Sí amigos, soy de la generación que vivió el "boom" de la serie de "La Masa" en primera fila. Fui uno de esos chavales que, a la hora del patio, imitaban al enfurecido monstruo verde originalmente nacido en las páginas de los tebeos de la "Marvel". Y, no podría ser de otro modo, acudí al cine a ver el episodio piloto, estrenado en Europa cual largometraje standard. Vamos, que le guardo cierto cariño al -como dicen los que dominan- gigante esmeralda.
Naturalmente, el paso de los muchos años y, especialmente, las nuevas versiones perpetradas por Ang Lee (pretenciosa, aunque no tan fallida como se dice), Louis Leterrier (convencional pero muy entretenida) y Joss Whedon (cuyo "Hulk" es, sin dudarlo, el más mejor de todos), han terminado otorgando a la versión setentera fama de cutre y chunga... a pesar de que la segunda peli de la franquicia, con Edward Norton, se refleja en ella con mucho afecto (y que Lou Ferrigno, "La Masa" de la caja tonta, interviene de algún u otro modo en todos los nuevos títulos). Sin embargo, no es esta una apreciación del todo justa, algo que ya opiné hace unos años cuando la vi en VHS... y que reafirmo ahora que, gracias a un regalito del amigo Víctor, me la he zampado en formato digital hace menos de 24 horas.
La historia es de sobras conocida: David Bruce Banner, interpretado por el siempre simpático Bill Bixby, es un científico con un trauma, su mujer murió en un accidente de coche. La cosa es doblemente chunga si tenemos en cuenta que el colega intentó salvarla, sin éxito, algo que le atormenta. Sus estudios giran alrededor de cierta fuerza sobrehumana que tenemos todos pero únicamente sacamos en momentos de mucha necesidad y estrés. Banner descubre que ello se debe a la influencia de los rayos gamma en nuestro ADN, así que, en un arrebato imprudente muy poco propio de todo un doctor, se somete a un chorro de radiación, que resulta ser mucho mayor de lo esperado. Naturalmente ello le otorgará el poder, o la maldición, de convertirse en un poderoso monstruo verde, enorme y extremadamente fuerte, pero de intenciones heróicas. Sin embargo, a Banner no le hace ni puta gracia y hará lo que pueda, con ayuda de una amiga científica, para arreglar el entuerto.
Bien, esto es un telefilm, y del año 1978, así que olvídense aquí de espectacularidades, de CGI y de todo aquello a lo que nos han acostumbrado las versiones modernas. En "La Masa, un hombre increíble" su guionista y director, el televisivo Kenneth Johnson, a quien debemos capítulos de series tan míticas -para los de mi quinta- como "La mujer biónica", "V" o la olvidada "Cazadores de sombras", apuesta ante todo por, a falta de guita, la sobriedad y el drama. Todo está soberanamente contenido. De hecho, la historia completa se desarrolla entre muy pocos personajes (Banner, su colega y el periodista fisgón) y menos escenarios (toda la media hora final, o incluso puede que más, sucede íntegramente en el mismo lugar). La primera transformación de Banner en "Hulk" está bien potente, a lo que ayudan las siempre efectivas lentillas que preceden a la mutación y que acontece en plena tormenta, con los relámpagos como perfecto acompañamiento a la furia desatada del monstruo y la lluvia que aplana la horrible peluca que este luce. Porque sí, eso ya lo damos por sentado, el aspecto del "Hulk" setentero interpretado, como decíamos, por el amigo Ferrigno es lo más flojo del pack. Por el mentado pelucón, las abominables cejas, la poco resistente pintura verde, su comportamiento casi retarded, el inevitable, trillado y facilón tributo a "Frankenstein" (cuando "Hulk" se topa con una niña junto a un río), esas camisas que se rompen de modo poco convincente (se nota un huevo que fuera de cámara alguien tira de ellas) y la misma fuerza del personaje, a ratos desmedida, a ratos más bien flojucha.
