de ese género, pero donde, según el cineasta, no podía realizarse creativamente. Así, tras una mala racha económica, decide rodar la presente película con la ayuda de su hermano Pablo, una suerte de porno vanguardista con imágenes impactantes protagonizada por gente del porno y llevada a cabo prácticamente sin financiación. Y es que tras los sonados éxitos de público y crítica de films que mezclaban el porno con el cine de autor como puedan ser, por ejemplo, “Romance X” o “Fóllame”, se abría la veda para que la gente del cine guarro hiciera sus pinitos en el convencional, y qué mejor forma que a través de la vanguardia, que es fácil y barata de hacer. Y Lapiedra se apunta a un bombardeo.
De esta forma, se casca un folletín sobre el descenso a los infiernos de dos prostitutas que además tienen bulimia, en una película en la que, por supuesto, habrá una alta dosis de sexo explícito combinado con secuencias impactantes cargadas de simbolismos, como aquella en la que Celia Blanco se masturba con una cría de ratón sin ningún tipo de pudor o aquella en la que lo hace con ¡un huevo cocido! Nada nuevo en realidad, todo esto ya lo habíamos visto en películas de Richard Kern o Nick Zedd, cuando militaban en aquella pantomima a la que llamaron Cinema Of Transgression, solo que estos lo hicieron 20 años antes. Y ya en los 70, se hacía.
Como fuere, “La orina y el relámpago” no es nada del otro mundo. Una cámara de vídeo, un par de crías de ratón que sirven para alimentar a un sapo —como se ve en la película—, diálogos improvisados, toneladas de mal gusto, personajes torturados que esnifan mucha cocaína (o se inyectan heroína), imaginería religiosa y un par de buenas folladas. Luego un montaje más o menos dinámico, todos los filtros posibles para disimular que se ha rodado en vídeo barato y que parezca celuloide, y hasta la inclusión en el corte de una toma falsa —Holly One negándose a esnifar una raya de coca aludiendo que la cámara le está grabando—. En definitiva, plástico. Una película que podría haber hecho cualquiera, una sucesión de clichés puestos ahí uno detrás de otro sin que tan siquiera exista pericia a la hora de sujetar la cámara. Pero el amigo Lapiedra es muy listo y lo hizo bastante bien, por lo que el experimento coló. En consecuencia el MoMA de Nueva York se interesó por la película y tuvo su estreno en salas comerciales. Por si eso fuera poco, José Antonio Romero López de la Universidad Nacional Autónoma de México, le dedica parte de su tesis doctoral: “Portrait of a call girl y La orina y el relámpago: El carácter espectacular y crítico expresivo en el cine pornográfico”.
Por otro lado, si me he acercado a esta película es porque un amigo me comentó que le encantaba a Luis García Berlanga y eso suscitó mi curiosidad. Una vez vista entiendo que le gustase, porque para pajearse a unos les puede funcionar una cosa y a otros otra, y Berlanga se la pelaría cual mono como todo hijo de vecino, máxime, cuando él mismo reconocía que era un salidillo. Además puedo entender que le gustara por motivos estéticos.
Al respecto, Berlanga le comentaba al bueno de Ramiro Lapiedra que su película podía ser más de culto que “Arrebato” de Zulueta, pero que como esta estaba dirigida por un macarra proveniente del porno, no le darían nunca el crédito necesario. Yo difiero con eso, pienso precisamente lo contrario. Si esta película proviniera de un estudiante de cine o alguien ajeno a la industria en cualquiera de sus manifestaciones, habría dado lo mismo —¿Cuántas películas amateur existen exactamente igual que esta, ya sean mejores, o peores? Millares, pero no salen del nicho al que pertenecen—. Sin embargo, al ser una pieza dirigida por un director porno de pasado mediático, fama de garrulo y que encima muestra ciertas ínfulas artísticas, pues llama la atención en general. Eso es más impactante que ver a Celia Blanco masturbándose con ratoncillos o a uno de los actores inyectándose heroína. Y la película obtuvo sus 15 minutos de fama, quizás, entre un público elitista y poco acostumbrado a experimentos, sean estos pornográficos o no. Para el resto de los mortales, nada. Yo de hecho ni la conocía.
Con todo sólo dura una hora y se deja ver sin mayores estridencias, por supuesto sirve para hacerse no una, sino varias pajas y no deja de ser interesante su mera existencia. Curiosa al menos. Así que, sí, conservaré mi copia en un disco duro.
En el reparto, haciendo lo que pueden que no es poco, Lapiedra cuenta con la plana mayor del porno español de la década de 2000, por lo que desfilan, actuando además de follando, los anteriormente mentados Celia Blanco y Holly One (el enanito del porno catalán), y Ángela Peña (probablemente la señora más guapa y morbosa del porno español), Silvie Lacome, Andrea Morante, Paco Roca y el propio Ramiro Lapiedra.
Por lo demás, Lapiedra intentó obtener otros 15 minutos de fama no-porno con una especie de secuela titulada “Aberración” con la que no consiguió distribución alguna, y también se habla mucho de una cinta de terror rodada en 2015 titulada “Berenice, préstame tu sangre” que se proyectó en el festival de Sitges, esta vez sin escenas porno en su contenido y que probablemente acabe viendo algún día.
Vean “La orina y el relámpago” que, por muy mediocre que sea al final este experimento, saciará su curiosidad.

viernes, 1 de noviembre de 2019

COME WITH ME MY LOVE

Se puede decir que, a día de hoy, no podemos considerar el porno un género cinematográfico. Hoy se va a lo práctico; se busca una escena a nuestro gusto en internet, te haces el pajote y aquí paz y después gloria. Y en cierto modo lo prefiero así. Una cosa es el cine y otra es el porno con fines onanistas.
Sin embargo, el porno, que en ámbitos pseudo intelectuales todavía puede funcionar como es el caso de la activista feminista Ovidie, en los años setenta, no solo funcionaba a la perfección como género cinematográfico sino que, incluso, se podían llenar las salas de cine, e incluso, acaparar la atención de los medios de comunicación como fue el caso de “Garganta profunda” de Gerard Damiano. Los hermanos Mitchell experimentaban y dejaban el sello de autor con su porno sofisticado, se rodaban absurdas comedietas con argumentos propios de la mejor Screwball comedy y se flirteaba con el cine de terror, como en el caso de la película que nos ocupa, sin por ello descuidar las múltiples combinaciones de las que un pornete tiene que hacer gala.
“Come with me my love” tiene sello de autor de todas, todas. Aunque sea un autor de mierda. Y es que, aunque en los créditos del film la dirección la firme un tal Luigi Manicottale, no hace falta más que echarle un vistazo a la peli para darse cuenta de que se trata de una película de DorisWishman. Es como si a “Una noche para descuartizar”, le metiéramos unos insertos pornográficos. Misma textura, mismo ambiente sórdido, mismo tipo de película casi velada y misma inutilidad tras las cámaras, pero semejantes buenas intenciones.
Y es que al folleteo de esta “Come with me my love” hay que añadirle la trama de cine de terror que, junto a una atmosférica banda sonora, acompaña a esta película entre polvo y polvo. No es que deje de ser una puta mierda, pero tiene su gracia.
Resulta que un individuo descubre a su mujer follando con otro tipo y decide pegarles un tiro a cada uno para después pasar a suicidarse también. Cincuenta años después, una muchacha se muda a la casa donde sucedió esto y se encuentra con que el espíritu de este individuo mora por allí a sus anchas, hasta el punto de que este se la folla cuando le apetece y la chavalita cree estar delirando. Para más inri, esta se trae a casa todo lo que pilla para follárselo, y el espíritu de la casa, celoso, irá asesinando a todos los hombres que osan meter su polla en la vagina de nuestra protagonista. Y todo ello servido con una pericia tan propia de una deficiente mental, que por momentos creemos estar viendo una muestra de cine porno experimental. Pero no, lo único que pasa es que Doris Wishman es tan inútil que saca planos desenfocados, o borrosos, o mal iluminados como consecuencia a su poca destreza.
Lógicamente, el porno de estos años, rodado en costroso ¿16mm? con tanto pelo y tan poca higiene, está lejos de parecernos sexy. La trama fantástica por si sola tampoco se sustenta, sin embargo, la combinación de ambos conceptos hacen que esta película, porno duro, zetosa, llena de fluidos color marrón y penes fláccidos que brillan en la oscuridad —y ente tanto fluido y tanta viscosidad, sin embargo, nada de sangre— resulte cuanto menos curiosa. Y además, según nuestros gustos, podemos hacer dos cosas: Pasar para adelante en las escenas pertenecientes al hilo argumental y pasar directamente al porno, o pasar el porno para ver la trama terrorífica.
Luego, más adelante, la Wishman renegó de toda esta pornografía que rodó tan mal.
Y sí, cuando el porno era así, podíamos considerarlo género cinematográfico, y “Come with me my love” una buena muestra de lo más chungo, cutre y cerdo del porno con argumento.
Curiosa.

