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viernes, 13 de mayo de 2022

MI MINISTRO RUSO

Extraña película rusa en co-producción con Chile y con una pequeña participación española que, más allá del ámbito festivalero o algún pase en la filmoteca española, en pocos lugares se ha visto además de en Rusia.
Se trata de una de las fallidas incursiones en la comedia de Sebastián Alarcón, director chileno exiliado en Moscú que desarrolló el grueso de su carrera en la Unión Soviética consiguiendo algún que otro éxito en aquél país gracias a los documentales y las películas de contenido sociopolítico. Sin embargo, a finales de los 80 decide dar un cambio de tercio a su cine y se pone a realizar comedias que, para su desgracia, son recibidas con frialdad por el público ruso. A esta etapa pertenece “Mi ministro ruso” (conocida en Latinoamérica bajo el título de “Una actriz española para el ministro ruso”).
Cuenta la historia de un profesor de gimnasia de padres españoles cuya pasión es el cine. Un buen día, un amigo suyo le cuela en un foro cinematográfico que se celebra en la ciudad donde, para pasar inadvertido ante la prensa, se le presenta como el ministro de cinematografía rusa. En esa tesitura conocerá a una actriz española que aprovechará para seducirlo y que, de este modo, firme un acuerdo con un productor español para realizar una co-producción que ella misma protagonizará. El profesor no abandonará su papel, y con él continuará cuando, como parte de una comisión de profesores rusos, viaja a España en plan turista. Allí —en Sevilla nada menos— continuará su idilio con la actriz manteniendo la mentira y metiéndose en líos intentando no ser descubierto ni por esta, ni por los productores españoles que en consecuencia conocerá, ni por sus compañeros profesores que verán como hace sus escapadas nocturnas de manera un tanto sospechosa. Al mismo tiempo se desarrolla una subtrama en la que, como niño deportado que fue por culpa de su padre español, buscará a este por España para que de respuesta a sus incógnitas.
Pese a la participación española y la procedencia chilena de su director, “Mi ministro ruso” resulta interesante porque en realidad se trata de una comedia eminentemente rusa y por lo cual, el sentido del humor que se gasta es el de allí. Entonces tenemos un tipo de comedia muy fría e imperceptible, porque los gags y las situaciones cómicas son ejecutadas con un dramatismo al que los españoles (y supongo que el resto de habitantes de la tierra) no estamos acostumbrados. Detectamos la comedia en todo el metraje, pero no nos reímos ni un ápice. Sin embargo, la curiosidad que suscita un producto de estas características es grande y, tras el visionado, quedo saciado, entre otras cosas porque está lo suficientemente entretenido como para verlo con interés independientemente de su procedencia y exotismo.
Por otro lado, mientras la veía no podía quitarme de la cabeza otra comedia sobre el choque de culturas en la que un ruso tendrá que adaptarse a la excentricidades del país extranjero que le ha tocado visitar, “Un ruso en Nueva York” de Paul Mazursky, la cual no quiero decir que Alarcón haya plagiado, pero desde luego sí que ha tomado buena nota: Las secuencias en las que nuestro protagonista llega a España y va de compras buscando las liquidaciones en las tiendas junto a sus compañeros, son exactas a cuando en la película americana, Robin Williams hace lo mismo junto a sus compatriotas soviéticos en la ciudad de los rascacielos.
Asimismo, al tratarse de una película para el público ruso, no deja de parecerme fascinante la manera en la que se representa España, aferrándose al estereotipo más feroz y el cliché más lastimero, haciendo acto de presencia en cada secuencia los toros, el flamenco, camisetas de la “Expo 92”, el vino, los puros y hasta los caracoles que prueba nuestro protagonista por primera vez y que le dan tanto asco que tiene que escupirlos en una servilleta. A mí también me dan muchísimo asco.
Su principal protagonista, Sergey Gazarov, es un todoterreno ruso; actor, director y productor, rara es la película rusa en la que él no tenga que ver, así como es uno de los personajes más queridos de su país. En "Mi ministro Ruso" interpreta su papel no sin cierta gracia, máxime cuando le toca hablar castellano con los personajes españoles, más que nada, porque lo habla con cierta dificultad.
La actriz española elegida para que sirva de interés romántico del protagonista sería Victoria Vera, que si bien no es santo de mi devoción, aquí baja el nivel tres puntos. Vera actúa consciente de que es una película cuyo público va a ser mayoritariamente ruso y le importa un carajo hacerlo bien, por lo que la desgana y parsimonia con la que interpreta su papel es un factor a destacar. Casi parece una broma.
Por otro lado, en la participación española, tenemos también a la veterana María Luisa Ponte, que en un alarde de profesionalidad, y al contrario que Victoria Vera, aborda su papel con las ganas y el esfuerzo con el que lo hizo en todas sus películas… aunque quizás por eso tiene más gracia ver a la Vera soltar sus frases de carrerilla con las prisas por volverse a España y cobrar el, intuyo, escueto cheque.
No ha estado mal ver esta película. Una fría y extraña comedia que nos aporta una idea del sentido de la comedia que tienen los rusos.

