¡¡Epa!! con la realeza del más genuino "exploitation" hemos topado: Michael Findlay (firmando Mike para la ocasión), pareja de Roberta Findlay y padre de algunos films tan mitificados como desvergonzados. Justo, "Shriek of the mutilated" (¡titulazo!) es el que siguió al no menos cacareado "Slaughter / Snuff" (estrenado a posteriori por cuestiones "distribuiles" como tan bien explicó Víctor) y su última ficción propiamente dicha antes de pasar al porno y, aluego, palmar en aquel célebre accidente. Estamos ante puro "trash", serie Z de esa sobre la que resulta más interesante hablar / escribir que ver.
El profesor Prell anda loco por demostrar la existencia del yeti. Asegura haberlo visto una vez, durante una expedición en la que murieron la mayoría de acompañantes. Así, mete a un grupo de estudiantes en una furgo y se dirige a casa de un tipo que ha oído a la legendaria criatura gruñendo en plena noche. Una vez allí, los chavales irán cayendo bajo la ira de un "mostro" de aspecto muy muy muy lamentable.
Resulta harto curioso comprobar como los esquemas argumentales adscritos al género del terror siguen siendo, a día de hoy, los mismos que ya eran a mediados de los setenta. Sí, claro, siempre adaptados a la idiosincrasia del momento, pero sin mucha diferencia. Chavales / estudiantes estereotipados se apuntan a una expedición / aventura / búsqueda donde pagarán con sus vidas uno a uno. Sin más. Hasta cierto punto "Shriek of the mutilated" tendría algo de "slasher", sí. Solo que, por contra, reserva todo un giro final que se supone sorpresa, rompedor. Y lo es. Voy a evitar "espoilearlo", aunque algunos carteles oficiales ya se encargaron de hacerlo.
Los guionistas, Ed Adlum -también productor- y Ed Kelleher, venían de escribir -y Adlum dirigir- otro anti-clásico, "Invasion of the Blood Farmers". Kelleher no se desentendería demasiado del apellido Findlay cuando, muerto Michael, firmó algunos guiones para Roberta, en concreto los de "Sombras diabólicas" y "El poder del diablo". Ed Adlum, consciente del peso de su pasado "exploitativo", goza dando entrevistas repletas de anécdotas bien suculentas.
En cuanto a "Shriek of the mutilated", pues bueno, cumple a rajatabla con las de su especie. Muuuucho diálogo a base de interminables planos generales, aburrimiento a espuertas, actores tremendos (especialmente Jennifer Stock, sus berridos son de órdago. Tampoco el "indio tarado" tiene desperdicio. Y, como dato curioso, mentar al clon de Larry Fessenden), efectos especiales toscos disimulados a base de cortes rápidos, extremidades de maniquíes untados en tintanlux rojo y una banda sonora tirando de archivo o música libre de derechos (mucho Bela Bartok detecto por ahí) incorporada con la punta del nabo a las imágenes. Estas se las debemos, en cuestiones de cámara y fotografía, a Doña Roberta herself.
Quizás la escena más divertida sea aquella en la que un traumado superviviente de la expedición previa, rebana el cuello a su novia, y se mete en la bañera para limpiarse la sangre. Pero ella, que no está muerta del todo, se tomará la revancha. ¿Cómo? pues arrastrándose hasta el lavabo portando una ¿¿tostadora?? y tirándola al agua. No me pregunten cómo el enchufe da para tanto. Ni si habría sido más sencillo valerse de un utensilio cortante para ajusticiar a su asesino. Da igual, porque las risas obtenidas a cambio merecen la pena.
Mala de pelotas, sí, pero el cine incompetente de los setenta era una delicia comparado al de ahora. Ni lo duden.
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sábado, 10 de agosto de 2024
sábado, 28 de marzo de 2020
WENDIGO (ESCALOFRÍO)
Larry Fessenden me cae bien. Ver su calva prominente y su diente mellado en cualquier peli es garantía de gozo. Sin embargo, siempre he dicho que como director no vale un pimiento. Que se le da mejor apadrinar proyectos de otros, porque los suyos propios se saldan con malos resultados. Esta teoría, que los años han corroborado de manera harto dolorosa, comenzó con "Wendigo".
Leí por primera vez sobre ella en alguna página web yanki, y se me hacía la boca agua cuando la calificaban de "genuniamente aterradora". Vamos, que daba mucho yuyu en parte gracias a su condición humilde, su independencia, sus 16 mm y su preferencia por personajes humanos. El día que llegó a nuestros video-clubs como "Escalofrío" fue de manera totalmente inesperada. No tenía ni idea de que la iban a traer aquí. Buenos tiempos aquellos en los aún había sitio para las sorpresas. La alquilé raudo, corrí a casa a verla y ¡¡¡me aburrí como un demonio!!! Ni miedo, ni gaitas. Un coñazo de órdago. Y desde entonces, que he tenido mal concepto de ella y del Fessenden-Director. Pero ya saben que uno de mis hobbys actuales consiste en volver a deglutir aquellos films que en su momento no me funcionaron para confirmar esas virginales impresiones o, por el contrario, descubrir que la madurez, la experiencia y las canas me han ayudado a apreciarlas. Resumiendo, que he vuelto a ver "Wendigo" en una versión remasterizada en la que sus 16 mm lucen de maravilla.
Una familia al completo se traslada hasta una cabaña en plena Norteamérica profunda. Nada más llegar, tienen un encontronazo con unos cazadores bastante paletos (el inevitable mensaje ecologista, tan común en el Fessenden-Director, está bien presente a lo largo del relato). Parece que no, pero tan incómoda situación tendrá terribles consecuencias en el futuro. De mientras, un misterioso indio entrega al hijo pequeño del clan una figura de madera que representa a "Wendigo", un ser mitológico devorador de humanos y que, llegado el momento, será útil para acometer justicia.
Es como si John Cassavetes hubiese dirigido una de terror. Así la definía alguien hace poco y, ciertamente, me habría pensado si alquilarla o no de haberlo sabido en su día. Se trata de una apreciación totalmente certera. Más de la mitad de "Wendigo" se desarrolla como un retrato hiper-realista de la vida de una pareja y su hijo. Sus cotidianidades, conversaciones, etc. Además, al estar filmado todo en 16 mm y, eventualmente, con una cámara nerviosa que no escatima traqueteos, el efecto documental se percibe claramente. La diferencia es que, a ratos, muy a ratos, Fessenden salpica la historia de toques sobrenaturales, incluidas secuencias visualmente muy logradas de crudo stop-motion y otras virguerías que contrastan con el tono general. Y al final te percatas que estás viendo un corto alargado. Se podría haber explicado lo mismo en 25 minutos librándose de toda la paja. Es decir, las secuencias de "vida conyugal". Estas son las culpables de que nos aburramos. Porque estamos con lo de siempre, el que espere una de terror bostezará indiscriminadamente y el que quiera un drama naturista, se descolocará con las escenas puramente fantásticas. Una apuesta valiente y arriesgada que, como tal, se salda con un pequeño fracaso. Y es una verdadera lástima, porque "Wendigo" viene repletita de virtudes, pero están demasiado dispersas y son demasiado pocas como para que el todo termine por convencernos.
