Sin temor a equivocarme como lo hacen los elefantes, enormemente, me atrevería a decir que "Equilibrium" fue en su momento la primera película beneficiada por los supuestos horrores de la piratería digital, de cuando esta aún estaba en pañales.
Dicho de otra manera, demostró que eso de bajarse películas por la red no siempre es malo... no cuando es el único modo de disfrutar de un producto que, por diferentes cuestiones, no ha llegado a nuestro país. Y, de hecho, once años después de su parimiento, todavía no lo ha hecho. El único modo de consumirlo es con doblaje latino... o subtítulos. Hay quien incluso se flipa afirmando que si "Equilibrium" no ha tenido una mayor difusión, es por su mensaje revolucionario. Vamos, que los poderosos temen que el pueblo la vea y decida tomársela demasiado a pecho. Permítanme que me descojone los próximos 25 segundos. Sí claro, seguro que la sociedad moderna decidiría agarrar las armas después de echarle un ojo... ¿cuando, durante el descanso del próximo Barça/Madrid o al terminar la edición cinco mil de "Gran Hermano"?. Por favor, seamos serios.
Y es que no deja de resultar sorprendente que un film producido por los hermanos Weinstein desde su errática "Dimension Films", con Jan De Bont, director de "Speed", echando una mano, un reparto bastante sólido encabezado por el entonces en alza Christian Bale, un presupuesto respetable de 20 millones de dólares y un contenido versado en la ciencia ficción y el cine de acción, a día de hoy siga tan escondido y poco difundido. Según la teoría oficial, los Weinstein sacaron tal tajada de las pre-ventas internacionales, que decidieron no jugársela y dejarla huérfana de una distribución por todo lo alto. Eso, para mi, tiene más sentido.
Total, que a inicios de los 2000 corrió el rumor de que "Equilibrium" molaba mucho y merecía verse, para lo cual había que recurrir al amigo del amigo que se la había descargado con subtítulos hechos por algún mindundi. En esencia se trata de un "exploit" de la entonces afamada "The Matrix" con toques del "1984" Orwelliano, entre otras muchas ideas prestadas.
Estamos en el futuro, poco después de la tercera guerra mundial. El poder decide erradicar el mayor mal de la humanidad, los sentimientos. De este modo, se acabaron las guerras, los conflictos, los celos, las envidias, etc.... pero, claro, también las emociones positivas. Para ello se inventa una medicina que hay que inyectarse diariamente. Solo la resistencia se niega a tomársela y vive oculta, traficando con todo lo que el poder ha prohibido, los libros, la música, la pintura, el cine... cualquier cosa capaz de crear alguna clase de emoción. Un cuerpo especial de policía se encarga de buscar y cazar a todos esos rebeldes, que son automáticamente ejecutados. El mejor de estos hombres, John Preston, es tan eficiente y obediente que no tuvo problemas en aprobar el exterminio de su propia mujer, cuando se descubrió que no ingería la medicina, y tampoco en matar a su compañero/amigo al pillarlo leyendo a escondidas poesía confiscada.
Pero un día, accidentalmente, no se inyecta su dosis y lo que comienza a sentir le gusta... tanto, que decide seguir adelante. Poco a poco, irá abriendo los ojos ante los abusos del poder y, claro está, se pondrá de lado de la resistencia para que cambien las cosas de una vez por todas.
Siguiendo la estela "fantasmil" de "Matrix", hay que resaltar la capacidad de estos super-polis (clérigos, les llaman) a la hora de entrar en combate. Gracias a una técnica nueva, son capaces de enfrentarse cara a cara con 20 tíos armados, esquivar balas y golpes y matarlos a todos. Sí, es un tanto exagerado, un poco "too much", pero mola que te cagas. Está muy bien ejecutado en imágenes y cada vez que Bale hace demostración de ello, cuesta mucho no fliparse con las posturitas, el montaje dinámico, la generosa violencia y el macarrismo general de todo ello. Especialmente en el clímax final, directamente de infarto.
"Equilibrium" es una peli muy muy potable. Perfectamente ambientada, con un notorio diseño de producción, bien fotografiada, bien interpretada, en fin, que está muy bien, carajo, y viene repleta de aciertos, aunque mi parte favorita es aquella en la que Christian Bale comienza a despertar y sentir. El actor transmite estupendamente bien lo que representa para él experimentar las cosas bellas por primera vez. Saber que "haces mal", pero no poder evitarlo y vivir entre el puro placer sensorial y el tormento de la culpa. Ver salir el sol. Escuchar música. Oler perfume. Salirse del orden impuesto. Descubrir el individualismo. Entre todo ello destacan la contenida y reprimida mini-historia de amor trágico que mantiene con una rebelde y el inesperado afecto que siente por un hermoso perrito, por el que, literalmente, es capaz de matar.
