Nada dura eternamente. Llevaba vistas ya cuatro películas del demencial -pero respetado intelectualmente- germano Christoph Schlingensief y todas me habían gustado, dato este especialmente inusual si consideramos la naturaleza + o - "arty" de dichas obras. ¿Sería el creador perfecto?. Pues no, ahora ya puedo confirmar que no. Entusiasmado, me senté a ver una de sus primeras películas, "Menu Total", y lo que encontré fue... ¿cómo decirlo?... ¡¡un rollo!!. Y no es que estuviese huérfano de las señas de identidad habituales y que molan de Schlingensief, es decir: el humor cafre, el surrealismo, el mal gusto, la escatología, los excesos, etc. Todo eso lo tenemos. Y la locura, y las estridencias y los berridos. Entonces ¿qué falla? Pues seguramente que "Menu Total" es una peli radicalmente anarrativa. Sin el más mínimo sentido, ni la más mínima lógica. Y uno piensa que eso no tiene por qué traducirse en una mala peli. Ya me va un poco de locura y sin sentido... pero TANTO, igual no. Tal vez por eso no me gustó nada de nada. Y eché de menos un elemento habitual en el cine de Schlingensief. Uno humano: Udo Kier y sus desmadres interpretativos. Justamente, cuenta la leyenda que Kier se lo pasó tan bien viendo "Menu Total" que se ofreció al director para que contara con él, formando en ese momento una unión inseparable que daría varios frutos. Desafortunadamente, y por mucho que admiro a Udo Kier, es evidente que no compartimos gustos.
Quería quitarme el mal sabor, tocaba ir a por algo seguro: Una de las pelis más "recientes" en el tiempo (1996) de Christoph Schlingensief, aquellas situadas en la etapa que practicaba unas formas un pelín más narrativas y cómicas. Además, con protagonismo de Udo Kier. A priori "United Trash" era perfecta, porque está considerada su obra más cerda, burra y más, eso, trash. De hecho, en la época muchos de sus fieles no quedaron nada contentos con ella, dolidos porque el germano había hecho una cosa más abiertamente humorística y, sobre todo, entretenida. ¿Recuperaría mi fe en él o seguiría la mala racha?.
Visionar "United Trash" es como recibir un puñetazo en todo el jeto. O un escupitajo. A ver si consigo explicar de qué va: Un enviado de las Naciones Unidas a África ve como su mujer da a luz a un niño. Desde luego es algo muy raro, porque él nunca la ha penetrado, entre otras cosas por su condición gay y que se acuesta con un tipo de aspecto muy desagradable al que le gusta untarse de caca. El caso es que el niño rápidamente es coronado como el nuevo mesías por una especie de secta religiosa que controla un babeante individuo sin dientes. Todo sería idílico si no fuese porque la madre está en constante pelea con su marido y el amante quien, para mayor escarnio, abusa del niño bañándolo en mierda. En un momento dado el chaval se mete una canica por la nariz y queda atascada. A la madre no se le ocurre otra cosa que intentar quitársela usando una enorme aguja. Accidentalmente se la clava, atravesándole la cabeza, y es llevado a urgencias, donde un médico con el aspecto de Hitler le salva. Pero el crío queda gravemente afectado y se convierte en un enano cuya amplia frente viene adornada por una especie de vagina abierta que supura semen. ¿O es pus?. Y no solo eso, encima ha adquirido poderes, por lo que un dictador africano quiere meterlo dentro de un misil y lanzarlo contra la Casa Blanca. Cosa que hará.
¿Cómo se os ha quedado el cuerpo? Pues esto es una película de verdad y no solo narra una historia tan demencial y salvaje, es que encima está contada a la manera de Christoph Schlingensief: ritmo endiablado, gritos y más gritos, caras desencajadas, muecas grotescas... puro caos desenfrenado, rebañado en el humor más demente que un ser humano pueda concebir. Sin olvidar la innumerable ristra de cerdadas, líquidos insalubres, sudores y todo aquello que se os ocurra.
Udo Kier está inmenso, cómo no. Al parecer el hombre daba por olvidada la película y se sorprendió el día que un fan le habló de ella. Ningún distribuidor la quería (aunque se dice que Roger Corman la vio y se interesó por ella, sin llegar a ningún acuerdo con sus responsables) y por poco no pone fin a la carrera de todos los implicados. En esta ocasión el actor viene perfectamente acompañado de Kitten Natividad, la ex-musa de Russ Meyer, gorda como una foca, con sus dos inmensas tetorras en continuo trote, pero que se mete mucho y muy bien en su rol y acaba brillando con luz propia (por lo visto el papel fue ofrecido por Kier a Barbara Steele, pero lo rechazó tajantemente tras leer el guion).
