jueves, 14 de febrero de 2008

EL ENIGMA SINCLAIR



Pero, ¿qué es lo que hace tan único al puñetero Tony Sincalir como para justificar todo este absurdo misterio?, pues su absoluta dedicación al rodaje, casi de forma compulsiva, en formato vídeo y bajo la estampa de su sello "Sinclair Blue Productions", de películas con el fetichismo cosquilleante como excusa, a base de parodiar clásicos antiguos y modernos del cine de terror. Me explico.
En los USA existe mercado para todo, por estrambótico que resulte. El fetichismo de las cosquillas efectuadas con plumas a guapas damiselas en cueros es una de ellas. Pero mientras la mayoría de realizaciones de esta clase de cintas (perfectamente disponibles para su venta en las últimas páginas de la revista "Draculina") se limitaban a seguir unos parámetros estéticamente propios del más anodino y aburrido porno (¿y que porno no es anodino y aburrido?) Tony Sinclair lanzaba títulos como "Count Tickula", "Dr.Ticklestein", "Son of Ticklestein", "Alice in Tickleland", "Featherface", "The tickling bandit", "Dr.Tickle and Mr.Tied" y "Tickling Dick", en los que hiper-cutres versiones de Drácula, Frankenstein, Jekyll y Hyde, Leatherface, El fantasma de la Opera o Dick Tracy se dedicaban a machacar a mozas a base de plumazos.
Todas estas pelis tenían en común costrosos decorados y daban la impresión de haberse grabado en el garaje del mismo Señor Director. Sin embargo, no solo de cosquillas vivía Sinclair, el hombre intentó probar otros campos dentro del horror zetoso. Tal atrevimiento dio como fruto "Dr.Cripley" (supuestamente basada en hechos reales y que recupera, a lo mísero, la estética de Hammer Films) y "Can-O-Balls", una historia de canibalismo hospitalario -dicen que basada en un relato de Poe- promocionada a base de fotos de tías siliconadas sujetando sierras mecánicas pero que, por lo visto, no llegó a terminarse. La siguiente apuesta del "auteur", "Styx", ni tan siquiera superó la fase de proyecto.
Y después de ese año y pico de actividad frenética, Tony Sinclair desapareció sin dejar rastro. Seguramente hoy día se dedique al porno standard con otro nombre, o esté felizmente casado y pase su tiempo en algún negocio respetable. Sea como sea, para el recuerdo quedan todas esas pelis extrañas y la mera existencia de un individuo que sin demasiada dificultad podría ganar la medalla al cineasta más marciano de la historia... hasta que aparezca otro, ¿quién osa?.
Por si a alguien le interesa, Aratz buscó, encontró, vio y reseñó algunas obras de Tony Sinclair (y luego me las pasó a mi), si quieren, AQUÍ pueden leer su opinión (que comparto absolutamente).
Y a continuación, una muestra del trabajo del Sr.Sinclair.




El malvado COUNT TICKULA torturando a una víctima.


El no menos malvado DR.TICKLESTEIN haciendo lo mismo.


Este es mi favorito. FEATHERFACE y su sierra
mecánica de plumas....



TICKLING DICK tortura a una sospechosa.


ALICE IN TICKLELAND. ¡Que le corten la pluma!.


Notoria imagen publicitaria de CAN-O-BALLS.


El rodaje de la versión cosquilleante que Sinclair
efectuó de El fantasma de la Ópera.

miércoles, 13 de febrero de 2008

FEEDERS

Hace unas cuantas reseñas atrás, hablábamos de "Splatter Farm", el primer largometraje de los reyes de las SOV (shot on video), pelis de género rodadas en formato magnetoscópico y con más bien poco dinero, John y Mark Polonia. En esta ocasión volvemos a encontrarnos con ellos, aunque el motivo sea dedicar unas líneas a otro de sus inventos, en este caso aquel que les hizo realmente populares (o anti populares) entre la platea de bobalicones aficionados al horror y aledaños, "Feeders".
Pero no sería justo adjudicar todo el mérito a Mark y John Polonia, ya que en esta ocasión otro individuo les acompañaba, y menudo es. A lo largo de su inquieta carrera artística, Jon McBride ha ejercido de director de cine chungo (suya es "Cannibal Campout", uno de los títulos más emblemáticos -y gore- de las SOV. Le seguiría otra, "Woodchipper Massacre", que resultó ser una decepción dada su preferencia por la comedia negra en lugar de la truculencia excesiva), de realizador publicitario y video-clipero, actor (y no solo en productos caseros, también ha interpretado papelitos en sitcoms televisivos, e infra-papelitos en pelis del calibre de "Perseguido"), músico (en la red rondan un par de clips la mar de graciosos en los que sale canturreando) y escritor (por lo que sé, está trabajando en una novela de terror). Un tipo interesante. Llegado el momento, se asocia con los polonios y comparte la culpa de varios títulos, entre ellos este "Feeders".
Un par de lerdos (McBride y John Polonia, este segundo con unas pintas de "nerd" fabulosas) van de excursión, justo en el momento que unos marcianos deciden invadir la tierra. Ajenos a los crímenes que las pequeñas criaturas (un par de muñecotes bastante estáticos) cometen por el lugar, la pareja hace fotos y da largos e interminables paseos mientras una música realmente taladrante se repite una y otra vez. Finalmente, comienzan a ser conscientes de lo que ocurre y, a partir de entonces, se convierten en el blanco de interés de los puñeteros invasores.
"Feeders" se hizo especialmente famosa en su época gracias a que la cadena de video-clubs "Blockbuster" decidió adquirirla e incluirla en su catálogo, distribuyéndola por todo USA. Naturalmente, y como es de ley en la naturaleza humana, ello no provocó más que ataques de rabia y pura envidia por parte del 85% del fandom que, desde ese momento, no cesa de meter puyas a los Polonia. En fin, más de lo mismo.
El caso es que "Feeders" es una peli realmente curiosa. Un producto 100 x 100 amateur que, sorprendentemente, se aleja del clásico horror ultra-gore para adentrarse en la arena del thriller de ciencia ficción con unas dosis de sangre bastante normalitas, propias de cualquier "serie B" standard (y de tetas, ni hablar). Los efectos especiales digitales son de lo más rudimentario, destacando especialmente algunos trucos típicos de mesa de edición que sus responsables no se cortan un pelo en airear. Es especialmente gracioso el momento en el que McBride recorre una supuesta ciudad abandonada (su barrio a las seis de la mañana, algo que canta mucho) mientras ve como los extraterrestres destruyen edificios (imágenes de demoliciones sacadas de algún documental en las que el raccord lumínico queda bastante roto... incluso machacado).
Es evidente que los protagonistas son así mismo los realizadores, ya que su presencia ocupa la mayor parte del metraje. Y no digo que sea por una cuestión de ego, sino de pura necesidad. El tercero en discordia, Mark, se reserva las tareas tras la cámara... salvo para interpretar al supuesto doble clonado de John... ya saben, hay que sacarle partido a todo, incluso al hecho de ser gemelos.
Me cae bien este trío creativo. De entrada se apartan bastante del típico realizador de ultra-gore videográfico, sus obras son un pelín más serias que la media (y eso que a McBride le chifla la comedia, algo obvio viendo sus trabajos en solitario) y transpiran ese entusiasmo ingenuo que tanto se echa en falta hoy día. Tienen talento, pero tampoco se obsesionan en demostrarlo, se nota que lo pasan bien, y eso es lo primero. Otro aspecto a admirar y respetar es su constancia; a pesar de las inevitables críticas salvajes de rastreros y demás entes infrahumanas, ellos han seguido a lo suyo, grabando en vídeo (y 16mm recientemente) sus epopeyas terroríficas anodinas y casi minimalistas, y han visto cómo compañías varias se las editaban en video y/o dvd. ¿Cuantos querrían?.

lunes, 11 de febrero de 2008

MONSTRUOSO (CLOVERFIELD)

Tenía que elegir, o "John Rambo" (que ya caerá) o "Monstruoso". Por motivos que no le interesan a nadie, era imposible ver las dos, así que a la hora del veredicto, lo tenía claro: Siempre he sido un fan del cine catastrofista, desde muy pequeñajo, y ahora que con las invenciones computerizadas les sale tan bien, más. Soy de los que opinan que esa clase de películas hay que verlas en pantalla grande, así su impacto grandilocuente es aun mayor (eso incluye el sonido a toda castaña), lo que es un problema porque, cada día que pasa, menos me gusta ir al cine (por culpa del personal con el que me veo obligado a compartir butacas, "seres humanos" a los que alguien debería dar urgentemente una severa lección de mínima educación... sobre todo si tienen entre 15 y 20 años... o mejor, a esos directamente que no les dejen ni entrar). Para ver "Monstruoso" no bastaba con pagar una entrada a cualquier sesión de cualquier día, no, tenía que planificarlo al detalle. Pronto lo vi claro, Lunes, 16:15 de la tarde, en una multisala a diez minutos de mi casa. ¡Chapeau!. De este modo, he podido gozar de la peli con la única y silenciosa compañía de un par de jubilados -que ni siquiera iban juntos-, así que no hay queja al respecto.
Sé de "Monstruoso" desde que flipé con aquel mítico avance en el youtube. Durante semanas estuve intentando descubrir de que cojones se trataba. Daba igual, fuese lo que fuese, tenía claro que iría a verlo en pantalla grande. Esa es una ley que me impongo con el subgénero en cuestión, al igual que hago con toda cinta de "James Bond" que se estrene, y hacía con todo producto made in Clint Eastwood (hasta que vi "Space Cowboys" y decidí romperla). En este caso, me habían hablado muy mal del film de marras, algo bastante habitual en estos tiempos, por eso me dije "Seguramente me gustará". Y así ha sido, no me ha gustado, me ha encantado.
Obviamente la mejor baza de "Monstruoso" son sus secuencias de destrucción o de suspense (las del túnel del metro mismo). En concreto, aquellas en las que la criatura hace acto de presencia, creando el caos y la histeria colectiva, son ACOJONANTES, de un realismo atroz que corta la respiración. Con "La guerra de los mundos" de Spielberg tuve escalofríos cuando aparece la primera nave alienígena... bien, en "Monstruoso" he sufrido esa misma sensación cada vez que el bicho salía rugiendo y arrasando. ¿Cómo coño lo han hecho para mostrar con esa credibilidad un Manhattan derruido?, tremendo.
Ya sé por qué la peli se lleva tantos palos por parte de la audiencia, porque no es un juego complaciente con ella. Como dijo un amigo mío: "Está contada a través de una cámara de vídeo, y es consecuente con eso". Es decir, traqueteos mil, imágenes confusas, y un monstruo que, hasta los últimos 5 minutos, se ve y no se ve. Así es como ha de ser, así es como es. Aplaudo la osadía de los realizadores. A pesar de todo, aunque lo hubiesen hecho al gusto del poco respetable público, este también hubiese tenido quejas. Puto cinismo postmoderno.
Me parece brillante la idea de hacer una peli de monstruos gigantes machacando urbes de modo realista y creíble (el diseño de la criatura es acojonante. No creo que cante su condición de CGI más de lo normal que hoy día canta cualquier cosa orgánica diseñada con un ordenador), y me parece brillante la idea de narrarlo a través de una video-cámara, desde el punto de vista de las víctimas. Ah!, y también está genial eso de que los parásitos que acompañan al monstruo den tanto la murga.
Ya sé cual es el próximo dvd que me pienso comprar.