viernes, 8 de febrero de 2019

HOT & SAUCY PIZZA GIRLS

El porno americano de los años 70 tenía la cualidad de, con un presupuesto no mucho mayor que el de cualquier película sexploitation, o cualquier sex comedy de su tiempo, ofrecernos una película alternativa al mismo tiempo que nos ofrece las consabidas escenas de sexo explicito. Así, si “Tras la puerta verde” era la apuesta que el cine pornográfico ofrecía a las tendencias más vanguardistas por parte de los populares hermanos Mitchell, “Garganta profunda” sería una sex comedy en toda regla. Cito estas dos por tratarse de títulos míticos dentro del cine porno, pero lo cierto es que en aquella época, había porno buscando sus argumentos dentro de thrillers, dramas u otros géneros del cine convencional. Sin embargo la comedia es algo que siempre ha casado bien con el porno. Ahí tenemos los escarceos cómico-pornográficos de nuestro Jess Franco
En ese sentido, el porno americano setentero está cuajado de títulos cómicos.
“Hot & Saucy Pizza girls”, se merece un lugar de honor por derecho propio en el olimpo del porno divertido, porque a fin de cuentas, no deja de ser como una producción de la Crown International Pictures con el aliciente de que las despampanantes chicas que dan título a la cinta aparecen follando, amén tomar como ejemplo la cantidad de títulos raunchy que por aquél entonces pululaban por las carteleras de cualquier cine de segunda. Por lo demás, es la típica comedieta  picantona de trama idiota y funcional entretenimiento, que estéticamente sirve al Tarantino de turno para inspirarse en la forma de ser y vestir de las musas de sus películas.
En este caso la comedia que ofrece es tonta pero curiosamente resultona y divertida y ocurre, al contrario que con el porno de otras décadas, que aquí damos al avance rápido en las escenas explícitas, y nos ponemos a ver las de transición, al contrario que con el porno posterior, mucho más centrado en el folleteo que en otra cosa. El de los 70, no deja de ser cine en ningún momento, algo que hoy por hoy ha dejado de ser.
En “Hot & Saucy Pizza girls”, el gerente de una pizzería tiene una plantilla de guapas adolescentes que servirán pizzas a domicilio en patinete. Después de contratar a una nueva chica (y follarsela), le explicará en que consiste el trabajo de las repartidoras, en el cual tendrán que repartir las pizzas y darles un servicio sexual a los clientes, así, si una clienta pide “pimiento”, esa palabra servirá de consigna para saber que si un cliente lo pide, tendrá que ser apremiado con una felación.
Por otro lado, tenemos una bizarra subtrama, en la que una gallina gigante que nunca vemos en pantalla ¡viola a una de las repartidoras! por lo que el detective Blackie, que siempre va de negro, iniciará una investigación que le servirá para pasarse por la piedra a la más cachonda de las pizza girls, Desireé Cousteau, actriz de sugerentes curvas y estrellato mediano que tras una intentona de pasarse al cine convencional de serie B con “La cárcel caliente”, el debut como director de Jonathan Demme, acabó su carrera en el porno marcada de por vida, sin despuntar demasiado tan siquiera en el género con el que hizo carrera.
Que este engendro fílmico destinado a que asquerosos y purulentos hombres desperados se pajéen en cines X de sesión continua acabe siendo más divertido que otros títulos al uso del subgénero cómico al que la adscribimos —la sex comedy—, es para, desde luego, relativizar todo. “Hot & Saucy Pizza Girls”, con su aspecto barato y pobretón, es francamente un producto alegre, desenfadado y gracioso, al margen de lo cachondos que podamos, o no, ponernos.
El curioso casting que realizó la producción para seleccionar a las actrices, no consistía únicamente en la elección de estas por sus atributos actorales, físicos o feladores, sino que se hizo especial hincapié en que tenían que defenderse medianamente bien con la tabla de skate board, ya que en el film deberían ser filmadas patinando casi el mismo número de veces que tenían que ser filmadas follando. Las más torpes, debieron aprender a marchas forzadas.
Como venía siendo habitual en el porno de la época, y al igual que “Garganta profunda”, la que nos ocupa es una película financiada por la mafia. En esta ocasión, el dinero vino por parte de una familia que operaba en Chicago.
Uno de los mafiosos inversores se empeñó en asistir al rodaje cada día, por lo que participaba activamente en las decisiones del director, Bob Chinn, que no le replicaba poseedor de dos dedos de frente y cautela, no así el protagonista, John Holmes (poseedor del falo más grande del cine porno de los 70 ostentando 35 centímetros de polla), que increpaba al inversor diciéndole que no se metiera en su trabajo. El inversor hacía oídos sordos a las peticiones de Holmes.
Asimismo Holmes, el último día de rodaje, prendió fuego accidentalmente el decorado que representaba la pizzería donde se ubica la acción. Pero a John Holmes le faltaba medio tornillo, y puede que esa fuera la reacción a las desavenencias con los inversores, y tanto intrusismo y voyeurismo en el plató. Intuyéndolo así el mafioso de Chicago, amenazó a Holmes con partirle las piernas.
Bob Chinn, director de la cinta, era un estudiante de la escuela de cine de UCLA de la promoción del 66, que como estudioso y consumidor del porno primigenio ahondó en el tema rodando el documental “The history of pornography”. Tras graduarse, el paso natural era dirigir cine para adultos siendo el responsable de diversos loops de corte amateur hasta, poco a poco, meterse de lleno en la industria llegando a tener gran éxito en  la misma. Dirigiendo varios títulos para lucimiento de John Holmes, “Hot & Saucy Pizza Girls” es de sus películas más celebres.
El impacto popular de esta cinta ha sido tan grande, que incluso la pizzería-museo Pizza Brain, sita en Filadelfia, y que cuenta con la exposición de memorabilia y objetos de colección relacionados con la pizza más grande del mundo, cuenta con una copia de la película en sus vitrinas.
Curiosa. Y entretenida.