Pero, como digo, todo eso es perdonable gracias al tono general del piloto y especialmente a Bixby, que interpreta a un Banner muy cercano. También hacen lo suyo las notorias dosis de melodrama, aspecto este muy propio de su medio. Pal caso, no molesta demasiado. Todo en "La Masa" es trágico y triste, como el famoso tema a piano de la serie, capaz de hacer soltar los mocos incluso al más palurdo de los seres humanos. Y ello, quieras que no, inyecta una notable dosis de seriedad al conjunto, lejos de elementos camp.
Para comparar, píllense el mismo dvd que tengo yo y miren el segundo capítulo que incluye titulado "Married", y también estrenado en España como un improbable "Hulk 2". En el, Johnson, de nuevo guionista y director, intenta repetir las hazañas del piloto, pero la caga... fracasa estrepitosamente, abusando de un drama con altas dosis de pastelosismo, un romanticismo de postal altamente cutre, un "Hulk" que se deja ver demasiado poco (y en situaciones ridículas) y un humor del todo inadecuado y cargante. Nada, nada, quédense con "La masa, un hombre increíble" y olviden el resto.
Obviamente, no digo que pueda competir con todo lo parido recientemente, pero sí se trata de un pequeño producto bien agradable y entrañable que ya en aquellos tiempos logró, a su manera, lo que hoy es norma en el cine de superhéroes: tomárselo en serio, con respeto (o todo el respeto que permitía sus limitado presupuesto) y dando cancha al lado humano de sus personajes.
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lunes, 11 de febrero de 2013
sábado, 9 de noviembre de 2024
MI MARCIANO FAVORITO
Felices tiempos aquellos en los que hablar de Jeff Daniels y Christopher Lloyd, dos actores por los que siento mucha simpatía, no suponía automáticamente mentar "Dos tontos muy tontos" ni "Regreso al futuro". Años de calma, cuando el "geekismo" todavía no se había convertido en una secta, o una plaga. Y por eso -por lo de la simpatía- me llevé toda una sorpresa el otro día, tras lustros del primer y único visionado, al (re)encontrármelos compartiendo plano en "Mi marciano favorito". Recordaba la presencia de Lloyd, pero no la de Daniels. Tampoco sorprende la reacción de mis escasas neuronas, porque estamos ante un producto destinado a ser olvidado en tiempo récord. Puro "fast food", consciente y orgulloso, de mano de -nada menos- una Disney todavía no devorada por la fiebre Woke, ni por esa asquerosa codicia que todo lo impregna y destruye. Incluso se permiten algunos gags picantes y un pelo escatos... siempre para los estándares de la compañía del ratón, claro, pero comparado a como está hoy el patio, resulta refrescante.
Supongo que podemos culpar al "Misión: Imposible" cinematográfico, y su tremendo éxito, de la fiebre que le entró a Hollywood con eso de llevar series de televisión más o menos clásicas a la gran pantalla, modernizando tono y maneras. Un proceder que por esos lares siempre ha funcionado, pero en la segunda mitad de los noventa, primera de los dosmiles, se volvió bastante recurrente.
Supongo que podemos culpar al "Misión: Imposible" cinematográfico, y su tremendo éxito, de la fiebre que le entró a Hollywood con eso de llevar series de televisión más o menos clásicas a la gran pantalla, modernizando tono y maneras. Un proceder que por esos lares siempre ha funcionado, pero en la segunda mitad de los noventa, primera de los dosmiles, se volvió bastante recurrente.
"Mi marciano favorito" es la puesta al día de un "tv show" sesentero del que tenía constancia, pero jamás había/he visto. Así pues, no puedo recurrir al juego de las comparaciones. En cualquier caso, la cosa va de un extraterrestre llegado de Marte que se hace amigo de un periodista en horas bajas y el consiguiente revuelo que causa en su vida. El alienígena original, Ray Walston, se marca prácticamente el mismo papel en la nueva versión, algo también muy habitual en estos productos, presentarse casi como secuelas del material primigenio, contando con los actores de aquel retomando -más o menos- a sus personajes, si es que aún estaban vivos, claro. Desafortunadamente, no es el caso del compa humano de Walston, nada menos que Bill Bixby, "Bruce Banner" (o "David Bruce Banner") en la famosa y setentera serie de "La Masa". Para la llegada de 1999, año de producción de la puesta al día, el pobre llevaba ya seis bajo tierra.