domingo, 10 de febrero de 2008

GEORGE THOROGOOD: MALO HASTA EL HUESO

La primera vez que tuve conciencia de su existencia fue a los 5 minutos, o menos, de arrancar el "Christine" de John Carpenter. Pocos años después, volví a encontrarme con el durante la proyección de "Terminator 2". No hablo de una persona... hablo de una canción, aunque detrás de cada canción hay siempre, como mínimo, una persona. Concretamente me estoy refiriendo a "Bad to the bone", el tema más famoso de George Thorogood y su banda The Destroyers. Puede que de entrada no sepas de cual hablo, pero con tan solo escuchar el primer acorde, seguro que la reconoces, ya que además de las pelis citadas, aparece en otras tantas y fue un bombazo en su época, en especial en USA y en especial gracias a la constante emisión que de ella hacían en la irritante MTV.
Me encantaba semejante muestra de blues-rock tan macarra y pegadizo, con esos guitarreos abrasadores y esa voz cazallosa que canturreaba aquello de "Malo hasta el hueso", pero nunca me planteé pararme en serio a buscar.

Es probable que fuese toqueteando cd´s en la famosa y ya desaparecida "Virgin Megastore" de la Ciudad Condal cuando me paré en la G (gracias a los créditos finales de los films citados conocía el nombre del responsable) y observé detenidamente. Lo que entonces más me llamó la atención era que la portada del lp "Haircut" la firmaba Peter Bagge, un dibujante por el que siento bastante simpatía, y cuyo estilo considero revolucionario. Tal asociación no podía ser mala. Luego me enteré de que el responsable de colorear la ilustración (que no Bagge) no quiso firmarla por vergüenza, y es que por lo visto Thorogood no cae demasiado bien, sobre todo al sector más conservador del blues dada su afición a mezclarlo con guitarreo de lo más chulesco olvidando, o no, las raíces del "género" para adornarlas con un espectáculo pirotécnico más propio de bandas jevillarras o moteros de escaparate que lo aleja de élites varias y lo aproxima al “populacho”. Sin ir más lejos, el caballero tiene el honor de ser crudamente parodiado en "Ghost World", cuando hace acto de presencia una banda cutre-macarra de blues garrulo ("Blueshammer") cortesía de su realizador, Terry Zwigoff, uno de esos ultra-conservadores de los que hablaba, y prototipo del enemigo jurado de Thorogood y los suyos.
Finalmente, y después de un tiempo dudando, adquirí un cd doble con lo mejor del músico. Obviamente la genial "Bad to the bone" era uno de los títulos disponibles, así como una generosa ralea de partituras igual de cañeras, dinámicas, agresivas y rockanroleras que, aún ahora, escucho de vez en cuando.
Me gusta George Thorogood. No niego que durante un tiempo casi lo escondía, creía sinceramente que se trataba de una banda AOR de esas que suenan edulcoradas y artificiosas. Pero es que la música de Jorge y los destructores puede sonar a todo, menos a edulcorada y artificiosa. Adoro sus excesos guitarreros, esos solos eternos que no acaban nunca, y me encanta que Thorogood sea tan super-yankee, un ex-jugador de beisbol que colecciona guitarras, fuma puros y, como dijo en una ocasión en la biblia del rock auténtico (o de eso se jactan en "Ruta 66"), prefiere versionear sus temas favoritos que escribir material original. El tipo es honesto.

sábado, 9 de febrero de 2008

¿MUY OCHENTERO?

El día que me propuse poner en marcha este blog, me impuse como norma evitar hablar a fondo de todo aquel producto de consumo (y entretenimiento) que me pareciera una basura. ¿Por qué?, pues porque en internet ya hay suficiente mal rollo, crítica mal intencionada y, digámoslo claramente, envidia rabiosa como para que ahora venga yo y siga alimentando todos esos sentimientos tan negativos. Sin embargo, hay veces en las que el palo que uno recibe es tan intenso que no puede evitar esputar un poco. Permítanme que lo haga, aunque sea únicamente para abrazar otro tema que nos viene de refilón.
El atesorador de cine terrorífico, pero sobre todo, el aficionado a la serie B y Z, es alguien hecho de una pasta especial. Hay que tener unas tragaderas de órdago, y un estómago a prueba de bombas. Y no lo digo porque si, llevo lustros en esto de la caza de cine chungo. De los inolvidables paseos por la ciudad en busca de video-clubs, he pasado a los video-cajeros e internet. Los tiempos cambian, las técnicas de búsqueda pueden carecer de encanto, ¿para qué negarlo?, pero la costumbre no se pierde y el fin es el mismo: Mantener en positivo una fe que ya querrían muchos católicos a la hora de alquilar "cosas raras" sin saber con que cojones te vas a encontrar cuando llegues a casa. Y a pesar de las miles y millones de basuras que me he zampado, aún hoy me ofendo y me cabreo cuando malgasto 90 minutos de mi tiempo en algo que me desagrada (pero volveré a hacerlo, pueden apostar por ello).
Mi último disgusto se titula "Hellbreeder", una auténtica basura horrible sin nombre ni vergüenza sobre la que no profundizaré más de lo que acabo de hacer. Sin embargo, sí comentaré cómo en la cubierta del dvd en cuestión, se garantizaba que el producto contenido era un film "al estilo del terror de los 80". A ver, que uno no es tonto, la veteranía es un grado y sé que nunca debo creerme nada (empezando por la carátula), pero no niego que tal afirmación llamó mi atención, "¿Será verdad?" me dije, consciente de que los 80 vuelven a estar de moda, específicamente cuando hablamos de cine de género (el otro, el serio, se apoya en los 70, y los auteurs, aunque se rían de Hollywood, cometen el mismo "error" que un crítico sesudo puede achacarle a las producciones de consumo rápido. Vale, el terror moderno aún a estas alturas sigue copiando de Romero, Carpenter, Argento o Craven... pero es que los auteurs hacen tres cuartos de lo mismo con Dreyer, Bresson, Godard o Renoir... así que no me vengan con monsergas).
Obviamente, y previsible como suena, "Hellbreeder" no tiene nada de ochentera. Tampoco lo tuvo el remake de "Terror en Amityville" cuando un conocido así me lo garantizó por sms el día del estreno (¿un remake ochentero de una peli setentera?). "Alta Tensión", y la versión de "Las colinas tienen ojos" según Aja, los "Hostel", "La tierra de los muertos vivientes", "Transformers", el regreso de "John McClane", el de "Rocky Balboa" y, sobre todo, "John Rambo" se mueven en la supuesta tendencia estética y narrativa que imperaba en los 70 y, sobre todo, los 80. Pero una cosa es que se inspiren en esas décadas con resultados agradables, teniendo en cuenta como está el panorama (es decir, en el país de los tuertos...), y la otra es que lo logren y, sobre todo, lo igualen. Mola decir "es muy ochentera" a pesar de que el término está ya sobre explotado y cualquier cosa que no sea demasiado "de los 90 o el 2000 y pico" es tildada de ello, pero que nadie se lleve a engaño, los 80 fueron los 80, y punto. No volverán, no son, ni serán.
Los que vivimos ese cine en directo, acudiendo a las salas para ver "Rambo" (es decir, "Acorralado, 2ª parte"), "Desaparecido en combate 1, 2 y 3", "Exterminador 1 y 2", "El guerrero americano", las desventuras de Charles Bronson en las oficinas de la "Cannon", las producciones sobre el breakdance, las comedias adolescentes ("Los Rompecocos" misma) y sobre todo toooodos los títulos de terror y aledaños producido en ese momento (que son muchísimos, los conocéis de sobras y no los voy a citar), sabemos que, por mucho que intenten recrear aquello, NO lo están consiguiendo. Somos privilegiados, como lo fueron los que vieron los grandes títulos de los 70 en salas, y así podríamos seguir hacia atrás, 60, 50.....
Afrontémoslo, la gracia del cine ochentero es que se hizo en los 80, y allí pertenece, la sociedad no es la misma, la mentalidad es distinta, y el modo en que aquello se creó y afectó a nuestras mentes pertenece a un tiempo específico. Al supuesto cine ochentero actual se atribuyen muchas cualidades estético-narrativas que en realidad no pertenecen al original de la época. Vamos, que hemos perdido el norte... aunque si la gente vive más feliz respaldada en una mentira, ¿para que voy a ser yo el que los despierte?.
Por cierto, me encanta el "Casino Royale" con Daniel Craig... probablemente porque es un Bond muy del siglo XXI.

jueves, 7 de febrero de 2008

¡CORTEN!