domingo, 8 de agosto de 2010

LA NOCHE DE CINE INCONEXO 5

Sí, lo siento Spawn... ¡¡pero no puedo esperar más a que decidas levantar tu culo del sofá y venirte a uno de nuestros video-encuentros sociales!!, lo de ayer Sábado FUE sin lugar a dudas una nueva sesión de cine inconexo, algo imposible de negar teniendo en cuenta las películas que nos zampamos.
Perrerías, ocupaciones creativas y otros menesteres de mejor -pero pesada- catadura fueron los motivos por los que solo éramos tres "seres humanos" situados frente al televisor. El número más escueto de todas las Noches de Cine Inconexo. Estábamos Fiverjofre de "Nekrofilmicos", Goblin de "Criticonos" y un servidor de.... ustedes. ¿Significa ello que hubo menos coña y diversión?, ¡para nada!, el nivel fue muy parecido al habitual, con el añadido de disponer de más espacio vital para gozar de la comodidad y, claro, ese maravilloso aire acondicionado. De hecho, el desmadre fue incluso mayor, ya que directamente a ratos desconectábamos de la película -especialmente mis compañeros- y nos poníamos a parlotear de trivialidades varias.
Pensé que sería todo un detalle por mi parte seleccionar a modo de arranque una peli generosa en carnes femeninas, y del pack de material disponible destacaba por méritos muy propios "La mansión de los muertos vivientes", una de las inevitables odas al "nada" firmada por don Jess Franco con su incomparable no-estilo. Muchas muchísimas tetas de todo calibre (por un lado la apetitosamente rolliza Lina Romay, por otro, una actriz con edad de ser madre... incluso abuela, que daba un poco de grima), números lésbicos, paseos interminables y... ¡ah si!, de vez en cuando una versión "Toys R´Us" de los templarios de Ossorio jodiendo la marrana. Leeeenta y aburriiiiida a matar, pero ¡eh!, es Jess Franco ¿Qué esperabais?. Mis compañeros, cabrones ellos, se pasaron la sesión cagándose en mi estampa, a pesar del generoso catálogo de chochos... ¡¡putos ingratos!!.
La siguiente la sugirió el golfo de Goblin, la in-famosa "Birdemic: Shock & Terror", una peli que ya se ha hecho un nombre como "tan mala que es buena", "una de las peores películas de la historia" y auténtico carrusel de cachondeo y diversión allí donde se proyecta. Hay que puntualizar que la vimos en inglés a pelo, y estoy convencido que de haber entendido más su contenido oral el descojoncio / alucine hubiese sido el doble. Pero la verdad es que incluso muda y sin audio, "Birdemic" no puede ocultar los d/efectos que la han catapultado a la fama. Amigos, menudo pedazo de incompetencia enlatada. Nada está bien hecho en ella, todo es incapacidad. Incapacidad de mover la cámara, de montar, de sonorizar, de actuar, de dirigir, de lograr convincentes efectos especiales, de dotar de ritmo a la ¿historia?... necesitaría de un libro para detallar todo lo que es un desastre en este producto casero bendecido por la suerte (aunque igual haya sido maldecido, ¿Quién sabe?). En esencia se podría resumir como "una copia de "Los Pájaros" rodada por un retrasado mental". ¿Lo peor del mundo?, no... he visto mucho material igual o aún más mal parido (y todo de habla hispana, por cierto), pero está claro que esta cosita merece un puesto de honor en el top ten de cagadas rancias. De hecho, es TAAAAAAAAAAAAN tremendamente negada que no paramos de debatir si estaba hecha así a posta, como parte de un plan, un montaje, o su inutilidad era honesta. Incluso dedicamos un rato a investigar por la red, pero de nada sirvió, no hallamos una respuesta satisfactoria.
Así pues, lo lógico era terminar la velada con algo más normal, de más calidad, y teniendo en cuenta el nivel, ese puesto incluso podía ocuparlo "Monster Dog", producida por Carlos Aured, dirigida por Claudio "Troll 2" Fragasso, con Alice Cooper, Victoria Vera y el tercero de "Martes y 13", ¡toma exotismo!. Perros locos y nada convincentes hombres lobo de goma para un film que, aunque se esfuerza en mantener la dignidad estilística, no deja de ser el típico ladrillo videoclubero.
En el camino se quedaron "La Casa 5" (o "Beyond Darkness", otra obra de arte del Sr.Fragasso) y "La noche del cometa".
Después de ese baño de crueldad (lo de vernos una en versión original fue especialmente duro) lo humano era apagar el televisor y, arrastrando nuestras pupilas, dirigirnos hasta el hogar a reposar. Las neuronas pedían clemencia, y se la dimos... pero que no se acostumbren, que los atracones de cine chungo seguirán. ¿Y los que se lo pierdan?, ¡¡peor para ellos!!.

