lunes, 23 de enero de 2023

THE UNDERTAKER

“The Undertaker” es el resultado de preservar una película que no estaba acabada, ni contaba con unos mínimos de calidad suficientes como para que viera la luz en modo alguno. Pero al final con los años salió al mercado en varios cortes, simplemente porque estaba protagonizada por un decadente Joe Spinell, que genera un gran interés. Así pues, bienvenidos al festival de la chapuza.
Con el argumento no se complicaron mucho: Una serie de violentos asesinatos en el instituto hace sospechar a un estudiante que su tío Roscoe, el dueño de la funeraria local, pueda tener algo que ver con ellos tras pillarle teniendo extrañas conversaciones con cadáveres que está preparando para ser enterrados. Efectivamente, Roscoe se dedica a asesinar jovencitas y a amontonarlas en un sótano para su uso y disfrute, que va desde hacerles el amor, hasta escupirles en la cara con desprecio. Como se da cuenta de que su sobrino y los amigos de este se han percatado de su siniestra actividad, ahora el enterrador irá a por ellos.
Se trata de una producción que andaba corta de pasta y que, en un intento por repetir el éxito de “Maniac”, se cuenta una historia que recuerda levemente a aquella y en la que el bueno de Joe Spinell pueda lucirse en pantalla sudando, desollando mujeres y riendo como un pervertido. Básicamente lo que hace aquí es repetir los tics que funcionaron en la película de William Lustig. Aunque la gracia del asunto consiste, cuenta la leyenda, en que el propio Spinell, ya muy ajado por el alcohol y las drogas —de hecho cuando sonríe vemos que le faltan algunos dientes— insistió para que se le hiciera una prueba de casting con el fin de protagonizarla y, de paso, darle un papel a su novia de entonces.
El desbarajuste estaba asolando la película desde el principio, porque nadie se hacía cargo ni se responsabilizaba de nada, es por ello que no cuenta con un director acreditado. Unas veces se pasaba por allí Steve Bono, productor y director de segunda unidad mayormente, que había trabajado en películas de segunda fila como puedan ser “Cuchillos para damas” y a veces se ponía detrás de las cámaras a dar un par de directrices e instrucciones. Cuando Bono no lo estaba haciendo, era el otro  productor, Frank Avancia, quien dirigía las escenas. Es por eso que, al no quererse nadie llevar el mérito de la dirección, se acredita como tal a Franco Steffanino, en realidad un seudónimo para justificar que había un director tras el proyecto. El resto del equipo técnico, además, aparece en la película en roles secundarios porque no había dinero para contratar actores.
El rodaje se desarrolló según el calendario acordado, pero al finalizar, quizás andaban un poco escasos de material, o al menos, para poder realizar un montaje en condiciones. Así pues se montó una chapuza, en cualquier caso inacabada. A Joe Spinell no le gustó el resultado final de la película, por lo que esta permaneció sin distribución y almacenada en las latas, quedando como constancia de la misma, únicamente un master Betacam que se agenció el propio Spinell, siendo durante años la única copia existente. Más avergonzado que otra cosa, durante sus últimos meses de vida posteriores a este rodaje  —“The Undertaker” fue su última película— el actor se la mostraba a amigos y conocidos, hasta que falleció en 1989  y la cinta se quedó a disposición de sus seres más cercanos con el resto de sus pertenencias.
“The Undertaker” nunca llegó a estrenarse en cine, ni tuvo distribución videográfica alguna, sin embargo, alguien del entorno de Spinell, la puso en manos de distribuidoras fraudulentas que la lanzaron al mercado de manera pirata bajo el título de “Death Merchant”. El producto pirata, montado torpemente como buenamente pudieron, consistía en una alteración del metraje original, reduciendo el mismo a poco menos de una hora, e insertando material de dominio público para así llegar a los noventa minutos de duración. Una chapuza que, dicen quienes la vieron, es bastante peor que la versión original que guardaba Spinell.
No sería hasta 2010 que “Death Merchant” se editó en DVD de manera legal, siendo esta la copia que se pudo ver, hasta que en 2016 la gente de Vinegar Syndrome rescata un 90% del negativo original, lo restaura y lanza al mercado en Blu Ray y en edición limitada de 3000 copias, una versión de “The Undertaker” tal y como se concibió, sin los insertos de películas libres de derechos. Como faltaban algunas bobinas de celuloide, completaron la edición de la película añadiéndole material directamente del Betacam de Spinell, consiguiendo de ese modo un montaje exacto al inicial, que permaneció inédito hasta esta edición videográfica. Entonces, el “The Undertaker” definitivo resulta ser una película cutre y chunga, que va saltando de la restauración del negativo en HD, que casi duele la vista de lo bien que se ve, al Betacam desgastado que también hace polvo a la vista pero por todo lo contrario, otorgándole un look general de lo más desconcertante y que le hace sumar un plus a la película; así parece más rara todavía.
La gracia de todo esto consiste mayormente en la historia que hay detrás y en las circunstancias de la misma, porque por lo demás, más allá de tratarse del legado del estupendo Joe Spinell, “The Undertaker” no es sino otro exploit de “Maniac” especialmente barato, que no resulta del todo aburrido, que cuenta con un par de secuencias escabrosas que pueden llegar a ser turbadoras. Ver a Joe Spinell intentando recuperar los laureles conseguidos años atrás, resulta un tanto patético y casi autoparódico, pero siempre es un placer verle sudar y mantener conversaciones misóginas con una buena ristra de cadáveres. Spinell, en cualquier caso, justifica el visionado de cualquier película que ose tenerle dentro.
Así que, no está tan mal. Un poco mal montada, le faltan planos, el final es abrupto e inesperado, pero se echa el ratillo, amen de tratarse de una rareza absoluta y, ni de lejos tan horrorosa como otros cientos de películas malas de terror que he tenido la suerte o desgracia de echarme a los ojos.