Tal vez lo mejor sea su tramo final, intenso y efectivo. Uno de los personajes principales se enfrenta a la muerte y, ciertamente, sufres con/por él/ellos. Te afecta. Cosa que debemos agradecer a las estupendas interpretaciones de Jake Weber y Patricia Clarkson.
Vale, no es la peor del desdentado, pero queda lejos de ser memorable.
Leí por primera vez sobre ella en alguna página web yanki, y se me hacía la boca agua cuando la calificaban de "genuniamente aterradora". Vamos, que daba mucho yuyu en parte gracias a su condición humilde, su independencia, sus 16 mm y su preferencia por personajes humanos. El día que llegó a nuestros video-clubs como "Escalofrío" fue de manera totalmente inesperada. No tenía ni idea de que la iban a traer aquí. Buenos tiempos aquellos en los aún había sitio para las sorpresas. La alquilé raudo, corrí a casa a verla y ¡¡¡me aburrí como un demonio!!! Ni miedo, ni gaitas. Un coñazo de órdago. Y desde entonces, que he tenido mal concepto de ella y del Fessenden-Director. Pero ya saben que uno de mis hobbys actuales consiste en volver a deglutir aquellos films que en su momento no me funcionaron para confirmar esas virginales impresiones o, por el contrario, descubrir que la madurez, la experiencia y las canas me han ayudado a apreciarlas. Resumiendo, que he vuelto a ver "Wendigo" en una versión remasterizada en la que sus 16 mm lucen de maravilla.
Una familia al completo se traslada hasta una cabaña en plena Norteamérica profunda. Nada más llegar, tienen un encontronazo con unos cazadores bastante paletos (el inevitable mensaje ecologista, tan común en el Fessenden-Director, está bien presente a lo largo del relato). Parece que no, pero tan incómoda situación tendrá terribles consecuencias en el futuro. De mientras, un misterioso indio entrega al hijo pequeño del clan una figura de madera que representa a "Wendigo", un ser mitológico devorador de humanos y que, llegado el momento, será útil para acometer justicia.
Es como si John Cassavetes hubiese dirigido una de terror. Así la definía alguien hace poco y, ciertamente, me habría pensado si alquilarla o no de haberlo sabido en su día. Se trata de una apreciación totalmente certera. Más de la mitad de "Wendigo" se desarrolla como un retrato hiper-realista de la vida de una pareja y su hijo. Sus cotidianidades, conversaciones, etc. Además, al estar filmado todo en 16 mm y, eventualmente, con una cámara nerviosa que no escatima traqueteos, el efecto documental se percibe claramente. La diferencia es que, a ratos, muy a ratos, Fessenden salpica la historia de toques sobrenaturales, incluidas secuencias visualmente muy logradas de crudo stop-motion y otras virguerías que contrastan con el tono general. Y al final te percatas que estás viendo un corto alargado. Se podría haber explicado lo mismo en 25 minutos librándose de toda la paja. Es decir, las secuencias de "vida conyugal". Estas son las culpables de que nos aburramos. Porque estamos con lo de siempre, el que espere una de terror bostezará indiscriminadamente y el que quiera un drama naturista, se descolocará con las escenas puramente fantásticas. Una apuesta valiente y arriesgada que, como tal, se salda con un pequeño fracaso. Y es una verdadera lástima, porque "Wendigo" viene repletita de virtudes, pero están demasiado dispersas y son demasiado pocas como para que el todo termine por convencernos.
Tal vez lo mejor sea su tramo final, intenso y efectivo. Uno de los personajes principales se enfrenta a la muerte y, ciertamente, sufres con/por él/ellos. Te afecta. Cosa que debemos agradecer a las estupendas interpretaciones de Jake Weber y Patricia Clarkson.
Vale, no es la peor del desdentado, pero queda lejos de ser memorable.
sábado, 30 de noviembre de 2019
LOS MUERTOS NO MUEREN
Que Jim Jarmusch hiciera una peli de vampiros melodramáticos ("Sólo los amantes sobreviven") tenía cierto sentido. Pero que se apuntara, aunque tardíamente, a la moda del cine de zombies o, si lo prefieren, la comedia zombie, fue algo que, cuando me enteré, no me podía creer. Daba la sensación de que el cineasta, auténtico estandarte de lo que algunos consideran discutiblemente cine "independiente", había tirado la toalla. ¿Estaba Jarmusch deseando meterse en terrenos más comerciales?. ¿Buscaba alguna clase de éxito "mainstream"?. Era todo muy raro. Y más cuando al repasar el reparto encontrabas una ristra de nombres realmente impresionantes, muchos de los cuales llevaban colaborando con el cineasta desde hacía lustros: Bill Murray, Adam Driver, Tom Waits, Chloë Sevigny, Steve Buscemi, Danny Glover, RZA, Rosie Perez, Carol Kane, Tilda Swinton, Sara Driver, Iggy Pop, Selena Gomez y Larry Fessenden (que de alguna manera vendría a ser "el Jim Jarmusch del cine de terror"). ¿Y qué me dicen de su público?. Jarmusch lleva haciendo el mismo tipo de película desde que destacó en sus tiempos con "Extraños en el paraíso" y recuerdo perfectamente, en los 90, una revista super-pedante -"Kinos"- con unos "diez mandamientos cinéfilos" donde encontrabas uno que decía "Adorarás a Jarmusch, Hartley y los Coen". ¿Qué pensarían esos gilipollas de semejante proyecto? Me habría encantado conocer la respuesta.
Aquí la gran incógnita consistía en saber si "Los muertos no mueren" iba a ser una peli muy Jarmuschiana o no. Con sus habituales ritmos reposados, su estética elemental pero elegante y esos diálogos a medio gas tan característicos. ¿Habría gore, habrían imágenes de zombies devorando entrañas?. El trailer no aclaraba mucho la situación y echaba más leña al fuego, especialmente viendo a una Tilda Swinton vestida de samurai dispuesta a recortar extremidades de muertos vivientes. Todo muy muy loco. Me moría de ganas de saciar mi curiosidad.