He leído, en plan reproche, que la película prefiere apostar por los efectos especiales y el humor más "slpastick" en lugar de la típica materia dialoguista y enredante propia de la "sitcom" que era. Hombre, también es normal, digo yo. Se tira mucho de un CGI algo verde aunque pasable, destacando la estrella del sarao, el traje con vida propia del marciano. Vendría a ser la comparsa cómica y, ciertamente, acaba resultando irritante y agotadora. Por mucho que he investigado, no lo he detectado en la serie, así que podría ser una invención del film. Ni idea. Y tampoco importa, porque, como decía, este "Mi marciano favorito" noventero cumple con su función más elemental, entretener. Se mueve a toda leche, no da respiro, provoca alguna risilla comedida, aporta puntuales secuencias razonablemente espectaculares (la carrera del coche miniaturizado por las alcantarillas) y, al terminar, deja la sensación de haber consumido una chorrada máxima, pero sin llegar al insulto. Bien. Decente.
He leído, en plan reproche, que la película prefiere apostar por los efectos especiales y el humor más "slpastick" en lugar de la típica materia dialoguista y enredante propia de la "sitcom" que era. Hombre, también es normal, digo yo. Se tira mucho de un CGI algo verde aunque pasable, destacando la estrella del sarao, el traje con vida propia del marciano. Vendría a ser la comparsa cómica y, ciertamente, acaba resultando irritante y agotadora. Por mucho que he investigado, no lo he detectado en la serie, así que podría ser una invención del film. Ni idea. Y tampoco importa, porque, como decía, este "Mi marciano favorito" noventero cumple con su función más elemental, entretener. Se mueve a toda leche, no da respiro, provoca alguna risilla comedida, aporta puntuales secuencias razonablemente espectaculares (la carrera del coche miniaturizado por las alcantarillas) y, al terminar, deja la sensación de haber consumido una chorrada máxima, pero sin llegar al insulto. Bien. Decente.
A Daniels, Walston y un bastante sobreactuado Lloyd, gozando como una perra a base de explotar esa inconfundible mueca suya de loco que tanto le ha reportado (desde "Alguien voló sobre el nido del cuco" hasta.... ya saben cual), los acompañan algunos nombres sin desperdicio. Una ridículamente atractiva Elizabeth Hurley como tía buena / niña mimada bastante despreciable (¿permitiría hoy el Wokeismo un personaje femenino tan sexual y negativo?), Daryl Hannah como lo opuesto, la angelical / un poco lela rubia que bebe los vientos por Jeff Daniels (¿permitiría hoy el Wokeismo una.....? ¡¡bah, olvídalo!!), el gran Michael Lerner, Wallace Shawn igualmente desatado (en realidad, todos lo están, supongo que el film invita a ello), papelillo para T.K. Carter -el "Nauls" de "La Cosa"-, y Dawn Maxey como apetitosa "bimbo" acosada por el traje parlanchín en un probador (¿permitiría hoy el Wokeismo ver cómo este le azota el culo? ¿en un producto Disney?).
Dirige un inocuo y cumplidor Donald Pretie. Comenzó en la tele, dio su primera oportunidad real a Julia Roberts con "Mystic Pizza" y, aluego, pariría cosas como "Niño Rico", la de Macaulay Culkin, "Miss Agente Especial", "Cómo perder un chico en diez días" o "Bienvenido a Mooseport"... para terminar regresando a la caja tonta. Una carrera fascinante. Me pregunto qué impulsa a un director como este a meterse en el cine. Qué le mueve. Qué le motiva. ¿Ganar dinero? ¿mejor esto que ser dependiente del "McDonalds"?... ¿O solo se trata de severa miopía a la hora de elegir los proyectos? Un genuino misterio para mí.