La pasada noche me propuse hacer algo diferente, ver una película distinta de lo habitual y de tirón extraño, cosa que a inicios de los 90 era lo normal en mi dieta cinéfaga. Hablo de "Tales from the gimli hospital", del reputado autor arty Guy Maddin. Si la elegí fue porque, de toda su filmografía, esa era la que más parecía acercarse a mis intereses. Sin embargo, después de 40 minutos y de entrada cierta simpatía por su aspecto más inquietante (y amateur), tuve que quitarla porque no podía con ella. Igual que le dije a un amigo, ya no tengo el coño para esa clase de cine... me he estandarizado del todo, ¡y me alegro!. El caso es que, decepcionado, busqué entre mis dvd´s un sustituto, y me encontré de bruces con "¡Corten! ("Hack!" en v.o.), film del que únicamente conocía su pertenencia a mi género favorito. Me puse a verla, no sin cierta pereza, y cual fue mi sorpresa al descubrir que me encontraba ante a un jodido slasher. El subidón de adrenalina y la sensación de alegría confirmaron que mi predisposición por esta clase de productos de puro entretenimiento no es forzada, es ASÍ, es natural, es genuina y... es cojonuda.
A ver, que la peli es una mierdecilla, rutina pura, relativo aburrimiento (eso si, menos que la del Sr.Maddin)... pero si he decidido hablar de ella es porque, aparte del buen rollito, estamos ante la que es, seguramente, la peli de terror más auto referencial de cuantas se han hecho, aspecto este muy explotado en los 90 (¡hola "Scream"!) y que parecía ya enterrado. Pues no.
Un grupo de estudiantes universitarios súper-estereotipados (aunque esto, al final, cobra cierto sentido) pasan el finde en una isla, en compañía de una pareja de bohemios, con el fin de hacer prácticas de biología. Obviamente, las cosas se tuercen cuando un psycho-killer aparece para cepillárselos a todos. Hasta aquí, nada especial, lo divertido del caso es que la panda de cretinos protas se pasa media peli hablando de cine (sobre todo de terror, y no se salva nadie, desde "Psicosis" a Rob Zombie), hay personajes que responden a nombres como Argento, King o, directamente, Mary Shelley y al criminal loco le mola recrear material de films clásicos (atención: se disfraza de Leatherface, de payaso, de la niña de "The Ring", imita una secuencia de "El Resplandor", usa pirañas para deshacerse de los cadáveres, y al final, en el inevitable reguero de víctimas colocadas en riguroso orden, gusta de copiar momentos extraídos de "Hellraiser", "13 Fantasmas", "Los Pájaros" o "Saw"). Incluso el director (Matt Flynn) pierde los papeles y convierte esto del rollo referencial en parte de su propia agenda, recreando planos de películas como "Atracción Fatal" o derivados.
A lo largo de la proyección, nos cruzaremos con algunos rostros semi-populares de la gran pantalla, tales como Kane Hodder (en un significativo cameo), Burt Young (el Poly de la saga "Rocky" y al que hemos podido ver en otros films de horror como "Amityville 2" o "Playa Sangrienta"), los ojos saltones de Juliet Landau y los piños separados de William Forshyte.
Total, que la cosa dentro de lo que cabe se aguanta bien, tiene sus dosis de gore (¡sierra mecánica y todo!) y un humor bastante patético, salvo cuando entra en el dichoso juego de las referencias. Para que os hagáis una idea, ahí va uno de los momentos que más me ha hecho reír: Entra en escena un personaje con buenas intenciones. La chica prisionera le pregunta: "¿Quién eres?". El tipo responde: "Soy Willie!" y la moza añade: "Libéranos, Willie". ¿Lo pillan?, pues eso.

domingo, 27 de enero de 2008

BOOGEYMAN 2

El reciente empacho de caspillas insoportables me había vuelto un poco receloso. Traduciendo, me daba miedo enfrentarme a "Boogeyman 2" después de tantas decepciones. Pero el vicio es el vicio, y uno puede mantenerse prudentemente alejado de el, aunque a la larga sabe que volverá a caer (y más si se trata de uno tan sano y divertido como este).
Vista ya, puedo decir que incluso me resultó entretenida... vamos, que no está tan mal como pensaba, aunque probablemente ello se deba a que en realidad estamos ante un slasher de la vieja escuela, y ya sabéis como me pierden a mi esta clase de películos.
"Boogeyman 1" tenía la gracia de estar producida por Sam Raimi. Era una peli extraña, que se desarrollaba casi íntegramente con un solo protagonista, metido en una casa abandonada en la que las paredes crujen demasiado. Lástima de un final tan predecible, tan mal facturado y de un monstruo realmente cutre (esos CGI mal entendidos!!). Pero por lo visto la peli funcionó a su manera, y sus responsables decidieron llevar a la práctica esa costumbre tan golosa de currarse una secuela only para el mercado del dvd, incrementando los -pocos- elementos que funcionaron en la original y reduciendo presupuesto. Del clan Raimi solo dan la cara Robert Tapert en la producción ejecutiva y Joseph LoDuca en la banda sonora.
La acción de "Boogeyman 2" se sitúa en un sanatorio mental en el que han ingresado un grupo de chavalines con fobias varias, incluida la prota, eterna niña mona que de cría vio al supuesto Boogeyman cepillarse a sus padres (acompañada de su brother, ya curado del tema) y desde entonces arrastra el trauma de turno. Cómo no, poco a poco los pacientes comienzan a perecer en cruentas muertes que activan sus peores temores. Hummm, vamos a ver, ¿no os recuerda todo esto a "Pesadilla en Elm Street 3"?, ¡por supuesto!, de hecho, incluso hay una secuencia directamente fotocopiada de "Session 9" (la del chaval que corre por un pasillo al que, lentamente y en riguroso orden, se le van apagando las bombillas del techo. El tipo grita como un poseso, y se aferra a un leve resquicio de luz que entra por una rendija). Sin embargo, y ahí quería yo llegar, la amenaza de Boogeyman poco o nada tiene de sobrenatural, y poco o nada tiene que ver con el origen del monster de la primera parte, aquí solo hay un tipo con careta que va masacrando a la peña (encima, es de lo más fácil deducir de quién se trata), estamos pues ante un genuino slasher (y serio, ¡ya era hora!) y una genuina tomadura de pelo para aquellos que esperan una verdadera secuela... suerte que a mi la primera ni fu, ni fa.
A todo este cocktail añádanle la presencia de Tobin Bell, alias "Puzzle" en la infinita saga "Saw", una buena ración de gore (hay algún que otro crimen francamente bruto) y un poco de sexo y tetillas, para tener a todos contentos (¡ah!, y una duración no precisamente extensa, gracias a dios!!!).
El caso es que, como decía, "Boogeyman 2" a mi me resultó un film soportable, ameno dentro de su rutina. No me pregunten por qué, pero así fue. Quien quiera probarlo, que no se corte.

viernes, 11 de enero de 2008

PASEN Y VEAN...

Siempre he sentido una incurable simpatía hacia Javier Gurruchaga. ¿Debo pedir perdón por ello?. Y no se trata de algo reciente, la cosa viene de cuando salía de la infancia para entrar en la adolescencia. Justo en ese punto descubrí a la "Orquesta Mondragón", que no tardó mucho en pasar a formar parte de mi nómina de grupos favoritos. Definidas ya del todo mis preferencias musicales, la "Mondragón" bajó muchos puestos, pero mi simpatía por su carismático frontman no se disolvió.
Hace poco, y empujado por una cada vez más preocupantemente habitual ataque de nostalgia, tuve oportunidad de repasar la discografía entera de la banda, y cual fue mi sorpresa al descubrir que su primer LP "Muñeca Hinchable" seguía siendo tan bueno y disfrutable como me lo parecía ya en mis años mozos. "Muñeca Hinchable" (magnífico título), editado en 1979, es un gran disco, y lo digo sin sarcasmo posmoderno que valga. Desde que lo he redescubierto, lo he escuchado ya innumerables veces (hasta más de una por día). Lo que sorprende de el es su festivo tono entre la pachanga incendiaria y el puro espectáculo de cabaret, o incluso circense, tan bien explotado por Gurruchaga y los suyos. Las canciones, de partitura burlesca, hacen gala de unas letras surrealistas, provocadoras (muchos tacos y referencias sexuales y escatológicas, algunas de orden muy muy políticamente incorrecto, rozando "la legalidad") y tremendamente inventivas que Don Javier, el vocalista ideal para semejante material, canta con lascivia y sutil mala uva. El tipo está en más que mejor forma, y suelta algunos chascarrillos que son, literalmente, de antología. Todo el puto disco es cojonudo, ni sobra ni falta, y no solo las canciones, también se llevan la palma ciertos interludios humorísticos. Escuchándolo, no me extraña que en aquellos tiempos, y gracias también al look que lucía el cantante en los escenarios, se asociara la "Orquesta Mondragón" al punk, ¡es que no era para menos!.
Todas estas virtudes se perciben todavía más cuando escuchas los siguientes vinilos. "Bon Voyage" mantiene aún vigente la magia presente en el disco de debut, aunque no en tan perfecto grado. Sin embargo, a partir del siguiente la cosa empieza a perder gasolina, pero de modo alarmante. Gurruchaga intenta actuar como un cantante normal, se desvanece el tono burlón y cabaretero, las letras son cada vez más tópicas (en los últimos discos se abusa de la temática romántica), se pone punto y final al elemento trasgresor y el sonido adquiere un escalofriante rollo AOR que, sinceramente, da verdadera grima. A veces aciertan intentando recuperar el fiesteo original, como en "Ellos las prefieren gordas", e incluso puntualmente con cosas más estandard como "I wanna dance", pero en general el aire almidonado se impone y acaba por aburrir de modo irreversible.
A la "Mondragón" la devoró el deseo de ser respetados y tomados en serio, dejaron de ser algo único y original y mutaron en más de lo mismo. Pero mientras podamos gozar de esa "Muñeca Hinchable", la mera existencia de la banda habrá merecido la pena más que mucho. Pasen y vean...