"Los muertos no mueren" cuenta la historia de un pueblecito asediado por una horda de cadáveres resurrectos. Se han levantado de sus tumbas porque el eje de la tierra se ha desplazado. Veremos como los diferentes y peculiares habitantes, desde el sheriff al racista de turno, pasando por un "fricazo" fan del cine de terror, afrontan tan apocalíptica situación.
¿Por dónde empezar? Sí, Jim Jarmusch se mantiene fiel a sus preceptos. Aunque de un modo más ligero, no tan extremo. Tal y como he leído por ahí, puede que sea su película más accesible. Y es cierto. Pero también que sigue habiendo mucho del cineasta en ella. En esencia es una comedia, rara, como lo eran algunas de sus pelis precedentes, solo que en este caso el humor es increíblemente tonto. Chorra incluso. Con gags elementales, casi infantiles. Completan la tarta unas pocas coñas de metacine y gotitas de ciencia-ficción.
Pero la verdad es que todo ello mola. Funciona. No aburre, lo que en una obra Jarmuschiana ya es mucho. Y dispone de algunos momentos muy inspirados, y divertidos, como la secuencia en la que los policías descubren unos cadáveres en la cafetería. Puro Jarmusch. O los pasajes truculentos, que los hay y no son moco de pavo, aunque cuando los zombies mueren no sueltan sangre, sino polvos negros.
Sorprenden también los guiños "friquis". Desde posters en paredes, a citas directas. La más llamativa es que Adam Driver tenga como llavero una nave imperial de "Star Wars". Más propia de Kevin Smith que de Jarmusch. Aparece Selena Gomez interpretando a lo que uno de los personajes tilda de "hipster", irónico "palo" viniendo de un cineasta que en su época era un "hipster" puro cuyo cine atraía, esencialmente, a los "hipsters" del momento.
Tal vez lo peor sea el extremadamente evidente, básico y previsible elemento crítico contra la sociedad consumista. No sabemos si es parte de la guasa como guiño al cine zombie de George A. Romero o algo genuino que Jarmusch pretende expresar. Pero se perdona, porque, al final, resulta que "Los muertos no mueren" está un rato bien. Te entretiene, te hace reír, goza de un excelente desenlace y, en definitiva, disfrutas semejante marcianada que, no por saciada la curiosidad, deja de ser un perro verde en la filmografía de su director.
Aquí la gran incógnita consistía en saber si "Los muertos no mueren" iba a ser una peli muy Jarmuschiana o no. Con sus habituales ritmos reposados, su estética elemental pero elegante y esos diálogos a medio gas tan característicos. ¿Habría gore, habrían imágenes de zombies devorando entrañas?. El trailer no aclaraba mucho la situación y echaba más leña al fuego, especialmente viendo a una Tilda Swinton vestida de samurai dispuesta a recortar extremidades de muertos vivientes. Todo muy muy loco. Me moría de ganas de saciar mi curiosidad.
"Los muertos no mueren" cuenta la historia de un pueblecito asediado por una horda de cadáveres resurrectos. Se han levantado de sus tumbas porque el eje de la tierra se ha desplazado. Veremos como los diferentes y peculiares habitantes, desde el sheriff al racista de turno, pasando por un "fricazo" fan del cine de terror, afrontan tan apocalíptica situación.
¿Por dónde empezar? Sí, Jim Jarmusch se mantiene fiel a sus preceptos. Aunque de un modo más ligero, no tan extremo. Tal y como he leído por ahí, puede que sea su película más accesible. Y es cierto. Pero también que sigue habiendo mucho del cineasta en ella. En esencia es una comedia, rara, como lo eran algunas de sus pelis precedentes, solo que en este caso el humor es increíblemente tonto. Chorra incluso. Con gags elementales, casi infantiles. Completan la tarta unas pocas coñas de metacine y gotitas de ciencia-ficción.
Pero la verdad es que todo ello mola. Funciona. No aburre, lo que en una obra Jarmuschiana ya es mucho. Y dispone de algunos momentos muy inspirados, y divertidos, como la secuencia en la que los policías descubren unos cadáveres en la cafetería. Puro Jarmusch. O los pasajes truculentos, que los hay y no son moco de pavo, aunque cuando los zombies mueren no sueltan sangre, sino polvos negros.
Sorprenden también los guiños "friquis". Desde posters en paredes, a citas directas. La más llamativa es que Adam Driver tenga como llavero una nave imperial de "Star Wars". Más propia de Kevin Smith que de Jarmusch. Aparece Selena Gomez interpretando a lo que uno de los personajes tilda de "hipster", irónico "palo" viniendo de un cineasta que en su época era un "hipster" puro cuyo cine atraía, esencialmente, a los "hipsters" del momento.
Tal vez lo peor sea el extremadamente evidente, básico y previsible elemento crítico contra la sociedad consumista. No sabemos si es parte de la guasa como guiño al cine zombie de George A. Romero o algo genuino que Jarmusch pretende expresar. Pero se perdona, porque, al final, resulta que "Los muertos no mueren" está un rato bien. Te entretiene, te hace reír, goza de un excelente desenlace y, en definitiva, disfrutas semejante marcianada que, no por saciada la curiosidad, deja de ser un perro verde en la filmografía de su director.
sábado, 16 de febrero de 2019
SESIÓN DOBLE : AMITYVILLE 2, LA POSESIÓN + TODAVÍA ESTAMOS AQUÍ
AMITYVILLE 2, LA POSESIÓN : Hay que afrontarlo: "Terror en Amityville", la película que todo lo inauguró, es aburrida. Y ha envejecido mal. Para mí la mejor de toda la -larguísima- franquicia (legal o no) es su segunda entrega que, curiosamente, se trata de una precuela en la que se narran los hechos acontecidos en el famoso caserón encantado y que desencadenaron todo lo chungo que vino después, de cómo el hijo mayor de la familia se volvió tarumba mal aconsejado por espíritus malignos y los mató a todos con un rifle. Así pues, durante buena parte del metraje lo que vemos es un culebrón sobre las movidas que se desarrollan entre los integrantes del clan. Si ya no se llevan demasiado bien de por sí, en especial gracias a ese padre bruto y gruñón (interpretado por el entrañable Burt Young), todo empeora a partir de que se instalan en la casa. Más cuando un cura hace acto de presencia. Y muchísimo más cuando el hijo es poseído en una secuencia indudablemente inspirada -o copiada- de los delirios de Bruce Campbell/"Ash" en la parte final de "Posesión Infernal" (VER).
