El próximo día 31 es Halloween, festividad a la que no tenemos ninguna manía en "Aquí Vale Todo" (y que pensamos puede convivir perfectamente con la propia). Por ello, esta semanita se la vamos a dedicar estrictamente al género del terror y aledaños, comenzando hoy Lunes con todo un clásico... aunque en vertiente "povera".
Siempre me ha escamado que se incluya la saga de "Pesadilla en Elm Street" en la etiqueta de "slasher" junto a "Viernes 13" o "Scream". Para nada creo yo que encaje, por su generoso elemento sobrenatural y, sobre todo, su asesino, un personaje excesivo y charlatán carente de toda áurea inquietante. Sin embargo, sí hubo una ocasión en la que Freddy Krueger estuvo cerca de considerarse "slasher" y fue en el primer capítulo de la serie de televisión "Las pesadillas de Freddy", lógicamente esputada a partir de su gran éxito.
Al narrar el origen del personaje, antes de su paso a sueñilandia, tenemos un Freddy con toda la carne pegada a los huesos y que mata en el mundo físico, agazapándose en la oscuridad para atacar. A mi, toda esta parte, me encaja perfectamente en los parámetros del cine de acuchillamientos. Pero claro, luego vienen los padres de las víctimas que, enfadados al ver al de las garras librarse de la silla eléctrica, corren hasta su guarida y le prenden fuego. Entonces sí, de ahí pasamos a terreno conocido (externo ya al del "slasher" puro). Los sueños, las visiones surrealistas y un Freddy bocazas e irritante que se toma la revancha.
De este modo, lo que queda es una especie de versión condensada y extremadamente sosa de una típica peli de "Pesadilla en Elm Street". Los elementos truculentos brillan por su ausencia, siendo una época en la que aún no se permitía mostrar sexo y violencia en la caja tonta.
Dirige Tobe Hooper ¿Se imaginan lo que, en otras circunstancias, habría significado que el responsable de "La matanza de Texas" firmara un capítulo de la serie de Freddy Krueger? ¿Sensacional, verdad?. Pues no. El hombre se aburre tanto con la materia, que nos contagia. Y lo que son 45 minutos de duración parecen alcanzar dos horas interminables. Una pena. Y un mal arranque para una serie que, en un principio, pretendía comerme entera e ir comentando capítulo a capítulo. Pero, ciertamente, resultó una experiencia tortuosa. Terrible. No es que fuese mala, más bien lo siguiente. Es horrorosa y todos los episodios, durando esos 45 minutos, se hacen eternos. Tanto aquellos que incluyen a Freddy en la trama (y que se aferran exactamente a la misma premisa: Personaje -normalmente adolescente- sufre las torturas "light" por parte del de las garras a base de surrealismo, situaciones extrañas, ridículas y terriblemente cansinas) como los que únicamente le otorgan el cargo de "host" (igualmente insufribles).
Es cierto que eventualmente encontramos rostros curiosos (Lar "Viernes 13 - 7" Park-Lincoln, Lori Petty, Jill Whitlow, Diane Franklin, George Lazenby, Bill Moseley, Jeffrey Combs, William Butler, Dick Miller, Charles Cyphers, Tracey Walter, Wings Hauser, Sandahl Bergman, John DiSanti y Brad Pitt!!) o firmas igualmente curiosas (Tom "Viernes 13 - 6ª parte" McLoughlin, Mick Garris, Ken Wiederhorn, Tom DeSimone, John Lafia, Dwight H. Little, William Malone), pero no sirve absolutamente de nada. Supongo que las prisas por realizar el producto y agenciarse unos cuantos milloncejos más les pasaron factura a los de "New Line". Por eso he decidido olvidar mi intención inicial de reseñar todos los capítulos limitándome, en plan testimonial, al primero (básicamente porque trata el origen de Freddy).
Mal, mu mal, totalmente desaprovechada.
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lunes, 26 de octubre de 2020
sábado, 15 de octubre de 2011
EL ASESINO DE LA MÁSCARA
Finales de los 80, justo el periodo de transición del terror bueno e imaginativo, al malo y aburrido. Por eso esos años van plagados de pelis mierdosas, especialmente en el campo de la serie B/Z o los productos de bajo presupuesto. Más que malas, la mayoría resultan insípidas, frías, ocupando terreno de nadie. Y ninguna hace gala de tan poco envidiables atributos como "El asesino de la máscara" u "Out of the dark" si vives en Wisconsin. En el momento de su lanzamiento, arrastraba un minúsculo culto... pero suficiente como para empujarme a alquilarla. La vi, me aburrí y me dormí. En ese orden, devolviéndola al video-club sin terminarla. Tropecientos años después le doy una segunda oportunidad... pero las cosas no han cambiado mucho. De hecho, tuve que dedicarle tres sesiones para poder alcanzar el "The End"... y eso que solo dura 90 minutos.Un psycho-killer oculto tras una chanante careta de payaso, se dedica a perseguir y asesinar a las mozas que curran en una línea de teléfono erótico. Están todas muy buenas y son muy guapas, claro. La policía investiga el caso. El espectador se ve tentado por el poder del "fast forward".
Pues no hay mucho más que decir. Patosamente estilizada, cual video-clip de segunda fila, menos erótica de lo que se promete y, peor aún, bajo mínimos en cuanto a gore se refiere (el único que la palma a lo burro es un Mexicano gordo... ¡que se mueran los feos!). La previsible trama se desarrolla pesssssadamente, sin ganas, ni energía, ni sorpresa alguna. Carece totalmente de pasión. Lo único realmente destacable es el curioso reparto, a saber: la irritante (y fea) Karen Black, Bud Cort, Divine en un pequeñísimo cameo, haciendo de hombre y con mostacho (dicha aparición se explotó de sobremanera en su época), Geoffrey Lewis, Tracey Walter (en uno de sus pocos roles de héroe en lugar del habitual perdedor), Tab Hunter (en un cameo todavía más minúsculo que el de Divine) y Paul Bartel haciendo de mariquita con peluquín. Bartel ejerce también de productor. Hay un John De Bello interpretando a un policía, pero según Imdb NO es el De Bello que dirigió "Attack of the killer tomatoes".... ¡ah!, bueno es saberlo.
