Andy Copp es un personaje muy interesante. Artista. Fanzinero. Blogero. Entregado aficionado al cine de género, con especial devoción por el terror y las películas bizarras. Llegó a realizar programas para la televisión de acceso público o video-reseñas subidas a youtube, siempre en torno al tipo de materia que le molaba. Paralelamente desarrolló una carrera en estas cosas del cine independiente de cero presupuesto, underground o auto-producido. Llámenlo como quieran.
Copp ralizó varios largometrajes y cortometrajes. Moviéndose entre la narración convencional según los cánones del “exploitation” de los 70 y la experimentación pura. Títulos como "Black Sun" (sobre un hombre convertido en máquina), "The atrocity Circle" (un especie de "rape and revenge") o "Quiet Nights of Blood and Pain" (dos veteranos de guerra que le pillan gusto a matar más allá del campo de batalla), son un buen ejemplo. Sin embargo, su obra más conocida posiblemente sea la primera en formato largo, “The Mutilation Man”, rodada en súper 8, 16 mm y vídeo.
“The Mutilation Man” tiene todos los tics propios de los que hizo gala el cine fantástico noventero de línea dura, aquel oculto en la sombra mientras en las salas triunfaban cosas más descafeinadas. Es decir, narración fragmentada, banda sonora a base de estridencias, apabullante aluvión de imágenes a ritmo videoclipero y gore supuestamente brutal. Todo condimentado con material documental (y real) de crímenes de guerra, por aquello de incrementar el mal rollo deseado. Táctica a larga perjudicial, ya que le resta potencial perturbador a la ficción, por mucho que esta intente chocarnos. Resumiendo: Que con la moto del "experimentalismo" y/o lo arty, por aquello de "otorgar méritos intelectuales a la obra", te cuelan un festival de atrocidades que es lo que el fan verdaderamente busca (importándole un pimiento el resto). Cortometrajes como "Alicia" o "Aftermath", y largometrajes como "Subconscious Cruelty" son otro buen ejemplo de tan irritante tendencia.
“The Mutilation Man” es rara, aburrida, ingenua en su provocación y se ve anticuada. La influencia de Jodorowsky y “El Topo” canta como una almeja, por el look de “el hombre mutilación” y su continuo caminar entre ruinas encontrándose con personajes de lo más estrambóticos a los que les encanta comerse al prójimo o martirizar a chicas desnudas encerradas en zulos. Influencia esta reconocida por el señor director (junto a otra bien evidente, “Tetsuo, the iron man”). De por medio, sadomaso high-tech e imágenes de un chaval sufriendo el maltrato de su alcohólico padre (interpretado por el cineasta cult Jim Van Bebber, responsable de "Gore en las calles", "My sweet Satan" o "The Manson Family". Concretamente en estas dos últimas el dire de la peli reseñada colaboró en los efectos especiales... o no se qué polladas).
Bien, ese niño sufriente se supone que es el mismo Andy Copp, quien vivió una infancia de pesadilla por culpa de un progenitor que mamaba demasiado. Él se refugiaba en sus queridas películas de terror para sobrellevarlo. Desafortunadamente no lo logró y cuando cumplió los 40, se quitó la vida. Descanse en paz.
Eso no significa que “The Mutilation Man” sea la obra de un genio, como muchos van vitoreando por ahí. Ya saben, estando en vida, ni caso. Fallece, y todo son homenajes y entusiastas críticas desmedidas (y más aún si se trata de algo raro, "No entiendo ni torta, ergo, esto es la obra de un visionario"). La peli sigue siendo un rollo. Un sinsentido gratuito. Lo que, a su vez, tampoco significa que a estas alturas de la reseña Copp haya dejado de ser un personaje interesante, por supuesto.
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martes, 2 de agosto de 2016
sábado, 22 de agosto de 2026
LAST HOUSE ON DEAD END STREET
Terry Hawkins es un malote. Para que nadie lo ponga en duda, viste de negro y lleva chupa de cuero. Además, acaba de salir de prisión y está tan enfadado con la sociedad que únicamente piensa en castigarla. Para ello se decantará por una herramienta peculiar, el cine, mostrándole al mundo algo que jamás ha visto ni podrá olvidar. Así, convence a una panda de mindundis que se unan a su causa (reminiscencias del caso Manson). Monta un plató en un edificio abandonado e invita a varios integrantes del más barriobajero porno que, sin saberlo (pero sabiéndolo nosotros), serán los protagonistas de esa película que Hawkins tiene en mente y, previsiblemente, responde a las maneras del llamado cine "snuff" (useáse, aquel que muestra crímenes reales).
