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viernes, 28 de agosto de 2009

TERRY GILLIAM, EL SOÑADOR REBELDE

Me acuerdo perfectamente como, siendo chaval y viendo "El sentido de la vida" de mis queridos Monty Python, me llevé un sonoro chasco con el corto que la precedía. Lo encontré aburrido, y esperaba ansioso su final para ver a Cleese, Idle, Palin, Chapman y Jones en acción (y los dibujitos graciosos del tal Gilliam, que en "El sentido de la vida" son especialmente disfrutables). Desde aquel momento, cada vez que me ponía esa peli en el vídeo, pasaba el corto a cámara rápida. De la experiencia saqué algo en claro: No me interesaba el cine de Terry Gilliam como director. Previamente había visto "La bestia del reino" y "Los héroes del tiempo" y, por cosas de la edad, era de los que pensaban estar ante más material Monty Python, que así es como nos lo vendían los distribuidores (luego aprendí que si no la firmaban los seis, no la consideraban como tal). Aunque ambas tuvieron aspectos que llegaron a fascinarme, no me gustaron tanto como "La vida de Brian", por ejemplo (no cuento aquí "Los caballeros de la mesa cuadrada" pues estaba co-dirigida con Terry Jones). Eran un poco plastas, como "Brazil".
Sabía del áurea de respeto que Gilliam tenía entre intelectuales, y me repateaba las tripas... aunque no tanto como para seguir intentándolo. "Las aventuras del barón de Munchausen" se me hizo interminable. Tampoco es que "El rey pescador" cambiara las cosas. Yo fui de los tontos que no supieron ver nada en "12 Monos", la encontré soporífera, complicada y cargante. Esta última palabra sería ya entonces clave para definir las películas de Gilliam. Y a ella se uniría la de agobiante. "Miedo y asco en Las Vegas" la vi -en vídeo- sabiendo ya qué esperar, y no me defraudó... en ese aspecto. En cuanto supe que en "Tideland" Gilliam iba suelto, sin nadie que le controlase, me negué a verla (aún no lo he hecho). Y finalmente tenemos la de los hermanos Grimm, que, sí, me dio tanta grimm-a que ni terminé, cerré el dvd a la mitad.
Con todos estos datos, ¡¿cómo puede ser que sintiera curiosidad ante un libro que repasaba las hazañas de Terry Gilliam hasta "Miedo y asco en Las Vegas" escrito nada menos que por Jordi Costa y Sergi Sánchez con motivo del festival de cine de San Sebastián?!... pues porque me gusta leer sobre cine y cineastas, y Gilliam, cuanto menos, tiene su pasado Pythoniano, lo que es motivo de peso para que me lo llevara de los estantes de casa de mi buen amigo (y fan de Terry... o de "Brazil", mejor dicho) Goblin (previo permiso, claro).
El caso es que me lo he leído con bastante rapidez, y no negaré que entretiene lo suyo. Son especialmente interesantes los apartados dedicados a las trifulcas legales que Gilliam tuvo que sortear -y soportar- con "Brazil" y "Las aventuras del barón de Munchausen", y descubrir que Michele Soavi, director de "Aquarius" y "Mi novia es un zombie" y ayudante de dirección en "Munchausen", recibía un sueldo mayor al impuesto gracias a chanchullos con la mafia (¡toma!). Lo único que me ha sobrado e irritado es la mega-comida de polla que Costa y Sánchez le dedican al cineasta. Los autores son incapaces de mostrarse ni levemente críticos ante cualquier posible error o salida de tono de Terry Gilliam... sorben sus orines hasta las últimas consecuencias. De hecho, el propio Gilliam es más auto-crítico que ellos en sus declaraciones.
Ahora entiendo por qué los autores dan TANTO valor al -discutible, sobre todo viendo "El rey pescador" o la de los Hnos.Grimm- espíritu rebelde y contestatario del cineasta... seguramente porque ellos no lo poseen ni quieren poseerlo.

sábado, 10 de mayo de 2025

LA BESTIA DEL REINO

Según datos fiables, cuando los dos Terrys pertenecientes al clan "Monty Python" -es decir, Gilliam y Jones- compartieron la dirección del -verdadero- largometraje de debut del grupo cómico, uséase "Los caballeros de la mesa cuadrada", chocaron sobre todo en un aspecto: el detallismo. Por lo visto, al yanki del grupo (Gilliam), le pirraba eso de currarse hasta la extenuación el aspecto plástico de cada puñetero plano, fijándose en lo más nimio a la búsqueda de una ambientación medieval tan perfecta como realista. Y, claro, ello atrasaba el rodaje para mayor desesperación de su compañero, Jones, más práctico y acostumbrado al modo televisivo -y rápido- de ejecutar las cosas. Tal vez, a causa de la posible insatisfacción resultante, Gilliam se lio con otra fábula medieval en cuanto tuvo ocasión (solo dos años después), "La bestia del reino" y, esta vez, comandada exclusivamente por él, a su gusto, pudiendo dedicar el tiempo necesario (a pesar de contar con escaso montante y, por ello, limitando muchas veces las tomas a una única oportunidad) a las mariconadas estéticas. Y, tal vez again, por ello la ambientación de los años oscuros resultante es aún más sucia, cutre, degradada y, claro, detallista, de lo que fue en "Los caballeros de la mesa cuadrada". Justo, toda aquella "lugubredad", los pasillos de los castillos envueltos en perpetua sombra, los parajes siempre neblinosos, los dientes negros de prácticamente el reparto completo, las pústulas en la piel, etc, etc... fueron lo que me traumó cuando la tele de Cataluña la programó siendo yo un impresionable jovenzuelo. Eso y, por supuesto, el tremendo despliegue de gran guiñol y chorreante gore. Todos conocemos lo mucho que a los "Python" les molaba, eventualmente, tirar de esas maneras en sus películas. Se supone que era John Cleese su más dedicado practicante. Pero, visto lo visto, Terry Gilliam también tenía mucha culpa. En "La bestia del reino" dichos excesos sanguinolentos alcanzan cotas brutales, de difícil digestión para un crío. Lo que, como decía, sumado a toda la cochambre y mierda abundante, pues imaginen el resultado. Tal vez por ello el film, según leí ayer mismo, gasta cierta mala fama. Especialmente considerando la dirección que tomaría la carrera de su responsable, mucho más reputada y culturamente aceptable -para el resto, no es mi caso-. Pero "La bestia del reino" (simpático título patrio del muy musical y original "Jabberwocky") era SU película de debut y el muchacho, joven y cargado de energía, se dejó llevar por el lado salvaje.
Remarco lo de SU porque, inevitablemente, y como solía ocurrir en la época, durante muchos años se consideró "La bestia del reino" como un film de los seis "Monty Python" al completo (ver imagen acompañatoria como ejemplo). Algo trasladable también a la siguiente obra de Gilliam, "Los héroes del tiempo", y que a él le cabreaba como una mona en celo. Tanto como para incluso batallarlo legalmente, hasta lograr que un juez dictaminara como "castigable" dicha equivocada (o mal intencionada) asociación. Las pelis de Terry Gilliam son única y exclusivamente de Terry Gilliam, aunque para parirlas contara con ayuda eventual de otros "Python" y estas guarden paralelismos con la obra del sexteto. En el caso de "La bestia del reino" la cosa es evidente. Su semejanza y conexiones con "Los caballeros de la mesa cuadrada" resultan inconfundibles y directas, tanto como recibir un sopapo. Diría incluso que hay guiños buscados aposta. La presencia del invencible y misterioso "Caballero Negro" está entre los más obvios. También el nombre del personaje protagonista, Dennis, encarnado -en ambas películas- por el entrañable integrante del clan Michael Palin. Igualmente encontramos al "otro Terry", Jones, en un papelillo memorable (supongo que sería todo un gusto para él poder vérselas en semejante tesitura sin tener que discutir con su colega). Y, dato curioso, el mismo John Cleese rechazó la oferta para participar. Gilliam, además de dirigir, co-guionizar y unas cuantas cosas más, se marca un cameo en el que es llamativamente devorado por la bestia del título, lo mismo que el otro Terry. En ambos casos los cadáveres quedan reducidos a un esqueleto sangrante con puntuales pedazos de chicha en sus masticados huesos... y, ¡¡cuidao!!, la cabeza perfectamente impoluta. Desconozco si fue un efecto buscado aposta por sus responsables, pero en la época, durante el visionado vía televisión, fue un familiar el que detectó que dicho modo de proceder por parte del monstruo era igual al de "comer sardinas", te zampas todo menos el perolo. Muy gracioso.
Pues sí, la cosa va de criatura hedionda aterrorizando un reino. En eso que un jovenzuelo de noble corazón, pero algo lerdo, llega en busca de fortuna. A pesar de su primigenia mala suerte, terminará por accidente enfrentado a la bestia, venciendo y llevándose los respectivos laureles... aunque, en este universo, y en la mente del mal lechado Gilliam, ello no se traduce, para nada, en un final feliz. Toda "La bestia del reino" gasta un cabronismo notorio. Es más, diría que la misantropía chorrea por sus fotogramas. Apenas abundan los personajes positivos. Aquí todo dios es despiadado, interesado, traicionero, imbécil y cruel, muy cruel.
En fin, disfrutaría como un enano detallando las muchas amputaciones, mutilaciones y barbaridades que presenciamos asombrados a lo largo del film (algunas dignas de "Mal Gusto", y no voy desencaminado, el propio Peter Jackson ha declarado en sendas ocasiones que su sentido del gran guiñol es pura consecuencia de un amor procesado a "Monty Python" y, entendemos, los curreles individuales de sus integrantes) o deteniéndome en el aspecto del monstruo. Alucinante. Algo así como una gallina diabólica. Cojonudamente diseñada y ejecutada. Pero todo eso se lo dejo a ustedes, si es que no han tenido todavía la sabia idea de consumir esta película. Una que sin ser redonda, ni especialmente graciosa -de hecho, a ratos le pesa el culo-, merece la pena por sus muchos aciertos y sorprendentes salidas. En cualquier caso, y por no perder las viejas costumbres -ni formas-, comentaré brevemente algunos de los rostros que asoman por sus fotogramas, todos ellos inconfundiblemente británicos (a pesar de contar con un director de origen yanki) y asociados a títulos muy propios de la naturaleza de este ciber-antro: John Le Mesurier (de "El hermano más listo de Sherlock Holmes"), Bernard Bresslaw (el cíclope de "Krull"), Neil Innes (algo así como el séptimo "Monty Python", uno especialmente interesado en el apartado musical), Bryan Pringle (el siniestro criado de "Terrorífica luna de miel", otra curiosa conexión con Gene Wilder), la tetuda y carnosa Alexandra Dane (mostrar escotazo fue una constante a lo largo de su carrera, sobre todo en comedias picantonas), Brian Glover (el malcarado cliente de "La oveja degollada" en "Un hombre lobo americano en Londres") y nada menos que David Prowse, es decir, el "Darth Vader" original. Ese mismo año 1977, mientras alcanzaba velada notoriedad encarnando a tan icónico villano, intervenía en el film de Terry Gilliam nuevamente oculto tras un casco y su armadura bañadas en negro tizón.