A modo anecdótico, merece la pena comentar que durante el rodaje el equipo fue arrestado por la policía cuando una guionista local, molesta porque había sido despedida, les acusó de estar rodando una peli pornográfica y racista. Cuando se estrenó, los críticos corrieron a buscar comparaciones con Monty Python y el inevitable, vendido y ladrón de John Waters. Sin embargo, Christoph Schlingensief citó otras tan curiosas como Herschell Gordon Lewis, el underground Jack Smith y... ¡"Agárralo como puedas"!. De hecho, explicaba en una entrevista que en ese momento se encontraba intentando levantar un proyecto literalmente adscrito de un modo mucho más puro a la etiqueta de "spoof movie". Por desgracia, no se llegó a materializar.
Además de todo lo expuesto, hay cosillas de esas muy de su director que adoro. Por ejemplo, eventualmente en lugar de un rótulo en la pantalla para indicarnos que han pasado días u horas, aparecen un par de extras regionales sujetando un tosco cartel escrito a mano. Cuando quieren situarnos en la Casa Blanca, Schlingensief convierte un edificio más o menos elegante situado en Zimbabwe, uno de los lugares donde se rodó la peli, le mete una bandera yanqui, viste a un tipo con gabardina para que tenga pinta de guardaespaldas y, hale!, ya tenemos Casa Blanca. Lo mismo se aplica en el caso de una supuesta Venecia, con un gondolero africano subido a una barca situada en medio de un prado desértico. Me flipa.
El propio Christoph Schlingensief se marca un cameo durante los créditos del inicio. Encuadra a un grupo de autóctonos pasando hambre justo al lado de una mesa repleta de blancos devorando manjares variados, deja la cámara sola -ya que es él quien la maneja- y corre a sentarse en la mesa, sin parar de sonreír y mirando al objetivo. Brillante.
¿El resultado? Inclasificable. Y tómense la palabra de manera tajante. Es la comedia más comedia que le he visto a su director y es entretenida, ni que sea por el continuo bombardeo de ideas descabelladas, berridos desalmados y giros inesperados. Pero todavía ahora me cuesta mucho sacar una conclusión. Trato de entender qué demonios es lo que vi. Y no todas las películas consiguen algo así.
Mostrando las entradas para la consulta "Christoph Schlingensief" ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta "Christoph Schlingensief" ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas
sábado, 7 de septiembre de 2019
sábado, 1 de junio de 2024
FREAKSTARS 3000
Cuesta un poco discernir qué pretendía el ilustre germano Christoph Schlingensief cuando se puso manos a la obra con "Freakstars 3000". Así, de primeras, lo fácil es suponer que quería parodiar descarnadamente los "reality" por entonces ya demasiado abundantes en las televisiones de la época, año 2004. Especialmente aquellos del tipo "Operación Triunfo". Basta echar un vistazo a alguno de ellos -incluyendo imitaciones posteriores como "La Voz"- para percatarse de que la mayoría de participantes eran profundamente retardados (y siguen siéndolo. Probablemente, lo mismo que su audiencia) Tristes almas con sueños de grandeza dispuestas a ser ridiculizadas y humilladas por cuatro ratas repugnantes, ocultas bajo la piel de supuestas "celebrities" expertas, con tal de lograr alcanzar fama y gloria, dejando bajo el felpudo personalidad y estilo propio. Así pues, si vas a cachondearte de esa clase de mierda, y además te llamas Christoph Schlingensief y te gusta más provocar que a un tonto una piruleta, da el paso lógico: Ficha a genuinos retrasados mentales, de los diagnosticados, como estrellas de tu propio "reality show" y titúlalo "Freakstars 3000". Ole tus cojones.
Y eso es lo que tenemos aquí, documentado vídeo mediante a lo largo de 74 minutos, el proceso de casting, las distintas pruebas, los entrenamientos y el gran concierto final de una banda compuesta de individuos e individuas a los que les falta un hervor... dos... o veintiséis. Sin trucos, sin maquillajes, sin disfraces... bueno, eso sí, en ocasiones Schlingensief cubre a sus "actores" con atuendos llamativos para que teatralicen situaciones diversas. A uno, directamente, le pinta con rotulador un bigotillo / flequillo hitleriano. También parodia la publicidad inherente a esta clase de roña televisada, con los retardados protagonizando supuestos spots de sendos productos que no saben ni utilizar.