No hubo en los noventa (finales) / dos mil (inicios) una película más ignota, misteriosa, "cult" y buscada que "Last house on dead end street". Todos los fanzines (especialmente si eran yankis) hablaban de ella sin conocimiento real, entusiasmados por lo que "habían oído" y, por tanto, incrementando su leyenda negra. Algunos incluso pensaban que el "snuff" mostrado en sus fotogramas era real. Los foros de internet dedicados al horror y aledaños no paraban de hablar de ella hasta que, un día, un señor de mediana edad llamado Roger Watkins llegó a esos mismos ciber lugares para anunciar que él era el director... bueno, el director, guionista, protagonista y lo que le echaran. Hubo quien de entrada dudó, sobre todo porque "Last house on dead end street" venía firmada por "un tal" Victor Janos (y encabezada actorilmente por "otro tal" Steven Morrison). Pero sí, Watkins era el genuino y verdadero culpable oculto tras aquellos falsos nombres. Confirmado pues el asunto, el hombre ganó protagonismo y comenzó a ser entrevistado en fanzines ("Ultra Violent" o el "Neon Madness" de Andy Copp), además de acudir a sendas convenciones y ver como su película conocía tardía revalorización y era editada en dvd por alguna compañía modesta dedicada a esta clase de escoria audiovisual. Pero ¿¿cómo comenzó todo??.
En 1973 Roger Watkins era un estudiante de cine neoyorquino de tan solo 22 primaveras, toda una ristra de cortos amateurs previos (comenzó a los diez añitos), loco por debutar en el cine comercial y, sobre todo, epatar. Así, lió a una panda de colegas (muchos estudiantes como él), pilló una cámara de 16mm, 1.500 dólares y comenzó a rodar "Cuckoo clocks of hell" (¿?). Puesto que su intención consistía en llamar la atención a cualquier precio, decidió tirar de elemento "shock" a todo trapo. A lo largo del film veremos imágenes reales de un matadero, violencia y crueldad a espuertas, algo de tetas (algunas muy apetecibles, como la chavala que se baña en cueros, con pinta de ser una filmación totalmente casera) e ideas tan absurdamente descabelladas como aquella en la que una mujer blanca se pinta la cara de negro, con los labios en plan "El cantor de jazz", y, arrodillada, es atizada látigo mediante por un desaprensivo. Provocación al cubo. Claro que estamos en los setenta, y como la panoja escasea, Watkins tira de lo obvio, personas hablando y hablando. Planos largos en los que poco ocurre y banda sonora minimalista a base de ruidos y efectos de sonido. No es hasta el clímax final donde, ahora sí, el asunto "truculentoso" gana enteros y, vale, hay cierto despliegue de mala leche, especialmente con la escena de la muchacha mutilada en la camilla u otro de los instantes "célebres" de la película, el productor porno obligado a chupar cual falo la pata de una cabra surgida de la bragueta de una mujer destetada. Luego, le taladran el ojo, ¡ea!.
Con toda su tremenda tosquedad, en algunos casos muy efectiva a la hora de transmitir malrollismo y sordidez, a la peli le costó lo suyo encontrar distribuidor. Roger Watkins contaba posteriormente que en los primigenios pases provocaba huidas masivas del personal, incluso peleas en platea. Mmmmmh, bueno, habrá que creerlo. En cualquier caso no se comercializó legalmente hasta 1977 bajo, primero, el título de "The Funhouse" (como la -posterior- película de Tobe Hooper. De ahí que algunos carteles tardíos echaran mano del niño deforme de esta para meter en los posters de aquella) y, finalmente, el más famoso y oficial de "Last house on dead end street" (supongo que en espera de sacar suco del éxito de la razonablemente parecida "Last house on the left", a la que incluso manga el slogan). Eso sí, con las escenas violentas algo tamizadas (según su director, la versión íntegra es mucho más extrema) y una voz en off en los créditos finales impuesta, desafortunada y fuera de lugar que nos anuncia la captura de los criminales por parte de las autoridades. Tampoco así la cosa terminó de rular, y Roger Watkins, casado y con un retoño en camino, se vio obligado a aceptar la oferta para dirigir pornografía (esta vez bajo el alias de Richard Mahler), asunto en el que centraría el resto de su trayectoria... o casi. Es cierto que no debe sorprendernos el absoluto oscurantismo en el que vivió sumido durante décadas. Digamos que, hasta cierto punto, él mismo se lo buscó. Ya han visto que firmó su primer largometraje con seudónimos. Idéntica treta utilizada luego durante su tránsito por el cine de mete-saca. Sin embargo, entre medias se salió para rodar otra de terror, "Shadows of the mind", cuyo traumático rodaje le llevó a, primero, firmarla como Bernard Travis (no fue hasta 2005 que se descubrió el pastel) y, segundo, seguidamente liarse con una comedia en la que contaba, justo, las trifulcas de aquel rodaje accidentado. "Spitoon" se llamaba y si no la han visto es porque el resultado final disgustó tanto a Watkins que decidió destruir el negativo antes de que se hicieran copias, ¡¡ja ja ja!!, ¡¡alma de cántaro!! así ¿¿cómo iba nadie a saber de tu existencia?? ¡¡que mala es la severa autoexigencia!!