Junto a Bale encontramos un puñado de rostros bien reconocibles, como son los de Sean Bean, Sean Pertwee en plan Mariano Rajoy, Emily Watson, David Hemmings, Dominic Purcell, Angus Macfadyen o el siempre lacónico William Fichtner. El director y guionista, Kurt Wimmer, luego lo intentaría de nuevo con otro film de ciencia ficción de regusto "Matrixiano" medio-chanin, pero esta vez no funcionó -artísticamente digo, comercialmente sería un "tampoco funcionó"-, les hablo de "Ultraviolet", el vehículo para Milla Jovovich. Aunque lo realmente curioso es descubrir cual fue su primera película, justo antes de "Equilibrium", nada menos que la segunda parte de "Frío como el acero", aquel tardío muestrario de capacidades para el "action hero", que nunca acabó de despegar del todo, Brian Bosworth. Aunque el fuerte de Wimmer está en los guiones, suyos son los de "Esfera", "El secreto de Thomas Crown", "La prueba", "Dueños de la calle", "Un ciudadano ejemplar", "Salt" o el remake de "Desafío Total".
Sin ser perfecta ni redonda, "Equilibrium" sí ofrece un buen puñado de grandes momentos y 107 minutos de notoria evasión. Muy recomendable.
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martes, 11 de junio de 2013
miércoles, 26 de marzo de 2008
WHEN EVIL CALLS
Ya he comentado en alguna ocasión mi intención de evitar hablar en este blog de películas que no me gustan (por aquello de no arrojar más mierda de la que ya hay en internet), pero el caso de hoy es especial. Lo adelanto: "When evil calls" es una peli horrible... pero al mismo tiempo, extrañamente atractiva... curiosa... no sabría decirlo. Esa falta de palabras es la que me ha empujado a escribir esto.
Hasta ayer noche, la única producción que había visto de su realizador, Johannes Roberts, era "Hellbreeder", y os aseguro que me sentó peor que... no se, ¿un tumor en los testículos?. Tenía franca curiosidad por ver otra del mismo menda, "Demonic", pero tras la decepción inmensa de "Hellbreeder", me dije: "A este tío, ni pan". Sin embargo, un buen día, mi amigo y colaborador de "Aquí Vale Todo" Víctor, escribió la reseña de "When evil calls" en su genial y desaparecido blog "Aceite de Ricino", y no la dejó especialmente mal, a pesar de haber sufrido en sus carnes el martirio de visionar otras obras del bueno de Johannes. "Si le gusta a él, tal vez me guste a mi" pensé, y me hice con una copia.
Cristo... que película más inhumanamente horrenda. Todo en ella es tremendamente estúpido. A ver, ¿de qué va?, básicamente de un payaso siniestro (el look mola, eso sí) que concede deseos vía móvil a un grupo de estudiantes con complejos y carencias. Obviamente, cada deseo se tuerce, y se cumple pero a lo chungo. Un chaval gordito que quiere ser delgado, termina aplastado por un camión. Una moza que desea ser más guapa que su amiga, ve como a esta le cae un líquido corrosivo en la cara, etc, etc... en general, todas las resoluciones "malignas" de los deseos son terriblemente previsibles y carentes de imaginación ("No quiero ver más su cara" y pierde los ojos... "Quiero las tetas más grandes" y crecen hasta estallar). Pero todo esto narrado a modo de sketches, como si fuera una peli de historias, solo que estas duran unos cinco o seis minutos cada una, precedidas de un título y el anuncio de "Felicidades, has ganado un deseo", siempre exactamente igual. Vamos, que como quien dice no hay una historia propiamente dicha... dura hora y veinte, pero podría haber llegado a los 240 minutos de haber querido. Sin embargo, todo esto alcanza un sentido cuando descubro que, en realidad, “When evil calls” es la recopilación oficial de una serie originalmente destinada al consumo por móvil... ¡aaaaah!, vale. Eso explica mucho, pero no arregla el entuerto.
Y entre historia e historia, Sean Pertwee, un tipo al que le chifla sobreactuar y echar babas (salvo en "Horizonte Final", siempre le he visto hacer lo mismo). Lo extraño (otra más) de esta película es que pululan por ella actores conocidillos, como Chris Barrie (el "Rimmer" de la serie "Red Dwarf") o Dominique Pinon, que ya salía en "Hellbreeder", y está especialmente desmadrado... incluso parece borracho.