Si algo hace destacar a "Amityville 2" sobre el resto de sus hermanas es la mala folla que destila el guión de, nada menos, Tommy Lee Wallace -según el libro homónimo-, alumno de Carpenter y, entonces, futuro director de "Halloween 3", "Noche de miedo 2" o el televisivo "It". Dejando a un lado la atmósfera incómoda y hasta desagradable, y las intensas secuencias de explosiva violencia durante las broncas familiares, tenemos el perverso momento en que el hijo poseído seduce y se tira a su hermana menor (la encantadora Diane Franklin). Decir que el material era mucho más extenso y "gráfico", pero fue recortado por sus responsables conscientes de lo incómodo que resultaba, lo mismo que cierta secuencia en la que el padre violaba analmente a la madre.
Tal vez sea después de la masacre familiar, y con el sobreactuado cura enfrentándose al poseído en un notable estallido de efectos de maquillaje, cuando la película se torna menos
interesante. Aún así no pierde ese áurea enfermiza que la caracteriza y, opino, ha contribuido a que se conserve tan bien a pesar del paso de los años.Manda Damiano Damiani, el típico director con aspiraciones "autoriles" que se fue a los USA a triunfar y acabó convertido, por esta ocasión, en artesano competente.
TODAVÍA ESTAMOS AQUÍ : Estamos ante una de las pocas películas modernas de horror por las que siento genuino aprecio. Contribuyen a ello, y no poco, la estupenda caratula y la no menos estupenda funda roja del blu-ray. Parece que no, pero esos detallitos aportan.
Una pareja veterana y torturada por la reciente muerte de su hijo, se instala en un bonito pero tétrico caserón en medio del monte nevado. No tardarán demasiado en sentir una presencia... o dos. ¿Es el hijo fallecido u otra cosa?. Con la visita de una segunda pareja de místicos/parapsicólogos, todo comenzará a desmadrarse y saldrá a la luz un oscuro secreto oculto.
Lo que sorprende de "Todavía estamos aquí" es su arranque reposado y hasta fotográficamente bonito (un poco en la línea del primer Ti West) que contrasta con la salpicante explosión de truculencia final en la que las paredes de la casa quedan teñidas de rojo. Tanto una parte como la otra están perfectamente amuebladas y funcionan en lo suyo, por separado y en comunión. Es directa, concisa, no se va por derroteros ni satura. Empatizas con los personajes y el diseño de los fantasmas es excelente y original (en parte cortesía de Marcus Koch, interesante hombre de efectos especiales con una carrera paralela como director ultra-indie/semi-underground).
Destacar muy mucho la presencia de Barbara "Re-Animator" Crampton, del carismático Larry Fessenden y Lisa "ex musa de Tim Burton" Marie.
Ted Geoghegan, guionista y director, oculta un curioso pero perfectamente ignorable pasado ligado a producciones ultra-gore alemanas.
"Todavía estamos aquí" es, en su sencillez y honestidad (el propio director comenta sin cortarse que roba el argumento del "Aquella casa al lado del cementerio" de Fulci, a lo que yo añado "Sí, pero no"), una pequeña película estupenda y altamente recomendable para aquellos que busquen esa cosa cada día más esquiva que es el buen cine de terror.
sábado, 11 de febrero de 2017
BEYOND THE GATES
Con la bendita nostalgia hemos topado, amiguitos. "Beyond the gates" es un homenaje a.... ¡sí!, los años 80. ¡Qué novedad!.
Entre las muchas cosas tributadas, tenemos las famosas -y muy añoradas en USA- "mom and pop stores", es decir, tiendas cuyos propietarios eran humildes familias que se destacaban por disponer en sus estantes de, entre otras cosas, materia prima para inadaptados, incluyendo, sobre todo, roñosas cintas de vídeo con fines alquilables. Eran la alternativa a las grandes cadenas de video-clubs y, por ende, refugio de subproductos y, muy especialmente, videoastas que grababan con una cámara vhs al hombro pelis de terror en el patio trasero de su puta casa. De hecho, la acción del film arranca en una de estas tiendas, cuyo propietario ha desaparecido y sus hijos, dos jovenzuelos muy distintos y que, de entrada, no se llevan muy bien, acuden con el fin de hacer limpieza. Es hurgando entre la mierda cuando encuentran lo que será el segundo tributado de la velada, los juegos de mesa, especialmente aquellos de temática terrorífica que iban acompañados de un vídeo en el que un "host" guiaba a los jugadores. Como "Atmosfear", el más popular -¿o el único?- que llegó a estos lares. Y aquí entra en escena el tercer guiño ochentero, Barbara Crampton, la preciosa rubia que protagonizó clásicos horroríficos de la década como "Re-Animator" o "Re-Sonator".
El caso es que, a lo tonto, los hermanos y la novia de uno de ellos terminan jugando al juego. Se dan cuenta y asumen que conlleva algo sobrenatural y tiran millas porque la rubia del vídeo les ha dicho que si ganan, salvarán el alma de su padre que, obvio, desapareció cuando se vició con el pasatiempo. Y ahí tenemos la trama de base, ir superando pruebas para agenciarse llaves, abrir puertas y llegar de una pieza hasta el final. Evidentemente todo se desarrolla en una casa, no en mundos paralelos ni nada que se le parezca, se limitan a colar cuatro luces de colores, algo de niebla y ¡alehop!, ya tenemos una dimensión desconocida. Y ahí está uno de los puntos flacos más sonoros de "Beyond the gates". Si no tienes recursos económicos, procura no aspirar a cotas demasiado altas. Y mientras a nivel generalista la peli es mitad guiño al horror truculento de hace 30 años (lo que conlleva algunos escasos e inspirados momentos de gore bien espectacular), la otra mitad huele a homenaje al cine de fantasía Spielbergiana. Es en este apartado cuando la cosa comienza a cantar peligrosamente. Mezclar ambas tendencias parece una idea algo indigesta, y lo es, claro que igual en otras manos hubiese funcionado mejor. Aquí el resultado se parece más a un cocktail entre el intimismo "indie" de un Ti West / Larry Fessenden y el Charles Band de cuando la "Empire" dominaba los video-clubs. Y los créditos de "Beyond the gates" ayudan a semejante impresión. Encima aliñados por un tema musical que parece compuesto por todo un Chuck Cirino.
El resultado es una peli desigual. Con sus buenos momentos, su gracejo y tal, pero que no encuentra un equilibrio. La trama fantasiosa es demasiado tontuna y casa mal con los destellos serios, hasta el extremo de aproximarse a la comedia involuntaria. Sí, los guiños ochenteros molan y despiertan entrañables memorys en este anciano (cito dos más: cuando localizan un viejo "slasher" en VHS y comentan entusiasmados el crimen más llamativo del mismo, o el tipo que entra en un anticuario y, directamente, pide "Algo de los 80") pero, como ya he dicho otras veces, a mi no se me compra tan fácilmente.