lunes, 2 de marzo de 2020

KNOCKOUTS

Extraña y estúpida cosa sin razón de ser. Una película fallecida antes de nacer que se queda anclada en un estilo indefinible —e indescifrable— que la sitúa a varios kilómetros del porno, soft o hardcore, el erotismo o cualquier género que sirva para que los pajilleros le den al manubrio. Digamos, que la función de esta película es similar a la de un calendario erótico de los años 80; decorar la cabina de cualquier rudo camionero. Un adorno.
Y es que, a base de larguísimas conversaciones, eternos planos y muy poquita pericia, esta película cuenta la historia de una serie de muchachas, presuntamente estudiantes a pesar de la pinta de zorrupias trasnochadas que tienen, que pierden todo su dinero jugando a las cartas. Por otro lado, deciden posar por dinero para unos individuos que las graban en vídeo sin saber muy bien por qué, y estos no las pagan, por lo que al final decidirán conseguir pasta en un combate de lucha libre femenina. Todo esto contado en tan solo dos actos; la primera hora vemos como intentan ingeniárselas para conseguir el dinero, y en la última (eterna) media hora, vemos el combate de lucha libre. Todo ello no es más que una excusa para mostrarnos todo el rato a las chavalitas en bikini y, eventualmente y sin motivo, sus tetas. Pero ni escenas de cama ni nada que se le parezca, todo muy tonto y aséptico. Y es que parece una película porno a la que le han quitado todo el folleteo. No vamos mal encaminados en cierto modo.
Se trata de una película de John T. Bone, director de cine porno que tuvo cierta relevancia a mediados de los 90 por ser el responsable de rodar los dos violentos y míticos gang bangs al servicio de Anabel Chong y Jasmine St. Claire, vamos, un profesional del porno metido en la industria a fondo. Pero se ve que el muy pillo tenía inquietudes artísticas y en 1992, decide alejarse del porno como experimento rodando esta comedia, “Knock Outs”. Entonces, ese es el motivo por el que parece una película porno sin folladas. Y es que, naturalmente, “Knock Outs”está rodada con los mismos medios de una película porno, con el mismo equipo de una película porno y con un reparto de actores y actrices del porno, por eso, el resultado no es mucho mejor que el de una película hardcore. La intención era buena, pero este tipo de directores saben rodar lo que saben rodar, ergo, esta película no tiene razón de ser. La película entera, es lo que adelantamos con el fast fordward en las películas porno.
Entonces, la total ausencia de ritmo es una constante, no sabe condensar el escueto argumento y lo que vemos se hace largo en demasía y al espectador se le queda cara de ladrillo al no comprender nada de lo que está viendo.
Curiosamente, y al tratarse de “una comedia loca y respetable”, T. Bone tiene la gracia de firmarla con su auténtico nombre, John Bowen y se queda tan pancho.
En una entrevista T. Bone declaró que en las escenas de combate las chichas no utilizaron dobles y que fueron ellas quienes realizaron todas las acrobacias… flexibles son un rato, eso es verdad.
Solo para los muy, muy, muy curiosos…. Bueno, no. Creo que ni para esos.

lunes, 4 de mayo de 2020

EL MAN DEL PORNO

Producida por Dago García, importante productor colombiano que cuenta en su haber con varios éxitos televisivos y cinematográficos, “El man del porno” es una comedia romántica muy curiosa, porque blanca como la patena, y edulcorada a más no poder, plantea una historia de amor dentro del mundo del porno.
Una familia que se dedica al cine pornográfico lleva una vida cómoda facturando películas X. Los padres se encargan del catering y la contabilidad, la hija es la directora y su marido el productor. Y luego tenemos a nuestro protagonista, Carlos, que unas veces ayuda con la producción, otras coge la pértiga y nunca está a gusto con la tarea que se le asigna. Un día, en pleno rodaje, un actor les falla y tan solo tienen dos horas para finalizar una escena de la película que tienen que entregar y, como no encuentran ningún actor disponible, Carlos se ofrece con tanta suerte que sale la cosa bien, se siente cómodo, y decide querer ser actor porno en la empresa familiar, aun con la oposición de sus padres. Por otro lado, a la vez, se echa novia y comienza un romance que pronto se verá truncado al enterarse ella de su profesión. Tan enamorado está, que decide dejar el porno cuando se ha convertido en una estrella, y las cosas parecen ir bien entre la pareja hasta que un día el padre del chico es secuestrado y este se ve obligado a volver al porno para conseguir el dinero necesario antes de que su progenitor sea asesinado por los secuestradores, decisión que, obvio, afectará a su relación.
Muy entretenida, lo mejor de esta película colombiana es la originalidad del entorno donde sucede la historia de amor, puesto que, pese a momentos ciertamente babosos propios de un “Crepúsculo” de tercera categoría, se presta a diversos gags francamente divertidos. Por supuesto, siempre a base de colores vivos y personajes que en absoluto podrían salir de un ambiente pornográfico, toda sordidez queda aparcada y da la sensación de que en el porno imperan la diversión y la alegría.
La cosa es que hay muchas comedias sobre el cine porno, unas mejores otras peores, pero lo que me llama la atención de “El man del porno” es el hecho de que aquí lo que se cuenta es una historia netamente romántica de chico conoce a chica y todos los conflictos que ello acarrea, con su final feliz, pero dentro de un ambiente impropio de estas comedias.
Por otro lado, curiosamente, la película, que se beneficia de las ventajas de la era digital y la alta definición, tiene tono de comedia española contemporánea, por lo que no descartaría la posibilidad, ahora que en el cine nacional se lleva hacer remakes de producto extranjero, que se rodara uno protagonizado por Dani Rovira y Alexandra Jiménez. Pegaría totalmente. Esperemos que no.
Sin más, la película es exótica por la parte que le toca, dinámica y divertida, y se disfruta tan ricamente.
Dirigió todo el tinglado, en tan solo veinte días, Matero Stivelberg, director colombiano, emergente —como la misma cinematografía en la que le ha tocado trabajar— que cuenta con un par de éxitos desde que empezara en 2012, siempre amparado bajo la producción de Dago García quien asegura que, en realidad, “El man del porno” es una comedia familiar calificada para mayores de 18 años.
Para ver una tarde tonta, sobra y alcanza.