¿MÁS MIEDO QUE EL EXORCISTA?

Sin un poco de lectura, mi aburrido ya ex-trabajo, hubiese sido mucho más insoportable de lo que era, y dado que el "Imágenes" y el "Fotogramas" juntos no llenan tantas horas, me hice socio de una biblioteca con el fin de poder leer libros sin pagar. La temática de los mismos, a poder ser, debía versar en todo aquello que me interesa, pero en especial cine, y muy concretamente el de género terrorífico. Hace unos días fui con la esperanza de encontrar algo de mi agrado, y entre aburridos repasos a personajillos petulantes de la cinematografía mundial o absurda teoría práctica, localicé exactamente el tipo de lectura amena, divertida e intranscendente que deseaba, "¡Malditas Películas!" de Miguel Ángel Prieto, dedicado a indagar en aquellos films a los que, se supone, acompaña alguna clase de maldición que ocasiona toda suerte de desgracias a sus responsables. Entre los varios títulos tratados, destaca uno por méritos propios, "El Exorcista" de William Friedkin, algo así como la madre de las pelis malditas. El caso es que dejándome sorprender por el increíble fenómeno social que supuso, recordé que recientemente un amigo me dejó una de las pocas producciones modernas de terror que todavía no había pasado por mi reproductor de dvd, "El exorcismo de Emily Rose", asegurándome que "Da más miedo que El Exorcista". Por ello, y por su propia condición, me puse a verla con toda la curiosidad del mundo.
"El exorcismo de Emily Rose" es una peli correcta, se deja ver, tiene sus escenas escalofriantes, algún logrado susto... pero ni por asomo supera al clásico con Linda Blair en miedo, y mucho menos como película. "El Exorcista" no da miedo solo por las increíbles secuencias de posesión diabólica. Lo que tiene esta peli que la ha hecho inmortal es que es inquietante desde el primer al último minuto, incluso en los momentos en los que, literalmente, no ocurre nada. De hecho, si me apuras, las escenas de mayor pavor son cuando a la Blair le hacen toda suerte de traumáticas pruebas en el hospital o la tremenda pesadilla de Jason Miller, donde con apenas nada, te eriza hasta el más insignificante vello del cuerpo.
La epopeya de Emily Rose hace gala de todos los defectos habituales del horror moderno, su look casi telefílmico, su incapacidad de crear atmósfera, el exceso pirotécnico de las secuencias más aterradoras y, como no, un abuso de efectos digitales. Que si, que la secuencia de los rostros siniestros tiene su qué, pero al mismo tiempo que me daba sustos me sentía muy decepcionado. Asustar es relativamente fácil, crear sensación de miedo no. "El Exorcista" posee entre sus miles de aciertos una fotografía tétrica y realista, una banda sonora imponente, interpretaciones más que convincentes (en realidad nada como un buen actor para causar escalofríos) y, resumiendo, maravillosos efectos especiales. Dice Friedkin que desde el principio tuvo muy claro que quería crearlos en directo durante el rodaje, no en post-producción, pues creía que así el verismo del film ganaría muchos puntos. Cuanta razón tenía, los artífices de "El exorcismo de Emily Rose" tendrían que haber tomado buena nota de ello.

martes, 25 de diciembre de 2007

LA GUERRA DE LOS MUNDOS (2005)

A inicios de los 90, Steven Spielberg estaba en mi lista de los cineastas más odiados. Cierto que el director de cosas como "Hook", "La terminal" o que nos castigó los sentidos con la hiperagobiante promoción de "Parque Jurásico" bien merecería un cachete. Pero seamos sinceros, aquella actitud no era más que esnobismo por mi parte. ¿Qué sentido tenía detestar al cineasta que había dirigido o producido la mayoría de películas que habían dado color a los años más mozos de mi vida y que me llenaría el cerebro de imágenes y emociones imborrables?, hagamos un leve repaso, estas son las que pagué por ver en salas: "En busca del arca perdida", "Indiana Jones y el templo maldito", "E.T. El extraterrestre", la magnífica trilogía de "Regreso al futuro", "Gremlins", "Esta casa es una ruina", etc, etc... y unos pocos años después: "Parque Jurásico 2", "Buscando al soldado Ryan", entre otras.
No reconocería tal esnobismo hasta que, empujado por mi devoción hacia el cine catastrofista, fui a ver "La guerra de los mundos" y quedé anonadado, de hecho, hoy día considero esta película una de mis diez favoritas. ¿Y por qué?, sencillamente porque logró darme miedo, en una época en la que raramente el cine de ficción lo consigue... de hecho, hasta tuve un par de pesadillas relacionadas muy directamente con esta adaptación del clásico de H.G.Wells. Lo juro.
"La guerra de los mundos" fue todo un éxito de taquilla, y hay quien ve en ella los mismos valores que yo. Sin embargo, también me he encontrado con mucha gente que la desprecia. Pues os diré algo, no me sorprende.
La gente tiende a quejarse cuando una película recurre a sobados clichés, sin embargo, en cuanto alguien osa saltárselos, es insultado desmedidamente por una audiencia que, inconscientemente, echa en falta todos aquellos elementos tan familiares que, aunque los critica, en esencia le son del todo necesarios. De una superproducción sobre una invasión extraterrestre con los nombres de Spielberg y Tom Cruise en cabeza, ¿qué es lo que puedes esperar?, pues más de lo mismo, pero con múltiples lujos. Es decir, "Independence Day" pero en buena. Solo que Spielberg es mucho Spielberg, y como confesaba el guionista del film en los comentarios del dvd, lo primero que se hizo fue una lista con todos aquellos elementos habituales en esta clase de pelis con la intención de evitarlos a toda costa. Eso es: monumentos famosos destruidos, el ejército de frente luchando heroicamente contra los enemigos, los discursos patrioteros, científicos que descubren el modo de derrotar al invasor y de cómo su hija se enamora del protagonista... nada de todo eso está en esta "Guerra de los mundos". Es más, solo hay dos secuencias en las que el ejército hace acto de presencia, y es en una de ellas, la más espectacular por su pirotecnia, donde vemos los tanques disparar, los aviones dirigirse raudos hacia el enemigo... pero, y ahí está la sorpresa, nunca divisamos a este recibiendo los impactos, ni devolviéndolos. La única secuencia clásica es al final, con los soldados disparando un cohete a una de las naves enemigas, momento este obligado narrativamente, pero que también agradecemos puesto que es un placer para los sentidos ver un momento tan icónico de la ci-fi de los 50 recreado con la tecnología moderna.
Y es que "La guerra de los mundos" habla de una invasión marciana desde el punto de vista de un individuo, centrándose en sus calamidades. El cineasta arriesga, de eso no hay duda, y más si tenemos en cuenta el peso de su nombre entre las plateas. Secuencias enteras son narradas mediante luces y sonidos, otras, que en una peli al uso hubiesen sido álgidas, las vemos a través de un televisor (cuando descubren que no es sólo una nave, sino un ejército de ellas), ¿y que me decís de la larga escena con Tim Robbins, totalmente huérfana de espectáculo y considerablemente extensa?, situada en medio de la trama y en general rechazada por el público, siempre tan impaciente. A pesar de todo eso, una opereta de ciencia ficción (y terror, como bien aclara el mismo director) de Spielberg sin momentos grandilocuentes, sería como una Fanta sin gas. Momentos de esa clase hay, y no pocos, pero permitidme que destaque la aparición de la primera nave invasora. Una obra maestra en si misma, cargada de suspense y terror que, a mi, me aceleró el corazón a mil. Increíble pericia aquí la del cineasta, logrando tantas emociones de intranquilidad partiendo de una base tan fantástica -de fantasía (incluido el aspecto del artefacto)-, en parte gracias a una fotografía que, ante todo, busca el absoluto realismo. Y es que cuando la fantasía se ilustra mediante una pátina de verismo bien entendida, los resultados siempre son sabrosos, y ahí tenemos otras joyas del calibre de "El Exorcista" o el "Superman" de Donner que lo demuestran con creces.
Naturalmente no todo es oro en "La guerra de los mundos", la inevitable escena de lucimiento para el protagonista, cuando es capturado por los marcianos, y logra destruir su nave con la ayuda de unas oportunas granadas, chirría que da gusto. Es facilona y cutre, aunque, obviamente, era algo que probablemente iba estipulado en el contrato de Tom Cruise. Resulta curioso, y preocupante, que a las nuevas generaciones fuese ese el único momento que les gustó de lo que consideran una película aburrida (o directamente, una mierda). Así vamos.