Dirige un inocuo y cumplidor Donald Pretie. Comenzó en la tele, dio su primera oportunidad real a Julia Roberts con "Mystic Pizza" y, aluego, pariría cosas como "Niño Rico", la de Macaulay Culkin, "Miss Agente Especial", "Cómo perder un chico en diez días" o "Bienvenido a Mooseport"... para terminar regresando a la caja tonta. Una carrera fascinante. Me pregunto qué impulsa a un director como este a meterse en el cine. Qué le mueve. Qué le motiva. ¿Ganar dinero? ¿mejor esto que ser dependiente del "McDonalds"?... ¿O solo se trata de severa miopía a la hora de elegir los proyectos? Un genuino misterio para mí.
jueves, 1 de enero de 2009
ANNIHILATOR
Reincidimos en la categoría de "pelis que en su momento no me decidí a alquilar, y hoy tengo oportunidad de recuperar". Desconozco qué NO me atrajo de "Annihiliator". Quizás es que la información que ofrecía la caratula hacía pensar que se trataba de una copia de "Terminator" de quinta división, una serie super-Z, y hasta cierto punto tenía razón. Sin ser exactamente igual al film de James Cameron, es obvio que mama de este y comparten muchas ideas y conceptos visuales. Coño, si incluso el Dr.Silberman de aquella, Earl Boen, hace aquí de periodista. Pero al contrario de mis sospechas, no se trata de una Z-movie, para nada, "Annihilator" lleva el sello "Universal Pictures", y aunque no estemos ante una macro producción, dispone de unos medios razonables que el dire, Michael Chapman, no supo aprovechar del todo.El prota no es otro que el actor -televisivo- Mark Lindsay Chapman (¿hermano del dire?), al que también podemos ver en "The Langoliers". Le siguen rostros más o menos populares como los de Brion James (en un rol minúsculo) o Geoffrey Lewis.
El editor de un periódico ve como su novia se ha convertido en un agresivo robot tras un viaje en avión misteriosamente interrumpido. A partir de ahí, intentará encontrar la verdad oculta tras el misterio.
Aunque el arranque es más o menos potable, poco a poco "Annihiliator" va entrando en una espiral de absurdismo y ridículo sin fin. Son tantos los elementos, y en algunos casos tan esporádicos, que hacer una lista sería complejo... centrémonos en un detalle que no pasa desapercibido, la manía del director por sobre-editar algunas secuencias en las que los planos van follaos, sin sentido, y de modo gratuito. La intención, imagino, es ser el más moderno y "cool" del momento, pues en 1986 la estética vídeo-clip comenzaba a arremeter con fuerza. El auge de todo ello lo tenemos en un segmento de la peli muy extraño, e innecesario, en el que, literalmente, se nos ilumina con un vídeo-clip a base de imágenes que hemos visto a lo largo de la proyección, más otras sin sentido de totems religiosos ¿¿?? (en un momento dado, el héroe se superpone a la imagen de un ángel y las alas de este encajan en su espalda) mientras de fondo oímos el "Ashes to ashes" de David Bowie... de principio a fin. Vamos, que es como una de las pelis ochenteras de Michael Mann, pero a lo burro. Y es que de ochentismo hay tics como para parar un tren, ya sea en el vestuario, como en esa banda sonora a base de sintetizador.
Para mayor escarnio, la peli acaba dejando muchísimos cabos sueltos, y a su protagonista, mochila en ristre, haciendo autoestop (a lo Bill Bixby en la serie de "La Masa") y dispuesto a lograr su objetivo. Tranquilos, hay una explicación para esto último, y para el despropósito entero en general, se trata del episodio piloto de una serie que nunca llegó a producirse y en esa época los productos televisivos no tenían los medios -y los humos- de los que hoy día hacen gala. Ya puedo dormir tranquilo.
sábado, 16 de mayo de 2020
MADE IN U.S.A.
Con "Made in U.S.A.", "The Kentucky Fried Movie" en versión original, hablamos de una de las comedias determinantes de mi adolescencia. Entonces andaba como loco con John Landis y el "spoof" según las artes de Jim Abrahams, Jerry & David Zucker. Fue toda una revelación dscubrir que, antes de sus respectivos grandes "hits", habían colaborado en una película.
