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lunes, 18 de noviembre de 2013

AUTOBIGRAFÍA DE UN MENTIROSO

Por norma general, detesto la animación. La respeto como arte, pero el concepto “Dibujos animados”- a rasgos generales, porque, hay ciertas cosas que, sin embargo, me apasionan- me parece una mierda. El concepto “Disney” me horripila, odio que el grueso de este producto esté destinado a la infancia, y odio esos adultos que disfrutan con películas que son para niños, porque eso quiere decir que tienen una mentalidad idiota.
No obstante, por un lado, me gustan ciertos aspectos del cine experimental, y adoro a los “Monty Python”.
Entonces, “Autobiografía de un mentiroso”, es una película de animación, que sin ser exactamente cine experimental, sí que se está experimentando con esa mezcla de distintas animaciones de las que consta la película. En este caso, y estando destinado al público adulto, excuso el hecho de que sea un producto animado, y en ese contexto, hasta puede llegar a fascinarme, como es el caso.
Graham Chapman, uno de los más divertidos e ingeniosos componentes de “Monty Python” debido a sus problemas de salud, intuía que no le quedaba demasiado tiempo en este mundo cuando decidió grabar en cinta magnetofónica su vida; la voz en off narrándola, y los diálogos de su personaje.
Años después, muchos años después, con ese material los directores Bill Jones, Jeff Simpson y Ben Timlett, deciden darle salida rodeándose del resto de los “Monty” (con la excepción de Eric Idle, que dicen por ahí que tiene delirios de grandeza) para poner voz a los distintos personajes de la historia, y de un buen grupo de animadores, que dan  vida a una de las películas minoritarias más frescas e interesantes que he podido ver últimamente. Se trata de una vuelta de los “Monty Python” –nadie diría que cuando se reuniesen de nuevo, estaría Graham Chapman, y no Eric Idle. Por otro lado, desde “El sentido de la vida”, si se han reunido a tal efecto, siempre ha faltado alguno de ellos, bien sea por fallecimiento o por discrepancias con el resto-, un biopic y una película del todo vanguardista, además de una simpática comedia. Y sí, de animación. Pero no pasa nada ¡al contrario!, si la película no lo fuera, quizás resultaría demasiado British y sosa, así que es un acierto. Porque lo bueno es que no se limita a hacer unos personajes en dibujos animado y ya está, no. La historia es lineal, pero cada escena está animada por un tipo de animación distinta, así tenemos escenas que van desde la animación artesanal, pasando por la animación 3-D, rotoscopia y hasta homenajean a las propias animaciones (tremendas animaciones) de Terry Gilliam. Nadie diría que estamos viendo una película con su principio, nudo y desenlace, parece un festival de cortos y, sin embargo, estamos viendo lo primero.
En cuanto a la autobiografía de Chapman, está de lo más interesante, porque vemos desde sus inicios universitarios dónde conocería a John Cleese, sus problemas con el alcohol, hasta sus devaneos sexuales, sus salidas del armario y la ambigua sexualidad que ofrece la fama, el dinero y la desorientación.
Divertida, interesante, moderna, innovadora… “Autobiografía de un mentiroso” es lo mejor que podemos ver ahora mismo. Y eso si, no hay nada del humor característico de los “Python”. Cosa esta que tampoco hace falta esta vez.
Muy, muy, muy recomendable.
En cuanto a los directores, son habituales de la televisión Inglesa, responsables, entre otras cosas de la serie autobiográfica “Monty Python Almost the truth”, con muy poquito cine en sus espaldas, pero mucho conocimiento-y obsesión- por lo que el propio Graham Chapman definió como “Una cosa negra y homosexual”.

sábado, 10 de mayo de 2025

LA BESTIA DEL REINO

Según datos fiables, cuando los dos Terrys pertenecientes al clan "Monty Python" -es decir, Gilliam y Jones- compartieron la dirección del -verdadero- largometraje de debut del grupo cómico, uséase "Los caballeros de la mesa cuadrada", chocaron sobre todo en un aspecto: el detallismo. Por lo visto, al yanki del grupo (Gilliam), le pirraba eso de currarse hasta la extenuación el aspecto plástico de cada puñetero plano, fijándose en lo más nimio a la búsqueda de una ambientación medieval tan perfecta como realista. Y, claro, ello atrasaba el rodaje para mayor desesperación de su compañero, Jones, más práctico y acostumbrado al modo televisivo -y rápido- de ejecutar las cosas. Tal vez, a causa de la posible insatisfacción resultante, Gilliam se lio con otra fábula medieval en cuanto tuvo ocasión (solo dos años después), "La bestia del reino" y, esta vez, comandada exclusivamente por él, a su gusto, pudiendo dedicar el tiempo necesario (a pesar de contar con escaso montante y, por ello, limitando muchas veces las tomas a una única oportunidad) a las mariconadas estéticas. Y, tal vez again, por ello la ambientación de los años oscuros resultante es aún más sucia, cutre, degradada y, claro, detallista, de lo que fue en "Los caballeros de la mesa cuadrada". Justo, toda aquella "lugubredad", los pasillos de los castillos envueltos en perpetua sombra, los parajes siempre neblinosos, los dientes negros de prácticamente el reparto completo, las pústulas en la piel, etc, etc... fueron lo que me traumó cuando la tele de Cataluña la programó siendo yo un impresionable jovenzuelo. Eso y, por supuesto, el tremendo despliegue de gran guiñol y chorreante gore. Todos conocemos lo mucho que a los "Python" les molaba, eventualmente, tirar de esas maneras en sus películas. Se supone que era John Cleese su más dedicado practicante. Pero, visto lo visto, Terry Gilliam también tenía mucha culpa. En "La bestia del reino" dichos excesos sanguinolentos alcanzan cotas brutales, de difícil digestión para un crío. Lo que, como decía, sumado a toda la cochambre y mierda abundante, pues imaginen el resultado. Tal vez por ello el film, según leí ayer mismo, gasta cierta mala fama. Especialmente considerando la dirección que tomaría la carrera de su responsable, mucho más reputada y culturamente aceptable -para el resto, no es mi caso-. Pero "La bestia del reino" (simpático título patrio del muy musical y original "Jabberwocky") era SU película de debut y el muchacho, joven y cargado de energía, se dejó llevar por el lado salvaje.
Remarco lo de SU porque, inevitablemente, y como solía ocurrir en la época, durante muchos años se consideró "La bestia del reino" como un film de los seis "Monty Python" al completo (ver imagen acompañatoria como ejemplo). Algo trasladable también a la siguiente obra de Gilliam, "Los héroes del tiempo", y que a él le cabreaba como una mona en celo. Tanto como para incluso batallarlo legalmente, hasta lograr que un juez dictaminara como "castigable" dicha equivocada (o mal intencionada) asociación. Las pelis de Terry Gilliam son única y exclusivamente de Terry Gilliam, aunque para parirlas contara con ayuda eventual de otros "Python" y estas guarden paralelismos con la obra del sexteto. En el caso de "La bestia del reino" la cosa es evidente. Su semejanza y conexiones con "Los caballeros de la mesa cuadrada" resultan inconfundibles y directas, tanto como recibir un sopapo. Diría incluso que hay guiños buscados aposta. La presencia del invencible y misterioso "Caballero Negro" está entre los más obvios. También el nombre del personaje protagonista, Dennis, encarnado -en ambas películas- por el entrañable integrante del clan Michael Palin. Igualmente encontramos al "otro Terry", Jones, en un papelillo memorable (supongo que sería todo un gusto para él poder vérselas en semejante tesitura sin tener que discutir con su colega). Y, dato curioso, el mismo John Cleese rechazó la oferta para participar. Gilliam, además de dirigir, co-guionizar y unas cuantas cosas más, se marca un cameo en el que es llamativamente devorado por la bestia del título, lo mismo que el otro Terry. En ambos casos los cadáveres quedan reducidos a un esqueleto sangrante con puntuales pedazos de chicha en sus masticados huesos... y, ¡¡cuidao!!, la cabeza perfectamente impoluta. Desconozco si fue un efecto buscado aposta por sus responsables, pero en la época, durante el visionado vía televisión, fue un familiar el que detectó que dicho modo de proceder por parte del monstruo era igual al de "comer sardinas", te zampas todo menos el perolo. Muy gracioso.
Pues sí, la cosa va de criatura hedionda aterrorizando un reino. En eso que un jovenzuelo de noble corazón, pero algo lerdo, llega en busca de fortuna. A pesar de su primigenia mala suerte, terminará por accidente enfrentado a la bestia, venciendo y llevándose los respectivos laureles... aunque, en este universo, y en la mente del mal lechado Gilliam, ello no se traduce, para nada, en un final feliz. Toda "La bestia del reino" gasta un cabronismo notorio. Es más, diría que la misantropía chorrea por sus fotogramas. Apenas abundan los personajes positivos. Aquí todo dios es despiadado, interesado, traicionero, imbécil y cruel, muy cruel.
En fin, disfrutaría como un enano detallando las muchas amputaciones, mutilaciones y barbaridades que presenciamos asombrados a lo largo del film (algunas dignas de "Mal Gusto", y no voy desencaminado, el propio Peter Jackson ha declarado en sendas ocasiones que su sentido del gran guiñol es pura consecuencia de un amor procesado a "Monty Python" y, entendemos, los curreles individuales de sus integrantes) o deteniéndome en el aspecto del monstruo. Alucinante. Algo así como una gallina diabólica. Cojonudamente diseñada y ejecutada. Pero todo eso se lo dejo a ustedes, si es que no han tenido todavía la sabia idea de consumir esta película. Una que sin ser redonda, ni especialmente graciosa -de hecho, a ratos le pesa el culo-, merece la pena por sus muchos aciertos y sorprendentes salidas. En cualquier caso, y por no perder las viejas costumbres -ni formas-, comentaré brevemente algunos de los rostros que asoman por sus fotogramas, todos ellos inconfundiblemente británicos (a pesar de contar con un director de origen yanki) y asociados a títulos muy propios de la naturaleza de este ciber-antro: John Le Mesurier (de "El hermano más listo de Sherlock Holmes"), Bernard Bresslaw (el cíclope de "Krull"), Neil Innes (algo así como el séptimo "Monty Python", uno especialmente interesado en el apartado musical), Bryan Pringle (el siniestro criado de "Terrorífica luna de miel", otra curiosa conexión con Gene Wilder), la tetuda y carnosa Alexandra Dane (mostrar escotazo fue una constante a lo largo de su carrera, sobre todo en comedias picantonas), Brian Glover (el malcarado cliente de "La oveja degollada" en "Un hombre lobo americano en Londres") y nada menos que David Prowse, es decir, el "Darth Vader" original. Ese mismo año 1977, mientras alcanzaba velada notoriedad encarnando a tan icónico villano, intervenía en el film de Terry Gilliam nuevamente oculto tras un casco y su armadura bañadas en negro tizón.