Protagoniza el entuerto Graham Skipper, salido de las películas de Joe Begos (y con una curiosa carrera paralela como director de pelis casi amateurs facturadas en vídeo).
Entre las muchas cosas tributadas, tenemos las famosas -y muy añoradas en USA- "mom and pop stores", es decir, tiendas cuyos propietarios eran humildes familias que se destacaban por disponer en sus estantes de, entre otras cosas, materia prima para inadaptados, incluyendo, sobre todo, roñosas cintas de vídeo con fines alquilables. Eran la alternativa a las grandes cadenas de video-clubs y, por ende, refugio de subproductos y, muy especialmente, videoastas que grababan con una cámara vhs al hombro pelis de terror en el patio trasero de su puta casa. De hecho, la acción del film arranca en una de estas tiendas, cuyo propietario ha desaparecido y sus hijos, dos jovenzuelos muy distintos y que, de entrada, no se llevan muy bien, acuden con el fin de hacer limpieza. Es hurgando entre la mierda cuando encuentran lo que será el segundo tributado de la velada, los juegos de mesa, especialmente aquellos de temática terrorífica que iban acompañados de un vídeo en el que un "host" guiaba a los jugadores. Como "Atmosfear", el más popular -¿o el único?- que llegó a estos lares. Y aquí entra en escena el tercer guiño ochentero, Barbara Crampton, la preciosa rubia que protagonizó clásicos horroríficos de la década como "Re-Animator" o "Re-Sonator".
El caso es que, a lo tonto, los hermanos y la novia de uno de ellos terminan jugando al juego. Se dan cuenta y asumen que conlleva algo sobrenatural y tiran millas porque la rubia del vídeo les ha dicho que si ganan, salvarán el alma de su padre que, obvio, desapareció cuando se vició con el pasatiempo. Y ahí tenemos la trama de base, ir superando pruebas para agenciarse llaves, abrir puertas y llegar de una pieza hasta el final. Evidentemente todo se desarrolla en una casa, no en mundos paralelos ni nada que se le parezca, se limitan a colar cuatro luces de colores, algo de niebla y ¡alehop!, ya tenemos una dimensión desconocida. Y ahí está uno de los puntos flacos más sonoros de "Beyond the gates". Si no tienes recursos económicos, procura no aspirar a cotas demasiado altas. Y mientras a nivel generalista la peli es mitad guiño al horror truculento de hace 30 años (lo que conlleva algunos escasos e inspirados momentos de gore bien espectacular), la otra mitad huele a homenaje al cine de fantasía Spielbergiana. Es en este apartado cuando la cosa comienza a cantar peligrosamente. Mezclar ambas tendencias parece una idea algo indigesta, y lo es, claro que igual en otras manos hubiese funcionado mejor. Aquí el resultado se parece más a un cocktail entre el intimismo "indie" de un Ti West / Larry Fessenden y el Charles Band de cuando la "Empire" dominaba los video-clubs. Y los créditos de "Beyond the gates" ayudan a semejante impresión. Encima aliñados por un tema musical que parece compuesto por todo un Chuck Cirino.
El resultado es una peli desigual. Con sus buenos momentos, su gracejo y tal, pero que no encuentra un equilibrio. La trama fantasiosa es demasiado tontuna y casa mal con los destellos serios, hasta el extremo de aproximarse a la comedia involuntaria. Sí, los guiños ochenteros molan y despiertan entrañables memorys en este anciano (cito dos más: cuando localizan un viejo "slasher" en VHS y comentan entusiasmados el crimen más llamativo del mismo, o el tipo que entra en un anticuario y, directamente, pide "Algo de los 80") pero, como ya he dicho otras veces, a mi no se me compra tan fácilmente.
Protagoniza el entuerto Graham Skipper, salido de las películas de Joe Begos (y con una curiosa carrera paralela como director de pelis casi amateurs facturadas en vídeo).
martes, 3 de julio de 2012
SESSION 9
La primera vez que vi "Session 9" fue en el Festival de Sitges. No tenía ni idea de a qué me enfrentaba, y me gustó, me impactó. Compré el dvd y desde entonces la habré visto unas cuantas veces más. Incluso se la he puesto a alguna ex esperando que la disfrutara tanto como yo. Aunque "Session 9" no siempre funciona, es de esas películas que te tiene que pillar en el momento adecuado. La penúltima vez me resultó un poco más pesada, sin embargo, ayer noche, la última de momento, fue a través de un inesperado pase en la televisión y me entró cojonudamente bien, puede que incluso mejor de lo que lo hizo la primera vez, en Sitges. ¿Por qué pasa eso?, seguramente porque "Session 9" sea, ante todo, una película de atmósfera, pura y dura, que se toma su lógico y necesario tiempo, un paso este ineludible y obligado si quieres que el público se empape de sus sensaciones. A veces funciona mejor, a veces peor, pero cuando lo hace, es tremendo.
Un grupo de currelas es contratado para limpiar las corroídas estancias de un imponente manicomio abandonado. Pronto, comenzarán a surgir asperezas entre ellos, incrementadas por el extraño comportamiento del patrón y el descubrimiento de nueve cintas que contienen la entrevista con un escalofriante paciente y obsesionarán a uno de los trabajadores. Algo se oculta en el manicomio... pero ¿qué?.
¿Por dónde empiezo?. Existe una palabra en inglés ideal para describir "Session 9", pero que no tiene una traducción adecuada, y es "creepy". Nosotros podríamos decir macabra, angustiosa... pero sobre todo inquietante. A pesar de su reparto realmente cojonudo (David Caruso, Stephen Gevedon, Paul Guilfoyle, Josh Lucas, Peter Mullan y un papelillo para el actor/director Larry Fessenden. La demostración definitiva de que, lo único que necesitas para que una peli de miedo funcione, son buenas interpretaciones. No hay ninguna mujer en un papel relevante, ¿por qué?, sencillamente porque no hacen falta en esta historia), el auténtico protagonista es el fabulosamente siniestro manicomio abandonado, totalmente real y que necesitó de muy pocos retoques posteriores por parte del decorador. De ahí que "Session 9" fuera una de las primeras películas "oficiales" rodada en vídeo de alta definición. Ti West, cuando hizo "The Roost", dijo que la filmaba en 16mm porque era el único modo de recrearse en la oscuridad como algo tenebroso y misterioso. Estoy de acuerdo a medias. El vídeo, que no necesita de excesivas alteraciones lumínicas para funcionar correctamente, es el formato ideal para rodar a oscuras y que no parezca artificial. Cientos de pelis del palo "found footage" lo demuestran. La estética visual de "Session 9" es fabulosa y aporta mucho a su atmósfera. Al ser tan clara y cristalina, le da un rollo que funciona muy bien, especialmente en las secuencias situadas en los más siniestros recovecos del lugar.