Y ahí es donde se produce el debate: ¿están siendo explotadas estas pobres almas? ¿son conscientes de la mentira, del show? ¿sus familiares, y los médicos responsables, no sospechan nada? ¿o es que las intenciones del cineasta alemán son puras y genuinas? vamos, que solo les está dando una oportunidad y, de paso, denuncia a la sociedad por marginarlos. Es algo que en ningún momento se aclara. Independientemente de ello, él se siente como en casa (tiene un rol más que destacado a lo largo de la función, ejerciendo sobre todo de jurado) Si has visto algunas de sus películas previas, sabrás que a Christoph le chiflaba el caos, los gritos, las sobreactuaciones desorbitadas, conversaciones donde unos pisotean a otros, la locura más extrema... y de eso en "Freakstars 3000" lo hay a espuertas, además, esta vez sin tener que esforzarse demasiado. Dando un micro y libre albedrío a sus "actores". Todo ello montado con muchísimo brío, un aluvión continuo de imágenes, situaciones variopintas (en cierto momento, uno cae enfermo y termina en el hospital... y aunque parece formar parte del show, que es fingido, al final incluso dudas) y unos grafismos deudores de lo que Terry Gilliam hizo para "Monty Python".
Naturalmente, los voluntariosos y apasionados retardados que pululan frente a la cámara son inevitablemente graciosos, destacando entre todos uno llamado Mario que es puro carisma. Le terminas cogiendo cariño. Bien mirado, Schlingensief se adelantó unos años a Javier Fesser con ya saben cual, solo que, ¿de modo más honesto y menos hipócrita?
En cualquier caso, la página web que se anuncia a lo largo de la película sigue activa, por si alguien siente enfermiza curiosidad.
"Freakstars 3000" pasa en un suspiro y la ves con una sonrisa... aunque también cierto desconcierto. Y eso, por supuesto, mola mucho. Más todavía en los asquerosos tiempos moralistas en los que nos ha tocado vivir.
Porque murió el año 2010, si no, seguramente hoy las siempre detestables cloacas sociales crucificarían a Christoph Schlingensief.
Y eso es lo que tenemos aquí, documentado vídeo mediante a lo largo de 74 minutos, el proceso de casting, las distintas pruebas, los entrenamientos y el gran concierto final de una banda compuesta de individuos e individuas a los que les falta un hervor... dos... o veintiséis. Sin trucos, sin maquillajes, sin disfraces... bueno, eso sí, en ocasiones Schlingensief cubre a sus "actores" con atuendos llamativos para que teatralicen situaciones diversas. A uno, directamente, le pinta con rotulador un bigotillo / flequillo hitleriano. También parodia la publicidad inherente a esta clase de roña televisada, con los retardados protagonizando supuestos spots de sendos productos que no saben ni utilizar.
Y ahí es donde se produce el debate: ¿están siendo explotadas estas pobres almas? ¿son conscientes de la mentira, del show? ¿sus familiares, y los médicos responsables, no sospechan nada? ¿o es que las intenciones del cineasta alemán son puras y genuinas? vamos, que solo les está dando una oportunidad y, de paso, denuncia a la sociedad por marginarlos. Es algo que en ningún momento se aclara. Independientemente de ello, él se siente como en casa (tiene un rol más que destacado a lo largo de la función, ejerciendo sobre todo de jurado) Si has visto algunas de sus películas previas, sabrás que a Christoph le chiflaba el caos, los gritos, las sobreactuaciones desorbitadas, conversaciones donde unos pisotean a otros, la locura más extrema... y de eso en "Freakstars 3000" lo hay a espuertas, además, esta vez sin tener que esforzarse demasiado. Dando un micro y libre albedrío a sus "actores". Todo ello montado con muchísimo brío, un aluvión continuo de imágenes, situaciones variopintas (en cierto momento, uno cae enfermo y termina en el hospital... y aunque parece formar parte del show, que es fingido, al final incluso dudas) y unos grafismos deudores de lo que Terry Gilliam hizo para "Monty Python".
Naturalmente, los voluntariosos y apasionados retardados que pululan frente a la cámara son inevitablemente graciosos, destacando entre todos uno llamado Mario que es puro carisma. Le terminas cogiendo cariño. Bien mirado, Schlingensief se adelantó unos años a Javier Fesser con ya saben cual, solo que, ¿de modo más honesto y menos hipócrita?
En cualquier caso, la página web que se anuncia a lo largo de la película sigue activa, por si alguien siente enfermiza curiosidad.