lunes, 16 de abril de 2018

EL SULFATO ANATÓMICO

Benito Pocino, cartero de profesión, se sacaba un sobresueldo gracias a su extraño físico actuando el films como “¡¡Semos peligrosos!! (Uséase, Makinavaja 2)” o “Atolladero”. Y así, se hizo semi popular.
Cuando Javier Fesser estaba desarrollando el casting de su versión en imagen real de Mortadelo y Filemón, y no había forma de encontrar al actor que pudiera dar vida al de las gafas con veracidad, alguien sugirió a Pocino mostrándole una fotografía. Rápidamente,  lo contrató. No había otro Mortadelo posible.
Pocino pasaba de ser un actor aficionado a ser un protagonista absoluto en “La gran aventura de Mortadelo y Filemón”, película que fueron a ver al cine poco menos de 5 millones de espectadores. Se le abrían así un montón de puertas. Una mala gestión de sus malos representantes, y un ataque de ego como solo pueden tenerlo quienes han protagonizado una película de éxito, quisieron que Pocino mandara su carrera al traste.
“Mortadelo y Filemon: Misión salvar la tierra” era la secuela directa de la película de Fesser. Esta vez dirigía Miguel Bardem quien, poco amigo de los actores no profesionales, de primeras tenía reticencias a trabajar con Pocino. Aún así, sabía que no podía hacerla sin él. ¿Qué sucedió? Que Pocino, o sus representantes, sabedores de que era un ente absolutamente necesario para el correcto funcionamiento de la película, se subieron a la parra, y pidieron la friolera de ¡¡dos millones de euros!!. Obviamente, no contaron con sus servicios actorales y  contrataron a Edu Soto, actor que físicamente nada tenía que ver con Mortadelo y motivo por el cual, sin estar esa secuela mal del todo, tan solo la vieran 1.300.000 espectadores. Que tampoco es moco de pavo.
Así, Pocino se creó fama de pesetero y problemático, y tras su gran película, tan solo apreció en un par  más, “Déjate caer”, producto de corte cómico-realista que no vio prácticamente nadie, y “La máquina de bailar”. Después, su carrera se sumió en el más absoluto olvido.
Pasados 10 años, el actor asume que no volverá a trabajar en el cine “de verdad” y es el momento en que la gente del porno tiene a bien rescatarle para la pantalla. Así llega esta “El sulfato anatómico”, una adaptación libre, paródica, apócrifa y guarrindonga de la película de Javier Fesser. Se inspira en el universo creado por el realizador para fabricar el suyo propio. El responsable es un actor y director porno de última generación —y tercera categoría— llamado David El Moreno, al que no le falta inventiva ni contactos, ya que “El sulfato anatómico” es una de esas películas porno que cuantos más personajes famosos incluya, tanto mejor. Un producto de condición amateur realizado por un individuo sin ninguna noción cinematográfica. David El Moreno es el responsable del tan cacareado vídeo porno que se grabó en plan guerrilla dentro de un lavabo durante la ceremonia de los Goya de 2013. Una mamarrachada.
La gracia está en que el Mortadelo de esta cinta porno de baratillo está encarnado por el propio Benito Pocino, repitiendo con un vestuario de mierda el papel que le daría fama casi internacional. Eso si, cobrando un salario muy inferior al que proponía, prepotente, en “Mortadelo y Filemón: Misíón salvar la tierra”. Obviamente, no participa en la jodienda activamente. Sus compañeros famosos de reparto son El Dioni, dando vida a Filemón, El Sevilla, haciendo lo propio con el Profesor Bacterio, Juanmi, ex esposo de Karina, y la estrella del porno más mediática del momento, Amarna Miller.
La cosa va de un sulfato creado por Bacterio que vuelve irresistible para el sexo contrario a todo aquel que se lo aplica. Un escuadrón de mujeres que pretenden la erradicación del sexo masculino lo roba. Mortadelo y Filemón se las tendrán que ver con esta organización, obligados a rociarse dicho sulfato en los momentos de mayor peligro. Momentos que se aprovechará para pegar el cambiazo, y que Pocino y El Dioni sean sustituidos por sendos mazas rapados al cero ataviados con las indumentarias de los personajes de Ibáñez. Ellos pegarán los respectivos polvos a las cachondas de turno. Todo esto a ritmo de tecnaco crispante y un montaje inexperto que a duras penas ensambla bien el material grabado en vídeo HD.
Existen en la red dos versiones: la hard y la concebida para todos los públicos. Esta se limita a mostrarnos las escenas rodadas entre medias del porno, con Mortadelo y Filemón haciendo el canelo por las calles, en plan guerrilla, a lo largo de media hora espantosa que no hay por dónde cogerla y cuyo aburrimiento nos embarga hasta el punto de imposibilitarnos completar el visionado. Mucho mejor es la versión porno, en la que al menos vemos follar al personal.
Con todo, es la peor parodia porno conocida, la peor película porno a secas y la peor situación en la que ver al entrañable Benito Pocino. Me gustaría saber si le engañaron con malas artes para aparecer aquí.
Como nadie paga derechos de ningún tipo, jamás se menta a Mortadelo y Filemón por su nombre. Salen acreditados como “El calvo con dos pelos” y “El calvo con gafas”, quedando así exentos de toda infracción del copyright. Se les podría meter un puro por plagio…. pero, tras ver la película, los poseedores de los derechos pensarían aquello de "da igual, que les den por culo”.
“El sulfato anatómico” no sirve ni para mofarse de ella.

lunes, 14 de noviembre de 2016

DRÁCULA MASCAFIERRO

Víctor Manuel “El Güero” Castro (“La Pulquería”, “JarriPuter”), es un director clásico del cine de “ficheras” Méxicano, una especie de  Mariano Ozores de allí, que hizo del género de “ficheras” –para que lo entiendan, el equivalente a nuestro destape- lo que ningún otro director. Sin embargo, con el auge (que aún perdura) del “Video Home”, su estilo cómico se va mermando, máxime, cuando el mayor presupuesto que tienes para hacer una película es  lo que cuesta una batería nueva para la cámara. Y en esa etapa entra esta “Drácula Mascafierro”.
“Drácula Mascafierro” es, a todas luces, una de las peores películas que he visto en mi vida. En consecuencia, eso es bueno, porque como con cualquier película mala en condiciones, estas todavía tienen la capacidad de sorprenderme. Además desde principio a fín. Porque mientras la veía, y conociendo un poco los “modus operandis” del género, “Drácula Mascafierro” parece una película de los ochenta. Entonces, como estos “Video Homes”, siempre van como una década por detrás, pensé para mí mismo que la película de marras debió ser grabada en los noventa, a juzgar por la textura del vídeo utilizado, como de peli porno de Fracoise Papillón. Pero cuan fue mi sorpresa al ver el rodillo final de créditos al comprobar que está rodada en ¡¡2002!! Y mi sorpresa viene dada porque a esas alturas, solo en un país como México se puede rodar una película para su explotación en vídeo como “Drácula Mascafierro”; un porno soft como los de finales de los setenta, pero con look de los 90, cuyo cutrerío es tan sobresaliente, que no solo este se limita a los saltos de eje o de continuidad, sino que, en un alarde de dejadez total, se llegan a mezclar dos temas musicales en una sola pista, sin hallar  un motivo para desvelar el porqué de la ejecución de ese acto. O el montaje: es el más desastroso e incompetente que he visto jamás. Eso por no hablar de uno de los protagonistas, que mientras rodaba esto debería rodar más cosas, y como al principio tiene bigote, y luego deja de tenerlo por exigencias de cualquier otro guión, para justificar su ausencia posterior, graban una escena en la que le vemos afeitandose el bigote y diciendo que “Está del bigotito hasta la chingada”.
Pero lo mejor de todo es que, además del look de peli porno, la película tiene estructura de peli porno, solo que no llegan a follar. Amén de contener las señoras rollizas menos apetecibles de la historia del cine erótico (o debería decir “la Señora”, porque siempre sale la misma tipa, que las otras que aparecen lo hacen de pasada). Así pues, tenemos ahí a unos señores que dicen ordinarieces, y después un numerito erótico muy rancio y poco sugerente, un mirón que dice guarrerías mientras espía a la parejita de turno, más señores diciendo ordinarieces, otro numerito erótico… y así durante la hora y cuarto que dura la película, amén de las escenas de relleno, esto es, si una mujer va a follar en un yate, antes del numerito erótico, graban toda la travesía que debe durar como cinco o seis minutos. Y así.
No hay historia, pero para justificar el título de la película, han de meter un Drácula, así que entre chiste obsceno y chiste obsceno, dejan claro al espectador que Roberto “El Flaco Guzmán”, la estrella,  es Drácula, que está  vivo en la actualidad, que tiene 2000 años, y que ya no se le pone dura. Y así tenemos justificado todo el coqueteo que tiene esta cinta con el género fantástico. Por lo demás, la producción es tan frugal, que cuando Drácula va a morder a alguna de las chicas (siempre a la misma) no se molestan ni en ponerle colmillos. Vamos, que muerde así, con los dientes al natural.
El desarrollo de la misma película me hace intuir a mí la siguiente cuestión; quizás esta película esté fraguada desde alguna productora porno. Porque si bien la estructura, como ya he dicho, es similar a cualquier muestra del género, hay un par de detallitos que lo delatan. Por un lado, uno de los actores, lleva una camiseta en la que pone “Golden Vídeo XXX”, lo que significa que algo de ello hay. Por otro lado, en una de las habitaciones donde graban, aparecen pósters de películas porno. Vuelven a justificarse preguntando los actores si eso es una casa o un burdel, en referencia a los pósters. Yo creo que blanco y en botella, lo que me lleva a pensar otra cuestión… ¿No será esta la versión cortada de una peli porno del montón? Para que me entiendan, una peli porno a la que le han amputado el porno, como pasaba con el “GoreX” de Ángel Mora, en su versión light.
En cualquier caso, no hay información en Internet que corrobore esta teoría.
Como fuere, de lo mala, mala, malísima que es, y con esos diálogos tan soeces que se gasta, lo cierto es que me la tragué del tirón, sin pestañear, y riéndome mucho… porque efectivamente, tenemos ante nuestras narices una genuina “Mala pero divertida”, independientemente de si nació, o no, como película porno. Muy divertida. Para ver con los amigotes, funciona.