También resulta brillante el montaje. Hay secuencias que realmente funcionan como un reloj gracias a la combinación de planos y sonido (esto segundo es esencial en toda buena muestra de cine de terror, y aquí se lo curran mogollón). Y os diré algo, no soy para nada un obseso de la versión original, pero "Session 9", en su idioma real y subtítulos, gana muchísimo. Primero porque encaja con la naturalidad de los actores, y segundo, porque las famosas cintas que escucha uno de los protagonistas en v.o. son genuinamente terroríficas gracias a esas voces graves repletas de imprevisibles silencios y cambios de tono, acordes a la esquizofrénica personalidad del entrevistado. De cagarse!.
Todavía existe gente que te suelta aquello de "Ya no se hacen pelis de miedo de verdad". Sí se hacen, y se han hecho, "Session 9" es EXACTAMENTE eso. Una peli de miedo, que da miedo y encima está cojonudamente parida a todos los niveles. Ayer noche tuve un buen puñado de escalofríos viéndola. Tal vez el desenlace sea su único punto flojo, pero no importa mucho, porque sigue siendo bueno. De por medio, hay un montón de material para el recuerdo -y el acojoncio- como la visita nocturna que uno de los empleados hace al manicomio y sus terribles consecuencias (¡esas palomas y esa silueta negra!, ¡¡uuughh!!), el paseo que David Caruso se marca linterna en mano por un aterrador y lúgubre pasillo, el niñato jevi -y su nictofobia- huyendo del imparable apagón de las luces, los inquietantes diálogos que el "malo" se marca consigo mismo, la imagen de este con el uniforme de trabajo teñido de sangre..... y la música, la brillante banda sonora IDEAL para una peli como esta y que acentúa muchas de las secuencias más terroríficas, además de contribuir a la intranquilidad general.
Un gran gran trabajo de Brad Anderson, tan grande, que nunca ha sabido estar a la altura de nuevo. Sus siguientes aportaciones se mueven entre lo potable ("El maquinista") y lo muy muy mediocre ("Transsiberian"), aunque con puntuales destellos de inspiración. "Session 9" es su obra maestra, una película genuinamente de miedo, genuinamente inquietante, de pura atmósfera y altamente recomendable.
Un grupo de currelas es contratado para limpiar las corroídas estancias de un imponente manicomio abandonado. Pronto, comenzarán a surgir asperezas entre ellos, incrementadas por el extraño comportamiento del patrón y el descubrimiento de nueve cintas que contienen la entrevista con un escalofriante paciente y obsesionarán a uno de los trabajadores. Algo se oculta en el manicomio... pero ¿qué?.
¿Por dónde empiezo?. Existe una palabra en inglés ideal para describir "Session 9", pero que no tiene una traducción adecuada, y es "creepy". Nosotros podríamos decir macabra, angustiosa... pero sobre todo inquietante. A pesar de su reparto realmente cojonudo (David Caruso, Stephen Gevedon, Paul Guilfoyle, Josh Lucas, Peter Mullan y un papelillo para el actor/director Larry Fessenden. La demostración definitiva de que, lo único que necesitas para que una peli de miedo funcione, son buenas interpretaciones. No hay ninguna mujer en un papel relevante, ¿por qué?, sencillamente porque no hacen falta en esta historia), el auténtico protagonista es el fabulosamente siniestro manicomio abandonado, totalmente real y que necesitó de muy pocos retoques posteriores por parte del decorador. De ahí que "Session 9" fuera una de las primeras películas "oficiales" rodada en vídeo de alta definición. Ti West, cuando hizo "The Roost", dijo que la filmaba en 16mm porque era el único modo de recrearse en la oscuridad como algo tenebroso y misterioso. Estoy de acuerdo a medias. El vídeo, que no necesita de excesivas alteraciones lumínicas para funcionar correctamente, es el formato ideal para rodar a oscuras y que no parezca artificial. Cientos de pelis del palo "found footage" lo demuestran. La estética visual de "Session 9" es fabulosa y aporta mucho a su atmósfera. Al ser tan clara y cristalina, le da un rollo que funciona muy bien, especialmente en las secuencias situadas en los más siniestros recovecos del lugar.
También resulta brillante el montaje. Hay secuencias que realmente funcionan como un reloj gracias a la combinación de planos y sonido (esto segundo es esencial en toda buena muestra de cine de terror, y aquí se lo curran mogollón). Y os diré algo, no soy para nada un obseso de la versión original, pero "Session 9", en su idioma real y subtítulos, gana muchísimo. Primero porque encaja con la naturalidad de los actores, y segundo, porque las famosas cintas que escucha uno de los protagonistas en v.o. son genuinamente terroríficas gracias a esas voces graves repletas de imprevisibles silencios y cambios de tono, acordes a la esquizofrénica personalidad del entrevistado. De cagarse!.
Todavía existe gente que te suelta aquello de "Ya no se hacen pelis de miedo de verdad". Sí se hacen, y se han hecho, "Session 9" es EXACTAMENTE eso. Una peli de miedo, que da miedo y encima está cojonudamente parida a todos los niveles. Ayer noche tuve un buen puñado de escalofríos viéndola. Tal vez el desenlace sea su único punto flojo, pero no importa mucho, porque sigue siendo bueno. De por medio, hay un montón de material para el recuerdo -y el acojoncio- como la visita nocturna que uno de los empleados hace al manicomio y sus terribles consecuencias (¡esas palomas y esa silueta negra!, ¡¡uuughh!!), el paseo que David Caruso se marca linterna en mano por un aterrador y lúgubre pasillo, el niñato jevi -y su nictofobia- huyendo del imparable apagón de las luces, los inquietantes diálogos que el "malo" se marca consigo mismo, la imagen de este con el uniforme de trabajo teñido de sangre..... y la música, la brillante banda sonora IDEAL para una peli como esta y que acentúa muchas de las secuencias más terroríficas, además de contribuir a la intranquilidad general.