En fin... que no se, la sensación que pueda causarles "El asesino de la máscara" queda totalmente a merced de su nivel de paciencia.
viernes, 30 de marzo de 2012
TIMERIDER (EL JINETE DEL TIEMPO)
Clásico de los video-clubs de nuestra época que jamás llegué a alquilar por un motivo bien sencillo: lo delatadoras que eran las imágenes de la parte de atrás de la caratula. "Timerider" estaba ambientada en pleno oeste y a mi, ya desde chaval, el western era un género que nunca me atrajo, salvo honrosas excepciones (no, no van aquí incluidas las aburridas aportaciones de Sergio Leone). Han tenido que pasar toda esta ristra de años (muchos) para que Mr. Pajarillo me la cediera en formato Beta y yo la viera ayer noche gracias a mi ruidoso y encantador armatoste-vídeo.
Lyle Swan es un reputado piloto de motocross que un día, en plena ruta desértica, cruza por en medio de un experimento científico y, sin darse ni cuenta, viaja al pasado, concretamente a la época del oeste. Una vez allí, su apariencia y, especialmente, su moto harán que se meta en toda clase de líos. Un grupo de rufianes le perseguirán, obsesionados en agenciarse la poderosa "máquina" sobre la que el muchacho cabalga. Una chica se lo beneficiará y, en fin, alguna cosa más.
Pues sí, hice mal no alquilando "Timerider" en su día porque la verdad es que está un rato entretenida. Igual que el western no me tira mucho, sí me ponen cachondo las pelis de viajes en el tiempo, con especial afición por las partes en las que el viajero, si va hacia el futuro, o el testigo, si vive en el pasado, lo flipan con los avances tecnológicos que contemplan.
"Timerider" es pura consecuencia del nuevo cine espectáculo que despuntaba ya en su momento (1982) en Hollywood, la diferencia es que sus perpetradores no contaban con los holgados presupuestos habituales de aquella época y se ven obligados a ceñirse más a la narración y a los personajes que a la priotecnia visual, lo que en este caso es un acierto. El film se gasta un ritmo más que efectivo, y el generoso y lustroso reparto está a la altura: Fred Ward (que interpreta al motorista pero, curiosamente, figura como secundario en los créditos), Peter Coyote en el rol del malo (siempre me ha fascinado la versatilidad de este señor que tanto puedes ver en un drama de prestigio como en una rastrera serie Z de terror), la guapa Belinda Bauer, y segundones de lujo como Richard Masur, Tracey Walter, Ed Lauter, L.Q.Jones y Miguel Sandoval debutando.
El director es William Dear, que aunque no sea extremadamente conocido, tiene en su haber un par de obras bastante reconocibles. Por un lado "Bigfoot y los Henderson" y por otro el episodio de la falsa momia de "Cuentos asombrosos" (bueno, y "Agente Juvenil" con Richard Grieco). Resulta curioso que Dear terminara currando para Spielberg habiendo parido algunos títulos muy deudores de su cine, especialmente si tenemos en cuenta el trivial, pero existente, parecido entre la trama de "Timerider" y la posterior "Regreso al futuro 3".
A "Timerider" también se la conocía como "La aventura de Lyle Swan", lo que hace pensar que tal vez se pretendía dar forma a una nueva franquicia, cosa que no cuajó por los motivos que fueran.
Una peliculilla sencillita, sin pretensiones y sin capacidad de deslumbrar pero que entretiene en su justa medida. Recomendable.
Lyle Swan es un reputado piloto de motocross que un día, en plena ruta desértica, cruza por en medio de un experimento científico y, sin darse ni cuenta, viaja al pasado, concretamente a la época del oeste. Una vez allí, su apariencia y, especialmente, su moto harán que se meta en toda clase de líos. Un grupo de rufianes le perseguirán, obsesionados en agenciarse la poderosa "máquina" sobre la que el muchacho cabalga. Una chica se lo beneficiará y, en fin, alguna cosa más.
Pues sí, hice mal no alquilando "Timerider" en su día porque la verdad es que está un rato entretenida. Igual que el western no me tira mucho, sí me ponen cachondo las pelis de viajes en el tiempo, con especial afición por las partes en las que el viajero, si va hacia el futuro, o el testigo, si vive en el pasado, lo flipan con los avances tecnológicos que contemplan.
"Timerider" es pura consecuencia del nuevo cine espectáculo que despuntaba ya en su momento (1982) en Hollywood, la diferencia es que sus perpetradores no contaban con los holgados presupuestos habituales de aquella época y se ven obligados a ceñirse más a la narración y a los personajes que a la priotecnia visual, lo que en este caso es un acierto. El film se gasta un ritmo más que efectivo, y el generoso y lustroso reparto está a la altura: Fred Ward (que interpreta al motorista pero, curiosamente, figura como secundario en los créditos), Peter Coyote en el rol del malo (siempre me ha fascinado la versatilidad de este señor que tanto puedes ver en un drama de prestigio como en una rastrera serie Z de terror), la guapa Belinda Bauer, y segundones de lujo como Richard Masur, Tracey Walter, Ed Lauter, L.Q.Jones y Miguel Sandoval debutando.
El director es William Dear, que aunque no sea extremadamente conocido, tiene en su haber un par de obras bastante reconocibles. Por un lado "Bigfoot y los Henderson" y por otro el episodio de la falsa momia de "Cuentos asombrosos" (bueno, y "Agente Juvenil" con Richard Grieco). Resulta curioso que Dear terminara currando para Spielberg habiendo parido algunos títulos muy deudores de su cine, especialmente si tenemos en cuenta el trivial, pero existente, parecido entre la trama de "Timerider" y la posterior "Regreso al futuro 3".