miércoles, 1 de octubre de 2008

LOS DESMADRADOS PIRATAS DE BARBA AMARILLA

En los 80 había una moda bastante irritante que consistía en atribuirle películas al clan Monty Python en las que, únicamente, solo alguno de sus componentes había participado. Un caso que se dio mucho con Terry Gilliam ("La bestia del reino" y "Los héroes del tiempo" son dos ejemplos) y con otras, tal como la que hoy comento, "Los desmadrados piratas de barba amarilla", título más adecuado para la comedia americana que se producía entonces, eminentemente juvenil, que para este film británico hasta la médula.
Obviamente, lo que más destaca es su espectacular reparto de actores habituales del cine de risas. Tenemos a, como decía, algunos miembros de Monty Python (John Cleese, Eric Idle, Graham Chapman como protagonista y co-guionista), otros del clan Mel Brooks (Marty Feldman, Peter Boyle, Madeline Kahn), a los yankis Cheech y Chong y una suculenta variedad de cómicos ingleses (Peter Cook, Spike Milligan o Nigel Planer, es decir, el hippie de la inolvidable serie "The Young Ones"). A semejante ensalada debemos añadir a James Mason, un breve cameo de David Bowie y a Buddy Van Horn encargado de las tareas de los especialistas. Van Horn era habitual colaborador de Clint Eastwood, e incluso le acabó dirigiendo como "Harry Callahan" en "La lista negra".
Evidentemente, con un plantel así, y medios bastante holgados, esta peli tendría que haber sido la repanocha, el no va más del descojone padre. Pues no, todo lo contrario. "Los desmadrados piratas de barba amarilla" nos cuenta la historia de un feroz pirata que oculta un tesoro y es encarcelado 20 años. Pasada esa fecha, escapa en busca del botín, solo que ahora son unos cuantos más los que saben de su existencia, y no dejarán que el fiero pirata se lo quede.
El resultado es terriblemente desencantado, soso, sin gancho, sin ritmo y sin especial gracia. Con suerte sonríes en algún momento, pero poca cosa. En general mas bien te aburres como una puñetera ostra. Cuando llegas a la hora, estás tan cansado ya, que ni algunos de los por entonces mejores gags logran animarte. Un desperdicio de talento (y dinero) del que debemos culpar a su director, Mel Damski, un tipo que venía de la tele, hizo un parón en el cine con este film, y volvió a la caja tonta de por vida (entre sus últimos trabajos hay episodios de "Psych").
Si no me acabáis de creer, ahí va esa: El propio John Cleese asegura que es la peor de todas sus películas. Casiná.