Un gran gran trabajo de Brad Anderson, tan grande, que nunca ha sabido estar a la altura de nuevo. Sus siguientes aportaciones se mueven entre lo potable ("El maquinista") y lo muy muy mediocre ("Transsiberian"), aunque con puntuales destellos de inspiración. "Session 9" es su obra maestra, una película genuinamente de miedo, genuinamente inquietante, de pura atmósfera y altamente recomendable.
domingo, 16 de enero de 2011
THE LAST WINTER
Corría inicios del 2000, pongan 2001 o 2002, cuando descubrí la existencia de "Wendigo". De ella decían que se había rodado en plan "cine indie" (como infraestructura y etiqueta), en 16mm, dando más importancia a los personajes y a la atmósfera que al susto fácil o los efectos especiales y que, por ello, funcionaba muy bien en el terreno del miedo. Su director se llamaba Larry Fessenden. Cuando finalmente me hice con ella en un video-club del barrio bajo el título de "Escalofrío", tuve una enorme decepción.A mi si hay algo que me gusta es pasar cague viendo una peli. Y si hay algo que me funciona, es la atmósfera, una de tirón inquitante. Lo prefiero al mejor chorro de sangre o al mejor monstruo de látex (y cuidao! que estas dos cosas también me molan muchísimo). Eso, miedo/atmósfera, es justamente de lo que van huérfanas muchas de las pelis de terror modernas. ¿Por qué?, porque para darle forma el director necesita tomarse su tiempo, es decir, ir poco a poco. Lentitud. Y si hay algo que hoy día las plateas no soportan es una peli lenta, y más si esta pertenece al género del terror y aledaños. Bien, a mi eso no me pasa. Si la atmósfera está bien construida, no tengo ningún problema en que el film sea reposado. Pero fíjense que he dicho "Si la...". ¿Qué ocurre?, que cuando no está bien ejecutado el asunto, me aburro más que el mayor paleto de entre los poligoneros cuando se meten en el cine sin saber lo que les espera. Fessenden no sabe hacerlo. Es algo que tengo especialmente claro tras visionar el trabajo de, justamente, uno de sus protegidos, Ti West. Digamos que West es la versión correcta de Larry Fessenden, juega con sus mismas cartas, pero sabe proceder mucho mejor. Por eso "Wendigo" fue una decepción. Y por eso "The last winter" también lo ha sido.
Construida como un panfleto ecologista (a Fessenden le tira mucho este tema... casi tanto como empinar el codo), "The last winter" narra la historia de unos tipos que habitan una base en Alaska, rodeados de nieve, y de como los elementos se revelan contra ellos (ya que pretenden perforar para sacar petróleo) volviéndoles tarumbas y haciéndoles hacer cosas raras. ¿"La Cosa"?, ¿"El Resplandor"?... naaaah!!.
Y claro, el director se llama Larry Fessenden. ¿Qué significa?, que la lentitud en "The last winter" se mete en los huesos tanto como el frío lo hace en sus protagonistas, que su "sin sentido" de tirón arty, su filosofía de baratillo, su estética y su TODO trabajan a todo gas contra la misma película. Al final, lo único que ha logrado es hacernos bostezar mortalmente durante 90 minutos. Y es que encima, lo poco llamativo que hay, está parido con el culo. Ese flash-back a la niñez de uno de los actores cuando muere es ridículo, especialmente porque está tomado en serio.
En el reparto destacan los salientes morros de Ron Perlman y James LeGros (de "Phantasma 2"). Evitable.
PD: ¿"The scariest movie of the year"?, ¡aaanda, no me toques las pelotas!.
domingo, 14 de febrero de 2010
CABIN FEVER 2: SPRING FEVER
Secuela directa para dvd del logrado debút en el largometraje de Eli Roth, que esta vez sitúa la acción en un instituto, durante el baile de graduación y con un ponche infectado del virus que pudre la piel (entre otras substancias). Así que ya os podéis imaginar el percal.Hace tiempo que se iban oyendo rumores del parimiento de esta peli, y es que por lo visto han tenido sus problemas a la hora de decidirse por un producto acabado. En parte ello se debe a su realizador, el prometedor Ti West, quien tras "The Roost" pero, sobre todo, "The house of the devil", ha demostrado tener la suficiente capacidad para no limitarse a dirigir encargos y secuelas inferiores para formato dvd. De hecho, el mayor problema de "Cabin Fever 2" es que notas que el director no está en su salsa. Decía West que cuando empezó con el proyecto, se planteó tirar adelante una comedia al estilo "Rock and Roll High School" (el vehículo para los "Ramones". Suena una versión de un tema suyo en la peli de la que ahora les hablo) o del primer John Waters. Bien, ¡excusas!... seamos francos, Ti West, macho, no estás hecho para la comedia, ni para los productos destinados a calentar la entrepierna de los adolescentes. Ver "Cabin Fever 2" es como ver al empollón de la clase intentar comportarse como un gamberro... falta naturalidad, falta convicción, falta garra. Y un final menos atolondrado y absurdo.
La peli está bien, no diré que no, y es entretenida a su manera, pero todos los elementos cómicos y escatológicos (que son muchísimos, a destacar ese plano de una polla echando pus) son taaaaan forzados y taaaan previsibles, que terminan por resultar fríos, artificiales, y no convencen. Ti West se sabe mover mucho mejor entre oscuridad, creando atmósferas, regodeándose en el tempo pausado... y "Cabin Fever 2" pide todo lo opuesto, pide color, alegría, descerebre, cachondeo... algo para lo que este talento innato no está concebido. Y ahí es donde más flojea la peli. Incluso en su intento -fallido- de recrear el rollo ochentero.
Repite de la -muy superior- peli original ese interesantísimo elemento llamado Giuseppe Andrews, que cuando no actúa en films normales, hace los suyos propios con una mini-DV, escribe y compone música en un cuatro pistas. Mola. Por ahí también asoma Larry Fessenden, algo así como el "apadrinador" de West.
No quiero sonar aguafiestas, "Cabin Fever 2" es perfectamente visible, tiene sus buenas dosis de gore (sobre todo vómitos, los hay para parar un tren) y algunos notables puntazos, como los créditos en dibujos animados y la música que los acompaña... lo que ocurre es que yo del director de "The house of the devil" me esperaba bastante más.
lunes, 30 de noviembre de 2009
THE ROOST
Larry Fessenden es un personaje muy interesante. La aparente perfecta combinación entre "auteur" y cineasta de género (con especial predilección por el fantástico y el terror). ¿En qué se traduce ello?, en un director que hace el tipo de pelis que nos molan, pero desde la independencia y con una individualidad creativa que le da la libertad de rodar lo que quiera, sin depender de las demandas del mercado y poder marcarse detalles más personales, que dan a su cine un toque diferente y, encima, lo aproximan a dos épocas ya pasadas (70 y 80) en las que el género gozaba de mejor salud. Lástima que, por lo demás, lo que hace Fessenden me parece un coñazo (al menos lo que he visto).Suerte tenemos de Ti West, que no porque sí es algo así como el "protegido" de Fessenden, y su versión mejorada, aunque sólo sea porque, por edad (West está a punto de cumplir 30, si no lo ha hecho ya), sus influencias son, simple y llanamente, el cine de terror de los 70 y 80. Como ya dije en la reseña de su estupendísima película "The house of the devil", West no se limita a homenajear aquellas pelis al estilo Tarantino / Rodriguez, es decir, metiendo humor y muchas estridencias estéticas para que el público actual no se agobie... Ti West lo recrea de modo honesto y real, respetándolo, aunque ello suponga apostar sin miedo por un tempo pausado cuyo fin es crear una atmósfera, evitar moderneces (eso incluye el abuso de CGI) y permitirse flipadas tan cojonudas como rodar este "The Roost" con una cámara de 16 mm puesta en el hombro o inspirarse en el "Dogma" de Lars Von Trier para su aportación al cine de supervivencia con "Trigger Man". Ello le ha marcado como la peste entre los fans más cerrados del horror, pero se la trae floja, no tiene ningún problema en tildar de experimental a algunas de sus obras y en considerarse a sí mismo más como parte de la comunidad de cine independiente que del género específico del horror.