A "Timerider" también se la conocía como "La aventura de Lyle Swan", lo que hace pensar que tal vez se pretendía dar forma a una nueva franquicia, cosa que no cuajó por los motivos que fueran.
Una peliculilla sencillita, sin pretensiones y sin capacidad de deslumbrar pero que entretiene en su justa medida. Recomendable.
sábado, 18 de mayo de 2024
CASADA CON TODOS
Entre su etapa "exploiter", bajo la tutela de Roger Corman, y la reconversión a director de prestigio con "El silencio de los corderos" (así como una posterior decadencia tras sendas películas fracasadas, antes de su triste fallecimiento en 2017), Jonathan Demme rodó varias comedias. Dos más o menos románticas, sin caer en baboserías. Quizás la más exitosa, o de culto, sea "Algo Salvaje". Nunca acabé de congeniar con ella. A mi me gustaba justo la que venía después.... y antes de las archifamosas desventuras de Hannibal Lecter, "Casada con todos" o "Married to the Mob" en versión original (es decir, "Casada con la mafia"). Me encantaba de chaval. Incluso compré la banda sonora trufada de un puñado de "hits" muy de su década, destacando a "New Order", Deborah Harry en solitario o "The Feelies". ¿Y cuál es esa década? fácil deducción: los ochenta. Concretamente 1988. Tal vez, por encontrarse ya en su recta final, la explosión de "tics ochenteros" en "Casada con todos" resulta abrumadora. Sobre todo estéticamente. Haría las delicias de todos esos posmodernos que se encabezonan en recrearla sin haberla conocido realmente, a base de excesos de laca y colores chillones.
Angela está casada con Frank, un mafioso que aspira a escalar puestos en la familia. A diferencia del resto de esposas del clan, es muy infeliz. Quiere huir de semejante vida, pero no puede. Hasta que el capo, Tony, pilla a Frank follándose a su amante y se lo carga. Así, Angela aprovecha para comenzar de cero, a base de piso cutre y curro cutre. Obviamente, Tony la seguirá con intención de convertirla en su nueva amiguita. Pero no es el único, un par de agentes del FBI van igualmente tras ella. A base de casualidades y equívocos, uno de estos, el ambicioso -y amante de los felinos- Mike, conocerá a Angela en lo personal y nacerá el amor.... hasta que la chica descubre el pastel y todo se lía que da gusto.
Hacía años que no veía "Casada con todos". Recordé su existencia, se la pedí a un amigo, me la mandó y le di al "Play" con miedo de que ya no me funcionara igual. Falsa alarma. Por suerte, disfruté del visionado como un cochinillo. Sí, estamos ante una comedia romántica, pero nada que ver con la basura que lleva haciéndose desde hace años en su nombre. Aquí el rollo amoroso no empalaga, es hasta tierno. Y se mezcla con muchos momentos de un humor algo alocado (destacando los arrebatos desquiciados de la celosa y medio psicópata mujer de Tony), un ritmo acelerado, vibrante, y cierta "chispeantez" en el ambiente. Todo ello rebañado en inesperadas y agradecidas dosis de acción y violencia. Disparos y muertos incluidos. Al fin y al cabo, la cosa va de gangsters. "Casada con todos" es una película alegre, y ese es el poso que nos deja. Mientras concluye, a base de un chorrón de escenas eliminadas, resulta imposible no sonreír con genuina satisfacción.
Si a la refrescante dirección de Demme, y el divertido guion de Barry Strugatz + Mark R. Burns (quienes, curiosamente, no harían mucha carrera. La otra única película localizable en sus currículums con cierto brillo es "Vida y amores de una diablesa"), añadimos la extensísima ristra de actores que pululan por la pantalla, ya sea en funciones protagónicas, secundarias, de extra o, directamente, invisibles (Joe Spinell formaba parte del cast, pero toda su labor queda relegada a las escenas eliminadas), pues apaga y vámonos. El orgasmo se multiplica. Así pues, tenemos a una guapísima, pero guapíssssssima, Michelle Pfeiffer. Alec Baldwin. Matthew Modine. Un grandioso Dean Stockwell como jefe mafioso. Una no menos impresionante Mercedes Ruehl interpretando a su maniática esposa. Oliver Platt. Joan Cusack. Nancy Travis requetemonísima enseñando un poco de cacho (sí, amigos, en las "romcoms" de antaño se veían tetas y culos, ni que fuese de refilón). El legendario David Johansen, vocalista de "New York Dolls" con una curiosa carrera secundaria como actor, luciendo nada menos que sotana. Chris Issak. Al Lewis (el abuelo de los "Munster"). Algunos de los habituales del "clan Demme" (es decir, Tracey Walter, Charles Napier o Paul Lazar) y, esta sí es toda una sorpresa, el entonces futuro director Todd Solondz como reportero.
De la música incidental se encarga David "Talking Heads" Byrne, para el que, cuatro años antes, Jonathan Demme había dirigido la hoy bien reputada película-concierto "Stop Making Sense". En la fotografía, otro "Demmeista" convencido, el prestigioso Tak Fujimoto.
Por ello, y algo más, "Casada con todos" termina siendo un delicioso entretenimiento. De cuando estas películas además de divertidas, eran buenas.
(Suspiro) ¡¡que puta mierda hacerse mayor!!.
Muy recomendable.