Estamos en 1977. Los ZAZ triunfaban con su teatro en el que parodiaban cine, televisión y anuncios (el "Kentucky Fried Theatre"), mientras que Landis llevaba cinco años inactivo tras debutar con "Shlock/El monstruo de las bananas". Fue el productor Robert K. Weiss el que los fusionó para una película que suponía el traslado a la gran pantalla del humor del trío judío (únicos responsables del guion). Sin saberlo, estaban dando el pistoletazo de salida a la nueva comedia norteamericana que tan buenos frutos aportó de ahí en adelante. Aquel sentido del humor, surrealista, provocador, algo transgresor y eminentemente gamberro fue un auténtico revulsivo. Rodada con evidentes pocos medios, funcionó de perlas. Y el resto, como se suele decir, es historia.
Centrarse en su contenido es tan absurdo como ella misma. Básicamente se trata de una sucesión de gags de variada temática y duración, en los que, tal y como solían proceder con el "Kentucky Fried Theatre", hacen mofa de la televisión, la publicidad y el cine. Los hay brillantes y los hay menos inspirados. Aunque la coña estrella es la ya mítica parodia de "Operación Dragón". Dura más que la mayoría e incluye algunas de las mejores ocurrencias (la "sirena humana" todavía consigue hacerme derramar lágrimas de risa), sin desmerecer de esa otra desternillante guasa a costa de las "películas/series de juicios", "Courtroom".
Motivados por el éxito, los ZAZ pensaron en parir una segunda parte de "The Kentucky Fried Movie" que incluiría otra "parodia central" de alguna película popular de la época. Pero el colega Weiss les convenció para que olvidaran el formato de acumulación de gags y se centraran en convertir dicho sketch en un largometraje. Aquel fue el gen de lo que poco después se convertiría en "Aterriza como puedas". Y el resto es... pues eso.
"The Kentucky Fried Movie" llegó a España cortesía de "Weekend Video". Inexplicablemente, la habían desprovisto de algunos sketches (e, irónicamente, una imagen de uno de estos lucía en la parte trasera de la estrambótica caratula). El doblaje interfería mucho, demasiado, con citas a Madrid y al Pisuerga... pero, curiosamente, también contribuía a hacerla más divertida. Imposible no partirse el ojal con aquello de "Entle nosotlos hay un chinito cablón". Cuando fue pésimamente editada en dvd, le quitaron todavía más material. Afortunadamente, la edición yanqui lo lleva absolutamente todo. El film es tratado con la pleitesía que merece y cuenta con un audiocomentario entre Landis, los ZAZ y Weiss, así como entrañables imágenes del rodaje tomadas con una cámara de 8mm.
A pesar de su condición modesta, pueden verse algunos rostros y nombres populares a lo largo de la proyección: Bill Bixby, George Lazenby, Henry Gibson o Donald Shuterland. Forrest J. Ackerman se marca un cameo. Uschi Digard luce sus inmensas ubres. Evan Kim, la versión coñera de Bruce Lee, luego haría de compañero de "Harry Callahan" en "La lista negra". Los propios Zucker, Abrahams, Zucker interpretan a bastantes personajes. Landis aparece protagonizando un "stunt" (cosa a la que se dedicaba en su juventud y también hizo en "Un hombre lobo americano en Londres") y, esta vez, dejó el disfraz de gorila para el colega Rick Baker.
Uno de los aspectos más reconfortantes de "Made in U.S.A." es su humor políticamente incorrecto. Gags como la familia que convive con el hijo muerto a pesar de su avanzado estado de descomposición, ese legendario "Negros de mierdaaaaa!" (que en versión original se reduce a "Niiiigroooos!"), la imagen de una angelical niña junto a un enorme hombre de color en la misma cama ("Catholic High School Girls in Trouble") o la guasa con la manera de hablar de los personajes asiáticos, seguramente hoy día serían pasto de agrias y estúpidas polémicas. También sorprendía la carga erótica, especialmente con el sketch en el que una pareja fornicadora es espiada con gozo desde la televisión por los responsables de un noticiario (tres de los cuales son los mismos ZAZ). En aquella época, me sirvió incluso para darle al manubrio alguna que otra vez.