¿Cambió mucho el panorama tras el renacer de "Last house on dead end street"? No mucho. Watkins anunció sendos nuevos proyectos que jamás llegarían a ver la luz del día ("Hobo Floats" y "Darkness at the edge of town") y, precisamente de la mano de Andy Copp (y Fred Vogel, de los "August Underground"), co-escribió un posible guion para "Last house on dead end street 2" que nunca se produjo. Entre otros motivos porque Roger Watkins palmó. El mentado libreto terminaría siendo editado en e-book, por si a alguien le pica la curiosidad y el sobaco.
Centrándonos ya del todo en la película reseñada, pues bueno, no deja de ser una curiosidad a la que, si le echas paciencia, se le puede dedicar un ratejo. Es aburrida, sí. Es cutre, también. Y las escenas sangrientas desde luego no son tan verosímiles como para plantearse la idea del "snuff" genuino. Pero tiene sus aciertos estéticos, sus momentos intensos (sobre todo gracias al sonido) y esa amoralidad + misantropía + nihilismo tan radicales y que tanto ponían a los fanzineros del periodo. Por supuesto Watkins, declarado fan de Luis Buñuel, justificaba todo ello con verborrea intelectualoide y "arty", otorgando a su producto puramente "exploiter" atributos más elevados de los que realmente le pertocan ("mi pretensión era chocarte y hacerte pensar" decía, sí... ¡en la lista de la compra!)... pero ya sabemos como funcionan estas movidas, igual que el hecho de que, una vez superada la "fiebre" respecto a "Last house on dead end street" -y una vez disponible para ver y saciada la curiosidad morbosa- rápidamente regresó al cajón de las olvidadas.
No hubo en los noventa (finales) / dos mil (inicios) una película más ignota, misteriosa, "cult" y buscada que "Last house on dead end street". Todos los fanzines (especialmente si eran yankis) hablaban de ella sin conocimiento real, entusiasmados por lo que "habían oído" y, por tanto, incrementando su leyenda negra. Algunos incluso pensaban que el "snuff" mostrado en sus fotogramas era real. Los foros de internet dedicados al horror y aledaños no paraban de hablar de ella hasta que, un día, un señor de mediana edad llamado Roger Watkins llegó a esos mismos ciber lugares para anunciar que él era el director... bueno, el director, guionista, protagonista y lo que le echaran. Hubo quien de entrada dudó, sobre todo porque "Last house on dead end street" venía firmada por "un tal" Victor Janos (y encabezada actorilmente por "otro tal" Steven Morrison). Pero sí, Watkins era el genuino y verdadero culpable oculto tras aquellos falsos nombres. Confirmado pues el asunto, el hombre ganó protagonismo y comenzó a ser entrevistado en fanzines ("Ultra Violent" o el "Neon Madness" de Andy Copp), además de acudir a sendas convenciones y ver como su película conocía tardía revalorización y era editada en dvd por alguna compañía modesta dedicada a esta clase de escoria audiovisual. Pero ¿¿cómo comenzó todo??.