NEOREALISMO ARÁCNIDO

Por avatares del destino que no vienen a cuento, estos últimos días me he estado tragando algunos de los telefilms que, en los 70, se encargaron de llevar personajes Marvel a la pantalla... aunque fuese la pequeña. No voy a ser como esos esnobs idiotas que, ante las nuevas producciones inspiradas en el universo creado por Stan Lee y sus negreros, vaya a anteponer aquellas como "las mejores". Para nada, todos sabemos que incluso la versión de "El Capitán América" de Albert Pyun es mucho mejor que la serie en la que Reb Brown interpretaba al del escudo, y todos somos conscientes de que, aunque el "Hulk" con Lou Ferrigno era bien majo (el telefilm estrenado en Europa tiene su qué, en parte gracias a que su escasez de medios obligó a sus responsables a no perder mucho los papeles, de ahí que el producto sea agradecidamente sobrio), no le llega a la suela de los zapatos a la que firmó Ang Lee. Y aunque "Ghost Rider" sea una basurilla simpática, probablemente, de existir un precedente, sería peor. Como digo, el esnobismo es patético, pero si encima viene rodeado de nostalgia, es más chungo.
Sin embargo, repasando los dos primeros largos sobre "Spiderman" con el bueno de Nicholas Hammond y sus horribles pelos setenteros, caí en la cuenta de un curioso detalle: su realismo. Es cierto que en las películas de Sam Raimi se presta más atención al lado humano de los personajes, pero este queda lastrado por una fantasía de altos vuelos. En los telefilms, mientras Peter Parker y los suyos parecían muñequitos de un recortable, era en cuestiones estéticas donde ganaba puntos (en cuanto a su verismo, repito). En el momento en que un tipo decide ser un superhéroe y se confecciona él mismo su disfraz teniendo en cuenta que no es modisto, está claro que lo mejor que le podría salir es algo con sus arrugas e imperfecciones, donde canten las costuras y los pliegues. En el "Spider-man" de Tobey McGuire, este sencillamente aparece de la nada con su super-traje aerodinámico, sin que nos expliquen cómo cojones lo ha fabricado. En el televisivo el tema se aborda con gracia y salero (y es más creíble), la idea de confeccionarse un disfraz la tiene Parker mientras intenta venderle la moto a su jefe, el Sr.Jameson, y en más de una ocasión se hace burla de sus mallas. ¿Y que me decís de los lanza-redes?, muchos criticaron en su momento que el hombre araña de la caja tonta llevara esas muñequeras y esos cinturones tan feos, pero... ¿dónde si no guardaría "la munición" teniendo en cuenta que, a diferencia de las versiones actuales, y más acorde al comic original, lo de las telarañas es un mero gadget?.
Todo ello va totalmente acorde al tono general del producto, ya que en todas las pelis el superhéroe arácnido se limita a pelearse con otros seres humanos, nada de monstruos ni criaturas mutantes. Incluso a pesar de disponer de super-poderes, recibe más de un piño del que se queja. Lo sé, es una gilipollez, pero resulta muy curioso, y más teniendo en cuenta el marco setentero en el que se desarrolla la acción, tan urbano y sucio, muy de moda en esa época gracias a que al cine de Hollywood le dio por retratar el lado poco glamouroso de las cosas.
Supongo que ambas versiones se complementarían perfectamente... igual que ocurría con el "Punisher" de Lundrgen y el de Tom Jane (sobre todo en cuestiones de violencia), pero ese es un juego de los errores al que ya jugaremos más adelante.

miércoles, 12 de diciembre de 2007

EVIL DEAD: UNA VERDAD INCÓMODA

Recientemente me enteré de que el mediocrísimo cineasta (o, mejor, videoasta) Doug Sakmann había puesto en marcha una versión porno del flamante y maravilloso clásico del horror moderno "Evil Dead", titulado acertadamente "Evil Head". El caso es que en su teaser podemos ver imágenes que recrean situaciones de la primera película de Sam Raimi, pero cuyo tono está más próximo a su famosa segunda parte, "Evil Dead 2: Dead by dawn". Semejante tontería me ha dado en que pensar.
Es casi una obligación para cada cineasta que debuta en el género terrorífico hacerle un homenaje a "Evil Dead". Valgan títulos al azar como "El libro del mal", “Demon Wind” o "Frostbiter: Wrath of the Wendigo". Sin embargo, esos guiños están versados muy claramente en la comedia porque se tiende a pensar, y a un nivel preocupantemente amplio, que "Evil Dead" es una película voluntariamente humorística (aunque sutilmente), lo que para mi es una idea muy equivocada. Me explico.
El que la saga en cuestión se asocie hasta cierto punto al cachondeo, se lo debemos esencialmente a la segunda entrega (y no digamos la tercera!!). Muchos de los atributos asociados a las correrías de Ash/Bruce Campbell, tales como el tono de dibujo animado, las muecas del protagonista, el desfase visual, el ritmo acelerado, los monstruos de tebeo, etc, etc, pertenecen, sin ninguna serie de dudas, a "Evil Dead 2". Siempre he defendido que la primera parte, y así lo sigo creyendo, es una película de genuino miedo (mientras que la segunda es de sustos, y aunque parezca una tontería, para mi ese es un detalle de peso), el humor es totalmente involuntario, y único fruto del exceso sanguinolento. Nos reímos porque nuestros ojos no pueden creer la sarta de barbaridades a las que Raimi y los suyos nos exponen, pero en ningún momento a causa de un efecto cómico buscado por los mismos. Es más, nos reímos incluso, y con mucho cariño, de su maravilloso cutrismo amateur, resultado de la -entonces- limitada capacidad del equipo técnico... equipo este que se tomó muy en serio su trabajo.
A libros como "The Evil Dead Companion" me remito. En ellos se explica claramente que Raimi y su gente, en su santa ingenuidad (eran jóvenes y en sus verdes carreras aún no había sitio para desarrollar un estilo o tendencia claros), venían de hacer cortos cómicos en Super 8, jamás asociados al horror, y cuando decidieron debutar en el largo, con una del género que más nos gusta (y la decisión fue tomada por cuestiones mercantiles, nada de afición), se pusieron a ello con el único fin de dar al público cuanto más, mejor, tomándose muy a pecho su labor, pues el fin de la misma era hacer un producto perfectamente vendible en el mercado standard. No había lugar para el sarcasmo, o el cinismo, y así lo entendí yo de crío cuando la vi como "Posesión Infernal" y pasé un acojone tremendo. Os juro que no me reí. Y desde entonces, vivo un apasionado romance con ella.
"Evil Dead 1" es feísta, cruda, oscura, de ritmo mas bien pausado, habla del eterno sufrimiento de unas personas en una noche tormentosa, y el imberbe Campbell aún no había desarrollado su famoso catálogo de muecas, es más, en la peli está deliciosamente soso. Entonces, ¿a santo de qué se le suele asociar tanto la comedia al debut de Raimi?. Supongo que es más fácil volcarse al carnaval de "Evil Dead 2", que es una peli que me encanta, pero no le llega a la altura del betún a su predecesora.
Así pues, a ver cuando alguien se aclara y si afirma hacer un homenaje a "Evil Dead", que no recurra a cosas como la sierra mecánica (que en la peli madre prácticamente ni la usan) en el muñón de Campbell, su histrionismo o el abuso de steadycam, que, como decía, son aspectos clave en la secuela (más ejemplos: el tono guasón de “Evil Dead, the musical” o los videojuegos basados en la franquicia). En "Evil Dead" Ash no era ningún héroe, solo una víctima más (y al final moría, no lo olvidemos... o esa es la impresión que nos quedó a los que la vimos en la época, dejándonos una sensación amarga que le iba ni que pintado al tono general del film).
Está claro que los hay que entienden la jugada. El mismo Peter Jackson siempre ha citado a "Evil Dead 2" como referente, y de ahí su predisposición a la comedia en obras tan visualmente deudoras del Raimi de la buena época como "Bad Taste" o "Braindead", pero no se trata de un caso generalizado. Es más fácil y cómodo equivocarse.

NOSTALGIA RETRÓGRADA

"No pasa de ser una mediocridad muy al tono de nuestros tiempos (...) Demostración de la pobreza de argumentos que sufre Hollywood". ¿A qué película se referirán estas lapidarias frases?, ¿a la última epopeya de Michael Bay, quizás el nuevo vehículo de Will Smith o puede que a la nueva comedia gamberra llegada de la meca del cine?. En realidad no importa, al fin y al cabo estamos ya acostumbrados a leer esa clase de sentencias en la prensa cuando se habla del detestado -en términos generales- cine moderno. ¿Y quién te dice a ti que estamos hablando no ya de cine moderno, si no de tiempos modernos?. En realidad tan abrumadoras palabras fueron publicadas en la revista "Fotogramas" el año 1948, en relación a un film de la época, en concreto "Mi hijo Edward". ¿Qué significa ello?, pues que aguafiestas y nostálgicos retrógrados ha habido a lo largo de toda la historia (del cine, en este caso). Parece como que esa clase de anti-atributos, y sobre todo las referencias a la falta de ideas de Hollywood, así como la "mediocridad muy al tono de nuestros tiempos", son más típicos del siglo XXI (con mención especial a los 20 últimos años del anterior) que de una supuesta época tan dorada, intocable, repleta de clásicos maravillosos e inmortales como 1948. Ahora aquello de "Ya no se hace cine como el de antes" quizás no tenga tanto sentido, ¿verdad?.
Lo que vengo a decir es que pelis buenas y malas han habido siempre, lo que ocurre es que como más años acumulamos, más nos quemamos, y más echamos de menos el pasado. No queremos entender que el cine que nosotros consideramos mejor, el de los 70 y 80 en mi caso, fue muy mal visto en su momento por los que, entonces, añoraban los 50 y 60. Y que los niños y jóvenes recordarán con nostalgia y cariño dentro de 30 años, el cine que hoy consumen y que, a mi, puede parecerme peor que el que yo tragaba con pasión a mis 18 tacos (estos mismos jóvenes y niños echarán pestes del cine producido en el 2030, añorando el actual, ¿hacemos apuestas?).
El mundo avanza, las cosas cambian, y hay que aceptarlo. La nostalgia está bien, pero sin que peque de retrógrada, porque ello anula el valor del tiempo actual que nos toca vivir –por cojones, si cabe-, y aunque pese, incluso este también tiene sus cosas buenas. Además, vivir anclados a una etapa de la historia que ni nos pertenece ni conocemos de primera mano, es muy triste, al menos eso creo yo.
Rechazar los adelantos tecnológicos y los avances es de tontos. Hay quien critica el cine digital (es decir, el vídeo), o las pelis de animación 3D, sin darse cuenta de que el cine y la animación que ellos defienden en contraposición, en su momento también representaron un adelanto (del mudo al sonoro, del blanco y negro al color, la creación de los 16mm como formato más asequible a todo aquel que quisiera hacer pelis sin demasiado dinero... aunque aún podemos ir más atrás... a cuando la fotografía parecía que iba a sustituir al lienzo... o cuando la imagen en movimiento tenía las de ganar sobre la fija. Etc, etc), adelantos estos que, en su época, fueron rechazados por el fósil de turno, personaje este que no es otra cosa que la versión añeja de lo que hoy son estos que rajan.
A mi me parece maravilloso que se haga cine con cámaras de vídeo de alta definición (o baja!), me parecen estupendos experimentos en la animación como el de "Beowulf", incluso los CGI, con lo feos que los considero, también me parece de puta madre que existan (de hecho, gracias a ellos el cine catastrofista mola mucho más)... pero también me encanta el celuloide imperfecto lleno de grano, las maquetas, el látex, los dibujos en 2D o plastilina, la diferencia es que sé y acepto el mundo en el que vivo. Los 70 y 80 siempre estarán ahí, para cuando quiera revivirlos a través del dvd (invento moderno gracias al cual se recupera mucho cine perdido u olvidado), pero nadie me obliga a "consumir" el séptimo arte de la nueva era, lo puedo evitar si tanto me molesta, o lo puedo disfrutar sin miedo a que "sustituya" aquellas formas de hacer cine "mas puras" que tanto amo, porque estas siempre tendrán su hueco en mi corazón.