Angela está casada con Frank, un mafioso que aspira a escalar puestos en la familia. A diferencia del resto de esposas del clan, es muy infeliz. Quiere huir de semejante vida, pero no puede. Hasta que el capo, Tony, pilla a Frank follándose a su amante y se lo carga. Así, Angela aprovecha para comenzar de cero, a base de piso cutre y curro cutre. Obviamente, Tony la seguirá con intención de convertirla en su nueva amiguita. Pero no es el único, un par de agentes del FBI van igualmente tras ella. A base de casualidades y equívocos, uno de estos, el ambicioso -y amante de los felinos- Mike, conocerá a Angela en lo personal y nacerá el amor.... hasta que la chica descubre el pastel y todo se lía que da gusto.
Hacía años que no veía "Casada con todos". Recordé su existencia, se la pedí a un amigo, me la mandó y le di al "Play" con miedo de que ya no me funcionara igual. Falsa alarma. Por suerte, disfruté del visionado como un cochinillo. Sí, estamos ante una comedia romántica, pero nada que ver con la basura que lleva haciéndose desde hace años en su nombre. Aquí el rollo amoroso no empalaga, es hasta tierno. Y se mezcla con muchos momentos de un humor algo alocado (destacando los arrebatos desquiciados de la celosa y medio psicópata mujer de Tony), un ritmo acelerado, vibrante, y cierta "chispeantez" en el ambiente. Todo ello rebañado en inesperadas y agradecidas dosis de acción y violencia. Disparos y muertos incluidos. Al fin y al cabo, la cosa va de gangsters. "Casada con todos" es una película alegre, y ese es el poso que nos deja. Mientras concluye, a base de un chorrón de escenas eliminadas, resulta imposible no sonreír con genuina satisfacción.
Si a la refrescante dirección de Demme, y el divertido guion de Barry Strugatz + Mark R. Burns (quienes, curiosamente, no harían mucha carrera. La otra única película localizable en sus currículums con cierto brillo es "Vida y amores de una diablesa"), añadimos la extensísima ristra de actores que pululan por la pantalla, ya sea en funciones protagónicas, secundarias, de extra o, directamente, invisibles (Joe Spinell formaba parte del cast, pero toda su labor queda relegada a las escenas eliminadas), pues apaga y vámonos. El orgasmo se multiplica. Así pues, tenemos a una guapísima, pero guapíssssssima, Michelle Pfeiffer. Alec Baldwin. Matthew Modine. Un grandioso Dean Stockwell como jefe mafioso. Una no menos impresionante Mercedes Ruehl interpretando a su maniática esposa. Oliver Platt. Joan Cusack. Nancy Travis requetemonísima enseñando un poco de cacho (sí, amigos, en las "romcoms" de antaño se veían tetas y culos, ni que fuese de refilón). El legendario David Johansen, vocalista de "New York Dolls" con una curiosa carrera secundaria como actor, luciendo nada menos que sotana. Chris Issak. Al Lewis (el abuelo de los "Munster"). Algunos de los habituales del "clan Demme" (es decir, Tracey Walter, Charles Napier o Paul Lazar) y, esta sí es toda una sorpresa, el entonces futuro director Todd Solondz como reportero.
De la música incidental se encarga David "Talking Heads" Byrne, para el que, cuatro años antes, Jonathan Demme había dirigido la hoy bien reputada película-concierto "Stop Making Sense". En la fotografía, otro "Demmeista" convencido, el prestigioso Tak Fujimoto.
Por ello, y algo más, "Casada con todos" termina siendo un delicioso entretenimiento. De cuando estas películas además de divertidas, eran buenas.
(Suspiro) ¡¡que puta mierda hacerse mayor!!.
Muy recomendable.
lunes, 18 de abril de 2022
ACADEMIA MORTUORIA
Enésimo exploit de “Loca academia de Policía” solo que esta vez no está perpetrado por unos cualesquiera, sino por el séquito de Paul Bartel que, dándole una vuelta a la estructura de las tan afamadas películas de policías, deciden ambientar la historia en una funeraria. Más allá de eso, con todo el descaro del mundo, copian el esqueleto argumental del film de Hugh Wilson con un protagonista que tiene que estudiar en la academia mortuoria contra su voluntad, unos profesores que están como una puta cabra, y una serie de personajes con una personalidad muy marcada.
Dos hermanos —que para mayor cachondeo se apellidan Grimm— heredan una academia mortuoria valorada en dos millones de dólares, pero es voluntad de su tío que, para acceder a la propiedad de la academia, antes tendrán que licenciarse como funerarios. A los hermanos no les hace puñetera gracia ponerse a estudiar una carrera tan macabra, pero no les quedará más remedio si quieren acceder a la herencia. Así pues se matriculan en la misma, y el director actual les advierte que como no se gradúen, la academia pasará a ser de su propiedad, por lo que se las ingeniará toda la película para que estos fracasen en el intento. Por el camino se irán desarrollando la ristra de gags protagonizados por la excéntrica galería de personajes de la que se compone la academia y que destacan por tener que ver en su mayoría con la necrofilia y tener un humor negrísimo.
Sin embargo, la película es fallida en todos los aspectos y sentidos. Quizá la presencia de la eterna pareja formada, en el reparto, por Paul Bartel y Mary Woronov, que dan vida al director y profesora de la academia respectivamente, haga brillar a la película con pequeños destellos, pero por lo demás, esta se hunde en un mar de mediocridad. El personaje de Bartel es un necrófilo consumado que encuentra el amor en el cadáver de una adolescente a la que recita, según se va descomponiendo, tremendos soliloquios sobre el amor, mientras que la Woronov es una especie de profesora sexy y ninfómana (al estilo de la Sargento Callahan de la película a la que expolia). Desde luego, lo mejor de “Academia Mortuoria”. El resto, chistes de sal no demasiado gruesa, destacando también una secuencia de créditos inicial a base de animaciones artesanales que recuerdan sospechosamente a las que hacía Terry Gilliam para Monty Python.