En 1973 Roger Watkins era un estudiante de cine neoyorquino de tan solo 22 primaveras, toda una ristra de cortos amateurs previos (comenzó a los diez añitos), loco por debutar en el cine comercial y, sobre todo, epatar. Así, lió a una panda de colegas (muchos estudiantes como él), pilló una cámara de 16mm, 1.500 dólares y comenzó a rodar "Cuckoo clocks of hell" (¿?). Puesto que su intención consistía en llamar la atención a cualquier precio, decidió tirar de elemento "shock" a todo trapo. A lo largo del film veremos imágenes reales de un matadero, violencia y crueldad a espuertas, algo de tetas (algunas muy apetecibles, como la chavala que se baña en cueros, con pinta de ser una filmación totalmente casera) e ideas tan absurdamente descabelladas como aquella en la que una mujer blanca se pinta la cara de negro, con los labios en plan "El cantor de jazz", y, arrodillada, es atizada látigo mediante por un desaprensivo. Provocación al cubo. Claro que estamos en los setenta, y como la panoja escasea, Watkins tira de lo obvio, personas hablando y hablando. Planos largos en los que poco ocurre y banda sonora minimalista a base de ruidos y efectos de sonido. No es hasta el clímax final donde, ahora sí, el asunto "truculentoso" gana enteros y, vale, hay cierto despliegue de mala leche, especialmente con la escena de la muchacha mutilada en la camilla u otro de los instantes "célebres" de la película, el productor porno obligado a chupar cual falo la pata de una cabra surgida de la bragueta de una mujer destetada. Luego, le taladran el ojo, ¡ea!.
Con toda su tremenda tosquedad, en algunos casos muy efectiva a la hora de transmitir malrollismo y sordidez, a la peli le costó lo suyo encontrar distribuidor. Roger Watkins contaba posteriormente que en los primigenios pases provocaba huidas masivas del personal, incluso peleas en platea. Mmmmmh, bueno, habrá que creerlo. En cualquier caso no se comercializó legalmente hasta 1977 bajo, primero, el título de "The Funhouse" (como la -posterior- película de Tobe Hooper. De ahí que algunos carteles tardíos echaran mano del niño deforme de esta para meter en los posters de aquella) y, finalmente, el más famoso y oficial de "Last house on dead end street" (supongo que en espera de sacar suco del éxito de la razonablemente parecida "Last house on the left", a la que incluso manga el slogan). Eso sí, con las escenas violentas algo tamizadas (según su director, la versión íntegra es mucho más extrema) y una voz en off en los créditos finales impuesta, desafortunada y fuera de lugar que nos anuncia la captura de los criminales por parte de las autoridades. Tampoco así la cosa terminó de rular, y Roger Watkins, casado y con un retoño en camino, se vio obligado a aceptar la oferta para dirigir pornografía (esta vez bajo el alias de Richard Mahler), asunto en el que centraría el resto de su trayectoria... o casi. Es cierto que no debe sorprendernos el absoluto oscurantismo en el que vivió sumido durante décadas. Digamos que, hasta cierto punto, él mismo se lo buscó. Ya han visto que firmó su primer largometraje con seudónimos. Idéntica treta utilizada luego durante su tránsito por el cine de mete-saca. Sin embargo, entre medias se salió para rodar otra de terror, "Shadows of the mind", cuyo traumático rodaje le llevó a, primero, firmarla como Bernard Travis (no fue hasta 2005 que se descubrió el pastel) y, segundo, seguidamente liarse con una comedia en la que contaba, justo, las trifulcas de aquel rodaje accidentado. "Spitoon" se llamaba y si no la han visto es porque el resultado final disgustó tanto a Watkins que decidió destruir el negativo antes de que se hicieran copias, ¡¡ja ja ja!!, ¡¡alma de cántaro!! así ¿¿cómo iba nadie a saber de tu existencia?? ¡¡que mala es la severa autoexigencia!!
¿Cambió mucho el panorama tras el renacer de "Last house on dead end street"? No mucho. Watkins anunció sendos nuevos proyectos que jamás llegarían a ver la luz del día ("Hobo Floats" y "Darkness at the edge of town") y, precisamente de la mano de Andy Copp (y Fred Vogel, de los "August Underground"), co-escribió un posible guion para "Last house on dead end street 2" que nunca se produjo. Entre otros motivos porque Roger Watkins palmó. El mentado libreto terminaría siendo editado en e-book, por si a alguien le pica la curiosidad y el sobaco.
