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lunes, 13 de diciembre de 2010

ALGUNAS VECES ELLOS VUELVEN

Llevo esperando ver esta película desde que fue portada del número uno de la edición Española de la revista "Fangoria" (la de Luis Vigil, no la otra mierda), pero no tuve oportunidad hasta la pasada noche. De entre medio, casi 20 añazos de espera. Eso es tener paciencia, joder. ¿Y valió la pena?... pssss, no especialmente la verdad.
Basada en un relato corto de Stephen King, en pleno apogeo de este como material adaptable a la pequeña pantalla (y el film comentado, lo es), producida por el recientemente fallecido Dino de Laurentiis (quien se permite un auto-guiño colando su "King Kong" del 76 en una tele) y co-producida por Milton Subotsky, ex-jefe de "Amicus" y sufriendo de Kinguitis en los últimos años de su existencia terrenal, "Algunas veces ellos vuelven" cuenta con protagonismo del entrañable Tim Matheson, acompañado de los reconocibles rostros de Brooke Adams ("La zona muerta", "La invasión de los ultracuerpos"), Robert Rusler (guaperillas en "Vamp" o "La mujer explosiva") y William Sanderson (cult-actor que arrancó en el campo del exploitation con la ultra-racista "Fight for your life" y ganó cierto peso por su papel secundario en "Blade Runner"). El dire no es otro que Tom McLoughlin, popular por ser el responsable de la sexta entrega de "Viernes 13", así como de la modesta pero majilla "Siniestra Oscuridad".
Un padre de familia vuelve al pueblo de su infancia con fines laborales. El problema es que de chaval presenció la muerte de su hermano mayor en manos de unos macarrillas que, oh mala pata, seguidamente fueron arrollados por un tren. Casualmente uno de esos días se cumple el nosecuanto aniversario de la tragedia, y los espíritus de los bad boys regresarán del mas allá sedientos de venganza.
Siempre me pareció a mi que Tom McLoughlin tenía algo de curilla. No ya solo por ser el director de "Cita con un ángel muy especial" (sí, tómenlo literalmente), sino porque en sus declaraciones y sus intenciones (limpiar la saga "Viernes 13" de la suciedad que arrastraba a causa de su reivindicable quinta entrega, metiéndole humor, buenrollismo y unas gotas de violencia más contenidas) siempre me ha parecido sospechosamente cumbayá. En serio. Y esta "Algunas veces ellos vuelven" me lo confirma, por su exaltación de los valores familiares, su rollo lacrimógeno de baratillo y esas puertas lumínicas al mas allá, camino del paraíso donde todos nos acabaremos encontrando y bla, bla. Pero claro, carayo, es que a fin de cuentas hablamos de un telefilm, todo el muy limpio, muy contenido (muertes insulsas, y la más atrevida mostrada desde lejos) e inofensivo. Ideal para la tarde del Domingo. Y sí, en un caso así funcionaría, es razonablemente entretenida. Pasable. Pero yo de ti no tendría prisa en verla (bueno, yo no la tuve, 20 años lo atestiguan).
El caso es que por lo visto funcionó tan bien la cosa que tuvo dos secuelas más, "Sometimes they como back... again" ("La resurrección del mal") y "Sometimes they como back... for more" ("Infierno blanco", de la que solo he oído pestes), que no he visto, ni veré.