sábado, 13 de diciembre de 2025

SESIÓN DOBLE: UNA FRÍA NOCHE DE MUERTE + ESTUDIO DE TERROR

Con "Una fría noche de muerte" estamos ante un curiosísimo thriller televisivo del año 1973 producido por el todopoderoso Aaron Spelling y con ciertos tintes teatrales al situarse todo el en un mismo escenario ocupado por apenas dos actores. Dos no acostumbrados a eso de que se les confíe plenamente el desarrollo de una historia durante una agradecidamente justita duración de 74 minutejos -y de ahí que, ocasionalmente, se entusiasmen un poco demasiado-, Robert Culp, el poli colega de "El gran héroe americano", y Eli Wallach, el feo de "El bueno, el IDEM y el malo". Les envían a una base en el ártico porque el científico allí dispuesto hizo unos comentarios de lo más extraños justo antes de dejar de dar señales de vida. Al llegar, se lo encuentran congelado, no así los numerosos monos metidos en sus jaulas que son la base de unos experimentos destinados a descubrir como afecta a la salud vivir en un ambiente tan hostil y aislado. El caso es que se instalan y, claro, comienzan a pasar cosas misteriosas. Se abren ventanas. Se cierran puertas. Se apaga la calefacción, etc, etc. Pronto, la paranoia florece y, con ella, cierta tendencia a la sobreactuación, especialmente por parte de Eli Wallach, lo que, acompañado de unos diálogos en ocasiones algo delirantes, aproximan peligrosamente el conjunto a la comedia involuntaria. Pero no, consiguen mantener unos mínimos de sobriedad hasta el más o menos sorpresivo desenlace. Total, ¿¿qué son 74 minutos??. Apenas te enteras de que han pasado y el regusto final es de moderada satisfacción.
Dirige Jerrold Freedman, con una trayectoria muy centrada en la televisión, aunque si rascas un poco localizarás "A 20 millas de la justicia", película de lucimiento para Charles Bronson. Menos es nada.
"Estudio de terror", de 1965, fue la primera obra creativa en juguetear con la atractiva premisa de enfrentar a "Sherlock Holmes" y "Jack, el destripador". Ficción versus realidad. Al fin y al cabo compartían época, andaban situados en extremos opuestos de la ley y, bueno, aunque el primero fuese fruto de la imaginación de Arthur Conan Doyle, el segundo casi parecía un personaje de ficción por todo el envoltorio mediático y legendario que arrastró y arrastra.
La cuestión es que anda por ahí aniquilando mujeres de la vida y el de la pipa decide intervenir. Por supuesto que no todo se reduce al bien contra el mal, hay una trama medianamente enrevesada (o al menos así se lo pareció a mi limitada capacidad de atención) que, también por primera vez, coquetea con la fascinante idea de que "Jack" no era únicamente un tarado solitario y ocultaba toda una conspiración que salpicaba a la nobleza. Considerando que, salvo honrosas excepciones, no soy muy de cine de aquellos años, "Estudio de terror" termina funcionando. Vamos, entretiene. La visión que da de "Sherlock Holmes" se ajusta como un guante a aquella más canónica y popular. Y, considerando su naturaleza y el año de gestación, los crímenes resultan comedidamente gráficos (cierto que en 1963 el gore ya había echado a volar como género de la mano de Herschell Gordon Lewis, pero por entonces se consideraba materia indigna, carne de auto-cine impropia de cualquier producto mínimamente decente). El enfoque terrorífico se debe a la presencia como productor de Herman Cohen, todo un especialista en el tema como bien prueba su currículum ("I was a teenage werewolf", "I was a teenage Frankenstein", "Konga", "Trog"...) quien pretendía titular al film "Fog" (niebla), pero el estudio distribuidor ganó la partida. Para asegurarse el tiro, se contó con el hijo de Arthur Conan Doyle supervisando el tinglado y aportando su conocimiento en cuanto a las acciones del famoso detective se refiere.
A James Hill, director, se deben títulos reconocibles como "El capitán Nemo y la ciudad sumergida" o "Nacida libre", aunque la caja lerda fue su campo de acción habitual.
El jugosito reparto lo componen John Neville como "Holmes" (volveríamos a verle como "Munchausen" para el descalabro de Terry Gilliam), Donald Houston en la piel de "Watson", secundados por Anthony Quayle, Frank Finlay, Robert Morley y una joven Judi Dench, futura "M" del universo "007". Algunos se dejarían ver catorce años después en "Asesinato por decreto" (como Anthony Quayle o Frank Finlay encarnando al mismo personaje, el "Inspector Lestrade"), la más que solvente película de Bob Clark donde, nuevamente, "Sherlock" y "Jack" se enfrentaban. Semejante gesto certifica lo muy conscientes que eran de su deuda con el film ahora reseñado. No obstante, ello no descendió un grado el mosqueo de Herman Cohen, quien directamente les acusó de plagio.

viernes, 10 de marzo de 2017

LAS FABULOSAS AVENTURAS DEL BARÓN DE MUNCHAUNSEN AKA LAS FABULOSAS AVENTURAS DEL BARÓN FANTÁSTICO

Hace poco les hablaba de lo que supuso para mi infancia la película de “Las nuevas aventuras de Popeye”, y hoy les vengo a hablar de otra película de animación que también me marcó lo suficiente como para que, fruto de la nostalgia, tras localizarla, fuera corriendo a verla. Se trata de “Las fabulosas aventuras del Barón de Munchausen”, largometraje de animación que adapta las aventuras ficticias de un Barón Alemán que existió realmente, y que  debería ser un fantasma que se inventaba unas historias de aúpa. El caso es que estas fantasmadas fueron llevadas a la gran pantalla de muchas maneras, siendo la más popular de todas ellas la que en forma de largometraje perpetró Terry Gilliam.
Sin embargo, la primera vez que tengo constancia del personaje es con esta película del popular Jean Image, Franchute que lo petó en los cines de medio mundo en los años 70 con su adaptación animada de “Aladino y la Lampara maravillosa” y que también lo hizo con la que nos ocupa, la cual vi siendo un tierno infante en mi adorado cine Benares, al cual me llevaron mis padres, cuando se estrenó bajo el título de “Las Fabulosas aventuras del Barón Fantástico”. Unos años más tarde, apareció en formato domestico directo a alquiler, con el título que nos ocupa, incomprensiblemente. Quizás, por equis cuestiones, el Barón de Munchausen en un par de años se hizo popular entre la niñería de la época por, váyanse ustedes a saber por qué, y decidieron cambiarle el título.
El caso es que recordaba muchas escenas de esta película que me marcaron, recordaba sobretodo la canción que se marcan a mitad de metraje el Barón y sus reclutas y recordaba lo felíz que era de niño viendo películas, ya fueran estas de animación o de imagen real, e incluso se me humedecieron los ojos al ver los títulos de crédito de pura emoción. La nostalgia y la mediana edad, amigos. Casan estupendamente.
La peli cuenta como el Barón tiene que llevarle al Pachá de no se donde un regalo muy especial, y por el camino irá soteando los peligros que se le presentan, acompañado de una banda de freaks con deformidades –y  dones que acompañan a esas deformidades- viviendo una serie de inolvidables aventuras.
Y la verdad, como ejercicio nostálgico que es el volver a verla, funciona perfectamente, pero como película…¡menuda porquería! Y es que, es cierto que Jean Image tenía una gran inventiva y hacía unas adaptaciones muy bien desarrolladas, pero su animación es tosca y fea, cutre y salchichera, si bien al argumento le cuesta avanzar, quizás consecuencia de ser una película infantil en la que el paso del tiempo ha hecho especial mella. Vamos, que Image no es Disney.
Una vez inmerso en la película, tras liberarse del ataque de nostalgia, lo cierto es que la película es un soberano aburrimiento, que si bien de niño me entusiasmaba, dudo mucho que a día de hoy ningún niño pudiera disfrutar de este producto.
La película en su momento fue un gran éxito por todo el mundo. En España congregó a 27.000 espectadores –no demasiado- y se convirtió en un clásico de las secciones infantiles de los videoclubes. De hecho, cuenta con una secuela directa, todavía más peñazo que esta, titulada “El barón de Munchausen y el secreto de los Selenitas” que ya se estrenaría directamente en vídeo, y que supondría el último largometraje en la carrera de Jean Image.
Una pena que sea tan mala, pero ¡Ahí queda!