Centrándonos ya del todo en la película reseñada, pues bueno, no deja de ser una curiosidad a la que, si le echas paciencia, se le puede dedicar un ratejo. Es aburrida, sí. Es cutre, también. Y las escenas sangrientas desde luego no son tan verosímiles como para plantearse la idea del "snuff" genuino. Pero tiene sus aciertos estéticos, sus momentos intensos (sobre todo gracias al sonido) y esa amoralidad + misantropía + nihilismo tan radicales y que tanto ponían a los fanzineros del periodo. Por supuesto Watkins, declarado fan de Luis Buñuel, justificaba todo ello con verborrea intelectualoide y "arty", otorgando a su producto puramente "exploiter" atributos más elevados de los que realmente le pertocan ("mi pretensión era chocarte y hacerte pensar" decía, sí... ¡en la lista de la compra!)... pero ya sabemos como funcionan estas movidas, igual que el hecho de que, una vez superada la "fiebre" respecto a "Last house on dead end street" -y una vez disponible para ver y saciada la curiosidad morbosa- rápidamente regresó al cajón de las olvidadas.
sábado, 23 de julio de 2022
FILTHY McNASTIEST: APOCALYPSE FUCK (o EL SEAVER NO OCUPA LUGAR - 1ª PARTE)
Tras facturar los consabidos fan-films sobre "Viernes 13" o consortes con la cámara de vídeo familiar, Chris Seaver descubrió a Troma y decidió cambiar de tercio aplicando las tácticas de la factoría de Lloyd Kaufman (y Michael Herz), es decir: humor cafre, escatología y el habitual tono ultra-desmadrado presente en títulos como "El vengador Tóxico", "Viva la juerga" o "Mutantes en la universidad". De su cosecha "geek" añadió guiños a la cultura popular y los inevitables clásicos del terror moderno. Todo ello cocinado bajo el nombre de "Low Budget Pictures". Armado con sendos dvd´s bajo el brazo, y dispuesto a llamar la atención, se convirtió en una presencia constante en las Cons de media Norteamérica, lo que comenzó a granjearle cierta reputación. Sus películas se vendían muy bien, esputando todo un séquito de admiradores (e imitadores, en breve hablaré de uno de los más "destacados"). Consciente de ello, J.R.Bookwalter comenzó a editarle a través de su flamante sello "Tempe Video" cualquier cosa que pariera. Seaver llegó a ganarse la vida con sus video-costras, por lo que, inevitablemente, se veía en la tesitura de grabar sin descanso (hasta cinco en un año), pero también sin ganas ni ilusión, meramente por sacarse unos reales. Podemos hablar incluso de un "Seaververse" o "Seaverse", con personajes propios (como Deathbone, Bonejack, Teenape, Mulva, Puggly, entre muchos otros) apareciendo continuamente en las películas para mayor algarabía de los incondicionales.
A estos, y la cada vez más notoria fama de Chris Seaver, había que sumar los que le detestaban con pasión y aborrecían su estilo de comedia inmadura, propia de un niñato adolescente que se ríe de sus pedos. Hubo quien le calificó como "el peor filmmaker de la historia". Y, lo crean o no, esa mala fama le pasaría algo de factura con los años. No suele figurar en las enciclopedias del SOV reciente. Y en su actual faceta de YouTuber de la cultura pop ochentera, tampoco es que atraiga multitudes, lo que viniendo de él, y de esa parte del globo terráqueo, es muy raro.
Lo narrado ocurrió a lo largo de los dosmiles. Y puesto que todo aquello que comienza debe acabar, la debacle vino cuando, irónicamente, Chris Seaver logró, por fin, su preciado sueño: entrar a formar parte del imperio Troma. Lloyd Kaufman le fichó legal y oficialmente (llegando a mentarle como director de una secuela de "Sgt. Kabukiman N.Y.P.D." -supuestamente titulada “Sgt. Kabukiman and the Lesbians of Bonejack High”- jamás materializada). Más feliz que una perdiz, comenzó con su película tromática. Sin embargo, contra todo pronóstico, las cosas fueron como el culo y una historia sórdida, nunca del todo aclarada, rompió la relación (aunque la asociación sí dio sus frutos: "Teen Ape Vs. The Monster Nazi Apocalypse", distribuida tiempo después un poco de tapadillo). Tremendamente decepcionado, Seaver se alejó de Troma, chapó "Low Budget Pictures" y comenzó de cero con un proyecto no totalmente distinto, pero más ambicioso y, por tanto, carente de la frescura casera de las películas previas.