También resulta curioso encontrarse en los papeles protagonistas a Christopher Atkins que después de “El lago azúl”, con esa cara de niñato y esos rizos rubios a lo Shirley Temple, se encasilló tanto que no logró levantar cabeza y aquí se encuentra en plena decadencia, a Perry Lang, estupendo Anthony James (le has visto en “Sin perdón”, “Wacko” o “El trueno azúl” siempre en calidad de secundario), Tracey Walter (“El asesino de la máscara”, “Batman”, “Conan, El destructor”, etc, etc, etc… sale en mogollón de películas segundonas, a veces como extra), Stoney Jackson (el negro gracioso de mogollón de films graciosos de los 90… sin ir más lejos, era Wacky Dee en “CB-4”), Wolfman Jack, excentrico y popular DJ y presentador de televisión estadounidense que se hizo popular presentando el programa musical “The Midnight Special” y hasta, en un papel minúsculo, Cesar Romero, el Joker de la serie de “Batman” de los 60.
El guion es cosa del propio Bartel en colaboración con William Kelman y la dirección corre a cargo de todo un director de culto como es Michael Schroeder, responsable de la segunda unidad de “Siniestra oscuridad” de Tom McLoughlin, y principal artífice de la anteriormente citada “El asesino de la máscara” y las dos secuelas chunguísimas de “Cyborg”.
El caso es que no es peor película que cualquier comedia de serie B de los ochenta, ni peor que cualquiera de los exploits de “Loca academia de policía”, pero con semejante plantel, sí que le exigía a priori que fuese un poquito, poquito mejor.
Dos hermanos —que para mayor cachondeo se apellidan Grimm— heredan una academia mortuoria valorada en dos millones de dólares, pero es voluntad de su tío que, para acceder a la propiedad de la academia, antes tendrán que licenciarse como funerarios. A los hermanos no les hace puñetera gracia ponerse a estudiar una carrera tan macabra, pero no les quedará más remedio si quieren acceder a la herencia. Así pues se matriculan en la misma, y el director actual les advierte que como no se gradúen, la academia pasará a ser de su propiedad, por lo que se las ingeniará toda la película para que estos fracasen en el intento. Por el camino se irán desarrollando la ristra de gags protagonizados por la excéntrica galería de personajes de la que se compone la academia y que destacan por tener que ver en su mayoría con la necrofilia y tener un humor negrísimo.
Sin embargo, la película es fallida en todos los aspectos y sentidos. Quizá la presencia de la eterna pareja formada, en el reparto, por Paul Bartel y Mary Woronov, que dan vida al director y profesora de la academia respectivamente, haga brillar a la película con pequeños destellos, pero por lo demás, esta se hunde en un mar de mediocridad. El personaje de Bartel es un necrófilo consumado que encuentra el amor en el cadáver de una adolescente a la que recita, según se va descomponiendo, tremendos soliloquios sobre el amor, mientras que la Woronov es una especie de profesora sexy y ninfómana (al estilo de la Sargento Callahan de la película a la que expolia). Desde luego, lo mejor de “Academia Mortuoria”. El resto, chistes de sal no demasiado gruesa, destacando también una secuencia de créditos inicial a base de animaciones artesanales que recuerdan sospechosamente a las que hacía Terry Gilliam para Monty Python.
También resulta curioso encontrarse en los papeles protagonistas a Christopher Atkins que después de “El lago azúl”, con esa cara de niñato y esos rizos rubios a lo Shirley Temple, se encasilló tanto que no logró levantar cabeza y aquí se encuentra en plena decadencia, a Perry Lang, estupendo Anthony James (le has visto en “Sin perdón”, “Wacko” o “El trueno azúl” siempre en calidad de secundario), Tracey Walter (“El asesino de la máscara”, “Batman”, “Conan, El destructor”, etc, etc, etc… sale en mogollón de películas segundonas, a veces como extra), Stoney Jackson (el negro gracioso de mogollón de films graciosos de los 90… sin ir más lejos, era Wacky Dee en “CB-4”), Wolfman Jack, excentrico y popular DJ y presentador de televisión estadounidense que se hizo popular presentando el programa musical “The Midnight Special” y hasta, en un papel minúsculo, Cesar Romero, el Joker de la serie de “Batman” de los 60.
El guion es cosa del propio Bartel en colaboración con William Kelman y la dirección corre a cargo de todo un director de culto como es Michael Schroeder, responsable de la segunda unidad de “Siniestra oscuridad” de Tom McLoughlin, y principal artífice de la anteriormente citada “El asesino de la máscara” y las dos secuelas chunguísimas de “Cyborg”.
El caso es que no es peor película que cualquier comedia de serie B de los ochenta, ni peor que cualquiera de los exploits de “Loca academia de policía”, pero con semejante plantel, sí que le exigía a priori que fuese un poquito, poquito mejor.
domingo, 22 de junio de 2014
TED BUNDY
Aunque no me convenza como cult-movie prefabricada, reconozco que el "Forbidden Zone" de Richard Elfman es, cuanto menos, curiosa. Incluso con algún momento inspirado. Matthew Bright debutó en ella como guionista y actor -cinematográfico-. Sin salirse de sus funciones de escribiente, volvería a colaborar con Elfman en películas como "Shrunken Heads" o "Revenant: vampiros modernos". Incluso de por medio tuvo tiempo de guionizar una cosa tan convencional como "Guncrazy" (vehículo de lucimiento para una ex-jovencita, y ex-borrachuza, Drew Barrymore). El año 1996 saltó a la dirección con una peli que, pronto, alcanzó -genuino- estatus de culto, "Freeway" o "Sin salida", versión psicótica del cuento de caperucita roja con Kiefer Shuterland haciendo de “lobo” y una aún verde Reese Witherspoon de deslenguada caperucita. Tres años después Bright escribe y dirige una excéntrica y alocada segunda parte, "Trickbaby (Freeway 2)", sin verdadera conexión con la original salvo por el hecho de narrar las hazañas de otra adolescente chalada “on the road”. Esta vez el protagonismo recayó en la morbosa Natasha Lyonne (la Witherspoon era ya demasiado popular).