jueves, 24 de septiembre de 2015

MONTY PYTHON LIVE (MOSTLY) ONE DOWN, FIVE TO GO

El año pasado los Monty Python (los que quedan) hicieron un último espectáculo en el O2 Arena de Londres que fue retrasmitido en directo a cientos de miles de cines repartidos por todo el globo terráqueo. El titulo, con ese “One down, five to go”, algo así como “Uno menos, quedan cinco”, hace referencia y chanza con el fallecimiento en 1989 de Graham Chapman.

Tras llevar un porrón de años sin juntarse, y lo más que probable, por la insistencias de Eric Idle (y digo esto, porque Idle es quien se encargo de la confección de Spamalot, un musical inspirado en los gags del grupo pero sin el grupo) se vuelven a reunir en este canto del cisne rememorando algunos de sus gags mas míticos, video de sus viejos programas, aderezándolo con las canciones más populares de sus películas y con algún que otro número musical con un buen elenco de bailarines.

Esos momentos de baile son lo más flojo de toda la función, debido a que aunque lleven letras de los Python, al no verles a ellos hacer el ganso la cosa pierde fuerza. Cuentan como no puede ser de otra forma con las simpáticas cortinillas obra de Terry Gilliam, así como con su actuación en varios gags, que al igual que cuando eran jóvenes, sus momentos son breves y de poco dialogo. Además varios famosos hacen cameos, el más reconocible es Stephen Hawking que se ve como atropella con su silla a un científico que rebate los datos que da la canción de la Galaxia Vía Lactea de El Sentido de la Vida. Otro de los que aparecen es Mike Myers (Austin Powers, no el psicópata asesino) quien hace reverencias a los Python sobre el escenario.

A estas alturas de la vida todos los integrantes del grupo ya tienen las vidas más que hechas y rehechas, no necesitaban hacer esto para comer, aunque el dinerito nunca viene mal, y se ve que ellos se lo han tomado como una reunión de colegas. Sobre todo John Clesse, que no sé si es porque es un despreocupado de la vida o porque empieza a tener principios de Alzehimer, pero el jodido se pierde un par de veces en los sketches, aunque sabe salir muy bien del brete simplemente diciendo que se ha perdido, lo que provoca la risa del público y de sus propios compañeros. Hacen mención en varios momentos a Graham Chapman, e incluso este aparece en varios videos.

Acaban el espectáculo con la canción que tienen que acabar, no diré cual, pero entiendo que cualquiera que haya visto aunque solo sean las películas de estos tipos ya saben cuál ha de ser. Y entonces te das cuenta de que han pasado 2 horas y media, de las que solo quitarías alguno de los números musicales y te quedas con ganas de que repitieran algún gag de Flying Circus que no han incluido, pero claro, tampoco lo pueden meter todo. Como homenaje a sí mismos y como recordatorio de que su humor sigue estando vigente (yo pensaba que algunas cosas no me harían ahora gracia, y que va, me descojone de lo lindo, puede que hasta más que entonces) es un obra más que destacable. Sobre todo porque ellos mismos se han encargado de separar la paja, quitando los gags que ni a ellos les parecen buenos, y dejando con los que de verdad te partes de risa. Se supone que nunca más se volverán a juntar (por la edad y eso) así que podemos decir eso de: ¡Monty Python ha muerto, Viva Monty Python!