martes, 25 de febrero de 2025

A MENINA DO SEXO DIABÓLICO

“A menina do sexo diabolico” es, probablemente, una de las películas porno más desquiciadas, curiosas y entretenidas de cuantas he tenido a bien ver. Porno con un pie en el terror y, más concretamente, en el subgénero de "rape & revenge" con el que, indiscutiblemente, casa bastante bien. Y es que es más rara que un perro verde. Comienza como un pizpireto porno al uso, brasileño, que suelen ser más cerdos, y con secuencias "teen" que pronto se tornan explícitas. Aunque el film no engaña a nadie; la primera escena ya es una declaración de principios, con la protagonista, una adolescente virgen, haciéndose un dedo en la ducha ante la desesperación de sus padres que no comprenden por qué su niña pasa tanto tiempo en el cuarto de baño. Acto seguido, un estudiante vendrá a buscarla en su descapotable y, pronto, decidirán ir a la playa donde darán rienda suelta al instinto (aunque el muchacho acaba penetrando a la damisela, un poco contra su voluntad). Todo transcurre de manera más o menos alegre y divertida, intercalando escenas sexuales de la adolescente con otras de orgías grupales y acrobáticas al más puro estilo brasileiro, sin que nada diste mucho de una producción porno de las mismas características salvo por lo entretenido del material de transición, lo que ocurre entre polvo y polvo, que recibe mayores atenciones de lo habitual sin que por ello falten escenas típicas del cine marrano brasileño, con animales apareándose o nuestra protagonista masturbándose ante dos caballos que copulan. Todo eso es un poco asqueroso, pero bueno —al menos en esta cinta no interactúan humanos y cuadrúpedos—. 
El tema es que, en un momento de la película, nuestra protagonista va a pasar unos días a una casa de campo propiedad de sus tíos. Allí establece una relación con un bigotudo primo suyo que la desvirga (por segunda o tercera vez). Y nace el amor. Pero sus otros tres primos envidiosos, ávidos de sexo y sangre, llevan a la muchacha en medio del campo, la atan al suelo, la violan violenta, gráfica y cruelmente y, después, le cosen el cuerpo a balazos, abandonándolo a su suerte en medio de la nada. La providencia querrá que el cadáver resultante sea localizado por el primo bigotudo, quien termina poseído inmediatamente por el espíritu de la muchacha quien, escopeta en mano, montará un cristo importante con la familia (no olvidemos que aquí todos son primos), no dejando títere con cabeza en un tour de force a la Charles Bronson, pero con muchas más cantidades de sangre y un recital de sobreactuación facial que da gusto ver. 
Una película porno de lo más burra y descarada que, desde luego, no me ha dejado en absoluto indiferente. Una pornochanchada juvenil que se convierte en algo parecido a “La última casa a la izquierda”, pero con mucha más mala idea y violencia. Me ha gustado bastante… es muy curiosa. Otro punto gracioso de la cinta es que se aprovechan los títulos de crédito finales para anunciar las películas ya disponibles de la productora, entre las que se encuentran “Quinta dimensao do sexo” “24 horas do sexo explícito” o “48 horas do sexo hallucinante” del ínclito José Mojica Marins ¡Y se nos recomienda verlas! No en balde, "A menina do sexo diabolico" es una producción de Mario Lima, productor de todo el porno que hizo Marins en los 80. Precisamente, se suponía que este iba a encargarse de dirigirla, pero finalmente no lo hizo porque estaba harto del género y decidió poner punto y final a esta etapa. No obstante, instó a Mario Lima a que, además de producirla, también la dirigiera, y resultó ser la mejor película del lote. Por otra parte, “A menina do sexo diabolico” está protagonizada por Makerley Reis, actriz recurrente del porno brasileño que, a finales de los 80, se metió en la política del país presentándose a las elecciones como concejala por Sao Paolo, haciendo los mítines en topless y ejecutándolos de manera sensual y sugerente. Por ese motivo, a partir de entonces, se la conoció popularmente como “La Cicciolina de Bexiga”, ya que es obvio que la joven, natural precisamente de Bexiga, imitaba las maneras de la más popular y polémica porno-diputada italiana. Con todo, “A menina do sexo diabolico” sería la última película de Mario Lima tanto en la producción como en la dirección, hasta que 14 años después, en 2001, volvió al redil eventualmente con “Dr. Bartolomeu e a clínica do sexo”. Muy interesante la breve, sucia y salvaje filmografía de Mario Lima, siempre asociado con el gran Mojica Marins.

viernes, 15 de octubre de 2021

GRETA Y SUS REUNIONES SESUALES

Estamos ante un porno español ochentero de los muchos que se facturaron para ser proyectados en salas con la legalización del género en España tras la muerte del cine “S”. Y que conste, que el motivo por el que decidí ver esta película, fue únicamente la tremenda falta ortográfica que, desprejuiciadamente, luce su caratula de vídeo en la que hasta aparece Traci Lords que, lógicamente, no hace acto de presencia en la película (sin mentar el extraño efecto causado por el fotomontaje, donde parece que la chica tenga la cintura puesta del revés, con el culo ejerciendo de coño). Pero eso de “Greta y sus reuniones seSuales”, me hizo una gracia acojonante, así que dije: “¡que coño! Vamos a verla”. Y no hice mal…
Protagonizada por una Mabel Escaño, que compaginaba el porno con los trabajos de actriz convencional, y con la presencia de actores que serían habituales en la filmografía, porno o no, de Jesús Franco en los 80 (está por ahí el mueble José Llamas que aparece acreditado bajo el seudónimo de Luigi), tenemos aquí lo habitual del porno de la época, esto es: mucho vello púbico, pollas que tienen cierta dificultad para enderezarse, muchas frases sucias y una trama vodevilesca heredada de la comedia española que hace que la película sea casi soportable, con insultos y chascarrillos que provocan la hilaridad del espectador, tales como  el “¡Traga mamona!” que suelta con violencia el actor de doblaje al que le tocó llevar a cabo este trabajo alimenticio —mientras que el actor al que dobla folla, pero en realidad mantiene su apestosa boca cerrada—.
La cosa no tiene un gran argumento. Básicamente, cuenta la historia de la tal Greta, que regenta una especie de burdel, donde tanto los clientes como las prostitutas se lo pasan francamente bien. Lo que empieza como un encuentro uno contra uno, acaba convirtiéndose en una orgía, mientras se pasa por todas las combinaciones “sesuales” posibles entre los tres o cuatro actores protagonistas. No hay más. Pero la película en sí tiene cierta gracia, ya que, tras unos títulos de crédito escritos a rotulador sobre cartulinas blancas, pasamos a diez minutos de cine de vanguardia accidental, en los que vemos, con dos cojones, la filmación de un viajecito en coche, con un montaje que combina imágenes del trayecto con la cámara filmando desde el asiento del copiloto hacia la carretera, en las que escuchamos como una mujer goza y dice guarrerías de lo más cerdas. Ya solo eso hace que la película cobre cierto interés. Después de eso, porno convencional, como ya les digo, eso sí, con un montaje super dinámico en las escenas de folleteo, en las que no paran de bombardearnos con distintos planos del acto sexual, para, luego, resolver las escenas de diálogo en un solo plano en el que el zoom de la cámara se acerca y aleja del rostro del actor con el fin de darle un poco de ritmo a ese estúpido plano único.
Y poco más… resulta cerda, cutre y chabacana, pero ligeramente divertida, porque sus protagonistas no paran de decir guarrerías y hacer chascarrillos mientras follan y eso siempre es de agradecer.  Por supuesto, descartamos excitarnos con toda esta amalgama de conceptos marranos. Nos quedamos con lo antropológico.
Era la época del porno en salas, por lo que no es de extrañar que durante su periplo, la fueran a ver nada menos que 30.000 espectadores. Para lo que debió costar esto, negocio redondo, seguro.
Dirige el cotarro Manuel Mateos, de profesión director de fotografía, que cogió la cámara para directores como Mariano Ozores, Javier Aguirre o la serie “La huella del crimen”, pero que cuando da el salto a la dirección lo hace, primero, con una disco movie de tercera regional titulada “Fiebre de danza” (en obvia alusión a “Fiebre del Sábado Noche”), para luego, rápidamente, pasarse al porno y orquestar  un film titulado “Porno bélico” —cuyo título también me chifla— y la que nos ocupa. Tras estos escarceos autorales en distintos géneros, no volvió a ponerse detrás de la cámara para dirigir, aunque todavía se encargó de la fotografía de unos cuantos títulos de Ozores destinados al mercado del vídeo. Curioso señor, este.
Por supuesto, mantengo en la cabecera de esta entrada el título tal y como lo vemos en su caratula de vídeo, faltaría más.