sábado, 1 de junio de 2024

FREAKSTARS 3000

Cuesta un poco discernir qué pretendía el ilustre germano Christoph Schlingensief cuando se puso manos a la obra con "Freakstars 3000". Así, de primeras, lo fácil es suponer que quería parodiar descarnadamente los "reality" por entonces ya demasiado abundantes en las televisiones de la época, año 2004. Especialmente aquellos del tipo "Operación Triunfo". Basta echar un vistazo a alguno de ellos -incluyendo imitaciones posteriores como "La Voz"- para percatarse de que la mayoría de participantes eran profundamente retardados (y siguen siéndolo. Probablemente, lo mismo que su audiencia) Tristes almas con sueños de grandeza dispuestas a ser ridiculizadas y humilladas por cuatro ratas repugnantes, ocultas bajo la piel de supuestas "celebrities" expertas, con tal de lograr alcanzar fama y gloria, dejando bajo el felpudo personalidad y estilo propio. Así pues, si vas a cachondearte de esa clase de mierda, y además te llamas Christoph Schlingensief y te gusta más provocar que a un tonto una piruleta, da el paso lógico: Ficha a genuinos retrasados mentales, de los diagnosticados, como estrellas de tu propio "reality show" y titúlalo "Freakstars 3000". Ole tus cojones.
Y eso es lo que tenemos aquí, documentado vídeo mediante a lo largo de 74 minutos, el proceso de casting, las distintas pruebas, los entrenamientos y el gran concierto final de una banda compuesta de individuos e individuas a los que les falta un hervor... dos... o veintiséis. Sin trucos, sin maquillajes, sin disfraces... bueno, eso sí, en ocasiones Schlingensief cubre a sus "actores" con atuendos llamativos para que teatralicen situaciones diversas. A uno, directamente, le pinta con rotulador un bigotillo / flequillo hitleriano. También parodia la publicidad inherente a esta clase de roña televisada, con los retardados protagonizando supuestos spots de sendos productos que no saben ni utilizar.
Y ahí es donde se produce el debate: ¿están siendo explotadas estas pobres almas? ¿son conscientes de la mentira, del show? ¿sus familiares, y los médicos responsables, no sospechan nada? ¿o es que las intenciones del cineasta alemán son puras y genuinas? vamos, que solo les está dando una oportunidad y, de paso, denuncia a la sociedad por marginarlos. Es algo que en ningún momento se aclara. Independientemente de ello, él se siente como en casa (tiene un rol más que destacado a lo largo de la función, ejerciendo sobre todo de jurado) Si has visto algunas de sus películas previas, sabrás que a Christoph le chiflaba el caos, los gritos, las sobreactuaciones desorbitadas, conversaciones donde unos pisotean a otros, la locura más extrema... y de eso en "Freakstars 3000" lo hay a espuertas, además, esta vez sin tener que esforzarse demasiado. Dando un micro y libre albedrío a sus "actores". Todo ello montado con muchísimo brío, un aluvión continuo de imágenes, situaciones variopintas (en cierto momento, uno cae enfermo y termina en el hospital... y aunque parece formar parte del show, que es fingido, al final incluso dudas) y unos grafismos deudores de lo que Terry Gilliam hizo para "Monty Python".
Naturalmente, los voluntariosos y apasionados retardados que pululan frente a la cámara son inevitablemente graciosos, destacando entre todos uno llamado Mario que es puro carisma. Le terminas cogiendo cariño. Bien mirado, Schlingensief se adelantó unos años a Javier Fesser con ya saben cual, solo que, ¿de modo más honesto y menos hipócrita?
En cualquier caso, la página web que se anuncia a lo largo de la película sigue activa, por si alguien siente enfermiza curiosidad.
"Freakstars 3000" pasa en un suspiro y la ves con una sonrisa... aunque también cierto desconcierto. Y eso, por supuesto, mola mucho. Más todavía en los asquerosos tiempos moralistas en los que nos ha tocado vivir.
Porque murió el año 2010, si no, seguramente hoy las siempre detestables cloacas sociales crucificarían a Christoph Schlingensief.

jueves, 24 de septiembre de 2015

MONTY PYTHON LIVE (MOSTLY) ONE DOWN, FIVE TO GO

El año pasado los Monty Python (los que quedan) hicieron un último espectáculo en el O2 Arena de Londres que fue retrasmitido en directo a cientos de miles de cines repartidos por todo el globo terráqueo. El titulo, con ese “One down, five to go”, algo así como “Uno menos, quedan cinco”, hace referencia y chanza con el fallecimiento en 1989 de Graham Chapman.

Tras llevar un porrón de años sin juntarse, y lo más que probable, por la insistencias de Eric Idle (y digo esto, porque Idle es quien se encargo de la confección de Spamalot, un musical inspirado en los gags del grupo pero sin el grupo) se vuelven a reunir en este canto del cisne rememorando algunos de sus gags mas míticos, video de sus viejos programas, aderezándolo con las canciones más populares de sus películas y con algún que otro número musical con un buen elenco de bailarines.

Esos momentos de baile son lo más flojo de toda la función, debido a que aunque lleven letras de los Python, al no verles a ellos hacer el ganso la cosa pierde fuerza. Cuentan como no puede ser de otra forma con las simpáticas cortinillas obra de Terry Gilliam, así como con su actuación en varios gags, que al igual que cuando eran jóvenes, sus momentos son breves y de poco dialogo. Además varios famosos hacen cameos, el más reconocible es Stephen Hawking que se ve como atropella con su silla a un científico que rebate los datos que da la canción de la Galaxia Vía Lactea de El Sentido de la Vida. Otro de los que aparecen es Mike Myers (Austin Powers, no el psicópata asesino) quien hace reverencias a los Python sobre el escenario.

A estas alturas de la vida todos los integrantes del grupo ya tienen las vidas más que hechas y rehechas, no necesitaban hacer esto para comer, aunque el dinerito nunca viene mal, y se ve que ellos se lo han tomado como una reunión de colegas. Sobre todo John Clesse, que no sé si es porque es un despreocupado de la vida o porque empieza a tener principios de Alzehimer, pero el jodido se pierde un par de veces en los sketches, aunque sabe salir muy bien del brete simplemente diciendo que se ha perdido, lo que provoca la risa del público y de sus propios compañeros. Hacen mención en varios momentos a Graham Chapman, e incluso este aparece en varios videos.

Acaban el espectáculo con la canción que tienen que acabar, no diré cual, pero entiendo que cualquiera que haya visto aunque solo sean las películas de estos tipos ya saben cuál ha de ser. Y entonces te das cuenta de que han pasado 2 horas y media, de las que solo quitarías alguno de los números musicales y te quedas con ganas de que repitieran algún gag de Flying Circus que no han incluido, pero claro, tampoco lo pueden meter todo. Como homenaje a sí mismos y como recordatorio de que su humor sigue estando vigente (yo pensaba que algunas cosas no me harían ahora gracia, y que va, me descojone de lo lindo, puede que hasta más que entonces) es un obra más que destacable. Sobre todo porque ellos mismos se han encargado de separar la paja, quitando los gags que ni a ellos les parecen buenos, y dejando con los que de verdad te partes de risa. Se supone que nunca más se volverán a juntar (por la edad y eso) así que podemos decir eso de: ¡Monty Python ha muerto, Viva Monty Python!

lunes, 18 de noviembre de 2013

AUTOBIGRAFÍA DE UN MENTIROSO

Por norma general, detesto la animación. La respeto como arte, pero el concepto “Dibujos animados”- a rasgos generales, porque, hay ciertas cosas que, sin embargo, me apasionan- me parece una mierda. El concepto “Disney” me horripila, odio que el grueso de este producto esté destinado a la infancia, y odio esos adultos que disfrutan con películas que son para niños, porque eso quiere decir que tienen una mentalidad idiota.
No obstante, por un lado, me gustan ciertos aspectos del cine experimental, y adoro a los “Monty Python”.
Entonces, “Autobiografía de un mentiroso”, es una película de animación, que sin ser exactamente cine experimental, sí que se está experimentando con esa mezcla de distintas animaciones de las que consta la película. En este caso, y estando destinado al público adulto, excuso el hecho de que sea un producto animado, y en ese contexto, hasta puede llegar a fascinarme, como es el caso.
Graham Chapman, uno de los más divertidos e ingeniosos componentes de “Monty Python” debido a sus problemas de salud, intuía que no le quedaba demasiado tiempo en este mundo cuando decidió grabar en cinta magnetofónica su vida; la voz en off narrándola, y los diálogos de su personaje.
Años después, muchos años después, con ese material los directores Bill Jones, Jeff Simpson y Ben Timlett, deciden darle salida rodeándose del resto de los “Monty” (con la excepción de Eric Idle, que dicen por ahí que tiene delirios de grandeza) para poner voz a los distintos personajes de la historia, y de un buen grupo de animadores, que dan  vida a una de las películas minoritarias más frescas e interesantes que he podido ver últimamente. Se trata de una vuelta de los “Monty Python” –nadie diría que cuando se reuniesen de nuevo, estaría Graham Chapman, y no Eric Idle. Por otro lado, desde “El sentido de la vida”, si se han reunido a tal efecto, siempre ha faltado alguno de ellos, bien sea por fallecimiento o por discrepancias con el resto-, un biopic y una película del todo vanguardista, además de una simpática comedia. Y sí, de animación. Pero no pasa nada ¡al contrario!, si la película no lo fuera, quizás resultaría demasiado British y sosa, así que es un acierto. Porque lo bueno es que no se limita a hacer unos personajes en dibujos animado y ya está, no. La historia es lineal, pero cada escena está animada por un tipo de animación distinta, así tenemos escenas que van desde la animación artesanal, pasando por la animación 3-D, rotoscopia y hasta homenajean a las propias animaciones (tremendas animaciones) de Terry Gilliam. Nadie diría que estamos viendo una película con su principio, nudo y desenlace, parece un festival de cortos y, sin embargo, estamos viendo lo primero.
En cuanto a la autobiografía de Chapman, está de lo más interesante, porque vemos desde sus inicios universitarios dónde conocería a John Cleese, sus problemas con el alcohol, hasta sus devaneos sexuales, sus salidas del armario y la ambigua sexualidad que ofrece la fama, el dinero y la desorientación.
Divertida, interesante, moderna, innovadora… “Autobiografía de un mentiroso” es lo mejor que podemos ver ahora mismo. Y eso si, no hay nada del humor característico de los “Python”. Cosa esta que tampoco hace falta esta vez.
Muy, muy, muy recomendable.
En cuanto a los directores, son habituales de la televisión Inglesa, responsables, entre otras cosas de la serie autobiográfica “Monty Python Almost the truth”, con muy poquito cine en sus espaldas, pero mucho conocimiento-y obsesión- por lo que el propio Graham Chapman definió como “Una cosa negra y homosexual”.