Convencidos tal vez de que a Matthew Bright se le daba bien eso de dramatizar las vivencias de psycho-killers, los productores de "Ed Gein", biopic de otro puto asesino mitificado por un puñado de gilipollas, le fichan para dirigir "Ted Bundy", que en esencia era más de lo mismo. Recién iniciado el siglo XXI, parece ser que esta clase de reprobables individuos están de moda y los productores de Hollywood toman buena nota de ello… y de la estupidez humana en general.
"Ted Bundy" cuenta la, pues eso, vida criminal del muchacho. Atractivo, carismático y estudiante de derecho, Bundy se puso las botas asesinando y violando (según le venía) un montón de mozas durante los años 70. Lo pillaron dos veces, y dos veces que se escapó. Hasta que finalmente acabó frito en la silla eléctrica.
Bien, cuando "Ted Bundy" se pasó por el Festival de Sitges yo andaba a tope con mi inevitable Bright-manía, así que aquel día me tomé la molestia de levantarme a las seis de la puta mañana para llegar a las ocho al pueblo costero y poder meterme en la sesión de prensa de las nueve. Ya son ganas. Reconozco que entonces la peli me dejó bastante igual, vamos, que me decepcionó. Unas semanas después se estrenó un poco de tapadillo en las salas de la Ciudad Condal y un amigo que llevaba -y lleva- las riendas de un programa dedicado al séptimo arte que se emite por cadenas locales, me dijo que tenía concertada una entrevista con Bright y que si quería acudir y, de paso, redactar las cuestiones ya que yo estaba puesto en su trayectoria. Acepté, aunque sin demasiado entusiasmo. Así que conocí al cineasta y pude preguntarle cuanto quise... lo que pasa es que, a día de hoy, no recuerdo nada. O casi nada. El único dato que retengo en la memoria fue que citó al famoso dibujante de comics Robert Crumb como una de sus influencias. Dicha respuesta vendría propiciada por una pregunta referente al extraño humor, muchas veces negro, que hay en el cine de Matthew Bright y que en "Ted Bundy", tratándose como se trataba de terribles hechos reales, cantaba mucho más. Hay escenas que parecen tomadas a cachondeo, pero de un modo tan sutil y absurdo que dudas. Sobre todo por el modo en que Bundy engatusa a sus víctimas, lo fácil que le resulta y lo ingenuas que son ellas (todas gastan un look de "chica hippie cañón" que recuerda también a los tebeos de Crumb). ¿Acaso "Ted Bundy", the movie, toma a las mujeres por idiotas?. ¿Es Bright un misógino desalmado?. ¿Eran las víctimas ASÍ DE PAVAS?. Supongo que lo que hace el director es exagerar hasta el delirio el mentado CARISMA del serial killer. Ted Bundy era capaz, como se dice coloquialmente, de venderle una nevera a un esquimal. Con su cara bonita, su sonrisa y sus buenos modales, se ganaba la confianza de cualquiera. Hay quien dice que todo obedecía a que por entonces la gente no tenía tanta consciencia de la existencia de bichejos como ese (que para algo fue el primer psycho etiquetado de modo oficial como "asesino en serie") y las mujeres no desconfiaban tanto como hoy lo harían. O tal vez era el buenrollismo inherente a la década, con el hippismo aún coleando... ¡¡qué sé yo!!. Lo que no se puede dudar es que, sí, las víctimas de Ted Bundy en la peli parecen tontas. Cosa extrapolable al personaje de su pareja "seria". Una auténtica novia abnegada, entregada y ultra-enamorada capaz de TODO con tal de mantenerle a su lado. Quizás el momento más intenso y humillante sea cuando Bundy la convence para follar "de un modo diferente", y le pide que finja estar muerta mientras la insulta despiadadamente. Claro que también es un dato real que, una vez metido entre rejas, el asesino recibió innumerables cartas de amor de innumerables féminas. No coment.
Pero para intensidades, todo el segmento dedicado a la ejecución. Narrada paso a paso y sin la más mínima compasión. Bright nos muestra el procedimiento en toda su crudeza y con inusitada frialdad, desde el afeitado de cabeza al taponamiento del culo, pasando por los pañales. Y todo con los sollozos del condenado como banda sonora. El momento en que le dan al "on" de la corriente eléctrica, nos comemos la agonía entera. La guinda la pone el detalle de descubrir qué peinado gasta el verdugo cuando se quita la capucha (¿real o licencia?).
En fin, no es que "Ted Bundy" sea redonda, ni muchos menos, al no tener un argumento demasiado enrevesado (básicamente vamos viendo crimen tras crimen en riguroso orden) puede llegar a resultar algo repetitiva o monótona, pero no demasiado. El extraño tono de la película (el distanciamiento de su director, mezclado con su negro sentido del humor) hacen que el visionado sea bastante "disfrutable", así, entre comillas. A ratos las secuencias más crudas te sacuden sin compasión, como por ejemplo el brutal asesinato de las dos chicas en la caseta o el ya mencionado y escalofriante paseo por la silla eléctrica. Cuidao, no se equivoquen ustedes, no se trata de ver gore a tutiplén, tripas saltando por los aires, ni nada de todo eso. No way. Igual que con "Ed Gein", este biopic apuesta más por el rollo psicológico antes que por el gráfico. Y pal caso, ya me está bien.
Eso sí, no comprendo muy bien las imágenes finales (al parecer una parodia de "Malcom X", peli del insufrible Spike Lee que ni pude terminar). Es decir, sí, entiendo que cualquiera puede ser un asesino en serie... pero creo que se contradicen con el tono poco o nada sermoneador de la empresa. ¿Una imposición de los productores, quizás?.