sábado, 12 de abril de 2025

EL SENTIDO DE LA VIDA

A nivel oficial, "Monty Python" cuenta única y exclusivamente con tres largometrajes genuinamente propios. "Los caballeros de la mesa cuadrada", "La vida de Brian" y "El sentido de la vida". Todo lo demás, engañifas aparte, son recolecciones de sketches televisivos o espectáculos en vivo filmados. De las tres mentadas, la del medio está considerada su obra maestra. Aquella con la que lograron un mejor y mayor equilibrio entre narración y comedia. Una historia interesante de principio a fin, perfectamente desarrollada y repleta de acertadísimos momentos de humor. "La vida de Brian" dejó el listón tan arriba que, inevitablemente, "El sentido de la vida", la película que la siguió, resultó menos redonda. Además, en cierto modo era un "paso atrás", porque los "Python" recuperaban la más cómoda -para ellos- estructura televisiva a base de sketches. Con un grado superior de golfería y transgresión que cuando lo petaban en la caja lerda, claro, pero sketches al fin y al cabo.
¿Qué significa ello? pues que a nivel calidad el film varía. Hay momentos correctos, hay momentos flojillos (aunque jamás situándose al nivel del barro) y, por supuesto, también los hay brillantes. Antológicos. Únicos. Eso, y el hecho de que me pillara en plena adolescencia, desplegando mi pasión hacia el sexteto, contribuyen a que "El sentido de la vida" gaste mucho peso para mí. No es mejor que "La vida de Brian", pero podría ser mi favorita. Recuerdo como me fascinaban las imágenes promocionales estampadas en las páginas de la prensa del momento. Y aunque no pasé por taquilla, sí la alquilé en vídeo y aluciné colorinches con su humor picantón, capaz de incomodarme y sonrojarme (el profe dando lecciones de sexo más que gráficas con ayuda de su esposa), los brutales momentos de gore y escatología (mutilaciones, chorros de sangre....) y las canciones. Siempre he sido muy fan de las tonadillas de los "Python", mayormente perpetradas por Eric Idle y John Du Prez, pero es que su labor en "El sentido de la vida" roza la absoluta maestría. El tema que abre el film. La parodia de "Oliver Twist" cantando sobre la sacralidad del esperma. O, muy especialmente, la increíble, preciosa, estremecedora fanfarria dedicada a la inmensidad del universo e insignificancia de uno -la justamente hoy día celebrada "Galaxy Song"- eran ya suficientes méritos como para hacer de la experiencia -de consumir "El sentido de la vida"- algo especial y único.
Pero luego tenemos sus gags más inspirados. Que los hay. Probablemente la joya de la corona sea el dedicado a las aventuras gastronómicas del Señor "Creosote". Si han visto el film, ya saben por donde voy. Esos vómitos continuos, ese cuerpo hinchándose hasta estallar.... es tan desagradable, asqueroso y salvaje, que resulta imposible apartar la mirada. Tampoco olvidemos a los recolectores de órganos de donantes ("¿Nos dona su hígado?", "Es que lo estoy usando yo", "No se preocupe, nadie sobrevive a la extracción"). La familia de hojas resecas feneciendo dramáticamente con la llegada del invierno. O el otro momento cumbre, la muerte misma en medio de una siniestra campiña británica dirigiéndose hasta un caserón para anunciar a sus comensales que han palmado envenenados. Y, por supuesto, su llegada al cielo, donde siempre es Navidad. Evento coronado nuevamente por una canción maravillosa.
Mención aparte merece un sketch que era pura premonición. Un actor ha sido condenado a muerte por hacer chistes sexistas en la tele. Elige el modo de estirar la pata dejándose perseguir hasta el borde de un acantilado por un grupo de immmmmmmpresionantes jovencitas en top-less, recreándonos con sus danzarines senos votantes a cámara lenta. Tal materia confirma un secreto a voces, lo agradecidamente machistas que eran "Monty Python". Rara vez escribían papeles femeninos con enjundia. Los pocos que había se los guardaban para ellos, ejecutándolos tras los respectivos disfraces y dejando las migajas a su habitual, infrautilizada y sacrificada actriz, Carol Cleveland. ¿Lo mento como algo recriminable? ¡para nada! en todo caso resulta gracioso / curioso. Incluso refrescante, considerando como anda hoy día el patio.
Probablemente el tercer acto de "El sentido de la vida" sea lo mejor de la misma. Es altamente significativo que concluya con una televisión alejándose hacia la inmensidad del espacio mientras en su pantalla vemos la inconfundible intro del programa de televisión que, a finales de los sesenta, convirtió a los "Python" en los "monstros" del humor que fueron, han sido, son y serán. ¿Sabrían ellos que aquella iba a ser su última película oficial? Desde luego
 no podemos hablar de broche de oro... pero sí de plata, y eso ya es más que mucho.

miércoles, 25 de mayo de 2016

LOS FOTOCROMOS DE "SE ARMÓ LA GORDA"

Pues, al contrario que los fans de Monty Python, "Se armó la gorda", poco más que una selección de los mejores sketches de "Monty Python´s Flying Circus" refilmados para la ocasión en celuloide de 35 mm. entraría dentro de las películas de los Python que más me gustan, porque, efectivamente,  la selección que hacen de sketches es cojonuda. Vista esta peli, ver la serie no es más que ver paja (Nota de Naxo: No estés tan seguro, en la serie hay gags cojonudos ausentes en la película).
De título original "And Now something completely different", al bueno de Jose Frade, que se le ocurrió estrenar la película en cine en plenos años 80, cuando "La vida de Brian" se convirtió en la película de humor de cabecera de los intelectuales españoles, lo hizo con el tonto título de "Se armó la gorda" y la fueron a ver poco más de 170.000 espectadores, a los que podemos sumarles unos 5000 más en su reestreno en 1999, en el ciclo que se le dedicó en algunos cines a los Python.
Ahí llevan los fotocromos.











miércoles, 1 de octubre de 2008

LOS DESMADRADOS PIRATAS DE BARBA AMARILLA

En los 80 había una moda bastante irritante que consistía en atribuirle películas al clan Monty Python en las que, únicamente, solo alguno de sus componentes había participado. Un caso que se dio mucho con Terry Gilliam ("La bestia del reino" y "Los héroes del tiempo" son dos ejemplos) y con otras, tal como la que hoy comento, "Los desmadrados piratas de barba amarilla", título más adecuado para la comedia americana que se producía entonces, eminentemente juvenil, que para este film británico hasta la médula.
Obviamente, lo que más destaca es su espectacular reparto de actores habituales del cine de risas. Tenemos a, como decía, algunos miembros de Monty Python (John Cleese, Eric Idle, Graham Chapman como protagonista y co-guionista), otros del clan Mel Brooks (Marty Feldman, Peter Boyle, Madeline Kahn), a los yankis Cheech y Chong y una suculenta variedad de cómicos ingleses (Peter Cook, Spike Milligan o Nigel Planer, es decir, el hippie de la inolvidable serie "The Young Ones"). A semejante ensalada debemos añadir a James Mason, un breve cameo de David Bowie y a Buddy Van Horn encargado de las tareas de los especialistas. Van Horn era habitual colaborador de Clint Eastwood, e incluso le acabó dirigiendo como "Harry Callahan" en "La lista negra".
Evidentemente, con un plantel así, y medios bastante holgados, esta peli tendría que haber sido la repanocha, el no va más del descojone padre. Pues no, todo lo contrario. "Los desmadrados piratas de barba amarilla" nos cuenta la historia de un feroz pirata que oculta un tesoro y es encarcelado 20 años. Pasada esa fecha, escapa en busca del botín, solo que ahora son unos cuantos más los que saben de su existencia, y no dejarán que el fiero pirata se lo quede.
El resultado es terriblemente desencantado, soso, sin gancho, sin ritmo y sin especial gracia. Con suerte sonríes en algún momento, pero poca cosa. En general mas bien te aburres como una puñetera ostra. Cuando llegas a la hora, estás tan cansado ya, que ni algunos de los por entonces mejores gags logran animarte. Un desperdicio de talento (y dinero) del que debemos culpar a su director, Mel Damski, un tipo que venía de la tele, hizo un parón en el cine con este film, y volvió a la caja tonta de por vida (entre sus últimos trabajos hay episodios de "Psych").
Si no me acabáis de creer, ahí va esa: El propio John Cleese asegura que es la peor de todas sus películas. Casiná.