sábado, 23 de marzo de 2013

ALIANZA MACABRA / THE MANGLER

Que tiempos aquellos en los que las respectivas carreras de Tobe Hooper y Stephen King estaban en pleno apogeo y a algún tio listo se le ocurrió que ya era hora de que uniesen fuerzas. Hooper aún arrastraba su "Matanza de Texas" (de la que únicamente habían pasado cinco años) y King iba a ser adaptado por segunda vez tras la estupenda "Carrie". Les hablo de 1979 y de "Salem´s Lot" o "El misterio de Salem´s Lot" o el infame "Phantasma 2" que, tratándose de un producto destinado a la caja tonta, y sin ser ni mucho menos la repolla, sí cumplía unos mínimos (incluso para alguien tan poco amigo de los vampiros como yo). A mediados de los temibles 90, con el terror sufriendo una de sus peores épocas, a otro tío -no tan- listo se le ocurrió que sería buena idea reunir de nuevo a Hooper y King en los roles de adaptador/adaptado tras tantos años desde aquel lejano "momento de gloria" (vale, en "Sonámbulos" habían vuelto a coincidir, pero sin lengua). Claro que entonces las carreras de ambos estaban ya bastante tocadas. El cineasta había rodado la infame "Combustión espontánea" y unos cuantos productos televisivos de menor calado, y el escritor pues puede que no pasara un momento TAN bajo, pero las adaptaciones que más triunfaban en aquellos tiempos eran las ajenas al terror, como "Eclipse total" o la estupenda "Cadena perpetua". El género de nuesos amores había quedado relegado a productos de segunda, simpáticos como "The Langoliers", sí, pero bien distantes del brillo de la mejor etapa de King-en-la-pantalla. Por todo eso, poco podíamos esperar de este "The Mangler" o "Alianza macabra".
En una lavandería de esas industriales, una enorme planchadora cobra vida tras probar la sangre y comienza a papearse a todo el que se aproxima demasiado. La cosa ya viene de lejos, de un pacto de origen diabólico tras el que se esconde el dueño del lugar, un anciano de lo más repulsivo. El inevitable poli protagonista, en inevitable crisis personal, será el encargado de descubrir el lío con la ayuda de un cuñado conocedor de toda clase de ciencias ocultas.
Vale, siempre he dicho que jugar con la idea de un objeto muerto que cobra vida para asesinar, no solo es terreno trillado, también muy delicado, porque resulta harto sencillo caer en el más absoluto y profundo de los ridículos. Da igual que Stephen King sea un especialista en el tema, sigue siendo un concepto que da pié a mucha caca y penuria (el relato del que parte la peli pertenece a su antología "El umbral de la noche", de donde también surgió "Maximum Overdrive", el debut en la dirección del escritor con una panda de camiones asesinos y un hostión en taquilla). Consciente de ello, Tobe Hooper opta por enfocar su película desde el humor, pero uno que surge de cierto tono irreal, semi-grotesco e incluso un pelín surrealista. El cineasta carga las tintas estéticamente, un poco en la línea de dos expertos en el barroquismo -y el agobio- como Tim Burton o Terry Gilliam (pero al estilo Hooper, quien no era nuevo en esas lides, basta repasar sus trabajos para la "Cannon"). Robert Englund, protagonista de la función, tomó buena nota de ello e interpreta al malvado dueño de la lavandería echando mano de unos cuantos histrionismos. Ted Levine (el famoso "Buffalo Bill" de "El silencio de los corderos") da vida al alucinado policía y, también, se suma al carro de la demencia, sobreactuando y encargándose de soltar los previsibles diálogos con fin apaciguador: "¿Una planchadora poseída por un demonio?, sí claro!". Y, justamente, ésta misma, la máquina que da nombre al film (a la que se bautiza como "la trituradora", que es lo que significa "The mangler"), es la que gasta el mayor de todo los excesos estilísticos, a base de unas formas pantagruélicas y un tamaño mas bien descomunal. Claro, todo esto está muy bien, quiero decir, es un buen intento por parte de Tobe Hooper de sacar algo potable de una serie de ideas tan estúpidas y absurdas... pero no lo consigue. Por un lado carga mucho (aunque a mi ya me suelen agobiar esta clase de excesos, así que no soy objetivo) y por otro, no logra que "The mangler" nos deje de parecer una chorrada. La parte final, con la máquina totalmente liberada, arrastrándose cual gusano y echando fuego cual dragón, es ya el cachondeo total y absoluto y, directamente, epitafio para la peli.
Sin embargo, tal vez estoy siendo injusto y la culpa no es totalmente del director de "La masacre de Toolbox", ya que, según fuentes (es decir, según Imdb), este solo rodó una parte de la peli, largándose del plató cuando aún no había terminado y otorgando las riendas al productor. Claro que yo no noto diferencia alguna.......
En la parte buena cabe destacar el elemento gore, bastante generoso, bastante gráfico y bastante bien facturado. Sí, queridos, podréis gozar todos viendo cómo la planchadora atrapa, aplasta, revienta y retuerce los cuerpos de sus agónicas víctimas, sin disimulos. De hecho, cuando el cadáver de la primera es descubierto por la policía, de entrada te lo muestran en rápidos flashes, tal y como Hooper hiciera al principio de "La matanza de Texas" con el mítico cadáver putrefacto, pero luego, planteándote tirar ya de pause para verlo bien, te lo enseñan perfectamente en un plano abierto e iluminado. Gracias a dios!.
Junto a Hooper, King, Englund y Levine, encontramos al legendario Harry Alan Towers en producciones ejecutivas, lo que explica la presencia de Sudáfrica como país co-productor.
El caso es que "The Mangler" debió funcionar bien de alguna manera, ya que en el 2002 hubo un "The Mangler 2" y en el 2005 un "The Mangler Reborn". ¡Que me lopliquen!.
Claro que no hacía falta soltar semejante parrafada para hablar de las poco honrosas mediocridades de la peli (sí, lo sé, demasiado tarde... lo siento), bastaba con señalar que estamos ante una producción de 1995 y todo habría quedado claro desde buen principio. Como dicen en no recuerdo qué película: "Sí amigo, aquel no fue un buen año..." yo diría más, aquella no fue una buena década.