Con los años, y la inevitable decadencia creativa, Robert K. Weiss con "Amazonas en la luna" y David Zucker con "The Onion Movie" intentaron repetir la jugada. Mientras esta segunda se saldó con resultados algo irregulares, tal y como expuse en su respectiva reseña, la de las "Amazonas..." aún tenía cierta gracia. Además, conservaba casi intacta la estructura de "Made in U.S.A.", con una guasa central a costa de un género, en este caso la ciencia ficción de serie B de los años 50.
Como anécdota personal, dejen que les narre la ocasión en la que, estando un poco de moda a nivel local aquello de programar películas "trash" en un centro cívico y/o bar, un amigo mío decidió proyectar "Made in U.S.A.". Podemos decir que el muchacho no parecía comprender la diferencia entre una película "mala pero divertida", en la que el humor surge de forma involuntaria, y un "spoof" cuya función consiste, salga bien o mal, en provocar la risa de manera expresa. Aquellos pases se caracterizaban porque el público presente, fuese o no numeroso, se pasaba todo el rato increpando a la pantalla, soltando sandeces, tacos, etc. Supuestamente tal actividad debía acompañar a la peli, formar parte de la fiesta, pero muchas veces únicamente se transformaba en una molesta pared de ruido carente de ingenio alguno. Y así ocurrió con la película de Landis que, primero, fue tratada como una basura cuando, a mi juicio, estaba lejos de serlo. Y segundo, la metralleta de hostiles berridos imposibilitaba pillar los muchos gags verbales, por lo que difícilmente iban a entender los presentes que aquello era una genuina buena comedia. Tanto me cabreé, que me piré de allí para no volver. Creo que la experiencia me hizo replantear la validez de esa clase de eventos, cosa que a la larga tendría consecuencias.
Recientemente me animé a revisar este clásico de John Landis + ZAZ. Una parte de mi estaba convencido de que ya no me iba a funcionar igual, que me daría cuenta de que en realidad era bastante mala. Sin embargo, y a pesar de algunos chistes poco acertados, la disfruté mucho, me partí de risa con sus mejores ocurrencias ("Es duro y desdentado") y, vamos, que lo pasé pipa.
"The Kentucky Fried Movie / Made in U.S.A." sigue siendo estupenda en lo suyo.
Estamos en 1977. Los ZAZ triunfaban con su teatro en el que parodiaban cine, televisión y anuncios (el "Kentucky Fried Theatre"), mientras que Landis llevaba cinco años inactivo tras debutar con "Shlock/El monstruo de las bananas". Fue el productor Robert K. Weiss el que los fusionó para una película que suponía el traslado a la gran pantalla del humor del trío judío (únicos responsables del guion). Sin saberlo, estaban dando el pistoletazo de salida a la nueva comedia norteamericana que tan buenos frutos aportó de ahí en adelante. Aquel sentido del humor, surrealista, provocador, algo transgresor y eminentemente gamberro fue un auténtico revulsivo. Rodada con evidentes pocos medios, funcionó de perlas. Y el resto, como se suele decir, es historia.
Centrarse en su contenido es tan absurdo como ella misma. Básicamente se trata de una sucesión de gags de variada temática y duración, en los que, tal y como solían proceder con el "Kentucky Fried Theatre", hacen mofa de la televisión, la publicidad y el cine. Los hay brillantes y los hay menos inspirados. Aunque la coña estrella es la ya mítica parodia de "Operación Dragón". Dura más que la mayoría e incluye algunas de las mejores ocurrencias (la "sirena humana" todavía consigue hacerme derramar lágrimas de risa), sin desmerecer de esa otra desternillante guasa a costa de las "películas/series de juicios", "Courtroom".
Motivados por el éxito, los ZAZ pensaron en parir una segunda parte de "The Kentucky Fried Movie" que incluiría otra "parodia central" de alguna película popular de la época. Pero el colega Weiss les convenció para que olvidaran el formato de acumulación de gags y se centraran en convertir dicho sketch en un largometraje. Aquel fue el gen de lo que poco después se convertiría en "Aterriza como puedas". Y el resto es... pues eso.