viernes, 28 de agosto de 2009

TERRY GILLIAM, EL SOÑADOR REBELDE

Me acuerdo perfectamente como, siendo chaval y viendo "El sentido de la vida" de mis queridos Monty Python, me llevé un sonoro chasco con el corto que la precedía. Lo encontré aburrido, y esperaba ansioso su final para ver a Cleese, Idle, Palin, Chapman y Jones en acción (y los dibujitos graciosos del tal Gilliam, que en "El sentido de la vida" son especialmente disfrutables). Desde aquel momento, cada vez que me ponía esa peli en el vídeo, pasaba el corto a cámara rápida. De la experiencia saqué algo en claro: No me interesaba el cine de Terry Gilliam como director. Previamente había visto "La bestia del reino" y "Los héroes del tiempo" y, por cosas de la edad, era de los que pensaban estar ante más material Monty Python, que así es como nos lo vendían los distribuidores (luego aprendí que si no la firmaban los seis, no la consideraban como tal). Aunque ambas tuvieron aspectos que llegaron a fascinarme, no me gustaron tanto como "La vida de Brian", por ejemplo (no cuento aquí "Los caballeros de la mesa cuadrada" pues estaba co-dirigida con Terry Jones). Eran un poco plastas, como "Brazil".
Sabía del áurea de respeto que Gilliam tenía entre intelectuales, y me repateaba las tripas... aunque no tanto como para seguir intentándolo. "Las aventuras del barón de Munchausen" se me hizo interminable. Tampoco es que "El rey pescador" cambiara las cosas. Yo fui de los tontos que no supieron ver nada en "12 Monos", la encontré soporífera, complicada y cargante. Esta última palabra sería ya entonces clave para definir las películas de Gilliam. Y a ella se uniría la de agobiante. "Miedo y asco en Las Vegas" la vi -en vídeo- sabiendo ya qué esperar, y no me defraudó... en ese aspecto. En cuanto supe que en "Tideland" Gilliam iba suelto, sin nadie que le controlase, me negué a verla (aún no lo he hecho). Y finalmente tenemos la de los hermanos Grimm, que, sí, me dio tanta grimm-a que ni terminé, cerré el dvd a la mitad.
Con todos estos datos, ¡¿cómo puede ser que sintiera curiosidad ante un libro que repasaba las hazañas de Terry Gilliam hasta "Miedo y asco en Las Vegas" escrito nada menos que por Jordi Costa y Sergi Sánchez con motivo del festival de cine de San Sebastián?!... pues porque me gusta leer sobre cine y cineastas, y Gilliam, cuanto menos, tiene su pasado Pythoniano, lo que es motivo de peso para que me lo llevara de los estantes de casa de mi buen amigo (y fan de Terry... o de "Brazil", mejor dicho) Goblin (previo permiso, claro).
El caso es que me lo he leído con bastante rapidez, y no negaré que entretiene lo suyo. Son especialmente interesantes los apartados dedicados a las trifulcas legales que Gilliam tuvo que sortear -y soportar- con "Brazil" y "Las aventuras del barón de Munchausen", y descubrir que Michele Soavi, director de "Aquarius" y "Mi novia es un zombie" y ayudante de dirección en "Munchausen", recibía un sueldo mayor al impuesto gracias a chanchullos con la mafia (¡toma!). Lo único que me ha sobrado e irritado es la mega-comida de polla que Costa y Sánchez le dedican al cineasta. Los autores son incapaces de mostrarse ni levemente críticos ante cualquier posible error o salida de tono de Terry Gilliam... sorben sus orines hasta las últimas consecuencias. De hecho, el propio Gilliam es más auto-crítico que ellos en sus declaraciones.
Ahora entiendo por qué los autores dan TANTO valor al -discutible, sobre todo viendo "El rey pescador" o la de los Hnos.Grimm- espíritu rebelde y contestatario del cineasta... seguramente porque ellos no lo poseen ni quieren poseerlo.

viernes, 18 de diciembre de 2015

LO QUE HACEMOS EN LAS SOMBRAS

Simpática y agradable comedia fantástica Neozelandesa que a modo de “Mockumentary” nos cuenta como un equipo de filmación acude a documentar, en su día a día, a cuatro vampiros de distintas épocas que comparten piso (mejor dicho, castillo) en alguna ciudad Neozelandesa. El como intentan adaptarse a la vida nocturna contemporánea, como sociabilizan con otros seres nocturnos, humanos o no, compondrían el grueso de la película, al que hay que añadirle una subtrama en la que un humano, al que traen para alimentarse a su castillo, es convertido por uno de ellos casi por error, y tendrán que instruirle en su nueva vida como vampiro. Las redencillas con hombres lobo y demás bestias monstruosas, harán el resto.
Tras pasearse la película por algún que otro festival internacional, esta ha adquirido cierta notoriedad entre la crítica que ya la califica de obra de culto. Hasta que esos pazguatos de la prensa seria aprendan lo que es una película de culto (que hoy por hoy, “Lo que hacemos en los sombras”, no lo es) lo que si podemos decir es que si hay una película cómica que haya sabido capturar y poner al día el humor de los Monty Python, sin duda es esta. Y es que no el valde, sus dos directores y máximos responsables –que además protagonizan la cinta- Taika Waititi (bonito nombre) y Jemaine Clement, son unos laureados cómicos neozelandeses absolutamente deudores del humor de los Python. Y eso en la película se nota llegando, incluso, a recordarnos sus interpretaciones a las de algunos de los componentes del grupo británico. Yo diría, que les imitan sin vergüenza alguna.
Y  aunque es humor es agradable, contiene gags del todo inteligentes y de carcajada, lo que más me llama la atención de la película es lo respetuosa que es con el cine de terror, al que homenajea desde el humor con sutil buen gusto, a la par que hace un alarde de realización magistral; esto es, además de estar rodada magníficamente, que toma la estética del “Found Footage” en algunos momentos punteros, y la aplica tan bien, que a pesar de estar viendo escenas cómicas cuya comicidad se enfatiza a ritmo de música vodevilesca, cuando vemos a esos vampiros volar, o convertirse en vampiros, da hasta un poco de miedo ¡En serio! Y ni tan siquiera es la intención de los directores.
Huelga decir, que sorprendido me quedé de la calidad de los efectos especiales a ratos infográficos, a ratos de la vieja escuela –en los agradecimientos finales nombran a Peter Jackson. A saber si él o su “Weta”, han tenido que ver- que son tremendamente efectivos y resultones, a la par que agradecidos. Y por otro lado, destacar las abundantes cantidades de gore que contiene la película, siempre teniendo en cuenta de que se trata de una comedia, y para un público más o menos gafasteril (en realidad es una comedia populachera neozelandesa, sin más, pero por lo que sea, se ha estrenado aquí en circuitos reducidos y de V.O. por lo que hipster y demás morrallas, toman la película como suya, como hecha para ellos. Nada más lejos).
La verdad es que se trata de una película muy divertida, muy agradable y hasta sorprendente. Hacía mucho que no se veía una comedia de horror tan divertida y como, no, tiene que provenir de una tierra exótica como es Nueva Zelanda.
En defínitiva, buen cine, muy recomendable.