"Freakstars 3000" pasa en un suspiro y la ves con una sonrisa... aunque también cierto desconcierto. Y eso, por supuesto, mola mucho. Más todavía en los asquerosos tiempos moralistas en los que nos ha tocado vivir.
Porque murió el año 2010, si no, seguramente hoy las siempre detestables cloacas sociales crucificarían a Christoph Schlingensief.
sábado, 28 de junio de 2014
DAS DEUTSCHE KETTENSÄGEN MASSAKER
En la lerda España de los 90 existía una costumbre entre el fandom, surgido a raíz del aborrecible "boom" del gore y demás, que consistía en interesarse por cualquier tipo de película, siempre y cuando sus fotogramas viniesen bien repletitos de sangre e higadillos. No importaba que fuera terror, comedia, drama, cine experimental o arte y ensayo. Si llevaba gore, molaba. Naturalmente todo se quedaba ahí, lo demás, cualquier otra cualidad, les importaba un huevo. Por un lado eso estaba muy bien, pero por otro muy mal. Buenos títulos quedaban totalmente desvirtuados. Y se puso en el pedestal a directores que no lo merecían. Elementos que hacían sus películas pretenciosas e intelectualoides cargadas de imágenes tan chocantes como gráficas y, en un notorio alarde de poca honestidad, evitaban reconocer y aceptar que su popularidad se debía a ello. Soñaban con que el mérito perteneciera al contenido "serio y profundo". Si, ya, mis cojones.
El caso expuesto se triplicaba si añadíamos una característica más a la ecuación, que el producto viniese de las germanias. Eran tiempos en los que el llamado ultra-gore Alemán se lo comía todo, y si en un bando teníamos a los anticristos del buen cine como eran (y son) Andreas Schnaas y Olaf Ittenbach, por otro estaban aquellos con más pretensiones artísticas, como Jörg Buttgereit, a los que les jodía que les metieran en el mismo saco que "Violent Shit" o "Black Past", pero tampoco hacían nada para evitarlo porque, en fin, ¿a quién le disgusta tener fama y aceptación aunque sea equivocada?. Siempre me sorprendió que el gore-fan medio opinara favorablemente de algo tan arty y pomposo como "Der Todesking". Que sí, que tenía una escena de castración, aunque solo duraba unos minutos y era el único material realmente explícito de toda la función. Incluso los hubo que, viniendo de esferas más artísticas, ajenas al cine y al gore, se subían al carro intentando sacar provecho, rodando sus propias películas sangrantes que eran abrazadas con pasión y entusiasmo por el mismo público que, en pose contra-cultural, abominaba de todo lo que oliera a arte. Así de pavo era el deglutidor medio, que aceptaba de buen grado que le tomaran por imbécil siempre y cuando le llenaran la boca de tripas, chicha y líquido rojo.
Uno de esos "auteurs" bendecidos/perjudicados por tan estúpida e irritante moda fue el -¡¡oh, sorpresa!!- alemán Christoph Schlingensief.
Proveniente del mundo del teatro y las performances, el amigo Schlingensief se había forjado una fama de provocador y "enfant terrible" que arrastraba a todos los festivales a los que acudía con sus mediometrajes de factura tosca, cruda y feista rodados en 16mm y que casi siempre eran recibidos entre el amor y el odio por unas escandalizadas plateas. Cineasta desde chavalín, y propietario de esos curriculums tan fascinantes en el folio pero tan temibles a la práctica (poseía una película únicamente compuesta a base de tomas falsas de otra previa), era tan fan del cine más prestigioso (el inevitable Fassbinder), como del "exploitation". Dio en la diana el día -de 1990- que se le ocurrió remakear a su manera "La matanza de Texas". Más que un remake se trataba de una parodia, pero no una cualquiera, ni mucho menos, una que servía como mera excusa para aquello que suelen hacer los artistas provocativos, soltar un discurso político en forma de sátira, en este caso sobre la reunificación de las Alemanias.
Una chica rubia de lo más guapa mata a su marido (en realidad una de las actrices que veremos más adelante, conscientemente mal caracterizada de hombre) y huye. Cruza la frontera hacia el oeste con el fin de encontrarse con el salido de su amante. Juntos, y tras un intento de violación, son atacados por una bizarra familia de tarados cuya especialidad consiste en matar a los visitantes del otro lado de la frontera y convertirlos en salchichas. Se llevan a la chica, pero esta se enamora de uno de los integrantes de la familia, que le corresponde y... bueno, aquí ya la cosa se desmadra tantísimo que seguir contando la no-trama carecería de tanto sentido como ella misma.
