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martes, 11 de febrero de 2025

THE MORTICIAN

Este producto que no llega ni a festivalero, es de un incompetente que asusta, sobre todo porque, por el motivo que sea, a priori tiene pinta que no va a estar mal. Todo indica que se trata de una película de terror protagonizada por Method Man (de Wu-Tang Clan) que, además, formó parte de la sección oficial Panorama del festival más prestigioso del mundo, el de Berlín, en su edición de 2011, compartiendo espacio con el cine de autor español —y de corte social— como la inadvertida “Amador” de Fernando León (goarrr!!) de Aranoa. Sin embargo, de terror poco, es una engañifa. Por otro lado sería una película muy de la década pasada, estando rodada en el por entonces novedoso 3D y con una cámara, la "Red One", que aunque se presentaba como el vídeo digital del futuro siendo a principios de los años 10 lo último en tecnología y la herramienta definitiva para sustituir al celuloide, en 2013 ya estaba absolutamente obsoleta porque, en la era digital, los avances se suceden a la velocidad del rayo. Y en pleno 2025, ya nadie quiere oír hablar de la proyección 3D, ni mucho menos de la "Red One". Así que imagínense lo anticuada que se ha quedado esta película en poco más de 14 años.
Estar seleccionada en Berlín no significa nada y, quiero pensar, que lo estuvo por la condición británica del director, Gareth Maxwell Roberts, porque por otro motivo no se entiende. Y es que “The Mortician” es en realidad una "serie B" —bordeando la Z— con un guion tan mal elaborado, una trama tan tonta y de un resultado tan insípido, que cuesta mucho entender cómo fue seleccionada en cualquier sección de cualquier festival que no sea "Brigadoon" en Sitges, máxime cuando se trata de Berlín quien acoge esta película en su seno.
Es mala a rabiar.
Un médico forense retraído y solitario, es testigo de cómo alguien tira al río un cadáver recién asesinado. También se da cuenta de que un niño ha visto todo, por lo que un buen día el asesino acude a la morgue para intimidar al forense y de paso advertirle que, si en algún momento ve al niño por allí, deberá decírselo. Al mismo tiempo, los agentes de la condicional ponen a su servicio a un tipo con el fin de que cumpla con los trabajos sociales de la libertad condicional. Este resultará ser el tío del niño testigo del crimen que, mira tú por donde, se esconde en la morgue donde estos dos operan. Juntos, se enfrentarán al matón y, durante el periplo, además, exorcizarán sus demonios internos.
La sinopsis aún me ha quedado dinámica para lo que es una película que no avanza ni a trompicones y  aburre al más pintado, sin la más mínima pizca de suspense o emoción, ni razón de ser.
Por supuesto, su director, Gareth Maxwell Roberts, es un esteta, y se va a rodar a un Nueva Orleans desolado tras el huracán Katrina, lo que da a la ambientación un toque post-apocalíptico y fecha la acción en un tiempo indeterminado. Todo apunta a que puede que los hechos de “The Mortician” sucedan en un futuro cercano, por eso resulta chocante que el forense vista con ropas de la época victoriana, o utilice cachivaches, cámaras de fotos y demás utensilios propios de aquella misma. Y como en ningún momento se da explicación a esos contrastes, uno termina del todo desconcertado.
Pero para desconcierto el de la barba de Method Man… Desconozco si es por temas de agenda, compaginación de rodajes o qué, pero lo cierto es que en algunas secuencias el rapero muestra una barba completa y frondosa, suya, natural, y en otras la lleva recortada. Para hacerla parecer completa y que no destruya el raccord ¡se la rellenan con pintura! Por lo que de un plano a otro vemos mutar la barba de la manera más bochornosa. Asimismo, Method Man, actor más bien tirando a discretito, vale para hacer de chuloputas o de negrata, pero que como médico forense de aspecto victoriano, retraído y asustadizo, como que no… es una de las peores ideas de casting que yo recuerde. Ahora, entiendo todo cuando vemos que su personaje, aun principal, solventa la papeleta a base de frases cortas y monosílabos; el deseo de cualquier mal actor con mucho afán de protagonismo.
No deja de parecerme gracioso que en reviews firmadas por usuarios en las distintas bases de datos de Internet, llame la atención un pequeño detalle; un “mortician” es el de las pompas fúnebres, un enterrador, por así decirlo. Un enterrador no se encarga de hacer autopsias, de eso se encarga un médico cualificado, es decir, un forense. De manera que algunos usuarios se quejaban del título, puesto que, según esto, la película debía haberse titulado “The Coroner”. Una chorrada como cualquier otra. Probablemente la producción pensase que las funciones de un enterrador son las mismas que las de un forense… en cualquier caso da lo mismo.
Por lo demás, y por apuntar algunos nombres, tenemos los de Dash Mihok, visto en “La delgada linea roja” o Edward Furlong, aceptando un papel de una sola sesión. Aparece por el set un día, y luego su intervención se va repartiendo a lo largo del metraje para que tenga presencia en toda la película… cuando no rodó más de dos horas.
Muy mala, pero ha dado para hablar de ella un poquito.