domingo, 25 de noviembre de 2007

EL PROYECTO DE LA BRUJA DE REC

Hace unos pocos días que se estrenó "Rec", la nueva película de Jaume Balagueró y Paco Plaza, apadrinada, cómo no, por Filmax. Se trata de un falso documental rodado en vídeo en el que unos periodistas se internan en un edificio infestado de pseudo-zombies. Dicen que da mucho miedo. De hecho, en los medios no paran de alabar la supuesta genialidad de sus directores cuando cuentan que, con el fin de lograr una sensación de pavor realista, se pasaron el rodaje ocultándoles a los actores qué es lo que iba a ocurrir, montándoles un especie de “tour” durante el cual sólo había una constante: No parar de grabar.
Lo que joroba del asunto es que, como bien sabrán los mínimamente documentados, esa es exactamente la misma técnica de rodaje utilizada por Daniel Myrick y Eduardo Sánchez para "El proyecto de la bruja de Blair"... pero LA MISMA, dejar a los actores en medio del bosque de noche, con cuatro indicaciones y un par de cámaras que no debían estar apagadas nunca. Este film es todo un clásico moderno, le pese a quien le pese, revolucionó el modo de promocionar las películas (se descubrió el potencial de internet en ese campo) y ayudó a integrar el vídeo como formato de rodaje dentro de la industria (hoy día hasta George Lucas y Brian De Palma lo utilizan). La diferencia es que en ese caso, hablamos de un film prácticamente amateur, mientras que "Rec" cuenta con el respaldo del capo Julio Fernández.
Obviamente, mientras cualquier "falso documental de terror" que se produce actualmente es comparado con el trabajo de Sánchez y Myrick (incluso la última de George Romero), en el caso de "Rec" es lo opuesto, NADIE, y digo NADIE, se atreve a comentarlo en ningún medio, no sea que el peso de Filmax caiga sobre sus cabezas y en el próximo preestreno no hayan canapés. Aquí se habla maravillas del "revolucionario modo de rodaje", de la genialidad de sus autores (irónicamente, también dos, como en "El proyecto de...") y, seguramente, el que sean Españoles o, peor, Catalanes es el verdadero motivo de esta voluntaria ceguera.

miércoles, 14 de noviembre de 2007

FEAST

La existencia de "Feast" se la debemos a un concurso televisivo, "Project Greenlight", un especie de "Operación Triunfo" apadrinado por Matt Damon, Ben Affleck y Wes Craven (!) cuyo fin es la promoción de nuevos talentos para estas cosas del séptimo arte, y si hasta entonces sus preferencias apuntaban a un cine más "de autor", con "Feast" dieron un giro total decantándose por un producto puramente de género. Y ya puestos, procuraron que no fuese cualquier cosa.
Es posible que esta película recuerde a "Abierto hasta el amanecer", pero seguramente ello se deba a que el pestiño de Robert Rodriguez copia, o se inspira en, las mismas pelis que "Feast" toma como base. En esencia la idea es la de siempre, personajes variopintos encerrados en un espacio limitado, son asediados por un enemigo sobrenatural. ¡Joder!, si vas a mirar, las conexiones con "El caballero del diablo" son mucho más evidentes que las que pueda tener con la cosa esa apadrinada por Quentin Tarantino (pero es que Tarantonto es Tarantonto... todo el mundo le copia, y todo el mundo olvida a cuantos saquea él impunemente).
El toque de gracia reside en cómo los guionistas (un par de confesos fans del horror) resuelven la ecuación, añadiendo algunas gotas de originalidad (las "fichas" que nos presentan a los personajes y sus posibilidades de sobrevivir), recurriendo a la cada vez más habitual "rotura" de clichés (me tienta citarlas, pero si lo hiciera os jodería el pastel, así que me morderé la lengua, por rabia que me dé) y añadiendo una generosa, muuuy generosa, ración de líquido rojo, mutilaciones y momentos de contundente asquerosismo (esa cuenca repleta de gusanos, ¡agh!). Sorprenden mucho, por su osadía, las escenas en las que sexo y gore se unen en un feliz matrimonio, presentándonos folleteo entre criaturas, alusión directa, visual y bastante salvaje a sus mismos genitales (en el 90% del cine de bichejos asesinos, rara vez se tienen en cuenta esas "cosas") o (esta si que no puedo reprimírmela) de cómo el pequeño de ellos viola oralmente a una pava y esta escupe el resultado de la eyaculación (!!!). Muy jevi. Eso si, tal desfase es tratado con amplio sentido del humor, aunque sin caer en la chirigota tipo "Braindead".
Y ya que mencionamos a los monstruos, resaltar su más que logrado y espectacular diseño, reservado para el final como supuesta sorpresa (y digo supuesta porque en el cartel sale uno en primer plano), cuya agresividad casi demoníaca queda incrementada por un logrado efecto de montaje que acelera la imagen y le da una textura gracias a la cual no perdemos detalle alguno de la masacre.
En el reparto de "Feast" (por cierto, un título acertadísimo) destacan Henry Rollins, Jason Mewes (conocido como "Jay" en el universo de Kevin Smith, y que se interpreta a si mismo) y el veterano Clu ("El regreso de los muertos vivientes") Gulager, precisamente padre del prometedor director del festín, John Gulager.
Nunca podría hablar mal de "Feast", la primera vez que la vi flipé con ella, y aún hoy, dedicándole sendos visionados, puedo afirmar que se trata de un delirio divertidísimo, super-acelerado y, muy importante, generoso en sangre, carne y vómito (verde, para más señas).

lunes, 29 de octubre de 2007

CAMINO SANGRIENTO (WRONG TURN 2)

El arranque es muy prometedor. Una tipa de buen ver cae en las garras de un par de tipos deformes y, después de que el más joven de estos le arranque la lengua de cuajo, el otro la parte por la mitad, verticalmente, de un contundente y certero hachazo. Y todavía no han acabado de salir los créditos.
Estamos ante la tardía segunda parte de "Km 666" (estrambótico título español), película esta que se ha ido ganando mi cariño a base de visionados, puesto que la primera vez que la vi me pareció de lo más mediocre (tanto he cambiado de parecer que, actualmente, cuento en mi dvdteca con la edición especial y todo). Esta jugaba con ventaja respecto a su continuación. De entrada, fue uno de los primeros films modernos en recuperar y reivindicar la crudeza y fealdad del cine de horror de los 70 (luego llegarían Rob Zombie, "Alta Tensión", "Hostel"... incluso Tarantino) y, además, sus responsables (entre ellos el gran Stan Winston) supieron contar lo de siempre pero de un modo sutilmente distinto, o lo suficientemente bien resuelto como para evitar el aburrimiento (me viene a la cabeza el efectivo suspense de la secuencia en la que los protagonistas intentan escapar de la cabaña de los psicópatas mientras estos dormitan plácidamente). Desde entonces, y hasta "Wrong Turn 2", la fórmula ha sido requetexprimida y, a menos que adornes el resultado con mucho talento (cosa difícil si tenemos en cuenta que estas secuelas se suelen enfocar como productos menores y, por tanto, se los encargan a realizadores novatos o sin mucho que aportar) o, en su defecto, apuestes por toda suerte de excesos, siempre vistosos y resultones, únicamente obtendrás algo rancio, plano y más previsible de lo asumido.
No estamos ante un caso muy distinto al de "Las colinas tienen ojos" de Aja y su continuación "El retorno de los malditos", solo que esta segunda supo montárselo mejor, tomándose a cachondeo a si misma y dejando en la puerta cualquier atisbo de inteligencia (porque, sí, hay que saber valorarlas por lo que son y tomárselas con sentido del humor, a estas alturas pretender que cada nueva peli de terror que se estrene -y más siendo secuelas- sea una obra de arte es de tontos, ¡cojones!). A "Wrong Turn 2" no le ha salido tan bien la jugada, y salvo algunos momentos muy específicos (entre ellos, el mentado hachazo inicial) en general el resultado aburre bastante.
Tampoco es "nueva" la idea de situar la acción durante la grabación de un concurso televisivo de supervivencia, en el cual los participantes deberán pasar toda clase de pruebas en un bosque infestado de lugareños feos y cabreados. Todo ello bajo la supervisión de Henry Rollins en su mejor y más adecuado papel (últimamente el ex cantante de "Black Flag" se deja ver mucho en este tipo de cine, no olvidemos su intervención en la simpática "Feast"). De hecho, su conversión en un especie de "Rambo" improvisado está entre los aciertos de los que hablaba, a los que tenemos que añadir algunas muertes ocurrentes (el hacha clavada en la cabeza de una chica mientras huye y la cámara la sigue de frente, pegada a ella. O el brutal fenecimiento del viejo de la gasolinera, el único verdadero punto de conexión con "Wrong Turn 1"), el orden de las víctimas (no demasiado predecible) y el baño de sangre, en especial al final, cuando entra en escena una monstruosa trituradora de carne.
Sin embargo, y a pesar de lo comentado, la peli no engancha, le falta garra, le falta color (aunque no rojo!) y le falta asumir su condición de refrito/exploitation, cosa esta que, en contadas ocasiones, ayuda mucho.