viernes, 9 de octubre de 2020

EL HÁBITO NO HACE AL MONJE

“El hábito no hace al monje”, segunda incursión en la dirección por parte de su protagonista, Marty Feldman, destacaría asimismo por tratarse de una de las poquísimas intervenciones en la pantalla grande por parte de ese genio de la comedia que fue Andy Kaufman.
Cuenta la historia de un monje de clausura que nunca ha salido del convento en el que sirve a dios, al que su abad le pide que haga el favor de ir a ver al famoso filántropo Armaggedon T. Thunderbird, y que le pida, por la patilla, los 5.000 dólares necesarios para que la propietarios del convento no les embarguen el inmueble. Durante el periplo al monje le pasa de todo: Desde fornicar cual bestia parda con la prostituta María de la cual se enamorará, hasta llegar a hablar con dios, para descubrir que todo lo concerniente a la predicación de los evangelios por medio de la televisión, no es más que una estafa. Y ahí, el conflicto con el telepredicador al que va a pedir la pasta.
"El hábito no hace al monje", con su irreverente toquecito (de pasada) a lo Monty Python —con un numerito musical incluido que es muy deudor del de “Christmas in Heaven” que aparece en “El sentido de la vida”— y con una acidez feroz, no llegó a cuajar en la platea norteamericana, entre otras cosas, porque de Feldman se esperaba algo cercano (o al menos, parecido) a “La vida de Brian” que se había estrenado recientemente y se había convertido en un fenómeno social a nivel internacional. Eso, para el público más intelectual y familiarizado con un humor más inteligente, que el de andar por casa no quiso la película, sencillamente, porque hacía mofa de dios, y de la religión católica. Obviamente, “El hábito no hace al monje”, salvo por un par de pinceladas pythonianas acusadas —Feldman no fue el séptimo Python por los pelos— no tiene nada que ver con el cine de la agrupación británica, y hasta me atrevo a decir que esperar algo así de una película como esta es una absoluta necedad por parte de todos los que lo tenían tan claro. Ciertamente, la película es una crítica mordaz al sistema eclesiástico mundial en general y a los tele predicadores evangélicos en particular, a los que se pinta como repulsivos megalómanos con un único fin; ganar el máximo dinero posible a costa de engañar al creyente que, para más inri, es tonto perdido. Y razón no le falta a esta sátira.
Escrita por el propio Feldman, hace uso de un humor muy propio, muy sutil, muy inglés —sobre todo en el primer tercio de la cinta— que se va combinando con el humor más tonto y primario, a veces cercano al slapstick como solía ser habitual en Feldman. La combinación de ambos estilos, unido a que la película es serena en general, hace que, efectivamente, y como se le acusa en los Estados Unidos, no resulte una película graciosa, sin embargo, sí que creo que es una película amena y entretenida. No es una comedia desmadrada, pero sí es disfrutable en gran medida. Por otro lado, sería la última película de Feldman porque año y medio después, este moriría víctima de un infarto, dicen, que provocado por una intoxicación de marisco, o bien, porque era un fumador agresivo que consumía cerca de cuatro cajetillas de tabaco diarias.
Siendo como era “El hábito no hace al monje” una producción de George Shapiro, no es de extrañar que en ella esté, en un papel secundario de importancia, su amigo y protegido Andy Kaufman, que sin desmerecer en absoluto del genio de Feldman, podemos decir, sin despeinarnos, que salva la película. Shapiro, que representaba a Kaufman, ofreció a este para que interpretara algún papel, pero Feldman, admirador del humor de Kaufman, no solo aceptó su intervención, sino que al serle ofrecido, suplicó el tenerle en la película. Andy Kaufman interpreta al megalómano y excesivo Armageddon T, Thunderbird, el tele predicador evangelista que ha de donar el dinero al personaje de Feldman, un papel hecho a la medía del artista de variedades, en el que puede dar rienda suelta a su vena camaleónica así como dar vida a un personaje esperpéntico. Un tipo de personaje atípico que, sin duda, se le hubieran dado bien a Kaufman si es que llega a hacer más cine. Blanco como la leche, y ataviado como un mamarracho, Kaufman interviene la mayoría de las veces subido a un escenario, haciendo dinero con su interpretación de los salmos, siendo vitoreado por la masa idiota que le dará todo a cambio de nada. Los momentos de máxima locura llegan cuando Kaufman habla con dios, interpretado nada menos que por Richard Pryor, quien se ventiló su intervención en el film en un solo día, sin ni siquiera estar en el presente en el set (un equipo de filmación se desplazó a donde requirió Pryor), ni interactuar con sus compañeros de reparto. Huelga decir, que Pryor aparece en la película en calidad de estrella invitada.
Los estudios Universal, aún no muy contentos con el resultado de la película, confiaron en ella tras un test de público en el que fue un éxito, para luego darse de bruces con la cruda realidad, que fue no llegar a recaudar ni tan siquiera los 7 millones de dólares que costó una vez estrenada. Y es que en los pases de prueba con público de acceso gratuito, este no suele reaccionar hacia las películas proyectadas con honestidad. En nuestro país, “El hábito no hace al monje” fue vista por unas escuálidas 79.000 personas. Eso sí, en videoclubes, era un título que se alquilaba con regularidad, visto que en España, Marty Feldman gozaba de una gran popularidad. De hecho, Víctor Israel, Blacky o Ferran Botifoll, tan solo por tener los ojos un poco jodidos, se ganaron, cada uno en su momento, el apelativo de “El Marty Feldman español”.
Por último, como anécdota, comentar que Universal y el propio Marty Feldman fueron demandados por plagio por parte de los guionistas Morton Lachman y Ed Simmons. Ellos, en 1971, escribieron un guion titulado “Albert” que tenía muchas similitudes con el de “El hábito no hace al monje”. Lachman y Simmons, perdieron la demanda porque la titularidad del guión de “Albert” pertenecía a la productora alemana CMB Prods. motivo por el cual no pudieron probar la autoría de dicho guion, pero todo indicaba que algo de cierto podía haber en todo este asunto. Como fuera, demasiado rollo para una película que, a grandes rasgos, pasó inadvertida ante los ojos de todos. Aunque a ustedes igual les suene bastante su póster…

miércoles, 2 de noviembre de 2022

EL OTRO BAÚL DE TÍO VICENTE 18 - TAQUILLA 82/83

¡Taquillazos! de eso va hoy la cosa. Reunimos sendas listas de éxitos situadas a lo largo de 1982 y 1983, todas extraídas de las páginas de la revista "Casablanca".
Revisándolas, localizamos algunos títulos curiosos que llaman la atención por figurar en lo más alto, como unas pocas "comedias teen", nuestras queridas "Creepshow", "Amityville 2", "Curso 1984" o "Tenebre", la secuela de "Aterriza como puedas", "El sentido de la vida" de los Monty Python o "El señor de las bestias" (todo un éxito en París) En el apartado español gana "Todos al suelo" de Mariano Ozores, la prueba de que el buen funcionamiento en su época de esta clase de materia no es una leyenda urbana.
Ctrl + boton izquierdo del ratón para ampliar imágenes.
Tras suspirar y maldecir el paso de los años, no olviden al de siempre: "¡Graaaaacias ooootra veeeez tío Vicenteeee!" 

Agosto, Octubre, Septiembre de 1982 :


Enero, Febrero, Marzo de 1983:


Mayo, Junio, Noviembre, Diciembre de 1983:


viernes, 6 de julio de 2018

QUE NOS QUITEN LO BAILAO

“Que nos quiten lo bailao” resulta una rara avis dentro de nuestra comedia. Una película netamente valenciana —puramente mediterránea— que juguetea con un género tan nuestro como es la parodia histórica tan en boga los primeros años de la década de  los 80 y  que traía consigo filmes de mayor calado popular que el que nos ocupa, como puedan ser “Juana la loca… De vez en cuando” de José Ramón Larraz, “Cristóbal Colón… de oficio descubridor” de Mariano Ozores o “El Cid cabreador” de Angelino Fons, y con el musical, incluyendo numeritos (impagable el protagonizado por Joan Moleón) absolutamente deudores de la revista. Sin embargo, y a diferencia de los títulos anteriormente nombrados, “Que nos quiten lo bailado” tiene más mala leche y aspiraba a tener un público más intelectual que las otras películas más destinadas a un público de corte popular. Así,  “Que nos quiten lo bailao” tiene todo el tiempo los ojos puestos en el cine de Monty Python rozando, por momentos, el plagio. Si en “Los caballeros de la mesa cuadrada”, cuando el Rey Arturo llega al castillo de Camelot y al advertir la presencia de este ante el resto de caballeros uno de ellos responde que es una maqueta, en “Que nos quiten lo bailao” cuando Fray Jacinto divisa el Alcázar,  uno de sus acompañantes dice que vaya mierda. No es el mismo gag, pero prácticamente es el mismo.
La película transcurre en algún lugar de Valencia, más o menos durante el siglo XV o XVI durante la convivencia de moros y cristianos por aquellas tierras. Y no tiene un argumento propiamente dicho, Una secuencia tras otra va transcurriendo entre diálogos descacharrantes, números musicales y un humor muy particular, pero si que hay un ligero hilo conductor en el que la hija de los marqueses de Mocorroño es vendida como esclava, y en el harem del sultán Al Parrús, esperará a ser rescatada por sus padres mientras es usada para uso y disfrute del sultán y sus amigotes, por ejemplo, siendo su culo exhibido en una especie de ruleta humana de la suerte.
El argumento es de lo menos, aquí lo que prima es que el humor marque el avanzar de la película.
Así, tenemos un divertimento de lo más surrealista, que pese a estar fuertemente influenciado por los Phytom, y gracias a lo autóctono de esos numeritos musicales y de revista, no deja de ser una película de lo más personal. Amén de ser una joya ignota de la que poco se ha sabido hasta ahora, con escasos 178.000 espectadores en salas de cine.
Muy divertida e interesante.
El elenco, salvo por los actores principales interpretados por profesionales de la talla de Joan Moleón, Guillermo Montesinos o Impar Ferrer, está compuesto de las gentes del pueblo dónde se rodó, Luchente, lo que dota a la película de unos rostros y personajes de lo más grotescos, que son otro de los puntos fuertes del film. De hecho, Luchente tiene una importancia vital en esta película, no solo por el elenco, sino también por la cooperación que el mismo pueblo tuvo durante la preproducción de la película, ayudando al personal técnico de la misma a reconstruir un viejo convento abandonado que en la película recrearía una alcabaza. Asimismo, Luchente sería el lugar dónde la película se estrenaría mundialmente.
Dirige la película Carles Mira, director eminentemente Valenciano cuya carrera transcurriría casi en su integridad en su tierra natal, que además de esta joya dirigió cosas menos interesantes como la olvidable “El Rey del Mambo” o “Con el culo al aire” protagonizada por Ovidi Montllor.

sábado, 6 de septiembre de 2025

LA LOCA PANDILLA DE CHRIS COLUMBUS 1493 1/69...

En 1992 se cumplían quinientos años del descubrimiento de las américas por parte de Cristóbal Colón, y el cine se sumaba oportunamente a la celebración con varias películas. Teníamos la solemne y aspirante al trono del prestigio, "1492: La Conquista del Paraíso" según Ridley Scott. Y luego estaba "Cristóbal Colón: El Descubrimiento" de John Glen, que era así como la versión más Hollywood (en la época se decía despectivamente que incluía amoríos, combates a espada y demás zarandaja aventurera). En cualquier caso, no puedo opinar porque no llegué a ver ninguna de las dos. Yo y casi nadie, ya que fracasaron a su paso por salas. Lo que sí puedo aportar es que hubo una más, no tan conocida, "La loca pandilla de Chris Columbus 1493 1/69...". Podría dármelas de enrollao afirmando que era mejor que las otras... pero lo dudo. Y mucho.
Para hablar de ella, antes toca hacerlo de la franquicia a la que pertenece -en versión original-, la de "Carry on....". Una saga interminable de productos de comedia eminentemente británica que arrancó a finales de los 50 y se mantuvo hasta casi finiquitados los 70. De espíritu "music hall", populacheras y con una serie de nombres fijos -delante y detrás de las cámaras-, la serie "Carry on..." hacía chanza de cualquier tema de actualidad, fuese social, político o cinematográfico. Llegaron a parodiar sagas como las de "James Bond" o incluso "Emmanuelle" -titulada aquí "Jugando a Emmanuelle"-. Justo esta fue la que, tras 30 películas (más telefilms, especiales y obras teatrales), puso fin a la marca en 1978. Hasta que 14 añazos después se tuvo la poco afortunada idea de revivirla, coincidiendo, como decía, con la celebración del descubrimiento de américa. Así las cosas, tenemos un "Carry on Columbus" (¡Olé al título patrio!. Nótese la inclusión de un "1493 1/69" en evidente referencia a las graciosas numeraciones de las secuelas de "Agárralo como puedas") que, aún conservando a algunos de los supervivientes de la generación original (los que no, o estaban muertos o vieron que la cosa pintaba fatal y decidieron mantenerse al margen), pretendieron "modernizar" el asunto fichando a cómicos "del momento", especialmente varios surgidos de "The Comic Strip" -y, por tanto, la serie "The Young Ones"- como Rik Mayall, Nigel Planer y Alexei Sayle. Al colaborador habitual de "Monty Python", John Du Prez, para la banda sonora (no es el único, también está el productor John Goldstone, quien hizo lo suyo con las pelis del sexteto). Y a Malcom McLaren, célebre manager de los "Sex Pistols", para que se currara una canción temática que suena muy estridente y "chunda-chunda" en los créditos finales de esta.... ¿cómo decirlo?.... esta tragedia. Es curioso que, con la buena prensa que gasta la comedia inglesa, cuando no atina se convierte justo en lo contrario, auténtica bazofia (un caso que me recuerda mucho a "Los desmadrados piratas de Barba Amarilla"). Poco importaba que contaran con Mayall, Planer, Sayle o la madre que los parió si los guionistas, Dave Freeman y John Antrobus, en 1992 eran ya un par de vejestorios con experiencia en "Carry ons" previos -y de los primigenios- y, por tanto, un sentido del humor anticuado. Exactamente lo mismo que el director, Gerald Thomas, quien se opuso bordemente a los métodos improvisatorios del "cast" más joven.
El problema de "La loca pandilla de Chris Columbus 1493 1/69..." no es que se vea pobretona y cutre (gasta un aire telefílmico y teatrero muy tocho, en parte gracias a esos decorados super-artificiales que cantan como una almeja), o apueste por chistes picantes de barra de bar (una de las características reconocibles de la franquicia), o se pase los hechos históricos por el forro de los cojones (Colón cuenta únicamente con una carabela -aunque eso será por cuestiones presupuestarias-, a los Pinzones no los vemos por ningún lado, durante el viaje se topan un barco fantasma, etc, etc...), o pueda pecar de políticamente incorrecta (algo a considerar como favorable, aunque en realidad pintan a los indios más listos y espabilados que aquellos que les descubren), el problema es que, quitando un par o tres de gags, no hace ninguna gracia y, además, le pesa el culo de mala manera. Ritmo escaso, dirección plana como el coeficiente de un "Otaku", insípida, acartonada, rancia.... nada ayuda a que "La loca pandilla... bla, bla" se limite a ser, única y exclusivamente, una curiosidad. Para testimoniar su existencia y olvidarla a velocidad de la luz.
En el reparto destacan otros nombres interesantes como los de Burt Kwouk (el "Cato" de la saga de "La Pantera Rosa"), Martin Clunes, Bernard Cribbins, Jon Pertwee (uno de los varios "Dr.Who"), Julian Clary (con un remalazo notable a Jim Parsons. Encima interpreta a una marica loca, lo que incrementa el asunto) o el inquietante careto de Charles Fleischer (lo has visto en mogollón de films bien populares, aunque a mí me llamó la atención -porque daba mal rollo- en el "Zodiac" de David Fincher. No obstante, se le conoce especialmente como la voz de "Roger Rabbit", nada menos). Mentaría a los veteranos del "Carryonismo" pero, en fin, me da pereza ponerme a buscar.
A pesar del descalabro financiero y crítico, a finales de los 2010 hubo un nuevo intento de revivir el asunto. Uno que, muy sabiamente, detuvo el Covid-19. Bueno, oye, algo bueno tenía que aportar ¿no?. Aunque nada garantiza que dejen de insistir. A veces, es mejor estar muerto...