"The Kentucky Fried Movie" llegó a España cortesía de "Weekend Video". Inexplicablemente, la habían desprovisto de algunos sketches (e, irónicamente, una imagen de uno de estos lucía en la parte trasera de la estrambótica caratula). El doblaje interfería mucho, demasiado, con citas a Madrid y al Pisuerga... pero, curiosamente, también contribuía a hacerla más divertida. Imposible no partirse el ojal con aquello de "Entle nosotlos hay un chinito cablón". Cuando fue pésimamente editada en dvd, le quitaron todavía más material. Afortunadamente, la edición yanqui lo lleva absolutamente todo. El film es tratado con la pleitesía que merece y cuenta con un audiocomentario entre Landis, los ZAZ y Weiss, así como entrañables imágenes del rodaje tomadas con una cámara de 8mm.
A pesar de su condición modesta, pueden verse algunos rostros y nombres populares a lo largo de la proyección: Bill Bixby, George Lazenby, Henry Gibson o Donald Shuterland. Forrest J. Ackerman se marca un cameo. Uschi Digard luce sus inmensas ubres. Evan Kim, la versión coñera de Bruce Lee, luego haría de compañero de "Harry Callahan" en "La lista negra". Los propios Zucker, Abrahams, Zucker interpretan a bastantes personajes. Landis aparece protagonizando un "stunt" (cosa a la que se dedicaba en su juventud y también hizo en "Un hombre lobo americano en Londres") y, esta vez, dejó el disfraz de gorila para el colega Rick Baker.
Uno de los aspectos más reconfortantes de "Made in U.S.A." es su humor políticamente incorrecto. Gags como la familia que convive con el hijo muerto a pesar de su avanzado estado de descomposición, ese legendario "Negros de mierdaaaaa!" (que en versión original se reduce a "Niiiigroooos!"), la imagen de una angelical niña junto a un enorme hombre de color en la misma cama ("Catholic High School Girls in Trouble") o la guasa con la manera de hablar de los personajes asiáticos, seguramente hoy día serían pasto de agrias y estúpidas polémicas. También sorprendía la carga erótica, especialmente con el sketch en el que una pareja fornicadora es espiada con gozo desde la televisión por los responsables de un noticiario (tres de los cuales son los mismos ZAZ). En aquella época, me sirvió incluso para darle al manubrio alguna que otra vez.
Con los años, y la inevitable decadencia creativa, Robert K. Weiss con "Amazonas en la luna" y David Zucker con "The Onion Movie" intentaron repetir la jugada. Mientras esta segunda se saldó con resultados algo irregulares, tal y como expuse en su respectiva reseña, la de las "Amazonas..." aún tenía cierta gracia. Además, conservaba casi intacta la estructura de "Made in U.S.A.", con una guasa central a costa de un género, en este caso la ciencia ficción de serie B de los años 50.
Como anécdota personal, dejen que les narre la ocasión en la que, estando un poco de moda a nivel local aquello de programar películas "trash" en un centro cívico y/o bar, un amigo mío decidió proyectar "Made in U.S.A.". Podemos decir que el muchacho no parecía comprender la diferencia entre una película "mala pero divertida", en la que el humor surge de forma involuntaria, y un "spoof" cuya función consiste, salga bien o mal, en provocar la risa de manera expresa. Aquellos pases se caracterizaban porque el público presente, fuese o no numeroso, se pasaba todo el rato increpando a la pantalla, soltando sandeces, tacos, etc. Supuestamente tal actividad debía acompañar a la peli, formar parte de la fiesta, pero muchas veces únicamente se transformaba en una molesta pared de ruido carente de ingenio alguno. Y así ocurrió con la película de Landis que, primero, fue tratada como una basura cuando, a mi juicio, estaba lejos de serlo. Y segundo, la metralleta de hostiles berridos imposibilitaba pillar los muchos gags verbales, por lo que difícilmente iban a entender los presentes que aquello era una genuina buena comedia. Tanto me cabreé, que me piré de allí para no volver. Creo que la experiencia me hizo replantear la validez de esa clase de eventos, cosa que a la larga tendría consecuencias.