martes, 16 de octubre de 2007

HATCHET

Como película de horror y "slasher" del nuevo siglo "Hatchet" funciona. Adam Green dirige su "carta de amor" al subgénero con brío, ritmo, sentido del humor, muy consciente de quién será su público potencial y, sí, gore, muchísimo gore de lo más bestia. El lugar donde se desarrolla la historia resulta ideal, un pantano, y el asesino también merece un aprobado considerable. Decía el Señor Director que últimamente los "slashers" se habían acomodado demasiado a la insulsa fórmula de dotar a sus killers de excesivo elemento "humano", es decir, todos son gente normal que, motivada por un trauma o intereses más básicos (herencias, dinero, venganzas), un día pierden los papeles y comienzan a dar cuchilladas. Pero, ¿dónde están los monstruos?, ¿dónde están esos tipos corpulentos, deformes, con fuerza sobrehumana, casi prehistóricos, imposibles de aniquilar y que llevan con orgullo su condición de máquinas de matar?, los mismos individuos que nos lo hicieron pasar teta en cualquiera de las secuelas de "Viernes 13" o en "Madman", "The Prey", "Hell Night", "Don´t go in the woods alone"... incluso si me apuran, "Pesadilla en Elm Street". Pues ahí radica el mayor acierto de esta película, su asesino tiene un nombre que suena bien (Victor Crowley), un origen de leyenda urbana, es deforme, enorme, con muchísima mala uva y ha nacido para aniquilar, sin más, porque si (es especialmente memorable la secuencia en la que Crowley se deja ver bien por primera vez, en ella Green no pierde el tiempo, se abre la puerta de la cabaña, aparece el monstruo gritando hacha en mano, y en menos de 1 minuto ya ha masacrado a un par de infelices). Si a esto le añadimos que es Kane "Jason Voorhees" Hodder el que le pone cuerpo (y rostro a su padre) y que por el relato pululan Robert Englund, Tony "Candyman" Todd y John Carl Buechler (director de la séptima "Viernes 13" y en "Hatchet" actor y técnico de maquillajes) entonces está claro que este film tiene todos los números para robarnos el corazón. 
Pero... ¡ah, ese pero!, Adam Green puede "engañar" a los espectadores más jóvenes incluyendo en el póster promocional de su peli un lapidario slogan, "Horror Americano de la vieja escuela". Sin embargo, los que vivimos ésa época dorada sabemos que estamos ante una gran falacia. Puede que para algunos el "Horror Americano de la vieja escuela" sea "Evil Dead 2" o las desventuras de Freddy Krueger, pero para mi, y muchos otros, los "buenos tiempos", y más específicamente del "slasher" que teóricamente homenajea "Hatchet", están entre finales de los 70 e inicios de los 80, y durante esos años jamás vimos "pelis de psicópatas" con un humor tan obvio y un gore tan gran guiñolesco. 
El gore de "Hatchet" es brutal y grotesco... pero no es serio, es bufonesco, más deudor de "Braindead" o "Toxic Avenger" que de las escabechinas gráficas, realistas, impactantes y hasta ofensivas de "Maniac" o "The Burning". ¿Y el humor?, bien, esa es una característica completamente deudora del revival "slasher" de los 90 a raíz de "Scream" y en ningún momento del material que Adam Green cita como verdadera inspiración. 
Llamadme quisquilloso o tiquismiquis, pero con semejante publicidad yo me esperaba un regreso real, sincero y honesto al "slasher" primigenio, y no otra vuelta de tuerca a los tics del horror moderno, siempre escudados tras el humor y el exceso por miedo a no ser tomados en serio. ¿Para cuando una de asesinos enmascarados sin chascarrillos ni molestas innovaciones?. 

Aún así, si nos tomamos "Hatchet" como un refrito más de los muchos que se producen hoy día, entonces estamos ante un film simpático, entretenido y que bien merece un visionado... incluso puede que dos.

HALLOWEEN, EL ORIGEN

He tenido la oportunidad de ver el "Halloween" de Rob Zombie. No me ha gustado. Y no es porque esté contra los remakes, ni mucho menos, sino porque la peli no funciona. Aplaudo la valentía de Rob Zombie de hacer SU propio "Halloween" y no intentar, salvo detalles infranqueables como la música o la máscara de Michael Myers, repetir los hallazgos visuales de la original. El director ha llevado a su terreno bruto y salvaje una historia originalmente más atmosférica y de suspense puro, lo que no ha salido nada bien salvo en las aportaciones puramente Zombianas (la infancia de Myers, lo mejor de la peli). Cuando se adentra en el terreno del remake propiamente dicho, ahí el film se vuelve aburrido, monótono y previsible. Myers no desprende esa aureola fantasmagórica del "Halloween" de Carpenter (lo sé, las comparaciones son odiosas, pero entonces no hagas un remake pichabrava) y se convierte en un "Jason Voorhess", lo que sería genial si no fuese porque este compensaba su falta de sutilidad con abundantes chorros de sangre, sangre esta bastante ausente en el nuevo "Halloween", que pretende aportar realismo a una historia que no lo necesita (y menos cuando ya están más que asumidos todos los clichés del subgénero que Carpenter inauguró en su película). Eso si, el reparto cojonudo.
Rob Zombie no era la elección más adecuada para hacer un nuevo "Halloween" y nuestros peores temores finalmente se han visto tristemente confirmados.

martes, 25 de septiembre de 2007

EL RETORNO DE LOS MALDITOS

Dejemos a un lado el curioso cambio de título (supongo que por movidas varias de distribución) y centrémonos en comentar lo que da de si esta secuela de "Las colinas tienen ojos" versión Alexandre Aja, parida a toda velocidad con la sacrosanta intención de chupar al máximo del merecido exitazo que obtuvo su precedente en las taquillas de medio mundo (pero sobre todo en las que mandan, las yankees). Por norma prefiero hablar en este blog de pelis un pelín más oscuras (y cuando digo oscuras no me refiero ni a Troma ni a Ed Wood, por dios!), pero es que "El retorno de los malditos" me ha caído en gracia y, al fin y al cabo, de lo que se trata es de hacer aquello que a uno más le complace, ¿no?.
Estaba claro que esta segunda parte iba a estar por debajo del remake, y también, afortunadamente, que no guardaría la más nimia relación con la horrenda "Las colinas tienen ojos 2ª parte" original que Wes Craven tuvo la desgracia de dirigir en plena época decadente (antes de renacer de la mano de Freddy Krueger). Para la ocasión Craven ejerce tanto de productor como de guionista (junto a su retoño) y, viejo zorro astuto como es, sabe perfectamente qué es lo que el público potencial espera y desea: más sangre, más mutantes (con mayores deformaciones), más acción (es decir, más balas) y menos personajes profundos y materia gris. Asentadas todas las bases en el primer film, ¿de qué sirve explicar nada en la secuela?, ¡¡vamos a por todas!!. Y, resumiendo, eso es "El retorno de los malditos", que desde el minuto uno va directa a la yugular adaptándose al molde de lo que yo llamo "una producción videoclubera", aspecto este que destaco como algo positivo.
El que la escena más fuerte sea la que abre el film (y la que ruló por internet a modo de promo) lo deja todo bien claro. Una tipa atada, desnuda, sucia y visiblemente sufriente pare un crío (atención al gráfico plano de su vagina abriéndose y al torso cercenado con la pilila al aire, obviamente la versión en dvd es la íntegra) recogido por las manos de un mutante. Una vez concluye el parto, el monstruo se carga a la involuntaria mamá de un señor sopapo. Seguidamente, la peli se adhiere cómodamente a la fórmula que tan bien supo aprovechar James Cameron en su "Aliens" y que, desde entonces, salva muchas papeletas en el género del horror (y si no, que se lo digan a Bruno Mattei): militares contra "lo que sea" con malas intenciones.
A partir de aquí la adrenalina y la sangre chorrean por doquier, destacando la curiosa y macabramente divertida muerte de un soldado con dominio de la escalada y el escarmiento final al mutante jefe de la tribu. Se ceban con él que da gusto, oiga. Cachondeo cruel garantizado.
Llegamos a la hora y veinte y FIN, se acabó la función, contundentemente y sin florituras, tal y como debe ser. El reguero de personajes inocuos, violencia de tebeo malo (la primera no sólo era más brutal en lo visual, también en lo psicológico) y ausencia de explicaciones (¿de dónde salen los nuevos mutantes?, ¿son familia?, ¿amigos?, ¿por qué sus deformidades son tan grotescas y burras?) es abundante, pero da igual... porque te lo pasas bien durante el viaje y eso es algo que yo agradezco mucho, de verdad te lo digo.