En el lado bueno tenemos, inevitablemente, el look de los 16mm, la cámara en mano, esa iluminación a base de tambaleante focazo directo a los actores, los efectos especiales consciente y voluntariamente toscos, caseros y bien lejos de todo lo que signifique técnica (dicho de otro modo, si la sierra corta un brazo, nos meten un jamón sin disimular lo más mínimo que se trata de eso, un jamón... cosa que me parece adorable, pero que desde buen principio alienará a todo gore-fan acostumbrado a los Tom Savini de rigor), los escenarios donde se desarrolla todo (casi siempre una vieja fábrica abandonada), el delirio y el caos, las ideas absurdas y surrealistas (como ese cuerpo partido por la mitad que canta o ese otro al que, por mucho que atraviesen con la sierra una y otra vez, nunca fallece), los diálogos y las acciones sin sentido (la especialidad de Schlingensief son las interpretaciones histéricas a base de berridos disonantes) y, rizando el rizo, el final: un actor se cansa de aullar y, consciente de que ha terminado su "speech", mira a cámara con mueca de agobio buscando el "corten". Que el director deje ese plano del careto antes de que salgan los créditos me parece brutal.
Peeero, y a pesar de lo expuesto, algo malo pasa con "Das deutsche Kettensägen Massaker" (traducible a "La matanza Alemana de la sierra mecánica"). Tiene todos los ingredientes estéticos y plásticos para fliparme, incluso el hecho de que sea tan cortita (63 maravillosos minutos), pero en cambio no me fascinó, ni me alucinó, ni me dejó con la boca abierta. Más bien me aburrió y me pareció una soberana tontería. Creo que se debe a que todo aquello que juguetea con cuestiones políticas me suele crear rechazo y antipatía. Estás utilizando lápices de colores y trazos infantiles para sermonear sobre algo tan aburrido, complicado, subjetivo y "de mayores" como la política. Tio, no mola. Tal vez necesite verla más veces para que despierte en mi el entusiasmo. I don´t know.
Las copias ilegales y en versión original (es decir, Alemán puro... ¿a quién le importaba entender los diálogos siempre y cuando hubiese sangre a porrillo?) de "Das deutsche Kettensägen Massaker" corrieron de mano en mano entre el fandom (la que he visto yo llevaba subtítulos en inglés, y eso lo pillo bien). Y, claro, pasa lo que pasa, a Christoph Schlingensief nadie le hacía ni puto caso -fuera de las corrientes artys- hasta que jugó con un clásico del terror. Así pues, ganado un nuevo sector del público, quiso repetir la jugada con otra movida más o menos parecida de gráfico -y molón- título, "Terror 2000", pero esta vez no coló y ningún gore-fan más volvió a interesarse por lo que tuviese que decir y filmar el tipo ese del apellido raro.
El rostro del reparto que más destaca en esta "matanza Alemana de la sierra mecánica" es el del famoso y carismático Udo Kier, actor por el que siento especial simpatía, amigo de Schlingensief (actuó en varias de sus películas) y que, pal caso, se marca tal vez la mejor escena, interpretando (si no contamos su breve aparición como Hitler fantasmagórico, referencia a un trabajo previo del actor con el mismo director) al benjamín de la familia caníbal en un alarde de locura e histrionismo sin igual. Eva-Maria Kurz es la que se marca el doble papel tío/tía y en su filmografía encontramos roles en películas de otro "enfant terrible" del cine Alemán, Rosa von Praunheim, y en ¡¡ups!! dos obras de Jörg Buttgereit, "Der Todesking" y "Nekromantik 2". Todo queda en casa. Por lo demás, sé que Christoph Schlingensief solía currar con actores de la cantera Fassbinder, pero así a simple vista no reconozco ninguno, ni me apetece ponerme a investigar, oiga, ¡que no cobro por hacer esto!.
Pasada la tormenta, Schlingensief siguió rodando sus excéntricas películas, fiel a su manera de entender el séptimo arte pero cambiando el celuloide por vídeo... perdón, por digital. Desafortunadamente, abandonó nuestra dimensión el año 2010 por culpa del cáncer y con tan solo 49 tacos.
En cuanto a "Das deutsche Kettensägen Massaker"... pues no sé muy bien qué decir, de momento dejémoslo en curiosa. Dentro de unos años tal vez lo intente de nuevo y, en fin, veremos qué pasa entonces.