El desenlace es una versión de estar por casa y muy muy cerda de "Wishmaster", film este con el que "When evil calls" tiene muchos puntos en común, aunque su verdadera fuente de inspiración es el terror de origen nipón que nos ha dado la murga durante los últimos años.
Otro aspecto insultantemente destacable son sus efectos especiales. Los de maquillaje apestufan razonablemente, pero los digitales son aberrantes, muy muy cerdos, sobresaliendo el brazo cercenado de cierta chica anoréxica que solo quería perder "La mitad de mi peso". Bastante mejor es el aspecto tetas, hay bastantes, incluso más de un número lésbico de aquel de mojar pan. Algo es algo.
Y es que estamos ante un intento de "comedia de horror", y los Ingleses (y esta peli lo es, ¡y mucho!) cuando tocan el terreno del humor, o lo hacen de puta madre y rompen moldes... o les sale una mierda... eso sí, todo el talento que despliegan en la comedia, no luce prácticamente nada cuando se trata de terror, y aquí incluyo a la "Hammer Films" y a Clive Barker (vale, salvo "The Descent"... y tendría que pensármelo).
Aún así, y como decía, los elementos de "When evil calls" son tan absurdamente anodinos, que uno termina por sentir cierta fascinación, y hasta algo de afecto por su realizador, un tipo que va más perdido que un hijoputa el día del padre, buscando desesperadamente un estilo personal, sin encontrarlo, pero cuya cabezonería comienza a despertar mi simpatía. Sería incluso capaz de volver a ver "Hellbreeder" y agenciarme "Demonic", ¿apuestan algo?.
¡¡Ah!!... un punto a su favor: El susto final, me lo comí de lleno.
Hasta ayer noche, la única producción que había visto de su realizador, Johannes Roberts, era "Hellbreeder", y os aseguro que me sentó peor que... no se, ¿un tumor en los testículos?. Tenía franca curiosidad por ver otra del mismo menda, "Demonic", pero tras la decepción inmensa de "Hellbreeder", me dije: "A este tío, ni pan". Sin embargo, un buen día, mi amigo y colaborador de "Aquí Vale Todo" Víctor, escribió la reseña de "When evil calls" en su genial y desaparecido blog "Aceite de Ricino", y no la dejó especialmente mal, a pesar de haber sufrido en sus carnes el martirio de visionar otras obras del bueno de Johannes. "Si le gusta a él, tal vez me guste a mi" pensé, y me hice con una copia.
Cristo... que película más inhumanamente horrenda. Todo en ella es tremendamente estúpido. A ver, ¿de qué va?, básicamente de un payaso siniestro (el look mola, eso sí) que concede deseos vía móvil a un grupo de estudiantes con complejos y carencias. Obviamente, cada deseo se tuerce, y se cumple pero a lo chungo. Un chaval gordito que quiere ser delgado, termina aplastado por un camión. Una moza que desea ser más guapa que su amiga, ve como a esta le cae un líquido corrosivo en la cara, etc, etc... en general, todas las resoluciones "malignas" de los deseos son terriblemente previsibles y carentes de imaginación ("No quiero ver más su cara" y pierde los ojos... "Quiero las tetas más grandes" y crecen hasta estallar). Pero todo esto narrado a modo de sketches, como si fuera una peli de historias, solo que estas duran unos cinco o seis minutos cada una, precedidas de un título y el anuncio de "Felicidades, has ganado un deseo", siempre exactamente igual. Vamos, que como quien dice no hay una historia propiamente dicha... dura hora y veinte, pero podría haber llegado a los 240 minutos de haber querido. Sin embargo, todo esto alcanza un sentido cuando descubro que, en realidad, “When evil calls” es la recopilación oficial de una serie originalmente destinada al consumo por móvil... ¡aaaaah!, vale. Eso explica mucho, pero no arregla el entuerto.
Y entre historia e historia, Sean Pertwee, un tipo al que le chifla sobreactuar y echar babas (salvo en "Horizonte Final", siempre le he visto hacer lo mismo). Lo extraño (otra más) de esta película es que pululan por ella actores conocidillos, como Chris Barrie (el "Rimmer" de la serie "Red Dwarf") o Dominique Pinon, que ya salía en "Hellbreeder", y está especialmente desmadrado... incluso parece borracho.
El desenlace es una versión de estar por casa y muy muy cerda de "Wishmaster", film este con el que "When evil calls" tiene muchos puntos en común, aunque su verdadera fuente de inspiración es el terror de origen nipón que nos ha dado la murga durante los últimos años.