Recientemente me animé a revisar este clásico de John Landis + ZAZ. Una parte de mi estaba convencido de que ya no me iba a funcionar igual, que me daría cuenta de que en realidad era bastante mala. Sin embargo, y a pesar de algunos chistes poco acertados, la disfruté mucho, me partí de risa con sus mejores ocurrencias ("Es duro y desdentado") y, vamos, que lo pasé pipa.
"The Kentucky Fried Movie / Made in U.S.A." sigue siendo estupenda en lo suyo.
martes, 3 de septiembre de 2013
LA COSA DEL PANTANO
Con los años, Wes Craven ha acabado siendo considerado uno
de los grandes maestros del fantástico de todos los tiempos. Pero como le pasa
a muchos de estos maestros (George A. Romero, sin ir más lejos) está bastante sobrevalorado. Es más, diría incluso que es bastante manazas, y que se le juzga únicamente
por el par de películas buenas que tiene (“Pesadilla en Elm Street”, “Las colinas tienen ojos” o “La serpiente y el arco iris”), cosa esta que, también,
sería muy relativa, en lugar de hacerlo por el montonazo de pedazos de mierda
que tiene en su filmografía.
El caso más palpable de su inutilidad sería esta “La cosa
del pantano”. Es tan estúpida la película como la idea de, entre el mogollón de
cómics que había en D.C., adaptar este tan peñazo a la pantalla grande,
estupidez esta que también cometieron los de “Marvel” al adaptar el personaje
que bebe las aguas de este, “Man Thing”, además en la década pasada.
Un individuo en su laboratorio crea un suero que hace que
las plantas se conviertan en alimentos, con lo que se puede acabar con el
hambre en el mundo. Pero por otro lado, tenemos a un malo muy malo, que quiere
comprar el suero para hacer solo sabe dios que, y como el inventor se niega a vendérselo,
lógicamente, se lo carga. Pero el suero cae sobre el cuerpo del doctor, convirtiéndole
en “La cosa del pantano”, y por ende, en un súperhéroe que
pondrá a todos estos individuos en su sitio y luchará contra el crimen desde los pantanos de Florida.
La puñetera película no sirve ni para comida de carroñeros.
Y es que, que no me vengan con los rollos del poco
presupuesto; menos se tenía para cada capitulo de “El increíble Hulk” en
televisión y molaba infinitamente más que esto. De hecho, es que aunque “La
cosa del Pantano” es una película de cine, en ritmo, estructura, y si me
apuran, incluso en fotografía, es calcada
a la serie interpretada por Bill Bixby o Lou Ferrigno… parece como si
quisiera imitarla… sin éxito, por supuesto, porque esto es la cosa más
aburrida que se puede echar alguien a la cara. En definitiva, que parece un
telefilm, pero de los malos.
Si hay que hacerse el guay, diré que el traje de la cosa del
pantano, hecho a base de plastico y latex, no se parece nada al de cómic, que
es una puta mierda, que tiene expresión de chiste y que por eso te tienes que reír,
que también tienes que hacerlo por el par de monstruos que aparecen en la
película y contra los que la cosa tiene que luchar, y que vemos las excelentes
tetas de la muy pelopolla Adrienne Narbeau (la hemos visto en “La niebla”,
“1997, rescate en Nueva York”, “ Los locos del Cannonball” “Creepshow”, prestó
su voz al ordenador de “La cosa”, o en “Regreso a la escuela”… ahí es nada),
pero es que esos no son motivos suficientes para dedicarle un visionado. O si…
al fin y al cabo, anoche me la comí del primer al ultimo fotograma.
Junto a ese par de tetas, tenemos en el reparto a parte de
actores de la escudería Craven como David Hess (“La ultima casa a la
izquierda”, habitual en las pelis de vídeo de Ulli Lommel,), Louise Jordan como
la chistosa cosa del pantano, Ray Wise (“Twin Peaks”) como el malo maloso y
hasta un negrillo con gafas gigantes.
Años mas tarde, Jim Wynorski se encargó de rodar una secuela
con mucha más gracia, “El regreso de la cosa del pantano”, en la que el aspecto
del bicho, era inmensamente más parecido al de los cómics, e infinitamente más
elaborado, que el de esta mierda de Wes Craven.
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