lunes, 14 de febrero de 2022

SEXUAL ENCOUNTER GROUP

Muy interesado en la pornografía desde los inicios de su carrera, antes de convertirse en el director porno Rex Borsky especializado en películas sobre sexo anal, Alex de Renzy firmaba sus películas con su propio nombre y, más que un director porno, era un esteta vanguardista que experimentaba con películas de sexo. Recientemente Vinegard Syndrome ha editado un pack con lo más granado de esa primera etapa donde combinaba el cinema verité con el documental, como mera excusa para filmar a gente follando, que era lo que al final le interesaba al director.
Su película más distinguida y popular es este “Sexual Encounter Group” que rodada en 16 mm y a tiempo real, nos muestra como, en lo alto de una colina, hay una casita muy apañada en la que se reúne un grupo de 20 personas, mitad hombres, mitad mujeres, todos medio hippies, y, tras conversar acerca de la libertad sexual unos minutos, comenzarán una sesión de sexo grupal que De Renzy filmará, prácticamente del tirón.  Así, la cosa comenzará con una serie de tocamientos entre los participantes para ir perdiendo el pudor, pasarán al sexo común y corriente, y, tras el clímax, la película concluirá en una piscina donde los participantes se relajarán entre pequeños juegos acuáticos y tocamientos. Fin. Entre medias, se ve que la banda de sonido se echó a perder, por lo que durante media película el sonido ambiente de la orgía es suplido por músicas funkeras propias del cine porno, y vemos un plano repugnante en el que el individuo que lleva la voz cantante en este grupo de follarines, se limpia el rabo de sangre, obviamente porque acaba de penetrar a una mujer con la menstruación.
“Sexual Encounter Group”, aún siendo una película porno, funciona más como ejercicio estético que como material para hacerse pajas. Como se trata de una filmación muy natural de lo que está sucediendo en ese mismo momento, el grueso de la hora y cuarto que dura se lo lleva la parte en la que los integrantes de este grupo se conocen físicamente, reduciéndose todo el folleteo a los 15 minutos finales de metraje, amen de procurarse De Renzy tiros de cámara y enfoques propios del cine experimental. Así que pajilleros, guarden sus diminutos penes; no se les va a poner duro.
Los aficionados al cine marginal reivindican ahora la figura de Alex de Renzy, al menos, en esta primera etapa de primeros de los 70 en la que, aun teniendo el sexo muy presente, ofrecía propuestas sensacionalistas con mayores valores cinematográficos de lo que ofrecería años después bajo el seudónimo de Rex Borsky, con el que se pasa al porno convencional donde rueda tropecientas películas de enculadas en las que no aplicaba ni una sola de las nociones estéticas que poseían estos primeros documentales. Era porno noventero de la peor calaña. Sin embargo, “Sexual Encounter Group”, como cualquiera de sus otros trabajos primerizos, dejan claro que dentro de la industria del porno había cineastas con una pretensiones que se encontraban a años luz de lo que acabarían haciendo. En el caso de De Renzy sería una evolución natural, puesto que al individuo le gustaba el folleteo cosa mala.
Se ve que murió de un derrame cerebral en 1997, mientras rodaba la que sería su última película porno.
En cuanto a “Sexual Encounter Group”, una vez vista, me ha dejado un poco igual que estaba y me he aburrido de lo lindo.
A priori, este tipo de productos sean pornográficos o no, me suelen llamar poderosamente la atención, y una vez vistos, tomo nota o no… con esta, no tomo nota.

viernes, 8 de marzo de 2013

EL OJETE DE LULÚ

“El ojete de Lulú” tiene el honor de ser una de las pocas películas porno que veáis aquí reseñadas. No es gratuito, si me molesto es por dos motivos; uno, que se trata de un producto de la factoría Franco, dos, me la puse por curiosidad, por ver cómo era una porno del abuelo, y acabé consumiéndola entera.
Ahora bien: aunque las bases de datos otorgan la autoría de este film a Jess Franco, los créditos dicen que la responsable es Candy Coster, osea, Lina Romay, y me parece que en alguna ocasión  le escuché decir que, efectivamente, la había dirigido ella. Sea como fuere, no hay mucha diferencia en las maneras de cualquiera de los dos. Es más, yo juraría que efectivamente es de Franco.
Y lo cachondo es que no es menos aburrida que cualquiera de las películas de otros géneros que filmó. Es porno, sí, pero tomado a cachondeo. De hecho, demuestra aquí más originalidad que en muchas de las otras.
Cuenta la historia de un ojo del culo (el de Candy Coster) que se lamenta de que su vecino el chocho goza de una vida sexual activa, mientras que a él no se le presta atención.
La narración es, precisamente, Lina Romay manipulando el ano, mientras una voz en off se adapta al ritmo de movimiento del ojete. La dueña del mismo no para de chupar rabos y ser follada por una serie de señores, hasta que al final le petan el culo, y el ojete, lleno de semen, acaba feliz y contento. Que quieren que les diga, para ser porno, un género que detesto, me aburre y ni considero cine, está más que divertido.
Y es que Jess Franco es único hasta para filmar porno (en el caso de que sea el director… si no, da igual). Ves unas escenas y sabes que son suyas, principalmente por como están rodadas, por lo poco sexys que resultan (tías de lo más corrientuchas, y pollas fláccidas que no se ponen duras por mucho que las actrices chupen y chupen), primeros planos de Lina Romay zampando rabos (blandos) con mucho entusiasmo y muy bien comidos, todo sea dicho, mucho bello (incluido en el ojete de Lulú…) y una sordidez que hace que, a rasgos generales, más que excitar le entren arcadas al espectador. Ergo, Franco, haciendo porno, ¡hace anti-porno! (igual que, como dicen algunos eruditos, también hacía anti-cine... tanto "anti" da que pensar si no será una excusa zafia para parapetar, simplemente, la ausencia de capacidades)
Con todo, me quedo con los títulos de crédito. Aunque reconocemos por ahí a Mabel Escaño, la mayoría lo componen nombres como Pepíto Tiésez, Mela Chupen, Jean Morcillón e Iluminado Lechez… ¿Quién da más? Para Jess Franco el porno no es motivo de paja, sino de risa, de cachondeo, de gente feliz…