jueves, 25 de diciembre de 2014

CARPETAS CINÉFAGAS (Y OTRAS ESPECIAS)

Había en mis tiempos de escolapio una característica del todo típica que consistía en adornar tu carpeta o carpesano con imágenes representativas de tus gustos y apetencias. Podías tirar de las pegatinas que regalaban las revistas destinadas a la porción del mercado que tu representabas o demostrar algo más de personalidad y currártelas tu, a base de recortar, fotocopiar o incluso dibujar.
Yo, como buen aficionado al cine de género, con especial y orgullosa inclinación por el terror, no iba a ser menos. A lo largo de mi no demasiado extensa y sí notoriamente fracasada carrera estudiantil, lucí muchas carpetas armoniosamente decoradas, siempre acorde a cuales eran mis obsesiones en el momento. También pude disponer de algunas ya diseñadas para tal menester, aunque esas fueran las menos.
Afortunadamente tuve la buena idea de conservarlas casi todas, en parte por su aún útil función archivadora. Únicamente lamento la pérdida de una de ellas, pero que no forme hoy parte de mi colección obedece a una aplastante lógica: su tamaño. Estaba pensada para salvaguardar hojas de formato Din-A3 y, claro, acabó siendo un trasto gordo, pesado y molesto que terminé aniquilando. Sin embargo, recuerdo perfectamente qué imágenes la ilustraban. Ambas, obvio, acorde a su tamaño: La de la familia matarife de "La matanza de Texas 2", ahí posando, pero sin letra ni logo alguno, y una secuencia muy llamativa de "En los límites de la realidad", aquella que nos muestra a una moza de espaldas abriendo una puerta por la que asoma un ojo gigantesco. Recuerdo perfectamente que, en el metro y de camino al cole, la estampa de "Leatherface" y los suyos era inevitable blanco de muchas miradas, cosa que me incomodaba, sí, pero no tanto como para renegar de ella. Ni por el forro.
Por fortuna, el resto de mis carpetas escolares reposan en el armario. Y un buen día se me ocurrió que sería divertido y entrañable recuperarlas todas, fotografiarlas y desmenuzarlas aquí, en este nuestro/vuestro blog, dedicado -en parte- a rememorar cinéfagas primeras experiencias.



Cuando intentaba recordar cuál de todas las carpetas que siguen era la primera, hubo una pista que me ayudó a decidirme por una candidata. ¿Y en qué consiste esa pista?, pues en su mala ejecución. No a la hora de elegir las imágenes, ni mucho menos, si no a la hora de situarlas. Tal como quedó, una de las caras estaba boca abajo en relación a la otra. Error. Que no lo hiciese correctamente en esta ocasión es lógica muestra de mi inexperiencia (ya que no volví a cagarla igual again), ergo, esa ha de ser la primera.
¿Y qué encontramos en ella?, pues un muestrario infinito y generoso de lo más variado. Propio también del novatillo, con los gustos aún no del todo definidos. Por ejemplo, en la cara A, por así llamarla, encontramos clásicos del calibre de "La Niebla" o "Halloween 3". Uno de mis slashers favoritos, "La Quema". Un poco de la música que me gustaba entonces ("Blues Brothers", "Motorhead".... y bastante heavy, lo que me choca porque nunca me tiró mucho ese tipo de sonido, aunque supongo que me atraía más a un nivel estético, por sus habituales cubiertas a base de elementos horroríficos... como ese "Eddie" ("Iron Marisamaiden") en plan piloto de guerra. También vemos a los "Creedence" -que me molaban entonces por su participación en los soundtracks de John Landis- y ¿¿¿Pink Floyd?? que imagino sería puro relleno. Si no, no me lo explico). También nos damos de bruces con referentes a algunos "blockbusters" clásicos como "Los Cazafantasmas" y "Regreso al futuro" (cuyo vinilo gozaba mucho escuchando) y sendas cubiertas de las bonitas novelas de terror editadas por Martínez Roca (ver más abajo). Complementan el sarao dos calaveras dibujadas por el menda, siendo la más grande una imitación de la que protagonizaba la versión en comic de "El día del padre", según "Creepshow", de la mano de Bernie Wrighston. La guinda la pone Monty Python y la que entonces era mi peli favorita del grupo, "El sentido de la vida". ¡Y que no falte "Viernes 13"/Jason!, aunque sea en plan "cameo carpetil".


En la segunda cara retomamos el tema "Creepshow" -por entonces mi absoluta number one. Hoy es la number two, lo que tampoco es moco de pavo-, destacando esa curiosa ilustración promocional extraída de un "Fotogramas" de la época. Una no muy sincera declaración de amor al noveno arte a base de imágenes mangadas de "Vampus" o "Rufus", referencias a Richard Corben -mi dibujante favorito en el momento, junto a Wrighston-, a Moebius (??) y a "Torpedo", que me gustaba mucho. En lo musical nos encontramos con el "Salve" de la "Polla Records" (entonces recién comprado en formato casete), un guiño punk -en esos tiempos comenzaba a interesarme por la subcultura del imperdible- y una tímida referencia al "Thriller" de Michael Jackson. Sí, amigos, yo fui de los que se cagaron de miedo viéndolo. Destaca H.P.Lovecraft en lo literario, autor al que me acerqué a través del cine, y aunque intenté leer algunos de los libros que aparecen en la foto, nunca logré conectar con ninguno de ellos. Arriba de todo, el encabezamiento de las tiras humorísticas y macabras de Pierino extraídas de "El Papus". Era un dibujante que me gustaba y se adecuaba mucho a mis apetencias grotescas.
Lo que más me llama la atención es que gran parte de los recortes aquí expuestos, sobre todo los de música y literatura -y de escueto tamaño- están recortados de un popular catálogo que solía llegarnos a casa por correo, "Discoplay" (¡gracias Don Olid!).


Como apéndice, comentar de pasada la costumbre que tenía de incluir "caramelos" en el interior. Y pal caso, lo que aquí tenemos es la adecuada incursión de portadas de la colección súper terror de Martínez Roca, destacando las antologías de "Las mejores historias de terror" o la adaptación de "La noche de los muertos vivientes" de John Russo. El "Spy vs. Spy" de la revista "Mad", que entonces leía. El libro de H.G.Wells que inspiró una de mis pelis antiguas favoritas, "El tiempo en sus manos" y, cómo no, el mítico "Stryker" de Cirio H. Santiago.
Brutal.



Pa la siguiente carpeta decidí no matarme tanto y tiré por lo fácil. Carteles grandes, ambos extraídos de las páginas del "Fotogramas", justo cuando se estrenaban oficialmente ambas películas. El de "Viernes 13, 3ª parte", que explotaba a tope el elemento tridimensional, siempre me ha parecido precioso, uno de mis favoritos de la saga.


El otro, pues a decir verdad únicamente lo escogí por la presencia de Clint Eastwood sujetando una gran pistola, a lo "Harry Callahan" que, como verán a continuación, ha sido siempre una presencia constante en mis preferencias decorativas. Aquí no interpreta al gran "Dirty Harry", y la película resultante ni siquiera me gusta, pero pal caso, no importaba mucho.


La fricadilla la pone el breve anuncio del video-juego, por entonces aún una práctica bastante verde, inspirado en "Viernes 13". No es que lo tuviese, o lo hubiese jugado en casa de un amigo... de hecho, nunca llegué ni a verlo, pero se trataba de algo relacionado con la saga en cuestión, lo que era ya suficiente argumento para recortarlo y añadirlo.


