lunes, 4 de julio de 2011

HYSTERICAL

Los Hudson Brothers eran un trío de mediocres comediantes/músicos (algo así como la “Trinca” nuestra pero en yankee) que asolaron los USA durante finales de los 70 luciendo looks de esos tan acordes a su época, mostachos enormes, greñas cutres, pantalones acampanados, cuellos de camisa tamaño Big Mac, etc, etc. Vivieron un éxito efímero, lo que no les impidió participar en un par de pelis, una de las cuales (en la que son absolutos reyes de la función) es esta “Hysterical”. Después de aquello su popularidad comenzaría a descender, aunque actualmente el legado de los Hudson sigue patente en Hollywood gracias a la actriz Kate Hudson, hija de uno de los hermanos, Bill, como resultado de su matrimonio con Goldie Hawn. ¡Lo que son las cosas del corazón en la meca del cine!. “Hysterical” es, ante todo, una comedia, o mejor una parodia del cine de terror. La historia es lo de menos, ya que habla de la llegada de un escritor con problemas de inspiración a un pueblecito maldito por la presencia del fantasma de un farero (el inimitable Richard Kiel, el Tiburón de las películas de James Bond con Roger Moore) y su amante asesinada. De por medio tenemos a dos “investigadores de lo paranormal” que acuden esperando desentrañar el misterio. Hasta ahí todo normal, pero la continua sucesión de gags idiotas o, ya directamente, la apabullante alusión a pelis del género (“El Exorcista”, “Tiburón” –por cierto, el actor que interpretaba al estresado alcalde en aquella, Murray Hamilton, repite papel aquí-, “Viernes 13”, con el tonto del pueblo que no cesa de soltar lo de “Estáis predestinados!”, “Poltergeist”, cualquiera de zombies...) y no tan del género (“Taxi Driver” o “En busca del arca perdida”, los investigadores de turno van disfrazados de Indiana Jones) hacen de esta peli un divertimento estúpido de humor casi infantil (ver la secuencia de Drácula –interpretado por el actor de comedia Charlie Callas, habitual en las pelis de Mel Brooks- para hacerse una idea) que, por lo menos, te entretiene durante sus 90 minutos. No puedo resistirme a mencionar algunas joyas, tales como la escena del exorcismo, la absurda idea de que el proceso de transformación a no-muerto incluye que se te pongan las cejas blancas, se te suba el cuello de la camisa y digas “Me impogta un cagajo” (¿!!?), la cena durante la que el prota va siendo poseído poco a poco o, cómo no, el número musical que los hermanos Hudson improvisan delante de los zombies porque, dicen, “La música les amansa”.
¿A que te mueres por verla?.


Para ilustrar la reseña he puesto el cartel que veis porque me encanta... pero si somos justos, este que hay aquí debajo (escaneado de mi flamante VHS) fue con el que se la conoció durante su fugaz estreno (y su periplo videográfico). Y también mola, claro.