sábado, 15 de septiembre de 2007

SPLATTER FARM

Los hermanos John y Mark Polonia son unos tipos muy interesantes. Su parecido físico y el hecho de que hagan películas, o lo intenten, los emparienta directamente con otros personajes afines. Podríamos decir de ellos que son los Coen del cine de horror, o los Kuchar de las "backyard movies", pero no caeremos en esa trampa. Los Polonia llevan en esto del terror casero, o el fantástico (también casero) en todas sus variantes, desde que eran unos tiernos adolescentes que recreaban en Super 8 y con los amigos de clase aquello que veían en las pantallas de los cines, que para la década de la que hablamos, se trataba básicamente de "slashers" y pelis de zombies italianos.
Su ambición les llevó, siendo aún muy jóvenes, a pisar Hollywood en busca de una oportunidad que nunca llegaría. Frustrados, pero no desmotivados, volvieron a su ciudad natal y decidieron sumarse al entonces emergente “boom” del cine de horror facturado directamente en formato magnetoscópico que puso en activo el exitazo de la aburridísima "Blood Cult" (lo que los yankees llaman SOV, es decir, "shoot on video"). Tras varios intentos fallidos se decidieron por la enésima variación de "La matanza de Texas", haciendo especial hincapié en aquello que no mostraba el film de Tobe Hooper, gore. Un gore enfocado desde un punto de vista muy sexual (a esa edad las hormonas no perdonan) e ingenuamente transgresor, aspecto este que, según los brothers, se hizo buscando única y exclusivamente llamar la atención (y ni así...).
El resultado a sus esfuerzos, "Splatter Farm", tuvo el "éxito" lógico dado que era el momento más propicio para este tipo de material, aunque no tanto como para librarlos de seguir llevando su carrera cinematográfica (o videográfica) como un hobby al que poder dedicar únicamente el tiempo libre. Aún así, estos dos sujetos de aspecto indiscutiblemente "nerd" (gafotas, bigotillo tardo adolescente, dentones...) han visto varias de sus numerosas obras editadas en dvd y, poco a poco, su apellido se va haciendo más y más popular. Tienen fans acérrimos (incluso ronda un foro por internet dedicado únicamente a informar sobre sus hazañas, ya que, por raro que suene, no disponen de página web propia) y detractores sin escrúpulos (de esos que usan la red para insultar cobardemente, ocultos tras un seudónimo o protegidos por la distancia). Entre sus últimas joyas tenemos historias de pirañas asesinas ("Razorteeth"), monstruos de lagunas no necesariamente negras ("Splatter Beach"), bigfoots de tendencias criminales ("Among Us", su return al celuloide, concretamente los 16mm) y espíritus mal carados dispuestos a jorobar a unos soldados en plena batalla en lo que es su proyecto más ambicioso hasta la fecha, "Dead Knight", un "film" que cuenta con numerosos extras, vestuario de época e incluso decorados, características estas que los aleja, muy sutilmente, de sus habituales equipos reducidos y eminentemente familiares.
Ahora la compañía especializada en "backyard horror" ochentero, "Camp Motion Pictures", saca al mercado digital "Splatter Farm" con la bendición del gurú del cine exploitation, Frank Henenlotter, y varios extras tan jugosos como los "slashers" superocheros que los Polonia rodaron durante el insti o un "Making Of" la mar de simpático en el que hacen gala de esa ingenuidad tardía que tanto irrita a sus enemigos, pues los hermanos tienden a tomarse demasiado en serio sus trabajos videográficos que, al fin y al cabo, no dejan de ser mierdecillas.
La peli cuenta con una virtud que, a la larga, termina convertida en su peor defecto y es que, a pesar del rimbombante título y las engañosas estampas publicitarias, es de lo más seria y -pretendidamente- malrollista, situándose bien lejos de la habitual chirigota sanguinolenta de esta clase de productos. Pero claro, es que los Polonios contaron solo para su realización con su misma presencia, la abuela de no se quién y un par de amigotes, uno de ellos dispuesto a actuar mucho y filmar más, y con tan pocos elementos, la cosa da más bien para poco... para poco gore (y yo, ustedes perdonen, en el “backyard horror” busco, única y exclusivamente, excesos hemoglobiníacos, ya que no mucho más se puede esperar de el) y poca chicha en general. Resumiendo, que la peli aburre... está repleta de buenas intenciones, tanto a nivel atmosférico como visual (y no lo hacen tan mal sus autores teniendo en cuenta su por entonces corta edad) pero el caso es que acabé dándole inevitablemente al avance rápido, y eso significa algo.
Añadir que el tono seriote y comedido se va al traste con la exageradamente burra e inverosímil muerte del personaje de la tía (familiarmente hablando) y que la repetición de planos explícitos que hay a final, así como los créditos a cámara lenta, poco hacen por acercar el "film" a la duración standard de un largometraje, quedándose en una escasísima hora y diez.

NOTA: La edición que presenta "Camp Motion Pictures" no es la original de la época, sino una remasterización hecha por los Polonia adultos lo que, para mi, y para muchos críticos especializados, es un error. Quizás, si sus autores hubiesen mantenido la baja calidad del montaje de video a video, la ausencia de música y los créditos hechos con cartulinas, no solo se hubiese conservado intacto su encanto sino también la gracia própia de las "backyard movies" de la década que tanto reivindica el sello que las edita... una vez más, la molesta ingenuidad de los brothers (convencidos están de que se trata de un "cult classic"), se vuelve contra ellos.

sábado, 1 de septiembre de 2007

GOING TO PIECES, THE RISE AND FALL OF SLASHER FILM

¿Un documental sobre el auge y caída del cine "slasher"?, eso no puedo perdérmelo (y además, con subtítulos en castellano). Tras agenciármelo, esperé al momento propicio para verlo. Ahora que ya ha pasado tan señalado instante, puedo decir que, efectivamente, me ha encantado. Es previsible, lo sé, pero afirmar lo contrario sería mentir.
La película, que adapta un libro escrito por Adam Rockoff (de idéntica temática, of course), posee la maravillosa virtud de no centrarse únicamente en los de siempre e ignorar a los que vinieron después, inexorablemente relegados a la sombra. Efectivamente, tenemos a Carpenter, a Cunningham, a Craven, a Savini... pero también podremos gozar de entrevistas a Joseph Zito o Fred Walton, e incluso si me apuran por ahí también asoman elementos aún mucho más oscuros como Herb Freed, Armand Mastroianni o Paul Lynch, autores todos estos que, en algún momento de su carrera, se adentraron en el pantanoso, pero agradecido, terreno del "slasher", ya sean títulos más conocidos ("El asesino de Rosemary", "Prom Night") o cosas terriblemente ignotas ("El día de la graduación", "El día de los inocentes"). Además, aunque el film también repasa el resurgimiento del género en los 90 con "Scream" y todo lo que le siguió (incluidos Rob Zombie, "Hostel" o "Saw"), en realidad se centra en la gloriosa década de los 80 (de las pelis que no muestran imagen, al menos incluyen el poster, caso de "Madman", "No abrir hasta Navidad" o "The Prey") y los títulos que la precedieron y marcaron la pauta, siendo "Psicosis" la que se lleva la medalla.
"Going to pieces" posee un ritmo absolutamente endiablado, toca todos los palos propios del "slasher" (el tipo de asesino, su posible trauma, la clase de arma que usa, la heroína que resiste hasta el final, los emplazamientos típicos, los actores famosos que debutaron en esta tipo de producciones, etc, etc) y aledaños (la escuela Italiana, con especial mención al "Bahía de Sangre" de Mario Bava donde, por fin, se muestra con toda clase de lujos la escena del empalamiento que, poco después, plagiaría sin rubor el segundo "Viernes 13") a toda velocidad, y lo hace con imágenes a porrillo, centrándose casi única y exclusivamente en los crímenes más sangrientos de cada film comentado (¡incluso "Mil gritos tiene la noche"!).
Afortunadamente no se echa demasiada mano de justificaciones intelectualoides (alguna cae, sobre todo vía Wes Craven, pero nada que moleste demasiado), al contrario, todos los entrevistados se sueltan el pelo reconociendo que gozan viendo/creando los más atroces crímenes (especial mención merece Stan Winston, que abre el documental afirmando: "Cuando voy al cine, me encanta ver como decapitan a alguien", ¡ahí, ole tus huevos!) y la dosis de descojone la ponen secuencias en las que críticos almidonados (el cateto de Roger Ebert) o padres ofendidos (un puntazo toda la movida ocasionada por el trailer de "Noche de paz, noche de muerte") salen rajando de este cine que tanto nos gusta. Pero tienen las de perder, porque "Going to pieces" está de lado de los que nos molan los "slashers", de lado del fan del género... de hecho, toda la peli es un regalo para nuestros sentidos y viéndola, uno recuerda (por si tiene la desgracia de haberse olvidado) cuán gozoso y estupendísimo es pertenecer a la gran familia de adoradores del terror y, más especialmente, del cine de adolescentes troceados por asesinos enmascarados. Un diez.

LOS NUEVOS EXTRATERRESTRES

He ido tras ella durante bastante tiempo, y hasta hoy, era para mi la película más ignota del inmortal Juan Piquer Simón, cineasta repleto de buenísimas intenciones pero, por lo general (siempre, siempre, no), paupérrimos resultados... caso de esta "Los nuevos extraterrestres".
Suele contar el cineasta Valenciano que el film nació originalmente como producción adscrita al género del terror, en concreto al de historias de invasores alienígenas con malas pulgas. Pero de pronto, y a rebufo del entonces aún caliente exitazo del "E.T." Spielbergiano, al productor se le ocurrió derivar la historia al terreno infantil, con un niño de protagonista que, cómo no, se hace amigo del marciano bueno de turno (bautizado como Trompi!!!)... mientras su "hermano maligno" campa a sus anchas por el bosque cepillándose a cazadores furtivos y groupies de cantantes pop.
Y es ahí donde radica el mayor defecto de "Los nuevos extraterrestres", su condición de hijo de nadie, es demasiado de terror para ser infantil, y demasiado infantil para ser de terror. El no decidirse por un bando hizo que el film quedara en el limbo de los olvidados. Porque, vamos a ver, está muy bien que el niño juegue con su amiguito del espacio y este haga mover los objetos de la habitación gracias a un apañado stop-motion, o que convierta al famoso juego de "Simón" en una mini-disco de bolsillo, pero entonces entre medio no me metas escenas de muerte, violencia, disparos, bosques neblinosos, mujeres atacadas en la ducha y otras delicias propias de cualquier joya del horror que se precie... y de nada sirve que le quites líquido rojo, pues el público joven (y más el de los 80) aún no estaba preparado para un mejunje tan indigesto (¿fue Piquer visionario?... ¡puede!).
A esto, le añadimos las habituales meteduras de pata del cine del caballero: Falta de ritmo, tono almidonado, actores algo limitados, efectos especiales dignos pero ensombrecidos por la abrumadora falta de medios y ese irritante Ian Sera que para la ocasión hasta luce chupa de cuero y se permite canturrear un par de canciones "rockeras" altamente inflamatorias.
El final se pretende feliz, pero termina resultando más deprimente y desesperanzador que el de la famosa obra de Spielberg.
No es lo peor de Piquer Simón, pero poco le falta... si es que ni tan siquiera sirve para echarse unas risas.