martes, 23 de agosto de 2011

SINIESTRA OSCURIDAD

Tom McLoughlin debutaba en 1983 con esta película. Luego, lograría cierta notoriedad al ponerse tras los mandos de la sexta entrega de "Viernes 13" y de algunas adaptaciones televisivas del universo Stephen King. Y una de dos, o le moló mucho la experiencia o nadie más confió en él para dirigir nada estrenable, porque desde entonces todo su trabajo se ha limitado a la pequeña pantalla. En este tiempo, si algo he aprendido de McLoughlin -dejando de lado las limitaciones de su peluquero- es que al muchacho no le apasiona la sangre, el gore, y tampoco la violencia malrollera. Aspecto este que queda especialmente evidenciado en "Siniestra Oscuridad" ("One Dark Night" si vives en USA), un film que apuesta por el terror más clásico -de ribetes góticos- y atmosférico en una época en la que lo dominante es el uso y abuso de líquido rojo y látex.
La historia comienza con el descubrimiento del cadáver de un asesino y sus jóvenes víctimas. Un psíquico de grandes poderes al que le encantaba churrupetear la energía del personal (menor de 20 y con ubres). El tio es enterrado en un mausoleo, el mismo al que unas jóvenes idiotas irán a hacer el gamberro. No habrá que esperar mucho -solo a que salga la luna- para que el psíquico supuestamente muerto comience a liarla con el material que tiene más a mano, el resto de cadáveres.
Pues dentro de lo que cabe, la cosa no carece de originalidad. Aunque el fuerte de "Siniestra Oscuridad" es su clímax final. Cuando la vi siendo más jovenzuelo incluso pasé un poco de canguelo. Ayer noche quise comprobar cómo me sentaría hoy, y aunque ya no me puso los pelos de punta, sigo pensando que "el momento" funciona maravillosamente. Hablo de la secuencia en la que, desde su tumba, el psíquico reanima los cadáveres del mausoleo ante los aterrados ojos de las chicas. No es que vivan, es que los maneja cual marionetas, moviéndolos y desplazándolos a pesar de que sus pies ni tan siquiera toquen el suelo. McLoughlin despliega toda su capacidad y saca el máximo partido a los muñecos en cuestión, logrando momentos genuinamente macabros, como aquel en el que el cuerpo de una recién casada se desliza por un pasillo y va siendo iluminada intermitentemente. A todo ello ayudan unos efectos especiales muy potables (Tom Burman, de notorio curriculum, anda por ahí) y las justas dosis de asquerosidades. Que no, que no hay gore, por no haber casi ni tenemos víctimas, pero el director saca mucho partido al estado en descomposición de algunos muertos.
En el reparto destacan una jovencilla Meg Tilly y el bueno de Adam West. Sí, ese.
No es que "Siniestra Oscuridad" sea una maravilla por descubrir, ni un clásico ignoto... pero está bastante por encima de la media y, por lo menos, cuenta con una extensa secuencia de estupendos resultados que merece verse y, según cómo, sufrirse.

lunes, 18 de abril de 2022

ACADEMIA MORTUORIA

Enésimo exploit de “Loca academia de Policía” solo que esta vez no está perpetrado por unos cualesquiera, sino por el séquito de Paul Bartel que, dándole una vuelta a la estructura de las tan afamadas películas de policías, deciden ambientar la historia en una funeraria. Más allá de eso, con todo el descaro del mundo, copian el esqueleto  argumental del film de Hugh Wilson con un protagonista que tiene que estudiar en la academia mortuoria contra su voluntad, unos profesores que están como una puta cabra, y una serie de personajes con una personalidad muy marcada.
Dos hermanos —que para mayor cachondeo se apellidan Grimm— heredan una academia mortuoria valorada en dos millones de dólares, pero es voluntad de su tío que, para acceder a la propiedad de la academia, antes tendrán que licenciarse como funerarios. A los hermanos no les hace puñetera gracia ponerse a estudiar una carrera tan macabra, pero no les quedará más remedio si quieren acceder a la herencia. Así pues se matriculan en la misma, y el director actual les advierte que como no se gradúen, la academia pasará a ser de su propiedad, por lo que se las ingeniará toda la película para que estos fracasen en el intento. Por el camino se irán desarrollando la ristra de gags protagonizados por la excéntrica galería de personajes de la que se compone la academia y que destacan por tener que ver en su mayoría con la necrofilia y tener un humor negrísimo.
Sin embargo, la película es fallida en todos los aspectos y sentidos. Quizá la presencia de la eterna pareja formada, en el reparto, por Paul Bartel y Mary Woronov, que dan vida al director y profesora de la academia respectivamente, haga brillar a la película con pequeños destellos, pero por lo demás, esta se hunde en un mar de mediocridad. El personaje de Bartel es un necrófilo consumado que encuentra el amor en el cadáver de una adolescente a la que recita, según se va descomponiendo, tremendos soliloquios sobre el amor, mientras que la Woronov es una especie de profesora sexy y ninfómana (al estilo de la Sargento Callahan de la película a la que expolia). Desde luego, lo mejor de “Academia Mortuoria”. El resto, chistes de sal no demasiado gruesa, destacando también una secuencia de créditos inicial a base de animaciones artesanales que recuerdan sospechosamente a las que hacía Terry Gilliam para Monty Python.
También resulta curioso encontrarse en los papeles protagonistas a Christopher Atkins que después de “El lago azúl”, con esa cara de niñato y esos rizos rubios a lo Shirley Temple, se encasilló tanto que no logró levantar cabeza y aquí se encuentra en plena decadencia, a Perry Lang, estupendo Anthony James (le has visto en “Sin perdón”, “Wacko” o “El trueno azúl” siempre en calidad de secundario), Tracey Walter (“El asesino de la máscara”, “Batman”, “Conan, El destructor”, etc, etc, etc… sale en mogollón de películas segundonas, a veces como extra), Stoney Jackson (el negro gracioso de mogollón de films graciosos de los 90… sin ir más lejos, era Wacky Dee en “CB-4”), Wolfman Jack, excentrico y popular DJ y presentador de televisión estadounidense que se hizo popular presentando el programa musical “The Midnight Special” y hasta, en un papel minúsculo, Cesar Romero, el Joker de la serie de “Batman” de los 60.
El guion es cosa del propio Bartel en colaboración con William Kelman y la dirección corre a cargo de todo un director de culto como es Michael Schroeder, responsable de la segunda unidad  de “Siniestra oscuridad” de Tom McLoughlin, y principal artífice de   la anteriormente citada “El asesino de la máscara” y las dos secuelas chunguísimas de “Cyborg”.
El caso es que no es peor película que cualquier comedia de serie B de los ochenta, ni peor que cualquiera de los exploits de “Loca academia de policía”, pero con semejante plantel, sí que le exigía a priori que fuese un poquito, poquito mejor.