Por cierto, dato curioso: Al estar ambientada en los años setenta y al incluir una secuencia de baile en una disco (aunque la música que suena parezca más bien moderna), hubo quien calificó a "Ted Bundy" como "El "Boogie Nights" de las pelis de asesinos en serie". Menuda gilipollez. Tanto como las frases promocionales del cartel español, sobre todo lo de "Prohibida en USA", cosa esta que no me consta.
El reparto lo encabeza Michael Reilly Burke como el despreciable criminal. Aunque a ratos su interpretación roza lo histriónico, en general sale bien parado de la aventura, logrando resultar imprevisible e inquietante. La mayor parte de su carrera se centra en la televisión, aunque ha intervenido en "The Collector". Le acompañan algunos nombres bien curiosos y familiares pal aficionado medio, como los de la "scream queen" Tiffany Shepis, el legendario segundón Tracey Walter (la mano derecha de "Joker" en el "Batman" de Burton), Phoebe Dollar, la enigmática musa del chusquero Jeff Leroy (con un aspecto tan raro como su nombre hace suponer) y el gran Tom Savini que, además de interpretar a un policía, se curra los efectos especiales de maquillaje, por pocos que sean.
Después de "Ted Bundy", Matthew Bright la emprende con un proyecto más personal y arriesgado, "Tiptoes". Una demencial historia de amor con enanos y un reparto de luxe, Gary Oldman empequeñecido, Matthew McConaughey, Patricia Arquette, Kate Beckinsale y el hoy reputado (y, pal caso, inevitable) Peter Dinklage. La vi pasados ya un porrón de años, el día que, inesperadamente, la localicé en un video-club. Hacía tiempo que su director ya no me interesaba, y no sé si eso influyó para que me dejara un sabor de boca amargo (eso o la presencia actoral del siempre irritante Santi Segura… a saber). Se dice por ahí que fue la intromisión de los productores lo que jodió la peli, que Bright quería hacer algo estrambótico y le obligaron a dar más presencia al tono romántico. El caso es que fue un super-fracaso en todos los sentidos (hay quien incluso la considera ofensiva para los enanos). Desde entonces Matthew Bright no ha dirigido nada más. Ni telefilms. Las últimas cosas que figuran en su ficha son como co-guionista de un producto zetoso made in "Full Moon" a base de historias de terror y con directores del calibre de David DeCoteau o C. Courtney Joyner. "Tomb of terror" se titula. Y una colaboración en un cortometraje, pero a saber si es él u otro Matthew Bright.
Lo que sí sé con seguridad es que, huyendo de las inclemencias económicas de su tierra, Bright escapó a Guatemala y México, donde se dedicó a pintar cuadros y escribir para tener algo que mostrar/vender a su vuelta. También comentaba en una entrevista de hace algunos pocos años que iba a rodar un capítulo para una serie sobre mujeres entre rejas, pero no hay constancia de que lo llevara a término. Todo un personaje.
En cuanto a “Ted Bundy”, bueno, no le cambiará la vida a nadie, pero está bien visible.
Convencidos tal vez de que a Matthew Bright se le daba bien eso de dramatizar las vivencias de psycho-killers, los productores de "Ed Gein", biopic de otro puto asesino mitificado por un puñado de gilipollas, le fichan para dirigir "Ted Bundy", que en esencia era más de lo mismo. Recién iniciado el siglo XXI, parece ser que esta clase de reprobables individuos están de moda y los productores de Hollywood toman buena nota de ello… y de la estupidez humana en general.
"Ted Bundy" cuenta la, pues eso, vida criminal del muchacho. Atractivo, carismático y estudiante de derecho, Bundy se puso las botas asesinando y violando (según le venía) un montón de mozas durante los años 70. Lo pillaron dos veces, y dos veces que se escapó. Hasta que finalmente acabó frito en la silla eléctrica.
Bien, cuando "Ted Bundy" se pasó por el Festival de Sitges yo andaba a tope con mi inevitable Bright-manía, así que aquel día me tomé la molestia de levantarme a las seis de la puta mañana para llegar a las ocho al pueblo costero y poder meterme en la sesión de prensa de las nueve. Ya son ganas. Reconozco que entonces la peli me dejó bastante igual, vamos, que me decepcionó. Unas semanas después se estrenó un poco de tapadillo en las salas de la Ciudad Condal y un amigo que llevaba -y lleva- las riendas de un programa dedicado al séptimo arte que se emite por cadenas locales, me dijo que tenía concertada una entrevista con Bright y que si quería acudir y, de paso, redactar las cuestiones ya que yo estaba puesto en su trayectoria. Acepté, aunque sin demasiado entusiasmo. Así que conocí al cineasta y pude preguntarle cuanto quise... lo que pasa es que, a día de hoy, no recuerdo nada. O casi nada. El único dato que retengo en la memoria fue que citó al famoso dibujante de comics Robert Crumb como una de sus influencias. Dicha respuesta vendría propiciada por una pregunta referente al extraño humor, muchas veces negro, que hay en el cine de Matthew Bright y que en "Ted Bundy", tratándose como se trataba de terribles hechos reales, cantaba mucho más. Hay escenas que parecen tomadas a cachondeo, pero de un modo tan sutil y absurdo que dudas. Sobre todo por el modo en que Bundy engatusa a sus víctimas, lo fácil que le resulta y lo ingenuas que son ellas (todas gastan un look de "chica hippie cañón" que recuerda también a los tebeos de Crumb). ¿Acaso "Ted Bundy", the movie, toma a las mujeres por idiotas?. ¿Es Bright un misógino desalmado?. ¿Eran las víctimas ASÍ DE PAVAS?. Supongo que lo que hace el director es exagerar hasta el delirio el mentado CARISMA del serial killer. Ted Bundy era capaz, como se dice coloquialmente, de venderle una nevera a un esquimal. Con su cara bonita, su sonrisa y sus buenos modales, se ganaba la confianza de cualquiera. Hay quien dice que todo obedecía a que por entonces la gente no tenía tanta consciencia de la existencia de bichejos como ese (que para algo fue el primer psycho etiquetado de modo oficial como "asesino en serie") y las mujeres no desconfiaban tanto como hoy lo harían. O tal vez era el buenrollismo inherente a la década, con el hippismo aún coleando... ¡¡qué sé yo!!. Lo que no se puede dudar es que, sí, las víctimas de Ted Bundy en la peli parecen tontas. Cosa extrapolable al personaje de su pareja "seria". Una auténtica novia abnegada, entregada y ultra-enamorada capaz de TODO con tal de mantenerle a su lado. Quizás el momento más intenso y humillante sea cuando Bundy la convence para follar "de un modo diferente", y le pide que finja estar muerta mientras la insulta despiadadamente. Claro que también es un dato real que, una vez metido entre rejas, el asesino recibió innumerables cartas de amor de innumerables féminas. No coment.