jueves, 20 de diciembre de 2012

FÓLLAME

Mucho se ha hablado ya sobre “Fóllame”, y la controversia que causó en su momento. Todos sabemos ya que está basada en una novela de Virginie Despentes y que fue co-dirigida por esta y por la actriz porno Coralie Trinh Thi, y que con actores porno en su reparto, se puede catalogar de una película porno con argumento, o se puede contar que la pobre Karem Lancaume se suicidó 5 años después... Bla, bla, bla… que si la violencia, que si hay calidad dentro del mundo de la pornografía… Todo eso está muy bien, pero yo la vi en el momento de su estreno y me gustó, y ahora quería ver como ha sobrevivido trece años después.
Cuenta la historia de una prostituta y una ex actriz porno las pasan canutas, pierden la cabeza y se montan en un coche con el fin de follarse a tíos, matarlos, robar, y matar otra vez. A todo aquél que se les ponga por delante. Sin un criterio muy sólido. Y la película sobrevive perfectamente. Me gusta su look (esto lo que más), me gusta su argumento, su violencia, y el porno explícito que contiene, que sin llegar a ser excesivo, consigue excitarme más que cualquier película porno destinada a ese fin. Como no ponerse cachondo cada vez que Raffäela Anderson se rompe los pantys cuando se va a follar a alguno. Luego, en ese aspecto, igual les salió el tiro por la culata a sus directoras, si es que pretendían hacer una película profunda… Porque eso si, la película no es ni profunda, ni intelectualoíde. Es más tirando a cutrecilla, y maravillosamente amateur, con sus errores de raccord, su cámara en mano y sus movimientos bruscos. Y para pajas, ya lo creo que sirve. Y además en un intento de resultar una película asquerosamente feminista, tampoco logra su propósito. Capan a los tíos que se follan, de acuerdo, pero estos bien que se corren en su culo o las follan la boca.
Pero en definitiva: La película no cumple con ninguna de las intenciones de sus directoras, y es mejor que eso sea así, porque al final lo que tenemos es una película de género, con mucha mentalidad “Explotation”, aunque las directoras huyeran de la palabra porno (de hecho es una peli porno) para esta película. Vamos, que les ha salido de puta madre… pero les ha salido de pura potra. No es poco.

domingo, 7 de junio de 2015

LOS FOTOCROMOS DE "LA CAMA MECÁNICA"

El pasado Martes este blog cumplió la friolera de ocho años de intensa actividad. Tiempo más que suficiente para que ustedes, queridos lectores, se hayan dado perfecta cuenta de que el porno no es por acá un tema muy recurrente. De hecho, nunca lo ha sido. Solo en contadas ocasiones. Todo lo contrario a lo que fue una cargante e irritante norma en cierto fandom durante los 90 a base de apestosos fanzines y no menos malolientes eruditos (eructitos, sería un término más adecuado) dando la brasa con el cine de mete-saca, sus actrices, sus directores y todas esas monsergas. Pa nosotros siempre ha sido más fácil: el porno es útil el tiempo que dura la paja. Y no hay ningún arte, ni ninguna profundidad en ello. La gente que hace porno no son artistas. No son actores (por regla de tres, entonces también las putas y las novias insatisfechas lo son) y no tienen más talento que unas tetas gordas o una polla quilométrica. Lo demás, es algo natural. Como si a filmaciones/grabaciones con peña cagando lo llamaran arte o cine (de hecho las hay, pero esa es una historia demasiado sórdida pa tocarla aquí y ahora).
Mi teoría es que el porno no es cine. La demostración la tienen en el crudo hecho de que cada vez se producen menos películas de mete-saca. ¿Motivo?, que cada vez es más fácil acceder a la pornografía gratis a través de la red y, más revelador, ya existe el sexo real emitido en directo a través de webcam. Y eso es lo que de verdad siempre ha querido el consumidor medio de porno, la veracidad, la proximidad y el poder ser partícipe de ello lo máximo posible (y el sexo vía webcam ofrece esa posibilidad). Mientras toda esa mierda no existía se conformaba con películas, aunque incluso estas se fuesen "simplificando" con los años limitándose a la acumulación de polvos sin trama, ni excusas. Pero ahora que podemos formar parte del entramado, ¿quién se quiere comer 90 minutos de un argumento que nos importa un carajo, del que solo esperamos los momentos de folleteo y quitaremos cuando ya hayamos echado todo el pitote?. Yo creo que nadie. En definitiva, el llamado cine porno no es tal, es un servicio destinado a una sola función: estimularnos sexualmente.
Eso no es óbice para ignorar ciertas tendencias afines a ese material, más aún si son añejas y tan curiosas como los fotocromos que vienen a continuación. La película se tituló en España "La cama mecánica" y me supongo que lo motivó el intento de aprovecharse del sonado estreno en su momento del clásico de Kubrick en el que todos estáis pensando. Hablamos de 1976 (la de tío Stanley es del 71), de cuando los que hacían porno creían que hacían cine de verdad, de calidad (aunque no tanto como para ocultarse tras un pseudónimo). Es el caso del director de "La cama mecánica", Mac Ahlberg, que posee un lustroso curriculum en esto del mete-saca (también en versión más "soft", como es el caso de su verdadero "hit" "I, a woman" del año 1965) y firma con el alias de Bert Torn (no en los fotocromos hispánicos, curiosamente). Así fue haciendo hasta que se dedicó exclusivamente a la que, según Imdb, era su otra especialidad, la dirección de fotografía, que ejerció en títulos mainstream, pero también productos bien reconocibles de Charles Band, nada menos.
No he visto "La cama mecánica", ni tengo especial interés en hacerlo, solo destacaré de su reparto al super-star porno Harry Reems y ese gráfico "putas" que algún ofendido y/o reprimido/salido espectador escribió con boli y saña en uno de los curiosísimos fotogrumos (ahora nunca mejor empleado el término) cedidos por don Alex Gardés y que dicen asín...