Centrándonos en "The Roost" (su primer largo, del que había oído hablar no demasiado bien), es interesante señalar que ya nos encontramos algunas de las señas de identidad que tan bien funcionaban en "The house of the devil", aún no del todo pulidas. Un film de horror con la oscuridad como verdadero protagonista. Por eso, como decía arriba, West se vale del formato de los 16 mm para dotar a lo rodado de una crudeza y suciedad (ese maravilloso y, a ratos, super-llamativo grano) que nos retrotrae totalmente a parte del horror de décadas pasadas.
Un grupo de chavales tiene un accidente (en plena noche de Halloween) y recalan en una granja, infestada de murciélagos encabritados. Como veis, la historia de base no puede ser más clásica, básica y poco original... pero es lo de menos, lo que la hace distinta y a ratos fascinante es el modo en que está contada y rodada... lo mismo que le ocurría a "Posesión Infernal", ¿no?... peli esta con la que "The Roost" guarda muchos puntos en común, el "look", la estupenda banda sonora (a ratos es idéntica) o momentos tan icónicos como uno de los infectados por el virus de los murciélagos (que se vuelven medio zombie, medio vampiro) asomando por una trampilla para atacar a una chica.
Como en "The house of the devil", West se lo toma con muuuucha calma... lo primero es hablarnos de unos personajes humanos y creíbles, y lo segundo, moldear una atmósfera macabra, en la que imagen y sonido combinados crean momentos francamente inquietantes (sobre todo el sonido, verdadero pilar del miedo en esta peli). El realizador se esfuerza mucho en que su obra dé escalofríos, juega con tiempos muertos, puertas chirriantes, voces en la penumbra... y aunque a veces no lo consigue, otras sí.
Destaca el personaje que interpreta Tom Noonan (quien repetiría con West en "The house of the devil"), un especie de tío "Creepy" que introduce la historia al estilo de los cutre-shows televisivos dedicados al cine de horror (muy apreciados en los Estados Unidos, y muy bien recreado en "The Roost", con esos decorados y utensilios la mar de artesanos y chapuceros, pero rebosantes de encanto), luego reaparece a la mitad y se despide al final, dejando claro -el personaje y el director- que acabamos de presenciar un efectivo cuento de miedo "old school".
Encima, "The Roost" cuenta con dos desenlaces, y ambos son cojonudos.
No es una peli perfecta, pero está cargada de buenas ideas y de estilo, algo que no podemos decir de la gran mayoría del cine de horror moderno.
viernes, 20 de noviembre de 2009
THE HOUSE OF THE DEVIL / LA CASA DEL DIABLO
Compañeros, hoy arranco con disculpas... sinceras disculpas a aquellos que me recomendaban "The house of the devil"... disculpas a su director, Ti West.... disculpas a todos ellos por negarme a creer que tras un trailer tan soso y una estrategia aparentemente -solo aparentemente- tan cansina como el homenaje al cine de los 70 (y un poco los 80), podía esconderse una buena película. ¿Buena?... no.... ¿muy buena?... tampoco... yo diría que excelente, y uno de los mejores films que he visto en este último año.Sí, "The house of the devil" es un tributo a esas décadas que decía... por su maravilloso póster, su título, su trama (el satanismo era algo muy de moda en los 70), sus créditos, su música, su ambientación, su atrezo, su tempo... ¡¡TODO!!... la gran diferencia entre, por ejemplo, Ti West y "Grindhouse" es que el primero no necesita recargadas parafernalias ni efectos digitales para lograrlo... West consigue su propósito de modo honesto, recreando aquel cine desde el corazón, sin reírse de el, sin verlo como "algo raro y nostálgico"... simplemente adopta sus señas de identidad del modo más natural. ¿El truco?, desprender de estridencias narrativas y estéticas a su película, dejarse de enrevesadas monsergas, giros retorcidos o efectos llamativos y limitarse a contar una historia del modo más simple, sencillo, básico y directo del mundo... sin importarle una mierda que el público impaciente se canse, ni si su modo reposado de rodar (olvídense de la estética videoclipera o, por supuesto, de efectos digitales) está pasado de moda. Ti West no pretende quedarse con nadie, ni ir de listo, ni aprovecharse de modas.
Una chica es requerida por una extraña familia para que haga de canguro de una misteriosa anciana. Sobra decir que las intenciones de estos poco tienen de normales, algo que la moza irá descubriendo poco a poco para su mayor horror.
"The house of the devil" hace gala de todas las virtudes del buen terror. La historia se desarrolla en una sola noche. Los personajes, los justos. Todo en ella es muy contenido, muy sobrio y ni sobra ni falta nada. Es regocijante el extenso tramo de metraje dedicado a contarnos lo mucho que se aburre la canguro, y las tonterías que hace para evitarlo. Y lo cojonudo es que, a diferencia de ella, nosotros no perdemos interés ni bostezamos, todo lo contrario, esa tranquilidad nada natural, ese suspense, resulta altamente inquietante y no apartamos los ojos de la pantalla. Eso es saber llevar el tempo con maestría.
Luego, los hechos terroríficos comienzan a sucederse, y lo hacen sin más complicaciones, ni explicaciones innecesarias, sin perder el tiempo, yendo al grano porque tampoco hace falta más. Lo dicho, en su justa medida. Tan justa, y tan perfecta, como el desenlace.
A Ti West (director, guionista y montador. Responsable también de "Cabin Fever 2"), le acompañan el "horror auteur" Larry Fessenden en tareas de producción y un reparto muy "cult", Tom Noonan, Mary Woronov o Dee Wallace, con la guapísima Jocelin Donahue protagonizando el lío.
"The House of the devil" es un auténtico regalo para los fans del horror... una vuelta real (y leal) a un modo de asustarnos que se ha perdido, con sus dosis de gore pero sin excesos, integrado en la trama y necesario, una auténtica joya que desde aquí recomiendo de todo corazón.
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