Tras muchos años interesado en las costras del chaval, llegué a pillarme un dvd recopilatorio con varios títulos. El problema es que venían en versión original. Y resulta que el 90% de la gracia de su "obra" reside en unos diálogos que, al contrario de las apariencias, están perfectamente escritos, pensados y, en ocasiones, resultan altamente floridos... a pesar de ir cargados de referencias sexuales y tacos. Así pues, dado mi limitado entendimiento del inglés hablado, no disfruté mucho de aquel dvd. Sin embargo, hace poco tuve acceso a varias películas seaverianas con subtítulos en británico y así la cosa cambia (se me da muchísimo mejor leído). Me vi unas cuantas y, lógicamente, no pude reprimir el deseo de dedicarles espacio en este santo ciber-lugar, comenzando por la que consumí primero y, por tanto, más me impactó: "Filthy McNastiest: Apocalypse Fuck", del 2005.
La elegí a modo de desvirgue por la curiosa aparición como actor del "underground horror auteur" Andy Copp (amigo y defensor de Seaver). Resulta que, como en toda subcomunidad que se precie, muchos de los nombres habituales del SOV-ismo yanki colaboran los unos con los otros. Y, parece tonto, pero es algo que me hace bastante gracia. De hecho, sorprende también encontrar en la lista final de agradecimientos a Andrew Shearer, capitoste del colectivo "Gonzoriffic".
La movida gira en torno a un negro gordo con la polla tan pequeña que su super-tetuda novia le abandona. Desesperado, acude al demonio del sexo, D’artagnan (??), quien le concede una buena tranca pero, a su vez, comienza a perpetrar toda clase de fechorías. Entre las perlas tenemos un delirante aborto practicado "in situ" y la recreación / parodia del ridículo baile de Crispin Glover en el cuarto "Viernes 13".
A medida que veía "Filthy McNastiest: Apocalypse fuck" me percataba de que me estaba... er... ¡¡gustando!! Y no solo eso, además ¡¡me reía con su comedia voluntaria (porque de la otra, ni pizca)!! Pero lo más delirante y asombroso es que no me aburrí durante los agradecidos 50 minutos que duró. Costaba creérselo.
Ya estaba claro a santo de qué Chris Seaver había logrado éxito y cierto estatus en su momento. Contrariamente a casi todo el SOV producido en tierras norteamericanas (y, me atrevo a decir, mundiales), aquello no era un puto coñazo previsible, lento y desaborío. Desde luego quedaba lejos de ser perfecto, pero hacía gala de mucho dinamismo, frescura, chispa y, sobre todo, un agradable sentido de la diversión. Que se lo pasaron bien grabando salta a la vista y, sobre todo, se transmite. Seaver, tío listo, sabía cuales eran los males del SOVismo y no estaba dispuesto a replicarlos. ¿Cómo? evitando excederse con la duración y tomarse en serio a sí mismo y su labor. No querer aparentar más. Ni pretender lograr un "look" cinematográfico. Asume lo que hay y lo explota como parte del chiste, grabando con lo puesto, sin elementos extras, sin florituras, cámara de vídeo en mano, dotando de cierto brío a las imágenes.
A estos, y la cada vez más notoria fama de Chris Seaver, había que sumar los que le detestaban con pasión y aborrecían su estilo de comedia inmadura, propia de un niñato adolescente que se ríe de sus pedos. Hubo quien le calificó como "el peor filmmaker de la historia". Y, lo crean o no, esa mala fama le pasaría algo de factura con los años. No suele figurar en las enciclopedias del SOV reciente. Y en su actual faceta de YouTuber de la cultura pop ochentera, tampoco es que atraiga multitudes, lo que viniendo de él, y de esa parte del globo terráqueo, es muy raro.
Lo narrado ocurrió a lo largo de los dosmiles. Y puesto que todo aquello que comienza debe acabar, la debacle vino cuando, irónicamente, Chris Seaver logró, por fin, su preciado sueño: entrar a formar parte del imperio Troma. Lloyd Kaufman le fichó legal y oficialmente (llegando a mentarle como director de una secuela de "Sgt. Kabukiman N.Y.P.D." -supuestamente titulada “Sgt. Kabukiman and the Lesbians of Bonejack High”- jamás materializada). Más feliz que una perdiz, comenzó con su película tromática. Sin embargo, contra todo pronóstico, las cosas fueron como el culo y una historia sórdida, nunca del todo aclarada, rompió la relación (aunque la asociación sí dio sus frutos: "Teen Ape Vs. The Monster Nazi Apocalypse", distribuida tiempo después un poco de tapadillo). Tremendamente decepcionado, Seaver se alejó de Troma, chapó "Low Budget Pictures" y comenzó de cero con un proyecto no totalmente distinto, pero más ambicioso y, por tanto, carente de la frescura casera de las películas previas.