Otro aspecto insultantemente destacable son sus efectos especiales. Los de maquillaje apestufan razonablemente, pero los digitales son aberrantes, muy muy cerdos, sobresaliendo el brazo cercenado de cierta chica anoréxica que solo quería perder "La mitad de mi peso". Bastante mejor es el aspecto tetas, hay bastantes, incluso más de un número lésbico de aquel de mojar pan. Algo es algo.
Y es que estamos ante un intento de "comedia de horror", y los Ingleses (y esta peli lo es, ¡y mucho!) cuando tocan el terreno del humor, o lo hacen de puta madre y rompen moldes... o les sale una mierda... eso sí, todo el talento que despliegan en la comedia, no luce prácticamente nada cuando se trata de terror, y aquí incluyo a la "Hammer Films" y a Clive Barker (vale, salvo "The Descent"... y tendría que pensármelo).
Aún así, y como decía, los elementos de "When evil calls" son tan absurdamente anodinos, que uno termina por sentir cierta fascinación, y hasta algo de afecto por su realizador, un tipo que va más perdido que un hijoputa el día del padre, buscando desesperadamente un estilo personal, sin encontrarlo, pero cuya cabezonería comienza a despertar mi simpatía. Sería incluso capaz de volver a ver "Hellbreeder" y agenciarme "Demonic", ¿apuestan algo?.
¡¡Ah!!... un punto a su favor: El susto final, me lo comí de lleno.
sábado, 25 de junio de 2022
LA SOMBRA DEL FARAÓN
Llegados finales de los 90, a Hollywood le entró la neura de resucitar y rejuvenecer un olvidado icono del terror, la momia. Como suele ocurrir con estas movidas, procedieron rodando dos películas prácticamente a la vez. Cada una con productora / equipo distintos y lógicas prisas por estrenar el primero. Aunque entonces ya era todo un experto en oportunismo cinematográfico, debo reconocer, con dolor, que piqué. Al no estar demasiado interesado en la materia, cuando se estrenó "La sombra del faraón" ("Tale of the mummy" en v.o.) pensé que iba a ver "La momia" de Stephen Sommers. Sí, asín de tonto. Y claro, al poco de comenzar me doy cuenta que no, que esa es "la otra", "la fea", "la pobre" o "la mala". Puede que ello influyera y, por eso, me dejó un regusto tan amargo. Siempre la consideré muy horrible. Hasta que comencé con lo de las segundas oportunidades.
Los restos malditos de una momia llegan al Londres actual. Cobrarán vida y comenzarán a matar gente (incluido un humilde quiosquero ¿¿armado con pistola??) para extraerles sendos órganos con el fin de obtener forma humanoide y, aluego, dominar el mundo. En tal caso, necesitará el corazón de la chica que, siguiendo los pasos del abuelo arqueólogo, excavó su tumba. Entre medias aparecerá un policía dispuesto a detener al monstruo y salvar a la chati.Cuando me senté en el sofá para zamparme "La sombra del faraón" tras trece largos años, lo hice predispuesto a sufrir un mojón. Y, claro, no me pareció tan terrible. La encontré medianamente soportable, razonablemente amena y bien facturada. Salvo por dos elementos. Dos que, a la larga, son sus mayores flaquezas. Por un lado, los efectos infográficos. En aquella época todavía andaban un poco en pañales y, o invertías mucha mucha tela para que quedaran dignos, o te salían como el culo. Y ese es el caso de "La sombra del faraón". Dan vergüenza ajena. La idea de una momia que, en realidad, son solo unos vendajes con vida propia capaces de generar toda suerte de formas, suena "cool" sobre el papel. Pero llevarla a la práctica en imágenes es muy arriesgado. Y puede quedar ridículo... como es el caso. La segunda flaqueza se llama Jason Scott Lee. Darle el rol protagónico a alguien tan poco carismático fue una gran cagada. Es incapaz de soportar el peso de la función.
Por lo demás, pues bueno, algunas partes son un poco plomo. Y el plano final-final espantoso (de hecho, en el cine propició algún que otro abucheo). Pero, al menos, es de terror, cosa que no podemos decir de "la otra" momia, mucho más enfocada a la aventura con ribetes indianajonescos (y absurdamente sobrevalorada).
