
La cosa va de que el mundo está a punto de terminarse porque un agujero negro que se lo zampa todo (incluído Júpiter enterico) se acerca a la tierra. Su fuerza gravitacional es tan gorda que en nuestro planeta comienzan a sucederse macro-terremotos tremebundos que arrasan con países enteros. Toda esta movida la predijo un escritor gracias a una vara que posee y que le hace ver el futuro. Encima, esta sirve para activar unas estatuas de Moáis (como las de la isla de Pascua) enterradas bajo suelo americano, que juntas lanzarán un rayo desintegrador contra el agujero negro (¡me corro!). Los dos protas deberán lograr salvar la situación a pesar de disponer solo de 24 horas y un agente del gobierno que se los quiere cepillar.
Lo que yo decía, ideas descabelladas y maravillosas. ¡Así debería ser siempre el cine de catástrofes, coño!. Pero claro, la mayor parte de la cañeta se limita a poco explícitas y nada jugosas imágenes generadas por ordenador y a diálogos. Vamos, es más fácil que te venga un tipo y te diga: "Señor, el mar Mediterráneo se ha tragado a Italia entera", que gastarse los dineros en mostrarlo.
Aún así, la peli se deja ver, es tan vacua y tontuna que no molesta y entretiene, más si acompañas el visionado con algo comestible (y aquí lo incluyo todo). ¡Caray!, hasta el climax final resulta moderadamente emocionante.
¡Otra!.