domingo, 13 de marzo de 2011

EL OTRO HOLLYWOOD

Puede que algunos de ustedes no lo sepan, pero curré ocho años en el mundo del porno. No, no como actor (siento decepcionarles!!!), digamos que como "creativo". Estaba en una web de contenido adulto donde hacía de todo: escribir, dibujar, filmar, montar, clasificar, retocar... de todo menos follar, vamos. También era crítico de cine, por cierto. Muy mal pagado, se entiende. Pasados todos esos años la empresa cambió, se volvió todo automático y me echaron. Hey, me hicieron un favor. Gracias a tan ingrata experiencia aprendí que la pornografía es una industria patética, cutre y miserable repleta de "quieros y no puedos". Vamos, que la odiaba y la odio.
Entonces, se preguntarán, ¿cual es el motivo de que te hicieras pues con "El otro Hollywood", tochazo enorme de más de 600 páginas que narra de pe a pa la historia del cine porno americano?. Buena pregunta. Pues son varios: Su autor principal es Legs McNeil, co-fundador de la revista "Punk Magazine" y firmante del estupendo libro "Por favor, mátame", que disfruté mucho en su momento. El porno es asqueroso venga de donde venga, pero si no es Español, me resulta un poco menos asqueroso (aunque, todo hay que decirlo, mi "favorito" era el italiano. Hoy día solo "consumo" porno amateur, porque al menos los que lo hacen, disfrutan en el proceso). El porno, aunque no sea muy creativo, está dentro del cine, y todo lo que es cine, es mi droga. Ya os digo que a veces me gusta más leer sobre séptimo arte, que consumirlo. Sin embargo, hablar de "El otro Hollywood" supone hacerlo de una enorme decepción.
Un amigo me contaba que el libro había sido un fracaso de ventas en España. Hombre, pues no me sorprende. En esta tierra solo hay paletos, y no mucho interés con respecto a nada. Encima, la pornografía como tema de estudio dejó de ser "cool" cuando la moda al respecto se esfumó superados los temibles años 90. Y ya no digamos que a quién se le ocurre editar un libro así con tanto lujo, tapa dura, el tamaño... en fin, no creo que sus responsables tuvieran mucha vista en ese sentido. De todos modos, la culpa no es toda suya. Gran parte de esta la tienen sus mismos autores, McNeil seguido de Jennifer Osborne y Peter Pavia, ya que el libro resulta, simple y llanamente, aburrido.
Tiene sus partes buenas, no digo que no, cuando repasa los inicios del pre-porno con el "nudie" (David Friedman y Doris Wishman incluidos). El bombazo de "Garganta Profunda" y todo lo que vino. "Tras la puerta verde". Vamos, que arranca muy bien y muy interesante. Siempre siguiendo el mismo método "oral" de "Por favor, mátame". Y cuando digo oral no me refiero al sexo, sino a que el libro está compuesto de declaraciones de todos los implicados en esta larga epopeya, estructuradas para que nos cuenten historias.
El problema viene cuando los autores se alejan del porno más estricto, y comienzan a hablarnos de todo lo relacionado con la mafia y la policía infiltrada. Este "coitus interruptus" de entrada se deja pasar, pero se alarga... y se alarga... y tanto lo hace, que comencé a saltarme los capítulos que veía giraban en torno a ello. Pasada la marea, retomamos el tema porno y volvemos a encontrarnos con chicha interesante. Traci Lords, Savannah... lo malo es que ahora la obra ha dejado de ser fluida, ha olvidado que está narrando hechos consecutivos en el tiempo y todo comienza a reducirse a episodios temáticos sin aparente conexión entre ellos. Ahora hablo de John Wayne Bobbit, ahora de ese actor que se suicidó, ahora de sida, ahora de esa tia que se mató cuando iba drogada (porque de drogas, tantas o más que sexo. Igual que en "Por favor, mátame" había más drogas que rock and roll. ¿Qué mierdas le pasa a la peña?). Todo queda como huérfano de una línea continua y para entonces ya has perdido el hilo y el interés. Como leer los chistes de un periódico.
Vamos, que si este libro hubiese ocupado la mitad, sería cojonudo. Pero, y valga la coña, le sobra mucha mucha paja. Así pues, lo que se prometía una lectura apasionante, termina convertido en un tochito duro de roer. Lástima.

lunes, 12 de mayo de 2014

UNA RAJITA PARA DOS

Seguimos con el Jess Franco pornográfico, y con la que puede que sea la película porno de mi vida. Me explico: 
Soy el último de cuatro hermanos y el que menos edad me lleva tiene 10 años más que yo. En plenos años ochenta, el Betamax familiar echaba chispas, ya que éramos siete los miembros de la familia los que requeríamos sus servicios. Y entonces a los videoclubes llegaron las primeras películas porno. Mis padres nunca estaban en casa puesto que regentaban un bar. Tendría ocho añitos, no más, y andaba tan tranquilo viendo la televisión cuando mis hermanos mayores (que ya tendrían 18  y 20 respectivamente) se presentan en el hogar, junto con otros tantos amigos del vecindario, y me dicen que debo irme a la habitación (que compartía con ambos) a jugar con mis “Clicks”, mis “Airgam boys” o lo que fuera, que ellos se disponían a ver una película “muy fea”. Y como buen niño, obedecí. Pero algo me debía oler a cuerno quemado. Dicha habitación estaba sita al fondo del pasillo de tal forma que, si asomaba la cabeza, podía ver la tele. Así, sentado en el suelo, me vi innumerables películas de dos rombos, como ya comenté en la reseña de “Yo la vi Primero”. Ante la curiosidad por “la película fea” que mis hermanos iban a consumir, me asomé. Y quedé traumatizado: nunca había visto un desnudo femenino… pero es que esta película comenzaba con alguien que portaba unas pinzas de depilar con las que extraía del ojo del culo de una muchacha algo que parecía una píldora. La sacaba y la volvía a introducir… imaginaos tal efecto en la mente de un niño -"¿Qué es eso? ¿Es un culo? ¡Qué asco!"- pensaba yo. Mis hermanos pronto me descubrieron fisgando y me ordenador que cerrara la puerta. Y yo obedecí. Eso si, a la que se descuidaban, asomaba de nuevo para mirar aquella pornografía tan repugnante por un lado, tan fascinante por otro.
Años después, en mis años de estudiante, solía ir al centro con un par de amigos a hacer pellas. Y como nunca pedían el carné, algunas veces nos metíamos a pasar la mañana en las sala X sita en Tirso de Molina (y que juraría sigue ahí), donde descubrí que aquella primera película porno que vi en mi vida era la que estaban proyectando en 1992. Solo éramos tres o cuatro -la mayoría viejos- viéndola. Si se tocaban, no lo notábamos. Y ya fue una cosa nostálgica, el toparme con ella por segunda vez y el descubrir que su título era “Una rajita para dos”. Seguimos visitando aquella sala X hasta que un día me levanté para ir al servicio y me siguió un señor chino, que con la mano llena de monedas de 500 pelas, me hacia gestos obscenos. Avisé a mis compañeros, nos fuimos de allí y no volvimos más.
Así que, sí, yo he visto “Una rajita para dos” en pantalla grande.
Años mas tarde, y en plena fiebre “jessfranquiana”, descubro que es el director de esa primera película porno. Una de las más famosas de cuantas rodó en el ámbito del cine X y cuya dirección atribuía a Lina Romay bajo cualquier seudónimo. En este caso “Lulú Laverne”.
Dos espías femeninas llevan ocultos en sus anos microfilms con contenidos secretos (las píldoras de las que hablaba antes), y que follan con argentinos y otros individuos de mal vivir, mientras sueltan todo el tiempo chistes y chascarrillos más o menos efectivos.
Lina Romay apenas sale, Emilio Linder folla con ímpetu, logrando alzar el rabo mejor que sus compañeros, poniendo acento Argentino (es Argentino) y, aunque sostenga que sus planos porno son insertos –verdad en muchos casos- aquí, siendo plano generales, está claro que es él quién folla. Y Antonio Mayans, que nunca mojó en un film de Franco, interpreta a un maricón impertinente que, ante los celos, interrumpe las sesiones eróticas de Linder, llamando por teléfono para preguntar tonterías. Está entretenidilla, como todas estas que hizo Jess Franco.
La película se rodó antes de que fuera legal en España el hacer porno y/o distribuirlo, así que se exhibió en algunas salas de manera clandestina. Luego ya se regularizó la ley, y se habilitaron las salas X , consiguiendo reunir a más de 88.000 espectadores, lo que la sitúa como una de las películas X españolas más taquilleras de la historia. Y a eso habría que sumarle los espectadores que la vieron de manera clandestina. En vídeo sería uno de los títulos más alquilados de aquella época, no ya del porno, sino en general, lo que la convierte en un absoluto clásico de nuestro país. Con todo, no es, ni de lejos, la mejor o más divertida marranada de su director.
A mí el porno no me gusta, no me ha gustado nunca. Lo veo aburrido, un arte menor y a la hora de, al igual que Onán, derramar mi semilla, tampoco me funciona. Prefiero usar la imaginación. Quizás todo esto sea por el trauma que me dejó esta maldita película en la que los ojetes peludos predominan, al igual que las pollas flácidas.
Entrañable.