El (resto del) reparto depara algunas curiosas y agradables sorpresas. Un Sean Pertwee tan histriónico como siempre y que, para no perder las viejas costumbres, nos regala uno de sus característicos babeos. Lysette Anthony, a la que no situaba hasta que reconocí su careto de porrera en "Drácula, un muerto muy contento y feliz". El gran y siempre efectivo Michael Lerner. Una Shelley Duval cuya carrera ya comenzaba a hacer aguas. El carismático Jon Polito. Dos clásicos, Honor Blackman y Christopher Lee en el rol de arqueólogo (luego le volvemos a ver caracterizado de Drácula en un cartel pegado en los túneles del metro londinense). Aunque las verdaderas sorpresas son un jovenzuelo Gerard Butler y Edward Tudor-Pole dando vida a un ciego. Este hombre destacó durante el vendaval punk británico de finales de los setenta como cantante del grupo "Tenpole Tudor". En su faceta actoril intervino en muchas películas de Alex Cox y cosas tan abominables como "La lengua asesina". Todo un personaje.
Siempre he considerado "La sombra del faraón" el principio del fin de la carrera de Russell Mulcahy. Hasta su llegada había ido rodando películas decentes (siendo "Los inmortales" la más famosa de todas). Pero tras la epopeya de la momia, entró en una espiral de chunguismos que ya nunca más abandonaría, por mucho que algunos resulten medianamente simpáticos y entretenidos como "Resurrección" o "Resident Evil: Extinción" e incluso disponga de cosas "serias", pero absolutamente invisibles, del tipo "A contracorriente".
Entre los guionistas localizamos a John Esposito, quien acabaría ligado a la versión televisiva de "Creepshow".
viernes, 25 de julio de 2008
DOOMSDAY
- Deme una entrada para "Doomsday”- ¿Para qué?
- "Doomsday"
- ..... ¿¿"Hancock"??
- No, no, "Doomsday", de, o, o, eme...
- Esta no la tenemos ¿eh? (pausa) ¡ah, si, si!, está aquí, es que es la primera entrada que vendo hoy.
Vamos, que en la primera sesión no había nadie. ¿Es eso?. Ni idea, el caso es que en la sala sólo éramos unas 11 o 12 personas. Normal, estamos ante una razonablemente modesta producción eminentemente británica, que ha de competir con "Superagente 86" o "Kung-Fu Panda", y lo hace con un reclamo muy limitado (pero muy de moda), recuperar ciertas tendencias narrativas y estéticas del cine de acción y aventuras de los 80.
El problema de "Doomsday" es que, en ese juego referencial tan obvio y descarado (algunos elementos se podrían tildar directamente de plagio, si no fuese porque su condición es tan evidente que, lógicamente, hemos de asumir que estamos ante la declaración de amor de un fan. La diferencia con un, por ejemplo, Tarantino, es que este mira aquello que roba desde arriba, con soberbia, mientras Marshall mira desde abajo, con admiración, convencido de que no puede estar a su altura y su capacidad únicamente da para perpetrar una imitación modesta... pero mucho más honesta), que al poco que hayas visto las pelis de las que chupa, ya te lo sabes todo de memoria y, en cierto momento, la cosa comienza a decaer muy mucho.
Los títulos que le sirven de modelo a su director, Neil Marshall (recordemos, el mismo de la mediocre "Dog Soldiers" y de la muy lograda "The Descent"... curiosamente, también vi esas en pantalla grande), son bastantes, pero la columna vertebral la forma "1997: Rescate en Nueva York". Una tipa tan seca, dura y tuerta como Snake Plissken es enviada a una ciudad amurallada invadida por el caos para encontrar una vacuna que acabe con la epidemia que está arrasando Gran Bretaña. ¿Suena, verdad?. Si incluso la música es, a ratos, idéntica a la que el mismo John Carpenter compuso para su mítica película (y Carpenter es el apellido de un personaje... hay otro que se hace llamar Miller, y no porque si). Hasta aquí bien, pero después de que los buenos son atrapados por los malos (una banda de retro-punks muy London ochentero) que se zampan a Sean Pertwee tras prenderle fuego (una secuencia de canibalismo bastante cruda, y es que de gore y chorretones rojos está repleta la peli), empieza la fuga, y con ella el declive. Tan y tan abajo cae, que por un momento estás apunto de mandarla a la mierda (sobre todo cuando se adentra en un mundo medieval). Suerte del desenlace... o, como también podemos llamarlo, de la asombrosamente desvergonzada imitación de "Mad Max 2" (y de ahí lo de Miller, claro).
El show se cierra (minuto más, minuto menos) con una carrera de autos tan bien hecha, tan bien montada, tan vibrante, salvaje, gore y divertida, que te olvidas de lo aburrido que estabas, para volver a dar saltos en la butaca. Por los pelos.
Después de "The Descent" uno esperaba algo más, pero podría haber sido mucho peor.
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