El caso expuesto se triplicaba si añadíamos una característica más a la ecuación, que el producto viniese de las germanias. Eran tiempos en los que el llamado ultra-gore Alemán se lo comía todo, y si en un bando teníamos a los anticristos del buen cine como eran (y son) Andreas Schnaas y Olaf Ittenbach, por otro estaban aquellos con más pretensiones artísticas, como Jörg Buttgereit, a los que les jodía que les metieran en el mismo saco que "Violent Shit" o "Black Past", pero tampoco hacían nada para evitarlo porque, en fin, ¿a quién le disgusta tener fama y aceptación aunque sea equivocada?. Siempre me sorprendió que el gore-fan medio opinara favorablemente de algo tan arty y pomposo como "Der Todesking". Que sí, que tenía una escena de castración, aunque solo duraba unos minutos y era el único material realmente explícito de toda la función. Incluso los hubo que, viniendo de esferas más artísticas, ajenas al cine y al gore, se subían al carro intentando sacar provecho, rodando sus propias películas sangrantes que eran abrazadas con pasión y entusiasmo por el mismo público que, en pose contra-cultural, abominaba de todo lo que oliera a arte. Así de pavo era el deglutidor medio, que aceptaba de buen grado que le tomaran por imbécil siempre y cuando le llenaran la boca de tripas, chicha y líquido rojo.
Uno de esos "auteurs" bendecidos/perjudicados por tan estúpida e irritante moda fue el -¡¡oh, sorpresa!!- alemán Christoph Schlingensief.
Proveniente del mundo del teatro y las performances, el amigo Schlingensief se había forjado una fama de provocador y "enfant terrible" que arrastraba a todos los festivales a los que acudía con sus mediometrajes de factura tosca, cruda y feista rodados en 16mm y que casi siempre eran recibidos entre el amor y el odio por unas escandalizadas plateas. Cineasta desde chavalín, y propietario de esos curriculums tan fascinantes en el folio pero tan temibles a la práctica (poseía una película únicamente compuesta a base de tomas falsas de otra previa), era tan fan del cine más prestigioso (el inevitable Fassbinder), como del "exploitation". Dio en la diana el día -de 1990- que se le ocurrió remakear a su manera "La matanza de Texas". Más que un remake se trataba de una parodia, pero no una cualquiera, ni mucho menos, una que servía como mera excusa para aquello que suelen hacer los artistas provocativos, soltar un discurso político en forma de sátira, en este caso sobre la reunificación de las Alemanias.
Una chica rubia de lo más guapa mata a su marido (en realidad una de las actrices que veremos más adelante, conscientemente mal caracterizada de hombre) y huye. Cruza la frontera hacia el oeste con el fin de encontrarse con el salido de su amante. Juntos, y tras un intento de violación, son atacados por una bizarra familia de tarados cuya especialidad consiste en matar a los visitantes del otro lado de la frontera y convertirlos en salchichas. Se llevan a la chica, pero esta se enamora de uno de los integrantes de la familia, que le corresponde y... bueno, aquí ya la cosa se desmadra tantísimo que seguir contando la no-trama carecería de tanto sentido como ella misma.
En el lado bueno tenemos, inevitablemente, el look de los 16mm, la cámara en mano, esa iluminación a base de tambaleante focazo directo a los actores, los efectos especiales consciente y voluntariamente toscos, caseros y bien lejos de todo lo que signifique técnica (dicho de otro modo, si la sierra corta un brazo, nos meten un jamón sin disimular lo más mínimo que se trata de eso, un jamón... cosa que me parece adorable, pero que desde buen principio alienará a todo gore-fan acostumbrado a los Tom Savini de rigor), los escenarios donde se desarrolla todo (casi siempre una vieja fábrica abandonada), el delirio y el caos, las ideas absurdas y surrealistas (como ese cuerpo partido por la mitad que canta o ese otro al que, por mucho que atraviesen con la sierra una y otra vez, nunca fallece), los diálogos y las acciones sin sentido (la especialidad de Schlingensief son las interpretaciones histéricas a base de berridos disonantes) y, rizando el rizo, el final: un actor se cansa de aullar y, consciente de que ha terminado su "speech", mira a cámara con mueca de agobio buscando el "corten". Que el director deje ese plano del careto antes de que salgan los créditos me parece brutal.