Pero para intensidades, todo el segmento dedicado a la ejecución. Narrada paso a paso y sin la más mínima compasión. Bright nos muestra el procedimiento en toda su crudeza y con inusitada frialdad, desde el afeitado de cabeza al taponamiento del culo, pasando por los pañales. Y todo con los sollozos del condenado como banda sonora. El momento en que le dan al "on" de la corriente eléctrica, nos comemos la agonía entera. La guinda la pone el detalle de descubrir qué peinado gasta el verdugo cuando se quita la capucha (¿real o licencia?).
En fin, no es que "Ted Bundy" sea redonda, ni muchos menos, al no tener un argumento demasiado enrevesado (básicamente vamos viendo crimen tras crimen en riguroso orden) puede llegar a resultar algo repetitiva o monótona, pero no demasiado. El extraño tono de la película (el distanciamiento de su director, mezclado con su negro sentido del humor) hacen que el visionado sea bastante "disfrutable", así, entre comillas. A ratos las secuencias más crudas te sacuden sin compasión, como por ejemplo el brutal asesinato de las dos chicas en la caseta o el ya mencionado y escalofriante paseo por la silla eléctrica. Cuidao, no se equivoquen ustedes, no se trata de ver gore a tutiplén, tripas saltando por los aires, ni nada de todo eso. No way. Igual que con "Ed Gein", este biopic apuesta más por el rollo psicológico antes que por el gráfico. Y pal caso, ya me está bien.
Eso sí, no comprendo muy bien las imágenes finales (al parecer una parodia de "Malcom X", peli del insufrible Spike Lee que ni pude terminar). Es decir, sí, entiendo que cualquiera puede ser un asesino en serie... pero creo que se contradicen con el tono poco o nada sermoneador de la empresa. ¿Una imposición de los productores, quizás?.
Por cierto, dato curioso: Al estar ambientada en los años setenta y al incluir una secuencia de baile en una disco (aunque la música que suena parezca más bien moderna), hubo quien calificó a "Ted Bundy" como "El "Boogie Nights" de las pelis de asesinos en serie". Menuda gilipollez. Tanto como las frases promocionales del cartel español, sobre todo lo de "Prohibida en USA", cosa esta que no me consta.
El reparto lo encabeza Michael Reilly Burke como el despreciable criminal. Aunque a ratos su interpretación roza lo histriónico, en general sale bien parado de la aventura, logrando resultar imprevisible e inquietante. La mayor parte de su carrera se centra en la televisión, aunque ha intervenido en "The Collector". Le acompañan algunos nombres bien curiosos y familiares pal aficionado medio, como los de la "scream queen" Tiffany Shepis, el legendario segundón Tracey Walter (la mano derecha de "Joker" en el "Batman" de Burton), Phoebe Dollar, la enigmática musa del chusquero Jeff Leroy (con un aspecto tan raro como su nombre hace suponer) y el gran Tom Savini que, además de interpretar a un policía, se curra los efectos especiales de maquillaje, por pocos que sean.
Después de "Ted Bundy", Matthew Bright la emprende con un proyecto más personal y arriesgado, "Tiptoes". Una demencial historia de amor con enanos y un reparto de luxe, Gary Oldman empequeñecido, Matthew McConaughey, Patricia Arquette, Kate Beckinsale y el hoy reputado (y, pal caso, inevitable) Peter Dinklage. La vi pasados ya un porrón de años, el día que, inesperadamente, la localicé en un video-club. Hacía tiempo que su director ya no me interesaba, y no sé si eso influyó para que me dejara un sabor de boca amargo (eso o la presencia actoral del siempre irritante Santi Segura… a saber). Se dice por ahí que fue la intromisión de los productores lo que jodió la peli, que Bright quería hacer algo estrambótico y le obligaron a dar más presencia al tono romántico. El caso es que fue un super-fracaso en todos los sentidos (hay quien incluso la considera ofensiva para los enanos). Desde entonces Matthew Bright no ha dirigido nada más. Ni telefilms. Las últimas cosas que figuran en su ficha son como co-guionista de un producto zetoso made in "Full Moon" a base de historias de terror y con directores del calibre de David DeCoteau o C. Courtney Joyner. "Tomb of terror" se titula. Y una colaboración en un cortometraje, pero a saber si es él u otro Matthew Bright.
Lo que sí sé con seguridad es que, huyendo de las inclemencias económicas de su tierra, Bright escapó a Guatemala y México, donde se dedicó a pintar cuadros y escribir para tener algo que mostrar/vender a su vuelta. También comentaba en una entrevista de hace algunos pocos años que iba a rodar un capítulo para una serie sobre mujeres entre rejas, pero no hay constancia de que lo llevara a término. Todo un personaje.
En cuanto a “Ted Bundy”, bueno, no le cambiará la vida a nadie, pero está bien visible.
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