lunes, 18 de abril de 2022

ACADEMIA MORTUORIA

Enésimo exploit de “Loca academia de Policía” solo que esta vez no está perpetrado por unos cualesquiera, sino por el séquito de Paul Bartel que, dándole una vuelta a la estructura de las tan afamadas películas de policías, deciden ambientar la historia en una funeraria. Más allá de eso, con todo el descaro del mundo, copian el esqueleto  argumental del film de Hugh Wilson con un protagonista que tiene que estudiar en la academia mortuoria contra su voluntad, unos profesores que están como una puta cabra, y una serie de personajes con una personalidad muy marcada.
Dos hermanos —que para mayor cachondeo se apellidan Grimm— heredan una academia mortuoria valorada en dos millones de dólares, pero es voluntad de su tío que, para acceder a la propiedad de la academia, antes tendrán que licenciarse como funerarios. A los hermanos no les hace puñetera gracia ponerse a estudiar una carrera tan macabra, pero no les quedará más remedio si quieren acceder a la herencia. Así pues se matriculan en la misma, y el director actual les advierte que como no se gradúen, la academia pasará a ser de su propiedad, por lo que se las ingeniará toda la película para que estos fracasen en el intento. Por el camino se irán desarrollando la ristra de gags protagonizados por la excéntrica galería de personajes de la que se compone la academia y que destacan por tener que ver en su mayoría con la necrofilia y tener un humor negrísimo.
Sin embargo, la película es fallida en todos los aspectos y sentidos. Quizá la presencia de la eterna pareja formada, en el reparto, por Paul Bartel y Mary Woronov, que dan vida al director y profesora de la academia respectivamente, haga brillar a la película con pequeños destellos, pero por lo demás, esta se hunde en un mar de mediocridad. El personaje de Bartel es un necrófilo consumado que encuentra el amor en el cadáver de una adolescente a la que recita, según se va descomponiendo, tremendos soliloquios sobre el amor, mientras que la Woronov es una especie de profesora sexy y ninfómana (al estilo de la Sargento Callahan de la película a la que expolia). Desde luego, lo mejor de “Academia Mortuoria”. El resto, chistes de sal no demasiado gruesa, destacando también una secuencia de créditos inicial a base de animaciones artesanales que recuerdan sospechosamente a las que hacía Terry Gilliam para Monty Python.
También resulta curioso encontrarse en los papeles protagonistas a Christopher Atkins que después de “El lago azúl”, con esa cara de niñato y esos rizos rubios a lo Shirley Temple, se encasilló tanto que no logró levantar cabeza y aquí se encuentra en plena decadencia, a Perry Lang, estupendo Anthony James (le has visto en “Sin perdón”, “Wacko” o “El trueno azúl” siempre en calidad de secundario), Tracey Walter (“El asesino de la máscara”, “Batman”, “Conan, El destructor”, etc, etc, etc… sale en mogollón de películas segundonas, a veces como extra), Stoney Jackson (el negro gracioso de mogollón de films graciosos de los 90… sin ir más lejos, era Wacky Dee en “CB-4”), Wolfman Jack, excentrico y popular DJ y presentador de televisión estadounidense que se hizo popular presentando el programa musical “The Midnight Special” y hasta, en un papel minúsculo, Cesar Romero, el Joker de la serie de “Batman” de los 60.
El guion es cosa del propio Bartel en colaboración con William Kelman y la dirección corre a cargo de todo un director de culto como es Michael Schroeder, responsable de la segunda unidad  de “Siniestra oscuridad” de Tom McLoughlin, y principal artífice de   la anteriormente citada “El asesino de la máscara” y las dos secuelas chunguísimas de “Cyborg”.
El caso es que no es peor película que cualquier comedia de serie B de los ochenta, ni peor que cualquiera de los exploits de “Loca academia de policía”, pero con semejante plantel, sí que le exigía a priori que fuese un poquito, poquito mejor.

lunes, 20 de septiembre de 2021

MENTIRAS Y GORDAS

Película de corte generacional cuya acción se sitúa en algún lugar de Alicante. Una suerte de historias entrecruzadas que nos muestra a una serie de jóvenes con cierto retraso mental que, follan entre ellos, esnifan cocaína, toman pastillas, bailan los ritmos de la discoteca desacompasadamente, y mueren de sobredosis. Además se tiran la película entera llamando gorda y menospreciando a la tía más buena de todo el cast. Incluso,  a ese personaje, le despiden de trabajo por gorda (cuando en verdad está para comérsela en comparación con los sacos de huesos anoréxicos que pululan por toda la película.)
Ha pasado ya el suficiente tiempo para poder hablar de esta película retrospectivamente, y si en su momento, 2009,  era tan solo una película malísima, 12 años después podemos verla como una película malísima con matices.
Podemos emparejarla con otra cinta del mismo corte de los años 90,  “Historias del Kronen”, controvertida en su momento,  pero que con los años se ha convertido en una estimable obra trash, con su guion estúpido, sus infra actuaciones hoy míticas y algunos momentos ridículos perennes en el imaginario colectivo. Una película, a día de hoy, casi naif. El gran problema (a celebrar) de aquella, es que es el resultado de la visión de un señor ya adulto, Montxo Armendariz, que retrata a una generación que no es la suya de la manera que él cree que es. Sin embargo, “Mentiras y gordas” sería la visión de dos bastiones de la modernidad, Albacete y Menkes, que en los 90 dieron títulos que retrataban a miembros de su generación en ambiente nocturno como “No me hables de los hombres que me pongo Atómica” o “Más que amor frenesí”. Pero claro, de aquellos títulos al que nos ocupa han pasado unos cuantos años y ahora les sucede lo mismo que le sucedía a Armendariz con el Kronen: Que ya son dos señores de cerca de cincuenta años retratando las vivencias nocturnas de chavales de 20 años.  Y no solo eso, sino que comparten la escritura del guion con Ángeles  González Sinde, ex ministra de cultura y abanderada del cine de “calidad”, que tampoco se entera de la misa la media.
El resultado es el siguiente: “Mentiras y gordas” parece EJECUTADA POR DEFICIENTES MENTALES. Eso sí, subvenciones para esta película a cascoporro, que no falten. Entonces, lo que este trío de profesionales del cine español pare es un despropósito de diálogos mongólicos e improbables, unos personajes que parece que se han escapado de un psiquiátrico, y unas sexualidades confusas, forzadas y sin razón de ser. Todo ellos en un escenario que a base de colores saturados, música tecno-pop que  no se llevaba en esa época, y con cierta intención de transportarnos a un ambiente lisérgico, parece que estemos viendo una cosa rara que podíamos rebautizar “Historias del Kronen meets Brazil” (la de Terry Gilliam) pero en malísimo.  Esta mierda no dista demasiado del “Hot Milk” de Bofill, solo que esa es mucho más honesta y divertida.
Al margen de esto, no creo que “Mentiras y gordas” sea una mierda consecuencia de la falta de talento —que obviamente, también—. A mí me da la impresión de que Albacete, Menkes y Sinde, tienen a la generación a la que retratan por estúpidos y, por ende, deciden hacer una película para que los estúpidos fuesen a verla. Así, con toda la mala leche. Y en ese sentido tampoco iban mal encaminados porque se convirtió en una de las películas más taquilleras de 2009…  Así que, algo sabrían que el resto de los mortales no sabíamos. En el lado contrario, la película fue masacrada por la crítica, una crítica compuesta de los Boyeros, Weinchrichter y demás plumillas, que, bueno, le van a la zaga a los cineastas.  
Vista hoy, no podemos evitar sentir vergüenza ajena al tiempo que nos descojonamos de los diálogos, se nos revuelven las tripas con los alardes técnicos, esos colores saturados, y  nos llevamos las manos a la cabeza con ciertas situaciones. El tiempo la hace parecer aún más marciana de lo que era, más mala de lo que era y, en consecuencia, también, y al igual que “Historias del Kronen” se ha convertido en pieza trash, que si aún no ha encontrado su hueco entre los degustadores de cine  malo, raro, misterioso y desperado, lo acabará encontrando. Yo la he visto por primera vez y, créanme, no daba crédito.
Al margen de eso, la peli muestra tetas y rabos a mansalva, los de un reparto compuesto por jóvenes procedentes de las más exitosas series de televisión del momento y que son las estrellas del cine de hoy en día: Tenemos a Marieta Orozco, Mario Casas, Hugo Silva, Ana Polvorosa, la internacional Ana de Armas o Yon González. El bombón que es vejado, vilipendiado e instado a adelgazar una y otra vez durante todas y cada una de sus apariciones en el metraje es la actriz Miriam Giovanelli. Si esta mujer es una gorda infecta, lo siento por actrices como, por ejemplo, Carmen Machi.
Tras el éxito de la película, se planeó hacer una serie basada en estos personajes pero, quizás por la presión de las críticas, eso nunca llegó a suceder.
Con todo, se llegaría a exportar a algún país bajo el título internacional, y menos malicioso que el castellano, “Sex, Party & Lies”.
Tan horrorosa que hay que tenerla en cuenta.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