Peeero, y a pesar de lo expuesto, algo malo pasa con "Das deutsche Kettensägen Massaker" (traducible a "La matanza Alemana de la sierra mecánica"). Tiene todos los ingredientes estéticos y plásticos para fliparme, incluso el hecho de que sea tan cortita (63 maravillosos minutos), pero en cambio no me fascinó, ni me alucinó, ni me dejó con la boca abierta. Más bien me aburrió y me pareció una soberana tontería. Creo que se debe a que todo aquello que juguetea con cuestiones políticas me suele crear rechazo y antipatía. Estás utilizando lápices de colores y trazos infantiles para sermonear sobre algo tan aburrido, complicado, subjetivo y "de mayores" como la política. Tio, no mola. Tal vez necesite verla más veces para que despierte en mi el entusiasmo. I don´t know.
Las copias ilegales y en versión original (es decir, Alemán puro... ¿a quién le importaba entender los diálogos siempre y cuando hubiese sangre a porrillo?) de "Das deutsche Kettensägen Massaker" corrieron de mano en mano entre el fandom (la que he visto yo llevaba subtítulos en inglés, y eso lo pillo bien). Y, claro, pasa lo que pasa, a Christoph Schlingensief nadie le hacía ni puto caso -fuera de las corrientes artys- hasta que jugó con un clásico del terror. Así pues, ganado un nuevo sector del público, quiso repetir la jugada con otra movida más o menos parecida de gráfico -y molón- título, "Terror 2000", pero esta vez no coló y ningún gore-fan más volvió a interesarse por lo que tuviese que decir y filmar el tipo ese del apellido raro.
El rostro del reparto que más destaca en esta "matanza Alemana de la sierra mecánica" es el del famoso y carismático Udo Kier, actor por el que siento especial simpatía, amigo de Schlingensief (actuó en varias de sus películas) y que, pal caso, se marca tal vez la mejor escena, interpretando (si no contamos su breve aparición como Hitler fantasmagórico, referencia a un trabajo previo del actor con el mismo director) al benjamín de la familia caníbal en un alarde de locura e histrionismo sin igual. Eva-Maria Kurz es la que se marca el doble papel tío/tía y en su filmografía encontramos roles en películas de otro "enfant terrible" del cine Alemán, Rosa von Praunheim, y en ¡¡ups!! dos obras de Jörg Buttgereit, "Der Todesking" y "Nekromantik 2". Todo queda en casa. Por lo demás, sé que Christoph Schlingensief solía currar con actores de la cantera Fassbinder, pero así a simple vista no reconozco ninguno, ni me apetece ponerme a investigar, oiga, ¡que no cobro por hacer esto!.
Pasada la tormenta, Schlingensief siguió rodando sus excéntricas películas, fiel a su manera de entender el séptimo arte pero cambiando el celuloide por vídeo... perdón, por digital. Desafortunadamente, abandonó nuestra dimensión el año 2010 por culpa del cáncer y con tan solo 49 tacos.
En cuanto a "Das deutsche Kettensägen Massaker"... pues no sé muy bien qué decir, de momento dejémoslo en curiosa. Dentro de unos años tal vez lo intente de nuevo y, en fin, veremos qué pasa entonces.
sábado, 24 de agosto de 2019
EGOMANIA, INSEL OHNE HOFFNUNG
Tenía una curiosidad tremenda por ver "Egomania, insel ohne hoffnung", que se podría traducir como "Egomania, la isla sin esperanza", película realizada en 1986 por ese creador iconoclasta que fue Christoph Schlingensief, del que hemos hablado largamente en formato podcast. Y digo que me tiraba mucho porque había leído que se alejaba un poco de su cine habitualmente grotesco, chillón y agresivo para adentrarse en los terrenos más poéticos del Derek Jarman de "The Garden" o "Last of England", lo que daba pie a un contraste harto regocijante. La presencia en el reparto de una jovencita Tilda Swinton, que andaba liada con el Señor Director en la época, incrementaba tal sensación.
El caso es que al final el visionado ha sido toda una sorpresa. De entrada desconcertante, porque la peli arranca haciendo gala de un tono muy "arty". Demasiado. Todo es bonito, no entiendes un carajo y una voz profunda va soltando proclamas líricas sin sentido. "Ay, madre!", piensas. Pero poco a poco, el espíritu genuinamente Schlingensiano se va imponiendo. Cada vez con más ruido y fuerza. Y el temor se diluye, dando paso a la fascinación.