En este caso recurrí de nuevo al tema imágenes grandes, solo que aquí tuve la decencia de utilizar algo hoy bien valorado por el aficionado medio, una fotografía promocional de "Re-Animator", de esas que solían adornar las vitrinas de los cines (vamos, lo que llaman "fotocromo"... y por cierto, ¡¡menudo es!!, ¿dejarían hoy día usar una imagen así de extrema?). En ella vemos uno de los momentos álgidos, más sangrientos, grotescos y gran guiñolescos del famoso y estupendo film de Stuart Gordon, cuando un zombie (el papá de Megan) le revienta los ojos a la cabeza del Dr.Hill, poco antes de aplastarla como un melón. No hace falta decir que me ALUCINABA ese panorama, por su exageración, su locura, su demencia y su rojo abundante. Absolutamente salvaje. Recuerdo cuando una persona adulta vio la carpeta y cínicamente me dijo: "Veo que ahora te va el romanticismo". Con todo debo abrirme a ustedes y confesarles que, por entonces, aún no había visto "Re-Animator", así que con material como ese mi imaginación volaba libre y peligrosamente.


La cara B resulta harto reveladora. Como ven, son los carteles franceses de "From Beyond/Re-Sonator", "Howard, un nuevo héroe", "El día de los muertos" y "Viernes 13, 6ª parte: Jason Vive", lo que significa que me encontraba en pleno apogeo de mis lecturas gabachas. Todo ese material salió de las páginas de "L´Ecran Fantastique" que, junto a "Mad Movies" e "Impact", conformaba mi generosa dieta de lectura cinematográfica por esos tiempos.
No hace falta decir más.



Por lo visto eso de poner un solo cartel no me satisfacía tanto, y para la ocasión -y la siguiente- decidí retomar el tema "collages", solo que aquí partiendo directamente de fotocopias. Eran los tiempos en los que había descubierto la revista "Fangoria" -la yankee, claro- y con ella el fascinante espectro oscuro y chungo del cine fantástico y de terror, su lado más "trash", algo que se refleja mucho muchísimo en esta interminable galería de rostros.
Lo normal era que los chicos adornaran sus carpetas con cantantes sexys, modelos, actrices. O en un caso pre-homosexual, jugadores de furgol. ¿¿Y qué es lo que hago yo??, colar las caras de un puñado de señores de mediana edad o más -cada uno con su respectivo nombre debajo-, casi todos hombres de negocios de escaso talento y algunos más interesados en sacar dinero del bolsillo de los posibles espectadores impresionables que de crear cine. ¿Quiénes eran estos elementos?, fácil: Al Adamson, Andy Milligan, Jesús/Jess Franco, Frank Henenlotter, Aristide Massaccesi (Joe D´Amato), David DeCoteau, Ted V. Mikels, Charles Band, David Friedman, Herschell Gordon Lewis, Lucio Fulci, Roger Corman y Fred Olen Ray (en una foto que casi está de espaldas). La créme de la créme. Junto a ellos, temas tan propios de ese tipo de movidas como el cine de caníbales o "Santo, el enmascarado de plata". Nótese ciertas manchas de rojo-granate en las esquinas de las fotos... sí queridos, era tempera, en un intento de hacer más cantoso el tono "sangriento" del invento (dulces ingenuidades).
Y por aquello de no perder las buenas costumbres: "Harry Callahan" en un ladito (con un contundente "My hero!" encima de la foto) y el Steven Seagal de "Por encima de la ley".
A esta carpeta podríamos bautizarla tranquilamente como la "trash-carpet".
Fascinante.


Si el caso anterior era algo bizarro, el de ahora roza la locura.
¡¿Fred Olen Ray, el ínclito cineasta zetoso, como motivo central de una carpeta?!. Miedo da. Pero sí, queridos, así de fan era yo entonces del director de "Alienator" (que decora ampliamente el collage), "Del espacio profundo", "Los Dreggs", "Días de horror y muerte", "Commando para matar", "El poder de las armas", "El misterio de la pirámide" y otras que no aparecen en la imagen como "Biohazard", "Alien Dead" o "Beverly Hills Vamp".
Recuerdo que, tras mirarla atentamente, un compañero de aula me dijo: "¿Te gusta la violencia, eh?". Pues sí, pero solo en la pantalla, chavalote.



En la cara B del caso que nos ocupa se recupera un poco cierta cordura. Aunque tampoco mucho.
"Blood Feast", el inevitable "Harry Callahan", su entrañable parodia televisiva "Sledge Hammer", más macarrismo con "Yo, el jurado", el cartel de "Re-Animator 2/Metamorphosis" según san Luigi Montefiori (que es una puta bazofia, pero esa ilustración me gustaba mucho... ¿será de E.Sciotti?, eso explicaría muchas cosas) y, consecuentemente acorde a la presencia de San Fred Olen Ray, un guiño a Jim Wynorski con dos de sus obras cumbre, "The Return of Swamp Thing" y, sobre todo, la inmortal "Deathstalker 2".

Posdata: La imperdonable ausencia de imágenes en ambos lados, a base de tijera bruta, obedece a alguna causa de reciclaje que, ahora mismo, no recuerdo claramente (aunque puede distinguirse el nombre de Linnea Quigley, lo que significa que la carpeta también luciría cierto erotismo barriobajero).


MENCIONES ESPECIALES:

Las dos carpetas que siguen se alejan un poco del grupo. Una por temática y otra por fabricación. Pero merecen estar aquí... entre otras cosas porque, en fin, son las que faltaban para completar el repaso… y porque me sale de los cojoncillos.


El punk rock como temática ha salido ya alguna vez, tímidamente, a lo largo de este periplo, pero realmente no se impuso hasta mediados de los años 90.
Pal caso tenemos a Jayne/Wayne County (el travesti punk del Nueva York originario que hacía poco había visto “live”). Una ilustración extraída de un número de la revista "Vibraciones" del año 77. En esa época era muy fan (y mantenía relación epistolar) con el grupo "Wat Tyler" y a falta de alguna imagen más representativa, utilicé esa del bailarín tirolés. A su lado, la pegata número uno de mi fanzine "Suburbio", y el nombre de una banda que desentonaba un poco en el conjunto (de ahí que su presencia fuese tan poco llamativa), los militantes "Crass". A su lado, un dibujo muy especial de John Holmstrom, el famoso padre de la revista "Punk Magazine" y portadista de "Ramones". En medio, y ahí luciendo a lo grande, la que era mi banda absolutamente favorita, "The Lurkers". Justamente, el tipo con el perro y la bandera es Arturo Bassick, que en aquellos tiempos lo lideraba.
Retornamos a la parte baja, extremo izquierda, y descubrimos la pegatina número dos de "Suburbio".
A su lado, el logo de los mediocres "Chelsea", "Sham 69" (y no entiendo muy bien el motivo de que estén ahí) y la divertida imagen macarra de uno de los integrantes de "Spider Babies", grupo de garaje cazurro.



Y estos, pues no necesitan presentación.
A día de hoy dudo mucho que los "Toy Dolls" fueran genuino punk. Siempre he visto a su líder, Olga, como un currante que se disfraza cuando toca y luego vuelve a la normalidad de su rutinaria existencia. Pero eso no quita que, en sus buenos tiempos, los "Toy Dolls" me ENCANTABAN y, de hecho, en cierto modo fueron los culpables de mi afición al punk rock. Así que merecían un lado entero de la carpeta para ellos solos... y más con una imagen tan ideal como la de este single de su divertida canción "James Bond lives down our street".


A esta, obviamente, lo que le tengo es mucho cariño, tratándose como se trata de merchandising oficial surgido a raíz del estreno del legendario "Superman" de Richard Donner con Christopher Reeve. Comprado en la época, se entiende. Sorprendentemente ha durado en bastante buen estado hasta nuestros días. Tengo algunos amigos completistas del personaje que han demostrado interés en hacerse con ella guita mediante, pero de momento prefiero conservarla.