AQUARIUS

Durante mucho tiempo consideré "Aquarius" como "la última película buena del cine de terror moderno italiano". Revisada recientemente, cambio el slogan a: "La -casi- única película buena del cine de terror moderno italiano".
Seamos prácticos, visto hoy, el trabajo de gente como Lucio Fulci, Sergio Martino, Umberto -papanatas- Lenzi o, especialmente, Lamberto Bava, resulta bastante aburrido. O, mejor, totalmente mortecino. Sin embargo, "Aquarius" no solo mantiene el tipo, además logra algo casi imposible de encontrar en un producto ítaloparlante adscrito al género de mis amores: No aburre. Y no solo no aburre, ¡entretiene!. Eso sí que es un milagro. Dentro de tal elitista tendencia también cabe el amigo Dario Argento, especialmente en sus mejores tiempos. Y no es puta casualidad, pues los lazos entre el padre de "Inferno" y Michele Soavi, director debutante en "Aquarius", eran bien fuertes. De hecho, la gracia de esta película es que se erige casi como testamento de la era dorada del terror italiano post-Mario Bava por así decirlo, el de los 70 y, muy especialmente, los 80. Y lo firma el pupilo más aventajado posible, el amigo Soavi, en cuyo curriculum previo encontramos el famoso documental que dedicó a su maestro Argento con "Il mondo dell'orrore di Dario Argento" para quien, antes de currar como director, lo hizo como asistente y actor (en "Tenebre", "Phenomena" y "Ópera"). Pero Argento no fue el único, también dio lo suyo para Lamberto Bava en idénticas funciones ("Cuchillos en la oscuridad", "Demons", el remake de "La máscara el demonio" y "Blastfighter, la furia de la venganza", en la primera hacía de -si la memoria no me falla- asesino travesti y en la segunda era el tipo de la media-máscara que reparte propaganda del estreno del film diabólico en el metro). Su vinculación al horror italiano no se queda ahí, ya que Soavi ha ejercido exclusivamente de intérprete en films tan característicos como "Alien 2", "Miedo en la ciudad de los muertos vivientes" (la de Fulci, para quien también colaboró en "El destripador de Nueva York"), "El día del cobra" (de Enzo G. Castellari), "Los invasores del abismo" (de Ruggero Deodato) o "Il gatto nero" (de Luigi Cozzi -amigo de Víctor-). Y aunque curiosamente su nombre siempre va asociado al de Argento, en realidad otro para quien curró a destajo en sus inicios fue el no menos legendario Aristide Massaccesi, más conocido como Joe D´Amato. Michele fue actor, co-guionista no acreditado y asistente en títulos tan variados y demenciales como "Bronx lucha final", "2020 Los rangers de Texas", "Terror sin límite", "Calígula 2" o "Ator el poderoso". Tal vez por ello fue Massaccesi, y no Argento, el primero en producirle un largometraje comercial, es decir, este mismo "Aquarius" que Aristide apadrinó desde su flamante "Filmirage" y que, como guinda del pastel, cuenta con un guión original de Luigi Montefiori, más conocido como George Eastman, el caníbal de "Gomia, terror en el mar Egeo" (dirigida por D´Amato, of course), que pal caso se esconde tras el alias de Lew Cooper. Ahí es nada. Visto lo visto, está claro que solo Michele Soavi podía cerrar el círculo aplicando lo aprendido y, encima, tan bien (y americanizando su nombre a Michael, como debe ser).
Un puñado de actores hambrientos, y su director, ensayan desesperadamente un espectáculo teatral de danza moderna sobre un anónimo asesino. Todo pinta que va a ser un desastre. Esa noche, la prota de la función, aquejada de dolores en el tobillo, hace caso omiso al jefe y se marcha al hospital más cercano para que le venden la pupa. Su presencia motivará la huida de un peligrosísimo psicópata que se le cuela en el coche, se carga a la chica de guardarropía del teatro y desaparece. Llega la policía, registra el lugar, no encuentra nada y se marcha dejando únicamente dos agentes que de poco servirán (uno de ellos encarnado por el propio Soavi). El director decide aprovechar el suceso y convierte su obra en un inesperado biopic del psycho-killer visitante... así que, pa meterse caña con los ensayos, se encierra a si mismo y a los actores en el teatro, escondiendo la llave. Poco saben todos ellos que el homenajeado también ronda por allí, dispuesto a cargárselos y, para más inri, la primera persona a la que asesina es la única que sabe dónde está escondida la llave de la puerta principal. La noche que les espera será de órdago.
"Aquarius" fui a verla el día de su estreno, al cine. Lo recuerdo muy bien porque los Viernes por la tarde solía reunirme con los idiotas de mis ex compañeros de EGB para acudir a las películas. En aquella ocasión, elegí yo. Naturalmente entonces ya sabía mucho sobre la peli de marras gracias a mis queridas revistas francesas, aunque la reconocía más por el título que allí recibió, "Bloody Bird". Al entrar, un sensacionalista cartel que el mismo cine se había sacado de la manga, nos advertía que lo que íbamos a ver era muy fuerte porque resultaba "totalmente verosímil". Menuda chorrada!!. De hecho, y aunque lo pasamos muy bien durante el visionado, al terminar uno de mis "amigos" criticaba el desenlace del film aludiendo, justamente, a su falta de verosimilitud. En fin, jóvenes presuntuosos. A mi todo aquello me daba igual, me la sudaba, había disfrutado como un enanito y salí bien saciado, ya que por entonces lo que buscaba con desesperación en un film de horror era la más generosa y gráfica truculencia y, en ese sentido, "Aquarius" iba la mar de bien servida. ¡Qué tiempos aquellos en los que el cine de terror incluía gore valiente y gráfico, pero en sus justas dosis, sin caer en el exceso por el exceso, ni el humor, ni la estilización en busca de la aprobación de las élites políticamente correctas!, preocupándose más por ser "una de miedo con gore" que "una gore con miedo" o, peor, "una gore con gore" o, ya de pesadilla, "una gore con risas".
El caso es que, menos experimentado en estas lides, consideraba "Aquarius" una muestra moderna de "giallo". Bien cierto es que guarda algunas características propias de esa clase de cine, pero en realidad la obra de Michele Soavi encaja mucho mejor en la etiqueta de "slasher". ¿Una mezcla de lo mejor de ambos bandos?, pues sí, me parece bien. Por parte "slasher" tenemos a un asesino mudo e imparable ataviado con un uniforme negro y una máscara de lo más chanante. Esa cabeza de búho gigante es ya legendaria. Tenemos el grupo de jóvenes servidos para ser asesinados con las más variadas armas y los crímenes más impactantes y sangrientos, que incluyen cosas tan clásicas como hachas o una surrealista pero efectivísima sierra mecánica. Y tenemos el climax en el que la "final girl" y el malo se enfrentan cara a cara, así como la aparente invulnerabilidad del segundo. En el terreno del "giallo" encaja el mini-puzzle que resolver del final, el asesinato enfocado como todo un arte (los cadáveres de las víctimas reunidos es algo muy "slasher", pero no lo de presentarlos de forma tan artística) y, en general, la concepción elegante, bonita y estilizada que Soavi tiene del terror, algo directamente heredado de su amigo y vecino Dario y que destaca especialmente con la hipnótica y pomposa banda sonora, así como con esas plumas flotantes o los números musicales de la obra que ensayan los protagonistas (el sumum de lo cual viene cuando la que conoce la ubicación de la llave es asesinada brutalmente delante de todos, convencidos de que el agresor es el actor disfrazado. Ese es uno de los momentos más "giallo", más Argento, de la fiesta, a base de soundtrack orquestal e iluminación azulada).