Tras muchos años interesado en las costras del chaval, llegué a pillarme un dvd recopilatorio con varios títulos. El problema es que venían en versión original. Y resulta que el 90% de la gracia de su "obra" reside en unos diálogos que, al contrario de las apariencias, están perfectamente escritos, pensados y, en ocasiones, resultan altamente floridos... a pesar de ir cargados de referencias sexuales y tacos. Así pues, dado mi limitado entendimiento del inglés hablado, no disfruté mucho de aquel dvd. Sin embargo, hace poco tuve acceso a varias películas seaverianas con subtítulos en británico y así la cosa cambia (se me da muchísimo mejor leído). Me vi unas cuantas y, lógicamente, no pude reprimir el deseo de dedicarles espacio en este santo ciber-lugar, comenzando por la que consumí primero y, por tanto, más me impactó: "Filthy McNastiest: Apocalypse Fuck", del 2005.
La elegí a modo de desvirgue por la curiosa aparición como actor del "underground horror auteur" Andy Copp (amigo y defensor de Seaver). Resulta que, como en toda subcomunidad que se precie, muchos de los nombres habituales del SOV-ismo yanki colaboran los unos con los otros. Y, parece tonto, pero es algo que me hace bastante gracia. De hecho, sorprende también encontrar en la lista final de agradecimientos a Andrew Shearer, capitoste del colectivo "Gonzoriffic".
La movida gira en torno a un negro gordo con la polla tan pequeña que su super-tetuda novia le abandona. Desesperado, acude al demonio del sexo, D’artagnan (??), quien le concede una buena tranca pero, a su vez, comienza a perpetrar toda clase de fechorías. Entre las perlas tenemos un delirante aborto practicado "in situ" y la recreación / parodia del ridículo baile de Crispin Glover en el cuarto "Viernes 13".
A medida que veía "Filthy McNastiest: Apocalypse fuck" me percataba de que me estaba... er... ¡¡gustando!! Y no solo eso, además ¡¡me reía con su comedia voluntaria (porque de la otra, ni pizca)!! Pero lo más delirante y asombroso es que no me aburrí durante los agradecidos 50 minutos que duró. Costaba creérselo.
Ya estaba claro a santo de qué Chris Seaver había logrado éxito y cierto estatus en su momento. Contrariamente a casi todo el SOV producido en tierras norteamericanas (y, me atrevo a decir, mundiales), aquello no era un puto coñazo previsible, lento y desaborío. Desde luego quedaba lejos de ser perfecto, pero hacía gala de mucho dinamismo, frescura, chispa y, sobre todo, un agradable sentido de la diversión. Que se lo pasaron bien grabando salta a la vista y, sobre todo, se transmite. Seaver, tío listo, sabía cuales eran los males del SOVismo y no estaba dispuesto a replicarlos. ¿Cómo? evitando excederse con la duración y tomarse en serio a sí mismo y su labor. No querer aparentar más. Ni pretender lograr un "look" cinematográfico. Asume lo que hay y lo explota como parte del chiste, grabando con lo puesto, sin elementos extras, sin florituras, cámara de vídeo en mano, dotando de cierto brío a las imágenes.
También comprendía por qué Seaver decía detestar la serie Z. No hay pizca de esta en "Filthy McNastiest...". No es esa su influencia, y canta a la legua. Un poco como le pasaba a "Mal Gusto" de Peter Jackson (que para algo es una de las pelis de cabecera de Seaver) Comparten estéticas y costrosidades con el cine "trash" puro, pero no pertenecen a la misma familia.
Cuando terminó, y aturdido por la sensación positiva que me recorría el espinazo, una duda asaltó mi mente "¿Serán el resto de sus películas igual, o es que, por pura casualidad he ido a pillar una de las mejores?" Tal vez haya sido cosa de la novedad. I don´t know.
Vuelvan la semana que viene al mismo seavercanal, a la misma seaverhora, y descúbranlo.
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