Usar la palabra argumento es decir mucho. Digamos que "Egomania" se sostiene sobre un hilo, una excusa trufada de muchos momentos (improvisados diría yo, cosa esta confirmada ante el hecho de que el director entregaba a sus actores un guion sin diálogos, únicamente con las escenas descritas). Básicamente gira en torno a dos enamorados a los que les impiden disfrutar de su felicidad. Varios personajes se interponen y destruyen. El que más es un especie de Barón que a ratos parece el demonio y a otros viste y se comporta como un vampiro. Y bienvenida sea su entrada, porque es a partir de ahí que la peli gana enteros y muestra su cara más demencial y descarada. Todo ello gracias a un habitual de Schlingensief, el inimitable Udo Kier, que como solía hacer cuando actuaba para el alemán, pierde los papeles que da gusto. Grita, berrea, rueda por el suelo, besa, chupa, se viste de mujer. Decir histrionismo es quedarse corto... pero viniendo de él, es uno que mola. Mucho.
Sí, es cierto que hay unas gotas de Derek Jarman en el conjunto. Pero no contaminan demasiado y dejan espacio para que Schlingensief pueda desarrollar libremente sus maneras. La novedad, tal vez, es que en esta ocasión prefirió apuntar más hacia el terreno visual, creando algunas imágenes indiscutiblemente bellas y arrebatadoras, que chocan de frente con otras sucias, crudas y de una intensidad salvaje capaces de cortar la respiración y dejarte boquiabierto.
El propio director contaba que cuando le mostró el film terminado a Tilda Swinton, al parecer esta quedó horrorizada, comentó que era terriblemente incomprensible y cargado de odio. Luego lloró.
Podemos quejarnos de la falta de narrativa o el caos imperante, pero en ningún momento podemos acusar a "Egomania" de lenta o aburrida, porque va folladísima, a un ritmo imparable, y la galería de ocurrencias extremas es tanta, que nunca sabemos por dónde va a tirar, consiguiendo así mantenernos en vilo durante agradecidos 84 minutos.
Los 16mm con los que está rodada, los puntuales traqueteos de cámara y la excelente selección musical ponen la guinda.
El caso es que al final el visionado ha sido toda una sorpresa. De entrada desconcertante, porque la peli arranca haciendo gala de un tono muy "arty". Demasiado. Todo es bonito, no entiendes un carajo y una voz profunda va soltando proclamas líricas sin sentido. "Ay, madre!", piensas. Pero poco a poco, el espíritu genuinamente Schlingensiano se va imponiendo. Cada vez con más ruido y fuerza. Y el temor se diluye, dando paso a la fascinación.
Usar la palabra argumento es decir mucho. Digamos que "Egomania" se sostiene sobre un hilo, una excusa trufada de muchos momentos (improvisados diría yo, cosa esta confirmada ante el hecho de que el director entregaba a sus actores un guion sin diálogos, únicamente con las escenas descritas). Básicamente gira en torno a dos enamorados a los que les impiden disfrutar de su felicidad. Varios personajes se interponen y destruyen. El que más es un especie de Barón que a ratos parece el demonio y a otros viste y se comporta como un vampiro. Y bienvenida sea su entrada, porque es a partir de ahí que la peli gana enteros y muestra su cara más demencial y descarada. Todo ello gracias a un habitual de Schlingensief, el inimitable Udo Kier, que como solía hacer cuando actuaba para el alemán, pierde los papeles que da gusto. Grita, berrea, rueda por el suelo, besa, chupa, se viste de mujer. Decir histrionismo es quedarse corto... pero viniendo de él, es uno que mola. Mucho.
Sí, es cierto que hay unas gotas de Derek Jarman en el conjunto. Pero no contaminan demasiado y dejan espacio para que Schlingensief pueda desarrollar libremente sus maneras. La novedad, tal vez, es que en esta ocasión prefirió apuntar más hacia el terreno visual, creando algunas imágenes indiscutiblemente bellas y arrebatadoras, que chocan de frente con otras sucias, crudas y de una intensidad salvaje capaces de cortar la respiración y dejarte boquiabierto.
El propio director contaba que cuando le mostró el film terminado a Tilda Swinton, al parecer esta quedó horrorizada, comentó que era terriblemente incomprensible y cargado de odio. Luego lloró.
Podemos quejarnos de la falta de narrativa o el caos imperante, pero en ningún momento podemos acusar a "Egomania" de lenta o aburrida, porque va folladísima, a un ritmo imparable, y la galería de ocurrencias extremas es tanta, que nunca sabemos por dónde va a tirar, consiguiendo así mantenernos en vilo durante agradecidos 84 minutos.
Los 16mm con los que está rodada, los puntuales traqueteos de cámara y la excelente selección musical ponen la guinda.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)