martes, 7 de octubre de 2025

EL CANGURO

"El Canguro", inconfeso remake sui generis de la ochentera “Aventuras en la gran ciudad”, comienza con el ruidoso orgasmo de una jovencita a la que le están practicando un cunnilingus. Tras el clímax, asoma la cabeza un efervescente, ascendente y sonriente Jonah Hill satisfecho de haber realizado un buen trabajo. Ella le dice que cuanta razón tenía su madre, que hay que ver que bien comen el coño los chicos… simpáticos (por no llamarle gordo, asqueroso, o a saber). Hill dice que su secreto está en que en cada cunnilingus escribe un cuento con la lengua. A continuación, él exige su correspondiente fellatio. Ella se niega. Descubrimos que, eventualmente, la chavala le deja a él practicarle sexo oral aunque, por supuesto, ni siquiera le toca. Esa es la maravillosa puesta en escena de una película que pretende ser una comedia familiar con niños, un divertimento veraniego para toda la familia. A su modo homenajea lo que hacía un John Hughes, pero acaba convirtiéndose en una comedia de trazo muy grueso con sus chistes de pollas y cocaína. No hay ni una sola teta — algo ya normal en un film de 2011— pero sí un buen muestrario de actitudes políticamente incorrectas que es lo que más me llama la atención de la cinta porque, consumida hoy, hay que ver cómo ha cambiado la comedia y sus circunstancias en poco menos de 15 años.
La cosa va de un zángano que ha acabado la Universidad y está completamente desocupado viviendo con su madre separada. La noche que esta tiene una cita, le pide que vaya a hacer de canguro para los niños de una vecina, cosa a la que él accede a regañadientes ganándose así un dinero. Una vez en la casa, la chica que le deja comer el coño esporádicamente llama por teléfono. Está en una fiesta y precisa cocaína, por lo que nuestro protagonista coge el coche del padre de los chicos que cuida, los mete dentro del vehículo y parten a la gran ciudad en busca del camello que les proporcionará la droga. Durante el periplo, como a Elisabeth Shue y a sus chicos en el film mencionado arriba, les ocurrirán mil y una aventuras… solo que la Shue no buscaba cocaína.
Una muy divertida película concebida para el absoluto lucimiento de Jonah Hill, donde él se encuentra como pez en el agua siendo protagonista absoluto y donde hace todo un despliegue de sus capacidades cómicas para llevar a buen puerto una de las cintas más graciosas de la pasada década, previa de todo lo que le vendría después al actor (nominaciones a los Oscar, trabajar junto a consagrados directores como Tarantino o Scorsese...) que, sin embargo, a pesar de lo estupenda que es —moralina americana implícita en la comedia gamberra incluida, eso si— no contó con el beneplácito de público y crítica.
Michael De Luca en co-producción con la "20th Century Fox", muy inteligentemente, produjo un guion que estaba en la lista de los preferidos por los estudios de películas no realizadas en 2009. Se hizo con los derechos y dejó al director David Gordon Green y a Hill desmelenarse. Contaba con un presupuesto correcto que, si jugaba bien sus cartas, convertiría la película en un hit veraniego. Contó con 25 millones de dólares. Sin embargo, una vez terminada, tras un pase para los ejecutivos de la "Fox", no quedaron nada contentos con lo que vieron. Demasiado vocabulario vulgar y demasiada cocaína en una película que ellos creían infantil. Quisieron dejarla en las latas prácticamente. Y no se estrenó en verano por esos motivos. Tuvo que ser sometida a cortes.
Naturalmente, productor y actor pusieron el grito en el cielo, pero la "Fox" no pensaba llevar a los cines, bajo ningún concepto, una película en la que un menor roba un huevo con más de un kilo de cocaína en su interior, que se rompe dentro de un coche lleno de niños y, espolvoreada, acaba yendo a parar a la cara del personaje de Jonah Hill. Sin embargo, el estudio comprendía el estilo excesivo del humor del actor y llegarían a un acuerdo. Someterían la película a cortes, pero no serían demasiado severos dejando el montaje original del director intacto para comercializar en versión extendida en DVD. Hill y Gordon Green aceptaron. Al no haber llegado al verano, la siguiente fecha de estreno sería Navidades.
Como estrategia comercial a Jonah Hill se le ocurrió poner su número de teléfono personal en el pre-afiche que anunciaba la película. En él, aparece su fotografía y una inscripción que reza: “¿necesita un canguro?”, debajo, unas tiras con el teléfono: (917) 409-7838. Cuando alguien llamaba, podía encontrarse con un mensaje de contestador que ofrecía los servicios de Hill como canguro, o bien, lo cogía el propio actor y charlaba con su interlocutor, recomendándole que fuese a ver la película, el muy cachondo.
Se estrenó en Navidades coincidiendo en cartelera con otra comedia de temática festiva, “Noche de año nuevo” de Garry Marshall y el público prefirió esta ese fin de semana, con lo que “El Canguro” pasó un poco inadvertida. Al final de su carrera, había recaudado en todo el mundo 35 millones. No perdió dinero en absoluto, pero las ganancias tampoco fueron las suficientes como para que la "Fox" la considerase un éxito. Más bien la consideró un fracaso. Para más inri, las críticas fueron demoledoras. Y, con el tiempo, parecía que los fans iban a otorgarle estatus de culto, pero no. A día de hoy se trata de una película ya olvidada.
En España, por supuesto, pasó por salas y en formato doméstico sin pena ni gloria desde el día uno, solo se enteraron de su existencia los más interesados en el trabajo de Jonah Hill y, desde hace ya un tiempo, la comedia americana en todas sus vertientes languidece en la oferta cinematográfica.
Junto a Hill en el reparto, además de una serie de niños no demasiado insoportables, tenemos a un descacharrante Sam Rockwell que interpreta a un violento camello con serios problemas afectivos. También contamos con el cameo de uno de los raperos menos efectivos en el cine, Method Man de los "Wu-Tang Clan", que se cree más gracioso de lo que realmente es, que es poco.
Dirige David Gordon Green, responsable de cintas como “Superfumados” o “Caballeros, princesas y otras bestias” así como la última —y extraña— trilogía de “Halloween” o “El Exorcista: Creyente”. Si en la comedia resulta un autor bastante eficiente, en estos "reboots" de cine de terror es un "bluff".