Hace unas líneas hablaba de los asesinatos truculentos y salvajes. Déjenme volver a ello. En la época se consideraba "Aquarius" como una película "fuerte" y seguramente en 1987 sí encajaba en la etiqueta. No estábamos tan acostumbrados a ver de modo claro y sin disimulos cómo una sierra mecánica abría el estómago a un tipo, y aquí es algo que está bien presente y, además, rodado de modo muy efectivo, muy tétrico, con una linterna como única fuente de luz, el asesino con la máscara salpicada de sangre y la víctima, gritando agónicamente, rodeados de oscuridad y asentados sobre un Argentiano suelo inundado de agua. Brillante. En posteriores entrevistas Soavi decía que no se consideraba muy amigo del gore (¡ni del terror de los ochenta!, al que acusa de poco imaginativo), pero que aceptaba que un film de terror iba ligado a la muerte y la sangre, y que en cierto modo esta última era lógicamente inevitable. También comentaba que el presupuesto con el que contaron para "Aquarius" era mínimo, y que lo efectos especiales se resolvieron del modo más rudimentario. Hay una chica -embarazada!- que es partida por la mitad y cuando se revela su medio-cuerpo, nos damos cuenta que se trata de un auténtico maniquí al que han pegado unas tripas. No digo que cante hasta el extremo de resultar risible y chapucero, para nada, pero sí es verdad que el momento pasa fugazmente ante nuestros ojos evitando resultar demasiado evidente. Lo mismo que la decapitación del director de la obra de teatro. Pero que nadie se confunda, porque esa pobreza queda totalmente compensada por la inmensa capacidad de Michele Soavi, que se muestra como un cineasta de lo más talentoso a la hora de dotar de ritmo a su película, de sacar buen partido del montaje y, en fin, de jugar con el suspense. "Aquarius" es impactante y sangrienta, sí, pero también emocionante. Digamos que podríamos partirla en cuatro cachos. Arranque, masacre (donde mueren el 90% de los personajes secundarios, sin descanso), enfrentamiento y desenlace. El enfrentamiento es el segmento más delicado porque, casi sin diálogos, y a base de sonido e imagen, el director se centra en el puro suspense, cuando el psycho-killer tiende una trampa a la "final girl" que debe agenciarse la llave de la puerta sin que su agresor se de cuenta, aunque lo tenga a medio metro. Muy logrado momento de puro cine, que eclosiona con el inevitable bis a bis de la  pareja, destacando el instante de él colgando del techo y deslizándose por un grueso cable hacia ella. De infarto.
Quizás uno de los puntos más flojillos de la película sean algunos de sus actores, ya sabemos que en la mayoría de las pelis de terror italianas suelen ser muy malos, ridículos. Aquí se salvan de la pura quema por los pelos, aunque queda sitio para algunas sobreactuaciones notables. Sin embargo, la mayor de todas ellas da el pego, porque se trata del director de la función teatral, un tipo ególatra, cruel y manipulador al que el rollo histriónico le va como anillo al dedo. De hecho, es uno de los personajes que más recuerdo dejan y para mi significó descubrir al actor que le da vida, David Brandon y sus notables orejones. Había protagonizado "Caligula 3" para el mismo Joe D´Amato (un evidente exploitation de la de Tinto Brass, donde ya coincidió con Soavi), y luego también saldría en el "Crímenes en portada" de Lamberto Bava. Pero su rol más extraño y atípico es el primero, haciendo de ángel "Ariel" para Derek Jarman en su epopeya arty-punk "Jubilee" (connotaciones de una carrera paralela en el teatro y otras artes más elevadas y respetadas).
Barbara Cupisti es la guapa "final girl" de rigor que has visto también en películas de algunos clásicos como Fulci ("El destripador de Nueva York", ¡su debut!), Argento ("Ópera"), o el fucking Lenzi ("La porte dell´inferno"), así como en "El engendro del diablo" y "Mi novia es un zombie" del mismo Soavi (a lo tonto él y la moza llevaban años coincidiendo en la pantalla, así que será verdad eso de que son o fueron pareja, apunte este que no he podido corroborar).
Sin embargo, el rostro más mítico de todo el film es el de un -habitualmente- sobreactuado Giovanni Lombardo Radice (alias John Morgen) haciendo de supergay. La fama a nivel fandom le llegó cuando Fulci decidió taladrarle la cabeza en "Miedo en la ciudad de los muertos vivientes" y Lenzi castrarlo para "Caníbal Feroz". Lo vi in person en su visita a un festival patrio, pero -paradójicamente- era más soso que una cocacola con solo cinco cucharadas de azúcar.
Terminamos este repasito con la fea Mary Sellers (sin vínculos con el inspector Clouseau) y que también mostraba su poca atractiva faz en el temible remake de "La máscara del demonio", cortesía de Bava hijo de... Mario, "Contamination .7" (de D´Amato) y "Ghost House", de -oootra vez- Umberto Lenzi currando para "Filmirage". Curiosamente esta costrosa peliculita que consumí en un cine porno justo cuando probaba suerte proyectando otra clase de productos menos grumosos (¡¡vamos, ni el puto "deuce" y sus cutre-cines!!), reciclaba el soundtrack completo de "Aquarius" que -como ya he señalado- está muy bien y tiene un peso importante en la película. Uno de sus tres responsables, probablemente el más reconocible, es Simon Boswell, inevitablemente ligado al universo de Dario Argento y que también ha puesto su talento al servicio de una ralea de films sin desperdicio: "Phenomena", "Demons 2", "Crímenes en portada", "Karate Kimura" (!), "Santa Sangre" (estupenda su partitura para este clásico de Alejandro Jodorowsky producido por el hermano de Dario), "Hardware, programado para matar" y "Dust Devil" (Richard Stanley siempre se ha declarado admirador del dire de "Suspiria"), "El señor de las ilusiones" (de Clive Barker) y, muy recientemente, "The Theatre Bizarre" (obviamente en el capítulo firmado por Stanley) y la horrenda e incomprensiblemente reputada "The ABCs of death".
¿Y qué le pasó a Michele Soavi después?, pues que Terry Gilliam vio "Aquarius" y le gustó tanto, que decidió ficharlo como director de segunda unidad en "Las aventuras del barón Munchausen". Contaba también Gilliam que el amigo dio bastantes problemas durante el rodaje a la hora de agenciarse más dinero del acordado por obra y gracia de cierto "grupo de presión" de poca recomendable casta. Con todo, Soavi declaraba en "L´Ecran Fantastique" que había decidido subirse al carro para vivir la experiencia y aprender. Movidas raras pero, al parecer, no tan graves porque años después Gilliam y el italiano volverían a encontrarse, repitiendo roles, en la espantoide "El secreto de los hermanos Grimm"... así que, nunca se sabe.
Luego llegaron "El engendro del diablo" y "La secta" (esta vez, sí, producidas por su querido Dario Argento, que metió bastante la mano en ambas) y la peli que le consagró, la bonita, curiosa, chorra y rara "Dellamorte Dellamore", subnormalmente titulada en España "Mi novia es un zombie" de la que Martin Scorsese posee una copia en su colección privada. Cuando parecía que Soavi iba a alcanzar la cima (le llegaban ya propuestas desde Hollywood, como dirigir la vomitosa "Abierto hasta el amanecer"), movidas de corte personal/familiar le retiraron del cine durante cinco largos años, truncando su prometedora carrera. Retomó la silla del director para la televisión italiana, donde dirigió algunos telefilms policíacos que ni he visto, ni me apetece ver. Hace poco leí que el muchacho tenía intención de regresar a la big screen y con una de terrores, pero habrá que ver qué pasa, porque los tiempos han cambiado mucho y tal vez su creatividad haya caducado. O no, veremos. De momento y hasta entonces, podremos gozar ad infinitum de este "Aquarius", clásico del terror moderno mundial que, como dicen los yankees, es "highly recomended". Sin duda alguna.