lunes, 8 de agosto de 2011

GORILAS A TODO RITMO

Mis sucias retinas, ya están contaminadas y acostumbradas a todo tipo de infectos Films. Hay días, que tengo la total seguridad de que nada me va a sorprender. Gracias al cielo, esto nunca es así. Por los motivos que sean, siempre acabo dando con aquella película que me haga abrir bien los ojos, abrir la boca y llevarme las manos a la cabeza. GORILAS A TODO RITMO, es la astracanada mas grande que he visto en lustros. Es una estupidez supina. No concibo que alguien quisiera llevar a buen puerto una chorrada tan grande como esta. Y lo que es más gracioso, con unos niveles técnicos, nada desdeñables para lo que suelen ser estas cosas.
Una fotógrafa de acción, es enviada a la selva, con el fin de encontrar a un tal Freddy, un individuo que años atrás tuvo un accidente aéreo y se quedó allí convirtiéndose en una especie de Tarzán. Durante el periplo, La fotógrafa topa con una especie de aventureros/mercenarios, que se ofrecen a llevarle al lugar donde se supone está el “Tarzanete” de marras, pero con la verdadera intención de cazar gorilas.
A priori, el argumento no es para nada desquiciado, o delirante, pero los diálogos, situaciones y chistes que se suceden entre medias, si que lo son, pero además, llevados al extremo en cuanto infantilismo y tontería.
Para empezar: Los gorilas a los que hace alusión el título; son señores disfrazados, pero además sin ningún tipo de disimulo, y cada vez que estos hacen acto de presencia, suena una musiquilla humorística que acompaña sus cucamonas, con lo que queda patente, que la intención es la de que este hecho haga gracia. En otra secuencia, en plena expedición, la fotógrafa y el líder de los mercenarios se topan con un enorme negro de tribu con el atavío correspondiente que se está partiendo el culo. Este momento me hizo especial gracia, por lo demencial del asunto: El negro se queda mirando al mercenario y le dice “Por favor, quédese con mi mujer” y acto seguido, comienza a contarle chistes de lo mas machistas y políticamente incorrectos. “Quien es este payaso”, dice el mercenario. Por otro lado, el tal Freddy –presente en el título internacional de la película, FREDDY OF THE JUNGLE- es un viejecillo hecho polvo que saca moya teniendo nada más que pellejo, y que se dedica a hacer shows selváticos para los turistas. Las cotas de surrealismo se multiplican, cuando comprobamos que cuando nuestro protas llegan al poblado, este representa una corte romana llena de amazonas con toga y todas esas parafernalias. Añadan a esto, diálogos estúpidos, montones de imágenes de archivo sacadas de algún documental, el grupo de mercenarios que parecen los “Village People” (uno con parche, un indio, y un tartamudo, son los mas destacados), un poco de destape y situaciones tan tontas, que son inenarrables. Todo esto, bañado con la historetita de amor de turno entre la fotógrafa y el hijo del Tarzán hecho polvo, que si se la hubieran ahorrado, eso que hubiera ganado la película.
En definitiva, la chorrada mas grande que ha parido madre. Hay que verla, pero si no se ve, tampoco pasa nada.
Rodada en Miami, montada con brío, no del todo mal dirigida y presumiblemente rodada en Inglés, en el reparto tenemos a Victoria Vera como la fotógrafa, el mitiquísimo Frank Braña como el jefe de los mercenarios o Alejandro de Enciso (MIL GRITOS TIENE LA NOCHE, MARTES Y 13 NI TE CASES NI TE EMBARQUES) como el mercenario tartaja.
Dirige la función, un tal Sebastian Almeida, un hombre de cine, sin demasiados trabajos destacables, según Imdb.