lunes, 26 de octubre de 2020

LAS PESADILLAS DE FREDDY

El próximo día 31 es Halloween, festividad a la que no tenemos ninguna manía en "Aquí Vale Todo" (y que pensamos puede convivir perfectamente con la propia). Por ello, esta semanita se la vamos a dedicar estrictamente al género del terror y aledaños, comenzando hoy Lunes con todo un clásico... aunque en vertiente "povera".
Siempre me ha escamado que se incluya la saga de "Pesadilla en Elm Street" en la etiqueta de "slasher" junto a "Viernes 13" o "Scream". Para nada creo yo que encaje, por su generoso elemento sobrenatural y, sobre todo, su asesino, un personaje excesivo y charlatán carente de toda áurea inquietante. Sin embargo, sí hubo una ocasión en la que Freddy Krueger estuvo cerca de considerarse "slasher" y fue en el primer capítulo de la serie de televisión "Las pesadillas de Freddy", lógicamente esputada a partir de su gran éxito.

Al narrar el origen del personaje, antes de su paso a sueñilandia, tenemos un Freddy con toda la carne pegada a los huesos y que mata en el mundo físico, agazapándose en la oscuridad para atacar. A mi, toda esta parte, me encaja perfectamente en los parámetros del cine de acuchillamientos. Pero claro, luego vienen los padres de las víctimas que, enfadados al ver al de las garras librarse de la silla eléctrica, corren hasta su guarida y le prenden fuego. Entonces sí, de ahí pasamos a terreno conocido (externo ya al del "slasher" puro). Los sueños, las visiones surrealistas y un Freddy bocazas e irritante que se toma la revancha.
De este modo, lo que queda es una especie de versión condensada y extremadamente sosa de una típica peli de "Pesadilla en Elm Street". Los elementos truculentos brillan por su ausencia, siendo una época en la que aún no se permitía mostrar sexo y violencia en la caja tonta.
Dirige Tobe Hooper ¿Se imaginan lo que, en otras circunstancias, habría significado que el responsable de "La matanza de Texas" firmara un capítulo de la serie de Freddy Krueger? ¿Sensacional, verdad?. Pues no. El hombre se aburre tanto con la materia, que nos contagia. Y lo que son 45 minutos de duración parecen alcanzar dos horas interminables. Una pena. Y un mal arranque para una serie que, en un principio, pretendía comerme entera e ir comentando capítulo a capítulo. Pero, ciertamente, resultó una experiencia tortuosa. Terrible. No es que fuese mala, más bien lo siguiente. Es horrorosa y todos los episodios, durando esos 45 minutos, se hacen eternos. Tanto aquellos que incluyen a Freddy en la trama (y que se aferran exactamente a la misma premisa: Personaje -normalmente adolescente- sufre las torturas "light" por parte del de las garras a base de surrealismo, situaciones extrañas, ridículas y terriblemente cansinas) como los que únicamente le otorgan el cargo de "host" (igualmente insufribles).
Es cierto que eventualmente encontramos rostros curiosos (Lar "Viernes 13 - 7" Park-Lincoln, Lori Petty, Jill Whitlow, Diane Franklin, George Lazenby, Bill Moseley, Jeffrey Combs, William Butler, Dick Miller, Charles Cyphers, Tracey Walter, Wings Hauser, Sandahl Bergman, John DiSanti y Brad Pitt!!) o firmas igualmente curiosas (Tom "Viernes 13 - 6ª parte" McLoughlin, Mick Garris, Ken Wiederhorn, Tom DeSimone, John Lafia, Dwight H. Little, William Malone), pero no sirve absolutamente de nada. Supongo que las prisas por realizar el producto y agenciarse unos cuantos milloncejos más les pasaron factura a los de "New Line". Por eso he decidido olvidar mi intención inicial de reseñar todos los capítulos limitándome, en plan testimonial, al primero (básicamente porque trata el origen de Freddy).
Mal, mu mal, totalmente desaprovechada.